Aprender en 7 Días por Rampayo - muestra HTML

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aprender

un idioma

en 7 días

RAMÓN CAMPAYO

Agradecimientos

No hace demasiado tiempo empecé a hacer mención sobre aprendizaje de los idiomas a

aquellos alumnos que depositan su confianza en mí y asisten a alguno de mis cursos

presénciales, y un poquito más tarde hice lo mismo en los cursos que ofrezco a través de

Internet. Lo que comenzó siendo la mera mención de una técnica, pasó enseguida a ser algo

de mucha expectación entre los asistentes, de forma que despertaba su interés y reclamaban

más información al respecto. Debido a ello, tuve que aumentar el tiempo dedicado a esta

interesante materia, tan necesaria en los tiempos que corren y de paso tan necesitada. Al

poco, el estudio de los idiomas se había convertido en uno de los platos fuertes de todos mis

cursos, especialmente de los cursos presénciales. Muchos de mis alumnos dejaron de asistir

a sus habituales academias de idiomas para ponerse a estudiar por su cuenta mediante un

sistema de trabajo mucho más eficaz y entretenido que el que venían realizando habitual

mente en sus centros, el cual describiré amplia y gustosamente en este libro.

Sé que alguno de ellos empezó a estudiar a la vez la friolera de ¡seis idiomas!, y al poco

tiempo, en el foro del club de alumnos de mi página web, el aprendizaje de los idiomas pasó

a ser, con mucho, la parte de el de mayor extensión, de más comunicación y, en definitiva,

de más movimiento.

Gracias a esta respuesta, deseo dar prioridad en estos momentos al estudio de los idiomas,

y a ellos dedico por tanto este libro, mi segundo libro.

Muchas gracias, queridos amigos, por compartir conmigo vuestra ilusión. Yo también he

aprendido mucho de vosotros.

RAMÓN CAMPAYO

Introducción

El presente libro muestra la manera más efectiva de aprender cualquier idioma extranjero,

incluso aunque el lector no tenga el menor conocimiento sobre él.

Con su lectura espero que lleguen a encantarle los idiomas incluso a aquellas personas que

han tenido malas sensaciones mientras los estudiaban en la escuela, en academias, por libre

o de cualquier otro modo. A aquellas que han llegado a pensar que estudiar un idioma es

algo muy difícil, y que si no se consigue desde pequeño ya no podrá hacerse nunca más.

Especialmente me gustaría dedicar el libro a los más desanimados, para que comprueben

que tienen capacidad para esto y para mucho más, pues su mente y la de todos es ilimitada.

Deseo de mostrar que el principal secreto para aprender es adquirir una técnica que sea

verdaderamente eficaz, que se adapte al funcionamiento de nuestra mente y que tenga en

cuenta todos sus mecanismos automáticos e inconscientes.

Espero que el lector me dé la suficiente confianza como para empezar a leer este libro sin

prisas, por el principio y sin dejarse nada. En los próximos capítulos empezarás a desarrollar

una técnica de aprendizaje increíble que anulará enseguida cualquier sensación negativa que

pudieses mantener respecto a una supuesta dificultad para el estudio de los idiomas, y que

te hará progresar de un modo que ahora mismo ni te imaginas.

En definitiva, apuesto sinceramente a que a partir de hoy gustarán los idiomas a todas las

personas de todas las edades. Creo también que este libro será una auténtica revolución

mundial en el estudio de los idiomas, pues es aplicable a cualquier lengua, a cualquier país y

a cualquier persona. También deseo encontrar, gracias a él, la ilusión y la satisfacción que se

merecen todos mis lectores, una fenomenal subida de su autoestima, y que reconozcan y

sean conscientes de la capacidad mental tan grande que sin duda tienen, la cual les ayudaré

a mostrar y a aprovechar muy gustosamente mediante la lectura de las siguientes páginas.

Con este libro pretendo además desarrollar toda la capacidad de imaginación e inventiva de

los lectores, así como una buena sensación de bienestar, para que de este modo mejoren

aún más su rendimiento, pues ya sabemos que el sentimiento es el motor de nuestra fuerza

mental.

A todos vosotros, a los niños, a los jóvenes y a los más mayores, os deseo mucha suerte y

¡¡hasta pronto!! Adiós. Auf Wiedersehen. Arrivederci. Au Revoir. Bye bye. Adeus. Paka. Hej

da.

RAMÓN CAMPAYO

Aviso importante

Aprender un idioma correctamente es a menudo una tarea muy larga y difícil para la mayoría

de los estudiantes, los cuales descubren, tras varios años de estudio, que son incapaces de

hablarlo con fluidez y de forma adecuada.

Con el sistema de estudio que vamos a desarrollar en este libro, puedo asegurarte que, una

vez lo hayas leído y comprendido, si haces todos los ejercicios y sigues las recomendaciones,

conseguirás expresarte de manera fluida y eficaz en tan solo siete días de práctica; da igual

el idioma que hayas elegido para ello.

Lógicamente, primero tienes que leer el libro y aprender a hacer las cosas adecuadamente,

pues siempre habrá algún lector «prisas» que querrá hablar el idioma antes de empezar, tan

ni siquiera haber completado satisfactoriamente el contenido del libro. Ciertamente, notarás

muy pronto un progreso y un creciente interés muy importantes, pero ten paciencia y haz las

cosas bien.

Para conseguir este objetivo, te haré una recomendación inicial que parece bastante obvia,

pero que algunas personas no suelen cumplir, y eso sería algo desastroso en el estudio de

este libro. Esta norma es tan sencilla como:

Leer el libro por orden, capítulo a capítulo.

Para que puedas controlar que, en efecto, así lo haces y que estudias avanzando

adecuadamente sin dejarte atrás nada importante, verás al final del libro una sección

llamada «Zona de control», Esta sección tiene unas casillas que tendrás que ir marcando por

orden, de forma que no puedes marcar una casilla determinada sin antes haber marcado la

anterior.

La manera de cumplir este apartado es bien sencilla: marcas aquella casilla cuyo contenido

hayas leído y cumplido.

Esta sección es también útil para que no te despistes en ningún caso y siempre sepas lo que

tienes que hacer, pues a veces tendrás que volver sobre páginas ya leídas. Encontrarás más

información en dicha sección.

Contarás también con otro interesante capítulo llamado «Ayuda», en el cual he intentado

adelantar y contestar anticipadamente las dudas y preguntas que pudieran presentárseles a

algunos lectores en determinados momentos.

Fiel a mi línea, el libro es sencillo de leer, está todo explicado con detalle y con muchos

ejemplos para que puedas seguirlo fácilmente. Su lectura te ayudará especialmente a

desarrollar importantes cualidades mentales tales como la concentración y la imaginación.

Especialmente esta última, la cual constituye nuestra capacidad mental más importante.

También mejorarás considerablemente tu memoria basal y tu capacidad de aprendizaje en

general.

