El cine de Drácula (1895-2006) por Salvador Sáinz - muestra HTML

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EL CINE DE DRACULA (1895-2006)

por Salvador Sáinz

Capítulo 1º

Los orígenes del vampirismo

El origen del mito vampírico es incierto, aunque algunas fuentes ya lo

ubican en los albores de la Humanidad. Podemos remitirnos a los mitos

más antiguos existentes en nuestra civilización. Otros nombres por los

cuales son conocidos esos seres de la noche son upiros, redivivos,

revivientes o Nos-Feratus, seres que suelen despedir gran fetidez, que

duermen de día y que por la noche atacan a sus víctimas. Los vampiros no

se reflejan en los espejos, ni proyectan sombras, pero pueden

transformarse en cualquier especie animal, incluso en niebla, para poderse

desplazar. Les ahuyenta el ajo (la cruz y demás símbolos religiosos en

nuestra religión cristiana), la luz del día, y pueden morir con una estaca de

madera que les atraviese el corazón, decapitados o bien utilizando la plata

consagrada para herirles.

Se cree que el vampirismo es un estado intermedio entre la vida y la

muerte, por eso un upiro es un ser que vive entre dos mundos el de los

vivos y el de los muertos sin pertenecer a ninguno de ellos. Son altos,

fuertes, ágiles, de afiladas uñas y labios rojos. Dotados de gran

sensualidad consiguen atraer a sus víctimas que no tardarán en desearles,

anhelando su mordisco que les arrebate la sangre y la vida convirtiéndoles

asimismo en vampiros.

Un método para localizarles es montar a una muchacha (o muchacho)

virgen desnuda sobre un caballo de pelo negro, que jamás se haya

apareado, que deberá trotar sobre las sepulturas del cementerio, aquella

que se niegue a pisar por mucho que se le fuerce será la tumba de un

upiro.

Pero estos personajes que gracias al cine y a la televisión se han

convertido en auténticas celebridades también tuvieron su principio, sus

raíces que se remontan tal como hemos señalado a los albores de la

Humanidad. Por eso es preferible empezar desde el principio: la aparición

del Hombre sobre la tierra. La aparición del Hombre y, como no, de la

primera mujer.

En nuestra cultura judeocristiana (tan ¡ay! machista) existe el mito de Lilith,

la primera mujer, creada por Dios para compartir el Edén con Adán, el

primer hombre.

Es curioso que en nuestras escuelas tan cristianas donde los mitos del

Génesis son considerados personajes históricos, cuando en realidad no

son más que metáforas, se haya omitido por sistema el personaje de Lilith

diciéndonos que la primer mujer fue Eva, nacida posteriormente de la

costilla de Adán. Mi compañero Narcís Ribot, que es sacerdote y además

escritor cinematográfico, me dice que este pasaje es omitido de la Biblia

para no espantar a los niños que son educados en la religión católica. Pero

en estas líneas sí es oportuno hablar de este importante mito.

Lilith, la primera mujer

En su importante estudio sobre el mito del vampirismo "Sang pour Sang"

(1993), Jean Marigny, importante erudito francés del tema, nos dice que el

vestigio más remoto que existe del upiro es un vaso prehistórico

descubierto en Persia ornamentado con un dibujo: un hombre lucha contra

un ser monstruoso que intenta absorberle la sangre. Montage Summers

nos habla de otro vaso (¿el mismo quizá?) donde aparece un hombre

copulando con un vampiro con la cabeza cortada.

Menos remota es la leyenda de Lilitú, de procedencia babilónica, que trata

de una pérfida mujer que se dedicaba a chupar la sangre de los niños. En

la China milenaria aparecieron leyendas hacia el siglo VI a.C. (antes de

Cristo), pero sensiblemente distintas a las que conocemos cuyo origen es

de tradición judeocristiana. Por eso consideramos a Lilith la auténtica

precursora del mito.

Lilith, predecesora de Eva, apenas se la nombra en las Sagradas

Escrituras. Isaías la citaba como una habitante de las ruinas desoladas,

apareciendo como Lillake en una tablilla sumeria del año 2000 a.C., que

contenía la fíbula "Gigamesh y el sauce". Sus referencias más fiables

proceden del "Génesis Rabba" (1) según el cual Adán sentía envidia de los

animales de la Creación porque vivían en parejas y por eso intentó

acoplarse con las hembras de cada especie no encontrando satisfacción

en ninguna.

Para librarle de su desesperación, Dios creí la primera mujer utilizando

inmundicia y sedimento en vez de polvo puro. Algunas fuentes aseguran

que se utilizó un limón para su creación y que, por esta causa era un ser

maligno.

Adán y Lilith engendraron al diablo Asmodeo y otros demonios no menos

perversos. También se conocen amoríos carnales de nuestro primer padre

con la diablesa Naamí, con quien engendró multitud de seres diabólicos,

La primera pareja humana fracasó porque la mujer no quería someterse al

hombre. Lilith no quería fornicar debajo de Adán, sino encima: "Yo también

fui hecha con polvo y por consiguiente soy tu igual" le dijo. Como el primer

hombre trató de someterla a su autoridad, Lilith le abandonó.

Adán se lamentó de su suerte ante Dios quien envió a tres ángeles

(Senoy, Sansenoy y Semangelof) para traer de vuelta a la rebelde esposa

y la encontraron en el Mar Rojo, región habitada por los demonios más

lascivos, fornicando con ellos sin cesar. "Vuelve con Adán, ahora mismo”

dijeron los ángeles, "¿Por qué he de volver para vivir como una ama de

casa honesta después de mi permanencia en el Mar Rojo?" respondió la

mujer. "¡Morirás si te niegas!" replicaron los ángeles, "¿Cómo puedo morir

-volvió a preguntar Lilith- cuando Dios me ha ordenado que me haga cargo

de todos los niños recién nacidos: de los niños hasta el octavo día de vida,

el de la circuncisión, y de las niñas hasta el vigésimo día? No obstante, si

alguna vez veo vuestros tres nombres o vuestra semejanza exhibidos en

un amuleto sobre un niño recién nacido, prometo perdonarlo".

Dios condenó a Lilith por su rebeldía y buscó nueva mujer para Adán,

inventando con ello el divorcio, y su nueva esposa se llamó Eva.

Los judíos creían en que las pérfidas Lilith y la diablesa Naamí atacaban a

los niños pequeños succionando su sangre y también que seducían a los

hombres que soñaban. Para ahuyentarlas había que escribir los nombres

de los mencionados ángeles en las puertas de las habitaciones donde

dormían los infantes, y más adelante la circuncisión libraba a los varones

de su influencia.

La palabra Lilith procede, según parece, de "layil" (noche) ya que sus

correrías eran siempre nocturnas y nunca atacaba de día. Pero a pesar de

todo, en Canaán, las mujeres la adoraban y en su honor practicaban la

promiscuidad sexual antes de su emparejamiento definitivo, incluso con la

aprobación de los sacerdotes. Los profetas sin embargo censuraban

enérgicamente su actitud.

