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incentivar la lectura a esos países en el cual es imposible conseguir sus

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este foro recibe dinero por participar en el actual documento. Es una

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autora, comprando sus libros, si estos llegan a tu zona o ciudad.

¡Disfruta!

2an

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Staff

MODERADORA

Carol Stratford

TRADUCTORAS

6NADI NES

Alysse Volkov

Lipi-Lipi

FMARYD

Fiioreee

Angi De Rossi

BETTG.

Corrección & LECTURA FINAL

Carolina Shaw

Diseño

Carolina Shaw

3ani

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Índice

Sinopsis

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Capítulo 8

Capítulo 9

Capítulo 10

Capítulo 11

Capítulo 12

Capítulo 13

Capítulo 14

Sobre la Autora

4ani

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Sinopsis

Ele-gan-cia.

Adjetivo \E-le-gan-te\

De un hombre: vestirse y actuar de una manera moderna y sofisticada: urbano,

atractivo, encantador y seguro.

El elegante y sexy-como-el-pecado Tyler Sinclair ha luchado

su camino desde la pobreza a la cima como un corredor de bolsa de Wal

Street. Hambriento de éxito, ambicioso de poder y gloria, no tiene tiempo

para las desordenadas emociones como el amor. Cuando su colega es

llamado a un viaje de negocios, Tyler está atascado con un interno que

nunca quiso y para el cual no tiene tiempo. Tres semanas de tortura lo

esperan.

Criada por una madre soltera, Brooklyn Bennett es una chica

australiana que trabaja y estudia duro para alcanzar sus sueños. Anota una

pasantía en una prestigiosa firma en Nueva York durante seis meses.

Centrado en su carrera, no puede permitirse el lujo de perder de vista sus

metas. El amor no está en su agenda.

Desde el momento en que Tyler pone los ojos en la chica con el

cabel o dorado, extraño acento y la actitud descarada, algo acerca de

el a le intriga. ¿Puede enseñarle todo lo que ella necesita aprender sin

5a

perder su corazón? ¿Puede hacerla rendírsele no sólo en la sala de juntas,

ni

sino también en el dormitorio?

Pág

¿U nas c uanta s no ches d e pasi ó n ca mbiará n la f or ma en q ue

ellos se sie nte n s obr e el am or… o s ólo se tr ata de se xo , di ner o y

dese o?

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1

Traducido por 6NadineS

Corregido por Carolina Shaw

Tyler

hase Spencer se paseó en mi nueva impresionante oficina

para dar su asentimiento de aprobación. Silbó mientras corría

C su mano sobre la parte trasera del nuevo mueble que justo

había llegado esta mañana. —Mierda, te has dejado la piel en esta ocasión,

Sinclair. ¿Cuero rojo?

—Sólo lo mejor hará, viejo amigo. —Me burlé, satisfecho de que mi

gusto ecléctico le impresionó.

Spencer, mi supuesto mejor amigo —en realidad mi principal rival—

y cinco años mi superior en la empresa y el ocupante de la otra esquina de

la oficina, me conocía mejor que nadie. Eso no era necesariamente una

buena cosa.

Abrió el cajón del lado de la mesa más cercano al sofá e inspeccionó

el contenido. —Incluso nuevos juguetes. —Spencer se maravilló mientras

corría las suaves cuerdas de cuero entre sus manos y luego la golpeó

contra el reposabrazos de cuero. Arqueó una ceja—. ¿Alguien en mente? —

Examinó el resto de cosas en el cajón, luego desplazó su mirada a la mía

esperando una respuesta.

6a

Me reí en voz baja. Era una hombre al que le gustaban las cosas

ni

nuevas —las viejas me aburrían. Trabajé duro y jugué incluso más duro.

Pág

Tomé mis recompensas sin disculpas.

—Sí. La pelirroja. La Srta. Oaks tiene un cuerpo follable. —Sonreí,

imaginándola curvada sobre el sofá.

Spencer sonrió. —¿Te importa si me uno? He querido tomar ese

trasero desde que puse mi vista en ella la primera vez.

—¿Quieres decir que no lo has hecho aún? —Estreché mis ojos

mientras lo estudiaba, luego asentí—: Seguro. Te daré una llamada

cuando la tenga establecida.

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Cruzó las manos sobre su pecho. —Bien. Estaré esperando. Ha

pasado un tiempo.

—Será pronto. —Sonreí cuando visiones de las posibilidades

corrieron a través de mi mente.

Chase y yo hemos hecho algunos tríos antes. Eso añadido a la

variada selección de placer que se tenía. Incluso aunque solo la había

conocido dos días atrás, la pelirroja parecía capaz de manejarnos. La

lujosa oficina fue diseñada para el trabajo y la diversión, y deseaba

empezar este nuevo capítulo de mi vida como un ejecutivo.

—Felicidades por llegar a la planta superior —sonó sincero aunque

no extendió su brazo para sacudir su mano.

Asentí, una irónica sonrisa serpenteando en las esquinas de mis

labios. —Gracias. No siempre fue fácil. — Eso es un jodido eufemismo.

Por once años he estado dejándome el trasero en McAdams&Williams

Inversions, la mejor agencia de corredores de bolsa en Wall Street,

trabajando ridículas horas para que pudiese subir la escalera

rápidamente.

Esto era. Spencer y yo estábamos en la pierna final de la carrera —

ambos acelerando para hacer dúo ahora que McAdams había muerto.

Fruncí el ceño. La educación de Chase en la Ivy League y la antigüedad lo

pusieron en liderazgo, pero eso no me pararía. Infiernos no. En todo caso

eso me motivó a trabajar más duro para conseguir mi sueño.

Tomó coraje, determinación, tenacidad, bolas y una generosa gota de

engaños mezclados con ingenuidad. Todos los ingredientes de la mejor

industria. Me merecía cada centímetro cuadrado de la lujosa oficina con

vistas al río Hudson a la que me mudé el día anterior.

Decir que lo hice únicamente por el duro trabajo sería una mentira.

Usé cada truco en mi arsenal para hacer mi objetivo de ascender de ser de

menor rango al puesto más alto real. Algunas tácticas usadas fueron

menos que honorables, pero hice lo que debía hacer con tal de probar el

éxito.

7an

Nada ni nadie se interpondrá en mi camino de convertirme en la

i

pareja más joven que ha visto esta empresa en cincuenta años.

Pág

Spencer ajustó su corbata. —Bebidas en mi oficina a las seis.

Celebraremos con una vieja botella de whisky de un siglo en lo que

trazamos nuestros futuros juntos.

Rodeé mi escritorio y le palmeé el hombro mientras lo dirigí

sutilmente hacía la puerta. —Que sea a las siete y estaré ahí. Tengo un

montón de mierda que preparar antes.

—Trabajas demasiado duro, Sinclair. Necesitas hacer más tiempo

para disfrutar tu éxito.

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Sí, estoy seguro de que te gustaría que aflojara para que puedas

tomar mi puesto. Como el infierno, colega.

Enderezando su espalda, intentaba empujarlo fuera. En su lugar

solo sonreí y dije—: Lo planeo. Espera a que veas mi nuevo bebé.

—¿Compraste un coche nuevo? Mierda Sinclair, no te estás

conteniendo, ¿no? —Sus ojos se estrecharon mientras me apreciaba.

Reí. —¿Por qué debería? Estoy bien en recorrer mi plan de cinco

años. Lo próximo es hacer dúo. Estate atento, Spencer. Será mejor que

tomes tu juego si quieres vencerme.

—Buen intento, Sinclair. Sabes que el viejo hombre Williams me

ama.

Sí, pero a su mujer e hija les gusto yo.

Frotando sus manos juntas, dijo—: Si uno de nosotros hace pareja

este año, seré yo.

Quería golpear la segura sonrisa fuera de su cara. Clavando dagas

en su espalda mientras caminaba lejos, maldije en voz baja y cerré la

puerta.

La habitación me presionó, haciéndolo más difícil para respirar.

¿Cómo demonios me metí detrás de un escritorio saturado de papeles y

con una carga de llamadas por hacer? Este era el precio por pagar,

extrañaba los días de estar en el piso donde se hallaba la acción,

adrenalina bombeando a través de mis venas.

Des del primer día que empecé a trabajar en Wall Street en un

menor rango, quise una oficina en la esquina de la torre de marfil.

Exhalando un largo suspiro, me paré en frente de la ventana que iba del

suelo al techo con vistas al río y al puente Brooklyn y disfruté las

espectaculares vistas.

¿Es eso suficiente? En algún lugar dentro, un vació me carcomía.

—Srta. Oaks, saldré a comer fuera. Toma mis llamadas —ladré al

teléfono cuando tomé mi chaqueta del gancho. Necesitaba aire fresco.

8ani

Con el paso de los años, he hecho a un montón de gente rica,

incluyéndome. Tenacidad y bolas de hacer me habían traído aquí.

Pág

Raramente dejé mi escritorio excepto para un pis o una junta, pero tuve

que salir. ¿Cuándo fue la última vez que sentí el sol en mi piel o el viento

en mi pelo? Llegué a la oficina en la oscuridad y si iba a casa, sería

después de que el sol se hubiese puesto. Mi bronceado era totalmente

falso, porque bueno… ¿quién tiene tiempo para tumbarse bajo el sol?

Todo lo que necesitaba se encontraba aquí. El gimnasio totalmente

equipado en el piso de abajo me vio el primero en las mañanas, donde hice

una hora completa de ejercicio, más cinco minutos de rayos UVA,

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manteniendo un cuerpo saludable y en forma seis días a la semana. Me

dio la resistencia para poder pasar a través de los agotadores días de

catorce horas de trabajo con energía suficiente, y una clara ventaja sobre

mis vagos compañeros que preferían dormir esos sesenta minutos extra.

Un baño privado unido a mi oficina me permitía el lujo de

refrescarme cuando sea que lo necesitara y guardé varias prendas de ropa

de repuesto en un armario construido con el objetivo de que sea caso de

necesitar ir a algún lado pudiese dirigirme directamente desde la oficina.

Los sofás de cuero tenían un doble propósito: un lugar para dormir y

un lugar para follar.

Normalmente, tenía una mujer viniendo directamente a la oficina —

eso ahorraba tiempo y un montón de molestias. Había follado en cada

espacio posible de mi antigua oficina, y estaba ansioso por hacerlo con

esta.

Mientras antes mejor. Mis bolas no se habían vaciado en trece días y

contando —eso me ponía de mal humor. La Srta. Oaks sería la suertuda

Asistente Personal Ejecutiva en obtener el primer saber de mi marca

especial de follar.

La reputación en la empresa me había precedido; las mujeres en la

empresa hablaban sobre mis inusuales preferencias y el voraz apetito

sexual, y estaban ansiosas de ser incluidas en mi lista, escurriéndome sus

números de teléfono y direcciones. A veces, dejaban una llave dentro de un

sobre en mi escritorio, e incluso la pelirroja me había dado la mirada desde

que me mude hace dos días.

Sip. Todo estaba perfecto. Exactamente en la manera que me

gustaba. Eficiente y efectiva. Funcionando sin problemas, como una

máquina bien engrasada.

Entonces, ¿por qué no podía sacudir la inquietud que se apoderó de

mí?

Recogí la tarjeta de cumpleaños de mi escritorio. Hoy era mi

cumpleaños veintinueve, sin embargo la única persona que se molestó en

9a

enviarme un mensaje especial cada año era la hermana Tessa, quien

ni

mantenía una casa de chicos donde pase parte de mi infancia. Sonreí

Pág

irónicamente. ¿Era porque ella realmente se preocupaba por mí como

persona, o por la enorme donación que hice anualmente a la institución

benéfica que dirige ella? Sin mi ayuda, St. Thomas Boys Home habría

cerrado hace unos años. El sitio no era mucho, pero era incluso mucho

mejor que algunas de las otras que se les daban a los jóvenes huérfanos o

con problemas.