Una cuestión de confianza

Es la Navidad del año 2005, una fría mañana del mes de diciembre, Ramón Campayo está

trabajando en este libro y ya lo lleva muy avanzado. Se me ocurre que tengo algo

importante que me gustaría deciros, a propósito de su técnica para aprender idiomas, que

puede ser de utilidad y animar a muchos lectores. Por esta razón le dije a Ramón que me

dejara escribir algunas palabras para que pudiera contar una experiencia personal. Ramón

rápidamente guarda su trabajo en el ordenador y me abre un documento nuevo para que

pueda escribir. Se levanta de la silla y me dice: « ¡Adelante!».

Ahora estoy sola, frente a vosotros, y deseo contaros una experiencia personal increíble,

digna de mención, y que de otro modo muy poquita gente conocería.

Cuando Ramón me dijo un día que iba a escribir un libro sobre la forma ideal de estudiar y

de aprender un idioma, la idea me gustó mucho, en cuanto a que prácticamente todo el

mundo tiene o quiere estudiar alguno en estos tiempos que corren, y pensé que sin duda

sería muy bueno facilitar esta tarea a todos aquellos que vayan a estudiarlo.

Llevo diez, años casada con Ramón y aunque tengo un pequeño negocio familiar de

decoración en Albacete, suelo acompañarlo en sus

Viajes, en sus competiciones, en sus conferencias, en sus exhibiciones

Y en sus cursos. Así, hace unos años lo acompañé en su primer viaje a

Alemania, un poquito antes de que consiguiese esos fantásticos 15 récords mundiales en

noviembre del año 2003.

Tomamos el avión con destino a Munich y, una vez habíamos despegado, Ramón sacó de

una carpeta unas extrañas plantillas (como las

Que más adelante conoceréis) y un pequeño diccionario electrónico, al cual conectó unos

auriculares que se los colocó en los oídos.

Aunque le he visto hacer cosas mucho más extrañas, le pregunté qué estaba haciendo, y me

contestó que iba aprender alemán, porque la conferencia que tenía que dar esa misma tarde,

al poco de llegar a Alemania, la quería dar en ese idioma.

En el acto me dio un súbito golpe de risa, pues Ramón no hablaba nada de alemán, ya que

en la escuela estudió francés y sus conferencias acostumbra a darlas en inglés.

Le pregunto, un poco en son de guasa, que si va estar todo el viaje (de unas dos horas de

duración) estudiando, y me dice que no, que tiene hambre, que piensa tomarse el menú que

darán en el avión y que después se tomará el café tranquilamente.

Nunca he dudado de la capacidad de Ramón, ni tampoco de su técnica, pues lo he visto

realizar hazañas increíbles con la mente, pero en esta ocasión pensé: «Chaladuras de

genio».

Ramón estuvo bastante ocupado todo el viaje (salvo el tiempo empleado en el almuerzo)

hasta unos diez minutos antes de aterrizar. En ese momento, y mientras recogía sus cosas,

le pregunté que cómo se le había dado, y en tono algo bromista le dije también que si ya

sabía hablar alemán, a lo que me contestó sonriendo que sí, que ya hablaba él suficiente.

Nos fuimos derechos al hotel, y casi acto seguido al lugar de la conferencia donde más

adelante se celebraría el festival mundial de récords de Starnberg, y donde suelen participar

algunos de los mejores memorizadores del mundo. Durante este tiempo, y hasta el momento

de dar la conferencia, Ramón no repasó ni revisó documento alguno. Simplemente, y llegado

el momento, inició su conferencia en alemán, y re conozco que me quedé con la boca

abierta.

No sé bien qué decía, pero, evidentemente, yo escuchaba alemán. Recuerdo que Ramón me

comentó que su primera frase sería decir al público, un poco en plan de broma: «Buenas

tardes. Hablo muy bien

Alemán», para que estos se riesen, Y así sucedió cuando dijo esa frase, Pero la auténtica

realidad fue que los asistentes escucharon con aten non sus explicaciones y toda la

conferencia hasta el final, momento en el que, para mi mayor sorpresa aún, el público

empezó a preguntarle dudas o aclaraciones, y lo hicieron también en alemán, por supuesto.

Ramón entendía todas las preguntas que le decían, o a decir verdad, y para ser más precisa,

casi todas, pues en un par de ocasiones tuvo que decirles cómo debían estructurar

gramaticalmente las preguntas para que él las pudiese entender, lo cual cumplieron

perfectamente a juzgar por cómo se desarrollaban los diálogos posteriormente.

Cuando terminó su conferencia, un asistente se puso en pie y le dijo a Ramón que le había

gustado mucho lo que había escuchado, pero añadió; «Tienes que mejorar tu alemán», a lo

cual Ramón le contestó: Desde luego, pero dame algo más de tiempo». Esta persona del

público, cayendo en la trampa que le había tendido Ramón con su respuesta anterior, le

preguntó de nuevo: « ¿Cuánto tiempo llevas estudiando esta lengua?», a lo cual Ramón

añadió: «Una hora y 45 minutos exactamente», lo que, como podéis figuraros, ocasionó una

carcajada general, y por supuesto dejó con la boca abierta al chico que le acababa de

preguntar eso.

Tras esta respuesta, y habiendo terminado la conferencia, sus declaraciones posteriores a los

periodistas ya giraban solamente en torno a los idiomas, a cómo debían estudiarse y

aprenderse. De hecho, en sus cursos presénciales sobre técnicas de estudio, de lectura

rápida y de memorización, trata también sobre la manera ideal y más efectiva de aprender

cualquier idioma, de forma que dedica a ello casi una hora de las veinte que consta cada

curso, lo cual supone un tiempo de teoría y de práctica suficiente para que los alumnos se

vayan muy motivados y con las ideas claras sobre cómo han de hacerse las cosas.

Cuando abandonamos el lugar de la conferencia le pregunté a Ramón que cómo lo había

conseguido, que me lo había pasado muy bien, y me dijo que del mismo modo que

memorizaba cientos de naipes en media hora, podía hacer lo mismo con cientos de palabras.

Tras su respuesta le contesté que era más fácil saber decir «sota de bastos» o «siete de

picas» que «ireflen», o que «Gedächtnis», a lo cual me contestó que solamente si se

pronunciaban aisladamente, pero que en un contexto, y a sabiendas de lo que vas a decir,

una palabra te llevaba a la otra, al contrario de lo que sucede cuando se memo rizan los

naipes, ya que en este caso cada una tiene un orden azaroso y no existe ninguna relación

entre ellas, por lo cual la cosa quedaba compensada.

Que nadie piense que Ramón se aprendió el texto de su conferencia de memoria, porque

para nada fue así. Él adquirió el suficiente vocabulario y la suficiente agilidad como para

poder expresar en alemán lo que pensaba en castellano y como para poder comprender lo

que otras personas le preguntaban en alemán.

