Conviértete y cree en el Evangelio. Febrero 2013 por Alfredo Ramos Genes - muestra HTML

TOME EN CUENTA: Esta es una vista previa en HTML y algunos elementos como enlaces o números de página pueden ser incorrectos.
Para la versión completa, descargue el libro en PDF, ePub, Kindle

VIERNES 01 DE FEBRERO

 

MARCOS 4, 26-34

 

CAPÍTULOS 1-4: UN RESUMEN

 

En capítulo 1, Jesús llamó sus primeros discípulos y comenzó su ministerio de predicar y sanar.

 

Después, el enfoque pasó a la controversia con líderes religiosos cuando Jesús perdonó los pecados de un paralítico (2:1-12), compartió mesa con recaudadores y pecadores (2:18-22), defendió a sus discípulos por segar espigas en sábado (2:23-28), y sanó en sábado (3:1-6). 

 

Entonces, Jesús se alejó de la controversia, dirigiéndose a multitudes más receptivas y hacia los discípulos (3:7 ff.).

 

En capítulo 4, Jesús presenta cuatro parábolas – el Sembrador (4:1-20), la Antorcha bajo el Almud (4:21-25), la Simiente que Brota (4:26-29), y el Grano de Mostaza (4:30-32) – después, explica su uso de parábolas (4:33-34; véase también 4:10-12).  Relata las cuatro parábolas a las multitudes, pero solo se las explica a sus discípulos (4:10 ff.; 4:34).

 

Tres de las cuatro parábolas tratan de simiente y del brotar de las plantas, pero cada una tiene su punto distintivo.  Específicamente, Jesús nombra la tercera y cuarta parábola (que se encuentran en nuestra lección evangélica) como parábolas del reino (4:26; 30) y da a entender que las cuatro parábolas tratan del reino (4:10).

 

 

VERSÍCULOS 26-29: EL REINO DE DIOS – COMO SEMILLA EN EL CAMPO

 

26Les decía: El reinado de Dios es como un hombre que sembró un campo: 27 de noche se acuesta, y de día se levanta y la semilla germina y crece sin que él sepa cómo.  28 La tierra por sí misma produce fruto (griego: automate), primero el tallo, después la espiga, después grana el trigo en la espiga. 29 en cuanto el grano madura,  mete la hoz, porque ha llegado la siega.

 

Ésta es la única parábola particular para el Evangelio de Marcos.

 

“Así es el reino de Dios, como si un hombre echa simiente en la tierra” (v. 26).  Echar simiente parece un comienzo poco importante, pero simiente tiene poder, produce plantas cuyas raíces pueden rajar rocas – plantas que proveen alimento y cubierta a los animales – plantas que hacen posible la vida humana.

 

“Y duerme, y se levanta de noche y de día” (v. 27).  El punto aquí es la calidad cotidiana de estas noches y días – “la vida de siempre” (Guelich, 241).

 

“Y la simiente brota y crece como él no sabe” (v. 27).  Esto parece ocultar el duro trabajo del sembrador, que riega, fertiliza, y arranca malas hierbas entre cada siega y cosecha.  Sin embargo, aún si un segador no hiciera más que echar simiente, mucha de la simiente germinaría y brotaría hasta su madurez.  Billones de semillas toman raíz cada año sin ninguna intervención humana.  ¡Trillones de semillas! Colinas y valles alrededor del mundo se cubren de plantas que ningún humano ha plantado, regado, fertilizado, o protegido de malas hierbas.

 

El punto de este versículo no es la obra del sembrador, sino la obra de la simiente, que brota a causa de una fuerza misteriosa y que crece tan despacio que no la vemos crecer.  Solo cuando nos alejamos y regresamos después de un día o una semana o un mes, podemos ver su crecimiento – y quedamos contentos por ello – y nos maravilla.

 

El reino de Dios es como este crecimiento lento pero constante.  Predicamos, invitamos, y testificamos, pero los resultados son de lo más ordinarios – unos niños se acercan y escuchan el sermón de niños – un adolescente se presenta para el bautizo o la confirmación – una pareja joven decide casarse por la iglesia – un grupo de hombres estudia la última encíclica pontificia – un grupo de mujeres reúne dinero para comprar una vaquilla para gente al otro lado del mundo.  Parece no sumar a mucho, pero ¡la simiente brota! ¡Dios está presente! ¡Cuidado! ¡Únete!

