400 Palabras por Relatos de Corredores - muestra HTML

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PRÓLOGO

Lo que el lector se va a encontrar a continuación es una colección de relatos hechos por corredores

para el disfrute de todo el lector que se quiera acercar a ellos.

Todos ellos, como participantes del Certamen 400 Palabras, saben que el mejor premio que

nosotros, como organizadores, podíamos ofrecerles era precisamente la edición del libro que ahora

mismo tienes entre tus manos. Todos, corredores y escritores aficionados, agradecerán leer las

experiencias, fantasías y vivencias de gente como ellos.

En cuanto al criterio de selección de los ganadores, el jurado tuvo en cuenta, por encima de recursos

literarios, la fuerza y la emoción que el mensaje del relato transmitía. Los finalistas os harán reír,

llorar, asombraros y, sobre todo, pasar un buen rato leyendo.

Todos los relatos tienen algo que nos llamó la atención, pero era imposible darles el premio principal a todos; quizá por eso pensamos en la edición de los mismos como justo premio al talento

demostrado.

Esperamos y deseamos que este libro llegue a mucha gente y que la comunidad de corredores

crezca a lo largo y ancho del mundo, porque covniene mencionar que hemos recibido relatos desde

España, pero también desde diferentes países de Iberoamérica e, incluso, desde nuestras antípodas.

Nada más, sobran mis palabras cuando lo que os espera a continuación es mucho más interesante

que cualquier cosa que queramos añadir. Gracias a todos por vuestra participación y a tí, lector, por

acercarte hasta esta obra.

Sois todos muy grandes. Nos vemos en la próxima edición...

Óscar Alonso

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Insultar al Ángel Caído

El frío revitalizante invernal, que baja un par de grados al entrar en El Retiro, te da los buenos días a

las seis y media, todavía noche cerrada. Después lo hacen los corredores que te vas encontrando en

el recorrido de 3.000 metros. Política, economía, deportes o entrenamientos, según las ganas y la

actualidad, marcan la conversación en el grupo al que has decidido subirte. Pero les tocan series y a

ti, rodaje sin prisa pero sin pausa. Y te quedas solo, escuchándote, dominando a tu reloj, y no al

revés.

Entonces unas voces te sacan del placentero trance al comenzar la curva de La Rosaleda, que van a

más cuanto más te acercas a la Fuente del Ángel Caído situada curiosamente a 666 metros del nivel

del mar según indican los gepeeses. “¡Malandro, desgraciado, hereje!”, grita un hombre, con una

extraña ausencia de emotividad, a la bella estatua cincelada por el escultor madrileño Ricardo

Bellver en 1877, aunque plantada en esa conocida ubicación en 1885.

Hará ya unos años de aquella primera vez en la que me topé con aquel anciano caminante en

chándal, a todas luces mermado de facultades mentales. Las siguientes, que fueron muchas y en las

cuales repetiría exactamente el mismo tono, volumen e insultos hacia la figura de Lucifer, mi

desasosiego y miedo fueron a menos. La costumbre. Y le he recordado porque hace días que no me

lo encuentro. Puede que el diablo ya le esté pidiendo cuentas por todas esas madrugadas de improperios.

Paolo Tassotti

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