Para terminar, también deseo contaros que, a principios del año 2004, Ramón me propuso

competir en noviembre de ese mismo año en un campeonato mundial de memorización

rápida. Le dije que yo no estaba preparada para ello y que además jamás le podría ganar, a

lo cual me contestó: «Pero podrías ser segunda». Yo le dije:

«Eso no puede ser, no me veo capacitada para ello. Además, tengo muy poco tiempo,

apenas diez meses, como para querer ser la segunda a nivel mundial».

El me contestó: «Nos sobra tiempo, por eso no te preocupes, pero, eso sí, tendrías que

dedicarle una hora al día, cuatro o cinco veces por semana».

¿Una hora al día? En otras palabras, me reducía el trabajo de mi entrenamiento a solamente

cuatro o cinco horas semanales. Nuevamente me sorprendía su respuesta y no sabía

ciertamente cómo mirarlo, si como a un genio o como a un loco.

«¿Y solo con esa dedicación conseguiré algo? ¿Haré mejor marca que otros profesionales?»

«Sí, si realizas los entrenamientos que te vaya marcando.» Esa fue su respuesta, respuesta

que, por supuesto, no me creí.

Ramón siempre me ha sorprendido con sus logros en el ámbito personal, aunque ahora cada

vez menos, desde luego. Pero en este caso esto era algo mucho más difícil de creer, pues me

pasaba la pelota a mí. Quería que yo fuese la protagonista de algo, la que obtuviese un logro

importante. Dicho de otro modo, al final iba a depender todo de mí, no de él, y eso es lo que

de algún modo me daba miedo, además de que, sinceramente, no me veía capaz de obtener

una marca de competición en ninguna prueba de memorización. Tampoco confiaba en mí lo

suficiente pero ciertamente también pensé que tendría su apoyo y que no había nada que

perder.

Mientras pensaba esto durante unos instantes, Ramón me observaba y me leía el

pensamiento, pues es muy buen psicólogo. El sabía que mi duda era una duda de

aceptación, por lo que interrumpió mi pensamiento y añadió enseguida:

«Te prometo que te lo pasarás muy bien y que el entrenamiento te enganchará. Será una

actividad que desearás hacer cada día. Te encantará superarte y disfrutarás con ello».

Le dije que muy bien, que me pondría a entrenar, pero que no le podía prometer nada. Así

fueron pasando los días, y, en efecto, recuerdo muy buenas sensaciones entrenando. Era

algo muy divertido, y mi hora diaria de entrenamiento se me pasaba rápidamente. Muchas

veces Ramón me cortaba y no me dejaba entrenar más de ese tiempo. Yo le decía:

«Déjame un poquito más, que ahora se me está dando muy bien».

El me decía que no, que precisamente era al momento de cortar:

«Has adquirido buenas sensaciones, y el cortarte ahora hará que mantengas cierta ansiedad

durante todo el día, el cual te servirá para entrenar mañana todavía mejor».

Lógicamente tenía que hacerle caso, él era mi entrenador, y la idea de que yo compitiese

también había sido suya. Mi progresión fue muy grande, y mi confianza también aumentó

mucho, aunque sinceramente, cuando iba a empezar el campeonato en Starnberg

(Alemania), el día 1 de noviembre de 2004, me asaltaban muchas dudas sobre el resultado

que podía obtener. Él percibía mis dudas y me decía:

«No te preocupes por el resultado, este vendrá solo. Aquí hemos venido a disfrutar y a

pasarlo bien».

Ramón compite primero, y como siempre, se encuentra rodeado de prensa, de organizadores

y de jueces. Ha obtenido nueve récords mundiales en las cinco pruebas en las que ha

participado y es el indudable número 1 mundial en pruebas de memorización rápida. Yo me

preparo, pues compito tras él, según lo ha dispuesto la organización.

Tras el revuelo que crean sus hazañas entre el público, ahora me toca a mi sentarme frente

al ordenador de competición aún más preocupada que

Antes, pues la gente ha presenciado con el un nivel increíble y pienso

Que inconscientemente me lo van a pedir a mí también igualmente y pienso

« ¡Vaya creo que hubiese sido mejor competir antes que el!

Siento cierta presión, y eso me molesta un poco. Una vez sentada, Ramón se me acerca, me

sonríe y me dice que haga simplemente lo que tantas veces he hecho en casa. Yo le digo que

sí, pero que diga al público y a la organización que lo que yo voy hacer no vale nada

comparado con lo que tú has hecho, para que no los pille por sorpresa.

Él me replica: « ¡Nada de eso! Tu esfuerzo es tan meritorio como el mío y como el de

cualquiera. Mira con cariño esa pantalla que tienes delante. Relájate y disfruta como si no

hubiese gente, como si estuvieses sola en casa. No te preocupes por más, yo estoy a unos

metros de ti apoyándote mentalmente, y cuando termines te querré lo mismo que ahora,

hagas lo que hagas».

Cuando Ramón se retira de mí lado veo que habla en voz baja con la juez principal unos

instantes, y esta anuncia que ahora va a competir su esposa, la cual no es profesional y

solamente lleva unos meses entrenando con él. Estas palabras me reconfortaron bastante, y

tras ellas, aunque algunas personas se retiraron, la mayoría se quedaron para verme actuar,

aunque supongo que principalmente enganchadas por eso de que «había entrenado con él».

Recuerdo con mucho cariño esta competición. Se me pasó muy rápida, y de forma fugaz la

resumo diciendo que, en efecto, quedé segunda del mundo por detrás de Ramón (eso ya lo

sabía). Pero, además, mi marca memorizando números decimales en un segundo me

colocaba la segunda en el ranking mundial de todos los tiempos, por delante de Creighton

Carvello, de Inglaterra, pues solo Ramón era capaz, de realizar marcas superiores a la mía.

Mi conclusión tras esta competición, y lo que de verdad deseo transmitiros desde el principio,

es que confiéis siempre en vosotros mismos, que no penséis en el resultado que se puede o

no obtener, pues esto solo sirve para generar miedo y tensión, y que se puede estar; gusto y

feliz en cualquier sitio, en cualquier situación.

Tenemos que aprender a confiar en nosotros mismos, aunque el resultado que obtengamos

parezca no ser el mejor algunas veces. Pensamos que aun así, la vida sigue, y que siempre

nos proporcionará nuevas oportunidades en las cuales podremos brillar si no hemos tenido

malas sensaciones anteriormente y si hemos sabido aceptar cualquier resultado anterior,

pues como Ramón dice, la verdadera fuerza mental reside en la sensación, en el sentimiento,

en el ser.

Es una pena que Ramón no haya tenido ninguna respuesta del Gobierno español, pese a

haberse ofrecido desinteresadamente para opinar y cooperar acerca de cómo debería ser la

educación en las escuelas, en los institutos y en las universidades, y para que todos los

estudiantes Aprendiesen a Aprender, igual que yo lo he hecho, igual que lo hacen sus

alumnos. Para saber cómo reforzar la autoestima y la seguridad personal, para aprender a

confiar en nosotros mismos y a ser nuestros mejores amigos.

Otro gallo cantaría si esto sucediese, pero desgraciadamente es al revés, y no tendrá apoyo.

