Aromaterapia: Uso de Aromas como Agentes Terapéuticos por Marcia Avello, Mario Suwalsky - muestra HTML

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Ciencia,,,Ahora, nº 22, año 11, septiembre 2008 - marzo 2009

AROMATERAPIA:

USO

DE

AROMAS

COMO

AGENTES

TERAPÉUTICOS

Marcia Avello1, Mario Suwalsky2

1Departamento de Farmacia, Facultad de Farmacia; 2Departamento de Polímeros, Facultad de Ciencias

Químicas, Universidad de Concepción.

HISTORIA

Una de las formas de medicina más primitiva implicaba quemar plantas aromáticas con el

fin de “ahumar” la enfermedad y obligarla a abandonar el cuerpo del paciente. Este

procedimiento solía combinarse con diversos rituales y prácticas religiosas; en ciertas

ocasiones se quemaban plantas capaces de alterar la conciencia con el fin de generar una

experiencia mística y espiritual como parte del ritual de curación. El uso de incienso en las

ceremonias de diversas religiones a lo largo de los siglos ha perpetuado este aspecto;

muchas de las gomas y resinas que componen el incienso tienen propiedades terapéuticas

poderosas, por ejemplo como antisépticos para las vías respiratorias, además de inducir un

estado meditativo y de reflexión en la mente de los fieles.

Las plantas y extractos aromáticos han sido muy apreciados por las grandes civilizaciones

antiguas, que se extendían desde Babilonia y Persia hasta India y China. Los textos médicos

más antiguos de estos países, que se remontan al menos 3000 años, enumeran muchas

plantas aromáticas y sus usos. Algunas de las descripciones más detalladas se hallan en los

antiguos escritos egipcios; ellos utilizaban plantas fragantes en todos los aspectos de la

vida, desde la perfumería y la cosmética hasta la medicina, y en los rituales para

embalsamar a los muertos. Algunos de los potes de ungüentos que fueron excavados en la

tumba de Tutankamon contenían resinas conservantes como el incienso, las que no habían

perdido su aroma a pesar del tiempo transcurrido. Los egipcios eran conscientes del valor

que tenían las fragancias para realzar el estado de ánimo y se ganaron la reputación de

maestros perfumeros; incluso, es posible que el legendario atractivo ejercido por Cleopatra

sobre Julio César y Marco Antonio se debiera a las grandes cantidades de pétalos de rosas

que utilizaba para perfumar sus habitaciones. Sin embargo, resulta interesante constatar que

los egipcios no parecen haber descubierto el procesamiento para destilar los aceites

esenciales de las plantas, utilizando en cambio aceites y ungüentos infusionados. Más

adelante, estos fueron utilizados por los griegos y romanos como medicinas, y en los baños

públicos como parte del ritual cotidiano que tanto disfrutaron en particular los romanos.

Los ejércitos romanos emplearon a muchos médicos griegos, y éstos llevaron el

conocimiento de las plantas aromáticas a muchos países. Galeno, quien fue el inventor de la

crema de limpieza original y que acabó por convertirse en el médico personal del

emperador Marco Aurelio, escribió muchas obras relacionadas con todos los aspectos de la

salud y las medicinas. Durante muchos siglos, sus obras y las de otros formaron la base de

la medicina y, con la decadencia del imperio romano, una gran parte de estos

conocimientos se trasladó hacia el este, pasando a Bizancio. Fueron los países árabes los

que dieron el próximo salto importante con respecto a la aromaterapia. En el siglo XIV,

Bagdad prosperaba gracias a que era el centro de la industria de las rosas, exportando agua

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de rosas a lugares tan alejados como la India. En general, se supone que el primero en

aplicar el principio de la destilación fue Abu Ali Ibn Sina, mas conocido como Avicena

(980-1037), un filósofo y médico oriundo de Uzbekistán.