Abriendo el cajón del escritorio, empujé la tarjeta dentro y lo cerré.

Odiaba los cumpleaños.

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Cerré la puerta de la oficina detrás de mí y miré a la mujer de

cincuenta y algo años sentada detrás de escritorio en el área de recepción.

¿Dónde demonios estaba la sexy pelirroja?

—Espero que la Srta. Oaks esté de vuelta aquí cuando vuelva. —La

boca de la vieja mujer formó una O mientras registraba mi desacuerdo, y

asintió mientras bajaba los ojos.

Tamborileando los dedos en mi bíceps, esperé que llegara el

ascensor. Los músculos en mi cuello estaban aglomerados y mataría por

un masaje chino. Las puertas se abrieron y di un paso dentro, deseando

salir fuera del edificio. Bajé varios pisos hasta que se paró y dos jóvenes

becarias entraron, hablando animadamente sobre sus citas la noche

anterior mientras me miraban por debajo de sus pestañas. La rubia alta se

ruborizó cuando le sonreí y guiñé, pero mantuvo su mira en mí. Tenía una

linda sonrisa y enormes pechos, pero ella era muy joven para mí. Me

gustan mis mujeres con experiencia. No estaba interesado en el tipo

vírgenes.

—Señoritas —saludé mientras esperé que salieran en la planta baja.

Me dirigí hacía la puerta giratoria e hice mi escape al humo neblinoso del

aire de Nueva York. Parpadeé a la luz del sol y maldije en voz baja que

había olvidado mis gafas de sol, en el coche.

Girando a la izquierda, caminé Wall Street abajo hacía el parque. El

aroma de perrito caliente llenó mis fosas nasales y me puse en la cola del

carrito ambulante del vendedor, mi boca haciéndose agua mientras

esperaba mi turno. Nunca comí comida basura, y no había comprado

comida en puestos ambulantes desde que empecé a trabajar como

corredor de la bolsa en una de las empresas más prestigiosas en el mundo.

Pero hoy, una extraña nostalgia me había golpeado y anhelaba las

cosas simples que antes eran un lujo. Sabía por qué. Además de ser mi

cumpleaños, era también el aniversario del día que mi madre nos había

dejado a mi padre y a mí. Eso fue hace veintidós años atrás, sin embargo

aún desordenaba mi cabeza como si hubiera sucedido ayer.

10an

i

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2

Traducido por fmaryd

Corregido por Carolina Shaw

Brooklyn

enía sentimientos encontrados sobre Nueva York. Una parte de

mi amaba el ritmo persistente y el oleada interminable de gente

T alrededor. Podía oler la ambición en el aire. Me emocionaba y

perturbaba hasta el infierno.

—Frota sus bolas, Brooklyn —Cassidy se rio mientras ponía la

cámara enfrente de mí y apretaba el botón. Finalmente era mi turno de ser

fotografiada con el furioso toro dorado, el icono de Nueva York por el que

me había estado muriendo ver y tocar desde que era una niña.

—Por Dios, que nueces tan grandes tiene —reí mientras colocaba mi

mano debajo de sus bolas y disfrutaba mis 15 segundos de fama.

Por la esquina de mis ojos, me percate de un hombre alto parado

entre unos con shorts y playera de unos fanáticos, sosteniendo su teléfono

y dirigiéndolo hacia mí. Mi mirada se enfocó en él. ¿Obviamente no?

¿Porque un extraño me sacaría una foto? Garantizado, era temporada de

turistas, y una multitud de tres personas inundaban la estatua, pero no se

veía para nada como un turista. A pesar del clima cálido, estaba vestido

con un traje oscuro, el cual le quedaba a su cuerpo como si hubiese sido

diseñado especialmente para él.

11ani

Era para morirse de lo guapo que era. Nuestros ojos se encontraron

Pág

a pesar de la multitud y unos cuantos segundos después, me encontré

siendo tragada por sus ojos verdes. Su sonrisa de infarto calentó desde

mis adentros hasta mis tobillos e hizo que mi corazón latiera locamente.

Calor encendió mis mejillas mientras los segundos pasaban y ninguno de

los dos rompía el contacto. Esto era una locura. Como si un imán me jalara

a él. Mi boca se secó y tragué fuerte. Alzó una ceja y me tomó otra foto

agarrando las bolas del toro.

¿Qué demonios?

—Mira para acá, cariño –grito Cassidy.

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Obligándome a mí misma, quité mis ojos y en vez de eso miré

fijamente a la cámara de Cassidy. ¿Solo me imaginé que me comía con los

ojos con tanto interés?

—Disfrútalo, cariño. Probablemente será la única vez en que puedas

manosear a un toro —se burló Cassidy en lo que tomaba la foto. Riendo,

puse nuevamente mi atención en el toro de metal y la cámara, solo para

darme cuenta que la multitud comenzaba a inquietarse, haciéndome saber

que mi tiempo había terminado y era su turno para ser fotografiados.

Un poco asustada e incapaz de detenerme, eché un vistazo en su

dirección.

Se había ido.

Estreché mis ojos y escaneé la multitud, pánico atravesándome

durante me percataba que a lo mejor jamás lo volvería a ver. Busqué de

todos modos, esperando desesperadamente atrapar otro vistazo del

hombre que había logrado atrapar mi imaginación con su sonrisa torcida e

intensa mirada.

Sip, definitivamente una imaginación hiperactiva. Había sido

bendecida con una de esas. Se lo atribuía al síndrome del hijo único,

siempre inventando amigos imaginarios con quienes platicar. Sin embargo

aún no me podía sacudir la conexión que había sentido por el extraño,

incluso si solo hubiese durado un minuto.

Decepción llego a mí. ¿A dónde se había ido tan rápido?

—Imagínate, en tres días estarás caminando en Wall Street para

empezar tu nueva carrera. Estoy tan emocionada por ti —Cassidy jaló mi

brazo hacia el puesto de hotdogs—. Joder, tengo hambre. El olor a comida

me está torturando.

Me había estado muriendo de hambre desde nuestro escaso

desayuno que fue una manzana para cada una en la recepción en nuestro

hotel barato mientras nos registrábamos, pero por alguna razón, mi

apetito había desaparecido. —Um… ¿te acuerdas que nos advirtieron no

comprar comida en la calle? Estos carritos han sido expuestos al smog

12a

todo el día. No puede ser saludable.

ni

—Brooklyn Bennet, por una vez en tu maldita vida, olvídate de las

Pág

jodidas reglas y disfruta. Todas estas personas no pueden estar

equivocadas —señaló hacia la larga fila en frente de nosotras—. Vive en el

lado salvaje. Corre riesgos —me guiñó el ojo para suavizar sus palabras.

¿Qué hubiera pasado si hubiera corrido el riesgo y mantenido

contacto visual con ese extraño? ¿Si de hecho le hubiera sonreído de

vuelta? ¿Se habría movido más cerca y me hubiera hablado?

No seas jodidamente ridícula. ¿Por qué en el infierno haría eso?

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Dándole al carrito una mirada y percatándome que el despachador

usaba guantes, y que el producto estaba cubierto con tapas de plástico,

me encogí de hombros. —De acuerdo, pero solo por esta vez. No comeré

maldita comida envenenada antes empezar mi pasantía. Trabajé

jodidamente duro para llegar aquí; no echaré a perder por una comida al

azar llena de contaminación.

—O.M.D1. A veces eres quisquillosa. Pero aun así te amo —dijo,

levantando dos dedos al despachador—. Tomaremos dos, gracias.

Me encogí de hombros mientras de di cuenta que el hombre se

limpiaba el sudor de su frente con la palma de su mano. De cerca, las

cosas no se veían tan limpias como se veían desde lejos, pero era

demasiado tarde para acobardarme. Comería mi primer hotdog de Nueva

York. Solo llevábamos aquí 6 horas y ya había roto una de mis reglas

fundamentales de alejarme de la comida chatarra comprada en la calle.

Mierda.

Mordí el hotdog. Maldición, estaba bueno. Cerré mis ojos y saboreé

el momento. Después de estudiar mucho y partirme el trasero ahorrando

para esta oportunidad de una vez en la vida, por fin estaba aquí. Gratitud

y emoción burbujeaba dentro de mí. Era afortunada, y lo sabía.

—Mierda, Cass… hace seis meses, esto era un sueño lejano —me

limpié el kétchup cayéndose en mi barbilla con la servilleta extra que

había tomado del carrito.

—A lo mejor, para ti. Siempre supe que conseguirías la pasantía.

Nadie estudió o trabajó tanto como tú, bebé. Te lo mereces tanto —Cassidy

lamía sus dedos, uno por uno—. Dios, oficialmente es el mejor hotdog que

he comido en mi vida. Podría comerme otro.

Le sonreí. —Mejor que dure ese hasta la noche. Estamos con un

presupuesto corto, ¿recuerdas? Hasta que tengamos nuestros primeros

cheques, estamos como jodidas.

—Sí. No me lo recuerdes. ¿De nuevo, por qué escogí esta opción? —

un ceño fruncido enmarcó su hermoso rostro.

13a

Le arrugué mi nariz. —Porque eres una perra necia, esa es la razón.

ni

Necesitando demostrarle al mundo que no necesitas el dinero de Papi.

Pág

Déjame decirte, que estar en bancarrota no es muy divertido.

—Gah, lo estoy aprendiendo ahora. ¿Haciéndome ir en metro en vez

de un taxi desde el aeropuerto? ¿Reservando en un hotel de dos estrellas?

¿Por qué demonios no acepté la tarjeta de crédito que Papi me ofreció en el

aeropuerto? –refunfuño.

Puse mis ojos en blanco. —Cass, deja de quejarte. ¿No decidiste que

eras lo suficientemente grande para estar por tu propia cuenta y

1 O.M.D = Se refiere a OH MI DIOS.

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demostrarle al mundo que puedes hacerlo sola? A lo mejor deberías ser tú

la que le esté frotando las bolas del toro… sólo digo —reí entre dientes.

Llevábamos 48 horas en nuestra aventura. ¿Cómo duraría los siguientes

seis meses?

Mi mejor amiga nació con una cuchara de plata en su boca. Su

familia era dueña de propiedades y negocios en Australia que les

aseguraban estar en la categoría de súper acaudalados, dándole a Cassidy

una salida que no existía para mí. Ella podía llamar a sus padres en

Sydney para pedirles dinero en cualquier momento que se cansara. Yo, por

otro lado, no tenía más opción que hacer que esto funcionara. Tenía mi

espalda contra la pared… rendirse no estaba en la agenda.

—No sé cómo lo has logrado durante todos estos años. Me refiero a

que, sin faltarle el respeto a tu Mamá, pero ¿Cómo en el infierno

sobreviviste? —me miraba fijamente con ojos grandes y redondos, un

destello de entendimiento apareciendo.

Sonreí. El vivir precariamente como una madre soltera había

cobrado su factura en la salud de mi madre. Había aprendido desde una

edad temprana aprovechar al máximo lo que teníamos, y estar agradecida

por las pequeñas consideraciones. Era una lección que estaba

restregándosele a Cassidy Goodwin en la cara.

—Nos las arreglábamos… siempre lo hacíamos. Mamá es una mujer

maravillosa. Mi única preocupación es que el estar aquí es dejarla sola

mientras sigo mi sueño —mi garganta se apretó con el pensamiento de ella

sola de regreso en nuestro pequeño departamento. Afortunadamente

nuestro vecino, el Sr. Lancaster, era bueno como Mamá, y prometió

ayudarla si era necesario.

—Tienes suerte, al tener a tu Mamá como apoyo. La mía cree que si

le lanza dinero a los problemas, ellos desaparecerán. Desearía ser tan

cercana a la mía como lo eres con la tuya. Es invaluable… algo que el

dinero no puede comprar —su expresión melancólica llenaba de lágrimas

mis ojos. Parpadeé un par de veces, decidida a no ponerme toda llorosa.

