Cicatrices de Verano por Alvaro García - muestra HTML

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Verano 1984.

Una concurrida playa en Castelldefels.

Chiringuito.

Él trabajaba allí.

Tenía diecisiete años y era alto, moreno, pelo negro y largo.

Atlético.

En pleno apogeo de la transición de adolescente a adulto.

Se levantaba a las seis de la mañana para abrir y limpiar la arena acumulada por la noche.

Y los rastros de las parejas nocturnas que aprovechaban la semi-intimidad del lugar para sus escarceos.

A las ocho ya estaba todo listo y preparado.

Los primeros bañistas aparecerían un rato después.

Le gustaba sentarse, solo, frente al Mediterráneo de Agosto mientras saboreaba el primer cigarrillo.

Calmo.

Suave.

Brillante bajo el sol.

Gaviotas pescando su desayuno.

Algunas barcas faenando a lo lejos.

 

Ella era de las primeras en llegar al chiringuito.

Pelirroja de melena leonina oculta bajo una enorme pamela.

Piel blanca apenas tostada por el sol.

Una miríada de pecas en su rostro y cuerpo.

Nariz recta y ojos verde-azulados.

Caminar tímido y cabizbajo.

Vestía un pareo de fantasía que no se quitaba y el bañador negro de siempre. Un modelo, que, aunque anticuado, no conseguía disimular un cuerpo escultural.

 

Se llamaba Christine y era belga.

Treinta años.

Llevaba un mes en España pero aún no hablaba apenas el idioma.

Guapa y educada, recibía muchas insinuaciones por parte de los ligones de playa que abarrotaban el chiringuito, pero ella mostraba una indiferencia pasiva a tales requerimientos.

Sonreía y poco más.

 

Había algo místico y misterioso en ella.

Algo que la hacía foco de miradas y murmullos.

 

 -"Buenos días, hace una mañana estupenda, me sirves un café largo, por favor ?" le dijo en inglés con su ronca voz.

-"Buenos días, señora  Christine, ahora mismo se lo traigo. Desea alguna otra cosa más ?" respondió también en inglés.

-"Sí... Que me llames Chris. Solamente Chris..."

-"Lo siento, pero son normas, señora. Mi jefe se enfadaría"

-"Tu jefe no está. Mientras no venga quiero que me llames Chris. Por favor. Señora me hace sentir mayor"

-"Está bien... Chris... En un minuto tiene su café"

 

Mientras le preparaban el café ella se sentó en una de las hamacas que rodeaban el chiringuito.

 

Él apareció al momento llevando el café y un periódico.

 

-"Su café señ... Chris... Le traje el periódico de hoy por si se quiere entretener..."

-"Gracias por el café pero hoy recogí la correspondencia y tengo que leerla para contestar"

-"Está bien, espero que sean buenas noticias"

-"Yo... Yo también... Espero... Gracias"

 

El volvió a sus tareas mientras Chris se dedicaba a sus cartas.

 

El lugar empezó a llenarse y en poco tiempo todas las hamacas estaban ocupadas por turistas sedientos de sol y cerveza.

Hambrientos de playa y paella.

 

También las mesas y la barra estaban llenas y él iba de un lado para otro sirviendo bebidas, tapas, helados y repartiendo sonrisas a los guiris.

Eso representaba propinas que le ayudaban a redondear un sueldo no muy grande.

 

Una hora después alguien grito:

-"Que se ahoga... Que se ahoga...!!!!!

 

Todo el mundo miró hacia el mar y cuando él lo hizo vio una figura corriendo, desprendiéndose de un pareo y unas gafas de sol, que se perdieron en la arena, zambulléndose en el agua y nadando a una velocidad asombrosa.

 

Todo el mundo se quedo boquiabierto.

El camarero cogió uno de los salvavidas de corcho que adornaban el interior del local y anudó una cuerda de nylon de un tendedero roto.

 

Se lanzó hacia el agua pero ya no hacía falta.

 

Christine venía nadando de espaldas con un solo brazo mientras con el otro sujetaba fuera del agua la cabeza de una niña de unos ocho años de edad.

 

Él le lanzó el flotador y cuando ella lo afianzó empezó a tirar del cabo a toda velocidad.

 

Antonio, el dueño del bar, les esperaba en la orilla con toallas.

Apenas salieron a la arena, la madre de la niña se la arrebató de los brazos llorando y acunándola...

-"Mi niña... Mi niña que casi se ahoga... La mato... El susto que me ha dado... Mi niña...!!!

 

Christine, de rodillas en la arena, jadeaba por el esfuerzo con una toalla  en los hombros.

A su lado, en cuclillas, el camarero se miraba las palmas de sus manos quemadas por la cuerda.

 

La madre lloraba.

La niña lloraba.

Christine lloraba...

Todo el mundo aplaudía.

 

Christine seguía llorando y el chico intentó levantarla de la arena.

-"NO ME TOQUES...!!!" le gritó...

 

Todo el mundo se quedo mudo.

Ella siguió sollozando cuando se puso de pié.

El chico estaba clavado en la arena.

-"Perdona... No quería gritarte... Tengo la espalda muy quemada por el sol" dijo con un amago de sonrisa.

-"Vaya... Pues nos has dejado a todos mudos del grito... Jajaja"

-"Lo siento, de veras... Por favor diles que lo siento"

El así lo hizo y la gente empezó a relajarse.

Antonio le dijo al chico que se fuera a cambiar de ropa ya que la que llevaba estaba empapada.

El muchacho le mostró las manos despellejadas y Antonio le dijo que se tomara el resto del día libre.

-"Y dile a la guiri que me devuelva la toalla"

Él así lo hizo.