 

“Porque de suyo fructifica la tierra, primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga” (v. 28).  En la época de Jesús, gente no utilizaba fotografía para ver cómo se abren las plantas, ni microscopios para estudiar células.  El misterio del brotar de las plantas permanece sin examinar.  Sin embargo, aún con técnicas modernas solo podemos, hasta cierto punto, discernir como crecen las plantas – por qué crecen.  ¿De dónde viene su vida? Podemos explicar las propiedades físicas que causan a la simiente germinar, pero la vida misma sigue siendo un misterio – un misterio que puede conocerse solo a través de la fe.

 

Igual que “de suyo fructifica la tierra” por un proceso que solo conocemos en parte, así también fructifica Dios el reino por un proceso que permanece, en mayor parte, un misterio.  Sin embargo el punto aquí no es el misterio del reino, sino su capacidad de darnos la confianza para depender de él.  Tal como podemos confiar que la tierra producirá grandes plantas de pequeñas semillas, así también podemos confiar que Dios traerá un gran reino.

 

Igual que “de suyo fructifica la tierra (griego: automate)” (v. 28).  La traducción “de suyo,” solo capta en parte el significado de automate.  Esta palabra se refiere al crecimiento de la semilla causado por una fuerza interna que el sembrador no le dio – un poder de vida intrínseco de la planta – una fuerza de vida puesta ahí por Dios.  “De suyo fructifica la tierra” solo porque Dios lo ha hecho posible.  Así es también con el reino de Dios.  Debemos cumplir nuestra parte al proclamar el Evangelio, pero Dios es el que hace llegar el reino.

 

“Esta parábola es significante cuándo y dónde sea que los cristianos tomemos nuestros esfuerzos y a nosotros mismos demasiado en serio, buscando ‘traer el reino de Dios’ a través de nuestros planes y programas.  En contra de tan arrogante amor propio están las palabras ‘de suyo’ (automate), una sutil alusión a la presencia y el poder escondido de Dios” (Williamson, 98).  Nuestro papel es “echar la simiente sobre la tierra, no dictar en qué lugar o en qué momento debe dar fruto.  El éxito está asegurado, pero los detalles precisos de su proceso son conocidos solo por Dios” (Marcus, 326).

 

“Y cuando el fruto es producido, luego se mete la hoz, porque la siega es llegada” (v. 29).  Estas palabras recuerdan a Joel 3:13: “Echad la hoz, porque la mies está ya madura.”  El contexto de Joel es uno de juicio, que ha tentado a eruditos a interpretar este versículo en términos escatológicos – teniendo que ver con el juicio de la Segunda Venida de Dios.  Estos eruditos son alentados aún más por Revelación 14:14-19, otro texto escatológico que también utiliza la imagen de la hoz.  Su interpretación escatológica, sin embargo, requiere una explicación difícil y complica la parábola hasta el punto de incomprensión.  ¿Puede el sembrador de versículo 28, tan inadvertido e improviso, convertirse en el Cristo que regresa en versículo 29?  Esto es improbable.  Es mejor comprenderlo como una simple parábola de un sembrador ordinario que planta y siega, pero que confía en la gracia de Dios para hacer la cosecha posible.  Así también, trabajadores en el reino de Dios que “está cerca” (1:15), pueden contar con la gracia de Dios para traer el reino, pequeño y aparentemente sin importancia, a su completa fruición.


 
Hay otro significado aquí.  “La siembra de la simiente sobre la tierra ya ha sido inaugurada con el ministerio terrenal de Jesús.  El presente es un tiempo en espera de la siega, la consumación del reino y de la parousia (Segunda Venida) de Jesús.  Aún a pesar de persecución (4:17), la iglesia puede seguir con la seguridad que Dios cumplirá estas realidades.  Aunque nadie sepa la hora de la venida del reino (13:32), nada podrá impedir los propósitos y las promesas de Dios con la comunidad de fe” (Hultgren, 389).

 

Existe la posibilidad que Jesús contara esta parábola, en parte, para contrarrestar los fanáticos que defendían un derrocamiento violento de Roma, pero eso no se sabe por seguro.