Mejor dicho, los poderes públicos nacionales no contarán con su apoyo porque prefieren

ignorarlo, aunque posea la memoria más rápida y eficaz de todos los tiempos, aunque haya

demostrado tener una capacidad, una inteligencia y un desarrollo personal asombroso. No lo

apoyan tampoco en las investigaciones que quiere llevar acerca del entrenamiento mental

para tratar ciertas enfermedades derivadas de la mente, algo muy necesario y que parece

que solo las personas que tienen algún familiar con estos problemas sean conscientes de

ello, pero a las que toda la sociedad tiende sistemáticamente cada vez mas, pues

indudablemente ahora se viven más años que antes.

Afortunadamente, siempre se podrá comunicar con todo el mundo mediante sus cursos,

mediante sus competiciones, mediante sus libros, esté donde esté. Todos los que lo

conocemos deseamos que el resultado de sus estudios y de sus investigaciones no caiga en

saco roto y contribuya al desarrollo de la sociedad, tanto en el plano educativo como en el

desarrollo de la personalidad individual, de forma que muchas enfermedades que ya

empiezan a desarrollarse por comportamientos depresivos desde la infancia puedan

erradicarse para siempre.

Para despedirme, solo me resta desearos que disfrutéis con este libro tanto como yo lo he

hecho. No tenéis nada que perder y seguro que no os arrepentiréis.

Mª JESÚS GARCÍA

(Esposa de Ramón)

Capítulo 1

Aprender un idioma es lo más fácil del mundo

En efecto, querido lector, y esto es algo muy fácil de demostrar. Por mi trabajo tengo que

viajar mucho por todo el mundo; no sé si este será tu caso, pero hay un hecho muy evidente

que seguro que compartes conmigo. Me refiero a que habrás observado que no importa el

país que visites, todas las ciudades que se encuentran fuera de tus fronteras tienen algo en

común, y es que todos sus habitantes hablan perfectamente su idioma natal y se entienden

de maravilla entre ellos, ¿verdad? Incluso la gente más analfabeta, cuyo porcentaje es

afortunadamente menor cada día, puede hacerlo muy bien y sin ninguna dificultad. En

cambio, más difícil será aprender a escribirlo, algo que los nativos analfabetos no saben

hacer correctamente... Ser conscientes de este hecho tiene una importancia vital para

enseñarnos cómo debemos empezar a estudiar un idioma, lo cual veremos más adelante con

mayor profundidad.

Si los nativos de menor nivel cultural de un país no saben escribirlo correctamente (por ser

esto algo más complicado), todavía menos

Lo podrán hacer aquellas personas que empiezan a estudiar un idioma, las cuales, sin duda,

experimentarán un importante freno en su aprendizaje si, además de querer hablarlo,

pretenden también querer escribirlo correctamente desde los primeros momentos, desde las

primeras horas de estudio. Piensa que los idiomas tienen palabras muy «raras», y buscar al

principio la perfección para escribirlas (lo más difícil) nos llevará demasiado tiempo y servirá para desmotivar por lo menos al

95% de los que intentan estudiarlo, como demuestran las altísimas estadísticas de fracaso

existente en el aprendizaje de los idiomas, ya que cuando los estudiantes no se encuentren

frenados por una cosa lo estarán por otra, o por otras dos. Siempre estarán estancados por

algo, siempre sentirán dificultades, y como la verdadera fuerza mental esta en el

sentimiento, si sienten que es difícil aprenderlo, sin duda lo será; esa será la autentica

realidad que experimentaran.

No obstante, el hecho de que las personas de menor nivel cultural de un país si puedan

hablar su idioma nativo correctamente, evidencia que el idioma hablado es mucho mas

sencillo de aprender que el escrito, y a la vez mucho mas importante, pues si viajas a un

país y hablas su idioma suficientemente bien, podrás desenvolverte en el sin ningún

problema, con toda facilidad (al menos en cuanto a la comunicación se refiere), del mismo

modo que lo pueden hacer los nativos de menor nivel cultural.

Observa que esto es algo que también sucede con los niños, los que aprenden a hablarlo

desde muy pequeños, pero en cambio aprenden a escribirlo mucho después. Si a un niño

pequeño se le exigiese aprender a escribirlo al mismo tiempo que empieza a hablarlo, se le

frenaría en su avance, dado que siempre encontraría alguna dificultad y por tanto quedaría

estancado en su progresión, y probablemente desanimado, incluso acomplejado.

Algo similar sucede con el 95 % de los adultos estudiantes de un idioma, que apenas

progresan tras varios años estudiándolo en las escuelas e institutos. Realmente esto sucede

así porque los idiomas (y otras muchas materias) se estudian de forma antinatural, y los

alumnos siempre experimentan dificultades, que detienen su progresión.

Entonces, ¿es difícil aprender un idioma? En absoluto, pues:

Si todos los nativos de un país son capaces de hablar su idioma a la perfección, si todos

pueden hacerlo, por fuerza tiene que ser algo muy sencillo.

Piensa en cualquier actividad que se te ocurra y verás que en muy pocos casos ocurre lo

mismo que sucede con el aprendizaje de un idioma, es decir, que todo el mundo sea capaz

de hacerlo muy bien.

Si a una persona le cuesta aprender un idioma, será porque esta haciendo algo mal, no

porque sea difícil para ella de aprender, y mucho menos porque le falte capacidad, como con

frecuencia puede llegar a pensar, pues resulta que esta persona tan «torpe» ya aprendió a la

perfección su idioma natal, y además lo hizo muy fácilmente. De hecho, si hubiese que

puntuar su naturalidad y desenvoltura para hablarlo y entenderlo correctamente y con

fluidez, cuando menos habría que darle una matricula de honor.

Muchas personas pueden pensar que todos hemos aprendido bien nuestro idioma natal

porque lo hicimos cuando éramos niños, pero no es cierto que esto sea así, y aprovecho para

romper con una creencia muy antigua y consolidada. Me reafirmare siempre en que un

adulto tiene en todos los casos mayor capacidad para aprender que un niño. De hecho,

mantengo que un adulto puede aprender un idioma con suficiente profundidad en solo siete

días, pero esto es algo que no podrían conseguir los niños pequeños. Solamente pueden

hacerlo las personas de cierta edad, y con un mínimo de capacidad, que posean el suficiente

interés para ello. Sin embargo, ¿que posibilita que todos los niños puedan empezar a hablar

su idioma natal desde pequeños y progresen con bastante rapidez? Pues es algo muy sencillo

de explicar: lo hacen por obligación, por necesidad, por repetición, por constancia y por

aburrimiento. En otras palabras: no tienen nada que hacer que sea de mayor importancia.

1. Por obligación. Nos le queda otra, ¿verdad? Los niños no pueden evitar escuchar

hablar a los adultos de las mismas cosas todos los días. No estoy diciendo que esto

sea algo malo, en absoluto, nada de eso. Esta muy bien que sea así, y además no

podría ser de otra manera. Solamente trato de explicar las ventajas (no las

capacidades) con las que contaran los niños sobre los adultos para aprender a

expresarse en su idioma natal.