Durante las Cruzadas los aceites esenciales, o “perfumes de Arabia”, obtenidos de plantas

por destilación por vapor, se extendieron a través de Europa. Como las gomas y las resinas

de Asia no eran fáciles de obtener, también se utilizaron plantas nativas del Mediterráneo

como el romero y el tomillo para la elaboración de aceites esenciales. Los franceses

adoptaron este método con un gran entusiasmo, poniendo los cimientos de la actual

industria perfumera, así como de su uso terapéutico. Hasta bien entrado el siglo XX se

quemaban hierbas antisépticas como el tomillo o el romero en diversos hospitales franceses

con el fin de fumigar el aire y evitar enfermedades. De hecho fue un químico francés, René

Gattefosse, quien trabajaba en la industria perfumera, que acuñó la palabra “Aromaterapia”

hace unos 50 años. En un accidente de laboratorio había sufrido una gran quemadura en la

mano; al aplicarse aceite esencial de espliego para refrescar los tejidos descubrió que

curaba los tejidos quemados con una rapidez extraordinaria, sin infecciones ni cicatrices.

Durante ambas guerras mundiales se emplearon aceites esenciales para curar heridas e

infecciones, siendo el doctor Jean Valnet quien publicó su descubrimiento a finales de los

años sesenta. En la actualidad, respetados centros de investigación médica franceses están

considerando los aspectos medicinales de los aceites esenciales. Sin embargo, el poder de

las plantas aromáticas va más allá de sus características antisépticas o antiinflamatorias.

Está demostrado que un aroma puede evocar recuerdos, cambiar el estado de ánimo y

provocar bienestar. La aromaterapia se ha convertido en el Reino Unido, en Estados

Unidos y muchos otros países en un sistema holístico que intenta equilibrar y curar a la

persona en su totalidad. Nunca antes hubo más profesionales de la aromaterapia que

ofrezcan tratamientos completos. Los aceites suelen utilizarse para dar masajes, en el

baño, o evaporados en el aire por medio de un quemador para mejorar el bienestar físico y

emocional (Evans, M. 1997)

ACEITES ESENCIALES

Los aceites esenciales, sustancias de olor aromático intenso, son extractos concentrados de

plantas aromáticas. Estas mezclas complejas están constituidas por 50 a 500 moléculas

volátiles del tipo terpeno. Las plantas aromáticas contienen en flores, hojas, cortezas o

raíces estos líquidos volátiles que son posibles de arrastrar mediante vapor de agua, siendo

la destilación el método más común para la obtención de este tipo de extracto. El equipo

que la utiliza recibe el nombre de Clavenger. El principio es llevar a ebullición una

suspensión acuosa del material aromático; el agua llega a su temperatura de ebullición y al

cambiar al estado de vapor, éste arrastra las moléculas de aceite, los que se condensan en un

refrigerante pasando al estado líquido, cayendo en la rama del Clavenger. El aceite, que es

inmiscible en agua, se separa posteriormente de ésta en el equipo que se muestra en la

Figura 1.

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Figura 1: Hidrodestilación de aceites esenciales en equipo Clavenger.

EFECTOS FISIOLÓGICOS

Los efectos de los aceites esenciales sobre el organismo pueden clasificarse en terapéuticos

o tóxicos dependiendo de la forma de administración, dosis y susceptibilidad del paciente.

Los aceites esenciales, en general, comparten ciertas propiedades terapéuticas que permiten

sus usos como antisépticos, antiinflamatorios y cicatrizantes, pero cada esencia destaca por

alguna propiedad única, la que va a depender de la interacción molecular de sus

componentes. La siguiente tabla muestra los efectos terapéuticos de algunos aceites

esenciales (Ody,1993).

ACEITE ESENCIAL DE:

PROPIEDADES:

Rosa

Antidepresivo, ansiolítico, antiespasmódico.

Bergamota

Antiséptico, astringente.

Sándalo

Antiséptico, ansiolítico.

Ilang-ilang

Antiséptico, afrodisíaco.

Mirra

Antiséptico, ansiolítico.

Azahar

Sedante, ansiolítico, antiespasmódico.

Manzanilla

Sedante, antiespasmódico.

