Annabel por Isabel Cristina Rodas Torres - muestra HTML

TOME EN CUENTA: Esta es una vista previa en HTML y algunos elementos como enlaces o números de página pueden ser incorrectos.
Para la versión completa, descargue el libro en PDF, ePub, Kindle

Título

 

 

Nombre

Vampiros

08 de julio 2009

 

 

 

 

 

E

ra una noche un como fría, me encontraba perdida en un camino algo mortal, no estaba asfaltado se podía ver que era uno de los tantos que la humanidad había olvidado, había caminado tanto que no sabía por donde ya había pasado, estaba cansada y tenia frio. Nunca imagine que este sería el primer día del comienzo de un tormento tan dulce como la miel.

 

Cuando me disponía a darme por vencida escuche un sonido, eran como las ruedas de un transporte algo primitivo, no sabía de dónde venía el sonido, pero una leve esperanza de que estaba cerca de algún lugar habitado apareció, pasados unos minutos el sonido se fue volviendo más débil, era como si se estuviera alejando, fue tal mi temor que comencé a seguir el ruido, cuando al fin pude encontrar el lugar donde provenía me lleve la sorpresa que uno era más que un pequeño pueblo, algunos habitantes al verme allí solo salieron corriendo y avisando a los demás habitantes, en cuestión de segundos sus calle quedaron deshabitadas. No entendía la reacción de ellos, me dirigí al centro del pueblo buscando a alguien que me pudiera brindar ayuda, pero fue imposible, me pase el resto de la noche sentada junto a la fuente que había allí, al despertar me vi rodeada de una gran multitud, fue tal mi asombro que solo pude levantarme de un salto, todos me miraban con tal curiosidad y miedo, era como si yo fuera algo vil, cuando me disponía a salir de aquel pueblo se me acerco una anciana, su aspecto daba a notar que no le quedaban muchas fuerzas, me ofreció algo de comer, no lo rechace, llevaba un día entero sin comer, desde el primer momento que me perdí aquí, la anciana al ver con la ansiedad que comía me invito a su casa, era algo pequeño pero muy bella, habían muchas cosas que aun no entiendo el porqué de ellas, pero hubo una que realmente llamo mi atención, era un retrato de una bella chica, su rostro no contaba más de 19 años, cabello negro y unos ojos brillantes y profundos, como la noche sin estrellas,  la anciana la ver mi interés en el retrato me comento que era su hermana, y que hacía muchos años no veía, cuando termine de comer, la anciana me brindo un lugar donde dormir, y ropa limpia, yo intente rechazar la invitación, pero la anciana con una sonrisa se convenció, no recuerdo cuanto tiempo dormí, cuando desperté la anciana se hallaba tejiendo, al verme solo me brindo un vestido, aunque al comienzo no estaba segura de usarlo, me decidí al ver que con todo lo que constaba era con la ropa que tenia puesto y unos cuantos pantalones. Al ponérmelo mi asombro no se hiso esperar, el vestido estaba hecho de seda, una seda tan hermosa que solo me pude quedar observándola, era largo de un rojo escarlata, y encajes negros, su descote aunque poco pronunciado dejaba ver algo, en ese momento dentro la anciana se podía ver que estaba feliz de verme usar ese vestido.

 

- te queda muy bien –me dijo

- gracias -dije.

 

Después de unos minutos la anciana me trajo una zapatillas, eran un poco altas pero hermosas, además combinaban perfectamente con el vestido, solo pase allí unos minutos antes de salir con la anciana al mercado, todos los habitantes me observaban como a una aparición, muchos solo se alejaban al vernos pasar, me sentía un poco incomoda, así que decidí devolverme a la casa de la anciana, al llegar allí volví a mirar aquel retrato, con la sorpresa que le mismo vestido que llevaba aquella hermosa mujer era el mismo que yo llegaba, la anciana no demoro mucho, cuando llego me encontró de nuevo mirando el retrato.

 

- era una mujer muy bella –dije

- lo fue –me respondió, se podía observar algo de melancolía en su voz

- que le sucedió –le pregunte, la anciana solo me miro y sonrió, después de unos minutos se paró a mi lado.

- desapareció hace 40 años, yo tenía solo 10 así que no la recuerdo muy bien, era la chica más popular de la pueblo, una noche solo salió y nunca regreso.

- no tienen idea de donde se encuentre –le dije

- muchos dicen que desapareció al llegar al rio, pero otros afirman a verla visto irse con el duque –después de esto solo se retiro.