Es de precisar aquí la misoginia de una sociedad profundamente patriarcal

como es la hebrea (y en consecuencia la nuestra, su heredera) que

considera la mujer como un ser inferior, por eso Lilith al negarse a copular

debajo del hombre exigiendo hacerlo encima subvierte profundamente la

autoridad que justifica la supuesta autoridad masculina.

Su equivalente Lilitú, en cambio, era de procedencia asirio-babilónica,

tenía alas y cabellos largos y revueltos, su cuerpo desnudo tenía a veces

forma de serpiente.

El mito del Diablo

El Sexto Día de la Creación, cuando Dios dio vida al primer hombre, Adán,

ordenó a todos sus arcángeles le rindieran pleitesía y se postraran a sus

pies. Un ángel se negó, Samael, alegando que él era superior en

inteligencia y que por tanto debía ser Adán quien se humillara ante su

presencia.

Samael, cuyo nombre significa "Veneno de Dios", es un personaje que en

su versión siria se llamaba Shemal. También conocido como Satín

(enemigo), era el Príncipe de la Cohorte Infernal a la que pertenecía

Lucifer (hijo de la Aurora), aunque haya fuentes que sostengan que ambos

personajes son uno sólo.

También había leyendas hebraicas que sostenían que fue Samael quien,

en realidad, engendró a Caín, el primer asesino de la Humanidad,

acostándose con Eva mediante un astuto ardid, explicándose así la

maldad esparcida sobre la tierra.

Revivientes de la Antigüedad

El comentarista Jerónimo en el siglo IV d.C. (después de Cristo), identificó

a Lilith con Lamia, una reina libia abandonada por Zeus a quien Hera le

robó sus hijos, por eso la desconsolada madre se dedicó a robar los de

otras mujeres. De gran belleza física, solía seducir a los hombres y

beberles la sangre cuando éstos dormían.

Las lamias tenían alguna semejanza con las sirenas. Su cuerpo terminaba

con colas de pez y en vez de manos tenían garras, cuando los viajeros

eran atraídos por la dulzura de sus cantos ellas se incorporaban

súbitamente, caían sobre ellos y los devoraban. (2)

Empusa (es decir, "forzadora") era un monstruo infernal, nacida al parecer

de la diosa Hécate, que tenía pies de bronce y comía carne humana.

Asustaba a los caminantes y a los durmientes, adoptando la figura de una

hermosa muchacha para unirse a ellos primero y chuparles la sangre

después hasta dejarles sin vida. A veces se la conoce con el nombre de

Mormo (loba espantosa).

La diosa Hécate, procedente de Caria, era diosa de la magia y de los

hechizos. Se aparecía a los magos en forma de animal, en las noches de

luna clara, y era la diosa de las almas de los muertos y estaba presente en

los nacimientos y en las defunciones. Las hechiceras que la adoraban

adquirieron la costumbre de copular montándose encima del macho, como

hacía la hebrea Lilith, y posteriormente las mujeres melanesias a quienes

les gustaban "cabalgar" sobre su pareja.

Otros mitos célebres fueron las estriges, seres femeninos monstruosos,

provistos de alas, gran cabeza y con uñas de ave de presa que también

chupaban la sangre de sus víctimas, generalmente recién nacidos,

aprovechando los momentos en que estaban solos en sus cunas. La ninfa

Carna, la diosa de los goznes, era su mayor enemiga, que tenía el poder

de ahuyentarlas y por esa razón era invocada para la protección de los

infantes.

Uno de los motivos por los cuales Nerón inició la persecución de los

cristianos es debido al hecho de que la plebe romana sentía hacia ellos un

gran temor. Se reunían de noche en las catacumbas, lugar donde

enterraban a los muertos, y se oía hablar de una extraía ceremonia, la

comunión, donde se bebía la sangre de Cristo. La imaginación popular se

disparó viendo, como es habitual, más de lo que había y se llegaron a

narrar horribles orgías sangrientas justificando así su política de exterminio

en la arena del circo.

Es a partir del siglo XI que comienzan a aparecer los primeros testimonios

fidedignos de cadáveres incorruptos. Collin de Plancy en su "Diccionario

infernal” (París, 1863) aporta las declaraciones del obispo de Cahors en

1031, después del segundo concilio de Limonges, según el cual, un

caballero de su diócesis, muerto excomulgado, había sido encontrado muy

lejos de su tumba.

La noción de muerto viviente, bebedor de sangre, era una síntesis de

diversas leyendas paganas como las sagas nórdicas, el cristianismo

medieval, países escandinavos, sobretodo Islandia, y también de las islas

Británicas donde los celtas aportaron sus creencias.

En Inglaterra aparecieron dos crónicas escritas en latín, “De Nugis

Curialium” (1193) de Walter Map e "Historia Regis Anglicarum” (1196) de

William de Newburgh, en las que aparecían diversos relatos de muertos

excomulgados que salían cada noche de sus tumbas.

Sin embargo estas manifestaciones aisladas no suponen ningún indicio de

la existencia de vampiros ya que este mito se ha ido forjando a lo largo de

los tiempos.

La leyenda de Estruc

A pesar de la creencia general de que el vampirismo, tal como lo

entendemos habitualmente, procede de Transilvania, ya existía una

leyenda en el condado de Ampurias (actual Ampurdán) en el siglo XII

situado en la antiguamente llamada Catalunya Vella (es decir, aquella que

durante la invasión musulmana no fue sometida a las hordas invasoras y

permaneció cristiana), donde tuvo lugar la más escalofriante de las

historias de nosferatus o estrugas, palabra ésta derivada de estriges. (3)

Algunos la ubican durante el reinado de Pere el Catòlic hacia 1212 pero las

fuentes más fidedignas la sitúan en 1173, año en que transcurre mi novela

“Estruc”. En aquellos tiempos se vivían continuos conflictos entre la

Corona de Aragón y Cataluña contra los reyes de Francia para apoderarse

de Occitania, territorio que pasó a pertenecer desde entonces a la

Federación catalanoaragonesa. El rey Alfonso II el Casto, era un joven de

diecisiete años y desde la muerte de su predecesor Ramón Berenguer IV

la tutoría de nuestras tierras estaba en manos del rey inglés Enrique II de

Plantagenet (padre de Ricardo Corazón de León, el mismo de las cruzadas

y las aventuras de Robín Hood) y del Obispo de Barcelona Monseñor

Guillem de Torroja.

El rey catalán tenía como enemigo principal al rey Llop (en castellano

“Lobo”) de Murcia y las incursiones en la Tarraconense eran frecuentes y,

al mismo tiempo, teníamos las luchas fronterizas del norte contra los

francos en la disputa de Occitania. Por eso el condado de Ampurias era un

hervidero de intrigas, luchas con castellanos e ingleses (aliados del rey

Alfonso) por un lado y por el otro los enemigos ya mencionados, sin

olvidarnos de los navarros siempre en liza con el reino de Aragón.

