El cine de Drácula (1895-2006)


EL CINE DE DRACULA (1895-2006)
por Salvador Sáinz
Capítulo 1º
Los orígenes del vampirismo
El origen del mito vampírico es incierto, aunque algunas fuentes ya lo
ubican en los albores de la Humanidad. Podemos remitirnos a los mitos
más antiguos existentes en nuestra civilización. Otros nombres por los
cuales son conocidos esos seres de la noche son upiros, redivivos,
revivientes o Nos-Feratus, seres que suelen despedir gran fetidez, que
duermen de día y que por la noche atacan a sus víctimas. Los vampiros no
se reflejan en los espejos, ni proyectan sombras, pero pueden
transformarse en cualquier especie animal, incluso en niebla, para poderse
desplazar. Les ahuyenta el ajo (la cruz y demás símbolos religiosos en
nuestra religión cristiana), la luz del día, y pueden morir con una estaca de
madera que les atraviese el corazón, decapitados o bien utilizando la plata
consagrada para herirles.
Se cree que el vampirismo es un estado intermedio entre la vida y la
muerte, por eso un upiro es un ser que vive entre dos mundos el de los
vivos y el de los muertos sin pertenecer a ninguno de ellos. Son altos,
fuertes, ágiles, de afiladas uñas y labios rojos. Dotados de gran
sensualidad consiguen atraer a sus víctimas que no tardarán en desearles,
anhelando su mordisco que les arrebate la sangre y la vida convirtiéndoles
asimismo en vampiros.
Un método para localizarles es montar a una muchacha (o muchacho)
virgen desnuda sobre un caballo de pelo negro, que jamás se haya
apareado, que deberá trotar sobre las sepulturas del cementerio, aquella
que se niegue a pisar por mucho que se le fuerce será la tumba de un
upiro.
Pero estos personajes que gracias al cine y a la televisión se han
convertido en auténticas celebridades también tuvieron su principio, sus
raíces que se remontan tal como hemos señalado a los albores de la
Humanidad. Por eso es preferible empezar desde el principio: la aparición
del Hombre sobre la tierra. La aparición del Hombre y, como no, de la
primera mujer.
En nuestra cultura judeocristiana (tan ¡ay! machista) existe el mito de Lilith,