Nunca habíamos tenido mucho dinero, pero con la cantidad de amor que

14

recibí, jamás me sentí privada. Sinceramente creía que Cassidy cambiaría

ani

de lugar conmigo en un latido para que a su madre le importara una

fracción como lo hacía mi Mamá.

Pág

Apreté su mano y cambié de tema. —Cariño, se está haciendo tarde.

Será mejor que empecemos a buscar departamento, si queremos estar

instaladas antes de que comience mi nuevo trabajo. Tendremos un montón

de fines de semana para hacer la cosa de la turisteada en los siguientes

seis meses.

—Tienes razón, como siempre, Srita. Práctica. Recuerda, prometiste

que podría escoger la recamara que quisiera.

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Asentí. Que recamara era mía era el menor de mis problemas.

15a

ni

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3

Traducido por Fiioreee

Corregido por Carolina Shaw

Brooklyn

ebiendo en los monumentos de la ciudad, aterrizamos en

Times Square al caer la noche. Era nuestro tercer día en

B Nueva York, y ya la ciudad que nunca duerme está fascinada

con su frenética paz.

Habíamos pasado la mayor parte del día buscando lugares

amueblados para alquiler, cogiendo el metro y caminando hasta que

teníamos ampollas en los pies. Finalmente encontramos un apartamento

que parecía razonable. No estaba repleto de cucarachas o cayendo a

pedazos, y es de esperar que ni la renta ni los vecinos nos estrangularían.

Lejos de ser capaces de permitirnos el lujo de dos dormitorios, nos

instalamos en un apartamento de un dormitorio con dos camas y una

pequeña cocina. Al menos la sala de estar era bastante amplia, ya que

probablemente pasaríamos la mayoría de nuestro tiempo allí. Al principio

Cassidy se había negado a compartir una habitación, no obstante luego de

ver cinco apartamentos de dos dormitorios que no nos podíamos permitir,

la convencí de que sería divertido compartir un dormitorio donde

pudiéramos charlar antes de dormir.

Habíamos recogido nuestro equipaje desde el depósito del hotel y nos

16ani

trasladamos directamente a lo que sería nuestro nuevo hogar durante

medio año. Después de desempacar nuestras pocas pertenencias, y ya que

Pág

no teníamos comida, nos decidimos a disfrutar del ambiente de la ciudad y

conseguir un bocado para comer.

Embobados con la boca abierta a los grandes carteles intermitentes

que probablemente utilizan el equivalente a un penoso mes de electricidad

para nuestro apartamento en cuestión de horas, hemos encontrado un

lugar para sentarnos y donde podíamos devorar nuestra cena. Había visto

muchas fotos de este famoso lugar, pero nada comparado con el bullicio y

el ambiente cosmopolita de estar realmente allí.

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—No puedo creer lo pequeños y caros que son los apartamentos de

por aquí. Por suerte me salvó mi dinero de cumpleaños para el depósito, o

estaría jodida —dijo Cass mientras buscó en su porción de pizza.

—Tenemos nuestra propia cocina pequeña, y es cerca de una

lavandería, así que vamos a estar bien. —Mi optimismo fue disminuyendo

con rapidez, pero no podía dejarle ver mi alarma. La pobre muchacha ya

había tenido tantos choques culturales que no tuve el corazón para

desalentarla aún más.

—Yay. ¡Por suerte!

Sonreí mientras tomaba un bocado de mi pizza. —Por cierto, no

sabía que podías ligar así.

—Oh, cariño —dijo con su voz más afectada, dándose aires y

gracias—, vale la pena venir del dinero, y he estudiado a mí querida madre

haciendo eso toda su vida. Coquetear siempre funciona para ella, así que

pensé que le daría una oportunidad.

—Maldita inteligente. —Me reí—. E incluso te las arreglaste para

conseguir una tasa de descuento. Estoy orgullosa de ti, polluela. Sigue

perfeccionando esas habilidades; algo me dice que las vamos a necesitar

mucho.

Cassidy había estudiado arquitectura y habíamos conocido durante

clases compartidas en la Universidad de Sydney. Aunque Cass y yo éramos

dos mundos aparte, nos unimos porque éramos parte de sólo un puñado

de mujeres en una clase dominada por los hombres. Y al instante

habíamos hecho clic, a pesar de nuestras diferencias. Fue una bendición,

porque nos complementamos la una con la otra en fortalezas y

debilidades. Juntas hemos hecho un equipo patea—traseros. Tuvimos una

la espalda de la otra, y para mí eso fue una gran mano.

Ella echó la cabeza atrás y se rió. —No, tonta, es debido a que el

agente de alquiler pensó que nuestros acentos australianos eran lindos y

decidió que nos dejaran el lugar.

—¿Te parece? Supongo que jugaron una pequeña parte. Pero sobre

17a

todo creo que el Sr. García fue herido por tu...

ni

—Lo que quiero es un hombre de verdad, cariño. Uno con bolsillos

Pág

profundos y una educación Ivy League, que me puede tener en la manera

en que yo estoy acostumbrada. Ah, y pequeñas pollas no necesito aclarar.

—Cassidy era un monstruo del sexo y un auto declarada ninfómana.

Francamente, yo no estaba segura de cómo viviríamos juntas en un

espacio reducido una vez que comenzaría a traer chicos a casa.

¿En cuanto a mí? No tenía ningún interés en el sexo o los hombres.

Yo estaba construyendo mi carrera, así podía ganar un salario decente

para cuidar de mi madre. Ella había sacrificado mucho durante estos años

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para darme lo mejor que pudo, y era tiempo de devolverlo. Desde que

mamá había sido diagnosticada con esclerosis múltiple hace unos meses,

se hizo imperativo que yo me ocupe de ella. Simplemente no tengo tiempo

para el romance, o cualquier otra cosa que me pudiera desviar. Le debía

eso.

Me aclaré la garganta. —Um, quería preguntarte... ¿Está bien si

tomo prestada tu hermosa camisa blanca? Puedo combinarla con mi

falda—lápiz y los tacos para que esté presentable para mi primer día

mañana. —Mis mejillas ardieron mientras esperaba su respuesta. Nunca

habíamos llevado la ropa de la otra porque, bueno... la mía era de los

grandes almacenes baratos, y la de ella de boutiques de diseñadores.

Además de eso ella era alta y delgada, y yo era corta y bien formada, por lo

que nunca sería capaz de usar sus pantalones o faldas de todos modos. En

los senos estábamos igual de bien dotadas, así que estaba segura de que

su camisa me encajaría.

—Por supuesto que puedes, cariño. Cuélgalo en el baño para que el

vapor pueda deshacerse de las arrugas.

Dejé escapar un largo suspiro. —Gracias, Cass. Eres mi salvavidas.

Ella me guiñó un ojo. —Guarda tu alabanza para cuando realmente

salve tu vida de tenerte instalada... Con un hombre de verdad.

Me reí, sacudiendo la cabeza con fuerza. —No sucederá.

Definitivamente no en los próximos seis meses.

A menos.

A menos que me encuentre con él. Qué extraño. No podía salir de mi

cabeza. Era extraño, pero cada vez que cerraba los ojos, allí estaba él,

sonriendo, esos ojos verdes clavados en los míos. Presioné mis rodillas

juntas para detener el dolor sordo en mi interior.

Por suerte no había ninguna posibilidad en el infierno de que eso

ocurra, así que estaba a salvo. Y mis reglas eran sencillas. No hay

hombres. Nada de sexo. No hay relaciones.

Fácil.

18ani

Pág

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4

Traducido por Alysse Volkov

Corregido por Carolina Shaw

Tyler

eriamente cabreado, estrellé el teléfono, y luego procedí a

pasearme por la oficina mientras frotaba mis sienes. Había

S desarrollado el jodido dolor de cabeza del infierno.

¿Qué demonios había estado pensando, a aceptar la solicitud de

Chase? No me hacía cargos de internos. Nunca lo he hecho, y nunca lo

haré. Eran un dolor en el culo. Podía hacerlo todo yo mucho más rápido

que explicándome repetidamente a algún tonto imbécil.

Tres semanas.

Mierda.

Lo que necesitaba era sexo. Lo que no necesitaba era un interno.

Mis noches en el trabajo estropearon mis posibilidades de ligar

últimamente. Generalmente tenía una lista de espera para mis

sexcapadas, pero cada mujer que había llamado en los últimos días

también o estaba fuera de la ciudad u ocupada. Nunca había

19an

experimentado una sequía de mujeres antes y mis bolas dolían.

i

Pág

Cogí el teléfono. —Sra. Oakes, consígueme el archivo del interno de

la oficina del Sr. Spencer.

—Sí, señor. Ahora mismo —contestó inmediatamente.

Cinco minutos más tarde todavía no traía el maldito archivo. Me

levanté de mi silla y al ponerme de pie, mi pulso golpeó mis sienes. En

nombre del cielo, ¿por qué se estaba tomando tanto tiempo? En cuestión

de segundos, abrí la puerta con fuerza y salí furioso de mi oficina hacia la

recepción.

index-20_1.jpg

Abrí la boca para reprender a la pelirroja por hacerme esperar, pero

antes de que pudiera pronunciar una palabra, me miró con ojos

sorprendidos, como un ciervo delante de las luces delanteras de un auto.

Un gigantesco ramo de flores se situaba en su escritorio. Firmó el

expediente y lo entregó al repartidor, quien se escabulló en cuanto me vio

la cara.

—Lo siento, señor Sinclair... éstas llegaron hace un momento... tan

inesperado —dijo, nerviosa y sin aliento.

Levanté una ceja. Esas flores deben haber costado una fortuna. —

¿Para quién son esas?

La Sra. Oakes se ruborizó, sus mejillas casi del color de su llameante

cabello. —Er... mi. El... las flores son para mí —dijo, como si no lo pudiera

creer ella misma—. Son de mi novio. Me comprometí anoche. —Su cuello

entero estaba sonrojado y emparejó sus mejillas carmesí.

Joder. Eso significaba que estaba fuera de los límites. Generalmente

no me importaba quién era la chica del momento, pero mi única regla era

que tenía que estar sin compromisos. Sinceramente no he tenido tiempo

para lo que podría surgir de acostarse con una mujer que tenía un hijo de

puta en su vida, ya sea un novio, prometido o esposo. De esas me

mantenía alejado —había suficientes mujeres libres y disponibles en

Manhattan.

Excepto esta semana. ¿Qué demonios estaba pasando?

—Felicidades —murmuré—. Los archivos, Sra. Oaks. Los necesito.

Todavía sonrojada, asintió, y observé su culo balancearse mientras

sus tacones hacían clic en los pisos de madera. Es una lástima. Hubiera

sido un gran polvo. Giré y entré a mi oficina y me senté detrás de mi

escritorio, girando la silla para mirar por la gran ventana hacia la

distancia.

Saqué el teléfono de mi bolsillo y me desplacé a través de este hasta

que encontré lo que buscaba —las fotografías que había robado hace unos

días.

20an

Ojos marrones de corderito me miraban de vuelta. Su boca

i

ligeramente sobredimensionada con sus labios carnosos en un perfecto

Pág

rostro en forma de corazón, abundante cabello de color caramelo que

reflejaba el sol, me hace recordar los días despreocupados y una inocencia

que nunca había visto en una mujer.

¿Por qué era que esta mujer me fascinaba tanto?

—Adelante —ladré al insistente golpeteo en mi puerta.

—El archivo que ha solicitado. Siento haber tomado tanto tiempo. —

Me entregó el archivo y noté que el enorme anillo de diamantes que ella

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estaba saludando prácticamente en mi cara. Demonios, sin duda tenía que

ser un gran polvo si un chico había gastado tanto dinero en un anillo.

Leí a través de los archivos. La interna tenía veintitrés años, soltera

y era de Australia. Había pasado todos sus exámenes con honores. Sabía

lo que eso significaba: inteligente y sabelotodo. Era probablemente rara y

simple, también. Sencilla y poco exigente.

