Armenia. El Genocidio Negado por Consejo Nacional Armenio - muestra HTML

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El Genocidio Negado

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El genocidio negado

Apuntes y actividades sobre el genocidio contra el pueblo armenio página 3

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El genocidio negado

“Nadie llega solo a ningún lado, mucho menos al

exilio, ni siquiera los que llegan sin la compañía de su familia, de su mujer, de sus hijos, de sus padres, de sus hermanos. Nadie deja su mundo, adentrado

por sus raíces, con el cuerpo vacío y seco. Carga-

mos con nosotros la memoria de muchas tramas, el

cuerpo mojado de nuestra historia, de nuestra cul-

tura; la memoria, a veces difusa, a veces nítida, clara, de calles de la infancia,...el recuerdo de algo dis-tante que de repente se destaca nítido frente a nosotros, en nosotros, un gesto tímido, la mano que se estrechó, la sonrisa que se perdió en un tiempo de incomprensiones, una frase, una pura frase posible-mente ya olvidada por quien la dijo...” . Paulo Freire1

Introducción

La Subsecretaría de Derechos Humanos del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires con la colaboración del Consejo Nacional Armenio de Sudamérica ha elaborado el presente cuadernillo2 con el objetivo de proporcionar a los docentes y, a través de ellos, a los alumnos de todos los niveles instrumentos de análisis y reflexión para abordar la historia del genocidio del pueblo armenio. Este acontecimiento histórico afectó a grandes grupos de personas vulnerando sus derechos y victimizando a la población por razones de discriminación motivadas en la raza, en la religión o por la pretensión de ocupar un territorio.

El conocimiento de tales hechos, conjuntamente con los testimonios directos o indirectos de los sobrevivientes o de sus familiares, son fundamentales para la formación de los alumnos de todos los niveles de la educación en el marco del tratamiento en el aula de la temática de la atención y el respeto por la diversidad y la dignidad del ser humano. De esta manera, se contribuye a la difusión de la verdad histórica y a proyectar acciones que tiendan a lograr la solidaridad y el respeto mutuo desde una perspectiva intercultural como bases necesarias para la convivencia.

Es fundamental promover en nuestros jóvenes y niños el significado que tiene hacer memoria de aquellos actos que han atentado contra el ser humano para poder analizarlos, evaluarlos y prevenir actos similares en el futuro. Es un paso para lograr que no haya más impunidad en el mundo y que cada individuo, antes de actuar, tenga clara conciencia de que su conducta no será ignorada sino que por el contrario, se juzgará y tendrá consecuencias de aprobación o de condena.

Es una forma de alentar la voluntad constante y perpetua de que los individuos y los pueblos sean respetados en sus derechos y en la necesidad de impartir justicia cuando esto no sucede.

1 Freire, Paulo, Pedagogía de la esperanza, Editorial Siglo XXI, Madrid, 1993.

2 La redacción fue realizada por la Lic. Alba Pereyra.

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No debemos olvidar que el siglo XX se ha caracterizado, entre otras cosas, por la enorme tragedia de la destrucción del hombre. Durante toda esa etapa histórica reciente se ha cometido el mayor número de masacres de la historia de la humanidad en nombre de las más variadas causas. También ha sido el siglo en que los derechos humanos se han enun-ciado de modo positivo y con carácter transnacional. Gracias al desarrollo de esta conciencia ética, hoy las sociedades conocen que deben “pasar el cepillo a contrapelo de la historia”, para rescatar el pasado silenciado de las generaciones vencidas, derrotadas y que aún hoy están amenazadas de muerte.

Estos brutales sucesos están fuera del tiempo, no deben trasformarse en pasado porque como dice Andreas Huyssen3 , “el recuerdo configura nuestros vínculos con el pasado; las maneras en que recordamos nos definen en el presente. Como individuos y como sociedades, necesitamos del pasado para construir y anclar nuestras identidades y para alimentar una visión del futuro”.

Los cientos de miles de armenios que se diseminaron por todo el mundo aguardan aún la aplicación de la justicia a la que les asiste el derecho.

3 Huyssen, Andrea, En busca del futuro perdido. Cultura y memoria en tiempos de la globalización. Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2002.

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La historia del pueblo armenio

Armenia está ubicada al sur del Cáucaso. Su territorio nacional abarca un área de alrededor de 400.000 km2, hoy ocupada, en gran parte, por el Estado turco. En el Sur de estos territorios se sitúa el Monte Ararat, que alcanza una altura de 5.165 metros. En su larga historia la nación Armenia tuvo un territorio fluctuante y escasos lapsos de independencia.

En el segundo milenio a.C. tribus sedentarias que hablaban un idioma indoeuropeo con-formaron un asentamiento que entre los siglos IX y VI a.C. se aglutinaría en el reino de Urartú, donde historiadores clásicos griegos testificaron y documentaron la presencia de la unidad cultural armenia.

El pueblo armenio se independiza de la dominación helénica y establece un Estado entre el año 95 a.C. y el año 55 d.C., expandiéndose desde Pontus Euxinus hasta la Mesopotamia y desde el Mar Caspio hasta Palestina.