El conde Estruc fue un notable guerrero que siempre luchó en favor de la

Corona catalanoaragonesa y, en aquellos años, ya estaba en su senectud

por lo cual fue enviado a Llers, una pequeña villa cerca de Figueras, donde

existía otro enemigo esta vez interno: los paganos.

Parte de los catalanes del siglo XII aún vivían apegados a los antiguos

cultos iberos paganos, anteriores al Cristianismo, por lo cual éstos eran un

potencial aliado de los árabes o, tal vez, de los francos. Por esa razón el

viejo soldado tuvo que reprimir esos cultos ancestrales que aún creían en

la magia y las ciencias ocultas, origen de la actual creencia en brujas y

demás supersticiones, y obligar a los campesinos ampurdaneses a abrazar

la fe en Cristo.

Esta represión motivó que el anciano conde sufriera una maldición por

parte de sus víctimas y que tiempo después de su muerte natural, Estruc

rejuvenecido se levantara de la tumba convertido en reviviente sembrando

el terror por toda la Catalunya Vella.

Dicen las antiguas leyendas que sólo salía de noche para beber la sangre

de sus víctimas, gustaba seducir y violar a las mozas casaderas

dejándoles embarazadas. Al cabo de nueve meses las desafortunadas

parían pequeños monstruos que morían no más nacer ya que, según las

tradiciones antiguas (curiosamente idénticas tanto en Cataluña como en

Transilvania) un vampiro no puede tener hijos. (4)

El rey Alfonso II tenía no pocos disgustos en aquellos tiempos y la

población estaba realmente aterrorizada. La gente tenía miedo de salir de

noche, todos llevaban ajos y crucifijos para protegerse del terrible

nosferatu y ya nadie podía dormir en paz hasta que una anciana religiosa

encontró la tumba del conde Estruc y le clavó la estaca en el corazón,

desapareciendo para siempre la maldición.

Pero el recuerdo del vampiro sobrevivió al paso del tiempo y aún queda el

dicho “tenir malastruc” o “mala astrugancia” para definir a quién tiene mala

fortuna. Incluso durante generaciones las madres catalanas amenazaban a

sus hijos con llamar al conde Estruc si no eran buenos y no hacían lo que

se les mandaba.

En el mismo Llers, un poblado donde sopla con gran fuerza la Tramontana

del Canigó, un viento frío y áspero que los antiguos habitantes achacaban

a unas brujas legendarias, (5) las célebres brujas de Llers que dominaban

los aires. El agudo silbido del viento, según las creencias populares, era

motivado por la furia de estas mujeres. En Transilvania existía un mito

semejante, las "Ieles” (es decir “las Ellas”), cuyo paralelismo es

sorprendente.

Otra leyenda catalana célebre es la de los dips, nombre que se les dio a

una especie de perros vampiros (o perros estrugas) que existieron en unas

praderas situadas a unos cuantos kilómetros al sur de Reus. Por esa razón

se creí un pueblo llamado Pratdip, cuyo nombre es una unión de la palabra

Prat (pradera) y dip que en su escudo incluye la figura de un can harto

significativa. (6)

Empero, la importancia del conde Estruc es decisiva en la evolución del

mito vampírico aunque en aquel tiempo no se le conocía con tal nombre, y

podemos considerarle como el primer upiro de la Historia tal como lo

entendemos actualmente. (7)

Es sabido que en aquellos años, Ricardo Corazón de León, futuro rey de

Inglaterra, residía en la misma zona en que se desarrolló la leyenda del

conde Estruc ya que fue enviado por su padre Enrique II de Plantagenet

para participar en las Guerras del Rosellón, (8) a favor de la corona

aragonesa y catalana contra los francos estableciéndose en Perpiñán, a

muy escasas leguas de Figueras y de Llers. Tal vez este dato justifique

que, tras la Tercera Cruzada acontecida entre 1190 y 1192, el mito pase al

Este de Europa.

Es sabido que Ricardo de Inglaterra atravesó el Danubio, camino de Tierra

Santa, y que a su regreso en 1193 fue hecho prisionero por Leopoldo,

duque de Austria, quien solicitó un fuerte rescate originándose en

Inglaterra el conflicto que hemos visto en las películas de Robín Hood. El

rey inglés estuvo encerrado en el castillo austriaco de Tierenstein, muy

cercano a Transilvania, y cosa curiosa es a finales del siglo XII que estas

leyendas irrumpen en los Cárpatos.

Los revivientes masculinos fueron llamados “strigoí” y los femeninos

“strigoaíaca”, como vemos su fonética es muy semejante a la palabra

"estriges”, el mito griego, pero también a “estruga”, la leyenda catalana.

La expansión del mito

Si las islas británicas y Cataluña conocieron las primeras manifestaciones

vampíricas, fue el siglo XIV cuando éstas comenzaron a tener fuerza de

forma masiva como consecuencia de las epidemias de peste que asolaron

el Este europeo, en concreto la Prusia oriental, Silesia y Bohemia.

Michael Ranft en su "De Masticatione in Tumulis Liber" (1728) nos contó

cómo, en aquel azaroso tiempo, millares de personas caían abatidas por

esta cruel enfermedad y enterradas en fosas comunes pero, por diversas

circunstancias, muchos individuos dados por muertos al recuperarse

trataban en vano de desenterrarse. Los más afortunados, es decir, los que

estaban enterrados encima podían por fin salir de nuevo a la superficie

provocando el pánico entre las gentes de la época quienes creían que

aquella reaparición era debía a las artes maléficas reavivando aún más las

supersticiones y en consecuencia el mito del reviviente.

En 1343, en Lauenbrug, el barón prusiano Steino de Retten, al que se le

creyó muerto de peste, fue inhumado como era de ley en un hombre de su

alta alcurnia. Sin embargo, no fue así, ya que muchos campesinos

aseguraron haberle visto rondando por los alrededores.

La autoridad competente abrió la sepultura para decapitarle y darle la paz

a su atormentada alma. Estos hechos específicos no fueron casos aislados

e hicieron mucho para avivar la creencia en los seres de ultratumba.

Un caso célebre, ya del siglo XIV, fue sin duda el del francés Gilles de Rais

(1400/1440), compañero de armas de Juana de Arco (1412/1431), quien

tras las campañas bélicas en contra del invasor inglés, fue traicionada por

sus propios hombres y acusada de brujería, siendo finalmente quemada en

la hoguera.

Disuelto su ejército, Gilles de Rais se retiró a Machecoul y a Tiffauges

donde se dedicó a la alquimia pensando encontrar en la sangre la piedra

filosofal, madre de toda la Sabiduría, estudios que despertaron sus

instintos perversos. Para ello utilizó como cobayas a trescientos niños a los

que asesinó con unas torturas completamente atroces. Siendo descubierto

y procesado fue condenado a morir, pero su figura no tenía ninguna

relación con el vampirismo hasta que J. K. Huysmans publicó "Allí abajo"

(1891), donde presentí a Gilles de Rais erróneamente como un vampiro.