 

 

VERSÍCULOS 30-32: EL REINO DE DIOS – COMO GRANO DE MOSTAZA

 

30 Decía también: ¿Con qué compraremos el reinado de Dios? ¿Con qué parábola lo explicaremos? 31 Con una semilla de mostaza: cuando se siembra en tierra, es la más pequeña de las semillas; 32Después de sembrado crece y se hace más alta que las demás hortalizas (griego: lachanon – plantas de jardín, verduras), y echa ramas tan grandes, que las aves pueden anidar a su sombra.

 

 

Esta parábola también se encuentra en Mateo 13:31-32 y Lucas 13:18-19.

 

“El reino de Dios...es como el grano de mostaza” (vv. 30-31).  Como a menudo es verdad, el Evangelio comienza de una manera distinta a la que esperamos.  Esperamos que Cristo venga como un poderoso guerrero pero, en vez, viene como un infante.  Esperamos que escoja a los mejores y más inteligentes como sus discípulos pero, en vez, escoge a gente ordinaria – pescadores – y hasta un recaudador de impuestos.  Esperamos que él compare el reino de Dios con un roble o un cedro, pero lo compara con un grano de mostaza – la más pequeña de las semillas.  “Dios no manda su reino como Poseidón manda su trueno.  Dios lo siembra como una semilla, todavía presente en el ministerio de Jesús, escondida e imperceptible, pero que anuncia una siega y un juicio” (Edwards, 143).

 

A menudo, Dios escoge obrar a través de individuos improbables: Jacobo el tramador – Moisés, el asesino y tartamudo – David, el niño cuyo padre casi se olvidó de mencionarle cuando Samuel vino en busca de un rey – Gedeón, el comandante de un pequeño ejército de trescientos hombres.

 

“La más pequeña de todas las simientes que hay en la tierra” (v. 31).  El grano de mostaza, aunque pequeño, no es la más pequeña de todas las simientes.  Sin embargo, en la época de Jesús mantenía su estatus proverbial como la más pequeña simiente – y sí es, además, muy pequeña.  El punto aquí es que el reino de Dios comienza con pequeños fenómenos, casi inadvertidos y aparentemente inconsecuentes. 

 

“Más después de sembrado, sube, y se hace la mayor de todas las legumbres (plantas de jardín)” (v. 32).  El énfasis aquí no está en el crecimiento de la semilla, como en la parábola del Grano de Mostaza, sino en contrastar la gran planta con la pequeña semilla de la que nació.  Puede que el reino de Dios no parezca mucho ahora, pero “sobrepasará en gloria los más poderosos reinos de la tierra.  Es la consecuencia de la acción soberana de Dios” (Lane, 172).

 

En Mateo y Lucas, la simiente crece hasta convertirse en árbol (Mateo 13:32; Lucas 13:19), pero aquí solo se presenta como “la mayor de todas las legumbres” (griego:lachanon – plantas de jardín).  La planta de mostaza generalmente crece a ser un arbusto de unos 10-12 pies (3-4 metros) de altura.  De nuevo, el punto no es el pequeño tamaño de la simiente ni el gran tamaño de la planta, sino en el contraste entre los dos.

 

“De tal manera que las aves del cielo puedan morar bajo su sombra” (v. 32).  Pájaros de nido sirven para mostrar el gran tamaño de la planta de mostaza, pero también puede servir otro propósito – aludir a la inclusión de gentiles en el reino.  En varias ocasiones, el Antiguo Testamento presenta la imagen de pájaros morando en las ramas de árboles cuando el lenguaje es inclusivo, es decir, “toda cosa que vuela habitará a la sombra de sus ramos” (Ezequiel 17:23) – “a su sombra habitaban muchas gentes” (Ezequiel 31:6) – “manteníase de él toda carne” (Daniel 4:12) – y “su fruto en abundancia, y que para todos había mantenimiento en él” (Daniel 4:21).  Sin embargo, si la inclusión de gentiles es lo que se pretende aquí, es un énfasis secundario.  El punto principal es el contraste entre los pequeños comienzos del reino y la certeza de su gran futuro.

