Balot, El Cazador de Gemas por Rodiark - muestra HTML

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Balot, El cazador de Gemas,

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPITULO 1: Deseos de poder

 

            Emael es conocido por todo el reino de Azal como el dios todopoderoso, como todo buen guerrero, deseoso de batallas, este dios siempre dispuso su alma en cada una de los combates, con tal de otorgarle paz al mundo, aunque  todas las batallas satisfacian, de alguna manera, sus instintos de pelea.

Este dios era de contextura gruesa, de brazos y piernas firmes de barba frondoza y pelo grueso y rizado.

Para ser un guerrero, Emael no poseía armas, bueno, casi, en su brazo derecho tenía un brazalete, y en este se encontraban cinco socalos rellenos con gemas preciosas, cada una de ellas le entregaba al dios la protección y las armas necesarias para enfrentarse al enemigo:

Tres de ellas: la verde, la azul y la roja, le entregaban poderes elementales con el que el dios podía realizar extraordinarios movimientos y generar distintos tipos de armamentos con solo un movimiento. En los últimos socalos de su brazalete, se encontraban dos misteriosas gemas una gema amarilla y una purpura. Emael nunca quiso ocupar estas ultimas gemas, sabia que en ellas yacia un poder misterioso, pero hasta para un dios, el misterio puede ser algo con el que no hay que enfrentarse, sobretodo cuando se esta a cargo de mantener a salvo el mundo.

Cualquiera imaginaria que en un reino donde se encuentra un  dios con un arma elemental, y un reino que no estaba constantemente en batallas, no habrían enemigos directos al sagrado reino, pues Ozyel, era el quizás, el único enemigo, tan poderosamente, directo que tuvo el dios emael. Ozyel era un poderoso mago de ligera barba, de pelo largo y liso, y una mirada maligna y penetrante.

Un largo abrigo oscuro cubria el joven cuerpo del mago.

La sobervia de Ozyel, siempre lo hizo ponerse en la posición de que su poderío era tan grande, que debía ser reconocida como tal, y que por lo tanto debía en el su titulo de señor, o Dios al igual que Emael.

El poderoso dios, podría recordar las batallas que habría tenido con el poderoso mago,  todas y cada una de ellas significaron una victoria siempre para el dios, habrían pasado los años desde que Ozyel siempre quizo derrotar al dios y en cada una de ellas se manifestaba su esfuerzo por volverse mas fuerte y poderoso, pero Ozyel no contaba que en su afán había una barrera tan grande que ni con su poderío podría safarse de tan poderoso limite, el tiempo.

Cada vez Ozyel se veía mas obsesionado por querer obtener la victoria y hacer notar su poderío contra el mundo, frente a esto, cualquiera se preguntaría ¿que llevaba a que Emael no acabara completamente con su enemigo?, quizás, esto se debía a que incluso con lo Negro y oscuro que pudiera ser, el respetaba la vida de Ozyel, no, no era eso, quizás es porque mas alla de las muchas batallas que tuvo con el, Ozyel estaba a la altura de poder darle una buena pelea.

 

 

 Ozyel invoco a Emael al bosque y lo reto a una batalla. El dios noto que el tiempo habría marchitado el cuerpo del hechicero, notaba frio y lento sus movimientos, hasta su voz notaba temblorosamente, que el tiempo había influido en el.

 

-Quizas cuanto tiempo paso desde la ultima vez que te vi Ozyel- manifestó el.

 

El hechicero abrio lentamente la boca, cada palabra que salía de el parecía una tortura a su cuerpo.

 

-porfavor, mi querido dios, no se deje engañar por solo una apariencia, esta claro que entre los dos, solo uno ha sido afectado, pero, créame, no soy el viejo decrepito que usted imagina- respondio el.

 

Frente a frente, el ambiente de tensión que se genero en el momento dieron incapie a la batalla que ocurriría.