Pero sin duda el personaje más célebre del siglo XIV, en el aspecto que

nos concierne, sea el de Vlad Tepes, un descendiente del mismísimo Atila,

el rey de los hunos, aunque nosotros le conozcamos por su apodo que le

ha hecho archipopular: Drácula.

El verdadero Drácula

Sin duda alguna, para algo es el protagonista de este libro, el vampiro más

célebre de la Historia es sin duda la del conde Drácula a pesar de que su

leyenda como reviviente no exista de hecho, al contrario del conde Estruc

(o Estruch, ya que la “ch” final pertenece a reglas gramaticales catalanas

más recientes) que sí fue conocido por sus andanzas vampíricas pero

cuya existencia no ha trascendido hasta muy recientemente.

Drácula en realidad no era conde, pero sí un príncipe de Valaquia temido

por su rigor y por su crueldad, recordado a través de un libro “La novela de

Drácula” (1480) del escritor ruso Ivan Kouritsine, muy revelador de su

personalidad.

Dicho volumen, muy popular en todas las Rusias, escrito en un viejo

eslavo, era una recopilación de las antiguas narraciones sobre este

personaje que el autor, un embajador ruso en Moldavia, había escuchado

de las gentes del lugar y sintiéndose tan fascinado no dudó en escribirlas

para contarlas a futuras generaciones.

Vlad IV Tepes (1430/1476) era conocido como “El Empalador” al norte del

río Danubio, precisamente la zona que atravesaron los cruzados para

viajar hacia Tierra Santa. La palabra “Tepes” o “Tsepech”, en antiguo

eslavo, quiere decir “el que empala a la buena gente”, “Vlad” significa “el

que tiene el poder”.

La palabra “Drácula” o “Drakula”, como también se le conoció, proviene del

vocablo “drakon” que puede traducirse como “dragón, serpiente

monstruosa y nefasta, plenipotenciaria de las Fuerzas del Mal”. Algunas

leyendas orales afirman que el “drakon” solía renacer de sus cenizas cuan

Ave Fénix. Por eso este título lo solían llevar emperadores, caudillos y

grandes guerreros como Vlad III, perteneciente a una orden de caballería,

“la Orden del Dragón”, creada por el emperador Sigismond de Hungría, y

destinada a combatir a los musulmanes que en aquel tiempo intentaban

invadir Europa por el Este. El Sultán Mohammed II, tras conquistar

Constantinopla, tenía planes expansionistas que ponía seriamente en

peligro la paz en el mundo cristiano.

En consecuencia, la palabra “Drácula” podría significar “hijo del dragón” (y

no hijo del Diablo, como suele publicar la prensa española), porque el “la”

final venía a significar “hijo de…” en aquel idioma.

Pero ¿quién era ese misterioso personaje que tras su olvido se convirtió en

un mito cinco siglos después de su existencia?

Nacido en Sigishoara, en la región de Bistriata, Vlad IV fue el segundo hijo

de un gran guerrero, y en consecuencia educado como tal, pero que

también sabía leer y escribir. Era un hombre que incluso sentía atracciones

artísticas y dotado de una gran fe inculcada por los popes que vivían en su

castillo.

En 1442, Vlad III fue capturado por los turcos que aceptaron liberarle si se

entregaban como rehenes sus dos hijos, Radu y Vlad, quien entonces

tenía doce años. En sus meses de cautiverio, éste adquirió un fuerte

sentimiento de odio hacia sus carceleros.

Su padre muere en el campo de batalla en 1456, heredando el título de

príncipe de Valaquia-Moldavia, y el título del voivoda, con el cual combatió

a los turcos quienes mientras él vivió fueron incapaces de cruzar la

frontera del río Danubio.

Las antiguas crónicas nos lo presentan como un hombre cruel aunque muy

patriota, razón por lo cual fue reivindicado en el siglo XX por el régimen

comunista, antes de su inesperada caída. (9) Vlad IV fue apodado Tepes

porque gustaba empalar a sus enemigos tras la toma de una ciudad. El

hedor de la muerte le fascinaba y según cuentas antiguas crónicas el día 2

de abril de 1459 organizó un banquete en medio de un campo con millares

de turcos empalados.

El voivoda disfrutaba con sus gemidos de dolor. Se cuenta que un día una

de sus futuras víctimas no podía soportar el hedor de la muerte e hizo un

gesto de rechazo. Vlad le preguntó el porque de aquel gesto, y el reo le

respondió “es que no puedo soportar el hedor”. Drácula le hizo empalar

con un palo mucho más largo para que sobresaliera sobre los demás,

diciéndole: “Este palo te elevará por encima de las contingencias de este

bajo mundo y de tus semejantes -precisando- de forma que este olor ya no

te molestará más”.

El rey Mathias Korvine de Hungría le envió a su embajador. Drácula le

recibió como de costumbre y le mostró un palo especial, dorado y repleto

de ornamentos.

- Dime -preguntó el voivoda- ¿a quién crees he destinado este

instrumento?

- Sin duda su excelencia -respondió el embajador- ¿querrá honrar algún

alto dignatario de una muerte acorde a su rango?

- Eres muy perspicaz -sentenció Drácula-, querido amigo, porque es a ti

mismo a quien he destinado este palo extraordinario.

Tras el festín, Drácula ordenó que le rompieran sus miembros para

satisfacer su fantasía, luego le cortaron sus miembros y finalmente, el

propio voivoda le empaló delante de todos los presentes.

Unos embajadores turcos se negaron a quitarse sus turbantes delante de

su presencia, en consecuencia ordenó que se los clavaran para que no

pudieran sacárselos nunca más. En la Navidad de 1459, hizo empalar en

Targovise a quinientos boyardos.

Otra anécdota no menos truculenta se refiere a que promulgó una Ley

prohibiendo la mentira bajo pena de muerte. Se cuenta que Drácula tuvo

una amante gitana incapaz de satisfacerle sexualmente, pero un mal día la

mujer viéndose fracasar le confesó que estaba embarazada. “Mientes” le

dijo el voivoda, para comprobarlo le abrió el vientre con una espada corta y

tras comprobar la mentira le gritó “¡Ya veo que me has mentido!”.

El sentido de la caridad de ese personaje no tenía igual. Por ejemplo ideó

un curioso sistema para acabar con la mendicidad. Un día reunió a todos

los mendigos del país en un gran festín, hartándoles de comer y de beber.

Finalmente incendió la mansión abrasándolos a todos, eliminando así la

miseria durante una generación.

En sus últimos años, Drácula abandonó la religión ortodoxa para abrazar el

catolicismo. En el campo de batalla se distinguía como el más bravo de

todos sus hombres, pero la traición acechaba. Sus mismos compañeros de

armas le acorralaron y le dieron muerte, en 1476, beneficiando así al

Sultán turco que tuvo así paso franco para la invasión del Este europeo.