Albahaca

Estimulante, descongestionante.

Romero

Antiséptico, estimulante, diurético.

Debido a su alta lipofilicidad los aceites esenciales pueden ingresar al organismo a través

de la piel, mucosas (boca, nariz, faringe) y el tracto gastrointestinal, por lo que se pueden

administrar por vía dérmica, respiratoria u oral (Davis, 1990). Por vía respiratoria destacan

dos formas de administración: la inhalación propiamente tal y la difusión atmosférica. Ésta

última tiene la ventaja de no ser invasiva para el paciente puesto que con la ayuda de un

difusor las moléculas que conforman la esencia se esparcen en la atmósfera en forma de

micropartículas, las que a través del órgano olfativo entran directamente en contacto con el

sistema nervioso central (Ganong, 1992).

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La región olfatoria es el único lugar del organismo donde el sistema central está

estrechamente relacionado con el mundo exterior; así, los estímulos olfativos llegan

directamente a las centrales de conexiones más internas del cerebro. Después de un mensaje

olfativo, el aroma atraviesa la corteza rinoencefálica a través de numerosas fibras nerviosas

y alcanza las centrales de control superior del cerebro como el hipotálamo, la glándula

hormonal superior y el tálamo, que es el centro más importante para los estímulos

sensoriales. Estas glándulas constituyen en su conjunto el sistema más primitivo del

organismo humano, el sistema límbico. Éste es un conjunto de núcleos cerebrales y zonas

corticales estrechamente ligadas entre sí, donde se coordinan el comportamiento emocional

y los impulsos condicionados por los instintos; además, se le atribuyen centros esenciales

para la memorización y aprendizaje (Ganong, 1992). Por consiguiente, el estímulo olfativo

puede ocasionar efectos tanto sobre percepciones como fisiológicos (Figura 2).

Figura 2: El estímulo olfativo viaja a través de neuronas sensitivas a los núcleos cerebrales.

ACEITES ESENCIALES Y ESTRÉS

Hace más de medio siglo, Hans Selye (1936) definió el estrés ante la Organización Mundial

de la Salud como: "la respuesta no especifica del organismo a cualquier demanda del

exterior". El término, proveniente del idioma inglés, stress, ha sido incorporado

rápidamente a todos los idiomas, alojándose fácilmente en la conciencia popular. El estrés

supone la aparición de sintomatologías tanto a nivel biológico, psicológico y social.

Muchos de los cambios biológicos que se producen en el organismo sometido a estrés no

son perceptibles por el ser humano, y se precisan procedimientos y diagnósticos para

determinar el nivel de la reacción. Sin embargo, a nivel psicológico, muchos síntomas

producidos por el estrés pueden ser fácilmente identificados por la persona que está

sufriendo dichos cambios. Una de las reacciones más frecuentes en este sentido es la

ansiedad. Se identifican por lo menos las siguientes tres fases en el modo de producción del

estrés: 1) Reacción de Alarma, en que el organismo, amenazado por las circunstancias, se

altera fisiológicamente por la activación de una serie de glándulas, especialmente en el

hipotálamo y la hipófisis ubicadas en la parte inferior del cerebro, y por las glándulas

suprarrenales localizadas sobre los riñones en la zona posterior de la cavidad abdominal. El

cerebro, al detectar la amenaza o riesgo, estimula al hipotálamo, que produce "factores

liberadores" que constituyen sustancias específicas que actúan como mensajeros para zonas

corporales también específicas; 2) Estado de Resistencia, en que el individuo es sometido