2. Por necesidad. Se ven en la obligación de aprender a expresar sus necesidades:

que necesitan comer, beber, ir al aseo, que les duele algo..., Digamos que, al

contrario de los adultos, se ven en la necesidad de aprender un idioma por

cuestiones de supervivencia

3. Por repetición. Los adultos siempre dicen delante de ellos las mismas cosas con

mucha frecuencia, por lo que pronto estas les serán muy familiares.

4. Por constancia. Obsérvese que el niño que aprende su idioma natal lo escucha y lo

habla todos los días, y muchas horas cada día. Compárese la diferencia con el adulto

que acude a una academia para aprender un idioma solamente dos o tres horas

escasas a la semana. Esto equivaldría a un niño que solo hablase una hora los

martes y los jueves, por ejemplo, y que el resto de la semana permaneciese callado.

¿Cómo podría aprender así? Ciertamente un adulto no necesitara tanto tiempo para

aprender, realmente necesitara muy poco, tal y como demostrare en este libro, pero

considera esta comparativa solamente a titulo de ejemplo.

5. Por aburrimiento. O porque no tienen nada mejor que hacer en ese momento,

pues son muchas horas muertas, o poca actividad, las que tendrán que soportar

durante el transcurso del día.

También podríamos hacer mención especial a otras ayudas que tienen los niños desde muy

pequeñitos, como ver programas infantiles en televisión, especialmente los dibujos animados

de calidad (¡que lastima que escaseen tanto!), donde cariñosos personajes hablan

agradablemente en su idioma, etc.; todo ello expresado en el idioma que están aprendiendo.

De este modo, el «bombardeo» final al que están sometidos es enorme y por fuerza tienen

que aprender.

No obstante, si reuniésemos en un aula a un grupo de personas en las que hubiese niños

pequeños y adultos, que tuviesen que aprender un idioma nuevo, y les fuesen impartidas a

todos ellos un mismo número de horas de clase, aunque dichas clases se intentasen adaptar

al nivel cultural y a la personalidad de cada alumno, que nadie dude de que los adultos

conseguirían hablarlo mucho mas rápida y eficaz mente que los niños pequeños, que son los

que supuestamente cuentan con una «mayor capacidad para aprender ».Esta sería una

comparativa justa. Ya que ahora sí estarían todos los componentes del grupo en igualdad de

condiciones para aprender.

Eso si, en el hecho de que los niños utilicen una técnica forzosa para aprender su idioma

natal, tal y como hemos visto anteriormente, reside precisamente su secreto mas

importante. Sin duda, será el resultado de un «quiero aprender a comunicarme porque lo

necesito», y obtendrán un rápido dominio de su idioma natal, como no podría ser de otro

modo.

Gracias a estos hechos, surge este libro con la mejor intención: la de demostrar a todo el

mundo que aprender un idioma es algo muy sencillo de conseguir, independientemente de la

edad. Es lo más fácil del mundo, y si no lo parece así será porque algo se esta haciendo mal.

Observe el lector que no le sucede lo mismo a los niños cuando intentan aprender en la

escuela otras asignaturas que no se les enseñan de forma natural, como las matemáticas,

por ejemplo, que se «explican» de manera tan enrevesada e ilógica que los estudiantes

terminan deduciendo por si mismos que están ante algo muy difícil de aprender, solamente

al alcance de los superdotados.

Si los niños tuviesen mayor facilidad innata de aprendizaje que los adultos, no tendrían

tampoco ningún problema en el conocimiento de esta asignatura «mas complicada». Pero, en

los tiempos que corren, raro es el que aprueba esta materia, y si la aprueban es porque cada

vez se exige un menor nivel cultural para compensar la deficiente calidad existente en la

enseñanza. Estoy hablando mas en concrete de España, precisamente uno de los países del

mundo donde sus habitantes menos y peor hablan otros idiomas.

De esta manera, y volviendo al ejemplo de las matemáticas, muchos alumnos que

suspenden y que estudian después con un profesor particular comprueban lo sencillas que

realmente son; pero sucede que los estudiantes estudian las matemáticas perdidos

fotografiando en todo momento, a pesar de que nuestra mente funcione con imágenes.

Por ejemplo, todos hemos estudiado polinomios, trigonometría, límites, logaritmos,

derivadas, integrales, etc., pero ¿cuantos lectores sabrían decirme qué son en realidad estas

cosas y para qué sirven? ¿Hemos sabido alguna vez para qué sirve un logaritmo neperiano?

¿O qué es el número "e"? ¿O qué es una derivada?

El más nítido recuerdo que tiene la mayoría de los estudiantes al respecto es ver a su

profesor de matemáticas llenar la pizarra de números, de signos raros y de

«demostraciones», observando con la boca abierta cómo lo hace, y después diciendo

interiormente algo así como «¡ah, pues muy bien!».

Como puede desprenderse de estos ejemplos, el secreto no es ser un niño o un adulto, sino

poseer una técnica de aprendizaje adecuada, una técnica que nos permita estar centrados

mental y fotográficamente, ayudándonos a la vez a comprender aquello que estamos

estudiando, de modo que sepamos para qué, cuándo y cómo utilizarlo por nosotros mismos.

Esa técnica bien aplicada debería permitir al estudiante incluso deducir mucha información

complementaria por su propia cuenta. A esto le llamo realmente «APRENDER».

Por este motivo, que no se desanime ningún lector. Que nadie piense que él ya no tiene edad

o capacidad para aprender idiomas, porque no es así. Si piensa esto, no solamente se

equivocará, sino que también, y sintiéndolo mucho, esa será su realidad, puesto que el

pensamiento es creador. En cambio, si sigue con ilusión y con confianza los pasos que irá

encontrando en este libro, no solamente podrá aprenderlos con increíble facilidad, sino que

además se sorprenderá de hasta dónde puede llegar su enorme capacidad. ¡Prometido!

Capítulo 2

Diferencias entre «quiero» y «me gustaría»

Aunque me voy a centrar más en el aprendizaje de los idiomas, el título de este capítulo es

perfectamente aplicable a numerosas actividades de nuestra vida. Si se supone que

«queremos» hacer tal o cual actividad, deberíamos ser capaces de realizarla siempre, y si no

la realizamos es porque, en el fondo, no queremos hacerla, y entonces, a lo sumo, «nos

gustaría».

En efecto, ¿qué sucede con mucha frecuencia cuando una persona nos dice?:

«Quiero apuntarme a un gimnasio», por ejemplo.

Supongamos ahora que ha pasado un cierto tiempo y que nos la encontramos de nuevo por

la calle. Si le preguntásemos:

«¿Qué tal te va en el gimnasio?».Es muy probable que nos contestase algo así como: «Aún

no me he apuntado».Y si nos interesásemos por el motivo de no haberlo hecho, probamente

nos contestaría algo parecido a: «Porque no he tenido tiempo» o «Porque no he podido».

