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Calila y Dimna

Fábulas: antigua versión castellana

Anónimo

Prólogo

La manifestación oral de la eterna tradición popular ha cristalizado, de tiempo en tiempo, en esas colecciones más o menos eruditas, que se traducen a todas las lenguas y que manejan todos los pueblos. Así nacieron las famosas recopilaciones de cuentos, que los budistas ensartaban al predicar la nueva moral religiosa para hacer más plástica y educativa su misión. Así se llegó al «Panchatantra», al

«Mahabarata», a otros compendios del tesoro folklórico de la India; y CALILA Y DIMNA no es sino el más extenso de todos estos libros recopilatorios, ya que los aprovecha total o parcialmente.

La complicada genealogía del CALILA ha venido precisándose con lentitud y paciencia a través de un siglo entero de críticas investigaciones, inauguradas en 1816 por Sacy, editor del texto árabe.

Baste saber, como resumen de tantos desvelos, que a quien parece debérsele la reunión de las distintas fuentes sánscritas antes aludidas, es a Berzebuey, filósofo y médico del siglo VI de nuestra era, que las tradujo al pehlvi, dialecto persa reconocido como lengua oficial del imperio.

El libro se difundió extraordinariamente merced a las muchas traducciones que de él se hicieron en lenguas orientales y europeas.

Para nosotros tiene una especial importancia la versión árabe que Abdalla ben Almocafa realizó a mediados del siglo VIII, pues de ella deriva la antigua versión castellana que publicamos.

En la nota final de nuestro texto se afirma también esta procedencia, aunque añadiendo que se hizo por intermedio del latín. Podríamos darle crédito, aunque sea difícil admitir esta supuesta versión intermedia, si aquella nota no fuese en todas sus partes inexacta, lo que nos lleva a declararla apócrifa, pues también atribuye la traducción a Alfonso X. No es este el único caso de atribuciones semejantes. La enorme fama alcanzada por el sabio monarca, impulsor de la poesía, de la legislación, de la historia, de las ciencias, moldeador del idioma, al que dio una flexibilidad capaz de expresar con épicos acentos los instantes más inspirados de nuestras gestas, capaz de traducir a Ovidio con elegancia y emoción, capaz de dar nuevo calor a las páginas bíblicas, esa fama bien merecida atrajo hacia él la atribución de obras anónimas, ya por el solo antojo del copista firmante del códice, ya por el más inteligente deseo de dar autoridad a las obras salidas de manos ignoradas. Pero Alfonso X no aprovecha esa traducción en su «General Estoria» o historia universal, redactada hacia 1270, donde da a conocer otro texto distinto del capítulo I del CALILA , y de existir aquella sin ningún género de duda la hubiera aprovechado, sin tener que recurrir a otra nueva. Quizá por esta misma razón halla que rectificar también la fecha de 1251 que da la nota final que discutimos, y adelantarla en unos treinta años más.

Claro es que en la complicada transmisión de la obra fue ésta modificándose con adiciones, amplificaciones y retoques. Aparte de la transformación de detalles, alterando y suprimiendo todo aquello que podía chocar a hombres de otras latitudes para ir acomodando el libro a las distintas civilizaciones, los traductores, aunque no todos ni con mucha frecuencia, superpusieron algo propio. Y así el libro, que comenzó por estar constituído por doce capítulos, llega en la versión castellana a tener diez y ocho.

El título proviene de los nombres dados a los protagonistas -dos lobos cervales- de una larga historia de infidelidad y ambición, comprendida en nuestros capítulos III y IV. Las demás narraciones no se relacionan con esta primera, y sólo sustentan la unidad de ser, como ella, rimeros de fábulas y consejos. Este título, al parecer, tiene tan larga vida como el libro mismo.

La ficticia unidad hállase asegurada por las palabras que Berzebuey y los sucesivos interpoladores han puesto en boca de un rey que inquiere y da a su interlocutor, el filósofo, como pie forzado, el tema del apólogo siguiente, que éste desarrolla desprendiendo los consejos propios para el rey. Del nombre siriaco de este filósofo, Bidwag, nació el de Bidbai, Pilpai o Bidpai, al que se le supuso escritor indio.

Ya dentro de aquella fábula principal, los personajes mismos relatan nuevos cuentos; poco a poco se pierde el hilo de la primitiva historia, hasta que un personaje lo recoge para volver a dar vida a otras nuevas moralizaciones. Esta concatenación produce alguna fatiga, y no es ni lo más claro ni lo más apropiado a nuestro sistematizado modelo de una narración única; pero el procedimiento ha sido eterno, y aunque nunca llegó a los extremos de los fabulistas indios, ha producido, sin remontarnos mucho en nuestro recuerdo, la interpolación dentro del

«Quijote», de novelas tan deliciosas como la del cautivo capitán o la del

«Curioso impertinente».

Los protagonistas de todos estos cuentos son animales, pues las personas -rey, filósofo, brachmanes- tienen un carácter secundario, y si alguna fábula está sólo representada por personajes humanos, es -con las excepciones consiguientes- porque procede de las interpolaciones sucesivas, y más generalmente del traductor árabe, como se puede comprobar con todos los cuentos comprendidos en nuestro capítulo IV, que fue añadido para éste. Las fábulas indias no hacen, pues, sino dar la pauta, que ha de ser seguida con religiosa aquiescencia por todos los fabulistas, hasta llegar a un La Fontaine o un Iriarte.

He aquí, pues, en vuestras manos un libro de fama antiquísima y universal, un libro cuyo esencial valor reside en presentarnos recubierta de la pátina literaria la tradición inagotable del pueblo.

Cada uno de estos apólogos ha recorrido el mundo por extraños caminos y ha surgido aquí y allá como flor imperecedera. Muchos no tendrán novedad alguna para un lector moderno; en mil libros, en boca de los maravillosos narradores rústicos que aún quedan, surgen con la viva espontaneidad de la fuente siempre rumorosa. Y así reconoceréis, aunque sea otro el protagonista, la fábula de «La lechera» en el cuento de «El religioso que vertió la miel y la manteca sobre su cabeza». Lo exótico de estos apólogos y su mismo recargamiento de máximas y moralizaciones no empaña en nada lo popular de ellos; se cuentan casi todos con gracia y ligereza, y no hay que enojarse porque la uniforme repetición de la fórmula para intercalar los cuentos dé cierta pesadez a la lectura. A un lector moderno y presuroso no se le podrá pedir que lea este libro de seguido; por ello he procurado singularizar cada cuento, escondido en los largos relatos, a fin de facilitar su lectura aislada.

Bien definida está la moralidad relativa del libro por Gastón Paris, el admirado erudito francés que estudió en la «Histoire Littéraire de la France» (París, 1906, tomo XXXIII) con su certero criterio las versiones del CALILA , a propósito de una de Raimond de Béziers -del siglo XIV- hecha sobre la castellana. «Sus enseñanzas -dice- son poco elevadas y bastante vanas; se refieren, casi en su totalidad, a estos preceptos: hay que ser prudentes, ceder a la fuerza, saber aprovechar las ocasiones, y ante todo y sobre todo, hay que desconfiar de todo y de todos. Reconozcamos, sin embargo, que la honestidad se recomienda frecuentemente y señalemos un rasgo simpático que reaparece a través de toda la colección, y que es tan propio del carácter indio: la preciada amistad.»

Y otro crítico francés, Derenbourg, el editor de una versión latina del CALILA , escribe que «las ideas religiosas profesadas en nuestro libro han permanecido -a través de las distintas nacionalidades y de religiones diferentes porque ha pasado- sin ningún cambio notable.

Dios es uno y todo poderoso, recompensa el bien y castiga el mal; la retribución está reservada ciertamente a un mundo futuro; el hombre no sabrá evitar las decisiones del destino, y debe, sin embargo, conducirse como si fuera libre. La contradicción entre la presciencia de Dios y el libre albedrío está planteada en el CALILA y tan imperfectamente resuelta como en toda la teología medieval. Al lado de esta uniformidad, poco importa que se hable por acaso de un religioso o de un confesor, que se cite un versículo del Nuevo Testamento o que se añada un cuento cuyo asunto sea el descanso dominical».

La Edad Media vio en este libro una colección de consejos saludables para su rey y para su pueblo, y no vaciló en traducirlo y asimilarlo a la literatura más afortunada del tiempo, la de consejos y castigos. «El Conde Lucanor», del infante Don Juan Manuel; los

«Castigos y Documentos», atribuídos a Sancho IV; el «Libro de los gatos», o de los cuentos; el «Libro de ejemplos por a. b. c.» y otros muchos, entre ellos el «De los engaños e los asayamientos de las mugeres» y también el del Arcipreste de Hita, son muestras variadas y eminentes de la predilección medieval por esta literatura moralizadora, y aún encontraríamos en estos libros y en mayor o menor cantidad el recuerdo directo o vago de los cuentos del CALILA Y DIMNA .

Esta edición se ha hecho sobre las dos anteriores del erudito americano Allen (Macon, 1906) y del académico Alemany (Madrid, 1915). El primero copió exactamente los dos manuscritos conservados en El Escorial (ms. A = h. III. 9 y ms. B = x. III. 4); el segundo avaloró su nueva edición con el cotejo del texto árabe y decidió las divergencias de los dos manuscritos casi siempre a favor del más extenso, B. Hay otra edición anterior, de Gayangos (Madrid, 1860), que ha sido anulada por estas dos. Procuro en esta mía dar un texto único, combinando las lecturas de ambos manuscritos, pero decidiéndome a no alterar el texto de A que me sirve de base, sino cuando el sentido quede incompleto o esté manifiestamente estropeado por el copista. No me aventuro por mi cuenta a hacer sino las correcciones más evidentes, pues todas las restantes están fundadas en las ediciones anteriores. Los eruditos harán bien en seguir consultando las citadas ediciones, y en ésta encontrarán un texto modernizado en la ortografía, y en el que se destacan unos de otros los diversos cuentos de la colección, a fin de dar facilidad al público a que se dirige esta Biblioteca y para el que también damos un sencillo vocabulario.