 

Las parábolas de la Simiente que Brota (vv. 26-29) y el Grano de Mostaza (vv. 30-32), “advierten contra minusvalorar la proclamación del reino de Dios, por poco impresionante que sea su impacto inicial.  Lo que ha comenzado con el ministerio de Jesús en Galilea, por el poder de Dios, un día resultará ser sumamente significante.  Si por ahora su poder está escondido, no es por esa razón nada menos cierto, y su crecimiento será espectacular” (France, 217).

 

VERSÍCULOS 33-34: CON TALES PARÁBOLAS LES HABLABA LA PALABRA

 

33Con muchas parábolas semejantes les exponía el mensaje, adaptado a su capacidad. 34Sin Parábolas no les exponía nada; pero en privado, a sus discípulos les explicaba todo.

 

 

“Con muchas parábolas semejantes les exponía el mensaje, adaptado a su capacidad” (v. 33).  Marcos solo relata parábolas de representación.  Lo más probable es que hubiera otras.

 

“Les hablaba la palabra” (v. 33). ¿A quién se refiere Marcos con ‘les’? Seguramente a la multitud, mencionada la última vez en 4:1.  “Les hablaba la palabra, conforme a lo que podían oír.”  Jesús explica sus parábolas a sus discípulos (v. 34), pero no a las multitudes.  Al dar parábolas sin explicación, Jesús enciende una chispa en la imaginación de la gente, en vez de comunicarse con suma claridad.  A los discípulos, su círculo interno – aquéllos que creen – les revela la verdad.  Esto también es verdad hoy - ¡ver es creer!

 

“Sin parábolas no les exponía nada” (v. 34).  “Para el Evangelio de Marcos esto no es completamente verídico, porque Jesús enseñará en público sin parábolas en varias ocasiones (por ejemplo, 6:1-2; 7:14-15; 8:34; 10:1).  Quizá Marcos quiera decir que Jesús, en varias ocasiones, les habló a las multitudes de la naturaleza del reino de Dios solo de esta manera indirecta (proclamación abierta se sugiere en 1:15)” (Hare, 60).

 

Quizá Jesús enseñe con parábolas en este momento porque es temprano en su ministerio y aún no está listo para revelar por completo su identidad y propósito.

 

“Pero a sus discípulos en particular declaraba todo” (v. 34).  Por lo tanto, Jesús divide a sus oyentes entre los que están fuera, para quienes las parábolas permanecen sin explicar, y los que están dentro, quienes tienen el privilegio de recibir una interpretación en privado pero cuyo entendimiento será incompleto hasta después de la resurrección.

 

“Aquéllos dispuestos al reino de Dios necesitan la seguridad que el reino, en cual invierten sus vidas, algún día les será manifestado y serán victoriosos sobre los reinos con que compiten.  Este capítulo da esta seguridad.  A pesar del rechazo, una gran cosecha se garantiza...  Aunque no comprendamos el proceso, no debemos dudar el resultado final” (Geddert)

 

SÁBADO 02 DE FEBRERO

 

LUCAS 2, 22-40

 

VERSÍCULOS 22-24: Y LLEVARON A JESÚS A JERUSALÉN

 

22Y cuando llegó el día de su purificación, de acuerdo con la ley de Moisés, lo llevaron a Jerusalén para presentárselo al Señor, 23(como manda la ley del Señor: Todo primogénito varón será consagrado al Señor); 24Y para hacer la ofrenda, que manda la ley del Señor: un par de tórtolas o dos pichones.

 

“Y cuando llegó el día de su purificación” (v. 22). La purificación se aplica solamente a la madre. Ya sea intencionalmente o no, aquí Lucas parece combinar dos ritos:

 

–– Primero está la purificación de la madre después del nacimiento de un hijo (Levítico 12:1-8). Se considera a la madre impura por cuarenta días después del nacimiento de un hijo o por ochenta días después del nacimiento de una hija. Durante ese tiempo se le prohíbe ir al templo o tomar objetos santos con sus manos. La ofrenda apropiada para la ceremonia de purificación es un cordero o una paloma, pero la ley provee una excepción para los pobres, a quienes se le permite traer dos palominos (Levítico 12:8). Esta ofrenda de dos palominos nos dicen que José y María eran pobres. Jesús comienza su vida siendo uno de los pobres y cuya causa él va a defender durante todo su ministerio.

