Atrapado en lo Tremendo: el Sistema de Conocimiento de Carlos Castaneda por Morales Juan - muestra HTML

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EN LO TREMENDO

Introducción

Capítulo 1

Kalachakra y el Milam Bardo

Capítulo 2

Los decretos de la Metafísica de Conny Méndez y las Convocatorias de Nivelle Goddard

Capítulo 3

Jacobo Grinberg y el Círculo Mágico de Almatriche

Capítulo 4

Las Profecías del Rabino Yeshel Shemer

Capítulo 5

La cámara Kirlian

Capítulo 6

Una salida fuera del cuerpo

Capítulo 7

Bokar Rinpoché y el control mental

Capítulo 8

La conexión de Carlos Ortiz

Capítulo 9

Sai Baba y la guerra del Golfo

Capítulo 10

Chamanismo andino

Capítulo 11

Primer grupo de Carlos Castaneda en España

y la promesa de la Libertad Total

Capítulo 12

Segundo día con Carlos Castaneda y la Tensegridad

Capítulo 13

México y Amatlán

Capítulo 14

Pátzcuaro y los Graniceros

Capítulo 15

Las almas recapituladoras de Tzin Tzun Tzan

Capítulo 16

El cristo tarasco que avisa del fin del mundo

Capítulo 17

En busca de Carlos Castaneda perdido

Capítulo 18

Toniná La Negra y las predicciones de Yadeun

Capítulo 19

Carlos Castaneda y el otoño de 1992

Capítulo 20

Taisha Abelar en Pasadena, octubre de 1992

Capítulo 21

Alex Orbito y otros acontecimientos relacionados

Capítulo 22

Fuerteventura y el Código de lo Extraño

Capítulo 23

Tula

Capítulo 24

Los otros brujos

Capítulo 25

Noticia de una conferencia de Taisha Abelar

en la Librería Gaia

Capítulo 26

Noticia de una charla de Carlos Castaneda

en la Phoenix Book de Los Ángeles

Capítulo 27

Noticia de otra conferencia de Taisha Abelar

en la Librería East/West de California

Capítulo 28

El secreto del viaje a Tula en 1993

Capítulo 29

Viaje relámpago a Los Ángeles en busca de Carlos Castaneda

Capítulo 30

Noviembre de 1994: otra vez Castaneda en Madrid

Capítulo 31

Información basura en el mundo de Castaneda

Capítulo 32

Seminarios de Carlos Castaneda, lista de precios y bibliografía

Capítulo 33

El seminario de las brujas en Hawai y los Voladores

Capítulo 34

El segundo seminario de los brujos en México: los cíclicos,

las enseñanzas chinas de Clara Grau y las prácticas de acecho

Capítulo 35

La conferencia de Florinda Donner-Grau

y los tres principios de la brujería

Capítulo 36

Una extraña muerte

Capítulo 37

Guerra en Internet

Capítulo 38

Carlos Castaneda y la prensa

Capítulo 39

El primer diario de Lectores del Infinito

Capítulo 40

Los papeles secretos de "The Only Women Workshop"

Capítulo 41

Los Voladores y la disonancia cognitiva

Capítulo 42

Segundo número del diario de Lectores del Infinito

Capítulo 43

Tercer número del diario de Lectores del Infinito

Capítulo 44

La tercera premisa del camino del guerrero

Capítulo 45

El seminario de Los Ángeles del verano de 1996

Capítulo 46

La prueba del alce

Capítulo 47

El campo de batalla final

Introducción

Un par de años antes del "Millenium Bug", en la calle principal de Glastonbury, en Inglaterra,

había una librería que le ofrecía un homenaje continuado a Arthur C. Clarke. Al año siguiente,

camino a Escocia, volando en la British Airways, volví a tropezarme con un texto de esta

especie de Julio Verne del Siglo XXI, autor de unos ochenta libros de ciencia ficción, y que vivía

hacía 35 años en Sri Lanka, al sur de Asia. Clarke acababa de publicar "3001. Odisea Final",

última obra con la que cerró el cuarteto comenzado con "2001, Odisea en el Espacio",

publicada en 1960 y dirigida por Stanley Kubrick para el cine.