En ese momento, mas  palabras, no se cruzaron entre los dos combatientes, el tiempo no dio lugar a las expresiones, cuando de su túnica Ozyel descubre sus ya marchitos brazos, y en un movimiento levanta su brazo, como queriendo lanzar algún objeto, y en ese momento de sus dedos una ráfaga de viento salio disparada ferozmente contra el dios, el dios no vio venir ese movimiento rápido y solo alcanzo a cubrir su torso con sus brazos, el impacto lo hizo retroceder, mas no tambalearse, pero le dio tiempo suficiente al mago para que con sus manos pudiese generar los movimienos suficientes para que de una palmada al viento, saliera una feroz bestia de fuego, que iba dispuesto a embestir al dios. Emael corre hacia el agil ser y en un segundo, la bestia dio un salto para embestir al poderoso dios, y rápidamente, de las manos del dios, una espada del mas puro y cristalino hielo, alcanzo a esquivar a la bestia, y en lo que seria un agil movimiento la espada entro en contacto con el torso de la bestia, fueron un par de segundos en el que toda la furia de fuego que daba vida a la bestia, se evaporaba y desaparecia en el ambiente, el dios, habría safado correctamente el primer asalto, mas, sabia que la batalla se le haría mas difícil.

Ozyel realizo nuevamente los mismos movimientos, pero esta vez, no era una, si no cinco bestias las que salieron, formándose una a una frente al hechicero, esperando el momento para atacar, quizás, esperando el momento mas oportuno.

Un fuerte gruñido emitieron las bestias, y velozmente salieron dispersadas sobre su territorio buscando entre ellas cualquier angulo de ataque contra el dios, por su puesto, que Emael se estaba preparando para la emboscada y junto con su espada y su escudo, espero la llegada de la primera bestia, quien, al igual que la primera, realizo un salto para emboscarlo, y nuevamente el dios lo esquivo y con su espada evaporo a la primera bestia, justo en ese momento justo entre el vapor del agua, diviso que la siguiente bestia lo atacaría de su costado, miro a su otro costado y otra bestia venia directo a embestirlo, todo ocurrio tan rápido, que en el momento en que las bestias chocarían, el dios roto en su misma posición con la espada generando un amplio corte que alcanzo a herir a las dos bestias, las que se evaporaron en el instante.

Emael se estaba recuperando, quedo mirando incado aun a Ozyel y esbozo una pequeña sonrisa, tal vez, para enviar un mensaje que su ataque no estaba funcionando, pero a su vez, Ozyel no manifestaba ninguna preocupación de su ataque.

De pronto escucho los pasos que emitia el correr de la bestia por la tierra, y en ese entonces, se dio cuenta que la siguiente atacaría por su espalda, solo alcanzo a estirar su espada cuando la bestia por unos cuantos centímetros no alcanzo a tocarlo, pero grande fue su sorpresa cuando, entre el vapor de la bestia caída, la ultima bestia que quedaba ya estaba en su salto hacia el, no había un segundo que pudiera darle un momento de reaccionar al dios, cuando de pronto la bestia embiste su cuerpo, y el fuego del que estaba formado comienza a desbordarse por su torso.

Emael cayó al suelo, pero solo un ataque seria difícil para detener al dios, y comenzó a levantarse, impresionado de que un mortal pudiera darle un golpe como ese.

El agua del que estaba formada su espada, volvió a su estado liquido, y comenzó a avanzar sobre su cuerpo hasta llegar a su torso, donde claramente,su cuerpo había sido afectado por el ataque de la ultima bestia.

 

-debo decir, que me tienes impresionado Ozyel, de los años que hemos peleado, esta es la primera vez que logras darme un golpe- señalo el dios

 

Ozyel solo esbozo una pequeña sonrisa frente a las palabras de Emael, y continuo su batalla, esta vez con una técnica bastante distinta.

De su bolsillo, una semilla de forma extraña salía entre sus dedos, y fue déjalo frente a el en el suelo. Abrio sus manos, y lentamente fue llevándolas hacia el centro, justo arriba de donde se encontraba la semilla. Dio un paso hacia atrás, y de forma extraordinaria, rápidamente de la semilla comenzó a salir un tallo, y de el pequeñas ramificaciones iban brotando y creciendo a gran velocidad, iban enredándose entre ellas, y creciendo a una velocidad sorprendente. Las ramificaciones iban cambiando de forma y se iban tornando mas gruesas que otras, formando la figura de un hombre, que a simpre vista, tenia la misma apariencia del dios, pero este, estaba hecho completamente de hierba.