 

–– En segundo lugar está su presentación en el templo, una consagración y redención del primogénito (Éxodo 13:1-2, 11-16) que significa que el niño es “santo al Señor” (v. 23). La redención conmemora la liberación del pueblo de Israel a través de la última plaga: la muerte de los primogénitos en Egipto. Por lo tanto, todo primogénito de Israel (tanto animales como humanos) debe ser redimido. El precio de la redención de un bebé humano es de cinco siclos de plata (Números 18:15-16). El propósito de esta ceremonia es servir “como una señal sobre tu mano, y por una memoria delante de tus ojos; ya que Yahaveh nos sacó de Egipto” (Éxodo 13:16). Sin embargo, Lucas no menciona la redención de Jesús aquí. “Esta no es incompetencia histórica por parte de Lucas, sino un simbolismo deliberado. A Jesús nunca se le “redime”, sino que pertenece completamente al Señor” (Farris, 302). 

 

Un tercer requisito para un niño es la circuncisión. Esa se llevó a cabo un poco antes, el octavo día después del nacimiento de Jesús (v. 21).

 

Lucas deja claro que Jesús, desde el principio, es obediente a la Ley de Moisés. También confirma la devoción de José y María a la ley, mencionando la ley tres veces en los versículos 22-24 y una vez más en los versículos 27, 39. Lucas ya nos ha dicho sobre la devoción de María (1:38, 46-55). Luego sabremos que José y María van a Jerusalén cada año para la Pascua (2:41-42). Lucas “está interesado en enfatizar la continuidad entre la herencia religiosa judía, representada por la ley de Moisés y el culto del Templo, y el inminente cumplimiento de la salvación a través de la persona y ministerio de Jesús, aunque eso se extienda mucho más allá de los límites que definen a Israel” (Nickle, 27).

 

El pueblo judío del tiempo de Jesús observaba una multitud de rituales para marcar momentos significativos de la vida común. Estos rituales servían como un constante recordatorio de su relación con Dios y los alentaba a considerar toda la vida como sagrada. Hoy día muy frecuentemente ignoramos esos rituales o los manejamos muy crudamente, y por lo tanto nos empobrecemos. Dios ha plantado algo en nuestros corazones que necesita encontrar significado en medio de los eventos cotidianos de la vida. “Necesitamos aprender a recibir la mañana con gratitud; a celebrar la bondad de los alimentos, de la familia y de la amistada durante los alimentos; a reconocer el misterio en la bondad; y a marcar los ritos de pasaje” (Culpepper, 75).

 

Hay varios paralelos entre la dedicación de Jesús y la de Samuel, el gran profeta:

 

–– Elí le dijo a Ana que Samuel nacería (1 Samuel 1:17), igual que el ángel le dijo a María (1:26-38).

 

–– Ana trajo a Samuel, como niño todavía, al santuario para dedicarlo al servicio de Dios (1 Samuel 1:21-28).

 

–– Elí bendijo a Elcana y Ana (1 Samuel 2:20) al igual que Simeón bendijo a José y María (v. 34).

 

 

VERSÍCULOS 25-32:

 

25Había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre honrado y piadoso, que esperaba el consuelo de Israel y se guiaba por el Espíritu Santo.  26Le había comunicado el Espíritu Santo que no moriría sin antes haber visto al Mesías del Señor.  27Movido, pues,  por el Espíritu, se dirigió al templo. Cuando los padres introducían al niño para cumplir con él lo mandado en la ley,   28Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: 29Ahora, dueño mío, según tu palabra, dejas libre y en paz a tu siervo; 30porque han visto mis ojos a tu salvador, 31Que has dispuesto entre todos los pueblos; 32Como luz  revelada a los paganos y como gloria de tu pueblo Israel. 