En "2001, Odisea en el Espacio", con menos aburrimiento y más colorido, predecía lo mismo

que Marshall McLuhan, la llegada del servicio global de información que, apenas dos años

antes de esa fecha premonitoria, ya nos empezó a desbordar. Clarke, sin embargo, no decía

que él ejercitara la predicción, sino que extrapoló al futuro las consecuencias extremas del

conocimiento existente.

Fijémonos, no obstante, en una obrita suya del año 1962, "Productos del Futuro", en la que

sugería, entre otros, el siguiente listado de prospectivas futuribles: alunizaje para 1970,

aterrizajes en planetas y radiotelefonía personal para 1980, inteligencia artificial para 1990,

librería global para el año 2000, control del tiempo meteorológico para el 2010, contacto con

extraterrestres y bioingeniería para el año 2030, control de la gravedad para el año 2050,

educación por medios mecánicos y vida artificial para el año 2060, velocidad cercana a la luz

en el año 2070, la inteligencia de las máquinas superior a la del hombre en el año 2080,

encuentros con entes extraterrestres e interacción directa de la realidad externa con el cerebro

para el año 2090. Y en el año 2100: la inmortalidad.

Como bien dice Clarke, y vistos los avances y los arrumbamientos de los límites autoimpuestos

por toda clase de Comunidades Científicas en los últimos veinte años, prever este escenario no

es tanto cuestión de adivinación como de extrapolación prospectiva de los conocimientos

actuales y su desarrollo natural.

Una de las tesis más temibles y discretas en las teorías psicobiológicas, comenzó a tomar

cuerpo en los años setenta con el libro "The Selfish Gene", de Richard Dawkins, replicada o

mejorada, entre otros, por Daniel C. Dennett y más recientemente por Aaron Lynch. La cuestión

no es baladí y podemos iniciar su explicación con una sentencia de Bart Kosko, en su "Fuzzy

Thinking", de 1993, mientras analiza un nuevo modo de pensar matemático que no sea

blanquinegro, el de la lógica de los conjuntos borrosos: "todas las ideas vienen de otras". Es el

"Nihil novum sub sole" del Eclesiastés. Detrás de esta sentencia se esconde el hecho de que

las ideas son tan substanciales como la materia y, al igual que para el mundo material, se

predica para ellas el principio de que nada se crea ni se destruye, sino que se transforma. De

ahí la imposibilidad de acabar de raíz con cualquier sistema de pensamiento sólo con la mera

voluntad de proponérselo, de hacer el "vacío" mental en una tarea semejante a la que

pretendía la fenomenología husserliana con la "epojé", o lo que pretende el sistema de

comprensión del mundo de Carlos Castaneda y su clan de practicantes del vacío mental.

El mundo de las ideas tiene una substancia que hay que tratar transformándola con ciertos

métodos que van descubriéndose poco a poco. De hecho, la academia, con una estructura

bocetada por el filósofo historicista Thomas Kuhn ya en los años 60, se sabe que funciona por

modas que se adhieren a una verdad operativa, verdad que denominan científica porque

coincide mayormente con los hechos frecuentes y eficaces de la época, pero que a medida que

son contrastados por otros hechos o por la evolución de los existentes, va siendo suplida por

nuevas verdades que la suceden. El ejemplo clásico es el de la substitución del paradigma

newtoniano por el paradigma einsteniano, y de ahí viene la tecla continua de "nuevos

paradigmas" con que a cada rato se intenta arrastrar al éxito una nueva tesis, como si de una

campaña de CocaCola se tratara.

La verdad no existe sino como substancia neutra, substancia eidética, que se transforma

continuamente.

