18 horas al mes por GLORIA CORRONS DE BONNE - muestra HTML

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Acababa de llegar a la estación de autobuses después de una jornada agotadora en la feria textil de Valencia llena de buenos momentos y

pequeñas frustraciones, casi no había dormido en dos noches y después de

haber caminado por el recinto durante siete horas sin apenas haber comido

estaba tan cansada que me daba la sensación que aparentaba mas años.

A mis 47 años no podía resistir hacerme mayor pero sobre todo aparentarlo.

Imaginaba que parte de la causa era también que llevaba una indumentaria

oscura y elegante porque regresaba directamente de la Feria donde había

estado haciendo de relaciones publicas como diseñadora textil, hablando

con mis clientes y recordaba la imagen de mí misma por la mañana cuando

llegué, vestida con pantalones de piel una chaqueta tejana y un suéter de

colorines, entonces la gente me llamaba señorita…mi edad resultaba

curiosa.

El autobús llegó, recogí mis maletas del suelo. Como siempre llevaba

demasiadas cosas y caminé hacia la que iba a ser una de las aventuras mas

maravillosas de mi vida. Puse las maletas en el portaequipajes del vehiculo

y subí al mismo. Estaba muy lleno pero encontré un asiento enseguida, a

mi lado estaba sentado un hombre alto y elegante de ojos muy azules, nos

miramos los dos, supongo que sin pensar nada el uno del otro.

Inesperadamente él me habló en inglés de una manera simpática y familiar

como si al verme hubiera sabido que yo iba a entenderle -. Voy a llevar mi

maleta al portaequipajes para que no estorbe.- y se levantó. Yo le dije también en inglés.- ¿puedo sentarme en este asiento? Y el contestó: of course .- Me senté y estuve un rato mirando por la ventana.- ¿Cómo sabía él que yo hablaba inglés? - pensé

El elegante caballero estuvo un rato esperando poder salir fuera del bus sin

conseguirlo porque la gente no dejaba de entrar y al final se rindió y colocó

su maleta en la parte de arriba de los asientos y después se sentó a mi lado,

entonces me miró de un modo jovial con un simpatía fresca que me cautivó

enseguida y me preguntó en su idioma. - ¿ Hablas inglés? - y yo le

pregunté a mi vez: ¿Y cómo t u sabias que yo hablaba inglés? - Oh – dijo de un modo rotundo – Es que yo no sé hablar español.

Y así empezó todo. El autobús arrancó llevando a bordo personas diversas

que también iban a diversos destinos y entre ellas nosotros dos, una

española y un inglés nacidos en muy distintas partes del mundo cuyas vidas

habían transcurrido completamente ajenas la una de la otra hasta que un día

a un ahora determinada, el destino o lo que sea, casualidad o suerte, había

decidido reunirlos.

Comenzamos a hablar de una manera fluida y agradable, me asombré al

comprobar que mi inglés estaba poco olvidado aunque de hecho era normal

porque era un idioma que había hablado durante muchos años. Le pregunté

si él también volvía de la Feria, pues por su traje y su apariencia me pareció

que debía ser un fabricante de tejidos venido de Inglaterra, pero me

!