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en forma prolongada a la amenaza de agentes lesivos físicos, químicos, biológicos o

sociales; el organismo, si bien prosigue su adaptación a dichas demandas de manera

progresiva, puede que disminuya sus capacidades de respuesta debido a la fatiga que se

produce en las glándulas del estrés. Durante esta fase suele ocurrir un equilibrio dinámico u

homeostasis entre el medio ambiente interno y externo del individuo. Así, si el organismo

tiene la capacidad para resistir mucho tiempo, no hay problema alguno; en caso contrario,

sin duda que avanzará a la fase siguiente; 3) Fase de Agotamiento, donde la disminución

progresiva del organismo frente a una situación de estrés prolongado conduce a un estado

de gran deterioro con pérdida importante de las capacidades fisiológicas, en las que el

sujeto suele sucumbir ante las demandas pues se reducen al mínimo sus capacidades de

adaptación e interrelación con el medio. Los síntomas de estrés pueden ser síquicos y

físicos. Dentro de los síquicos se distinguen, entre otros, la tensión, irritabilidad, problemas

de concentración, cansancio excesivo, problemas de sueño, preocupación y tristeza. Los

síntomas físicos se caracterizan por boca seca, aumento de la frecuencia cardiaca, malestar

estomacal, deseo frecuente de orinar, palmas de las manos sudorosas, dolor de espalda,

tensión muscular que puede causar contracturas y dolor, mareos, problemas para respirar.

Una de las esencias más estudiadas a nivel mundial frente al estrés es la de lavanda. La

literatura científica describe para la esencia de flores de lavanda propiedades ansiolíticas,

antiespasmódicas y cicatrizantes, y sugiere su uso en casos de insomnio, espasmos,

ansiedad, migrañas nerviosas, heridas y quemaduras (Kohlert et al., 2000). Entre los

componentes químicos responsables de su actividad ansiolítica destaca el linalol, alcohol

terciario alifático, y el éster acetato de linalilo, que son sustancias de bajo peso molecular

(Masada, 1976).

ACEITES EN EL AIRE

Por ser volátiles y la propiedad de ser arrastradas por vapor de agua, la difusión de estas

moléculas en los ambientes es una muy buena forma de administración. La inhalación de

partículas desde el ambiente constituye una vía no invasiva y pasiva. A pesar de la limitada

evidencia clínica existente en esta área, bases científicas indican que ciertos aceites

esenciales se absorben rápidamente por inhalación, provocando cambios favorables de la

función cerebral. A su vez, esta ruta se describe como la más efectiva para el manejo del

estrés y la depresión (Graham et al., 2003). La administración de aceites esenciales por vía

inhalatoria se efectúa a través de un difusor ambiental, según se describe en la Figura 3.

Evaporación del H2O y

arrastre de las partículas

de aceite en la atmósfera

Receptáculo

Fuente de Calor

Figura 3: Difusión ambiental de aceites esenciales a través de un difusor.

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Para ello se utiliza como fuente de calor una vela no aromática e incolora; en el receptáculo

del difusor se agrega agua tibia y la cantidad necesaria de aceite esencial según el volumen

del ambiente para que el calor de la vela produzca la evaporación del agua y ésta arrastre

las moléculas volátiles que quedan dispersas en el ambiente

Holmes et al. (2002) usaron aceite de lavanda en difusión en 15 pacientes que sufrían de

demencia grave, logrando disminuir su comportamiento agitado en comparación con un

grupo control. Unos años antes Itai et. al.(2000) habían empleado un sistema similar para

observar la disminución de la ansiedad y depresión en pacientes sometidos a hemodiálisis

crónica, constatando una disminución significativa del índice HAMA (escala de Hamilton

para ansiedad). Morris (2002) realizó un estudio con 80 mujeres, funcionarias y estudiantes

de la Universidad de Wolverhampton (Inglaterra), con aceites esenciales por difusión,

entre ellos el de lavanda. Ellas mostraron cambios de humor sicológicamente positivos,

además de una disminución en los sentimientos de cólera, frustración y pesimismo. Se han

realizado estudios de los efectos terapéuticos de los aceites esenciales en áreas de cuidados

coronarios y unidades de cuidados intensivos, siendo el de lavanda uno de los más

documentados. Algunos estudios demostraron que el masaje de pies con aceites esenciales

en este tipo de pacientes fue efectivo en disminuir la presión sanguínea, ritmo cardiaco,

frecuencia respiratoria, vigilia y dolor. Los resultados demostraron que, a pesar que los

masajes de por si aportaban un beneficio, éstos eran mayores cuando se usaba a su vez el

aceite esencial (Edge, 2003). Los bajos costos que comprende la extracción de la esencia y

de los difusores proyectan a esta terapia como una alternativa viable para nuestro sistema

de salud.