La pesantez de la materia eidética es, sobre todo, contrastable en la Universidad, donde

diariamente salen refritos reflexivos basados en citas de lo que otro dijo, o de lo que dijo quien

fue elegido como lumbrera de su época. Este fenómeno es frecuente hasta el aborrecimiento

en las facultades de humanísticas, en las que ideas rancias arrastran durante años a

generaciones que no pueden luchar contra ellas: el kantismo, hegelianismo o germanismo en

filosofía, el materialismo histórico en historia, o la jurisprudencia como columna vertebral del

derecho, son casos que sufrimos todos los días, productos que, tras conocer la dinámica de las

ideas como substancia indestructible, inclinan más que a suponer un borreguismo enfermizo en

la enseñanza universitaria, a sospechar que las ideas son entes biológicos inmateriales que

tienen su propio desarrollo independiente de las voluntades de las cabezas en las que

perviven. La grandeza de los descubridores de nuevos conocimientos está, justamente, en dar

un giro forzoso al camino reproductivo que las ideas por sí mismas emprenden nada más

contagiar una comunidad de cerebros pensantes sobre los que descanse la tarea de desarrollar

o preservar ese conocimiento específico.

Las ideas, ha propuesto Richard Dawkins, son las unidades básicas de transmisión de la

cultura, unidades básicas a las que propone denominar "meme", cuyos comportamientos son

paralelos a los genes que soportan la pervivencia de la vida en el mundo de la materia.

Un "meme" es la substancia básica con la que se elaboran los sistemas de creencias. Los

sistemas de creencias pueden ser, en función de la perspectiva desde la que se les analice,

religiosos, culturales, científicos, políticos, rumorológicos incluso. El "meme", como substancia

básica que soporta los sistemas eidéticos por los que se guían los seres vivos, se encarga de

hacer pervivir conceptos tan abstractos como "dios", tan operativos como "liberalismo", tan

abstrusos como "ciencia matemática". No es de extrañar que navegando por el mundo de las

ideas humanas a veces nos dé la sensación de cuánto parecido hay en el énfasis a la hora de

defender una idea científica (el marxismo o la lógica matemática bivalente, por ejemplo), hasta

el punto en que parece que se esté defendiendo una idea religiosa. No es de extrañar, siempre

que entendamos que todos son "memes" más o menos elaborados, pero capaces de sobrevivir

y reproducirse.

La idea de Dawkins llega, apoyándose en una traslación casi paralela del comportamiento

biológico de la genética reproductora de los seres vivos, a la "memética" reproductora de las

ideas que guían a esos seres vivos. La idea de Richard Dawkins, ciertamente conspiranoica,

propone que hay seres con entidad propia, los "memes", cuyo objetivo es perdurar utilizando

los cuerpos de los seres en los que se manifiestan, como materia para inmortalizarse, como

"hardware" que nace, crece, se reproduce y muere dando paso a nuevos replicantes. Los seres

humanos, por ejemplo, son la materia dentro de la cual viven y se reproducen los "memes" que

han logrado desarrollar las diversas ideas que esclavizan al hombre y que se organizan, como

la materia viva, y se dividen en especies y subespecies, y buscan, a la postre, su propia

supervivencia.

Esta tesis de Dawkins, que sigue en franco desenvolvimiento, posibilitaría un desarrollo

paralelo al que Mendel inauguró cuando descubrió las leyes del comportamiento genético y

pudo iniciar un proceso de influencia y conocimiento sobre los nuevos seres, hasta llegar al día

de hoy en que ya se está clasificando el "genoma", o utilizando el rastro del ADN para

perseguir o localizar a quien quiera que sea, o construyendo nuevos seres por la manipulación

genética de materia viva previa. En el mundo de los "memes", pues, sería posible, y sería

probablemente una consecuencia de la voluntad de esos propios "memes", localizar, abortar o

reproducir ideas y sistemas de ideas de todo tipo, religiosos, culturales, científicos, "et sic de

coetera". Sería posible emprender una clasificación de unidades eidéticas básicas con las que

construir por encargo inimaginables sistemas de ideas que producirían mundos de todo tipo.