En el año 301 se proclama la cristianización del país y en el año 406 crea su alfabeto propio. Invadida por bizantinos, romanos, persas, árabes, mongoles, seljúcidas, tártaros, turcos otomanos y rusos, Armenia sobrevivió y desarrolló un alto nivel de cultura. Durante la invasión seljúcida, a partir del año 1071 comienza la corriente de refugiados que se dispersan hacia los cuatro puntos cardinales; pocos años después los armenios erigen, en el litoral mediterráneo, el reino de Cilicia, que duraría hasta el año 1375.

Desde 1507 hasta 1829 Armenia fue dividida entre el Imperio Otomano y Persia y, posteriormente, entre los imperios otomano, persa y ruso. Ya en el siglo XVIII los armenios reclamaban mejoras sociales y autonomía política y cultural. En el siglo XIX el nivel litera-rio, artístico, religioso y educacional del pueblo ascendió; surgiendo una corriente intelectual que originó la conciencia nacional al pueblo, antesala de la formación de los partidos políticos. Estas organizaciones exigieron a los imperios dominadores el reconocimiento de reformas, mejoras, igualdad jurídico-social y autonomía cultural.

Ante las nuevas expectativas del pueblo armenio, el sultán Abdul Hamid II reaccionó fomentando el enfrentamiento contra los armenios. La antesala al genocidio que comenzó en 1915 se produjo entre 1894 y 1896 cuando el sultán inició una campaña de asesinatos masivos en el que murieron más de 300.000 armenios.

En los primeros años del siglo XX, un grupo de intelectuales turcos que vivía en París comenzó a reunirse bajo el nombre de Comité para la Unión y el Progreso (CUP) propug-nando la destitución del sultán y la instauración de un régimen democrático. En 1908 ese grupo, que asumió la denominación de Jóvenes Turcos, dio un golpe de Estado y se apoderó del gobierno implantando un régimen nacionalista extremo.

Al año siguiente, en 1909, los Jóvenes Turcos organizaron, con finalidad ejemplificadora, una matanza en la ciudad de Adana, sobre las costas del Golfo de Alejandreta, en la que aniquilaron a 30.000 armenios. Esta matanza desde el punto de vista turco fue sumamente exitosa porque permitió al gobierno comprobar que en caso de lanzar una política de exterminio no se produciría ninguna reacción en contra por parte de las Grandes Potencias. Terminado el experimento se celebraron congresos secretos anuales en la ciudad de Salónica de los que participaron intelectuales, religiosos, militares de alto grado y políticos. En esos congresos se elaboró el plan, se distribuyeron funciones y se designaron responsabilidades para la puesta en marcha del genocidio. Se consensuó esperar a que se produjera el estallido de la Primera Guerra Mundial que ya se avecinaba.

Las grandes empresas alemanas apoyaban la participación de Turquía en la guerra porque estaban interesadas en la prolongación del ferrocarril Berlín-Bagdad hasta el Golfo Pérsico, con el objetivo de neutralizar la penetración británica en el estratégico puerto de página 7

Basora. Además, ya se conocían las virtudes económicas y financieras que poseía el petró-

leo en el lugar que luego sería el yacimiento de Mosul.

Por otra parte, Turquía, carente de industrias y de divisas, sería para Alemania un excelen-te mercado comprador. Los gobernantes turcos ambicionaban actualizar su parque militar obsoleto proveyéndose del armamento más sofisticado de la época que era el del ejército prusiano. El triunfo de las potencias centrales en la guerra permitiría a Turquía: 1) apoderarse de los territorios de Armenia Occidental; 2) vaciar estos territorios y Anatolia de toda su población armenia; 3) extender el territorio de Turquía hasta llegar al Mar Caspio y apoderarse de los yacimientos petrolíferos de Bakú; y 4) erigirse en el país más fuerte del mundo musulmán.

En 1914 estalló la I Guerra Mundial en la que Turquía participó del bloque formado por Alemania, Austria-Hungría y Bulgaria. A partir de ese momento el gobierno ultranacionalista de los Jóvenes Turcos, encabezados por Talaat, Enver y Djemal, reafirmó la esencia del imperio no sobre una base multiétnica como lo había proclamado en un principio, sino por la “unión sagrada de la raza turca”, comprendiendo a todos los pueblos de esa lengua desde el Ural hasta Asia Central. Dicha “unión sagrada” y la hegemonía de esa raza turca, conocida como “panturquismo”, se fueron imponiendo.

Comenzó a ponerse en práctica el genocidio planificado por los Jóvenes Turcos en los congresos secretos de Salónica. En febrero de 1915, uno de los ideólogos del CUP, Dr.

Nazim, admitió en una sesión del comité central que era “absolutamente necesario elimi-nar a la población armenia de manera integral, para que no quede ningún armenio en esta tierra y el concepto de armenio sea extinguido. Estamos en guerra. No tendremos nunca una oportunidad más conveniente que ésta” (citado por G. S. Graber en Caravans of oblivion: The Armenian Genocide, 1915).

En la noche del 24 de abril de 1915 el gobierno turco procedió a la detención de más de ochocientas personas notables, todos ellos armenios. Religiosos, dirigentes políticos y sociales, intelectuales, músicos, poetas, maestros, profesionales y comerciantes fueron arrestados y asesinados. Casi simultáneamente se ordenó dar muerte a los hombres en edad militar, quienes previamente habían sido llamados bajo bandera. De esta manera, el resto de la población quedó sin posibilidades de defensa. Comenzó la deportación letal.

Las mujeres, los niños, los ancianos y los pocos hombres que aún se encontraban en sus casas fueron obligados a caminar enormes distancias en las que morían sistemáticamente de cansancio, deshidratación y hambre.

