VIP Membership

Casi una luna de Miel por Carlos Serrano - muestra HTML

TOME EN CUENTA: Esta es una vista previa en HTML y algunos elementos como enlaces o números de página pueden ser incorrectos.
Para la versión completa, descargue el libro en PDF, ePub, Kindle

 

                                             

                                 CASI UNA LUNA DE MIEL

 

 

Claudia se encontraba descansando cuando escuchó que alguien en el salón  hablaba de ella, todavía somnolienta miró el reloj, eran las cinco de la tarde. Generalmente se comenzaba a arreglar después de una moderada cena a las seis de la tarde y le molestó que interrumpieran su descanso, se levantó intrigada, se peinó y se puso una bata casi transparente.  La voz que venía del salón se le hacía familiar, alguien hablaba con la dueña del  lugar y decidió averiguar quién era, su rostro se transformó en el corto espacio que caminó hacia el salón: se veía alegre y bella, con sus diecinueve años sabía cómo verse radiante si era necesario.

 

Abrió la puerta qué daba al salón  y la conversación se interrumpió, un caballero de ropa elegante aunque informal le dirigió una sonrisa.

 

-Don Rogelio- pensó ella, pero saludó con un simple “buenas”: sabía que era preferible en ese lugar no mencionar nombres si no se estaba a solas.

 

La dueña de la casa se levantó y se dirigió al caballero:

 

-Aquí está Claudia- le dijo- creo que es mejor que hable con ella directamente, no deje pasar tanto tiempo sin venir a vernos.

 

Y salió.

Claudia se sentó en un sillón frente a Don Rogelio, cruzó una pierna y la bata se corrió hasta medio muslo, él la admiró, era bellísima.

 

-Vengo- le dijo- a contratarte.

 

Claudia le miró un instante.

 

-Es temprano Don Rogelio y usted sabe que soy muy ordenada- Sonrió y se pasó una mano apartándose un mechón de pelo de la cara.

 

Don Rogelio le agradaba, era bien parecido, educadísimo y la trataba con respeto a ella y a todo el mundo; era un descanso entre tanta vulgaridad.

 

Rápidamente él le dijo a qué había llegado, su hijo cumpliría años en dos semanas, diecisiete años; era un buen muchacho pero algo tímido y aunque tenía amigas, nunca había tenido una mujer.

 

Claudia sonrió, pensó que muchos llegaban con ese cuento y generalmente los “niños” ya eran clientes asiduos de ése o de otros lugares. Pero esta vez había algo diferente, irían a un rancho en el lago para que sucedieran las cosas; Don Rogelio lo tenía todo planeado, quería que fuera algo muy especial, por eso la buscaba  a ella, la mejor.

 

-Qué más da.- Pensó ella.

 

Acordaron la cantidad, el regalito le iba a salir muy caro, pero Don Rogelio aceptó y se fue muy contento. Claudia comenzó a arreglarse. La noche comenzaba.

 

Pasaron las dos semanas y Claudia fue a su cita sin darle mucha importancia y con la certeza que se iba a pasar el día con un tipo tonto y apocado o tal vez un marión.

 

Sin embargo al verlo- Rogelio también- quedó momentáneamente sin aliento; por un instante fue como otra muchacha de su edad, se sintió nerviosa e inquieta, ansiaba gustarle; rápidamente recuperó su dominio y comenzó a examinarlo con ojo experto.

 

Rogelio era alto y delgado, se adivinaban las facciones de su padre, era  muy guapo y aunque al inicio se portó algo tímido, ésto fue superado fácilmente gracias a la ágil conversación de ella. Era una persona alegre y honesta y Claudia se dio cuenta que sería alguien muy especial para ella.

 

                                                   ******

 

Se dirigieron al sitio acordado, todo iba saliendo tan natural. Luego de casi una hora de camino llegaron al rancho. Claudia se admiró, el lugar había sido bien escogido, era una propiedad grande con hermosos jardines, se notaba que un jardinero experto lo cuidaba, había una casa amplia con todas sus comodidades  y luego había un rancho con hamacas a la orilla de una piscina oval; luego el terreno descendía hasta la orilla del lago donde había un pequeño embarcadero y una lancha se mecía  con el oleaje.

 

Recorrieron la casa rápidamente. Claudia curioseaba por todos lados y él la seguía admirándola. Ella conocía muchos lugares lujosos, pero esta casa era superior.

 

-Vamos a nadar- exclamó Claudia.

 

Rogelio la llevó a una de las habitaciones y él ingenuamente se fue a otra a ponerse su traje de baño, luego se dirigió a una terraza y la esperó allí tomando un vaso de agua mineral.

 

Claudia apareció con una tanga negra, su bellísimo cuerpo amenazaba con salirse del breve traje de baño y avanzó  hacia él con un paso que acentuaba sus formas, lentamente y sabiéndose admirada llegó frente a él y lo besó sin decir nada. Sus labios se unieron comenzando una sensación tan intensa en ambos.