Como se habrá observado, comencé escudándome en un escritor de ciencia-ficción, Arthur C.

Clarke, para hacer posible la elucubración fantástica hasta el punto en el que hemos llegado, y

por cierto, la lista de prospectivas de Clarke no parece ya un objetivo imposible a estas alturas

del milenio. Algunos llevan ya ejercitando prácticamente las ventajas de controlar los "memes",

lo cual se puede entender en términos distintos como controlar la mente. Otro escritor de

ciencia ficción ya fallecido, Ronald Hubbard, fundador de la Cienciología, utilizó muy hábilmente

la capacidad de manipulación que hay en los "memes", también Carlos Castaneda y su grupo y

un sinfín de comunidades de control mental que se encargan de sacar jugo pragmático a la

substancia eidética hasta límites insospechados y a los cuales, alegre e inocentemente,

catalogamos en Occidente de "sectas".

Si la lista de Clarke va por buen camino, allá por el año 2090 lo habremos entendido, y se

conseguirá, diez años después, la inmortalidad. Claro que los humanos seguirán naciendo,

creciendo, viviendo y muriendo, pero ya se habrán convertido en obedientes células sin

voluntad propia, como lo son las células del ojo que se mueve a través de estas letras que está

usted leyendo y que pertenece a usted, y a cuyas células y cuyo ojo no les queda otro remedio

que obedecerlo a usted. En el futuro próximo, si las cosas siguen por el camino que van, usted

será una célula a la orden de su "meme".

El doce de diciembre de 1991 conocí a Carlos Castaneda, en Madrid, y sus enseñanzas

significaron para mí la culminación del grado de sospecha con el que, por mi cuenta, me había

confrontado a las formas occidentales de pensar y conocer el mundo.

No obstante, la experiencia con Carlos Castaneda fue asaz paradójica, pues, al parecer,

tropecé con él en el periodo más desintegrador, desmitificador y ridículo de su trayectoria.

Como resultado quedé, en el campo del pensamiento, huérfano de todo origen, laico,

entumecido por la incoherencia de las formas de enfrentar el mundo, ya fuera pensando o sin

pensar.

Sin embargo, en toda esta aventura existencial fue tomando cuerpo una premisa rara, repetida

últimamente por Carlos Castaneda y sus adláteres: "la mente es el volador", enigmática

afirmación que, para entenderla bien, exige una más detallada descripción de los hechos, de

los encuentros y desencuentros con Castaneda, a fin de colmar la curiosidad de quienes

gustamos de explicaciones que nos señalen un camino, o un instrumento descriptible, capaces

de intervenir en la realidad modificándola.

Pero el conocimiento no depende de que las comunidades científicas o sociales lo permitan o

no. Y desde luego, el conocimiento del que se habla en este libro, a fuer de ser explícito, es un

conocimiento como el de las artes marciales: sólo lo intenta refutar quien no lo ha visto, pero no

quien lo ha vivido, porque ocurre. Y lo que es más importante: implica muchas y novedosas

cosas para esta humanidad a punto de perderse en la inanidad y en la catástrofe, pero que,

como siempre, seguro que se salva por carambola.

1. Kalachakra y el Milam Bardo

Instigado por la persecución del misterio de la meditación sentada, acudí en la segunda mitad

de los ochenta en busca de la Iniciación de Kalachacra, del budismo tibetano, que en su forma

más compleja y secreta abarca la creación de cientos de figuras, y la recibí del Lama Jemgong

Kongtrul Rimpoché, uno de los cuatro regentes del Karmapa, y discípulo de Kalu Rimpoché. Al

regresar a la habitación en la que yo me quedaba a descansar, recitando el mantra transmitido,

y a la espera del siguiente día, segundo de los cinco en los que la iniciación tardaba en

recibirse, mientras intentaba hacer el vacío, o sea, parar el diálogo interno viendo las cosas

pasar (lo que en budismo tibetano se denomina "sunyata", o sea, ausencia de toda idea acerca

de cómo existen las cosas), vino sobre mí un chorro de luz brillantísima y amarillísima, que me

hizo pegar un brinco de miedo.