Antonio G. Solalinde

FABULAS

CALILA E DIMNA

ESTE LIBRO ES LLAMADO DE CALILA E DIMNA, EL CUAL

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DEPARTE POR EJEMPLOS DE HOMNES, E AVES, E

ANIMALIAS

Introducción de Abdalla Ben Almocafa

Los filósofos entendidos de cualquier ley e de cualquier lengua siempre punaron e se trabajaron de buscar el saber, e de representar e ordenar la filosofía; et eran tenudos de facer esto. Et acordaron e disputaron sobre ello unos con otros, e amábanlo más que todas las otras cosas de que los homes trabajan, et placíales más de aquello que de ninguna juglería nin de otro placer; ca teníen que non era ninguna cosa de las que ellos se trabajaban, de mejor premia nin de mejor galardón que aquello de que las sus ánimas trabajaban e enseñaban. Et posieron ejemplos e semejanzas en la arte que alcanzaron e llegaron por alongamiento de nuestras vidas e por largos pensamientos e por largo estudio; e demandaron cosas para sacar de aquí lo que quisieron con palabras apuestas e con razones sanas e firmes; et posieron e compararon los más destos ejemplos a las bestias salvajes e a las aves.

E ayuntáronseles para esto tres cosas buenas: la primera, que los fallaran usados en razonar, e trobáronlos, según lo que se usaban, para decir encobiertamente lo que querían, et por afirmar buenas razones; e la segunda es, que lo fallaron por buena manera con los entendidos por que les crezca el sabor en aquello que les mostraron de la filosofía cuando en ella pensaban e conocían su entender; la tercera es, que los fallaron por juglaría a los discípulos e a los niños. Et por esto lo amaron e lo tovieron por extraña cosa, et quisieron estudiar en ello e saberlo; que cuando el mozo hobiere edad: e su entendimiento complido, e pensare en lo que dello hobiere decorado en los días que en ello estudió, e asmare lo que ende ha notado en su corazón, sabrá ende que habrá alcanzado cosa que es más provechosa que los tesoros del haber et sería atal como el home que llega a edad e falla que su padre le ha dejado gran tesoro de oro e de plata e de piedras preciosas, por donde le excusaría de demandar ayuda en vida.

Pues el que este libro leyere sepa la manera en que fue compuesto, et cual fue la entención de los filósofos e de los entendidos en sus ejemplos de las cosas que son ahí dichas. Ca aquel que esto non sopiere non sabrá que será su fin en este libro. Et sepas que la primera cosa que conviene al que este libro leyere, es que se quiera guiar por sus antecesores que son los filósofos e los sabios, e que lo lea, e que lo entienda bien, et que non sea su intento de leerlo fasta el cabo sin saber lo que ende leyere. Ca aquel que la su intención será de leerlo fasta en cabo, e non lo entendiere nin obrare por él, non fará pro el leer, nin habrá dél cosa de que se pueda ayudar.

Et aquel que se trabajare de demandar el saber perfetamente, leyendo, los libros estudiosamente si non se trabajase en facer derecho, e seguir la verdat, non habrá dél fruto que cogiere si non el trabajo e el lacerio.

El hombre

E será atal como el home que dijeron los sabios que que encontró pasara por un campo, e le apareció un tesoro, et después un tesoro y es que lo hubo, vino un tal tesoro cual home non viera, et dijo engañado por en su corazón: «Si yo me tomare a levar esto que he los

cargadores

fallado, e lo levare poco a poco, facerseme ha perder el gran sabor que he dello. Mas llegaré peones que me lo lieven a mi posada, et desí iré en pos dellos.» E fízolo así, e levó cada uno dellos lo que pudo levar a su posada, e feciéronlo desta guisa fasta que hobieron levado todo el tesoro. Et desí esto fecho, fuese el home para su posada e non falló nada, mas falló que cada uno de aquéllos había apartado para sí lo que levara, et así non hubo dende salvo el lacerio de sacarlo. Et esto por cuanto se acuitó, e non sopo facer bien su facienda por non ser enviso.

Et por ende, si el entendido alguna cosa leyere deste libro, es menester que lo afirme bien e que entienda lo que leyere, o que sepa que ha otro seso encobierto. Ca si non lo sopiere, non le terná pro lo que leyere, así como si home levase nueces sanas con sus cascas, e non se puede dellas aprovechar fasta que las parta e saque dellas lo que en ellas yace.

El ignorante E non sea atal como el home porque decía que quería que quiere

leer gramática, que se fue para un su amigo que era sabio, pasar sabio

et escribióle una carta en que eran las partes de fablar, e el escolar fuese con ella a su posada, e leyóla mucho; pero non conoció nin entendió el entendimiento que era en aquella carta, e la decoró, e súpola bien leer. Et acertóse con unos sabios cuidando que sabía tanto como ellos, et dijo una palabra en que yerró. E dijo uno de aquellos sabios: «Tú yerraste en lo que decías, ca debías decir así».

Et dijo él: «¿Cómo yerré? Ca yo he decorado lo que era en una carta.» Et ellos burlaron dél por que non la sabía entender, et los sabios toviéronlo por muy gran necio.

Et por esto cualquier home que este libro leyere e lo entendiere, llegará a la fin de su entención, e se puede dél aprovechar bien, e lo tenga por ejemplo, et que lo guarde bien. Ca dicen que el home entendido non tiene en mucho lo que sabe nin lo que aprendió dello, maguer que mucho sea. Ca el saber esclarece mucho el entendimiento, así bien como el olio que alumbra la tiniebla, ca es la escuridat de la noche. Ca el enseñamiento mejora su estado de aquel que quiere aprender. Et aquel que sopiere la cosa e non usare de su saber, non le aprovechará.

El que se

Et es atal como el home que dicen que entró el ladrón duerme

en su casa de noche e sopo el lugar donde estaba el ladrón, mientras le

et dijo: «Quiero callar fasta ver lo que fará, e de que roban

hobiere acabado de tomar lo que quisiere, levantarme he para gelo quitar.» Et el ladrón andudo por casa, e tomó lo que falló, et entre tanto el dueño dormióse; e el ladrón fuese con todo cuanto falló en su casa, et después despertó et falló que había el ladrón levado cuanto tenía. Et entonce comenzó el home bueno a culparse e maltraerse, e entendió que el su saber non le tenía pro, pues que non usara dél.

Ca dicen que el saber non se acaba si non con la obra.

Et el saber es como el árbol, e la obra es la fruta; e el sabio non demanda el saber si non por aprovecharse dél. Ca si non usare de lo que sabe, non le tendrá pro. Et si un home dijese que otro home sabía otra carrera provechosa, e andodiera por ella diciendo que tal era, e non fuese ansí, haberlo hían por simple, et atal como el home que sabe cuál es la vianda buena e mala, e desí véncele la golosina e el sabor de comer, e come la vianda mala, e deja de usar de la buena. Et el home que más culpado es en facer las malas obras e dejar las buenas, así como si dos homes fuesen que serviese el uno al otro, e fuese el uno ciego, e cayesen amos a dos en un foyo; que más culpa habría el que tenía ojos que non el ciego en caer.

Et el sabio debe castigar primero a sí, e después enseñar a los otros. Ca sería en esto atal como la fuente que beben todos della e aprovecha a todos, et ella non ha de aquel provecho cosa ninguna; ca el sabio, después que adereza bien su facienda, mejor adereza a los otros con su saber. Ca dicen que tres maneras de cosas debe el seglar ganar e dar: la primera es ciencia, la segunda riquezas, e la tercera codiciar de facer bien. Et non conviene a ningún sabio profazar de ninguna cosa, faciendo él lo semejante ca será atal como el ciego que profazaba al tuerto.

Nin debe trabajar provecho para sí por dañar a otro, ca este atal que esto feciese sería derecho que le aconteciese lo que aconteció a un home.

El que

Et dicen que un especiero tenía sísamo, él e un su queriendo

compañero, cada uno dellos tenía una bujeta dello, e non robar a su

lo había en toda esa tierra más de lo que ellos tenían. Et el compañero, uno dellos pensó en su corazón que furtase lo de su resultó

robado

compañero, et puso una señal sobre una bujeta, en que estaba el sísamo de su compañero, por que, de que viniese de, noche a lo furtar, que la conociese por la señal. Et puso una sábana blanca encima dello por señal. Et descobrió esto que quería facer a un su amigo, por que fuese con él de noche a lo furtar. Et el otro non quiso ir con él fasta que le prometió de darle la meatad dello.

Et después su compañero vino, e falló la sábana cubierta sobre su sísamo, et dijo: «Verés qué ha fecho mi compañero por guardar mi sísamo de polvo; púsole esta sábana, et dejó lo suyo descobierto.» E dijo: «Mas razón es que esté lo suyo guardado que non lo mío.» Et quitó la sábana e púsola sobre el sísamo de su compañero. E

después que fue de noche venieron su compañero e el otro a furtar el sísamo. Et andudo catando e atentando fasta que topó en la señal que tenía puesta; et entonce tomó el sísamo que estaba debajo, pensando que era lo de su compañero, e era lo suyo, e dio la meatad dello a aquel amigo que entró con él a lo furtar. Et luego, cuando fue de día, venieron él et su compañero amos a dos a la botica. Et cuando vio que el sísamo que levara era lo suyo, calló e non osó decir nada, ca tovo que en saberlo su compañero era mayor pérdida que el sísamo.

Et pues el que alguna cosa demanda, debe de demandar cosa que haya fin et término que fenezca; ca dicen que el que corre sin fin, aína le puede fallecer su bestia. Et es derecho que non se trabaje en demandar lo que término non ha, nin lo que otro non hubo ante que él, nin se desespere de lo que puede ser e puede haber. E que ame más el otro siglo que a este mundo; ca quien ama a este mundo poca mancilla ha cuando se parte dél. Et dicen que dos cosas están bien a cada un home: la una es religión e la otra es riqueza. Et esto semeja al fuego ardiente que toda leña que le echan arde mejor.

Et el entendido non se debe desesperar nin desfiuzarse; ca por aventura será acorrido cuando non pensare.

El pobre que Et esto semeja a lo que dicen que era un home muy se aprovecha pobre, e ninguno de sus parientes non le acorrien a le dar de lo que

ninguna cosa. Et seyendo así una noche en su posada vio robaban

un ladrón. Et dijo entre sí: «En verdat non hay en mi casa cosa que este ladrón tome, nin pueda levar. Pues trabájese cuanto podiere.» Et buscando por casa qué tomase, vio una tinaja en que había un poco de trigo. Et dijo entre sí: «¡Par Dios!, non quiero yo que mi trabajo vaya de balde.» Et tomó una sábana que traía cobierta, e tendióla en el suelo, e vació el trigo que estaba en la tinaja en ella para lo levar.

Et cuando el home vio que el ladrón había vaciado el trigo en la sábana para se ir con ello, dijo: «A esta cosa non hay sufrimiento. Ca si se me va este ladrón con el trigo, allegar se me ha mayor pobreza e fambre; que nunca estas dos cosas se allegaron a home que non lo llegasen a punto de muerte.» Et desí dio voces al ladrón, et tomó una vara que tenía a la cabecera del lecho, e arremetió para el ladrón. Et el ladrón, cuando lo vio, comenzó a fuir, e por fuir cayósele la sábana en que levaba el trigo, et tomóla el home e tomó el trigo a su lugar.