Pero los misterios no acabaron aquí. Algún tiempo después de su muerte,

algunos lugareños aseguraron ver al difunto Vlad Tepes en lo alto de una

colina.

Finalmente, en 1931, Florescu y Rosetti, dos arqueólogos rumanos,

iniciaron una investigación para encontrar los restos mortales de Drácula,

llegando al monasterio de Snagov. Ante su sorpresa descubrieron que el

sarcófago estaba vacío. (10)

Evolución del mito

En la segunda mitad del siglo XVI, con la aparición de la Reforma

protestante, el mito fue consagrándose gracias a una larga serie de

epidemias de peste que asoló Europa. Lutero y Calvino, sus máximos

artífices, pusieron en duda la autoridad romana en cuestiones religiosas, y

en cierto modo sus respectivas doctrinas motivaron la evolución de las

leyendas de revivientes causados porque en estas epidemias solían

enterrarse prematuramente individuos dados por muertos pero que, al

despertar en su sepultura, se desenterraba fácilmente provocando el

pánico al regresar a sus hogares.

No debemos olvidar que los entierros de los apestados solían hacerse en

fosas comunes, con los cadáveres apilados, por los que los situados

encima recibían escasas paletadas de tierra y en caso de despertar con un

leve movimiento de manos conseguían acceder a la superficie, mientras

los enterrados debajo perecían asfixiados.

El pastor luterano Georg Ríhrer informa al propio Lutero hacia 1552 de

unos hechos acontecidos en Prusia y Silesia, donde solían enterrar los

cadáveres con una piedra en la boca para que éstos (según sus creencias)

no se devoraran entre sí. Esos seres de ultratumba recibían el nombre de

"Nachzehrer", que quiere decir "depredador".

Los calvinistas suizos, al negar la existencia del purgatorio, creían por su

parte que esos casos de "muertos vivientes" estaban causados por la

brujería. Louis Lavater, uno de sus principales teólogos, sostenía en un

tratado fechado en 1581 que esos espectros y revivientes eran demonios

que adoptaban los cuerpos de los difuntos para aterrorizar a los creyentes.

El rey Jaime IV de Escocia (futuro rey de Inglaterra con el nombre de

Jaime I) publica su "Demonología" en 1597 utilizando las mismas tesis que

su antecesor suizo.

La condesa sangrienta

Si Drácula vivió en los Cárpatos Orientales, en el otro extremo de la

cordillera en forma de herradura, en los Occidentales, aconteció un siglo y

medio después otros hechos no menos insólitos. En 1560 nació Erzsebet

Bathory última descendiente de una familia noble pero en franca

decadencia que se quedaba plasmada en varios casos de sadismo y

prácticas satánicas.

Un tío suyo la inició en las artes de la hechicería y una tía suya lesbiana la

influenció en sus inclinaciones sáficas. En su familia tenía de todo, un

príncipe de Transilvania, el primer ministro del rey de Polonia,

gobernadores, jueces, nobles que lucharon contra los turcos destacando

por su valentía y arrojo, pero asimismo por su locura.

En 1575, Erzsebet contrajo matrimonio con el conde Ferencz Nadasdy, las

fiestas por sus nupcias duraron más de un mes. El emperador germánico

Maximiliano II y Rodolfo, rey de los magiares, les enviaron suntuosos

regalos reuniéndose lo más selecto de la nobleza europea en el castillo de

Varanno para asistir a la ceremonia.

Pero después del matrimonio, la hermosa esposa rehusó adoptar el

apellido del marido: "Nací como Bathory, viviré como una Bathory y así

moriré".

La tristemente célebre condesa Bathory fue pasando los años en la

soledad de su castillo ya que su esposo dedicaba más tiempo a la guerra

contra el ejército turco del sultán Amurat III que a satisfacer sus

necesidades sexuales. Ferencz era un hombre muy extraño, capaz de

cometer las mayores atrocidades en el campo de batalla, pero en la vida

civil era un ser extremadamente pacífico que jamás levantó la voz a sus

criados.

El matrimonio tenía diecisiete castillos repartidos en lugares como la propia

Viena, pero también en Lezticzí, Keresztír, Sarvar, Becko y el más

importante de todos, el de Csejthe, su residencia principal, donde contaba

además con una pequeña morada adicional al pie del mismo.

Hacia 1600, un misterioso caballero muy joven y apuesto apareció por los

bosques cercanos al castillo de Csejthe, los campesinos se santiguaban al

verle diciendo que era un strigoi. Durante varios meses la pareja huyó del

lugar y nadie tuvo ninguna noticia al respecto, ni siquiera el conde

Nadasdy quien al volver de la guerra encontró que su esposa había huido,

pero no le dio ninguna importancia a este hecho.

Cuando la condesa regresó de su aventura, Ferencz ni siquiera se molestó

en hacerle ningún reproche. La paz del lugar acabó en 1604 tras la muerte

del esposo, entonces la personalidad de la llamada condesa sangrienta

comenzó a aflorar terriblemente. Erzsebet gustaba morder a sus criadas y

clavarles largas agujas de oro complaciéndose en el goteo de su sangre.

Thorko, un servidor, le introdujo en la magia negra, ayudada por su nodriza

Ilona Joo, su mayordomo Johannes Ujvary y una bruja llamada Darvula

Anna. La cohorte de la condesa no podía ser más pintoresca. Su enano

bufón Ficzko se unió al clan de torturadores.

Un hecho fue trascendental cuando al tratar de asesinar a una anciana,

esta le dijo 'Algún día serás como yo". La condesa aterrorizada regresó a

su castillo. Creyendo que era la sangre lo que le devolvería la perdida

juventud, ordenó el secuestro y asesinato de seiscientas doncellas para

poderse bañar en su sangre.

Los campesinos estaban aterrorizados, pero nadie se atrevía a denunciarla

porque era una noble y en aquel tiempo la nobleza era propietaria de la

vida de sus siervos.

Todos los detalles de estos crímenes son verdaderamente espeluznantes,

la condesa se creía además que podía dominar a los gatos y que éstos

formarían un ejército para defenderla componiendo cantos que

estremecían de pavor a nobles y plebeyos: "¡Isten, ayúdame! ¡Isten,

ayúdame! ¡Pequeña nube, ayúdame también! Dadme salud, protección y

larga vida. Pequeña nube, cuando el peligro me aceche, envíame noventa

y nueve gatos. Te lo ordeno yo, Erzsebet Bathory, porque soy comandante

suprema de los gatos. Ordénales a ellos. Di a los gatos que se reúnan, ya

están en la montaña, agua, ríos o mares. Ordena a los noventa y nueve

gatos que vengan a morder el Corazón del rey Mathias. Ordénales que

muerdan el Corazón de Megyery El Rojo. Y salva de todo daño a

Erzsebet".