El gobierno de Turquía intentó justificar, y hasta negar, sus acciones contra la población armenia utilizando diversos argumentos. En primer lugar, una de las razones esgrimida fue la supuesta existencia de “choques intercomunitarios” que podrían hacer colapsar al gobierno central. En segundo término, argumentaban la existencia de la “rebelión armenia”.

Los propios informes de los aliados de Turquía en la guerra (Alemania y Austria-Hungría) manifestaban que no hubo un levantamiento general concertado por parte de los armenios.

Con excepción de Van, donde si hubo una digna resistencia, los otros levantamientos consistían en una autodefensa improvisada. El vicemariscal Pomiankowski caracterizó la rebelión como “un acto de desesperación” porque los armenios “sabían que la carnicería había comenzado en los alrededores de esa ciudad y que ellos serían las próximas víctimas”.

Frente a otro ejemplo de la resistencia de un pueblo armenio, el vicecónsul alemán Max Von Scheubner-Richter, testigo ocular del hecho, dijo: “los supuestos rebeldes resultaron ser personas que por temor a una masacre formaron barricadas y hubieran estado dispuestos a entregar sus armas a cambio de la promesa de ser perdonados y no ser asesina-página 8

dos”. Estos dos hechos, en especial el de la ciudad de Van, fueron usados como para activar el plan del Genocidio.

La tercera acusación utilizada por los turcos fue la que alude a la “traición armenia”. En este argumento se hizo referencia a una supuesta alianza de los armenios otomanos con las fuerzas rusas.

El último argumento fue el de la “reubicación” (deportación). Turquía siempre dio a en-tender que los armenios habían sido reubicados en distintas regiones dentro del país, pero nunca confesó que se trataba de los letales desiertos de Mesopotamia.

“Durante meses columnas de deportados atraviesan Turquía, algunos pocos en tren, la mayoría a pie. El viaje por los caminos secundarios hacia zonas aisladas, a las que poquí-

simos llegaron, se vuelve un hostigamiento constante: la dureza de los elementos naturales y la violencia desatada por otros seres humanos que los persiguen hasta la humilla-ción. Son frecuentes las ejecuciones y las masacres de los hombres, la esclavitud o prosti-tución de las mujeres, el arrebato de niños. La mayoría –hombres, mujeres, niños– mue-ren maltratados. Una masa de seres humanos en caravana se ofrece a la imaginación de otros que habitan la pesadilla. “Hablar de un éxodo armenio, en estas condiciones, se aproxima más a la ironía que a la descripción histórica. El desierto no es un lugar de llegada: se transforma en tumba de muertos que luego serán negados. Parodia de tumbas”. Helen Piralian4

Terminada la I Guerra Mundial, los armenios se declararon independientes y el gobierno de la República Argentina fue el primero en reconocer esta independencia que duró dos años. Las promesas del presidente Woodrow Wilson de restituir a Armenia los territorios usurpados por Turquía mediante el genocidio resultaron fallidos. Su sentencia arbitral, ratificada mediante la firma del Tratado de Sèvres en agosto de 1920 entre los aliados y Turquía, atribuía a Armenia la mayor parte de los vilayetos de Erzerum, Van y Bitlís y también un corredor hasta el mar en el vilayeto de Trebizonda.

Al producirse la sovietización de Transcaucasia, Armenia pasó a ser una de las repúblicas de la URSS, durante ese periodo florecieron las artes, las ciencias y la economía y, como contrapartida, sufrió periódicas persecuciones del régimen de Stalin.

Con el desmembramiento de la Unión Soviética, Armenia refundó su independencia y recuperó la región de Nagorno Karabaj, arbitrariamente adjudicado a Azerbaiján por el Soviet Supremo de Moscú. Hoy sufre un bloqueo impuesto por Turquía y los azeríes, pero los seis millones de armenios que viven en el mundo trabajan, construyen y claman reivin-dicando justicia. Cada año se escucha el repudio general por la muerte de un millón y medio de personas, por la destrucción de escuelas, conventos e iglesias, monumentos culturales y la extinción de su base cultural. La Diáspora reclama al gobierno de Ankara que reconozca el genocidio y que devuelva las tierras que usurpó tras el éxodo de los armenios supervivientes.

Sólo un gobierno turco, el de Damad Ferit Pasha, condenó el genocidio y llevó a la justicia a algunos culpables. La conclusión del Tribunal no podía ser otra: se trataba de una lim-pieza étnica minuciosamente planificada.

Sin embargo, aún en la actualidad, el gobierno turco sigue negando que se haya produci-do este genocidio. La aplicación del término genocidio a las matanzas de armenios come-tidas por Turquía la compartieron y ratificaron: en 1983 el Consejo Mundial de Iglesias 4 Piralian, Helen, Genocidio y Transmisión, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2000.

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reunido en Vancouver, Canadá; en 1984 el Tribunal Permanente de los Pueblos reunidos en París y el Presidente de Francia Francois Mitterand; en 1985 la Subcomisión de Prevención de Discriminaciones y Protección a las minorías de las Naciones Unidas; en 1987 el Parlamento Europeo en Estrasburgo y el presidente de la República Argentina Raúl Alfonsín; numerosas declaraciones de las Cámaras de Diputados y Senadores de Argentina y Uruguay, como asimismo, de los Parlamentos de Grecia, Bulgaria, Rusia, Líbano, Bélgica, Suecia, más recientemente Suiza y Canadá y en especial Francia, donde la resolución es Ley nacional. Estos son sólo ejemplos de una lista mucho más extensa.

