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LA PALABRA SOPLADA
Jaques Derrida
Traducción de Patricio Peñalver en DERRIDA, J., La escritura y la diferencia,
Anthropos, Barcelona, 1989, pp. 233-270. Edición digital de Derrida en castellano.
Cuando escribo sólo existe lo que escribo. Aquello que he sentido como diferente, que
no he podido decir y que se me ha escapado, son ideas o un verbo robado, y que
destruiré para reemplazarlo por otra cosa.
Rodez, abril 1946
... Sea cual sea el sentido hacia el que te vuelvas, todavía no has comenzado a pensar.
El arte y la muerte
Discurso ingenuo el que iniciamos en este momento, al hablar en dirección a Antonin
Artaud. Para reducir esa ingenuidad hubiese hecho falta esperar mucho tiempo: que se
hubiese abierto verdaderamente un diálogo entre -por decirlo rápidamente- el discurso
crítico y el discurso clínico. Y que llevase más allá de sus dos trayectos, hacia lo común
de su origen y de su horizonte. Este horizonte y este origen se dejan ver mejor hoy en
día, para fortuna nuestra. Cerca nuestro, M. Blanchot, M. Foucault, J. Laplanche se han
interrogado acerca de la unidad problemática de estos dos discursos, han intentado
reconocer el pasaje de una palabra que, sin desdoblarse, incluso sin distribuirse, de un
único y simple trazo, hablaría de la locura y de la obra, penetrando en primer lugar en
su enigmática conjunción.
Por mil razones que no son simplemente materiales, no podemos desplegar aquí, por
más que les reconozcamos una prioridad de derecho, las cuestiones que a nuestro
juicio dejan sin resolver esos ensayos. Advertimos realmente que si bien, en el mejor
de los casos, su lugar común ha sido señalado de lejos, de hecho los dos comentarios -
el médico y el otro- no se han confundido nunca en ningún texto. (¿Será porque se
trata ante todo de comentarios?, y ¿qué es un comentario? Lanzamos estas preguntas
al aire, para ver más adelante dónde las tiene que hacer recaer necesariamente
Artaud.)
Decimos de hecho. Al describir las «oscilaciones extraordinariamente rápidas» que, en
Hölderlin y la cuestión del padre, producen la ilusión de unidad, «que permite, en los
dos sentidos, el traslado imperceptible de figuras analógicas», y el recorrido del
«dominio comprendido entre las formas poéticas y las estructuras psicológicas»,[i] M.
Foucault concluye en una imposibilidad esencial y de derecho. Lejos de excluirla, esta
imposibilidad procedería de una especie de proximidad infinita: «Esos dos discursos,
 
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