Las tres hijas de la condesa, que se habían casado, ignoraban las

actividades sanguinarias de su madre y fue precisamente Megyery El Rojo,

el tutor de la menor Pal, quien descubrió esos crímenes y los denunció al

paladín Gyírgy Thurzo quien irrumpió en el castillo de Csejthe el 30 de

diciembre de 1610 por orden del rey Mathias.

Durante los meses de enero y febrero de 1611 tuvo lugar el juicio presidido

por Theodosius Sirmiensis de Suzlo asistido por veinte magistrados. La

condesa y sus cómplices fueron acusados de asesinato, traición al Estado,

brujería y vampirismo. La nodriza Ilona Joo y el sirviente Thorko fueron

quemados vivos, los demás fueron decapitados a excepción de Erzsebet

quien, al ser noble, no podía tener tal fin y por esta razón el Tribunal

ordenó que fuera tapiada en su habitación del castillo de Csejthe donde

vivió tres años sin que nadie pudiera hablar con ella. Murió súbitamente sin

luz y sin cruz el 21 de agosto de 1614, por la noche.

Al igual que el caso de Vlad Tepes, la condesa Bathory no tenía nada que

ver con el vampirismo aunque fueran las supersticiones de los lugareños

quienes así lo creyeron. En aquellos años tan conflictivos, la creencia en

los revivientes tenía gran fuerza y no sólo en ellos, sino también en los

licántropos, los célebres hombres-lobo (o mujeres-lobo) que se extendió

por la Europa Oriental, pero también apareció en Galicia. Al ser la

licantropía un tema completamente distinto al aquí tratado lo pasaremos de

largo, centrándonos en el del vampirismo que es el que aquí nos interesa.

La Edad de Oro del vampirismo

A pesar de que el vampirismo ya existía en los albores de la Humanidad,

fue en la primera mitad del siglo XVIII cuando por fin adquirió las

características que conocemos en la actualidad. De hecho, en la época de

personajes como el conde Estruc en Cataluña, estos fenómenos fueron

esporádicos, aislados, aunque no por ello menos importantes, y en el caso

de Transilvania (una palabra que significa “a través del bosque”) las

leyendas apenas transgredieron sus fronteras naturales hasta que una

larga epidemia de peste, iniciada en 1710 en Prusia oriental, asoló Austria,

Serbia, Prusia, Polonia, Moravia y Rusia, llegando incluso a Marsella.

En el mencionado año, las autoridades prusianas desenterraban

cementerios enteros en busca del vampiro a quien clavar la estaca en el

Corazón. La epidemia fue pues el detonante que extendió dicha creencia

por toda Europa llegando a lugares donde jamás se había oído hablar de

los revivientes.

El húngaro Pierre Plogojowitz, muerto en 1725, fue acusado de convertirse

en vampiro y de asesinar ocho personas en su aldea Kizilova; Arnold

Paole, fallecido en 1726, sufrió la misma suerte esta vez en el pueblo

serbio Medwegya.

El caso nombrado en primer lugar fue objeto de una investigación y de un

informe oficial escrito en lengua alemana, encontrado recientemente en los

Archivos municipales de Viena por el profesor Antoine Faivre, donde por

vez primera aparece la palabra serbia "vanpir" (sanguijuela), expresión que

rápidamente pasó a los diferentes idiomas occidentales, y que en

castellano adoptó la derivación oportuna, Vampiro, con la cual les

conocemos actualmente.

Aparecen también los primeros tratados científicos sobre el tema,

publicados en Leipzig. El primero de ellos fue "Dissertatio historica-

philosophica de Masticatione Mortuorum" (1679) de Philip Rohr, quien

atribuía dicho fenómeno a la posesión de los cuerpos fallecidos por el

propio Maligno. Más célebre fue "De Masticatione Mortuorum in Tumulis

Liber" (1728) de Michael Ranft, quien oponiéndose a las teorías de Rohr,

negaba que los demonios tuvieran el suficiente poder para apoderarse de

los cuerpos de los difuntos.

La Iglesia no podía permanecer muda en tan acalorado debate y fue el

francés Dom Augustin Calmet (1672-1757), un monje benedictino de la

abadía de Sínones, quien en 1746 publicó en París dos importantes

volúmenes sobre el tema: "Traité sur les revenants en corps, les

excommuniés, les oupires ou vampires, broucolaques de Hongrie, de

Moravia, etc.", conocido en su versión castellana como "Tratados sobre los

vampiros", (11) de importancia capital para los interesados por el tema.

Es hasta aquí que el mito evoluciona, adquiere su propia personalidad

para convertirse no sólo en una leyenda popular sino en uno de los

principales temas literarios de la novela gótica, el teatro, y posteriormente

el cine y la televisión.

Al ser los personajes de ficción lo que más nos interesan aquí, sobretodo

la figura del conde Drácula que el cine ha convertido en un fenómeno de

masas pondremos fin a este primer Capítulo mediante el cual hemos ido

conociendo la evolución de las creencias de los vampiros a lo largo de la

historia.

Capítulo 2

El vampiro literario

Si nos olvidamos de los tratados sobre vampirismo ya mencionados

anteriormente, el vampiro literario de ficción aparecerá a lo largo del siglo

XIX gracias al Romanticismo, un importante movimiento cultural que se

distinguía sobretodo por la sublimación de los sentidos sobre el impersonal

racionalismo. Una de sus características más fundamentales fue el deseo

de romper con toda regla de composición literaria, propia del clasicismo,

rechazando la ideología y la filosofía racionalistas y materialistas, valores

éstos que han predominado por absoluta desgracia en el siglo XX.

En otras palabras, se trataba de romper con una cultura encorsetada,

totalmente carente de ideas y de imaginación, tan vulgar como anodina, y

valorar por encima de todo al Hombre y a la Mujer, considerados centros

del Universo y de nuestra Civilización.

Los escritores románticos amaban el paisaje, la naturaleza, el sentimiento,

y les gustaban ambientar sus historias en el pasado, concretamente la

Edad Media, interesándose también en lo sobrenatural.

Aunque el vampiro literario naciera fugazmente en breves poemas del siglo

anterior, su figura fue casi siempre metafórica. El alemán Ossenfelder

escribió ya en 1748 los primeros sonetos al tema que nos ocupa;

Francisco Goya en su serie de pinturas, "Los caprichos", que datan de

1793, ya hizo aparecer vampiros en sus lienzos. Hemos de resaltar aquí

que en estos cuadros ya aparece el célebre quiróptero que los

conquistadores españoles encontraron en sus primeras incursiones en

América. En 1761, el naturalista Buffon llamó "vampiros" a una de sus

especies porque acostumbraban a beberse la sangre del ganado. (12)

Tanto en los poemas "Lenore" (1773) de Bérger, como "La novia de

Corinto" (1797) de Goethe, el vampiro realizó sus primeras apariciones en

el mundo de las letras, aunque más en plano metafórico que real,

siguiendo la seductora Geraldine en "Christabel" (1816) de Coleridge; "La

Bella Dama sin gracia" (1818) y "Lamia" (1820), ambas de Keats, pero fue

sin duda John William Polidori (1795-1821) quien publicó en el "New

Monthly Magazine" la primera narración en prosa del tema, "El vampiro"

(1819), aunque en esta primera aparición en sociedad fue atribuida con

evidente mala fe al poeta Lord Byron.