En nuestro país la Ley 24.559/95 “Día de Repudio y lucha contra la discriminación del Hombre contra el Hombre” declaraba como tal el día 24 de abril, en homenaje a todos los seres víctimas de la Discriminación y la Intolerancia. Esta Ley, aprobada por ambas Cámaras fue vetada por Decreto Nº 562/95 por el entonces Presidente Carlos Saúl Menem.

Ley Nº 24559/95 “Día de repudio y lucha contra la discriminación del hombre contra el hombre”

Sumario: se declara como tal el día 24 de abril, en homenaje a todos los seres víctimas de la discriminación y la intolerancia.

veto total por decreto 562/95 10/10/95

Decreto nº 562/95

Publicación del veto: boletín oficial 17/10/95

Fecha: 10/10/1995

Menem Carlos, Bauza Eduardo, Di Tella Guido

Boletín oficial: 17/10/1995

Título: veto total del proyecto de ley registrado bajo el numero 24.559 (“Día de repudio y lucha contra la discriminación del hombre contra el hombre”).

Sumario: se veta en forma total al citado proyecto de ley y se devuelve al Honorable Congreso de la Nación.

Por qué hablamos de genocidio

El Consejo Nacional Armenio de Sudamérica ha declarado la fecha 24 de abril como “Día contra la Discriminación y la Impunidad”. Es una especie de advertencia contra los criminales que ordenan o ejecutan represiones, aquí y en cualquier lugar del mundo. Luego de producirse el Holocausto de los judíos y los gitanos durante la Segunda Guerra Mundial, resurgió la Causa Armenia tras largos debates en las Naciones Unidas. Esta causa, final-mente, tuvo respuesta de la comunidad internacional que condenó a Turquía en diversos foros como Estado criminal. El artículo II de la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio aprobada por las Naciones Unidas en 1948 dice así: “en la presente Convención, genocidio significa cualquiera de los siguientes actos cometidos con la intención de destruir, en todo o en parte, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso tales como:

- matanza de miembros del grupo.

- lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo.

- sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial.

- medidas destinadas a impedir los nacimientos en el seno del grupo.

- traslado por fuerza de niños del grupo a otro grupo.

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Fue Raphael Lemkin5 , experto polaco en derecho internacional, quien, horrorizado por las masivas matanzas contra la población armenia, propuso la condena internacional de un delito al que, terminada la II Guerra Mundial, denominó genocidio. Según Lemkin, la expresión utilizada hasta entonces de “asesinato masivo” para describir lo que había sucedido, no era suficiente.

En su obra “El eje de la Europa ocupada”, Lemkin creó el término “genocidio”, partiendo del vocablo “genos” (del griego y el latín: familia, pueblo, raza, tribu) y el sufijo latino

“cidium” (matar).

El genocidio se diferencia de los crímenes de guerra (definidos estos en la Convención de La Haya de 1954) no sólo por tratarse de violación a las reglas de la guerra, sino por constituir una violación a la humanidad en su conjunto. Por ello, Lemkin sostiene que no debe confundirse la amoralidad del delito de genocidio con la inmoralidad de la guerra.

La definición concreta de los hechos que constituyen crímenes contra la humanidad fue proporcionada y aplicada por primera vez en los juicios de Nüremberg, luego de la Segunda Guerra Mundial. Estos juicios contribuyen a avanzar en las ideas de Montesquieu sobre la ley Universal, o “ley civil universal que considera a todas las personas ciudadanas del universo”. Matar a alguien simplemente por existir es un crimen contra la humanidad, un crimen contra la propia esencia de lo que implica ser humano.

El genocidio invoca además la idea de un absoluto desconocimiento de la calidad del ser humano ya que significa un peligro concreto para la supervivencia de la totalidad y diversidad de los pueblos y además, implica la complicidad o la concurrencia de múltiples personas en el delito, puesto que para poner en marcha la aniquilación masiva se precisa de un plan de acción y una pluralidad de ejecutores.

El caso del Genocidio contra el pueblo armenio. Primer Genocidio del Siglo XX

Tal como pasó después con el Holocausto judío, cuya base instrumental fue la discriminación racial, el genocidio contra los armenios utilizó las diferencias de tipo lingüístico para discriminar. En ambos casos se utilizó como estrategia política el exterminio de las víctimas.

En compensación por las pérdidas territoriales que el Imperio Otomano sufrió en África y Europa el gobierno turco adoptó la decisión estratégica de expandir su territorio hacia el Este, a las llanuras de Asia Central donde ubicaban a la cuna de los pueblos turcos, para crear un vasto imperio habitado únicamente por pueblos de habla turca.

Los armenios tenían una cultura propia e irrenunciable y eran aborígenes en su territorio.

El gobierno otomano vio en la pertinacia armenia un peligro para sus planes estratégicos y hegemónicos. Aplicó entonces, a los armenios la “solución final” vaciando las tierras con la consigna de tener una Armenia sin armenios.

En abril de 1919 el gobierno instauró una corte marcial para juzgar los hechos, pero el llamado fundador de la nueva Turquía Mustafá Kemal, ordenó interrumpir todos los juicios contra los autores, instigadores y cómplices del genocidio y destruir los expedientes y documentos vinculados con tales juicios.