Me lancé hacia el interruptor de la luz para prenderla, tropecé en la cama, me caí al suelo, me

levanté como pude y por fin la encendí. Me miré, asustado, al espejo.

Abrí los ojos y acepté el hecho casi con normalidad. Y ése fue el error: el casi. Tan pronto como

me ocurrió la casi normalidad, ésta se nutrió de escepticismo.

Al punto, y calculo que en el lapso de un segundo, o sea, en el de muchos nanosegundos,

pensé en tres explicaciones razonablemente válidas para aquel fenómeno: una era la de una

alucinación provocada por el estado ya descrito de tranquilidad superior al normal; otra era la

de que tras aquel ribete luminoso había un juego óptico que producía una ilusión; finalmente,

llegué a pensar, incluso, que algún tipo de producto en mi ingesta estaba afectando a mi

percepción normal.

Este venerable Lama Jemgom Kongtrul, que cuando lo conocí tenía cerca de treinta años,

falleció en un accidente de tráfico en la primavera de 1992 en una de las carreteras de Bután,

en los montes himalayos.

No obstante, posteriormente, a cuenta de disidencias respecto a una divinidad iracunda

bastante feúcha, Dorje Shungden, con la que hacen prácticas los budistas dependientes del

Instituto Manjursi de Inglaterra, seguidores de Kelsang Gyatso, hubo encontronazos mortales

entre los oficialistas del Dalai Lama y estos tradicionalistas, lo que provocó, se dice, matanza

de guardianes del Dalai. Unos llaman superticioso al Dalai Lama, y otros dicen que Kelsang

Gyatso los quiere condenar al infierno budista, un infierno que en esencia es ilusorio.

Cuatro escuelas existentes en el budismo tibetano subsisten en el exilio, fuera del Tíbet, de

donde fueron expulsados en los años cincuenta por los chinos de la revolución de Mao. Estas

escuelas son todas producto de un mismo y secular origen, como si dijéramos los franciscanos

y los jesuitas, entre los cristianos. Tienen los Karmapas entre sus antecedentes a Tilopa,

Naropa, Marpa, Gampopa y Milarepa, por citar a los exponentes que han sido más parabólicos

para occidente de la vía budista tibetana denominada "vajrayana" o "camino del diamante".

El linaje Karma Kagyu fue el primero que inició en el Tíbet, hace siglos, la tradición de

búsqueda de las reencarnaciones de sus hombres de conocimiento más adelantados, una vez

éstos dejaban el cuerpo en circunstancias en las que, ciertamente, parecían dominar lo que el

budismo tibetano estima como "estado intermedio" de la muerte, o "bardo" de la muerte. Este

sistema se ha extendido al lamaísmo en general, ha durado hasta nuestros días, y en España

se hizo popular a raíz del descubrimiento de la reencarnación del Lama Yeshe en el niño

granadino al que se le puso por nombre Osel.

En el budismo tibetano, hoy día, hay más problemas políticos que problemas de percepción de

otras realidades. La cuestión es que el bagaje de sabiduría y de conceptos entendidos

directamente desde la experiencia de más de mil años, nos ha legado actitudes para encarar lo

desconocido bastante eficaces.

Después de quebrar los ritos de paso y las jerarquías que pude, internándome dentro de la

práctica concreta del budismo tibetano, y llegando incluso a estudiar sánscrito y tibetano en un

acto de confusión propio de los que pasan a formar parte de una secta por la absorción de

todas las formas externas de relación social (vestimentas, frases hechas, lenguaje, respeto de

horarios, ejercicios disciplinares, hábitos en la comida, etcétera), entendí lo siguiente:

1) La meditación sentada es un ejercicio de vacío en el que no se define el objeto o el estado,

sino que el maestro budista intenta siempre romper cualquier meta conseguida, con la intención

de proseguir más allá. La meditación sentada es un primer paso para parar el diálogo interno

habitual del humano, diálogo a través del cual se produce su socialización, siendo la

socialización el fardo del que hay que liberar al humano que busca la transcendencia a otra

realidad.