Mi mente volvió a mi primer amor en la escuela primaria. Heather

tenía largas trenzas color castaño y llevaba gafas, y todos la llamaban un

bicho raro. Porque era un poco alborotador, me vi obligado a sentarme a

su lado en la primera fila debajo de la nariz de la maestra. Llegué a

conocer a Heather. No era sólo inteligente, sino divertida y descarada. Me

ayudaba con matemáticas y ortografía y pacientemente explicaba

conceptos para mí que de lo contrario nunca habría comprendido. Me

enamoré de su inteligencia y carácter bondadoso, a pesar de que otros

chicos me fastidian sin descanso.

Inteligente era sexy.

Golpeando ligeramente los dedos sobre la madera, diseñé mi plan.

La interna se convertiría en mi nuevo juguete. Era un hombre práctico. Si

tenía que sufrir su presencia mientras que Chase volaba a Londres para

un enorme negocio, me aseguraría de hacer lo mejor de esto.

Conseguiría su pasantía y yo conseguiré tener sexo. No tuve ningún

problema con esto en absoluto: sería beneficiosa para los dos y tres

semanas pasarían en un instante. Para el momento que ya había tenido

suficiente, ella volvería a ser interna de Chase y podría encontrar mi

próxima conquista. Fácil.

21a

ni

Pág

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5

Traducido por BETTG.

Corregido por Carolina Shaw

Brooklyn

i vueltas en la cama toda la noche, el desfase horario

manteniéndome despierta hasta las primeras horas de la

D mañana. Cuando mi alarma finalmente sonó, se sintió como

si acabara de quedarme dormida, y estuve tentada a ignorar la alarma y

volver a cerrar los ojos. Obligándome a levantarme, sabía que tendría un

día agotador funcionando con aproximadamente dos horas de sueño.

Mi teléfono sonó. Ansiosa por ver si el correo electrónico era de mi

madre, limpié el sueño de mis ojos y abrí mi bandeja de entrada.

Buenos días señorita Bennett,

Por desgracia, estoy a punto de embarcar en un avión con destino a

Londres en una hora y estaré fuera por tres semanas. Mi colega ha accedido a

tomarla bajo su protección hasta que yo vuelva. Le aseguro que Tyler Sinclair

está debidamente calificado y que usted aprenderá mucho de él, por tanto no

hay razón para preocuparse.

Cuando vuelva, iniciaremos su entrenamiento según el programa.

22a

Atentamente,

ni

Chase Spencer.

Pág

Analista Senior,

McAdams & Williams Inversiones.

Decepcionada, dejé escapar un gemido. Había estado esperando por

este día por semanas. Cassidy y yo habíamos hecho nuestros deberes

antes de que decidiéramos que aceptaría el puesto. La investigación en

Google reveló que Chase Spencer había estado en el percentil más alto de

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estudiantes en Harvard. Había estudiado sus fotos en Internet, y seguido

la pista a su carrera durante la última década.

No sólo era inteligente, también era bastante lindo. Su cabello

castaño arenoso parecía siempre cuidadosamente diseñado, y vestía

suéteres en vez de trajes. Tenía una sonrisa suave y ojos avellana que

parecía inteligente y amable.

—Tienes un enamoramiento por Chase Spencer, y aún no lo

conoces —bromeó Cassidy cuando me sorprendió mirando la pantalla con

una sonrisa. Arrugué mi nariz. —No seas ridícula. Él es lindo, pero ¿cómo

puedo estar segura de que no es un abusador de menores hasta que

realmente me encuentre con él cara a cara? —Bromeé.

Ella se encogió de hombros. —¿Suéteres de Argyle? Probablemente

viste calcetines a juego también. Esa es una clara señal, cariño.

Probablemente es un activista por los derechos animales o algo así.

—Bueno, eso lo haría perfecto —le dije, sonriendo—. Me refiero a los

calcetines a juego, por supuesto.

Preguntándome qué tipo de hombre sería Sinclair, y ya que no podía

tener la computadora para comprobarlo sin despertar a Cassidy, tuve que

tomar mis posibilidades y esperar que Chase, fuera bueno. Esperando que

tres semanas pasaran volando y estaría de vuelta para lo que vine aquí.

Como no quería llegar tarde, me dirigí al baño por una ducha. La

presión en las tuberías a lo mejor era aleatoria, y el agua farfulló desde la

pequeña ducha. Enjaboné mi cuerpo rápidamente, enjuagué y sequé en

tiempo récord.

Afortunadamente Cass había colgado su blusa en el baño la noche

anterior, porque podía oír sus ronquidos a través de las paredes finas

como el papel. Como no quiera que se quejara como una Mamá gallina,

decidí dejarla dormir, así que me vestí en silencio y salí del apartamento

sin hacer el desayuno. Vestida elegantemente, me sentía segura de que

sería capaz de superar cualquier obstáculo arrojado en mi camino con mi

jefe suplente.

23a

Agarré un plátano y una barra de proteína, y decidí caminar unas

ni

cuadras así podría ahorrar algo de la tarifa del metro y usarlo para un

Pág

café. Sonriendo a mi brillante plan, me dirigí al Starbucks más cercano,

que estaba a sólo cuatro cuadras del apartamento. Bostecé cuando

esperaba en la fila para conseguir mi dosis de cafeína.

Diez minutos más tarde, saboreando un humeante expreso doble,

miré mi reloj y me di cuenta de que realmente no tenía tiempo para

sentarme allí y beberlo lentamente. El precio de esta inyección de cafeína

era que tuve que caminar bastante.

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Cuando llegué a la puerta, una mujer que sostenía a dos niños

tropezó conmigo. Literalmente. La tapa de mi café salió volando y el líquido

caliente salpicó todo sobre mi cuerpo, quemando la piel de mi brazo

izquierdo y en el pecho ya que empapó a través de la camisa blanca.

—Oh, Dios mío, lo siento mucho —dijo la mujer mientras miraba con

horror a la mancha creciendo en mi camisa hasta que se veía como la

grotesca cabeza de un monstruo.

Con las manos temblorosas, traté de borrar las manchas marrones

con la servilleta, pero no hizo ninguna diferencia. Cassidy iba a matarme si

arruiné su camisa, era una de sus favoritas, y había costado tanto como

una semana de alquiler. Esto era una pesadilla para la cual no tenía un

plan B, aparte de regresar al apartamento y cambiarme. Definitivamente

iba a llegar tarde. Y no había cafeína en mis venas ¡Maldita sea!

—No te preocupes... Fue un accidente —le dije, notando la mirada

atormentada en el rostro de la mujer. No había nada que pudiera hacer

para revertir lo que sucedió, así que no había mucho sentido en volverse

loca por ello.

—¿Puedo conseguirte otro café? —Ofreció.

—No, tengo que irme. Gracias de todos modos. —Sonreí débilmente

y empujé a través de las puertas, las lágrimas acumulándose detrás de mis

párpados y amenazando con desbordarse.

Estoy tan jodida.

Caminé tan rápido como pude. Las cuatro cuadras se sentían más

lejos que cuando venía desde la dirección opuesta. Justo cuando irrumpí

en el apartamento, Cassidy venía deambulado del cuarto de baño con una

toalla envuelta a su alrededor.

—Jesús, Brook. ¿Qué pasó?

—Fue un accidente —le dije, mi garganta apretando tanto que

quemaba—. Lo siento si tu camisa se arruinó. Te conseguiré una nueva

con mi primer sueldo, lo prometo.

24

Golpeó mi brazo. —No seas ridícula. No es la camisa lo que me

ani

preocupa. Comienzas a trabajar en quince minutos, y todavía tienes que

Pág

cruzar la ciudad. No se ve bien llegar tarde en tu primer día.

Me encontraba a mitad de camino por el pasillo, desnudándome

cuando entré a la habitación que compartíamos. Busqué en el armario,

buscando la mejor cosa que pudiera vestir. Por suerte, la falda era negra,

así que unas pocas salpicaduras de café no se revelaban. Pero desde que

me había puesto la hermosa camisa de Cassidy, mis propias cosas lucían

como basura.

Encontré una camisola negra y me deslicé en ella, metiéndola en la

falda. No era exactamente el aspecto por el que iba —mostraba demasiada

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piel para parecer realmente profesional— pero simplemente debía

funcionar. No tenía tiempo para preocuparme o estresarme al respecto.

—Los labios rojos se verán increíble con eso —dijo Cassidy detrás de

mí.

—No estoy entrevistándome para Tarta del Mes, nena. Soy una

interna en una institución financiera. Una con cincuenta años de historia

—advertí.

—Al diablo con eso. Es hora de despertarlos, entonces. Seguramente

los hombres tienen ojos, y un pequeño toque femenino hará su trabajo

aburrido mucho mejor.

—Fingiré que no acabas de decir que ser un corredor de bolsa en

Wall Street es aburrido. Es el trabajo con más adrenalina en el mundo.

Puso los ojos en mí. —Sí, sí... pon tu sexy culo fuera de esa puerta.

Es mejor que tomes un taxi, o estarás más que un poco tarde.

No le respondí. No había manera de que estuviera gastando dinero

que no teníamos en un taxi, pero tampoco tenía tiempo para caminar las

cuadras de más. Me comprometería a tomar el metro desde la estación

más cercana.

—Deséame suerte —le dije, probándome en el espejo una última vez

antes de que hiciera una carrera por la puerta.

25a

ni

Pág

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6

Traducido por Lipi-Lipi

Corregido por Carolina Shaw

Tyler

ché un vistazo a mi reloj. La interna no se había presentado, y

suspiré con alivio por la pequeña misericordia depositada en

E mí. Gracias carajo. Regresé al trabajo frente de mí,

agujereando los números como si no hubiera un mañana. Las fechas

límites surgían y los presupuestos se tenían que cumplir. Cuanto más alto

subía la escala corporativa, más mi polla es en la corte. Un error podría

arruinarlo todo. Había visto tipos que estuvieron en la empresa todas sus

vidas saliendo despedidos antes de saber que los golpeó. Este era un juego

para chicos grandes con una gran cantidad de dinero en efectivo de

repuesto y nervios de acero.

Un suave golpe en la puerta interrumpió mis pensamientos.

—¿Sí? —Ladré, no estoy de humor para cualquiera.

La puerta se abrió y levanté mi mirada el tiempo suficiente para

registrar una pequeña mujer vestida de negro, retorciéndose las manos,

pasó a mi oficina, antes de que mi atención volviera a mi ordenador.

—¿El señor Sinclair? —preguntó en un acento extraño.

Australiana. La interna.

Maldita sea. Casi treinta minutos tarde, pero aquí estaba.

—Llegas tarde. Cierre la puerta y tome asiento. —Gruñí sin mirar en

26an

su dirección. Mi primera impresión y la aceptación de muchos años habían

i

sido correctas. Pícara, sabelotodo, tímida escondiéndose detrás de las

Pág

gafas, era todo lo que esperaba que fuera. Excepto inteligente. Nadie

quería salir adelante en este juego llegando tarde en su primer día.

La ignoré mientras terminé la tarea en cuestión. Joder, estaba

enojado conmigo mismo por comprometerme a un ejercicio de pérdida de

tiempo. Ella podría sentarse allí todo el día para lo que importaba. Los

innumerables minutos más marcados por lo que me concentré en el

informe que preparaba.

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Se aclaró la garganta. —Señor Sinclair, ¿podemos hablar? Sé que

llegue tarde y asumo la responsabilidad por ello. Ninguna excusa en el

mundo sería suficiente, así que no le aburriré con una. Entiendo que

usted esté probablemente molesto por cargar conmigo, entiendo que esté

ocupado. Pero estoy aquí para aprender, y aquí sentada sin hacer nada es

perder su... el dinero de nuestra empresa.