Algo similar sucede con algunas personas que dicen:

«Quiero hacer una dieta para adelgazar».

Y así podríamos repetir la conversación anterior y llegaríamos igualmente a una respuesta

similar:

«Aún no me he puesto con ello, pero quiero empezar ya». Claro que otros con «más

voluntad» pueden decirnos: «Aún no me he puesto en serio con ello, pero quiero empezar

ya».

¡Como si se hubiesen puesto de algún modo!

Igualmente, con muchas de las personas que dicen «querer» aprender un idioma lo que de

verdad sucede es que «les gustaría aprenderlo».

La palabra «querer» es mucho más fuerte que «gustar»: Tiene que ver con el sentimiento y,

de algún modo, implica a todo nuestro ser.

En cambio, cuando simplemente «nos gustaría» hacer algo, es probable que no lo lleguemos

a hacer nunca, y aquí es donde está la verdadera diferencia entre ambos conceptos, lo que

marca un claro límite y distingue a unas personas de otras:

Así, quien de verdad quiere algo, siempre pone los medios, y por supuesto que al final lo

consigue. «Querer» significa auténtica implicación, sin excusas.

Por el contrario, a quien simplemente le gustaría conseguir o tener algo y en el fondo no

quiere conseguirlo (aunque no sepa que no lo quiere), no podrá obtenerlo porque realmente

no lo quiere obtener, porque se niega a ello, porque no actúa de modo que acredite que lo

quiere, aunque es cierto que, a lo sumo, le gustaría obtenerlo. Así, siempre encontrara

alguna oportuna excusa que lo libere de esa obligación que se ha impuesto y que dice a los

demás «querer hacer», y por ello difícilmente encontrará el momento adecuado para

empezarla o continuarla, por lo que siempre la tendrá en un segundo plano.

Estas personas desisten con facilidad de lo que creen querer hacer, y por este motivo será

muy fácil convencerlas y apartarlas de esa obligación con cualquier excusa:

—«y vas a ponerte a estudiar ahora?».

—«Pues tienes razón, mejor lo dejo para luego. La verdad es que hoy he tenido un mal día y

estoy algo cansado.»

Y si hubiese algo de resistencia, solamente sería cuestión de presionar un poquito más:

— ¡Pero fíjate qué día tan bueno hace! — ¡Mira qué película van a echar ahora!

Tal y como comenté anteriormente, hablamos sobre todo de empezar. Empezar es lo más

difícil, y muchas veces nos cambian las ideas sobre lo que queríamos hacer nada más

empezar a hacerlo. Puede su ceder que una actividad se convierta en algo mejor (o peor) de

lo que pensábamos que iba a ser y, de ese modo, esta circunstancia marcará el futuro

inmediato de nuestra actividad, es decir, de su continuidad. Lo que sí está claro es que el

que de verdad desea algo pone los medios y no abandona fácilmente, y menos al primer

contratiempo. Por eso, antes de aprender un idioma, por ejemplo, deberíamos plantearnos si

de verdad queremos aprenderlo o no, pues puede que no sea así y suceda que simplemente

nos «gustaría aprenderlo», es decir, nos gustaría que alguien nos regalase de repente su

conocimiento con poco o ningún esfuerzo por nuestra parte, de igual modo que nos gustaría

que alguien nos regalase el resultado de dos años de gimnasio, el se seis meses de dieta,

etc.

Lo mejor es ver el lado bueno de cada cosa que decimos emprender, sin fijarnos en los

posibles resultados y sin menospreciar nuestras posibilidades o capacidades. Si disfrutas con

aquello que haces, el tiempo pasará felizmente para ti y mantendrás tu ilusión por todas las

cosas, al contrario de lo que sucederá si solamente piensas en obtener resultados, pues en

este caso notarás que no disfrutas del pro ceso a recorrer. El tiempo no transcurrirá de forma

agradable ni rápida y el final no puede ser otro que desistir, antes o después, de aquella que

iniciamos.

El trabajar con una técnica adecuada que te permita progresar felizmente y que te haga la

tarea agradable será algo fundamental para llegar hasta el final, pues es inherente a la

condición humana la acción de desistir ante el menor contratiempo.

Capítulo 3

Dificultades en el aprendizaje de un idioma

CUANDO una persona cualquiera intenta aprender un nuevo idioma, se encontrará con una

serie de dificultades, o frenos, que le aparecerán por el orden siguiente:

A) Vocabulario.

B) Pronunciación.

C) Gramática.

El primer freno en aparecer, y también el más importante, es el Vocabulario. En efecto,

cuando abrimos un libro escrito en un idioma desconocido para nosotros, como no tenemos

vocabulario, las palabras serán un conjunto extraño de signos. Observe el lector que este

será el Primer freno con el que se encontrará, y no lo será la pronunciación, por ejemplo,

puesto que nuestro neófito estudiante lo primero que verá son las palabras escritas, las

cuales no sabrá lo que significan (por falta de vocabulario), y solamente más tarde, cuando

empiece a serle familiar alguna, se planteará su pronunciación. Dicho de otro modo:

Si no poseemos nada de vocabulario, mucho menos podremos pronunciar las palabras o

aprender la gramática de un idioma, pues al faltar la esencia de este, las palabras, no

tendremos ningún material con el que trabajar.

El segundo freno es el de la pronunciación. Aunque este viene después en el tiempo,

realmente lo hace muy cerca del freno del vocabulario, justo a continuación, puesto que el

estudiante se planteará enseguida cómo se pronuncia cada palabra que ve escrita.

La pronunciación no es difícil, especialmente en algunos idiomas como el castellano, el

francés o el alemán, en los que simplemente obedeciendo sus sencillas reglas, y con un

mínimo de práctica, no encontraremos ninguna dificultad. Otros idiomas, como el inglés,

presentan mayor problemática y requerirán más práctica, dado que están plagados de

numerosas excepciones o irregularidades, pero ello no los hace ser más difíciles a medio

plazo, aunque sí al principio de su estudio. En cualquier caso, el idioma necesita mucha

práctica para obtener una gran fluidez, y el estudio de los idiomas con características

similares al inglés nos obligará a ello, lo cual no es malo. No obstante, con nuestro sistema

de aprendizaje de idiomas conseguiremos desenvolvernos de manera rápida y fiable, y nos

costará mucho menos esfuerzo adquirir una desenvoltura total en cualquier idioma.

El tercer y último freno que encontraremos estará constituido por la gramática. La gramática

engloba las conjugaciones de los verbos, los verbos irregulares, los modismos o frases

hechas, la estructura de las oraciones, etc. Este freno surge al final, debido a que al

principio, como nuestro estudiante ni siquiera conoce aún el significado de una palabra,

todavía menos podrá saber si se trata de un tiempo verbal determinado, y por ello, esto será

algo que no estará en condiciones de plantearse aún.