2) El tantrismo no es un ejercicio en el que se intenta vivir una experiencia de placer máximo,

sino una sutil experiencia en la que las corrientes de placer o de dolor que experimenta el ser

humano, y que son la causa de su deriva existencial, se consigue que pasen sin afectarlo,

como energía pura, confiriéndole una paz y una iluminación indescriptibles en tanto que quedan

fuera de la posibilidad de apalabrarlas humanamente.

3) El budismo tibetano guarda dos hallazgos tradicionales: el Milam Bardo y el Bardo de la

Muerte. El Milam Bardo, o Bardo del Sueño, es el acceso con la fuerza o la energía de la

conciencia al mundo del sueño. Ejercicios repetitivos, como el Mantram o las meditaciones en

la Yidam, van trasladando la conciencia a otra realidad. Y trasladan al practicante, de hecho, a

otro mundo: el mundo del sueño, el Milam Bardo.

4) En el mundo del sueño han estado otros practicantes, desde hace cientos de años, antes

que nosotros. En una tradición como la reinaugurada por Castaneda se le llama Segunda

Atención. Esos practicantes antiguos, anteriores, de origen históricamente incierto, han

ocupado lugar, han conquistado territorios, como lo ha hecho el hombre en el planeta en el que

vivimos. En cada uno de esos territorios permanecen seres de todo tipo. En el budismo tibetano

se han colocado las Yidam, formas divinales que se clasifican como Airadas o Pacíficas, según

infundan paz e iluminación o pavor y horror. Se trata de ir más allá de sus atributos y de sus

formas, que están preestablecidas por los practicantes que las realizaron en su día. Frente a

ellas hay que ejercitar la sabiduría de que todo es ilusorio. El practicante que lo consigue tiene

la posibilidad de superar el vértigo desintegrador de la muerte, momento en el que atravesará

los Bardos, es decir, los Estados Intermedios, y sufrirá un proceso de desintegración y

enfrentamiento a cielos e infiernos. Si ha ejercitado a lo largo de toda su vida, cruzará con

éxito, con inmutabilidad iluminada, el territorio del Bardo de la Muerte, y quedará libre de la

rueda eterna de las reencarnaciones.

5) El budismo tibetano, al crecer como sincretismo de dos culturas que unieron sus saberes, la

del budismo originario de la India y la de la religión bon-po del Tibet, produjo prácticas de

enfrentamiento a situaciones duras: las prácticas del Chod, en las que en plena realización de

la Yidam, una vez identificada con el practicante, se da un segundo paso que consiste en que

la Yidam despedaza al practicante y lo devora. Estas prácticas se llevaban a cabo en

cementerios o lugares de semejante cariz. En el contexto en el que surgieron no dejaban de ser

brutales agresiones encaminadas a producir un estado de separación de la realidad ordinaria

que, una vez superada, conferían al practicante el poder de la inmutabilidad para cruzar el

Bardo de la Muerte.

6) El mundo moderno, que no es ya ni occidental, ni no occidental, ha hecho desaparecer la

fuerza originaria del budismo tibetano, ha arrastrado sus hallazgos en lo desconocido a

Hollywood y a las mesas de independencia de la ONU. Las luchas entre facciones pro-Dalai o

pro-Manjursi, por no hablar de las diferencias entre el Panchen-Lama y el Dalai-Lama, marcan

el final de una tradición que, ahora sí, vive en la clandestinidad, fuera de la estructura colorida y

folklórica de un pueblo del que el Espíritu del Misterio ha desaparecido discretamente.

2. Los decretos de la Metafísica de Conny Méndez y las