Catalina en su Cuaderno

27 de diciembre 2012
Nada. Solo oscuridad. Solo la familiar oscuridad abrazaba a Catalina. Solo las
cuatro paredes de su cuarto la separaban del mundo exterior. Se tapó con la
gruesa colcha de su cama y pensó. Pensó en la pasada hora y media de ese
viernes. Pero, no pensó en la película. Ni tampoco pensó en lo que cenó.
Tenía miedo de que él viniese, aunque no debería. No debería de tener miedo a
su hermano ¿Ella se lo habría imaginado y solo eran caricias que un hermano
daba a su hermana pequeña? Sus finos dedos recorrieron el trayecto que las
manos de su hermano minutos atrás hicieron. Definitivamente un hermano no
tocaba de aquella forma a su hermana pequeña de trece años. No solo de trece
años, Catalina ni se acuerda de cuando empezó. Un hermano no llegaba a tocar
las partes íntimas de su hermana. Un hermano no tocaba los pechos de su
hermana. Un hermano no ponía su miembro en medio de los cachetes de su
hermana.
Un buen hermano no haría eso. Nunca había llegado a más, pero... Pero, aún
estaba mal ¿no? ¿Si solo la tocaba contaba como abuso o violación? No lo sabía.
Lo que si sabía es que no le gustaba ¿Cómo se lo iba ha contar a alguien? ¿Cómo
le iba a contar a su padre que su propio hijo la había tocado de esa forma? ¿Cómo
le iba a contar a su madre algo que ni siquiera estaba segura que era malo?
Estaba segura que no iba a llegar a más pero ¿y si?
Alguien llamó a la puerta y una cabeza con oscura cabellera se asomó por la
puerta abierta.
-¿Puedo pasar? preguntó su hermano.
Se percató en ese instante que no estaba a oscuras. La luz estaba encendida. Y su
hermano asomado al lado de la puerta.
En ese momento se dio cuenta que tenía que responder.
<¿Para qué?> pensó. Pero, en cambio, respondió:
-Sí, claro.
En ese momento pensó qué hacía allí su hermano en frente de su cama.
-¿Te has sentido incómoda antes?
-No.