Mi mirada se ajustó a su cara. Ella era muy seria. Aspiré una

bocanada de aire mientras la estudiaba adecuadamente por primera vez.

Se ve tan similar a la chica de mis fotos. Sólo que ella era diferente. Los

labios fruncidos, de tal manera que no podía saber si era la misma

exuberante boca que no fui capaz de sacar de mi mente.

Tomando mi tiempo, mi mirada fija vaga sobre ella, desde la cara a

sus pies, y luego todo el camino de vuelta otra vez. La chica de mis fotos

poseía una melena larga y suelta de rizos de oro y no llevaba gafas. Pero el

asesino cuerpo bronceado y menudo era el mismo, el moño desordenado

en su nuca no pudo disimular el fino y brillante pelo que se negó a ser

domado. Nuestras miradas se encontraron. Ella se movió incómoda en la

silla, pero no parpadeó, mirándome fijamente a los ojos. ¿Dónde estaban

esos grandes orbes marrones que eran suaves como el chocolate líquido?

—Señorita... Bennett. ¿Nos hemos visto antes? —¿Seguramente me

recordaría después de la breve conexión que habíamos tenido el otro día?

Yo necesitaba confirmar que efectivamente era la chica que había visto.

Su espalda se enderezó. —Eso sería imposible, señor Sinclair. Llegué

de Australia hace tres días, y si usted ha estado en Sydney, dudo que nos

moviéramos en los mismos círculos para conocernos.

—¿Cómo sabes en que círculos me muevo, señorita Bennett? —

Divertido, levanté una ceja para ella.

Sus mejillas se sonrojaron. —¡Oh!... Yo pensé... —dijo, sorprendida.

—Los supuestos son peligrosos. Es mejor atenerse a los hechos —le

dije secamente.

—Sí, señor —murmuró. Joder, la forma en que lo dijo hizo mi

27a

estómago apretarse. Esas palabras fueron como una droga para mí, y sus

ni

labios, hicieron que mi polla se sacudiera.

Pág

¿Por qué negaba que la hubiera mirado tan fuerte a los ojos, como

los tuve en ella ese día?

—Entonces, ¿qué hizo en esos tres días antes de que llegara tarde

hoy? —Esperé que admitiera a hacer turismo, y podría sacar la verdad.

Sacó los hombros hacia atrás y enderezó su postura aún más. —No

creo que eso sea de su incumbencia, señor Sinclair. Usted me puede

preguntar por qué llegué tarde esta mañana, pero los días antes de que

empezara mi empleo son estrictamente asunto mío.

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—Señorita Bennett, ya que estoy atascado con usted durante las

próximas tres semanas, usted es mi negocio. Va a hacer lo que yo digo y

responder a mis preguntas sin la actitud. De lo contrario se puede ir —

desafié.

Sus fosas nasales se ensancharon. —El hecho de que esté atascado

conmigo por desgracia escapa de mis manos. Créame, yo también me

decepcioné cuando me enteré de que el Sr. Spencer no se hallaba

disponible para comenzar mi entrenamiento de hoy. —Soltó un largo

suspiro, como si estuviera calmándose a sí misma—. Como yo lo veo,

tenemos dos opciones. Podemos hacer lo mejor posible y tratar de hacer

este trabajo durante veintiún días o dos podemos ser miserable con los

acontecimientos fuera de nuestro control nos colocan en esta posición

precaria. Su elección, señor.

Mierda. Me había llamado señor de nuevo. Pero no de una manera

sumisa o respetuosa; no, la forma en que lo dijo, en su acento australiano,

era más que un desafío. Su actitud era atrevida tanto para hacer que me

caliente bajo el cuello y con fuerza al mismo tiempo. Nunca había tenido

una mujer que me hablara a si como ella —simplemente no era algo que

estaba acostumbrado, y me puso algo intenso.

Sonreí. —¿Son todas las mujeres australianas tan francas y

exigentes como usted, señorita Bennett?

Mi reacción claramente la sorprendió. —¿Son todos los jefes

americanos tan groseros e inquisitivos de sus subordinados, señor

Sinclair?

La sonrisa se deslizó de mi cara.

—Hará bien en recordar que usted es mi asistente durante las

próximas tres semanas, le guste o no. A menos que usted prefiera ser

liberada de su contrato.

Sus ojos se ensancharon. —¿Cómo se atreve a insinuar que le

gustaría deshacerse de mí por negarme a ser intimidada? Si todavía está

molesto porque llegué tarde, trabajaré horas extras para recuperar el

tiempo. Descubrirá que no tengo miedo a trabajar duro, para mantenerme

28ani

firme. De cualquier manera, estoy aquí por una razón. Trabajé duro para

llegar lejos, y estoy decidida a llevarlo a cabo. Con o sin usted.

Pág

Cristo. Estas serían las tres semanas más largas de mi carrera.

Atascado con una interna —inteligente de boca que no quería, que giró

todo lo que dije en su cabeza. Iba a estar probando como carajo.

Pero no soy persona de dar marcha atrás ante un desafío. De hecho,

prosperé en ellos. Señorita sabelotodo acababa de subir la apuesta. La

rompería y la tendría postrada a mis pies, chupando mi polla, lo decía en

serio.

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No había manera de que esta mujer sentada en mi oficina fuera mi

fantasía Chica Dorada. Había similitudes definidas, pero que claramente

cometí un error antes pensando que era ella. De la imagen que pasé horas

mirando, sabía que mi chica era dulce y cariñosa, no una bola demoledora

de clase como la señorita Bennett.

29a

ni

Pág

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7

Traducido por Lipi-Lipi

Corregido por Carolina Shaw

Brooklyn

h mi Dios. Es él. El hombre que había invadido mis sueños

las últimas noches, haciendo que fuera imposible dormir,

O aunque intenté echarle la culpa al jet-lag.

No podía mentir; Había repetido la escena una y otra vez en mi

cabeza, y Dios quiso que fluyera la corriente y al menos hablado con él, en

lugar de acobardarme y tratar de ignorarlo. Mil de ¿qué pasaría si… había

invadido mi mente, me distrae?

Al principio me quedé sin palabras cuando entré en su oficina, sin

poder creer cómo el destino nos había lanzado a juntarnos de nuevo.

Entonces, este es el lugar donde él desaparece también...

Sabía que no me reconoció cuando apenas me miró y me hizo sentar

en la silla frente a él, ignorándome. Aunque era atrevido y arrogante, yo

estaba en el séptimo cielo, porque me dio tiempo más que suficiente para

mirarlo de manera abierta y beber en todas las características de su

hermoso rostro. Hipnotizada, admiraba su fuerte, mandíbula cuadrada

que en algún momento debió estar afeitada, pero ya mostraba signos de

una sombra de las cinco. Sus gruesas cejas surcadas, al estilo Angry-

Bird2, mientras sus ágiles dedos volaron sobre el teclado.

30ani

Pero entonces abrió la boca y la rompió en pedazos. Su actitud

Pág

arrogante era algo a lo que estaba acostumbrada. Los hombres nunca me

dieron el crédito que merecía por mi cerebro. Aunque yo no era una

verdadera rubia —mi pelo era de color miel— me trataron como si fuera

tonta. Como si el color del pelo determinara la inteligencia de la persona.

Hecho: yo era inteligente, y nací de esta manera. No lo podía

cambiar, me pertenece. Lo había aceptado y decidí ser agradecida por ello,

2 Angry Birds: es una multimillonaria serie de videojuegos creada en 2009 por la empresa

finlandesa Rovio Entertainment.

index-31_1.jpg

y utilizar mi don para mi beneficio. ¿Por qué esconder mis talentos porque

otras personas se sientan inseguras? Eso sería un desperdicio.

Él sonrió. —Oh, no se equivoque, yo trabajaré muy bien. Al final de

esto usted será una persona diferente, eso se lo aseguro.

Quería golpear la sonrisa segura de sí misma de la cara.

—¿Eso es otra amenaza, señor? —Mi estómago cayó. El estaba

mirando a mi escote, y tenía la impresión de que no hablaba de

inversiones financieras. Una pulsación torpe se instaló entre mis piernas,

pero la falda lápiz que llevaba era demasiado estrecha para cruzarlas y

apretar mis muslos sin que se suba demasiado.

¿Qué carajos me estaba pasando?

He despreciado las personas que utilizan su posición para intimidar

a sus subordinados. Yo no tengo una barra de ello, pero aquí me

encontraba yo, húmeda y encendida por el brillo de sus ojos.

—Es una promesa, señorita Bennett. —Oscuras pestañas gruesas

enmarcaban sus ojos increíblemente verdes.

Maldita sea. ¿Cómo podría la forma en que me miró, como un león

depredador, me dan ganas de tirar de mi ropa y permitirle tener su camino

conmigo? No era una chica impulsiva. Planeé todo, hasta mis fechas y

noches de sexo. No dejaba nada al azar. Pero este hombre... Quería lanzar

la precaución al viento y rogarle que me hiciera cosas con esa boca

perversa.

Caminó alrededor de la mesa y se paró justo en frente de mí. Apoyó

su culo contra el escritorio y cruzó los brazos sobre su pecho para que sus

mangas de camisa se apretaran sobre sus musculosos brazos. Su colonia

—sin duda costosa— serpenteaba a mis fosas nasales y se metió con mi

concentración.

—Su formación comienza en este mismo instante. Algunas reglas

básicas primero. Llegará a las seis de la mañana todos los días, y tenga mi

café en mi escritorio a las seis y cuarto. Tendrá el almuerzo en su

escritorio y limitará las llamadas personales a un minuto. Las horas extras

31an

se dan —por lo que no espere salir de aquí, durante las horas del día. —

i

Observó mi cara como si estuviera esperando a que objetara—. Ah, y eso

Pág

incluye los sábados. Los domingos le sugiero recuperar el sueño para que

esté fresca para la semana siguiente. ¿Algún problema con ello, señorita

Bennett?

Bastardo arrogante. Si él esperaba que retrocediera o me largara,

estaba muy equivocado. Era una ninja de mierda —El trabajo era mi

salvador, y pude superar a los mejores de ellos.

—Sólo tengo un problema —le respondí, aspirando una bocanada de

aire.

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—La escucho —ordenó.

—Consiga su propio café. Estoy aquí para aprender acerca de la

inversión. Si quería un trabajo como barrista, no estaría aquí. —Mis ojos

se encontraron con los suyos, ninguno de los dos retrocedió una pulgada.

Una vena en su mandíbula se marcaba cuando me miró. —Señorita

Bennett, si le pidiera que me chupara la polla, ¿me dirá que no está

buscando un trabajo como una puta? La carrera que eligió es de chupar

mucha polla, ya sabes. Todos nos follamos nuestro camino a la cima.

—Señor Sinclair, si usted me pide chuparle la polla, le diría que

besara mi trasero. Soy exigente con cuya polla que chupo...

Él entrecerró los ojos y miró hacia mí. —Jesús, insiste en

desafiarme, ¿no? Déjeme advertirle —ninguna mujer ha ganado esta

batalla.

El calor en mi vientre se elevó hasta el cuello, extendiéndose

lentamente a mis mejillas. —Puede que sea una mujer, pero no soy fácil de

convencer. He tenido que luchar por lo que he querido toda mi vida, así

que nadie tirará de mis objetivos. En especial, no mi jefe temporal. He

sobrevivido mucho peor que a cualquier cosa que usted pueda lanzar en

mí, así que de su mejor golpe.

—Cristo. Podría lanzarla sobre este escritorio y joderle a la mierda en

la sumisión.

—¿Soluciona todos sus problemas con sexo y amenazas, señor?

Dudo aprendiera mucho de usted en ese caso. —No había manera en el

infierno le dejaría ver lo mal que me gustaría que me llevara por detrás en

el escritorio de caoba, golpeando sus bolas contra mi culo desnudo. Había

sido una fantasía mía durante años, y... el escritorio parecía nuevo y no

estrenado. Me encantaría tener que cambiar eso.