Mas el home entendido non debe allegarse a tal ejemplo como aquéste, et dejar de buscar e facer lo que debe para demandar su vida; nin se debe guiar por aquellos a quien vienen las aventuras sin albedrío de sí o trabajo; ca pocos son los homes que trabajan en demandar las cosas en que alleguen grandes faciendas. Ca todo home que entendimiento haya, e pune que su ganancia sea de las mejores e de las más leales, que esquive todas las que probó trabajosas e le fecieron haber cuidado e tristeza. Et non sea tal como la paloma que le toman sus palominos e gelos degüellan e por eso non deja de facer otros luego. Ca dicen que Dios, cuyo nombre sea bendicho, puso a toda cosa término a que home llegue. Et el que pasa dellas es atal como el que non llegó a ellas, ca dicen que quien se trabaja deste siglo es la su vida contra sí, et al que se trabaja deste siglo e del otro es su vida a par de sí o contra sí.

E dicen que en tres cosas debe el seglar emendar en la su vida: et afiar la su ánima por ella, la segunda es por la facienda deste siglo, e por la facienda de su vida e vivir entre los homes. Et dicen que algunas cosas hay en que nunca se endereza buena obra: la una es gran vagar; la otra es menospreciar los mandamientos de Dios; la otra es creer a todo home lisonjero; la otra es desmentir a otro sabio. Et el home entendido debe siempre sospechar en su asmamiento e non creer a ninguno, maguer verdadero sea, e de buena fama, salvo de cosa que le semeje verdat; et cuando alguna cosa dudare, porfíe e non otorgue fasta que sepa bien la verdat. Et non sea atal como el home que deja la carrera e la ha perdido, e cuanto más se trabaja en andar, tanto más se aluenga del lugar donde quería llegar; et es atal como el home que le cae alguna cosa en el ojo, e non queda de le rascar fasta que le pierde; ca debe el home entendido creer la aventura, et estar apercebido, e non querer para los otros lo que non querría para sí.

Pues el que este libro leyere piense en este ejemplo, et comience en él. Ca quien sopiere lo que en él está, escusará con él otros, si Dios quisiere.

Et nos, pues leemos en este libro, trabajamos de le trasladar del lenguaje de Persia al lenguaje arábigo, e quisimos e tovimos por bien de atraer en él un capítulo de arábigo en que se mostrase el escolar dicípulo en la

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facienda deste libro; et es esto el capítulo.

Capítulo I

Cómo el rey Sirechuel envió a Berzebuy a tierra de India Dicen que en tiempo de los reyes de los gentiles, reinando el rey Sirechuel, que fue fijo de Cades, fue un homne a que decían Berzebuey, que era físico e príncipe de los físicos del regno; e había con el rey grant dignidad e honra, e cátedra conoscida. Et como quier que era físico conoscido, era sabio e filósofo, et dio al rey de India una petición, la cual decía que fallaba en escripturas de los filósofos que en tierra de India había unos montes en que había tantas yerbas de muchas maneras, e que si conoscidas fuesen e sacadas e confacionadas, que se sacarían dellas melecinas con que resucitasen los muertos; e fizo al rey que le diese licencia para ir huscarlas, et que le ayudase para la despensa, e que le diese sus cartas para todos los reyes de India, que le ayudasen por que él pudiese recabdar aquello por que iba.

Et el rey otorgógelo e aguciólo; et envió con él sus presentes para los reyes donde iba, segunt que era costumbre de los reyes cuando unos enviaban a otros sus mandaderos con sus cartas por lo que habían menester. Et fuese Berzebuey por su mandado, et andudo tanto fasta que llegó a tierra de India. Desí dio las cartas e los presentes que traía a cada uno de aquellos reyes, et demandóles licencia para ir buscar aquello por que era venido. Et ellos diéronle todos licencia e ayuda. Et duró en coger estas yerbas e plantas grand tiempo, más de un año, et volviéndolas con las melecinas que decían sus libros, et faciendo esto con grand diligencia. Desí probólas en los finados, e non resucitaron ningunos; e entonces dubdó en sus escripturas, e cayó en grand escándalo, et tovo por cosa vergonzosa de tornar a su señor el rey con tan mal recabdo.

E quejóse desto a los filósofos de los reyes de India. Et ellos dijéronle que eso mismo fallaron ellos en sus escripturas que él había fallado, e propiamente el entendimiento de los libros de la su filosofía et el saber que Dios puso en ellos son las yerbas, et que la melecina que en ellos decía son los buenos castigos e el saber, et los muertos que resucitasen con aquellas yerbas son los homnes nescios que non saben cuándo son melecinados en el saber, e les facen entender las cosas, e esplanándolas aprenden de aquellas

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cosas que son tomadas de los sabios, et luego, en leyendo aprenden el saber et alumbran sus entendimientos.

Et cuando esto sopo Berzebuey buscó aquellas escripturas e fallólas en lenguaje de India e trasladólas en lenguaje de Persia, et concertólas. Desí tornóse al rey su señor. Et este rey era muy acucioso en allegar el saber, e en amar los filósofos más que a otri, e trabajábase en aprender el saber, et amábalo más que a muchos deleites en que los reyes se entremeten. Et cuando fue Berzebuey en su tierra, mandó a todo el pueblo que tomase aquellos escriptos e que los leyesen, et rogasen a Dios que les diese gracia con que los entendiesen, e dioles aquellos que eran más privados en la casa del rey. Et el uno de aquellos escriptos es aqueste libro de Calila e Dimna.

Desí puso en este libro lo que trasladó de los libros de India, unas cuestiones que fizo un rey de India que había nombre Dicelem, et al su aguacil decían Burduben; et era filósofo a quien él más amaba. Et mandóle que respondiese a ellas capítulo por capítulo, et respuesta verdadera e apuesta, et que le diese ejemplos e semejanzas et por tal que viese la certedumbre de su respuesta, et que lo ayuntase en un libro entero, por que lo él tomase por castigo para sí, et que lo dejase después de su vida a los que dél descendiesen.

Et era el primero capítulo del león et del buey, que es después de la estoria de Berzebuey el menge.

Capítulo II

Historia del médico Berzebuey

Mio padre fue de Mercecilia, e mi madre fue de las fijasdalgo de Azemosuna et de los legistas. Et una de las cosas en que Dios me fizo merced, es que fui yo el mejor de sus fijos. Et ellos criáronme lo mejor que pudieron, gobernándome de la mejores viandas que pudieron fasta que hube nueve años complidos; et desí pusieron me con los maestros. Et yo non cesé de continuar en aprender la gramática et de meter la mi cara a sotileza e a buen entendimiento, a tanto que vencí a mis compañeros et a mis iguales et valí más que ellos, e leí libros e conoscí e sope sus entendimientos, e afirmóse en el mi corazón lo que leí de las escripturas de los filósofos. Et decoré las palabras de los sabios, e las cuestiones que facían unos a otros, e las disputaciones que facían entre sí.

E mantove esto con mi entendimiento e concertélo con la opinión que yo tenía, et sope que eran acordados en los cursos del año e de los meses e de los días, e en las naturas de los cuerpos e en las cosas de las enfermedades e en las maneras de sus melecinamientos e de su salud. Et pusiéronlo por escripto e plúgome de lo saber. Et comencé a leer sus libros fasta que los entendí; et vi las maneras de los cuerpos, las cosas de las maletías e las maneras del melecinamiento.

Et sope en ello a tanto que me metí a melecinar enfermos. Et después que lo comencé, di a mi alma a escoger en estas cuatro cosas que los homnes demandan en este siglo e se trabajan de las haber e las cobdician. Et dije: «¿Cuál destas cuatro cosas debo demandar segunt la cuantidad del mi saber, e cuál es la que me fará alcanzar lo que he menester, et si lo pudiere haber, deleites o fama o riqueza o galardón del otro siglo?»

Et vi que demandando ayuntado todas cuatro cosas, el que demanda llega a cualquier dellas que quisiere. Et fallé que la melecina era cosa loada cerca de los entendidos, e non denostada de los sabios e de las leyes e de las setas. Et fallé que el más santo de los físicos es aquel que non quiere haber por su física salvo el galardón del otro siglo. Et comedí en mi corazón, et fallé que todas las cosas en que los homnes se trabajan son fallecederas. Et yo non vi a ninguno de, mis antecesores que su allegar lo ficiese durable en este mundo, nin que lo librase de la muerte e de lo que aviene después della. Et fallé en los libros de la física quel más piadoso físico es aquel que primeramente comienza a melecinar su alma e sus enfermedades; et el que es en mejor estado es aquel que con su física trabaja en enmendar su estado para el otro siglo, et que non torna el arte de la física por mercaduría et por ganar la riqueza deste mundo.

Et el que quiere por su física haber el galardón en el otro siglo, non le menguaba riqueza en este mundo. Et es en aquesto atal como el labrador que siembra las legumbres en la tierra por haber mieses et ha de aquesto cuanto quiere.

Con todo aquesto non le mengua y de haber algunas yerbas de que se ayude e se aproveche. Et tove por bien de perseverar en esto por haber galardón en el otro siglo, e merescimiento de Dios. Et non quise por esto haber el apostura deste mundo; que sería tal como el mercador perdidoso que vendió sus piedras preciosas por vedrio que non valía nada, e pudiera haber del precio dellas grand riqueza para en toda su vida.

Et comencé a melecinar los enfermos so esperanza del galardón del otro siglo; así que non dejé enfermo que yo hobiese esperanza de lo guarescer e de lo sanar de su enfermedad con mi melecinamiento, que non metiese mi poder en lo guarescer. Et al que yo por mí mesmo pude sanar, fícelo e non le metí en mano de otri; et al que non pude esto facer dejé e su melecinamiento e dejéle las melecinas que había menester, et non quise haber galardón nin merescimiento de aquellos a quien esto fice. Et non había envidia de mis iguales nin de los que habían más haber que yo, nin del bien que Dios les había dado. Mas era el mío mayor cuidado e a lo que más me inclinaba e de lo que más me trabajaba, que pugnase más quél en saber, e en me trabajar en haber galardón de Dios.