El origen de esta singular novela tuvo lugar en la legendaria velada en Villa

Diodati, cerca de Ginebra, en julio de 1816 donde residían los escritores

ingleses Mary Wollstonecraft Shelley (1797-1851), su marido el poeta

Percy Bysshe Shelley (1792-1822), Lord George Gordon Byron (1788-

1824) y Polidori, quienes para matar el aburrimiento decidieron apostar en

escribir en el más breve plazo de tiempo una novela de terror. Sólo

cumplieron la apuesta la mencionada Mary W. Shelley, creando la

importante novela "El moderno Prometeo" (1818), más conocida como

"Frankenstein", y naturalmente Polidori.

El relato "El vampiro" fue iniciado de hecho por Lord Byron, pero esta

novela protagonizada por un reviviente llamado Darvell no se concluyó

jamás. Aburrido por la historia, que no le interesaba en demasía, se la

narró a Polidori, su secretario y su médico, quien se mostró muy

interesado por tan apasionante trama. Polidori estaba completamente

harto de estar a la sombra de su mentor, aspiraba a más y agobiado por el

mal trato que recibía decidió abandonarle en 1817 para regresar a

Inglaterra e iniciar la redacción de su célebre obra.

El vampiro Darvell cambió de nombre en la nueva versión, pasando a

convertirse en Lord Rutheven, seductor cínico y desalmado que en

muchos aspectos recuerda al propio Lord Byron como represalia por su

tiránico comportamiento en su estancia en Suiza.

La novela fue un éxito arrollador, tal vez debido al prestigio del afamado

poeta, motivando que la trama pasara rápidamente al teatro. Primero en

forma de melodrama adaptado por Nodier en 1820, más tarde fue el propio

Alejandro Dumas quien la reconvirtió de nuevo en formato teatral en 1851,

tal como había hecho con sus legendarias novelas de mosqueteros.

Sin pretenderlo, Polidori creí las raíces de la literatura fantástica gótica, el

vampiro aristocrático que vive en un solitario castillo en tierras extraías,

características que luego aparecerían en otros relatos posteriores: los

Karnstein, los Drácula, los Estruc, pertenecen todos a la alta nobleza

feudal, caballeros victoriosos en mil batallas pero caídos en desgracia por

una fatalidad.

El mito de Frankenstein, tan caro al cine fantástico de la Universal y,

posteriormente, de la Hammer, también participa de idénticos

planteamientos. En cambio la licantropía carece de una base literaria

sólida, el mito de “El doctor Jekyll y mister Hyde”, creado en 1886 por

Robert Louis Stevenson (1850-1894), no tiene nada que ver pese a tratar

también el tema de la doble personalidad.

El vampiro presenta innumerables posibilidades a nivel literario como

cinematográfico, el propio Baudelaire publica en 1866 "La metamorfosis

del vampiro". "Varney, el vampiro" se convertirá en un antihéroe popular,

protagonista de un folletín, novelas por entregas, que a partir de 1840

aterrorizó a los lectores ingleses quienes devoraban sus aventuras con

total avidez. Editado por Edward Lloyd, dos oscuros escritores fueron los

presuntos responsables de su redacción, Thomas Preskett Prest y James

Malcolm Rymer. Sir Francis Varney a lo largo de 220 Capítulos y 886

páginas tuvo innumerables víctimas, adoptó múltiples personalidades

hasta lanzarse al Vesubio en el último Capítulo desengañado de la raza

humana. En 1847 sus aventuras fueron reconvertidas en una novela

íntegra.

También la vieja Rusia se unió a la literatura vampírica aportando dos

obras de excepción: “La familia Wurdalak” (1847) de Alexis Tolstoi cuenta

la escalofriante vampirización de una modesta familia de campesinos de

las Estepas. “Wurdalak” es la palabra que define al reviviente en aquellas

tierras, según sus propias tradiciones, y la novela muestra una visión

completamente desgarrada e insólita del tema que nos ocupa.

La otra obra es “Vij” (1835) de Nicolás Gogol (1809-1852), muy alejado de

su célebre “Taras Bulba”, con el estudiante que debe pasar una noche

entre seres malignos salvándose sólo por su fe en Jesucristo.

Dos vampiras femeninas hacen su aparición como consecuencia del éxito

de la novela de Polidori, la deliciosa Clarimonde de "La muerta

enamorada" (1836) de Théophile Gautier presentaba un caso de amor más

allí de la muerte, pero la más seductora reviviente fue sin duda la exquisita

Mircalla Von Karnstein, la protagonista de "Carmilla" (1871) del irlandés

Joseph Sheridan Le Fanu, caracterizada por sus tonos lésbicos y

escandalosos para la moral de la época.

De hecho el vampiro es un personaje trasgresor de la moral convencional.

Mircalla subvierte no sólo la moral cristiana (anglicana, luterana, católica o

calvinista) sino los convencionalismos de la puritana sociedad inglesa que

la vio nacer. En Inglaterra la homosexualidad estaba considerada un acto

criminal, sobretodo la femenina que ha sido la más perseguida, y la

vampira vive su amor lésbico sin ningún pudor ni traba moral.

“Carmilla” se convirtió en la novela favorita del joven estudiante de la

Universidad de Dublín, el Trinity College, llamado Bram Stoker,

condicionado su próxima vocación literaria. Stoker le debe bastante a Le

Fanu en el plano creativo y, aunque “Carmilla” no sea tan célebre como

“Drácula” sí debemos reconocer sus innumerables valores y la fascinación

que desprende su lectura figurando, al menos para mi gusto, entre las

mejores novelas góticas de todos los tiempos.

Bram Stoker

Abraham Stoker nació en Dublín, Irlanda, el 8 de noviembre de 1847. Los

ocho primeros años de su vida los pasó encerrados en su habitación

porque adquirió una enfermedad infantil que no le dejaba levantarse. En su

larga convalecencia sus mayores le contaban antiguas leyendas irlandesas

que no hicieron más que avivar su imaginación. A los dieciséis años, el

joven Abraham pudo entrar en la Universidad de Dublín, Trinity College,

donde le habían precedido otros autores irlandeses como Maturin, O'Brien,

Jonathan Swift ("Los viajes de Gulliver") y Joseph Sheridan Le Fanu.