NUESTRA EXPERIENCIA

Como equipo científico, en el año 2004 se obtuvo una primera aproximación al efecto

benéfico de la aplicación de esta terapia en el Servicio de Medicina del Hospital Las

Higueras de Talcahuano, donde se aplicó por difusión atmosférica aceite esencial de

lavanda obtenido por hidrodestilación en nuestro laboratorio de la Facultad de Farmacia,

Universidad de Concepción, a pacientes en salas comunes y a funcionarios del servicio en

sus salas de descanso. Los grupos en estudio, funcionarios y pacientes, presentaban

características distintas; los funcionarios estaban sometidos a altas presiones por el sistema

de turnos, tenían sueño irregular, la misma naturaleza de sus trabajos los predisponía a

desarrollar altos niveles de ansiedad, mientras que los pacientes hospitalizados, por su

condición de enfermos en un ambiente hospitalario, estaban condicionados a fomentar la

angustia por la enfermedad, y ansiedad por su condición en espera de una pronta

resolución. Una vez realizado el estudio se observó relajación y mejoría en el estado de

ánimo tanto en funcionarios como en pacientes, sobre todo en aquellos que estuvieron

expuestos al aroma en forma continua. Además, un alto porcentaje de pacientes y

funcionarios concordaron en que se percibía un aroma agradable en su ambiente de trabajo,

factor que indirectamente ayudaba a realizar una mejor labor por parte de los funcionarios y

permitía una estadía más agradable para los pacientes. La vía de administración elegida,

por inhalación de partículas desde el ambiente, constituye una vía no invasiva y pasiva, lo

que facilitó la administración, sobre todo en pacientes que se encontraban con tratamientos

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específicos. Fue interesante comprobar que ambos grupos manifestaron interés en repetir la

experiencia (Avello et al., 2006).

CONCLUSIONES

Terapias complementarias, como la basada en aromas naturales, pueden constituir métodos

simples y económicos para mejorar la calidad de vida de la población susceptible a

desarrollar eventos sicosomáticos o diversas patologías producto del deterioro del sistema

inmunológico secundario al estrés psicológico. En este marco surge como fundamental la

información y educación al cuerpo médico y profesionales de la salud para dar a la

Aromaterapia el concepto de terapia científica y desvincularla de la magia y esoterismo con

las que ha sido involucrada. Por lo tanto, los futuros estudios deberán ser enfocados al

monitoreo de efectos fisiológicos y farmacológicos producidos por la esencia con el fin de

poder objetivar aún más los resultados. En Chile no existe legislación con respecto a la

venta y usos de la aromaterapia utilizando esencias naturales. Los productos aromáticos de

plantas se venden en forma libre y en cualquier establecimiento comercial, expendidos por

personas sin conocimiento farmacéutico, lo que constituye un problema de salud pública

puesto que, sin conocer la causa, la población puede experimentar efectos no deseados

provocados por aromas que se utilizan sin indicación. En este contexto, el estudio efectuado

en el Hospital Las Higueras de Talcahuano constituye una primera aproximación a los

estudios clínicos de la terapia en base a aromas, utilizando una esencia de calidad obtenida

en un laboratorio. Al incorporar esta terapia a la práctica clínica se deben considerar dos

grandes factores: su seguridad y eficacia. Como cualquier medicamento pueden presentarse

efectos adversos dependiendo de su uso (indicación, vía de administración y dosis), en

especial cuando se utiliza como vía de administración la inhalación, que conecta en forma

directa el sistema nervioso central con el medio externo. En este caso, los efectos adversos

pueden constituir problemas importantes si la terapia no se aplica con conocimiento y

responsabilidad.

Agradecimientos: Proyectos DIUC 207.074.038-1.0 y FONDECYT 1060990.

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