Et estude en esto un tiempo fasta que vencí al saber deste mundo, et contendí comigo por el algo que veía haber a los otros. Et yo non quise al salvo contender con mi alma e defenderla de non se apartar de las cosas que nunca hubo ninguno que por ellas non apocase su algo e que non acresciese su lacerio. Et remembraron me las penas que había de sofrir después que deste mundo partiese por la facer olvidar aquellas cosas de que había sabor. Et díjele: «¡Ay alma!, que non has vergüenza de facer comunidad con los perezosos, nescios, en amar este mundo fallescedero; ca aquel que alguna cosa ha dél non es suyo nin finca con él, et non lo aman salvo los engañados negligentes. Conviértete desta nescedat e desta locura, et métete con toda tu fuerza a facer algún bien para el otro siglo, et guárdate de lo llevar en traspaso, e non te asegures en él.

Et miémbrate en cómo en este cuerpo ha muchas ocasiones et cómo es lleno de malas cosas lijosas; e son, por todas, cuatro humores que sostienen la vida mezquina que ha de fallescer, así como el ídolo descoyuntado que cuando sus miembros son compuestos e puestos cada uno en su lugar, ayuntan los con engrudo, que los face tener unos con otros, e cuando es quebrantado el plego cáensele las juntaduras e desfácese todo: ¡ay alma!, non te engañes en la compañía de tus amigos e de tus bien querientes e non hayas desto grand cobdicia; pues que a la fin la tu compañía se ha de partir. Et esto es atal como la cuchara de palo que es siempre usada en la calentura e en cabo quiébrase sirviendo e encímase su facienda a ser quemada en fuego.

¡Ay alma!, no tomes placer en ser ayuntada con tus querientes e con tus amados en ayuntar haberes, ayuntándolos por haber amor et gracia de ellos, que serías en esto atal como el safumerio que quema a sí e han folgura los homnes con su olor. ¡Ay alma!, non te fíes en las riquezas e en las dignidades en que se alegran los mundanos; ca éstos non saben en cuán pequeñas cosas están fasta que las pierden. Et acaesce así como a los cabellos, que cuando los homne tiene en la cabeza péinalos e úntalos con las mejores unturas que puede, et después que son fuera de la cabeza, halos homne asco de ver.

¡Ay alma!, persevera en melecinar los enfermos e non te tire dello el afán de la física porque los homnes non lo saben.

Mas asma de un homne que librase a otro de algunt mal o lo escapase de alguna cuita fasta que lo tornase a la paz e a la forgura en que era, si este atal debe haber galardón segund Dios: pues ¿cuánto debe haber de galardón el físico que por galardón de Dios melecina muchos e los saca de grant peligro con la ayuda de Dios? ¡Ay alma!, non se te aluengue el otro siglo por que hayas a enclinar a éste; ca serías en tomar lo poco e dar por él lo mucho, así como el mercador que había una casa llena de oro e de plata, et dijo en sí: «Si la vendiere a peso alongarse me ha», e vendióla a ojo por mal precio.

Et habiendo esta contienda con mi alma, non falló carrera ninguna para me vencer, e confesóse e conosció el menosprecio de aquellas cosas a que se acostaba, e perseveró en bien por ganar el otro siglo. Et non me estorbó esto de haber buena parte de este mundo e de la privanza de los reyes ante que fuese a India; e después que torné hube más de lo que quería. Et estudié en la física, et fallé que el físico non puede melecinar a ninguno con melecina que le segure de enfermedat toda su vida; e non sope cómo el guarescer toviese pro, non seyendo el homne seguro de non tornar a la enfermedat, le de acrescentar en otra cosa más fuerte.

Et por ende fallé que las obras del otro siglo son las cosas que libran a los hornes de sus enfermedades. Et fallé que la enfermedad del ánima es la mayor enfermedad. Et por eso desprecié la física e trabajéme de la ley, et hube ende sabor; e dubdé en la física e non fallé en sus escrituras mejoría de ninguna ley. Et fallé las leyes mucho alongadas, et las setas muchas, e aquellos que las tenían habíanlas heredado de sus padres, et otros que las tenían habidas por fuerza, e otros que querían haber por ellas este mundo e que se trabajaban a ganar con ellas en sus vidas, et otros entendidos de simples voluntades que non dubdan que tienen la verdat, et non tienen buena razón a quien les ficiese cuestión sobre ello. Et todos se enfingíen que teníen derecho et que los que contra ellos eran que yacían en yerro e en perdimiento. Et vi entre ellos gran contrariedad en el criador et en las criaturas, e en el comienzo en la fin del mundo.

Et tove por bien de otorgar a los sabios de cada una ley, sus comenzamientos e ver qué dirían, por razón de saber departir la verdat de la mentira, e escoger e amparar la una de la otra; et, conoscida la verdat, obligarme a ella verdaderamente, e non creer lo que non cumpliese e nin seguir lo que non entendiese. Et fize esto, et pregunté e pensé e non fallé ninguno dellos que me diese más que alabar a sí e a su ley e denostar al agena. Et vi manifiestamente que se enclinaban a sus sabores, e que por su sabor trabajaban et non por derecho; et nin fallé en ninguno dellos razón que fuese verdadera nin derecha, nin tal que la creyese homne entendido e non la contradijese con razón. Et después que esto vi non fallé carrera por donde siguiese a ninguno dellos; et sope que sí yo creyese a alguno dellos lo que non sopiese, que sería atal como el ladrón engañado que fabla en un ejemplo.

Del ladrón Et fue así que andaba una noche, un ladrón sobre una casa a quien

de un homne rico, e facía luna, andaban algunos compañeros hacen

con él. Et en aquesta casa había una finiestra por donde creer que

la luna

entraba la luz de la luna al homne bueno. Et despertó el sirve de

dueño de la casa e sintiólos e pensó que tal hora non escala

andarían por sus tejados salvo ladrones. Et despertó a su muger et díjole: «Fabla quedo, que yo he sentido ladrones que andan encima de nuestro tejado; et dime cuando los sintieres cerca de aquí: ¡Ay marido! ¿Non me dirás de qué llegaste tantas riquezas como habemos? Et cuando yo non te quisiere responder, sigue me preguntando fasta que te lo diga». Et fízolo así como le mandó el marido, et oyó el ladrón lo que ella dijo. Et entonces recudió el home a su muger: «Tú, ¿por qué lo demandas? Ca la ventura te trajo grand algo; come, bebe et alégrate, et non me demandes tal cosa, ca si te lo yo dijere, non so seguro que lo non oya alguno, e podría acaescer cosa por ello que pesara a mí et a ti.» Et dijo la mujer: «Por la fe que me debes que me lo digas, ca non oirá ninguno lo que dijéremos a tal hora». Dijo el marido: «Yo te lo diré, pues que tanto lo quieres saber.

Sepas que yo non ayunté todas estas riquezas, salvo de ladronía.» Et dijo la muger: «¿Cómo puede eso ser, ca las gentes te tenían por homne bueno?»

Et dijo él: «Esto fue por una sabiduría que yo fallé al furtar, et es cosa muy encubierta et sotil de guisa que ninguno non sospechaba de mí tal cosa». Et dijo la mujer:

«¿Cómo fue eso?» Respondió él e dijo: «Yo andaba la noche que facía luna e mis compañeros conmigo, fasta que sobía en somo de la casa do quería entrar, e llegaba a alguna finiestra por donde entraba la luna e decía siete veces: «saulan, saulan.» Desí abrazábame con la luna e entraba por la finiestra e descendía por ella a la casa, et non me sentía ninguno cuando caía; e iba de aquella casa a todas las otras casas. Et después que tomaba lo que fallaba, tornaba al logar onde descendía, et abrazábame con la luna e subía a la finiestra; e en este estado gané todo esto que tú vees».

Et cuando esto oyeron los ladrones plógoles mucho dello et dijeron: «Más habemos ganado desta casa que nos non queríamos, et deste saber que nos dende habemos, nos debemos más preciar que de todo cuanto ende ganaremos».

Desí estodieron grande hora quedos, fasta que cuidaron que el dueño de la casa era adormecido et su muger otrosí, et después que cuidaron ser ciertos desto, levantóse el cabdiello dellos et fuese para la finiestra, que estaba en somo de casa, por do entraba la luz de la luna, et dijo siete veces: «saulan, saulan», et abrazóse con la luz por descender por ella a la casa, et cayó cabeza ayuso. Et levantóse el dueño de la casa et dióle tantos de golpes fasta que le quedó, diciendo el ladrón: «Yo merezco cuanto mal me has fecho, porque creí lo que me dijiste et me engañé con vanidat.»

Et yo, después que me guardé de non creer las cosas de que non era seguro de non caer en peligro de muerte, dejéme de todas las cosas dubdosas et metíme en facer pesquisas de las leyes et en buscar las más derechas. Et non fallé en ninguno de aquellos con quien yo fablé esto, buena respuesta quel yo debiese creer. Et dije en mi corazón: «Tengo por seso, pues así es, de me obligar a la ley de míos padres.

«Pero fue buscando si habería a esto alguna escusación e non la fallé. Et mémbrome el dicho de un homne que comía feo e era tragón, e dijéronle que comía mal e feo, et él dijo: «Así comían mis padres e mis abuelos.» E non fallé ninguna escusación porque non debiese fincar en la ley del padre, et quíseme dejar de todo e meterme a facer pesquisas de las leyes e estudiar en ellas. Et estorbóme la fin que es cerca e la muerte que acaesce tan aína como cerrar el ojo e abrirlo. Et había fechas algunas obras que non sabría si eran buenas, onde por aventura mientra me trabajase de pesquerir las leyes detenerme hía de facer algunt bien, et morría ante que viese lo que quería.

El amante Et por ventura, en dubdando, acaescerme hía lo que dicen que cae en que acaesció a un homne que amaba una muger casada. Et manos del ella había cavado para él un caño de su casa fasta la calle, et marido

el caño era del pozo cerca; e fizo una puerta al caño porque si su marido viniese asoras que pusiese ahí su amigo e lo cerrase dentro. Et acaesció así que un día estando él dentro con ella dijéronle que su marido estaba a la puerta. Et dijo la mujer al amigo: «Vete aína por el caño que está cerca del pozo.» Et él detóvose de ir a aquel logar. Et acaesció que el pozo era derrundiado. Et él tornóse a ella e díjole: «Ya llegué fasta el caño e fallé el pozo caído.» Et dijo la muger: «Non te dije yo del pozo salvo por te guiar al caño. Aguija e vete.» Et dijo él: «Non debieras tú decir cerca del pozo, pues yo había de ir al caño.» Dijo ella: «Ve e deja la locura de ir e devenir.» Dijo él: «¿Cómo iré, habiéndome tú conturbado?»

Et non cesó de decir fasta que entró el marido e prendiólos, e firiólos muy mal, e llevólos a la justicia.