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El clon del dios también estaba a las órdenes de Ozyel, y como era de esperar, rápidamente fue a atacar al dios. Emael estaba esperando el ataque, pero de sierto modo, ambos tenían los mismos movimientos, pero Emael fue más astuto y logro darle un fuerte corte en una pierna, removiéndola del resto del cuerpo. El clon no emitio ningún tipo de quejido frente a lo que había sucedido, y mientras el dios esperaba algún tipo de reacción de su clon, las ramificaciones fueron creciendo, otorgándole una pierna nueva, El dios se encontraba en problemas.

 

Esta vez Emael decidio utilizar otra de sus armas, y la espada de cristal fue disuelta en su brazo y de ella una pequeña llama de fuego, salio y vivazmente salio de su puño la espada de fuego y en su brazo izquierdo, aun mantenía el escudo de hielo.

Avanzo sobre su clon, y lanzo un fuerte corte sobre el, naturalmente, su clon realizo sus mismos movimientos por lo que no fue nada de fácil, pero de todos modos, pudo tocar con su espada el brazo izquierdo de su clon, quien su brazo comenzó a arder en llamas. El ramificado clon seguía sin emitir ninguna demostración de dolor, y frente a lo que le estaba sucediendo, su única salida fue agarrar la espada que tenia y cortarse el brazo que comenzaba a arder furiosamente.

Las ramificaciones crecieron y volvieron a entregarle nuevamente un nuevo brazo izquierdo a su clon.

Emael no encontraba de que forma podría deshacerse de la bestia, pero sabia que al ser un ser vivo, debía tener algo que lo mantenga con vida.

La idea nacio en la mente de el dios, y dejo su espada de fuego, la cual desaparecio y en su lugar volvió a posicionar el agua, pero esta vez, una gran bola de agua salía de los puños del dios. Las ramas que formaban su espada, comenzaron a desenredarse y a perderse en su brazo dejando solo sus puños en ellos.

El dios corrió hacia su clon y comenzaron a dar una pelea de puños, ambos comenzaron a propinar duros golpes, que solo se escuchaban los estallidos que causaban sus puños cuando chocaban con su oponente. Fue entonces cuando ambos puños chocaron de igual manera quedando los dos al contacto del agua que llevaba Emael sobre sus puños.Una vez que ambos puños se tocaron, el agua que los unía se solidificó y se convirtió en hielo. Emael Sacó su puño, dejando a su clon con la gran bola de hielo, las cuales le dificultaba para poder levantarlas del suelo al que ahora estaban sometidas.

Sacó la espada de fuego, y la atravesó sobre el torso de su clon, en ese momento, comenzó a arder el fuego, el que se esparció sobre su cuerpo convirtiendo todo a cenizas y vapor.

Es la primera vez que al dios se le notaba el cansancio de una batalla, quizás nadie se hubiera imaginado la batalla que brindaban aquellos dos, pero Ozyel, estaba decidido a ganar y por su parte Emael, no dejaría que el hechicero se salga con la suya.

Rápidamente el dios volvió a erguirse en su posición y su mirada se posicionó fija a los ojos de Ozyel.

La paciencia del dios iba de a poco agotándose, después de todo, era el único que hasta el momento, demostraba algún signo de cansancio, era la hora de acabar con esto y de vencer a Ozyel.

El hechicero movió su mano ligeramente hacia arriba, miro atentamente hacia Emael, y de un movimiento rápido desciende su mano dejándola, en su misma posición inicial. En el lugar, una gran nube negra descendió rápidamente de los cielos y cayo sobre el suelo, disipándose, impidiendo la visión del dios, por los que fueron los lentos segundos que pasaron antes que la nube negra pudiera disiparse y volver a poder entregar la claridad del lugar.