Tras finalizar con brillantez sus estudios universitarios, el futuro escritor

pasó a la Administración pública trabajando en el Dublín Castle, donde ya

estaba colocado su padre desde hace mucho tiempo, y paralelamente

comenzó su carrera como crítico teatral en el Dublín Mail. Esta pasión por

el teatro fue fundamental para el neófito escritor ya que le permitió conocer

al actor Henry Irving, muy célebre tanto en Irlanda como en Inglaterra, que

entonces estaba en gira por Dublín naciendo una gran amistad entre

ambos.

Años más tarde, Irving le ofreció a Stoker la dirección del Lyceum Theatre

de Londres que dirigía hasta entonces pero que decidió dejar para

centrarse más en su carrera interpretativa. Antes de aceptar el cargo dudó

porque tenía gran porvenir en la Administración de Justicia y además se

había desposado con Florence Balcome a quién conoció en una fiesta que

dio Oscar Wilde en Dublín.

El matrimonio Stoker finalmente decidió hacer las maletas y viajar en 1878

a la capital inglesa para iniciar una nueva etapa en sus vidas dedicada al

teatro y a la literatura. En 1879 el matrimonio tuvo su único hijo, Noel, y ya

en 1882, Bram Stoker publicó su primer libro "Under the Sunset" (Bajo el

crepúsculo), una recopilación de cuentos infantiles, y a partir de aquí a

intervalos irregulares comenzó a publicar diversos libros de relatos,

novelas y también artículos en la prensa diaria.

En aquella época tuvo lugar su afiliación a la Golden Dawn in the Outer,

una célebre secta secreta donde pertenecía la gente más importante de

Londres donde conoció al Dr. Arminius Vambery, profesor de lenguas

orientales, muy versado en los cuentos y leyendas de los países del Este

europeo donde se oían muchas narraciones de vampiros.

Llevado por la curiosidad, Stoker comenzó a interesarse cada vez más en

estos fenómenos y nunca se perdía una conferencia que tratara de estos

temas que empezaron a ponerse en boga en la sociedad inglesa.

Encerrándose en las salas de lectura del British Museum, repleta de viejos

manuscritos, se dedicó a estudiar mapas y libros de viajes en los Balcanes

ya que deseaba que su próxima novela fuera perfecta. De hecho fue la

novela de su vida y necesitó diez años de su vida de búsquedas y diversas

escrituras para que finalmente pudiera ver la luz creando el vampiro más

fascinante de todos los tiempos, el conde Drácula.

"Drácula" apareció en 1897, editados por Archibald Constable y Compañía,

aunque Oscar Wilde la consideró como la novela más hermosa del siglo

XIX la crítica fue muy negativa, Sir Henry Irving no terminó de leerla

siquiera, aunque no es de extrañar su desprecio por la novela porque el

célebre actor solía tratar muy mal a Stoker.

Un nuevo mito literario acababa de nacer a pesar de todo. Porque los

mitos siempre son creados a través del tiempo. El genio de Van Gogh o

Mozart fueron reconocidos tras su muerte, Miguel de Cervantes fue

perseguido en vida y reconocido como genio tras su óbito. Los verdaderos

creadores jamás han estado comprometidos con el poder, por esto

sobreviven el paso del tiempo. En cambio los talentos de la época están

actualmente olvidados. (13)

Muchos analistas han desmenuzado la novela para ver en ella reflejados

una serie de personajes reales, práctica común de casi todos los escritores

utilizan este sistema para adquirir mas verosimilitud a su relato. Jonathan

Harker estaba inspirado en Joseph Harker, decorador del Lyceum, y

también con el mismo Stoker ya que ambos tenían la misma profesión,

pasante de notario.

El profesor Abraham Van Helsing, enemigo acérrimo de Drácula, estaba

inspirado en Abraham Stoker, padre del escritor, y el doctor Seward

corresponde a Oscar Wilde, su amigo y rival por el amor de Florence,

quien finalmente se decidió por Bram. La propia Florence y la actriz Ellen

Terry, que actuaba en el Lyceum, sirvieron de modelo a los personajes

femeninos de la novela Lucy y Mina respectivamente. Según Frederick

Donaghey, amigo personal de Stoker, el personaje de Drácula era una

mezcla de diversos personajes célebres de la escena como Matthias de

“The Bells”, Shylock, Mefistófeles, Pedro el Grande, el malvado de “The

Lyons Mail”, Luis XI y muchas personalidades más.

Tras "Drácula", Bram Stoker continuó su carrera literaria aunque jamás

alcanzó el mismo nivel: "La joya de las siete estrellas" (1903) y "La guarida

del gusano blanco" (1911). Esta novela fue la última del autor irlandés,

quien falleció una tarde de abril de 1912 en su domicilio londinense de St.

George Square. Padecía desde hace varios años el mal de Bright que le

dejó ciego al final de su vida.

En 1914, Florence Stoker publicó "El invitado de Drácula", colección de

narraciones cortas inéditas de su marido entre ellas el célebre prólogo de

su inmortal novela que los editores habían amputado porque la

consideraban excesivamente larga.

Pero fue en el naciente cinematógrafo que el conde Drácula adquirió

popularidad. Ya en 1915, al crearse la productora Universal, los estudios

se interesaron en adaptar al cine la novela “Drácula” pero la desestimaron

porque los lectores de guiones y proyectos -unos especimenes nefastos

caracterizados por su bajo nivel intelectual- dieron informes negativos

basándose en que era “demasiado literario”. En 1920 se realiza una ignota

adaptación cinematográfica rusa, el húngaro Karoly Lajthay realizó la

segunda versión, "Drakula" (1921), que posteriormente se perdió, y

Murnau inició meses después el rodaje de su célebre "Nosferatu, el

vampiro" (1922).

En este año, Florence Stoker presentí una denuncia por plagio contra la

productora de este film, Varna Films, porque no había comprado los

correspondientes derechos de autor, razón por la cual el guionista Henrik

Galeen cambió los nombres de todos los personajes.

En julio de 1925 los tribunales ingleses ordenaron el embargo y

destrucción de todas las copias del film de Murnau, embargo que no se

cumplió afortunadamente y pudimos disfrutar con las hermosas imágenes

de Fritz Arno Wagner. El mito cinematográfico había nacido ya y su

importancia indiscutible en una larga filmografía con excelentes títulos

aunque, por desgracia, tengamos que soportar otros de muy mala calidad

donde el nombre de Drácula fue tomado en vano.

Drácula en la escena

El 18 de mayo de 1897 fue la fecha del debut de Drácula en la escena, fue

en el Royal Lyceum Theatre, situado en Wellington Street, una única

representación de cuatro horas en la que obra fue adaptada por el propio

Stoker a un prólogo y cinco actos. Los espectadores eran los amigos

íntimos de Bram Stoker y Henry Irving, promotor de la obra, y el primer

Drácula de la historia se llamaba escuetamente Mr. Jones. Aunque la

adaptación gustara no era del agrado de Irving, quien nunca sintió ningún

aprecio por Stoker, pero encantó a un joven actor de la compañía,