Así yo temíme de ir acá e allá e después ser preso por mi culpa, et hube por bien de non me temer de aquello de que me temía, et tove me por pagado de toda obra que solamente las almas testiguan que es buena en que se acuerdan las almas de las leyes. Et detove mi mano de ferir, e de aviltar, e de robar, et de furtar, e falsar. Et guardé el mi cuerpo de las mugeres, e mi lengua de mentir e de toda razón que daño fuese a alguno. Et detóveme de facer mal a los homnes nin de burlar e escarnecer de ninguno, et de cuantas malas costumbres pude. Et trabajéme con mi razón de non querer mal a ninguno e de non desmentir la resurrección nin el día del juicio, et el galardón e la pena.

Et con esto asosegué e aseguré mi corazón. E vi que non hay ningund amigo tal como facer buena vida, et vi que era ligera de ganar cuando Dios quiere ayudar, et vi que es grand bien a quien la face, e que es mejor cosa que el tesoro que el padre e la madre le dejan, et que non mengua por la despender, ante se face más fermosa e más nueva. E fallé que el homne que desprecia la bondad e la fin della, que le non destorba della salvo el flaco entendimiento.

El que

Et es tal en perder e despender lo suyo como un mercador desea

que dicen que había piedras presciosas, et aquiló un homne hacer tallar que gelas foradase e adobase por cient maravedís, e llevólo una piedra para su casa. E entrando por casa vido un salterio e atoleólo, y se le va

el tiempo e díjole el señor de la posada si lo sabía tañer. Dijo él: «Más en oír

que tú non piensas.» Et era gran maestro de le tañer. Et díjole cantar al

el mercador: «Toma e táñelo.» Et tomó el homne el salterio e jornalero

comenzó a lo tañer muy bien fasta la noche. Et dejó el mercador la caja de las piedras abierta et comenzó de folgar e de reír oyendo aquel tañer. Et desque fue noche dijo el homme: «Págame mi jornal.» Dijo el mercador: «Non feciste cosa por que merezcas jornal.» Dijo el homne: «Yo fize lo que tú me mandaste facer.» E por razón hubo le a dar los cient maravedís e quedaron sus piedras por adobar.

E cuanto más pensé en las cosas deste mundo e en sus sabores, tanto más lo desprescié; e tove por bien de me amparar con la religión e despreciar este mundo. Et vi que la religión enderesza carrera para el otro siglo, así como endereszan los buenos padres a sus fijos para vevir. Et vi que en la religión pensar es bien; por que el que en ella pensare homíllase e tiénese por pagado con lo que ha, e enriquece e plácele con lo que Dios face, e pierde cuidado e despójase deste mundo e estuerce del daño que desecha sus sabores, e fácese manso; e es librado de sus dolores e menosprecia la envidia e muéstrasele el amor e la caridat, e es su alma tendimiento, e vee la paz; e es seguro de ser non tentado. Et cuanto más pensé en la religión tanto más me pagué della, tanto que cuidé ser dellos. Desí temí me que non podría sofrir la su vida, e que me tornaría a la costumbre en que fuera criado, e non fue seguro que si me dejase del mundo e tomase religión que lo non pudiese complir, e dejaría algunas cosas que tenía comenzadas, de que habría provecho.

El can

Et sería en esto atal como un del can que dicen que iba engañado por un río e llevaba una pieza de carne en la boca, e vido la por el

sombra que facía. Et por abarzar la sombra abrió la boca e reflejo

cayósele la que llevaba, e llevógela el agua e non falló cosa agua

ninguna.

Onde hube muy grant pavor de la religión. Temí me de la non poder sofrir e non osé fincar en el estado en que estaba.

Desí pensé en asmar cuál era más fuerte cosa: en me temer de non poder sofrir la religión e la vida que le pertenesce por el desabor e por el angostura que en ella ha, e en lo que contesce al seglar de tribulaciones. E vi que non es ningunt sabor nin deleite en este mundo que se non torne en desabor et que non sea con dolor. Onde el mundo tal es como el agua salada, que cuanto más el homne bebe della, tanto más sed mete. Et es tal como el hueso en que el can falla que se le quebrantan las encías et revienta la sangre, e cuanto más roe tanto más sangre le sale. Et es tal como el milano que busca la carne, et después que la tiene, ayúntanse las aves a él e non cesa de fuir e de trabajar fasta que gela facen echar después que la falla con trabajo. Et es atal como la jarra de la miel, que yace en ella en su fondón muerte supitaña. Et es tal como los sueños del que duerme, que le facen alegría en soñando, e cuando despierta pierde el sabor por que non falla nada. Et es tal como el relámpago que alumbra un poco e vase luego, e queda el que lo atiende en tiniebla. Et es atal como el gusano del sirgo, que cuanto más teje sobre sí, tanto más se aluenga de la vida.

Et cuando pensé en estas cosas et torné en mi escoger la religión e me enclinar a ella, contradije me, et dije: «Esto non vale cosa, fuir del siglo a la religión e de la religión al siglo.» Et si yo pensare en la estrechura de la religión, seré cada día movedizo. Et sería en esto tal como un alcalde de Marne, que oyó a un abogado que llegó antél, e libróle lo que pidió luego; et después oyó al otro e libró contra el primero.

Et pensé en la laceria e en la angostura de la religión e dije así: «¡Oh, qué pequeña es esta laceria para haber por ella la folgura perdurable!» Et pensé en los deleites deste mundo de que ha sabor el ánima e dije: «¡Oh, cómo esto es agora más fuerte de que lleva al ánima a la pena perdurable!» Et dije:

«Non debe homne tener por dulce una poca de dulzor que trae grant amargura». Et dije: «Si algunt homne me mostrase que veviría ciento años e que non pasase ningunt día que me non despadazasen todo e después recucitase, et fuese así penado cada día, en pero con tal postura que complidos los ciento años que fuese librado de toda pena e que tornase alegría e folgura perdurable, lo debía facer. Pues ¿cómo non puedo sofrir unos pocos de días que viva en religión e sufra un poco de desabor?»

Ca non es este mundo lleno salvo de tribulaciones e de pena, et non se envuelve el homne con todo esto salvo en mal desque es concebido en el vientre de su madre fasta que cumple sus días. Ca nos fallamos en la escritura de la física que la esperma de que es engendrado el fijo, que es complido de sus miembros cuando cae en la madre de la muger, e se vuelve con la esperma della e con su sangre, e espésase e mézclase, e desí el aire masa aquel esperma e aquella sangre fasta que lo torna tal como el suero; desí tórnalo tal como la cuajada espesa, e desí de parte e devisa sus miembros a sus tiempos. Et si es macho tiene la cara con el espinazo de su madre, e cúmplese la su forma e la su criazón en cuarenta días; et si es muger tiene la cara con el vientre de su madre, e cúmplese la su criazón a sesenta días, e tiene las manos sobre las mejillas e la barba sobre los hinojos, et está encogido en su mantillo así como si fuese envuelto en un bolsa e respira por un sospirón con muy grand pena, e non ha en él miembro que non semeja, atado, e está ligado de su ombligo fasta el ombligo de su madre, o con él chupa e bebe de la vianda que toma su madre. Et en esta guisa está en la tiniebla e angostura fasta el día que nasce.

Et cuando viene a sazón del parto, apodera Dios a la criatura en la madriz de su madre; e esfuérzase a mover e enderesza su cabeza contra la salida. Et siente en la salida lo que siente el que tiene deviesos cuando gelos abren. Et después que cae en tierra e le tañe el aire e la mano, siente dolor, lo que siente el que es desollado de su cuero. Desí vive en muchas maneras de pena, así como si ha fambre e non le dan a comer, e si ha sed e non le dan a beber, o si ha dolor e non le acorren. E non se puede amparar de lo que siente cuando lo alzan o lo envuelven o lo desenvuelven o lo untan o lo salvan, et cuando ha sed e le dan a comer e ha fambre et le dan a beber, o cuando quiere yacer de costado e lo echan de vientre, e otras muchas maneras de penas que ha mientra mama. Et después que es librado de la pena del mamar métenlo a la pena del aprender a leer e a estar apremiado de su maestro, e siempre ha ende muchas maneras de penas.

Et cuando llega a edad de casar, casa, e entra en el cuidado de la muger e de los fijos e de llegar haber, e en la malicia e en la cobdicia et en los peligros de ganar algo para mantener su casa; e en todo esto lidian con él cuatro enemigos, es a saber: la cólora, e la sangre, e la flema, e la malenconía, que son tósigo mortal e víboras mordederas; et el miedo de los homnes e de las bestias fieras, e la calentura, e el frío, e el viento , e la lluvia, e otras muchas maneras de penas, e la vejez a los que a ella llegan. De más, si todos aquestos peligros non hobiese e fuese seguro de estorcer dellos e le asegurasen dellos en guisa que dello non hobiese miedo, si non de la hora en que viene la muerte, et se parte del mundo e se miembra de lo que ha en ella e en apartarse de sus amigos e de sus fijos, e de todas aquellas cosas de que era escaso en este mundo, et de como es la grant pavor después de la muerte, debía ser contado por desacordado e por homne que ama dolor el que alguna arte non ficiese con que lo non estorciese, e se non dejase de las sabores deste mundo por ello. Et cuando ha andado en este mundo, torna viejo et ha escosa e e desabrida vida.

Ca el rey, maguer sea bien mesurado, e enviso, e apercebido, e de gran poder, e de noble corazón, et pesqueridor de derecho, et de buena vida, e verdadero, e acucioso, e esforzado, e de buen recabdo, e requeridor de las cosas que debe, et entendido, e cierto, e agradecedero, e agudo, e piadoso, e misericordioso, e manso, e conocedor de los homes e de las cosas, e amador del saber e de los sabios e de los buenos, e bravo contra los malfechores, non envidioso nin refez de engañar, facedor dalgo a sus pueblos, aun habiendo todo esto, veemos que el tiempo va atrás en todo lugar; así que semeja que las cosas verdaderas son espendidas e amanecieron perdidas; e semeja que el bien amaneció perdido e el mal fresco; e semeja que la mala vida amaneció reyendo e la buena llorando; e semeja que la justicia amaneció estropezando et la injusticia ensalzándose; et semeja que el saber amaneció soterrado e la necedad esparcida; et semeja que el amor amaneció caído et la malquerencia avivada; et semeja que la honra es robada a los buenos et es dada a sabiendas a los malos; e semeja que la traición amaneció despierta e la lealtad adormida; e semeja que la mentira nació frutuosa e la veradad seca; e semeja que la franqueza amaneció estragada et la escaseza mejorándose; et semeja que la verdat es ida tropezando et la falsedat retozando e trobejando; et semeja que amaneció menospreciar el juicio e seguir las voluntades; et semeja que amaneció el tuerto e el que fizo el mal detardándose de facer la emienda; et semeja que la cobdicia amaneció tragando de todas partes e la gracia desconocida; et semeja que los males amanecieron pujando al cielo e los bienes decendiendo a los abismos; et amaneció la grandez derribada de lo más alto al fondón de lo más bajo; et amaneció la menudez honrada et amanesció el poder mudado de los virtuosos a los viciosos.