 

 

Lucas enfatiza las poco usuales cualidades de Simeón. Es justo y piadoso. Ha pasado su vida “esperando la consolación de Israel” (v. 25). El Espíritu Santo estaba sobre él, y le había revelado que no moriría hasta que hubiera visto al Mesías (vv. 25-26). El Espíritu lo guía al templo, donde encuentra a José, María y a Jesús (v. 27). Toma al bebé en sus manos y ora, “Ahora despides, Señor, a tu siervo, conforme a tu palabra, en paz; 30porque han visto mis ojos tu salvación” (vv. 29-30). Dios ha cumplido su promesa, y Simeón ha visto al Salvador. Seguramente, a través de los años, había orado miles de oraciones, tenido miles de esperanzas, y sufrido miles de decepciones. Finalmente su sueño se realizó, y ahora podía morir en paz. Dios había recompensado su espera.

 

Nosotros somos un pueblo muy ocupado e impaciente. Queremos satisfacción inmediata, y odiamos que nos tengan esperando. Sabemos que “cualquier cosa digna de tenerse es digna de trabajar por ella”. También necesitamos aprender que “cualquier cosa digna de tener es digna de esperarse”. Dios trabaja en una zona de tiempo donde un día es como mil años. Cuando nuestros sueños no se realizan en un día, necesitamos tener en mente que Dios sigue obrando –envolviendo el paquete – sigue preparando el regalo para satisfacer nuestras necesidades y preparándonos para el regalo. Necesitamos orar, no solamente por el regalo, sino por la paciencia para esperar que Dios lo revele.

 

Así como Lucas enfatiza la ley en los versículos 22-24, también enfatiza al Espíritu en los versículos 25-27. Aunque los líderes judíos del tiempo de Jesús enfatizaban la ley al grado de que mataban al espíritu, la ley y el Espíritu son difícilmente incompatibles.

 

El primer oráculo de Simeón (vv. 29-32), conocido como Nunc Dimittis (que significa “ahora déjame partir”, que es la traducción del Latín para las primeras palabras de Simeón), ha sido usado para el culto cristiano desde el siglo quinto. En su primer oráculo, Simeón alaba a Dios por permitirle ver “tu salvación” (v. 30) y emite palabras tradicionales de paz, salvación y luz.

 

Después Simeón pronuncia palabras menos tradicionales (al menos para este templo donde los gentiles son relegados al patio más alejado), reconociendo que Dios ha “aparejado en presencia de todos los pueblos; 32luz para ser revelada a los paganos” (vv. 31-32a). Isaías antes había dicho que “Y se manifestará la gloria de Yahaveh, y toda carne juntamente la verá” (40:5); y habló de una “luz de las gentes” (42:6) y una salvación que alcanzará “hasta lo postrero de la tierra” (49:6), pero el judaísmo sigue siendo bastante aislado. Lucas también escribió el libro de Hechos, y en ese libro contará la historia de la iglesia que abre sus puertas a los gentiles. Simeón nos da una muy clara clave de la dirección que esa historia de la salvación tomará. Sin embargo, también es cuidadoso para añadir que Dios ha preparado la salvación para la “gloria de tu pueblo Israel” (v. 32).

 

En su énfasis sobre los gentiles, Simeón sugiere que Jesús “derriba cualquier traza de orgullo que los judíos pudieran haber tenido en su elección… Al mismo tiempo, Jesús es la muerte de nuestro orgullo en nuestros propios esfuerzos… Él es la salvación que Dios ha preparado, no una salvación que nosotros hemos logrado” (Arthur y Nestingen, 36).

 

 

VERSÍCULOS 33-35: UNA ESPADA TRASPASARÁ TU ALMA DE TI

 

33El padre y la madre estaban admirados de lo que decía acerca del niño.  34Simeón los bendijo, y dijo a María, la madre: Mira éste está colocado de modo que todos en Israel o caigan o se levanten; será una bandera discutida y así quedarán patentes los pensamientos de todos. 35En cuanto a ti, una espada te atravesará.

 

 

Simeón bendice a la Santa Familia (v. 34), pero luego dirige su segundo oráculo (vv. 34b-35) a María. Es bastante posible que José muera antes de que Jesús comience su ministerio. Si es así, José no experimentará los eventos de este segundo oráculo, que tiene un tono sombrío. Simeón habla sobre el levantamiento y caída – y oposición – y de una espada.