 

No la volví a ver hasta la mañana siguiente, cuando ella salió yo ya me había levantado, se podía ver que no había descansado mucho, ella solo se dirigió a la cocina y saco algo de beber, no sé que era pero olía muy mal, luego se sentó frente a mí, después de unos minutos se me arrimo y me acaricio el cabello.

 

- tengo algo para ti –me dijo con una sonrisa en sus labios

- no tiene que molestarse –le dije –no me quedare mucho en este pueblo.

- no te preocupes –me dijo y se dirigió a una habitación que hasta este momento no había entrado, al abrir la puerta me llamo para que la siguiera.

- tomo lo que desees, todo es tuyo –después de esto se retiro dejándome solo entre miles de objetos hermosos pero antiguos.

 

Me pase allí alrededor de 10 minutos antes de encontrar un baúl, era antiguo se podía observar en su adornos, al abrirlo me encontré con muchos vestidos, el siguiente más bello que el anterior, lo único extraño era ver que todos estaban perfectamente conservados, era como si los hubieran acabado de hacer, también había un pequeño cofre, en su interior habían joyas las cuales no puedo describir su belleza, no pude evitar la tentación de probarme una que otra, pero hubo una que realmente llamo mi atención, era una gargantilla, sus adornos eran de oro puro, y sus encajes de la más bella gema que alguna vez pude ver, no sabía su nombre pero se podía observar que era muy valiosa y antigua a la vez, cuando me encontraba viendo las joyas la anciana dentro, al verme extasiada allí solo me toco el cabello.

 

-        necesito que me acompañes de nuevo al mercado –me dijo –vístete te espero en la sala.

 

Aunque tenía esos bellos vestidos no me puse ninguno, solo Salí de aquella habitación, la anciana al verme me sonrió de nuevo, cuando llegamos al mercado pude ver a algunas cortesanas hablar, eso me incomodaba, pero no les puse cuidado, la anciana compro algunas cosas para la cena, aunque a mí me pareció algo exagerado no le dije nada. Cuando llegamos a casa me pidió el favor que me probara algunos vestidos de los que habían allí, no pude rehusarme, ella tenía algo que nunca permitía que le digiera que no, esa noche llegaron unas cuantas personas a la casa, ella había organizado una cena muy discreta, solo estaban algunas ancianas, ninguna bajaba de los 50 eso me sorprendió, cuando me disponía a salir la anciana dentro llegaba un vestido negro en sus manos me pidió el favor que lo usara, también tenía unas cuantas joyas, cuando me lo puse me sentí un poco extraña, era como si ya hubiera pasado por eso, aunque no le puse cuidado a esa sensación, cuando los integrantes de esa reunión me vieron me hicieron reverencia, me sentía como si fuera alguien importante, no me quede mucho tiempo allí, pasados unos minutos Salí a caminar por el pueblo, había poca gente en las calles, pero la reacción que tuvieron los ancianos la tuvieron muchas personas de allí. Era como si me veneraran, como si yo fuera una diosa o un demonio, me sentía bien que fuera así, debo reconocer que era algo un poco sínico y hasta morboso, sentirme bien por el temor o respeto que podía causar.

 

Aunque al comienzo solo pensaba quedarme unos cuantos días, el tiempo fue pasando y rápidamente transcurrieron 3 meses, en los cuales el trato de los habitantes de la pueblo no cambio, ya que durante el día las mujeres disfrutaban discutiendo de mi en la noche los demás me reverenciaban, una noche algo oscura, recuerdo que ese día la luna no salió, y las calles de la pueblo estaban incómodamente solas, escuche una voz, era muy dulce además de juvenil, era un joven no puedo decir su edad, pero a simple vista no pasaba de los 20 años, caminaba por las calles, estaba solo, cuando quise salir la anciana me detuvo, me dijo que no me acercara a él, y que tampoco saliera en las noches que la luna no apareciera, aunque me causo mas curiosidad saber quién era ese chico acepte su consejo, esa escena se repitió en varias ocasiones durante el mes, pero lo que era realmente curioso era que cada vez más personas desaparecían, los entierros en la pueblo aumentaron, en pocos días los habitantes de aquí me pidieron que me marchara, mientras otros decían que era mejor que me quedara, las opiniones estaban divididas, pero la verdad no entendía porque, una noche la anciana me pidió que me sentara con ella, esa fue la noche en la que escuche por primera vez la historia.