La mayor parte del pueblo armenio fue asesinada, sus tierras usurpadas, incluido el Mon-5 Lemkin, Raphael, Genocidio, Carnegies Endowement for International Peace, Washington DC, 1944.

Traducción: Carlos Molina Arrublas.

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te Ararat al que los armenios desde tiempo inmemorial consideran como su montaña sagrada emblemática.

“La única justicia que alcanzó el pueblo armenio fue a través de un estudiante –a quien los turcos le habían matado a toda la familia–, que en Berlín esperó y mató a balazos a un gobernante turco que había dado la orden de exterminar al pueblo armenio. El estudiante armenio lo hizo en nombre de la ley no escrita de matar al tirano. Y por eso los tribunales de Berlín lo absolvieron de culpa y cargo...” Osvaldo Bayer6

La comunidad armenia en la Argentina

Como consecuencia del genocidio armenio se produjo el exilio de cientos de miles de refugiados que se instalaron en el viejo y el nuevo mundo. Se estima que de los más de siete millones de armenios, unos tres millones y medio viven en su propio país, la minús-cula República de Armenia.

La comunidad armenia en Sudamérica surgió a principios del siglo XX. La mayor parte se estableció en Argentina, Uruguay y Brasil, y algunos en Venezuela y México. Antes de 1900

ya había armenios en la República Argentina pero fueron aquellos que arribaron en la década del 20 quienes organizaron la colectividad en nuestro país.

Consolidaron su comunidad a través de instituciones que fueron fundando a lo largo del tiempo. Establecieron iglesias, escuelas, clubes sociales y deportivos, grupos de danzas, de teatro, corales, culturales, restaurantes, medios de comunicación, etc. Comenzaron ayudando a los más necesitados y formaron asociaciones como la Casa Armenia.

Algunas conclusiones

Cuando un pueblo ha vivido sucesos enormemente trágicos o excepcionales necesita restablecer a las víctimas su dignidad humana. Conocer y dar a conocer la propia historia a través del testimonio es un derecho que se convierte en un deber. No se trata de recupe-rar el pasado para regir el presente sino haciendo de la memoria lo que Todorov7 llama

“uso ejemplar”, es decir utilizando ese pasado con vistas al presente, aprovechar las lec-ciones que dejó en otro momento la injusticia, el totalitarismo, la intolerancia y la segrega-ción para luchar contra las que se producen hoy, “separarse del yo para ir hacia el otro”. De esta manera, la memoria ejemplar será la justicia.

Primo Levi8 , sobreviviente del holocausto judío dice “no hay memoria, no hay presente, no hay futuro, en la medida en que esas voces olvidadas no logren atravesar el silencio de esa doble derrota...”

Recordar es fundamental porque lo cometido contra el pueblo armenio es un crimen impune. Sin embargo, un amplio sector del mundo permanece en una actitud de parálisis y mutismo. Como consecuencia de esta indiferencia, durante años, quedaron aparente-mente en el olvido aspectos materiales y morales del acto genocida, lo cual permitió que volvieran a suceder hechos de idéntica naturaleza (persecución y masacre de judíos, gitanos, etc.).

6 Bayer, Osvaldo, “El olor de la muerte” en Página 12, 04/01/2003.

7 Todorov, Tzvetan, Los abusos de la memoria. Paidós. Barcelona. 2000.

8 Levi, Primo, Si esto es un hombre, El Aleph Editores, Barcelona, 1998.

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El holocausto judío, consecuencia directa de la impunidad de los crímenes del genocidio contra el pueblo armenio

El 22 de agosto las unidades blindadas y mecanizadas de Hitler estaban por invadir Polonia. En una reunión con sus supremos comandantes y comandantes generales, celebrada en Obersalzberg, el Fuhrer arengó diciéndoles:

“...Nuestra fuerza consiste en nuestra rapidez y brutalidad. Genghis Khan* condujo al matadero a millones de mujeres y niños con premeditación y alevosía: la historia sólo lo muestra como el fundador de un Estado. Me tiene sin cuidado lo que la débil civilización de Europa occidental diga de mí. He indicado –y nadie pronunciará siquiera una palabra de crítica por lo que haya hecho un escuadrón de artillería– que nuestras aspiraciones en la guerra no consisten en alcanzar determinadas líneas sino la destrucción física del enemi-go.

Consecuentemente, tengo listos mis arietes** –por ahora en el Este con órdenes de matar cruelmente y sin compasión a hombres, mujeres y niños de origen e idioma polaco.

Sólo así ganaremos el espacio vital (lebensraum) que necesitamos.

Después de todo ¿quién habla hoy del aniquilamiento de los armenios?” . Adolf Hitler

* Genghis Khan fue el líder de los mongoles que invadió territorios vecinos masacrando a poblaciones enteras en el continente asiático.

** Se refiere a las formaciones militares especiales de la SS (Schutz Staffen) La escuela es un espacio de aprendizaje de la convivencia basada en el respeto por la diversidad religiosa, cultural, racial, de género, política, social. Pero fundamentalmente debe inculcar entre los niños y los jóvenes que no existen motivaciones políticas o econó-

micas que justifique la violación del derecho a la vida. Transmitir que los derechos esenciales del hombre no nacen del hecho de ser nacional de determinado Estado, o de pertenecer a determinada raza o de profesar una determinada religión, sino que tienen como fundamento los atributos de la persona humana y se fundan en el consenso internacional establecido en las declaraciones y pactos que habilitan a las entidades supranacionales a intervenir en la soberanía de los estados cuando estos violan la dignidad de sus habitantes.