Sorprendida por mis propios pensamientos, me detuve, asombrada

de que pudiera tener estos vuelos de la imaginación sobre un extraño. Me

había jurado fuera encuentros sexuales, y lo había logrado muy bien

durante los últimos quince meses. Ahora esto.

32an

Desde el primer momento en que había puesto los ojos en él en la

i

calle, sabía que había algo que me intrigó muchísimo como el infierno. Y

Pág

no había dejado de fantasear con él desde entonces, imaginándolo sobre

mí con sus manos, la boca y la polla hasta que tuve que forzarme a un

orgasmo sin hacer ruido en la cama junto a una Cassidy dormida. Pero

nunca imaginé encontrarme realmente con él cara a cara y que me hablara

sucio. Después de todo, Nueva York era una ciudad gigantesca —¿Cuáles

eran las posibilidades de que nos cruzáramos en la vía de nuevo?

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—Que va a obtener más de lo que esperaba, se lo garantizo. Siempre

hago bien mis promesas. Y le prometo que rogará por mi polla, señorita

Bennett. La castigaré severamente por su obstinación.

¡Dios mío! Esa boca sucia empapaba mis nuevas bragas de encaje.

Me retorcía en la silla, atrapada por su atenta mirada.

—P... ¿Castigar? —Susurré. Lo hice sonar como algo que esperaba

con ansias. Oh Dios, me encontraba tan jodida.

Se inclinó hacia delante de modo que nuestras narices se situaban a

escasos centímetros de tocarnos. Cerré los ojos, bloqueándole de leer mi

deseo en sus profundidades.

—Sí. Pienso ponerla sobre mis rodillas y azotarle ese culo por ser

una chica mala. —Su cálido aliento acarició mi piel, haciéndome

estremecer—. Sé quién es usted, señorita Bennett. No trate de ocultarlo.

Aturdida, mis ojos se abrieron de golpe. ¿Qué demonios significa

eso?

33a

ni

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8

Traducido por Fiioreee

Corregido por Carolina Shaw

Tyler

oco acostumbrado a ser sacudido por una mujer como esta —y

una que apenas conocía— me alejé de la silla y le di la espalda,

P mirando por la ventana grande y ajustando mi polla que había

crecido en mis pantalones demasiado apretados. Cristo todopoderoso, esto

era inapropiado, incluso para mí. Nunca he reaccionado a una mujer como

estoy reaccionando con ella. Estaba pensando con mi polla, toda la sangre

se drenó de mi cerebro y palpitaba en mi otra cabeza.

No sólo desafiaba mi profesionalismo, tenía un momento difícil

frenándome a mí mismo, y comportándome como un animal que sólo

quería follar.

Podía colocar todo lo que trabajé en peligro sólo por la forma en que

me miró con esos grandes ojos marrones. Joder, ¿cómo iba a

concentrarme en otra cosa que querer tocarla?

Después de unos momentos, me las arreglé para conseguir que mi

polla esté bajo control. Me acerqué a mi escritorio y apreté el timbre del

interfono. —Sra Oaks, tramite un escritorio y una silla para ser entregado

a mi oficina para la señorita Bennett.

—Oh, el Señor Spencer ya hay una oficina para la pasante por el

pasillo contiguo a su propia oficina...

—Realmente me importa una mierda lo que el Sr. Spencer tiene. Ten

34ani

el mobiliario mudado aquí por la tarde. —No esperé su respuesta. Dos

mujeres dándome un tiempo difícil y cuestionando todo lo que dije no

Pág

estaban funcionando para mí. Desde que me mudé a esta nueva oficina,

tuve más que problemas con las mujeres. ¿Perdí mi maldito talento?

—¿Compartiré una oficina con usted? —La voz de mi nuevo interno

sonaba incrédula, como si eso fuera lo último que ella esperaba o quería.

—Bueno, ¿cómo se supone que voy a entrenarte, si estás en otra

maldita oficina? Es más fácil si estás aquí donde puedo mantener un ojo

en ti.

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Incluso detrás de sus gafas pude ver que sus ojos se habían

ampliado. —Pero... ¿No necesita privacidad? Quiero decir... Seguramente

usted no quiere que oiga cada conversación telefónica, y...

—No te veas tan asustada. No haré nada que no esté relacionado con

el trabajo mientras estás en esta oficina. —Le di una media sonrisa,

intentando resolver su mente, pero incluso cuestionaba mi propia cordura.

Por lo general, era deliberado y lógico en la realización de evaluaciones.

Racionalicé cada decisión, incluso cuando me iba a la mierda. Me sirvió a

lo largo de los años, me evitó errores desastrosos.

Sin embargo, fue el seguir mis instintos lo que me dio la ventaja

sobre cualquier otro hijo de puta en este juego. Mientras ellos seguían

jugando con las ideas, yo fui con mi instinto y me lancé en donde otros

temen pisar. Me gané el respeto de mis compañeros y fue directamente

responsable por tener esta oficina y la atención de mi jefe despiadado, su

esposa agresiva, y su hija promiscua.

La pasante enderezó los hombros y me miró—: No es que necesite

una niñera, pero si eso es lo que quieres hacer, supongo que las tres

semanas correspondientes es mucho tiempo para... Compartir una oficina.

—Su expresión dijo que pensaba de otra manera, y estaba probablemente

a punto de decirme lo mismo. Pero me gustó que se diera cuenta de quien

se encontraba a cargo aquí, y que estaba literalmente a mi merced.

Sí, a veces era un imbécil. Dispárenme.

—Bien. Apenas dejo mi escritorio a menos que sea necesario, pero

hoy haré una excepción y te llevaré a almorzar para que podamos

conocernos mejor. —Cogí la chaqueta del gancho y lo deslicé sobre mí—.

Vamos, vamos —ordené como llegué a la manija de la puerta.

Miré hacia atrás para ver si ella me seguía. No lo estaba. Se sentó en

la silla, con las piernas cruzadas y los brazos cruzados sobre el pecho.

Tenía un muy profundo ceño entre las cejas que me recordaron la mirada

terca que Heather me había dado en la escuela primaria cuando ella no

quería hacer algo que me propuse y pensé que ella sabía mejor.

Mierda. ¿En serio? Ahí estaba yo, tratando de ser agradable y pedir

35ani

disculpas por la forma en que la traté desde que llegó, y lo único que me

daba era una mirada fría.

Pág

—¿Vienes? —Ladré.

Levantó su nariz delicada. —Realmente no veo el punto. Te librarás

de mí muy pronto. Por el momento, podemos seguir adelante con el

trabajo, ¿por lo que ya tengo para ponerme al día?

Hice una mueca. —Haz lo que quieras. —Cerré la puerta y me quité

la chaqueta, colocándola de nuevamente en el gancho. La verdad era que

necesitaba tiempo para pensar. Realmente no sabía lo que debía hacer con

index-36_1.jpg

el interno. Ya que nunca quise uno, no podría importarme menos lo que

era el protocolo. ¿Cómo demonios la mantendría ocupada durante tres

semanas completas?

Rodeé mi escritorio y me senté. Inclinándome hacia adelante,

descansé mis codos sobre la caoba lisa e hice un campanario con mis

manos, mirando fijamente a la intrusa incómoda. Realmente no tenía

tiempo para esta mierda. Algunos precios de las acciones subían, mientras

que otros fueron cayendo en picada. Algunos de mis clientes habían hecho

una pequeña fortuna y otros estaban, posiblemente, en el borde de la

quiebra en el espacio de tiempo que estuve inactivo.

Nos sentamos en silencio por unos momentos antes de que lo

rompiera—: Mira, señorita Bennett, seré brutalmente honesto contigo

aquí. No estoy exactamente seguro de qué demonios se supone que debo

estar enseñándote.

Al principio, me miró, con los ojos inquebrantables mientras inclinó

la cabeza para escuchar. Me di cuenta de que se sentía rechazada y

comprensiblemente molesta por haber viajado hasta aquí sólo para ser

arrojada sobre mí.

Me aclaré la garganta y continué—: Spencer no dejó un itinerario, y

la verdad es... No llegué a esta posición de la misma manera que él lo hizo,

a través de un título de la Ivy League. —Su interés se despertó

definitivamente. Se inclinó hacia delante en su silla, reflejando mis

acciones y asintiendo con la cabeza ligeramente para animarme a

continuar.

—Me abrí camino hasta las filas de la manera difícil desde que dejé

la escuela. De hecho, ni siquiera tengo una cualificación formal. Soy lo que

llaman un nato con instintos comerciales. No fui a la pasantía que Spencer

y tu tienen. Así que estoy realmente perdido en cuanto a qué hacer

contigo. —Sus ojos se abrieron inteligentes y luego fueron suave.

Ah, la señorita Bennett tiene un lado sensible que no he visto todavía.

Me incliné más cerca. Nuestros ojos se encontraron por encima del

escritorio. —Sugeriré que entiendes lo que estoy haciendo. Por lo tanto, el

36ani

escritorio en mi oficina. Esto se pone terriblemente ocupado casi todos los

días, así que no tengo tiempo para correr a otra oficina para ver cómo

Pág

estás. Probablemente estaré tan absorto en lo que haga que me olvidaré

que estás ahí. Así que es mejor si estás delante de mis narices. ¿Tiene

sentido?

Lo que vi después me dejó sin aliento. Una sonrisa se extendió por

su rostro bonito y un poco austero, transformando por completo su rostro.

Mi mirada estaba pegada a sus labios.

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Ella tampoco había estado frunciendo o mordiéndolos desde que

entró en mi oficina, pero ahora que sonreía, la plenitud de sus labios me

hipnotizó. Al igual que los labios de la Chica Dorada.

—Sí, lo entiendo. —Su sonrisa se amplió, como si le divertía la idea

de que me olvidaría de ella. Mierda, esos labios... los ojos suaves.

—Señorita Bennett, sé que hemos hablado de esto... No puedo evitar

la sensación de que hemos hecho contacto antes.

—Tengo una vecina muy parecida de cara. Mucha gente piensa que

me conoce. Pero no lo hago.

Negué con la cabeza. Había algo en ella.

Cada vez que me desplazo a las fotos de la Chica Dorada, me castigó

a mí mismo que me alejo en lugar de acercarme a ella.

—Te pareces a mi Dorada —Por suerte me detuve antes de que

hiciera un completo idiota de mí mismo. ¿Quién iba por ahí inventando

nombres para un desconocido que había robado fotos? ¿Y quién se quedó

mirando a esas fotos y fantaseaba con alguien que ni siquiera conocía?

Perdía mi mente de mierda. A partir de mañana, debía ejecutar un extra de

quince minutos en la cinta de correr para limpiar mi cerebro brumoso.

Esto me metería en problemas. Si le explicara a la señorita Bennett,

pensaría que perdí la maldita trama. Era el momento de borrar las fotos y

subir con la vida real, en vez de imaginar una vida perfecta con alguien

que no existe más que en mi mente.

Golden Girl no es real. Tú la compusiste en base a una imagen y un

momento idílico atrapado en tu memoria.

37a

ni

Pág

index-38_1.jpg

9

Traducido por 6NadineS

Corregido por Carolina Shaw

Brooklyn

or qué había negado ser la chica que vio el otro día? Sería

mucho más fácil si admitiese que era yo, pero mi orgullo

¿P estaba en el camino. Me hallaba aquí para aprender y seguir

adelante, no para empezar un romance de oficina o flirtear con mi jefe —ni

siquiera mi jefe temporal. Ya estaba en problemas: su mirada directa podía

perturbarme como nunca antes había experimentado con ningún hombre.

Determinada a mantenerlo estrictamente profesional todo el tiempo,

me tragué mi sonrisa y el cálido brillo que se había extendido a través de

mí. Iba a ser duro. Algo sobre Tyler Sinclair era peligroso, afectando mi

cuerpo y mi maldito cerebro. Tenía que quedarme en la vía a toda costa —

había demasiado en juego aquí para ponerme toda loca por un hombre

sexy como el pecado y la forma en que derretía mis bragas. Demonios.

