Amor Fugaz

Amor fugaz
El nombre del desconocido era Chas Cougart y era tan maravilloso que
Amy Allen no tuvo mas remedio que intentar conocerlo. Estaba en la ciudad
para asistir a la boda de un pariente, así que decidió hacerse pasar por una
pariente lejana de los Cougart y unirse a la fiesta. Por supuesto, eso era
mentir, pero... ¿qué otra cosa podía hacer?
En cuanto a Chas, al ver a Amy se le alteraron los sentidos. Enseguida se
dio cuenta de que no era de la familia. Pero si estaba tan empeñada en
pertenecer al clan Cougart, Chas sabia que podía convencerla para hacerlo de
una forma legal....
Capítulo 1
En conferencia desde Winter Haven, Florida, la señora Abbott volvió a
insistirle a su hija en Atlanta, Georgia.
-Bueno, Amy, claro que me encanta que vengas a casa ya mismo, pero, ¿por qué
no te quedas donde estás un par de días? Con la lluvia, no podrías salir de casa o
tendrías que ir a otro sitio. A no ser, claro está, que con tus veinticuatro años y tu
cansina madurez te hayas vuelto más tolerante con Mitzie y Peck.
-¿Cómo puedes aguantarlos? -preguntó con genuina curiosidad Amy Abbott
Allen.
-Como sabes, le estoy muy agradecida a Peck por salvar la vida de Bill años
atrás, en Vietnam. He de añadir, sin embargo, que el término «salvar» adquiere más
dramatismo cada año que pasa. Sinceramente, creo que Peck apareció por casualidad
en el momento crucial, pero ya sabes lo insoportablemente lógica que puedo ser.
-He visto indicios de ello -el humor adornaba las divertidas palabras de Amy.
-No intentes congraciarte conmigo con adulaciones. No puedo echar a los
Peckerel con indirectas. Ya lo sabes. Y son un cambio tan refrescante para tu padre.
Necesita a Peck igual que otros necesitan una dosis ocasional de Laurel y Hardy.
-Peck habla mucho, pero es alto y flaco, así que debe de ser Laurel, ¿no?
-Sí, y Mitzie es Hardy, ja, ja, ja.
Esos sonidos hicieron reír a Amy.
-¿Y para qué sirve Mitzie?
-Me agradan especialmente las visitas de Mitzie. Después de estar con los
Peckerel, Bill sigue mirándome embobado durante días.
-No te envidio eso, mamá. En vez que quedarme aquí, creo que iré a Saint
Petersburg Beach -suspiró dramáticamente en el auricular del teléfono-. Me pudriré
allí hasta que os deshagáis de los Peckerel.
-Ten cuidado con las fieras que acechan -la voz de su madre se suavizó-. Los