Ante sucesos como éste, se debe transmitir, y especialmente por tratarse de un hecho que pasó hace tantos años, que es necesario evitar la indiferencia. La indiferencia implica una toma de posición ante los hechos y el indiferente se transforma en cómplice y responsable del silencio.

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Anexo documental

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1. Testimonios

Henry Morgenthau, Embajador de los Estados Unidos en Turquía.

Escribió “El asesinato de una nación”, donde describe para conocimiento de sus superiores toda la situación vivida por la población armenia. La obra fue publicada poco después de la guerra, uno de sus párrafos dice lo siguiente: “Como el holocausto judío, el genocidio armenio representa un caso prioritario bien definido de que el objetivo era la población varonil, seguida de una exterminación de «raíz» de la mayoría de los sobrevivientes que pudieran ser asesinados completamente o conducirlos hacia la muerte”.

El embajador de Estados Unidos en Turquía, Morgenthau resumió la primera estrategia como sigue:

“En la primera parte de 1915, los soldados armenios en el ejército turco fueron reducidos a un nuevo status. Hasta ese tiempo, la mayoría había sido combatiente, pero ahora fueron despojados de sus armas y transformados en obreros. En lugar de servir a su país como hombres de artillería y de caballería, estos que habían sido soldados descubrieron que habían sido transformados en jornaleros y animales de carga. Todo tipo de abastecimiento fue cargado en sus espaldas, tropezando bajo el piso y llevados a latigazos y por las bayo-netas de los turcos, fueron forzados a arrastrar sus cuerpos fatigados dentro de las monta-

ñas del Cáucaso. A veces tenían que arar su camino, cargándolo de esta manera, casi cintura arriba a través de la nieve. Tenían que pasar prácticamente todo el tiempo al aire libre, durmiendo en el terreno desnudo siempre que el incesante hostigamiento de sus capataces les diera una oportunidad ocasional de dormir. Les fueron dados sólo pedazos de comida; si se sentían enfermos eran dejados donde caían, sus opresores turcos tal vez se detuvieron mucho tiempo para robarles todas sus pertenencias –aún sus ropas. Si algunos rezagados tenían éxito de llegar a sus destinos, eran frecuentemente masacrados.

En varias ocasiones, los soldados armenios fueron eliminados de manera sumaria, se volvió casi la práctica general matarlos a sangre fría”.

(Morgenthau, Henry, El asesinato de una nación, Londres, 1918) Vahakn Dadrian, historiador armenio, estudioso moderno del genocidio

“Aunque la movilización tenía muchos otros objetivos, sirvió para un propósito mayor, para la rápida ejecución del plan de genocidio. Removiendo todo cuerpo posible de varones armenios de sus ciudades, villas, aldeas y aislándolos en condiciones en las cuales ellos virtualmente se entramparon, la comunidad armenia se redujo a condiciones cerca-nas de impotencia total, así como a una presa fácil de destrucción. Fue un golpe dominan-te cómo se logró de un soplo atender los tres objetivos de la operación para atrapar a la población víctima: a) dislocación a través del levantamiento del fuerte, b) aislamiento y c) la concentración para tener reunido al objetivo.”

(Dadrian, Vahakn, The History of the Armenian Genocide, Berghahn Books, 1995) La Destrucción de Adana,narración de un testigo ocular.

La matanza en Asia Menor. Escenas de horror y tortura. Inauditas barbaries.

“Era la mañana del 14 de Abril. Acabábamos de pasar varios días de angustia, de temor, de pena atroz. Los musulmanes salían a la calle, armados de garrotes, fusiles, yataganes, haciéndonos ademanes amenazadores, empujándonos y escupiéndonos a nuestro paso.

Se verificaban grandes reuniones durante las cuales se pedía la muerte, el fuego y la destrucción.

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Una comisión presidida por Daoud Urfalian pachá y Sandrikian effendi, de la cual hacía parte el dragomán armenio del consulado de Francia, creyó necesario presentarse ante el valí, para pedirle que tomara medidas y estudiara la mejor manera de defender su vida y sus bienes. Se sonrió el valí al oír sus temores y sus recomendaciones. Podían volver a sus casas con toda seguridad pues nada les sucedería.

Pero antes que se retirase la comisión Armenia, fue resuelto que un turco notable, Abdul Kadher efendi, acompañado de un notable armenio, Daoud Urfalian effendi, fuese a través del mercado para predicar la paz y aconsejar que volviesen a abrir las casas de negocios.

Le hicieron así. Daoud iba adelante a lo largo de los pequeños almacenes apolillados deteniéndose de tiempo en tiempo para llamar a las puertas detrás de las cuales se había agazapado algún armenio loco de espanto: Abdul Kadher venía detrás en medio de la calzada. En la esquina de una estrecha calle resonó un tiro y Daoud Urfalian cayó muerto de un disparo que se le hizo en virtud de una seña de Abdul Kadher por un gendarme.

Como una llama que ardía durante mucho tiempo debajo de las cenizas y de repente, alentada por una brisa fuerte estalla alta, violenta, furiosa, así se elevó en ese momento el grito detenido durante seis meses, el grito de guerra y de matanza.