La cara de Tyler se endureció, la marca en su cuello llamó mi

atención. Le había cabreado —otra vez. De alguna manera, mi estancia en

su presencia lo molestaba. ¿Y él quería que compartiéramos oficina?

Incómodo.

—Comenzaremos entonces. Estoy trabajando en una propuesta para

38

una de las compañías top del país. Quieren cotizar la bolsa de valores.

ani

Pero es complicado porque tienen sucursales en todo el mundo, incluida

Pág

China. —La pasión y la excitación en su voz eran inconfundibles. Incluso

sus gestos se animaron—. Sus socios chinos se oponen a cotizar en EEUU,

por lo que necesitamos endulzar el trato de alguna manera y obtener su

aprobación. He trabajado en los números toda la mañana —antes de que

me interrumpieras. —El ceño momentáneo fue reemplazado rápidamente

por una sonrisa—. Tú puedes ayudar volviendo a revistar mis cifras. Tus

matemáticas están sobre el promedio, supongo, ya que pasaste el grado

con honores.

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Mis cejas se dispararon hacia arriba, pero fruncí los labios para

prevenir un comentario sarcástico, no quería el ceño fruncido otra vez en

su hermosa cara.

—Srta Bennett, ¿dije algo?

Sacudí mi cabeza. —Oh, no es nada. Por favor continúa —dije,

tratando de placarlo—. Sí, mis habilidades matemáticas están sobre el

promedio. —Y luego lo hice. No podía jodida resistirme—. Dijiste que

nunca lo asumiría.

Río. — Touché.

Reí nerviosamente. —¿No estás loco?

—No. A menos que lo hayas escuchado. —¿Fue admiración lo que vi

en sus ojos? Si lo fue, fue tan breve que me lo podría haber imaginado.

Un fuerte golpe en la puerta nos interrumpió. El ceño fruncido

inmediatamente regresó.

—¿Sí? —Explotó su voz.

La Sra. Oaks apareció en la entrada con dos chicos detrás de ella. —

¿Dónde quiere el escritorio, Sr Sinclair?

Él indicó un espacio vacío no muy lejos de su propio escritorio. Buen

Señor, no quería estar a esta corta distancia de él durante todo el día.

Esperaba que me colocase en la esquina más lejana, en algún lugar que

pudiese estar fuera de su camino antes de que me hubiese mudado a mi

propia oficina cuando el Sr. Spencer volviera.

Dos corpulentos hombres gruñían mientras transportaban el

escritorio. No era tan grande como el de Tyler, y era madera de cerezo

oscuro que no lucía muy fuera de su lugar en su elegante oficina. Al

menos el cuero rojo en los sofás. Me había preguntado sobre ellos cuando

había estado sentada distraídamente esperando antes.

Sabía que estas altas direcciones estaban acostumbradas a tener

grandes oficinas, pero esta era ridícula en tamaño y mobiliario.

Especialmente para los estándares de Nueva York donde una propiedad

39a

real de primera era un producto costoso.

ni

El Sr. Sinclair tenía buen gusto, pero debía preguntarme sobre

Pág

escoger cuero rojo. Era ultra moderno, decadente y atrevido y una

contradicción de lo que había esperado encontrar en una oficina de

ejecutivo financiero donde lo formal y aburrido era el estándar habitual,

como si el ocupante de la oficina desafiara las reglas.

—Por favor muéstrale a la Srta. Bennett donde están los servicios y

la cocina. Preséntale a todo el mundo en la planta. Acapárala con sus

nuevas cosas, para que podamos empezar a trabajar de inmediato. Oh, y

un nuevo ordenador… ¿hizo el Sr. Spencer arreglos para uno?

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—Todo fue atendido antes de que se fuera. —La Sra Oaks sonrío con

rigidez—. Lo trasladaré.

—Excelente. Déjalo hecho así no hay más interrupciones —miró su

reloj—. Lleva a la Srta. Bennett a comer algo, y tráela de vuelta en una

hora.

Ella asintió, sonriéndome amablemente. Estaba esperando que

pudiésemos ser amigas, ya que necesitaba un aliado. Alguien con quien

salir cuando estar encerrada en una oficina con un jefe adicto al trabajo

me persuadiera. No es que estuviese asustada de trabajar; nunca evitaría

mis responsabilidades.

¿Entonces de que estás asustada?

A lo mejor era la forma en que me miraba con una expresión

desconcertada. A lo mejor porque él ya se había filtrado en mis noches con

sueños sexys. A lo mejor el miedo de distraerme en el tiempo en que

debería centrarme en mis objetivos. Volvería a Italia en seis meses; un

romance no estaba en mi agenda.

¿Pero sexo? ¿Una follada brutal y corporal? Hmmm… no había

estado con un hombre en un tiempo, y aunque pensaba que no me

importaba, Tyler Sinclair despertaba un lado mío que prefería dormido.

¿Cuántas otras chicas sentían lo mismo? Él probablemente tenía a

chicas haciendo cola por su polla. ¿Era la Srta. Oaks una de ellas? Ella era

preciosa, con un alto y delgado cuerpo explosivo, y hoyuelos cuando

sonreía. Si fuera un hombre, estaría definitivamente interesada en ella. No

desperdiciaría una jodida oportunidad.

—¿Nos vamos, Srta Bennett?

Le sonreí. —Por favor, llámame Brooklyn. Toda esta formalidad es

más de la que estoy acostumbrada.

—Con placer, Brooklyn… Estoy deseando conocerte. Mi nombre es

Lana, pero la mayoría de la gente me llama Pelirroja por mi pelo.

Reí. —En Australia, te llamarían Azulada3. Es una jerga para

40

pelirroja. No me preguntes por qué, es de locos.

ani

Se echó a reír y luego me guiñó un ojo. —No se lo diremos a nadie

Pág

más, ¿vale? Comparado con Azulada, Pelirroja no está tan mal después de

todo.

Asentí y la seguí fuera de la oficina, aliviada de salir del escritorio de

Tyler.

3 En el original Bluey, que en español significa azulada.

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—Una hora. No vengas tarde. —Su voz explotó detrás de mí. Rodé

los ojos de forma que solo Lana pudo ver. Ella rió suavemente ante mi

insolencia.

—Sí, señor —dije antes de cerrar la puerta tras de mí. Dominante.

La seguí por el pasillo, con ganas de conseguir una vista real del

lugar. Cuando vine corriendo, estaba tan asustada de llegar tarde que no

registré mucho más. Esto era donde pasaría la mayoría de mis días —y

noches, si el Sr. Sinclair tenía su camino por los próximos seis meses.

—Puedo decir que me gustarás. Tienes valor e insolencia.

Exactamente lo que el Sr. Debonair necesita para ponerlo en su lugar.

—¿Sr. Debonair4?

—Así es como las chicas lo bautizaron. Todo el mundo en la empresa

tiene un sobre nombre… Sinclair… Debonair. ¿Lo tienes? Él seguro tiene

las miradas, y toda la cosa pasando —bajó su voz, como si estuviésemos

compartiendo un secreto—. Hay más de una chica esperando ser la Srta.

Sinclair. Él es un buen partido —nuevo dinero, seguro, engreído— y

aparentemente muy talentoso con sus manos, y su boca también.

Esos eran todos atributos con los que podía tratar. Sonreí,

complacido de escuchar que el Sr. Debonair estaba ciertamente soltero. Y

no me importaba un poco de competición en cualquier caso, eso siempre

me estimulaba en mi mejor yo.

Espera. No estoy aquí para involucrarme con un hombre, mucho

menos mi jefe. ¿Qué demonios estoy pensando?

Reí. No había manera de que me involucrase en este fiasco. —Son

bienvenidas a luchas sobre él. Siempre y cuando no interfieran en mi

entrenamiento, es genial. —Sip, no tenía tiempo para diversión. Tenía que

sacarlo de mi mente. Todavía no podía negar que había un magnetismo

que me atraía hacía él que no podía sacudir. ¿Por qué mi cuerpo se estaba

comportando tan traidor? Maldición.

41

ani

Pág

4 Debonair en español quiere decir caballeroso. Debonair es el apodo del Sr. Sinclair.

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10

Traducido por Fiioreee

Corregido por Carolina Shaw

Brooklyn

legué a casa poco después de las siete. Cassidy estaba

esperando, prácticamente abalanzándose sobre mí apenas

L entré por la puerta. Había estado en un apuro y tan conmovida

por las consecuencias del incidente de café que no le había hablado de las

nuevas disposiciones.

¿Qué haría con el cambio de jefes? No podía esperar para contarle

todo, que era él —el hombre de la estatua del toro.

Hace tres días, había detectado mi falta de entusiasmo y

tranquilidad repentina después de que habíamos burlado nuestros perritos

calientes. Nada pasó por Cass, así que cuando me había ido toda

tranquila, regañándome a mí misma por dentro por ser una cobarde, ella

había engatusado toda la cosa fuera de mí. No había ninguna razón para

tratar de ocultar nada a ella— era implacable obteniendo información de

mí —así que le conté todo sobre el intercambio con el extranjero. Fue una

opción mejor que tener mis oídos irritados. Además, seguí mirando a su

alrededor todo el tiempo, con la esperanza de echar un vistazo de nuevo o

mejor aún, en realidad chocar a él.

Su voz me sacudió de nuevo al presente. —Ven a sentarte y quítate

42an

los zapatos. Fui a la tienda y conseguí un par de cosas, incluyendo una

i

botella de vino para esta noche.

Pág

—Cass —dije en una voz aguda, alarmada de que ella había gastado

dinero en algo que no era una necesidad.

—Estaba en oferta... Por lo que un par de botellas saltaron a mi

carrito de compras. —Movió sus cejas.

—¿Unas botellas? Mierda, casi no tenemos dinero para comprar

comida —le amonestó, cabreada por su comportamiento imprudente.

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Ella ignoró mi ceño y agitó su brazo teatralmente. —Que coman

pastel. Si no pueden tener agua, vamos a darles el vino. —Cass me llevó de

la mano a la sala y me empujó hacia abajo en el sofá.

—Dime todo sobre tu primer día. ¿Estabas en problemas por llegar

tarde? Y dime acerca de las bellezas de la oficina. ¿Es Chase lo que

esperabas? No puedo esperar a escuchar todo. Pero primero, déjame

servirnos una copa de vino. —Corrió a la cocina, y me dio un momento

para descansar en paz.

Cassidy era una fabulosa mejor amiga, y apreciaba su personalidad

burbujeante y curiosidad natural, pero también podía hacer que me

doliera la cabeza con todas sus preguntas. Los hombres, el sexo y las

compras —aquellos fueron sus temas elegidos de discusión. Saqué mis

zapatos y me recosté en los cojines, dejando escapar un largo suspiro.

Cerré los ojos y escuché a la multitud tocando sus bocinas en la calle.

Todavía tenía que pellizcarme que yo estaba realmente aquí, en Nueva

York, haciendo lo que siempre había soñado.

Cass entro campante de nuevo en la sala y se sentó a mi lado en el

sofá. Lentamente, abrí los ojos y tomé el vaso que sostenía a mí. No me

había dado cuenta de lo tenso que mi cuerpo se había convertido, por lo

que cuando tomé el primer sorbo de vino, yo no podía dejar de relajarme

un poco y sonreír a mi amiga. Ella tenía razón —¿quién necesitaba comida

cuando tenías vino?

—Nena, nunca vas a adivinar lo que pasó —le dije, curiosa por ver

su reacción.

Cruzó sus largas piernas debajo de ella y sonrió. Esta conversación

era el tipo de cosa que prosperaba. —Empieza por el principio, y no dejes

nada fuera.