Con los actuales sistemas de aprendizaje de idiomas, el estudiante siempre se sentirá

frenado por alguna de las tres dificultades antes mencionadas, puesto que estudia las tres a

la vez desde el primer día. En realidad, el estudiante se verá frenado por una, por dos o por

las tres dificultades a la vez, y aquí es donde empieza el problema:

Como pensará de este modo, creará con dicho pensamiento su realidad. ¿Quién no ha

pensado alguna vez que estudiar un idioma es muy difícil, o incluso que él no tiene la

suficiente capacidad para hacerlo bien?

Pues bien, nosotros ya sabemos que aprender un idioma es lo más fácil que existe, puesto

que es de las pocas cosas que todo el mundo consigue hacer muy bien. No es cuestión de ser

un superdotado, sino de eliminar los inoportunos frenos que persisten ante una inadecuada y

antinatural técnica de aprendizaje.

Pensemos por un momento en lo que sucede cuando aprendemos un idioma siendo niños. En

realidad los niños lo aprenden con bastante facilidad porque no tienen esos frenos, y si

sienten alguno lo evitan sin más. A un niño no le importa pronunciar bien o mal una palabra,

simplemente la pronuncia. Si la pronunciación correcta no le importa y solo busca que se le

entienda, ¿qué podríamos decirle acerca de la «importancia» de la gramática? El niño no

sabe lo que es, y además le tiene sin cuidado saberlo. Es más, como ni le importa conocerla

ni la necesita todavía (igual que debiera sucederle a un estudiante de idiomas cuando

empieza a estudiarlos), se niega incluso a su aprendizaje, algo que hace tanto cuando es

muy pequeño como cuando, un poco mayor, la estudia en la escuela.

A medida de que el niño va creciendo y se va familiarizando con el idioma, poco a poco irá

aprendiendo sus reglas gramaticales, pero lo que está muy claro es que si cualquier niño

intentase aprender su idioma natal luchando contra los tres frenos anteriores a la vez

(vocabulario, pronunciación y gramática), no solamente no lo conseguiría, sino que

experimentaría un enorme retraso en el conocimiento de su lengua. Finalmente, lo hablaría

debido a toda la dedicación y presión a la que se vería sometido (ya explicada en el capítulo

anterior), pero sentiría una sensación de dificultad que podría incluso acomplejarlo para el

estudio de otras materias, y por supuesto de otros idiomas. Recuerda que:

Si un estudiante siempre se encuentra atascado por algo en sus estudios, no podrá evitar

pensar ni sentir que su aprendizaje es realmente difícil y costoso.

El sentimiento es la verdadera fuerza de la mente. Según lo que sientas ante las cosas que

te rodean, así crearás y formarás tu realidad y obtendrás tu verdad, aunque esta no sea la

verdad general o universal.

Piensa que ante un mismo problema algunas personas sentirán indiferencia y otras un

exceso de preocupación. Por este motivo, solamente podremos aprender y mejorar

rápidamente si nos sentimos bien ante lo que hacemos, si no somos víctimas de ningún

freno, si creamos ilusión para realizar nuestra actividad, y si somos capaces hasta incluso de

generar cierta adicción para ello.

Esto último es algo perfectamente factible si, gracias a nuestra forma de proceder, hemos

generado el suficiente entusiasmo, lo cual nos supondrá además una de las cosas más

bonitas y motivantes de la vida:

El auténtico placer de realizar bien las cosas que nos gustan.

Capítulo 4

Sistema «SRCI» para el aprendizaje de los idiomas

Con el fin de emplear todo un lenguaje común para el estudio de los idiomas, al igual que en

su día denominé a mi sistema personal de estudio y memorización SRC (Sistema Ramón

Campayo), a este sistema de aprendizaje de idiomas lo voy a llamar SRCI (Sistema Ramón

Campayo de Idiomas). De este modo podremos hablar de forma abreviada y precisa para

referirnos a él.

El vocabulario básico que debes adquirir y manejar con soltura para hablar un nuevo idioma

estará formado en principio por algo más de 600 palabras, las cuales deberán estar muy bien

escogidas. Para ello atenderemos a la frecuencia de su uso y a la posibilidad combinatoria

que tienen para formar otras palabras nuevas.

Nosotros podremos, en efecto, llegar a este nivel en solo siete días de práctica, a razón de

una hora diaria aproximadamente, lo cual parece imposible a primera vista, pero es algo que

sucederá una vez hayas leído este libro y te pongas manos a la obra. Pero, lógicamente,

para poder conseguir nuestros objetivos, antes será necesario haber leído y comprendido

correctamente todo el libro, algo evidente. Yo no puedo saber de antemano el tiempo que

cada persona le va a dedicar a ello ni lo que va tardar en terminarlo, pero también es cierto

que quien más adelante desee aprender un segundo idioma ya no tendrá que volver a leer

este libro, aunque siempre será muy conveniente darle un repaso, y entonces sí que tardará

siete días netos en hacerlo, o puede que incluso menos.

Así pues, una vez se complete la lectura de este libro y se rellenen las tablas que aparecerán

en un capítulo posterior, todo lector estará a sólo siete horas de conseguir lo que parece

imposible, de demostrarse a sí mismo que su capacidad de aprendizaje es tremendamente

alta si sabe emplearla.

Fundamental será que consigas un buen diccionario donde también figure la pronunciación

figurada de cada palabra. Igualmente sería muy interesante el uso de una agenda de

traducción, así como el de un diccionario para el ordenador, de forma que puedas buscar las

palabras a traducir con mayor velocidad. Después habrá que hacer asociaciones

inverosímiles, y aquí sí que todos aquellos que han hecho cursos conmigo (incluyo a los fieles

lectores de mi primer libro Desarrolla una mente prodigiosa) tendrán clara ventaja sobre los

lectores que sean primerizos en estos temas, a los cuales, desde luego que voy a ayudar al

máximo proporcionándoles una clara información junto con buenos ejemplos y todo tipo de

recomendaciones.

En efecto, uno de mis alumnos más avanzados tardaría menos de una hora en tener todo el

vocabulario necesario asociado y conocer por tanto a la perfección la correlación entre las

palabras de su idioma natal y las del idioma extranjero que desea aprender. Como será

conveniente escribir cada asociación inverosímil, se tardará un poquito más de tiempo en

tenerlo todo idealmente preparado para estos siete días de sorpresas que pronto

comenzarán. En el propio libro he preparado las tablas, buscando con ello una mayor

comodidad para el lector, quien podrá aprender escribiendo cómodamente en ellas todo el

vocabulario que necesita.

Voy a suponer que tienes una capacidad normal y un interés también normal, aunque

probablemente este empiece a ser más alto cada vez. Es importante que no corras al

principio, pues para obtener los resultados óptimos, primero hay que terminar de leer el libro

y entenderlo completamente. Por ello, a partir de ahora te rogaré que leas con mucha

atención todo lo que ha de venir, será muy fácil, ameno y seguro que te gustará.

¿Cómo podremos hablar un idioma transcurridos esos siete días de práctica?