–“Selavat Mahmoud, askna, giaour askna” (En nombre de Mahoma degollad, degollad a los infieles).

Inmediatamente resonaron los tiros de fusil raros al principio, después innumerables: enseguida empezó la huída, la corrida loca de gente que se precipitaba inconsciente. Los rezagados. Los que caían, principalmente las mujeres fueron detenidos en el camino, rompiéndoles las piernas a culatazos.

Se les cortaba los dedos de la mano izquierda, con la punta de un puñal se hacía saltar de su órbita el ojo derecho, se cortaban a pedazos las orejas, aserraban el cuello hasta la carótida sin tocarla, después les daban golpes con pesados palos y empuñaduras de plo-mo.(...)

En una casa de campo habían sorprendido a toda la familia de Burdikian compuesta del marido, la mujer, dos hijos varones y una niñita de seis años. La mujer, de veintiocho años de edad se había arrojado a sus pies implorando piedad. Ellos habían contestado, sonrien-do:

–Tendremos piedad: ya verás.

Después ataron al marido al pie de una cama: desnudaron a la mujer y con tres clavos la clavaron en la pared, un clavo para cada mano y uno para los pies. Con la punta del yatagan, por medio de tajitos, dibujaron en el vientre de ella uno de los símbolos cristianos; enseguida, mientras ella callaba, loca de terror, trajeron al marido frente a ella, le sacaron la ropa, lo bañaron en petróleo y lo encendieron como una antorcha. Mientras tanto bailaban los turcos y cantaban himnos cristianos. Los niños lloraban en un rincón, la mujer los miraba desde lo alto de la pared, los brazos abiertos ofreciendo un cuerpo joven.

(...)

Mucha gente ha ido a la explanada creyendo poder escaparse de la crueldad. Con ella venía una mujer: le rompieron las costillas del lado derecho. A fuerza de bastonazos y después la arrojaron a un foso lleno de lodo en el cual se sumergió hasta el cuello. (...) Comenzó luego el incendio de la ciudad. Los turcos procedían con verdadero método.

Habían traído a la plaza todas las latas de petróleo sacadas de los depósitos armenios. Un grupo especial, con pequeñas bombas de mano, al cual se habían agregado los bomberos municipales arrojaba tranquilamente el petróleo sobre las paredes. De todas partes salían gritos furiosos, delirantes llantos de mujeres y criaturas, sollozos, exclamaciones desespe-rantes de hombres.

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En las puertas esperaban los turcos y a medida que la gente despavorida se escapaba de las casas incendiadas, la volteaban a balazos.

Quemado el barrio de Yeni-Mallé, destruido Pambourk bazar y muertos a cuatro mil armenios, se había calmado la furia de los turcos. Pero al amanecer del día siguiente empezó nuevamente el tiroteo con mayor encarnizamiento y se veían arder las casas y las campiñas por todas partes (...)”.

(Antonio Scarfoglio para La Nación, 29 de Junio de 1909) 2. Resoluciones Internacionales

Resolución Final del Tribunal Permanente de los Pueblos en su sesión sobre el Genocidio de los Armenios (París del 13 al 16 de Abril de 1984).

“En respuesta a las cuestiones que fueron planteadas al mismo, el tribunal encuentra aquí que:

1. la población armenia constituyó y constituye un pueblo cuyos derechos fundamentales, tanto individuales como colectivos, deberían haber sido y deberán ser respetados de acuerdo con el derecho internacional;

2. el exterminio de grupos de población armenia a través de deportaciones y masacres constituye un crimen de genocidio no sujeto a prescripciones, según la definición de la Convención sobre Prevención y Castigo del Crimen de Genocidio del 9 de diciembre de 1948. Con respecto a la condena de este crimen, la citada Convención es declaratoria de la existencia de derecho en esto, por lo que la misma toma nota de normas que ya estaban en vigencia en el momento de los actos imputados;

3. el gobierno de los Jóvenes Turcos es culpable de este genocidio, con observancia a los actos perpetrados entre 1915 y 1917;

4. el genocidio armenio es también un “crimen internacional” por el cual el Estado turco debe asumir la responsabilidad, sin usar el pretexto de discontinuidad alguna en la existencia del estado para eludir esa responsabilidad; 5. esta responsabilidad implica en primer término la obligación de reconocer oficialmente la realidad de este genocidio y los consecuentes perjuicios sufridos por el pueblo armenio;

6. la organización de las Naciones Unidas y cada uno de sus miembros tienen el derecho de demandar este reconocimiento y de asistir al pueblo armenio en este fin.”