Después que hube pensado en las cosas deste mundo, et que el home es la más noble criatura et la mejor que en este mundo sea; desí como está en tal estado et non se convuelve sinon en mal, nin es conocido en ál, et sope que non es ninguno que algún poco de entendimiento haya que esto non entienda, et que non busque arte para se guardar, et maravilléme ende, et pensé e vi que los non detiene de facerlo sinon un poco de deleite de comer, et de beber, e de ver, e de oír; e por aventura non han desto asaz; empero lo que los destorba de pensar de sí e de trabajarse de estorcer, poca cosa es.

El que

Et busqué ejemplo e comparación para ello, et vi que pasa de un semejan en esto a un home que con cuita e miedo llegó a un peligro a

pozo e colgóse dél, e trabóse a dos ramas que nacieran a la otro

orilla del pozo e puso sus pies en dos cosas a que se afirmó e eran cuatro culebras que sacaban sus cabeza de sus cuevas; et en catando al fondón del pozo vio una serpienta la boca abierta para le tragar cuando cayese, et alzó los ojos contra las dos ramas, e vio estar en las raízes dellas dos mures, el uno blanco e el otro negro, royendo siempre que non quedaban; et él pensando en su facienda e buscando arte por do escapase, miró a suso sobre sí, e vio una colmena llena de abejas en que había una poca de miel et comenzó a comer della, e comiendo olvidósele el pensar en el peligro en que estaba, et olvidó de como tenía los pies sobre las culebras e que non sabía cuándo se le ensañarían, nin se le membró de los dos mures que pesaban de tajar las ramas, et cuando las hobiesen tajadas que caería en la garganta de la serpienta. Et seyendo así descuidado e negligente acabaron los mures de tajar las ramas, et cayó en la garganta del dragón et pereció.

Et yo fice semejanza del pozo a este mundo que es lleno de ocasiones e de miedos; e de las cuatro culebras a los cuatro humores que son sostenimiento del home; et cuando se le mueve alguna dellas es le atal como el venino de las víboras o el tósigo mortal. Et fice semejanza de los dos ramos a la vida flaca deste mundo, et de los mures negro y blanco a la noche e al día, que nunca cesan de gastar la vida del home; e fice semejanza de la serpienta a la muerte, que ninguno non puede escusar; e fice semejanza de la miel a esta poca de dulzor que home ha en este mundo, que es ver, e oír, e sentir, e gostar, e oler, e esto le face descuidar de sí e de su facienda, e fácele olvidar aquello en que está et fácele dejar la carrera por que se ha de salvar.

E tornóse mi facienda a querer ser religioso, e emendar mis obras cuanto podiese por que fallase ante mí anchura sin fin en la casa de Dios adonde non mueren los que ahí son, nin acaecen ahí tribulaciones; et así habría guardado mi parte

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para folgar, et sería seguro de mi alma ante que moriese; et saber esto es muy noble cosa. Et perseveré en este estado atal et tornéme de las tierras de India a mi tierra, después que hube trasladado este libro, et tove que traía algo en él para quien le entendiese, et rogué a Dios por los oidores dél que fuesen entendedores de las sus sentencias et del meollo que yace en ellas.

Et Dios nos deje acabar en su servicio.

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Capítulo III

Del león e del buey e de la pesquisa de Dimna e de Calila Dijo el rey a su filósofo: «Esto oído lo he; dame agora ejemplo de los dos que se aman, e los departe el mesturero, falso, mentiroso, que debe ser aborrecido como la vigambre, et los face querer mal, e los trae a aquello que querrían ser muertos antes, et han de perder sus cuerpos e sus almas.» Dijo el filósofo: «Señor, cuando acaesce a dos homnes que se aman que el falso mesturero anda entre ellos, van atrás, e depártase e corrómpese el amiganza que es entre ellos. Et esto semeja lo que acaesció al león e al buey.» Dijo el rey: «¿Cómo fue eso?»

Un rico

Dijo el filósofo: «Señor, dicen que en tierra de Gurguen mercader

habla un rico mercader e había tres fijos. Et después que aconseja a

fueron de edad metiéronse el gastar el haber de su padre, e sus hijos que malbaratallo, e non se entremetían de ganar.

no sean

pródigos

Et el padre, con dolor del amor que les habla, castigólos e díjoles: «Fijos, sabed que el seglar demanda tres cosas que non puede alcanzar si non con otras cuatro; e las tres que demanda son éstas: abondada vida, e alguna dignidad entre los homnes, e ante poner buenas obras para el otro siglo. Et las cuatro que ha de menester para alcanzar estas tres, son éstas: ganar haber de buena parte, e mantenello bien e facer le facer fruto, e despendello en las cosas que emiendan la vida, e vevir a placer de los parientes e de los amigos, e que torne con alguna pro para el otro mundo. E quien menosprecia alguna déstas non alcanza lo que desea; ca si non ganare non habrá haber en que viva; et si hobiere haber, e non le ficiere facer fruto, aína se debe acabar por poco que despienda; así como el conlirio de que non toman si non un poco dello, et con todo eso acábase. Et si le ficiere facer fruto e non lo diere en los lugares que debe, será contado por pobre que non ha haber; et esto non lo quitará que lo non pierda, así como la tina de agua en que caen las aguas que si non fallan salida fínchese, e hase de verter por muchas partes, et con todo esto podresce e vase el agua que está en ella a perdición».

Comienza la Desí los fijos del mercader castigáronse e ficieron historia de

mandamiento de su padre. Et fuese el mayor dellos con su Senceba

mercaduría a una tierra, e traía consigo una carreta con dos bueyes; et al uno decían Senceba e al otro Bendeba. Et cayó Senceba en un silo que había en aquel lugar. E

sacáronlo, e fue tan maltrecho de la caída, que llegó a muerte. Et el mercader dejólo con uno de sus homnes, e mandóle que lo pensase bien, e si guaresciese que gelo llevase. Et el otro enojóse de lo guardar e dejolo, e fuese para do iba su amo, e díjole que el buey era muerto.

Et desí salió Senceba de aquel lugar, e andudo tanto que llegó a un plado verde e vicioso, que por su ventura le había de contescer de llegar ahí.

El que por

Et dicen que en el prado que él primeramente andaba, huir de un

que un homne cogía yerbas e vino un lobo por detrás a él peligro cae por le morder. E él, cuando lo sintió, comenzó a fuir. Et en otro

vido que en un río que estaba que había una puente quebrada, e dijo: «Si aquí estó, recelo del lobo, e si paso el río, lieva mucha agua e non sé nadar.» Et acordó de se echar al agua, e fizo lo así. Et él yendo por el río que se quería afogar, viéronlo unos homnes de un aldea que estaba cerca e corriéronle e sacáronlo, e leváronlo al lugar. E

arrimóse a una pared; et después que fue sano del peligro del agua, cayó la pared sobrél et matólo, e non pudo fallescer a la ventura, bien así como Senceba.

E a poco de tiempo engordó Senceba, e embraveció. Et cerca de aquel plado había un león, que era rey de todas las alimanias; e en aquel tiempo estaban con el león muchas dellas. Et este león era muy lozano. E cuando oía la voz de como el buey bramaba, en que non tal cosa había oído, espantábase mucho; mas non que ría que gelo sopiesen sus vasallos, et estovo quedo en su lugar. Et entre los otros vasallos que él allí, tenía, había. dos lobos cervales, et al uno decían Dimna e al otro Calila, e eran muy ardides e agudos, e era Dimna de más noble corazón e de mayor facienda, e el que menos se tenía por pagado del estado en

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que era; et el león non los había conoscido nin eran de la privanza fasta allí.

Dijo Dimna a Calila: «Ya vees cómo está el león en su lugar pecachado, que non se mueve nin se solaza como solía facer.» Dijo Calila: «E tú, hermano, ¿qué has que preguntas lo que non has menester, nin te tiene pro en lo preguntar? Nos estamos en buen estado, e estamos a la puerta de nuestro rey, e tomamos lo que queremos, e non nos fallece nada de lo que habemos menester, e non somos de los que fablan con el rey sus fechos. E déjate desto, e sabe que el que se entremete de decir e de facer lo que non es para él, que le acaesce lo que acaesció a un simio artero que se entremetió de lo que non era suyo, nin le pertenescía.» Dijo Dimna: ¿Cómo fue esto?»

Del simio y Dijo Calila: «Dicen que un simio vido unos carpinteros la cuña

aserrar una viga, e estaba el uno encima; e como iban aserrando metían una cuña e sacaban otra por aserrar mejor. Et el simio vídolos, e en tanto que ellos fueron comer, subió el simio encima de la viga e asentóse encima e sacó la cuña. E como le colgaban los compañones en la serradura de la viga, al sacar de la cuña apretó la viga e tomóle dentro los compañones, et machucógelos, e cayó amortecido. Desí vino el carpintero a él, e lo que le fizo fue peor que lo que le acaesció.»

E dijo Dimna: «Entendido te he lo que me dejiste e oí el ejemplo que me dejiste; mas todos los que a los reyes se llegan non lo facen tan solamente por fenchir sus vientres, que los vientres en cada lugar se pueden fenchir; mas trabaja el homne en mejorar su facienda, por que haya lugar de facer placer a sus amigos, e el contrario a sus enemigos. Et los homnes viles son aquellos que se tienen por abondados con poca cosa, e alégranse con ella así como con el can que falla el hueso seco e se alegra con él. Et los homnes de grant corazón non se tienen por pagados de lo poco; ante trabajan que sus corazones lleguen a lo que quieren, así como el león que prende la liebre, e cuando vee al cabrón déjala e va en pos dél. Et ¿non vees que el can non quiere mover su cola, fasta que le echan el pan? ¿Et el elefante joven desque conosce su fuerza, e le lievan la vianda, es tanto sañoso, e non la quiere nin la come fasta que lo falagan e lo alimpian? Onde quien vive en grand medida a honra de sí e de sus amigos, maguer poco viva, de luenga vida es; et el que vive en angostura faciendo poco algo a sí e a sus amigos, aunque mucho viva, de poca vida es. Que dicen en algunos ejemplos que al que es mal andante dura toda su vida en pobredat, e que non ha cuidado si non de su vientre, aquel es contado con las bestias nescias.»