Emael cubrió sus ojos con el brazo, siempre atento a que este no sea uno de los trucos de Ozyel, realmente, esperaba a que mientras se impedía la visión, algún tipo de bestia o criatura lo atacara, pero no paso nada similar, distinto a eso, una vez que desapareció entre el suelo, cuatro figuras, aparentemente humanas se encontraban rodeándolo, tenia dos a su costado y dos atrás de él. Inclino la cabeza levemente para poder obtener alguna mejor visión de quienes podrían ser sus potenciales enemigos, pero solo logro divisar que vestían con una larga túnica negra, que cubría de igual manera su rostro, y un medallón, que a simple vista parecía familiar.

El dios transformo en su brazo un latigo de agua, el cual lo hizo girar, y de un solo movimiento, golpeo fuertemente a las cuatro figuras. El golpe logro acertar, sin embargo, las figuras no se movieron, es mas las posiciones de sus manos seguían en el mismo lugar, ni siquiera mostraron algún signo de dolor, o de haber querido defenderse.

Queriendo acabar con todo, Emael se fue en contra Ozyel, no quería averiguar que hacían aquellas figuras, pero sabia que derrotando a Ozyel de una buena vez, probablemente las figuras desaparecerían.

Logro llegar a unos pares de metros de Ozyel, lo suficiente como para que el latigo pudiese llegar a poder atacarlo. Estiro su brazo y con el, su arma alcanzo la suficiente velocidad para poder llegar a la figura de Ozyel, enrollándose en su cuello.

Mientras se asfixiaba, Ozyel miraba de una manera siniestra al dios, y antes que el dios se dispusiera a realizar movimiento alguno, una luz salio de su mano apuntando directamente al torso del dios. Emael sintio una electricidad que pasaba por su cuerpo, sentía que sus movimientos estaban perdiendo velocidad, pero sin embargo no tenia oportunidad de que con ese ataque  pudiese poder controlar su cuerpo.

La mirada del dios yacia furiosa y atenta, con dirección fija hacia los ojos del hechicero, cuando de pronto, otro golpe eléctrico sintió en su cuerpo, este era mas fuerte que el anterior, y sentía que su extremidades perdían casi por completo la movilidad.

Con leve movimiento logro girar su cabeza, lo suficiente para darse cuenta que aquellas figuras que habrían permanecido inmóviles, esta vez mantenían sus brazos hacia adelante, apuntando de cierta manera su cuerpo, y que de ellos, salía la misma luz que habría arrojado Ozyel, el dios estaba en problemas graves.

 

Lentamente la luz se fue apoderando del dios, e involuntariamente el dios se mantuvo sometido por aquellas figuras. Emael comenzó a flectar sus piernas, y se arrodillo sobre la tierra, frente a Ozyel, como el hechicero lo habría esperado, con tal vez, la victoria que siempre quiso obtener.

 

-vaya, vaya, pero que gentil de su parte, su majestad, arrodillarse ante mi, no se ve tan fuerte después de todo- exclamo el hechicero.

 

-Sueltame Ozyel, tu atrevimiento solo ocasiona que el castigo sea más severo para ti y para tu grupo de incompetentes, ya provaste que solo siendo un cobarde puedes enfrentarte a mi, dime ¿Qué es lo que quieres?-

 

-¡sabes lo que quiero!, Sabes que tengo el poder suficiente para ser un dios al igual que tu, y me lo niegas. Gritaba Ozyel mientras se incaba mirando fijamente a los ojos del dios.

 

-Ser un dios, no se trata solo de tener la fuerza, existen otros ámbitos además de ser fuerte y poderoso- exclamaba el dios, de manera tal de convencer a Ozyel.

 

-¡Eso es algo que entonces, veremos!, mientras tanto me quedare con tu brazalete y tus preciosas gemas, veremos que tan poderoso eres sin ellas.

 

Ozyel levanto su mano muy suavemente y extendió sus dedos hacia el cielo y haciendo un gesto un brillo apareció en el brazo del dios removiéndole de el su precioso brazalete y saliendo con el, las cinco gemas que acompañaban tan poderoso accesorio.

Una vez en la mano del hechicero, Ozyel saco muy delicadamente la amatista de socalo, quizás porque de alguna manera le llamo la atención.

 

-me pregunto, que hara esta maravilla de gema en las manos de el nuevo dios, que sere- dijo el hechicero mientras guardaba la gema en su bolsillo y dispuesto a sacar las demás gemas del brazalete.