Resolución del Parlamento Europeo del 14 de noviembre de 2000

Enmiendas presentadas por Lennart Sacrédeus, Francis Wurtz, Olivier Dupuis, Marie-Arlette Carlotti. En diversos artículos se pueden encontrar enmiendas que reclaman al gobierno de Turquía. Se transcriben las siguientes:

(24 bis) Pide a Turquía que ponga fin a su política sistemática de menosprecio y discriminación de sus minorías armenia y siríaca; insta, en particular, a Turquía a que respete y ponga de relieve el patrimonio cultural armenio y siríaco, componente de la identidad nacional de Turquía de conformidad con el Tratado de Lausana; (14 ter.) Pide asimismo a Turquía que ponga fin a cualquier tipo de discriminación de la minoría armenia y que reconozca plenamente sus derechos; solicita, en particular, el respeto y la valorización del patrimonio cultural armenio; (24 quáter.) Pide a Turquía que aplique a este fin una política de respeto y no discrimina-página 19

ción con respecto a la minoría armenia; pide a las autoridades turcas que promuevan el respeto y la valorización del patrimonio cultural armenio, componente de su identidad nacional de conformidad con el Tratado de Lausana;

Hace un llamamiento a las autoridades turcas para que pongan inmediatamente fin a sus actividades discriminatorias que frustran la vida de las minorías religiosas de Turquía, por ejemplo, en el ámbito de los derechos de propiedad, donaciones, construcción y mantenimiento de iglesias y competencia en materia de dirección de escuelas; insiste en que se permita a todas las congregaciones cristianas en Turquía el mantenimiento de escuelas y seminarios de teología para la formación de eclesiásticos; pide en este contexto que se levante el cierre del seminario griego-ortodoxo de Halki y que se retiren definitivamente las amenazas de confiscación que pesan sobre el seminario armenio de la Santa Cruz en Estambul; insta a Turquía a que respete y valorice el patrimonio cultural armenio, componente de su identidad nacional de conformidad con el Tratado de Lausana.

Resolución del Parlamento Francés 18 de Enero de 2001 – (Comentario) El Parlamento Francés abrió ayer una grave crisis con Turquía al aprobar por unanimidad una ley que condena el genocidio de la minoría armenia ocurrido en 1915, en pleno declive del Imperio Otomano, y que supuso la muerte de hasta 1,5 millones de personas y la deportación masiva de toda una comunidad étnica.

En caso de que el presidente francés, Jacques Chirac, ratifique la resolución del reconocimiento del Genocidio Armenio, la resolución se convierte en ley.

Luego de que el senado adoptara la resolución el día 8 de noviembre, la Asamblea Nacional Francesa adoptó la resolución reconociendo el genocidio de por lo menos 1.500.000

armenios como parte de la campaña del Imperio Otomano de expulsarlos de la Turquía oriental entre 1915 y 1923.

El Gobierno de Ankara retiró ayer a su embajador en París para evacuar consultas. «Esta ley, que ha sido recibida con decepción por el pueblo turco, va a perjudicar seriamente y de forma duradera las relaciones turco-francesas y puede provocar una grave crisis», aseguraba ayer un comunicado oficial del Ejecutivo turco.

El Parlamento francés culminó ayer un proceso legislativo impulsado por la influyente Comunidad Armenia en Francia, que suma medio millón de personas, en el que se reconoce la existencia del genocidio armenio, con las matanzas y deportaciones masivas lleva-das a cabo entre 1915 y 1917.

Los dirigentes de la Turquía moderna consideran que el genocidio armenio nunca existió.

“Francia ignora las realidades históricas, nunca se cometieron las matanzas”, afirma el comunicado del Gobierno turco, que insiste en “rechazar categóricamente la ley francesa con todas sus consecuencias”.

Varias asociaciones ciudadanas, así como partidos políticos, sindicatos y cámaras de comercio de Turquía han pedido ya que se adopte un embargo contra los productos franceses.

El Gobierno francés reconoció a través de su ministro de Relaciones con el Parlamento, Jean-Jack Queyrane, que “el acto solemne” de reconocimiento del genocidio armenio era

“una exigencia histórica”. Pero el Ejecutivo francés también expresó sus reservas sobre la ley, en un intento de apaciguar las protestas de Turquía. “Francia sigue siendo un país amigo de la Turquía moderna y también de la actual Armenia”, explicó el ministro francés, que insistió en distinguir entre el Imperio Otomano y la actual Turquía.

(La declaración tuvo eco favorable en todos los sectores políticos y sociales de Francia.

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Patrick Devedjian, un diputado descendiente de armenios, quien es también el vocero del partido de Chirac, dijo que el reconocimiento del genocidio tuvo lugar en un momento necesario para frenar la recurrencia de dichos crímenes. “No es una cuestión de historias.

Es una cuestión de conciencia y dignidad”, dijo el diputado Devedjian.

También otro diputado, el comunista Roger Mei dijo, “Francia adeudaba esto para nuestros compatriotas de origen armenio” para comprender que lo que ha sucedido 85 años atrás constituye “GENOCIDIO”).

(www.armeniosonline.com.ar/notas/francia)

3.- Artículos Periodísticos

A 83 años del genocidio, Armenia busca aún la paz

Diario Clarín. 24 de abril de 1998.

Alejandra Pataro (Comentario)

Dice la periodista A. Pataro “La orden de borrar a un pueblo de la faz del planeta llegó calculada con minuciosa precisión, en forma de decreto de Estado: “Hay que exterminar a los armenios habitantes de Turquía”. A los niños, a los viejos, a los jóvenes, a los intelectuales... Como sea, “por más criminales que puedan ser las medidas”. No importa si hay que golpearlos, torturarlos, acribillarlos, quemarlos, ahorcarlos, ahogarlos, violarlos, des-membrarlos. “Debe ponerse fin a su existencia”. Nadie objetó el decreto firmado por el Ministro del Interior Turco Taalat Pasha, fechado el 16 de septiembre de 1915. Un millón y medio de armenios fueron asesinados. Fueron masacrados griegos, kurdos, judíos y árabes. El genocidio fue planeado desde las entrañas del Imperio Otomano”.