Dijo Calila: «Entendido he lo que me dejiste, mas torna en tu entendimiento, e sabe que cada un homne ha su medida e ha su prez; et cuando se quiere tener con ella, débese tener por pagado con ella. E nos non habemos por que nos quejar deste estado en que estamos, ca cúmplenos.» Dijo Dimna: «Las dignidades e las medidas de los homnes son comunas e son contrarias; así como el homne de grant corazón puja de la vil medida a la noble, e el homne de vil corazón abaja del alta medida a la vil. Et pujar a la nobleza es muy noble cosa e grave; ca abajarse della es vil cosa e rafez. Et es así como la piedra pesada que es muy grave de alzar et de la tener; e es muy rafez de la derribar e dejar caer.» Et dijo: «Por esto nos habemos de trabajar mucho por haber de las mayores dignidades con nuestros grandes corazones, e non estar en este estado, podiéndolo guisar.»

Dijo Calila: «Pues ¿en qué acuerdas?» Diz Dimna:

«Quiérome mostrar al león en tal sazón, ca él es de flaco consejo e de flaco corazón e es escandalizado en su facienda con sus vasallos, e por aventura en llegándome a él en este punto habré dél alguna dignidat o alguna honra e habré dél lo que he menester.» Dijo Calila: «¿Ónde sabes que el león está así como tú dices?» Et dijo Dimna:

«Cuidol, e tengo que es así, que el homne agudo, de buen entendimiento, a las veces sabe el estado de sus amigos e su poridat, por lo que le semeja e por lo que vee de su estado e de su facienda, e poniendo se en ello sábelo cierto.» Dijo Calila: «¿Cómo esperas tú haber dignidat del león non habiendo tú nunca habido compañía nin privanza de ningunt rey nin sabiendo lo servir nin sabiendo lo que le place de sí nin de los otros?» Dijo Dimna: «El homne valiente so la grant carga, maguer que le apesgue, levántase, e la grant carga non alza al homne valiente nin al pesado; nin en el homne vil non ha obra nin cuidado. Et el homne homildoso e blando, non ha quien lo reprenda. Et ante pruebe homne las cosas que se ponga a ellas; et yo quiero probar ésta para mejorar la mi facienda e la tuya.»

Dijo Calila: «El rey non honrará al atrevido por su atrevencia, mas honra al verdadero e al cercano dél. Ca dicen los sabios que el que es de la compañía del rey e de la muger, que non lo allegan a sí por mayor bondat, mas por que está, más cercano que otro; bien así como la vid que se non traba al mayor árbol, mas al que más acerca le está.

¿Qué te semeja? Si el león non te llegare así, nin pudieres fablar cuando quisieres con él, ¿qué será de ti?» Dijo Dimna: «Así es como tú dices; mas sepas que los que son con el rey non fueron con él siempre, mas con su femencia alcanzaron las dignidades del rey; e son con él e lléganse a él después que son llueñe dél. Et yo trabajar me he de facer otro tal, e guisaré cómo llegue a ello; ca dicen que non es ninguno que llegue a la puerta del rey e dure y mucho consentido a ser mal traído e empujado, e sufra mucho pesar, e encubra su facienda, e traiga su facienda mansamente, que non llegue a lo que quiere.»

Dijo Calila: «Pongamos que has llegado al león, ¿cómo trairás tu facienda con él o con los que has esperanza de haber dignidat?» Dijo Dimna: «Si me yo hobiese llegado al león, e conosciese sus costumbres, guisaría como siguiese su voluntad, e que non fuese contra él, así que cuando quisiese facer alguna cosa derechamente afincárgela hía fasta que la ficiese e que acresciese su placer en ella e la cumpliese; et cuando quisiese facer alguna cosa que yo entendiese que le podría traer daño, facer lo hía entender el mal que hobiese, lo más manso que yo pudiese. E yo he esperanza quél será mejor servido que de otros algunos, ca el homne faldrido e sabio e manso, si quisiese desfacer la verdat et averiguar la mentira, a las veces facer lo hía, así como el buen pintor que pinta las imágenes en la pared que semejan a homne que sale della, et pintan otras que semejan eso mesmo e non es así».

Dijo Calila: «Pues esto tienes así a corazón, quiero te facer temer servicio del rey por el grant peligro que y ha.

Ca dicen los sabios que tres cosas son a que se non atreve si non homne loco, nin estuerce dellas si non el sabio: la una es servir rey, la otra es meter las mugeres en su poridat, la tercera beber vidigambre a prueba. Et los sabios facían semejanza del rey e de su privanza al monte muy agro en que ha las sabrosas frutas, et es manida de las bestias fieras; onde subir a él es muy fuerte cosa; et estar sin el bien que en él ha es más amargo e más fuerte.»

Dijo Dimna: «Entendido he lo que dejiste. Dices verdad en cuanto dices; mas sepas que quien non se entremete a los grandes peligros non ha las cosas que cobdicia, et quien non anda las luengas carreras non ha las granadas cosas. Et quien deja las cosas onde habría por aventura lo que quiere, e con que allegaría a lo que le fuese menester, con miedo e con pavor, non habrá granada cosa, nin pujará a nobleza. Et dicen que tres cosas son que non puede facer ninguno si non con ayuda de noble corazón, e a gran peligro: la una es oficio del rey, la otra mercaduría sobre mar, e la otra lidiar con enemigo. Et dicen los sabios otrosí, que el homne de noble corazón non debe ser visto si non en dos lugares, quel non pertenesce ser en otros: o ser con los reyes muy honrado, o ser con los religiosos muy apartado; así como el elefante que solamente su beldat e su fermosura es en dos lugares: o en el campo seyendo salvage, o seyendo cabalgadura de los reyes.» Dijo Calila: «Hermano, Dios te lo encime en bien esto que tú quieres facer.»

Desí fuese ende Dimna, e salvó al león. Dijo el león a los que estaban cerca dél: «Quién es éste?» Et ellos dijeron:

«Éste es fulán, fijo de fulán.» Díjoles el león: «Yo conoscí a su padre.» E llególo a sí, e demandol e díjol: «¿Dónde eres?» Dijo Dimna: «Nunca me quité de tu puerta, a esperanza que acaescería alguna cosa en que te ayudases de mi por tuyo consejo. Ca a las veces acaescen algunas cosas a los reyes en que han menester por ventura a los flacos e a los menospreciados. Et el tal homne non es menospreciado, por haber en él alguna pro; ca el fuste que yace en tierra, ayuda se homne dél a las veces para rascar su oreja, e álzalo de tierra, e ráscala con él, o para ál: cuanto más el animal que es sabidor de las cosas.» Cuando el león oyó lo que decía Dimna, pagóse dél, e plogóle, et hubo esperanza que habería en él buen consejo e buen castigo. Et dijo a los que estaban con él: «El homne sabio, e de noble corazón, e bueno, e agudo, maguer sea de menor guisa e de baja dignidat, la nobleza de su corazón non quiere fueras parescer et mostrarse; así como la centella del fuego que homne asconde, e ella non quiere si non acenderse.»

Pues que entendió Dimna que el león se pagara dél, e le pluguiera lo quél decía, dijo: «Los pueblos de los reyes e los de su corte, tenudos son de le facer entender las noblezas de sus corazones, e su saber, e de le dar leal consejo, e amarlo. Ca él non los porná en las dignidades que deben e que merescen si non por esto, así como la simiente soterrada, que ninguno non sabe su bondat fasta que sale e paresce sobre la tierra. Et el rey debe pujar a cada uno a su dignidat segunt su consejo, e segunt el provecho e la nobleza del corazón, e la lealtad que en él hobiere.

«Ca dicen que dos cosas non debe ninguno poner ninguna dellas fuera de su lugar, nin tollerla de su lugar; e son los homnes e los ornamientos. Ca es contado por nescio quien pone en su cabeza el ornamiento de sus pies, e en los pies el de la cabeza, et quien dagastona las gigonzas en el plomo. Ca esto non es menospreciamiento de estas cosas sobre dichas, mas es nescedat del que lo face. Et otrosí non ponga al bienfechor en la medida del malfechor.

Et dicen otrosí: non fagas compañía con homne que non sepa cuál es su diestra e su siniestra; ca non sosaca lo que los entendidos saben si non sus mayores, e lo que los caballeros si non los reyes, nin lo que ha en la ley e en su entendimiento, si non los teólogos e los divinos.

«Et dicen otrosí de unas cosas que son muy alongadas, como la mejoría que ha el un lidiador del otro, et lo poco de lo poco, e lo mucho de lo mucho, e el sabio del sabio. Et los muchos vasallos, si probados non fueren, traen daño al fecho; ca non se cumple la cosa con muchos vasallos, mas con los buenos dellos, maguer sean pocos, así como el homne que lieva la grant carga e se embarga della e non falla por ella prescio. Et las girgonzas non afruentan al que las lleva et puede las vender por grant haber: en el fecho que ha homne menester engaño, non cumple la ira, maguer sea mucha. Et el rey non debe menospreciar la nobleza del corazón que fallare en alguno que sea de menor guisa; que la pequeña cosa por ventura engrandesce mucho, así, como el nervio que es tomado de la cosa muerta, e facen dél cuerda de la ballesta e dobla se con él, et ha la menester el rey para tirar et para jugar.»

Et Dimna en todo esto quería haber honra del león, e todos sabían que non gela faría por quél hobiese conoscido a su padre, mas porque era de noble corazón e de buen consejo. Onde dijo al león: «El rey non apriva a los homnes por la privanza de sus padres, nin los desprecia por non conoscer a sus padres, mas cada que sabe en que los ha menester. Desí face lo que tiene por bien en ponerlos en la medida que debe. Et a las veces acaesce al rey alguna enfermedat que le face grant mal, e non gela tuelle si non la melecina que le aducen de lueñe. E el mur mora con el homne en su casa, et porque le face mal, échalo fuera; et el azor, que es muy bravo, críalo e quiérelo aun tanto que ha sabor de lo levar en la mano.»

Et pues que hubo acabado Dimna, pagóse más el león dél, e plógole más con él, e respondióle siempre mejor. Et dijo a los que seían, con él: «Non debe el rey porfiar en facer perder su derecho al que ha derecho en bien, et es bueno e de noble corazón; mas débele refacer lo que le non fizo. Et aquel a quien lo ficiere debel facer gracias e conoscerlo. Ca los homnes son en dos guisas: el uno es de mala natura, e es así como la culebra que, sí alguno la pisa e non le muerde, non debe tornar a ella de cabo, et el otro es de buena natura e de blandas costumbres, e es tal como el sándalo frío, que si mucho es fregado tórnase caliente e quema.»