 

En un rápido movimiento, Emael lanzo un grito ensordecedor, sabia que si sus gemas caian en malas manos podía ser el fin del mundo como lo conocían y peor aun, Ozyel manifestaría su grandeza y no habría quien pudiera interponerse a su camino, con el grito, pudo soltar uno de sus brazos y de un rápido movimiento, extendió su brazo abriendo cada uno de sus dedos, sabia que no serviría de nada el atraer nuevamente las gemas a su poder, no habría forma alguna que su fuerza lo ayudara a salir del control de los hechiceros, de manera tal que entonces lanzo un rayo con el que el brazalete solto una luz, el brillo inesperado del brazalete hizo que por un instante Ozyel lo soltara, instante preciso para que las gemas se separaran del accesorio y todas ellas quedaran elevadas, y de un destello se dispersaran en todo el mundo, en ese instante, el dios saco de su cuello un collar con un hermoso y brillante zafiro, del que se separo de un tiron y acercándolo a sus labios el dios le susurro.

 

-ya sabes tu mision, Busca al salvador, dile lo que sabes, y el sabra que hacer-

 

En ese instante, el zafiro se elevo y como un rayo salio disparada perdiéndose sobre el horizonte quizás, sin destino alguno, o eso hacia notar a primera instancia.

Tan rápido paso el momento que Ozyel apenas pudo reconocer que el brazalete ya no estaba en sus manos y que la luz de la dispersión de las gemas era tan intensa que aun se hacia notar, por lo que pudo concluir el destino de las gemas.

 

-¡Como te atreves a insultar mi fuerza!, crees que no sere capaz de reunir las demás gemas? demuestras que siendo un dios solo necesitas un brazo para poder hacer una buena jugada, por lo tanto creo que eres demasiado peligroso, si te dejo por ahí sin resguardo alguna- pensativo, dijo el hechicero.

 

De un movimiento, trono los dedos, y los hechiceros intensificaron su poder, en ese instante Ozyel se acerca al dios y colocando sus pulgares en la cien y recitando palabras en una lengua ya muerta, haciendo un movimiento sube sus pulgares por la frente hasta el punto de juntar la punta de sus dedos, en ese momento, una luz petrifico la dios muy lentamente, avanzando desde su frente, cubriendo todo su cuerpo, ese fue el momento en que el mundo quedo desprotegido.

 

Ozyel saca la hermosa gema que habría quedado en su bolsillo y buscando sobre su cuello, un collar dorado colgaba en el un talismán con un socalo, y en el, ubico la piedra.

Cerró los ojos y sentía como el poder de la roca se apoderaba de el, de un momento a otro unas líneas oscuras se apoderaban su rostro, esparciéndose por sus mejillas y tiñiendo de violeta el color de sus ojos. Su cuerpo marchito comenzó a rejuvenecer, y con el su cuerpo comenzó a cambiar, adoptando la figura que mantenía hace mucho tiempo atrás, mas ahora, no solo tenia su antiguo cuerpo, la misteriosa fuerza de la piedra se hacia manifestar en si mismo y sentía como la fuerza iba fluyendo poco a poco sobre el, y se sintió mas poderoso que nunca, sabia que habría quienes querrian controlarlo, sabia que poseía un gran poder y que solo quería experimentar con el, estiro levemente su dedo índice apuntando a sus camaradas que habrían sido clave para la captura del dios, y en un abrir y cerrar de ojos, la docena de hechiceros que los había ayudado, ya no eran nada mas que esculturas de piedra, al igual que el dios.

Sabiendo lo poderoso que seria, tomo la gema con su mano, y recitando unas palabras la gema comenzó a brillar. Una nube negra salio de la gema, y comenzó a dispersarce por todo el territorio.

 

-nada me impedirá ser el mas fuerte- murmullaba para si solo Ozyel, satisfecho del poder que hasta ahora tenia.

 

Se retiro del lugar victorioso llevándose consigo la petrificada estatua del dios, era peligroso dejarlo en un lugar donde no estuviera vigilado, mas aun conociendo las habilidades de Emael.