 

Rogelio se entregó como un buen alumno, su instinto complementó todo lo que Claudia comenzaba en forma sutil y ella, ella se entregó como nunca: se abrió a él por completo y lo recibió en su cuerpo sintiéndolo como sólo el amor puede hacer disfrutar a una mujer. Era algo maravilloso, el hombre y la mujer entregándose, explorándose mutuamente, moviéndose  y acariciándose para sentir y dar todo el placer posible: él vibrando con todo lo nuevo que experimentaba su cuerpo y con la resistencia y agitación de su juventud y ella haciendo el amor también por primera vez con un hombre, poniendo en ello todo lo que sabia y algo más, su amor, un sentimiento que no le había dado nunca a nadie y notando que nunca había sentido el placer así: era maravilloso; y se diò por completo, aislándose de todo, existiendo sólo para él.

 

¿Cuántas veces hicieron el amor? Hasta ella perdió la cuenta, comenzaron allí mismo en la terraza, luego fueron a la piscina, al embarcadero a bordo de la lancha, en varias habitaciones, rodaron por el suelo, se recostaron en la mesa del comedor. Era casi una luna de miel.

 

-Casi una luna de miel- pensó Claudia y suspiró mientras observaba a Rogelio que se había quedado dormido a su lado; pasó su mano por uno de sus pechos, ella sentía los labios de él en todo su cuerpo y con esa sensación y una sonrisa inocente y satisfecha se quedó dormida.

 

Ese día había sido feliz.

 

Así se inició la vida para ambos. Rogelio superó su timidez como quería su padre y Claudia conservó su amor en un rincón de su alma y el recuerdo de aquel día la animó siempre cuando la miseria que le rodeaba se le hacía insoportable. Por supuesto nunca volvieron a verse.

 

                                                   *****

 

-Claudia, usted tiene SIDA- le dijo el doctor en una forma pausada y un poco compasiva. Todavía él la recordaba  la primera vez que se había presentado en su consultorio, su belleza era impresionante en lo mejor de su vida, tenía veintidós años. Hoy habían pasado ya varios meses y una serie de consultas, análisis, malestares y la vida comenzaba a apagarse en ella.

 

Claudia se quedó pensativa, su corta e intensa vida pasó delante de ella y finalizó en una palabra, en cuatro letras mortales y luego preguntó:

 

-¿Desde cuándo estoy enferma?

 

El doctor se lo explicó tan sencillo como pudo, la enfermedad podía haber estado latente desde hacía  años o desde muy poco tiempo, ella escuchó vagamente otros términos: “sistema inmunitario, población a riesgo, heterosexual, drogadicción, múltiples compañeros sexuales, etc.”… pero en realidad no comprendió mucho.

 

Esa noche Claudia rezó fervorosamente, no por ella, al fin y al cabo su vida no había sido mala después de todo y en poco tiempo casi no había experiencia que no hubiera pasado. Pidió por él, pidió que su amor, ese sentimiento único y especial le hubiera protegido y deseó con todas sus fuerzas haber estado sana tres años antes y como siempre, el recuerdo de ese día y todo lo que ella sentía por él logró tranquilizarla.

 

                                             ****

 

En el otro lado de la ciudad un hombre frente a un gran escritorio en una habitación en penumbras, con el cabello desordenado, lloraba amargamente. Era el llanto más terrible de todos, el de un padre por su hijo y sobre un montón de papeles desordenados en todo el escritorio sobresalía uno, estrujado donde se leía:

 

                                                          HIV     POSITIVO

 

 

 

 

                                                                                            Julio 1999

Le puede interesar...

  • Posesión
    Posesión Erotismo por Linda S.
    Posesión
    Posesión

    Descargas:
    42

    Publicado:
    Apr 2018

    1. Grandeza y decadencia ¿Hong Kong? ¿Hong Kong? Esas dos palabras me daban vueltas y más vueltas en la cabeza. ¡Se había ido! Sin previo aviso, si...

    Formatos: PDF, Epub, Kindle, TXT

  • Lo que quieras
    Lo que quieras Erotismo por A.S.
    Lo que quieras
    Lo que quieras

    Descargas:
    233

    Publicado:
    Apr 2018

    Había probado bocas con labios sensuales, labios carnosos que daban besos generosos y plenos y labios de rubí que regalaban besos devotos. Le habían dado b...

    Formatos: PDF, Epub, Kindle, TXT

  • Pervertida
    Pervertida Erotismo por K.P.
    Pervertida
    Pervertida

    Descargas:
    139

    Publicado:
    Apr 2018

    La única regla que Anthony Sokorvsky tiene en la vida es no tener ninguna, sobre todo en lo que a placeres carnales se refiere. Pero sus oscuros intereses sex...

    Formatos: PDF, Epub, Kindle, TXT

  • Duermen
    Duermen Erotismo por M.M.
    Duermen
    Duermen

    Descargas:
    165

    Publicado:
    Apr 2018

    Sumergirse en el mundo del porno de la mano del mejor actor del mo- mento, Martín Mazza, puede ser la fantasía de muchos. Sin embargo, para Khaló Alí todo...

    Formatos: PDF, Epub, Kindle, TXT