 

La “caída y levantamiento de muchos en Israel” (v. 34) se podría referir al hecho de que algunos judíos se convertirían en discípulos de Jesús mientras que otros se le opondrían. Se puede referir a las familias que son divididas cuando unos escogen a Jesús y el resto se vuelve contra él. Se puede referir a los primeros que serán los últimos y los últimos que serán primeros (13:30). Se puede referir a la destrucción del templo y de Jerusalén.

 

Jesús es destinado a ser “señal a la que será contradicho” (v. 34). Mientras que Jesús es luz (v. 32), “el hecho inescapable es que cualquier persona que se vuelve a la luz crea sombras” (Craddock, Interpretación, 39). Jesús será amigo de recolectores de impuestos y pecadores, pero las autoridades religiosas se le opondrán y finalmente tendrán éxito en matarlo.

 

Simeón le dice a María que “una espada traspasará tu alma de ti misma” (v. 35). Habrá momentos durante el ministerio de Jesús cuando a éste parece no importarle su familia (8:19-21), o cuando parece hablarle disgustado a María (Juan 2:4), y esos deben haber sido tiempos dolorosos para María. Además, María no puede fallar en ver que Jesús levanta grandes controversias, y debe estar angustiada de saber que es lo mejor, en vez de lo peor de la sociedad que se le opone. En la cruz, la espada que hiere el costado de Jesús seguramente no sería tan dolorosa como la espada que hiere el corazón de María. Dios ha honrado a María escogiéndola para ser la madre del Mesías, pero el honor no incluirá una vida fácil. ¿Qué podría ser más doloroso que una madre viendo a su hijo ejecutado como un criminal común?

 

 

VERSÍCULOS 36-38: TAMBIÉN HABÍA UNA PROFETISA LLAMADA ANA

 

36Estaba allí la profetisa Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era de edad avanzada, había vivido con el marido siete años la boda 37Y siguió viuda hasta los ochenta y cuatro. No se apartaba del templo, sirviendo noche y día con oraciones y ayunos.  38Se presentó en aquel momento, dando gracias a Dios y hablando del niño a cuantos aguardaban el rescate de Jerusalén.

 

 

Lucas pone a Ana con Simeón. “Es la costumbre de Lucas de poner a un personaje femenino con uno masculino incluso como, en este caso, su testimonio no añada nada específico a lo que ya se ha establecido” (Johnson, 56). Otras parejas hombre/mujer incluyen a:

 

–– Zacarías y Elizabet (1:5-24)

–– María y José (1:26-38); aunque José solamente es mencionado brevemente.

 

–– Jesús sana al siervo del centurión (7:1-10) y al hijo de la viuda (7:11-17).

 

–– Jesús sana al endemoniado gadareno (8:26-39) y a una pequeña niña y una mujer (8:40-56).

 

–– Jesús sana a la mujer encorvada (13:10-17) y a un hombre hidrópico (14:1-6).

 

–– Jesús cuenta sobre un pastor que ha perdido a una oveja (15:1-7) y de una mujer que perdió una moneda (15:8-10).

 

–– Jesús cuenta de una viuda y un juez injusto (18:1-8).

 

–– Jesús denuncia a los escribas (13:45-47), y alaba la ofrenda de la viuda (14:1-4).

 

–– Simeón de Cirene carga la cruz de Jesús (23:26) y las mujeres que lloraban y se lamentaban por Jesús (23:27).

 

–– En la cruz un centurión que ve la muerte de Jesús alaba a Dios y proclama la inocencia de Jesús (23:47), mientras que las mujeres, a distancia, “miraban estas cosas” (23:49).

 

–– José de Arimatea entierra a Jesús (23:50-54), y las mujeres se encargan del cuerpo (23:55-56).

 

–– Mujeres descubren la tumba vacía (24:1-12) y Jesús encuentra a los hombres en el camino a Emaús (24:13-35).

 

Estas parejas reflejan la poco común consideración de Lucas por las mujeres en esa sociedad patriarcal.

 

Tanto Simeón como Ana “son piadosos, ambos son profetas (v. 36; ver también las referencias al Espíritu en los versículos 25-27), probablemente ambos son viejos (vv. 26, 29 probablemente implica que Simeón se está aferrando a la vida solamente para ver al Mesías, como fue prometido), y ambos reconocen que al niño como el Mesías” (Tannehill, 70).