Et pues que se hubo solazado Dimna con el león, dijo:

«Veo, señor, que ha tiempo que estás en un lugar, que non te mudas. Esto, ¿por qué es?» Et el león non quería que sopiese Dimna que lo facía con cobardez, et dijo: «Non es por miedo.» Et estando amos así, bramó Senceba muy fuerte, e tamaño fue el miedo que hubo, que le fizo decir:

«Esta voz me tovo aquí en este lugar, e non sé qué es; empero veo que la persona que la face debe ser tan grande como la voz, e su fuerza tan grande como la persona. Et si esto así es, non moremos en este lugar.» Dijo Dimna al león: «Escandalizástete de otra cosa fuera desta, ca si non te fizo ál pavor si non esto, non debes dejar tu posada. Ca la flaqueza es ocasión de la beudez, et la desvergüenza es ocasión de la pelea, et la mezcla es ocasión del amor, et la grant voz es ocasión del flaco corazón. Et esto se departe en un proverbio que dice: «Non se debe homne temer de todas voces.» Dijo el león: «¿Cómo fue eso?»

La vulpeja y Dijo Dimna: «Dicen que una gulpeja fambrienta pasó el tambor

por un árbol, et estaba un atambor colgado del árbol, e movióse el viento, et firiénronlo los ramos, e sonaba muy fuerte. Et la gulpeja oyó aquella voz, e fuese contra ella fasta que llegó a ella, et en que vio que era finchado, cuidóse que era de mucha carne, que había de mucha gordez, e fendiólo e vio que era hueco, e dijo: «Non sé; por ventura las más flacas cosas han mayores personas e más altas voces.» Et fuese dende. «Et yo, señor, non te di este ejemplo si non por que he esperanza que sea esta cosa, cuya voz te espantó, atal como el atambor, e si a ella te llegases, más ligera te semejaría que tú non cuidas. Et, señor, si fuere la tu merced, envíame a ella, e está tú en tu lugar fasta que yo torne a ti con lo que sopiere de su facienda.» Et desto que dijo Urrina plugo, al león, et díjole:

«Pues vete.»

Et fuese Dimna, e pensó el león en su facienda, e dijo en su corazón: «Non fice bien en fiarme en éste, para enviarlo al lugar do lo envío; ca el home, si es de la casa del rey, et es por luengo tiempo desdeñado non lo mereciendo, e mezclado a tuerto, o si es conocido por cobdicioso o por malicioso, o si es muy pobre, o si ha fecho algún gran pecado e se teme de la pena, o si es envidioso e malo que a ninguno non quiere bien, o si es testiguado por atrevido, o si le han fecho perder lo que tenía del rey, o si era oficial e gelo tollieron, o si a alguno fizo falsedat e sospecharon dél, o cayó en alguna culpa, o si sus iguales fueron probados por buenos et hobieron mijoría dél en dinidat e en honra, o si es de mala fe en su ley, o si ha esperanza de haber algún pro a daño de sus señores, o si se teme ende, o si es contrario a los privados de los señores, a todos éstos non debe el rey meter su facienda en sus manos, nin fiar en ellos, nin sigurarse. Et Dimna es discreto et sabidor, e tanto fue despreciado et desdeñado a mi puerta, e olvidado; et seméjame que tenía mala voluntad, et esto fizo para engañarme e meterme en mal; et si, por aventura fallare aquel animal que brama, que es más fuerte que yo o de mayor poder, e éste le prometiere de su algo, será con él contra mí, et descubrir le ha mi vergüenza e mi cobardez.»

Et non cesó el león de fablar consigo mismo et de se maltraer, tanto que se levantó del lugar donde estaba, et arrufábase de mala manera. Et desque vino Dimna entró a él. Dijo el león: «¿Qué viste o qué feciste?» Dijo Dimna:

«Vi un buey que fizo la voz que oíste.» Dijo el león: «¿Qué fuerza ha?» Dijo Dimna: «Non ha fuerza nin valentía, ca yo me allegué a él, et estude en par dél, así como está home con su igual, e non me pudo facer nada.» Dijo el león a Dimna: «Non te engañe eso, nin lo tengas por flaco por eso, ca el fuerte viento non quebranta las chicas pajas, mas desraiga los grandes árboles; otrosí las armadijas unas a otras non se prenden.» Dijo Dimna: «Non hayas miedo dél, nin lo tengas en corazón; et si quisieres, yo te lo traeré, que sea tu siervo e obediente.» Et cuando el león oyó esto alegróse e dijo: «Sabe que me place dello, e vete.»

Et fuese Dimna a Senceba, et díjole atrevídaniente e sin miedo: «Mi señor el león me envía a ti que te lieve, et díjome que si tú fueses a él luego obediente, que te atreguaría del pecado que has fecho en osar entrar sin su mandado en su señorío et sin lo ir ver, et si tú te tardares et non quisieres, que me torne a él, et que gelo faga saber.»

Dijo Senceba: «Si tú me fecieres homenaje por él, que non reciban mal nin daño, yo iré contigo.» Et él fízole el homenaje que le demandó, et desí fuéronse amos en uno, e entraron al león, et preguntó el león a Senceba buenamente, et díjole: «¿Cuándo llegaste a esta tierra et qué cosa te fizo acá venir? «Et él contóle toda su facienda. Et dijo el león:

«Vive comigo, e facerte he honra.» Et el buey gradeciógelo mucho et homillósele. Desí el león aprivóle e allególe a sí, et tomó consejo dél, et metiólo en sus poridades e en sus cosas. Et duró así el buey un tiempo, et íbale todavía queriendo más et pagándose más dél, atanto que fue el más privado de su compaña, et el que más él amaba e preciaba.

Et cuando vio Dimna que el león se apartaba con Senceba sin él e sin la otra compaña, pesóle et hubo ende grande envidia, et querellóse a su hermano Calilia, et díjole: «Hermano, ¿non te maravillas de mi mal seso et de mi locura, et de cómo pensé en pro del león, e trabajé en le traer el buey que me ha echado de mi dinidat?» Dijo Calila:

«Pues acaeció a ti lo que acaesció al religioso.» Dijo Dimna: «¿Et cómo fue eso?»

El religioso Dijo Calila: «Dicen que un religioso hubo de un rey robado

unos paños muy nobles, et violos un ladrón et hubo envidia dellos, et guisó arte como gelos furtase; et entró al religioso, et díjole: «Quiérote facer compañía e aprender de ti.» Et el religioso otorgógelo, et fizo vida con él, e servióle bien atanto que se aseguró el religioso en él e fió dél, e puso su facienda en su mano. E el ladrón cató hora que el religioso fuese desviado, et tomó los paños, et fuese con ellos. Et cuando el religioso falló los paños menos, luego supo que aquél gelos furtara, et fuese en busca dél.

La vulpeja

Et yendo para una cibdat a que decían Mayat, falló en el aplastada

camino dos cabrones monteses peleando et empujándose por dos

con los cuernos, et salióles mucha sangre, et vino una cabrones

gulpeja et comenzó de lamer aquella sangre entre ellos, et estando ella lamiendo la sangre, cogiéronla amos los cabrones en medio e matáronla; et esto a ojo del religioso.

La alcahueta Desí fuese para la cibdat a buscar al home, et posó con y el amante una muger mala, alcahueta; et la muger había una manceba que se había enamorado de un home, et non quería a otro ninguno, et en esto facía daño a su ama, porque perdía la soldada que le daba, por aquel home; e trabajóse de matarlo aquella noche que hospedaba al religioso, et dio a beber a la manceba e al home tanto de vino puro, fasta que se embeodaron et se dormieron.

Entonce tomó ella vegambre que había puesto en una caña por lo echar al home por las narices, e puso la boca en la cana por soplar. Et por facer ella esto, dio un estornudo ante que huyase soplar, et cayó a ella la vegambre en la garganta, e cayó muerta; et todo esto a ojo del religioso.

El

Desí amaneció, et fuese el religioso a buscar el ladrón a carpintero, otro lugar, et hospedóle un home bueno carpentero, et dijo el barbero y a su muger: «Honra a este home bueno, et piensa bien dél, sus mujeres ca me llamaron unos mis amigos a beber, et non me tornaré si non bien tarde».

«Et esta muger había un amigo, et era alcahueta entre ellos una muger de un su vecino; et mandóle que fuese a su amigo et que le feciese saber que su marido era convidado, e que non tornaría si non beudo e a grant noche. Et vino el amigo et asentóse a la puerta atendiendo mandado. Et en esto vino el carpintero su marido della, de aquel lugar do fuera, e vio el amigo de su muger a la puerta, et habíalo ante sospechado. Et ensañóse contra su muger, e entró a ella e firióla muy mal, e atóla a un pilar del palacio. Pues quél fue adormido e dormieron todos, tornó a ella la muger del alhageme, e díjole: «Mucho he estado a la puerta. ¿Qué me mandas?» Dijo la muger del carpintero. «Tú vees cómo estó, e si tú quisieres, facer me has bien, e desatar me has, e atarté yo en mi lugar un poco. Et ir me he para él, e tornarme he luego para ti.»

«E fízolo así la muger del alhageme, e desatóla, e atóse a sí mesma en su lugar. E despertó el carpentero ante que tornase su muger e llamóla muchas veces por su nombre e la muger del alhageme non le respondió por miedo que non conosciese su voz. Desí llamóla muchas veces, e non le respondió. Et ensañóse e levantóse con un cuchillo en la mano, e cortóle las narices, e díjole: «Toma tus narices e preséntalas a tu amigo.» Et pues que fue tornada la muger del carpentero, e vio a su compañera de aquella guisa, desatóla e atóse en su lugar. Et tomó la muger del alhageme sus narices e fuese, veyendo esto el religioso.

«Et pensó la muger del carpintero de aquello en que era caída, e de que era sospechada, e alzó su voz, e dijo: «¡Ay Dios, Señor; ya vees mi flaqueza, et mi poco poder, et cuanto mal me ha fecho mi marido a tuerto, seyendo yo sin culpa. A ti ruego e pido por merced que si yo só sin culpa, e salva de lo que me apone mi marido, que tú tornes mis narices sanas así como ante eran, e demuestra y tu miraglo.» Desí llamó a su marido e dijo: «Levántate, traidor, falso, e verás el miraglo de Dios en tornarme mis narices sanas así como ante eran.» Et el marido dubdó, e díjole: «¿Qué esto que dices, fechicera mala?» E levantóse e encendió lumbre, e fuela a ver. Et cuando le vio sus narices sanas, pidióle pardón, e repentióse, e escusósele de su pecado.