Imagina que vas andando por una calle de tu ciudad y de repente se presenta una persona

extranjera, que, muy educadamente, te pregunta de la siguiente manera:

1. «Buenos días. Por favor, ¿cómo poder ir a la calle Mayor?».

O bien:

2. «Buenos días. Por favor, ¿cómo poder llegar a la calle Mayor?».

Observa que podremos expresar una misma idea con frases distintas. Nuestro primer

objetivo, el que se consigue prácticamente desde el primer día, será que puedas hablar con

todo el vocabulario necesario como lo haría Tarzán, es decir, usando los verbos en infinitivo.

No obstante, no creas que será hablar simplemente como Tarzán, será el equivalente al

lenguaje de un Tarzán muy refinado. Así, para aprender a hablar un idioma, este deberá ser

siempre el primer paso. Más adelante explicaremos cómo el lector debe proseguir para ir

refinando su lenguaje y hablarlo de una manera más técnica a medida que avanza.

Piensa que el primer freno en el camino de aprender un idioma, y a la vez el más

importante, está, como sabemos, en la adquisición de su vocabulario, pero nosotros

podremos aprenderlo con mucha facilidad, y aquí es donde reside uno de los mayores

secretos de nuestra técnica, aunque esto será materia del siguiente capítulo.

Prosigamos... Hemos dicho que tenemos que aprender a hablar inicialmente como Tarzán,

usando infinitivos, los cuales comunicarán perfectamente nuestra idea y darán agilidad a las

frases. Te comenté que hablaríamos como un Tarzán refinado. Las dos frases anteriores (la 1

y la 2) podríamos también haberlas expresado como las que siguen a continuación:

3. Buenos días. Por favor, ¿para ir a la calle Mayor?

4. «Buenos días. Por favor, ¿para llegar a la calle Mayor?».

Las cuatro frases son correctas y responden a nuestro objetivo, aunque las número 3 y 4 son

más técnicas y quedan más bonitas. Todo está en saber escoger bien las palabras para ello.

Pues bien, según lo anterior, si tras solo unos días de aprendizaje te comunicases de esta

forma con una persona extranjera (frases 3 y 4), podrías tener un pequeño problema, y es

que el extranjero pensaría que hablas muy bien su idioma, motivo por el cual seguramente

pro cedería a hablarte a su vez con mucha velocidad, usando demasiada gramática y

conjugando verbos, lo cual haría que te pudieses perder Si ello sucediese, tendrías que

rogarle que te hablase de la misma manera que tú a él, es decir, que lo haga también como

Tarzán. Para el será muy fácil, y de este modo podréis entenderos a la perfección. Para ello

tendrás que aprender a decir esta frase:

—«Por favor, hábleme de la misma forma que yo a usted».

O bien, si vieses que no se ha enterado muy bien, puedes darle más información con esta

otra frase:

—«Por favor, hábleme usted también usando infinitivos, para que yo pueda entenderlo».

Lógico, ¿no? De esta manera podrás comunicarte y entablar una conversación desde el

primer día. Así, el nativo debería contestarte a cualquiera de las cuatro preguntas anteriores

con algo como esto:

—«Tú seguir por esta calle y, al llegar a la plaza, girar a la derecha».

Incluso aunque no le hablase del todo como Tarzán, y te dijese:

Te sucederá casi con toda probabilidad que, aunque emplee la palabra «llegues» en vez del

infinitivo «llegar», como las raíces gramaticales se mantienen constantes en casi todos los

verbos, no tendrás ningún problema en comprender su desliz. Y desde luego también es muy

probable que os riáis la primera vez y pronto empieces a tener los primeros amigos allí.

Si introdujese alguna palabra corta que no comprendieses en ese momento. Como «al», que

aparece en esta frase:

«Tú seguir por esta calle, y al llegar a la plaza, girar a la derecha».

Aun ignorándola, seguirás recibiendo la información de manera efectiva, en cuanto a que sí

comprenderás el verbo «llegar» junto con los sustantivos (calle, plaza...), mucho más

importantes que el resto de palabras de la oración. Fíjate, por tanto, la importancia que tiene

el conocer y dominar bien los infinitivos de los verbos.

Tras unos pocos días de práctica podrás desenvolverte perfectamente en todas las

situaciones, y la soltura que obtendrás hablando como nuestro refinado amigo Tarzán será

tan grande que podrás empezar a pulir y perfeccionar el idioma con toda facilidad, pues

como te sentirás muy satisfecho de, tu «cuerpo» te pedirá entrar poco a poco en el estudio

de su gramática. Estate ahora tranquilo, pues también veremos en este libro cómo debe

estudiarse la gramática y cómo deberemos seguir progresando en el conocimiento del

idioma.

Como te decía, tras esos siete días de práctica podrías entrar en una cafetería y pedir una

cerveza de este modo:

«Por favor, yo querer una cerveza». Es muy evidente y acorde con nuestro sistema. Claro,

que también podrás decir:

«Tu seguir por esta calle y, cuando llegues a la plaza, girar a la derecha»

«Por favor, yo querer tomar una cerveza».

Vamos, recreándote y todo. Pero observa otra vez el riesgo que correremos si empleamos el

primer día la palabra «quiero» en vez del infinitivo «querer». De este modo, si dijeses:

—«Por favor, quiero tomar una cerveza».

Al expresarte tan correctamente, en este caso tú estarías invitando al camarero, no a tomar

una cerveza, sino a que él te contestase usando un grado superior de gramática, y aunque

probablemente podrías comprender todo o casi todo lo que él te dijese, preferiría que al

principio usases mejor la frase construida así:

—«Por favor, yo querer tomar una cerveza». Para que siempre te sientas dueño de la

situación.

En efecto, dada mi experiencia personal de aprender idiomas con este sistema (junto con las

más recientes de algunos de mis alumnos), si tras solo unos días de estudio llegas a un país

extranjero, bajas del avión empiezas a expresarte como nuestro querido amigo Tarzán,

notarás que muchos nativos te sonríen y te miran con cierto cariño, justo antes de empezar

a hablarte con amabilidad. Y es que nuestro peculiar sistema de aprendizaje de idiomas solo

tiene ventajas, pues fomenta además la amistad y el sentido del humor, ¿verdad?

Resumiendo, es mejor evitar riesgos y enterarnos siempre de la máxima información posible

en todas las conversaciones, empezando al principio por lo conocido y ganando poco a poco

en velocidad y soltura. Así pues, expresiones importantes como saber decir correctamente

«Yo quiero...», también las veremos en nuestro curso, pero todo a su debido tiempo.

Por otra parte, observa que los verbos en infinitivo que empleemos hablando como Tarzán

corresponderán a la forma real de habla de lenguas como la inglesa, ya que ellos dicen

realmente «Yo comer» (I eat) para decir «Yo como», lo cual nos facilitará mucho la tarea de

hablar correctamente estos idiomas desde los primeros momentos. Observa que la expresión

«quiero tomar» podría sernos perfectamente factible desde el principio, y con ella