-"Por favor, dile a Antonio que se la devuelvo más tarde. Voy al apartamento a cambiarme y luego se la traigo y deberías ir a que te curaran esas manos"

-"Luego cogeré la moto e iré al dispensario"

-"Moto...??? Piensas conducir con esas heridas...??? Estás loco si piensas que lo voy a permitir. Acompáñame al apartamento, me cambio de ropa y te llevo en mi coche. Vamos"

 

-"Siéntate en la terraza, estarás más cómodo. Quieres tomar algo fresco mientras me cambio de ropa, un refresco, cerveza...???

-"Cerveza estaría bien, pero tranquila, no hay prisa..."

Le trajo la cerveza y volvió adentro dejando solo al muchacho.

La espalda quemada...??? Si no se quita nunca el pareo... Y siempre con esa pamela y las gafas de sol... Y aún no se a quitado la toalla de los hombros... Pensó el chico.

 

Estaba acabándose la cerveza cuando volvió ella.

Se había puesto un short y un jersey de punto de color blanco y manga larga.

Traía una caja blanca con una cruz roja pintada en la tapa.

-"Veamos esas manos... Vaya... Esa cuerda te lastimó bien... Hay que desinfectar las heridas, luego una crema para las quemaduras y una gasa para protegerlas..."

 

Se dejó curar las heridas...

Había algo en esa mujer que la hacía misteriosa.

Su reacción cuando el muchacho la tocó no era normal.

Su llanto después de salvar a la niña tampoco.

Y esas dudas se reflejaban en la expresión de él.

 

Fin de la primera parte.

 

-"Que te ocurre ? Estás tenso como un cable ? Te doy miedo ?

-"Q-Q-Qué...??? N-No...!!! Que vá..."

-"Vamos, habla, qué te ocurre ?

El chico se quedo unos segundos con la boca abierta sin atreverse a preguntar hasta que de repente...:

-"Eres muy rara, Chris. Llevas un mes aquí y nunca se te ha visto en las discotecas o clubes de la zona. Bajas a la playa envuelta en ése pareo que no te quitas nunca y dices que tienes la espalda quemada. Una niña se está ahogando, la salvas y te echas a llorar... No lo entiendo..."

 

Ella esbozó media sonrisa de comprensión.

Sin decir una palabra cogió un álbum de fotos de la estantería.

Lo abrió y sacó una foto.

Se la mostró.

Una foto de ella con una niña de unos 5 años en brazos y un hombre abrazándolas.

 

-"Tu familia ?"

-"Mi marido e hija"

-"Y... están en Bélgica ?

-"Murieron hace un año"

-"Lo siento... No... No sabía..."

-"Estábamos en el mar. Un fin de semana de pesca. Un súbito golpe de mar nos volcó la lancha. Mi marido murió en el acto al golpearse la cabeza contra la borda. Mi hija se ahogó y yo no pude alcanzarla. Mi cuerpo estaba enredado en unas cuerdas y no conseguí cortarlas a tiempo... Mi niña murió a unos metros de mí... Yo no pude salvarla..."

 

Sin decir palabra se dio la vuelta y se sacó el jersey, quedando desnuda de cintura para arriba, mostrando la espalda.

Una espalda llena de cicatrices de las cuerdas que le habían impedido rescatar a su hija.

 

-"Entiendes porqué no soporto que nadie me vea ni toque la espalda ?"

-"Entiendes ahora porqué lloré cuando pude salvar a esa niña... Por un momento era a mi niña a la que arrastraba fuera del mar... Hasta que llegamos a la orilla..."

 

El se quedó en silencio sin saber que decir y con los ojos anegados en lágrimas.

Se levantó y fue hacia ella.

Ella se giró y sin mediar palabra se abrazaron consolándose.

 

Se besaron.

Sin lujuria.

Sin pensarlo.

Un beso consolador y reconfortante.

Un beso que nacía del dolor y la frustración.

 

Se desnudaron mutuamente.

En silencio.

Ella recorrió con su mano el pecho liso y duro de él.

Sus manos lo acariciaban tiernamente mientras sus ojos lo miraban sin ver.

Sus senos se acunaron, plenos y turgentes en las manos de él, llenándoselas.

Su pelvis se arqueaba contra la dureza que amenazaba romper el pantalón, aún húmedo, del muchacho.

Desabrochó el pantalón bajándolo de golpe para encontrarse con la masculinidad del chico en pleno auge, palpitante y llena.

 

Se tendió en la suave alfombra marroquí del salón y lo atrajo hacia sí.

 

Sus cuerpos se encontraron.

Sus bocas se buscaban con la fiebre de la excitación.

Ella le guió y con mano experta lo introdujo dentro de si misma.

 

El asalto duró solo un momento.

El deseo y el ardor de él se mezclaron con la desesperación y la humedad de ella en un clímax de placer y lágrimas...

El grito de ella resonó desgarrador

-"Paul... PAUL...!!!"

 

Permanecieron unos minutos pegados uno a otro como una estatua yaciente.

 

-"Vete. Por favor, vete... VETE...!!!"

 

Se puso sus húmedos pantalones y la camiseta blanca.

Descalzo se fue...

A la mañana siguiente volvió a abrir el chiringuito como hacía cada día.

Recogió, limpió y ordenó y se fumó su primer cigarrillo del día mirando a aquel mar aceitoso y deslumbrante.

Ella no apareció.

En todo el día.

Por la noche fue a su apartamento y lo encontró cerrado a cal y canto.

Rejas en puerta y ventanas.

Ella no volvió en todo el verano.

Ella no volvió nunca.

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