Lo hice. Empecé con su actitud arrogante y cómo me había hecho

caso de lo que era fácilmente media hora para castigarme, manteniendo la

parte jugosa de su identidad para la línea de golpe. Me miró con la boca

entreabierta como describí el lujoso entorno, y cómo él tenía un escritorio

trasladado a su oficina para mí.

43ani

—Suena jodidamente caliente. Él debe estar en cosas excéntricas

también —reflexionó.

Pág

—¿Por qué piensas eso? —La forma en que su cerebro trabajaba me

fascinó.

—¿Cariño, sofás de cuero rojo? El color de la sangre... Y el deseo

carnal puro. Si el sexo tuviera un color, sería rojo. —Sí, ella era la

artística, de acuerdo.

Mi sonrisa se amplió. Si sólo ella supiera. —Bueno, gracioso que

digas eso, porque el señor Sinclair —o como todos lo llaman, el Sr.

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Debonair— es de hecho el sexo en las piernas. Varias mujeres están al

parecer tratando de engancharlo.

Sus ojos se iluminaron. —¡Eso es hilarante! El que le dio ese nombre

merece puntos brownie.

—Bueno, el apodo le queda. Tiene un aire de arrogancia y

sofisticación en él que probablemente a muchas moja las bragas.

Cass me miró por encima de su copa, viendo mi cara de cerca. —

¿Incluyendo la tuya?

—Pues aquí es donde se pone... Interesante. —Tomé un sorbo de

vino, lo que afecta a propósito una pausa para sacar el suspenso. Se

acercó más, con los ojos pegados a los míos. Saqué una respiración

profunda y lentamente exhale para el efecto dramático.

—¿Qué? Dime.

Esta vez me tomé un sorbo de vino antes de contestar—: El chico de

la estatua... Es él —espeté.

—De ninguna jodida manera —gritó ella.

Asentí. —¿Cuáles son las probabilidades? Al principio me asusté

totalmente —era demasiado bueno para ser verdad.

—Oh, Dios mío. Es la casualidad. —Cass estaba en gran medida en

el feng shui, y esas cosas de la nueva era.

Al igual era una romántica empedernida. Tan dura como pretendía

ser, lloró en el cine, y suspiró al ver a una pareja besándose en público. —

¿Es tan lindo de cerca? ¿Te reconoce? —Tenía las mejillas encendidas por

la excitación.

Negué con la cabeza y su cara cayó. —Vagamente, pero no del todo.

De todos modos, él es un imbécil. Rudo y arrogante. Y no olvidemos que

para las próximas tres semanas, él es mi jefe maldito. —Desplegué mis

piernas de debajo de mi culo y examiné mis uñas de los pies de cerca,

tratando de decidir si necesitaba volver a pintarlas esta noche o si podría

sobrevivir hasta el fin de semana antes de necesitar una pedicura DIY5.

44ani

—Ahhh... Pero técnicamente no es tu jefe. Su contrato no es con él.

Tan pronto como tu jefe real regrese, definitivamente puedes ver a dónde

Pág

va. —Saltó del sofá y fue a buscar la botella de vino de la nevera para una

recarga. La detuve cuando mi vaso estaba medio lleno. Necesitaba estar

definida mañana.

—Ahí es donde te equivocas, amiga mía. No puedo darme el lujo de

perder el rumbo. Mi madre está en función de mí para conseguir un buen

trabajo con un sueldo decente cuando regrese a Sydney. Eso significa que

5 DIY: Do It Yourself: Hazlo tu mismo.

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no tengo tiempo para cualquier otra cosa, y definitivamente no para

competir por el Sr. Elegante.

—Brook, bebé, escucha... Nunca te he visto tan inmediatamente

cautivada por un hombre como ese día. Y sólo por su aspecto y su sonrisa.

Confía en tus instintos y la química. No todos los días te encuentras con el

príncipe azul. —Cass era genial repartiendo consejos de relaciones, sin

embargo, no había tenido un novio estable durante más de seis meses.

—Ja, ja. ¿Prince jodido Charming? Si sólo estuvieras allí hoy. Nop,

definitivamente no iré allí. Las primeras impresiones son engañosas.

Incluso si él es caliente, él sigue siendo un imbécil. —Bostecé y extendí

mis miembros. Necesitaba a mi sueño de belleza si yo iba a levantarme

temprano y llegar a tiempo—. Tomaré una ducha e ir a la cama temprano.

—De acuerdo. He hecho un plato de pasta. Voy a calentarlo. Listo en

diez minutos. —Volvió a llenar su copa de nuevo, pero me llevé la mía a la

pequeña cocina y la puse en el fregadero. Quería mi cabeza clara cuando

me metiera en la cama. Quería volver a repasar el día antes que me fuera a

dormir y decidir cómo iba a manejar la situación de trabajo.

45a

ni

Pág

index-46_1.jpg

11

Traducido por anaapauu

Corregido por Carolina Shaw

Brooklyn

os siguientes cinco días fueron relativamente bien.

Encontramos un ritmo de modo que podíamos trabajar sin

L molestar los unos a los otros. Mi jefe estuvo en el teléfono la

mayor parte del tiempo, usando su auricular Bluetooth, así que no tuvo

necesidad de sostener el teléfono en su oído todo el día. Para ser un

hombre, él era bastante capaz de multitarea, le tenía que dar felicitaciones

por ello.

Él me explicó lo que necesitaba que hiciera, me enseñó unos pocos

ejemplos en el ordenador, y después me miró mientras lo intentaba por mi

cuenta. Algunas veces él se inclinaba sobre mí, su perfume flotando en mis

fosas nasales, y el calor de su cuerpo radiando tan fuerte que tuve que

moverme en mi silla para poner más distancia entre nosotros. Sus manos

estaban bien cuidadas, sus uñas perfectamente cuadradas. No nos hemos

tocado físicamente aun, así que no pude evitar imaginar cómo se sentirían

en mi cuerpo. Sus dedos volaban sobre el teclado–nunca había visto a un

hombre teclear tan rápido. Eficiente y determinado. No era para nada

afeminado, ni tan siquiera lo hacía verse como un cobarde.

6

—Señorita Bennett, esta noche tenemos que salir más temprano, así

4an

que asegúrese de terminar para las cuatro al menos. —Él levantó su

i

cabeza del montón de papeles que estaba examinando y golpeó con su

Pág

bolígrafo en su escritorio mientras me escrudiñaba. Yo estaba inclinada

sobre mi escritorio, mi trasero en el aire mientras ordenaba los informes

esparcidos sobre toda la superficie. Estupefacta, lo miré por encima de mis

gafas, mi boca formando una silenciosa O. En la semana que llevo aquí,

nunca hemos dejado la oficina antes de las nueve de la noche, así que esta

era definitivamente una noche temprana para él.

¿Tendrá alguna cita esta noche?

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Asentí, indicando que lo había entendido, pero no le cuestioné.

Estaba bastante exhausta por todas las horas que llevaba trabajando, así

que una noche temprana sería una autentica felicidad. No totalmente

recuperada del jetlag todavía, mi reloj corporal estaba completamente

fuera de sincronización, me despertaba en horas aleatorias durante la

noche y me costaba volver a dormir. Era en aquellos momentos en los que

me quedaba acostada despierta y cuestionaba mi cordura por sentirme tan

atraída por Tyler Sinclair cuando sabía que eso no iría a ninguna parte.

Su reputación de mujeriego se filtró en mí por la otra mujer durante

las raras ocasiones que iba a la cocina o al café en las plantas bajas. Había

siempre un grupo de chicas cotilleando sobre mi jefe, y algunas veces su

nombre estaba vinculado con el de una tal Samantha Williams. Las

especulaciones sobre ellos enganchados en el último evento de la oficina

estaban extendidas. Escuchaba, pero nunca comentaba, dado que no

estaba en la firma para entonces, y no conocía a la mujer en cuestión.

Todo lo que podía deducir era que ella era la hija del propietario, muy

guapa y sexy, y una verdadera zorra.

Aborrecía a las personas que tenían un sentido de derecho

simplemente porque ellos han nacido con ello, pero decidí suspender mi

juicio hasta que realmente la conozca.

Aparentemente a ella le gustaba dejarse caer en la oficina para

hurgar y seducir a todos los chicos, volviéndolos unos contra otros. La

mirada fija de Tyler Sinclair vagó por mi cuerpo, y eso se sentía como si él

me estuviera desnudando con esos ojos pecaminosos, causando que el

calor suba desde mi pecho a mi cara. Mi glorioso bronceado empezaba a

desvanecerse, debido a la falta de estar fuera a la luz del día, por lo que no

estaba segura si él notó el rubor que podía ser bastante obvio en mi pálida

piel. Una sonrisa torcida se extendía por su boca, haciéndolo difícil de

ignorar. Él golpeó el bolígrafo contra sus labios, atrayendo atención hacia

ellos.

—¿Ningún problema? —preguntó, alzando una ceja. El destello en

sus ojos me dijo que él disfrutaba provocándome.

47

Sacudí mi cabeza. —Ninguno en absoluto. Voy a meterme en la

ani

bañera y arrastrarme a la cama con el libro que he empezado en el avión y

no he tenido tiempo para terminar. —Bostecé, estirando mis extremidades

Pág

pensando en ello.

—No tan deprisa. Sí a lo del baño, pero sólo un pequeño remojo. Tú

me acompañarás a la cena de trabajo del jefe esta noche. Te recogeré a las

siete treinta, elegante. No te retrases… Williams detesta las llegadas

tardías, así que no quiero cabrearle.

—¿Qué? Eso nunca fue parte del acuerdo–

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Él se rió. —Ahhh… y volvemos con problemas. Pensé que era

demasiado bueno para ser verdad.

—Señor Sinclair, yo nunca he acordado en ninguna parte para

atender actos sociales. Y… um, ¿no estará la señorita Williams allí? —Era

mi turno de alzar una ceja. No había una maldita manera en el infierno

que estuviera envuelta en esto, aunque estuviera curiosa como el demonio

para ver cómo se vería a Samantha Williams en persona. Claro que la

estuve googleando después de oír los rumores, y tenía que admitir que ella

era tan hermosa que quitaba el aliento y muy fotogénica. Ella estaba por

todas las noticias de sociedad, y era bastante tratada como una

celebridad, con los paparazzi siguiéndola a cada movimiento. He babeado

por todos sus trajes de diseño, y me prometí a mí misma que algún día

podría consentirme y poseería al menos un conjunto también.

—Samantha no tiene nada que ver con esto. Y no te halagues a ti

misma. No estoy invitándote como una cita.

Ouch; eso dolió. Él se levantó de su silla y se quedó delante de la

gran ventana con su espalda hacia mí, metiendo ambas manos en los

bolsillos de sus pantalones y mirando fijamente por un largo momento.

Se giró para encararme, una mirada seria en su rostro. —Si quieres

una educación en negocios y cómo funciona realmente, deberías aceptar

cada invitación social que posiblemente puedas. Allí es donde ocurre la

real vinculación, y dónde los acuerdos más lucrativos nacen. —Cerró la

distancia entre nosotros y vino a pararse al lado de mi escritorio. Su

cercanía interrumpió mi concentración, por lo que dejé de manipular los

papeles y enderecé mi espalda, inclinando mi cabeza para enfocarme en su

profunda voz. La importancia con la que él estaba impartiendo esta

información me sorprendió.

—Las personas ricas quieren saber quien está manejando su dinero

—les gusta tener conocimiento de tus fuerzas y debilidades antes de

entregar su fortuna para que lo inviertas. Y no hay lugar mejor para

encontrar esta información que en las fiestas, donde el alcohol, drogas y

sexo están gratuitamente disponibles. Ellos van a estudiarte en cada

48

acción y juzgarte por tu comportamiento.

ani

Masticaba mi labio inferior mientras absorbía esta información. —

Pág

Supongo que tienes un punto. —Como estudiante he tenido una vida

bastante aburrida. Estudié duro mientras también hacía malabares con

dos trabajos de media jornada para ayudar a pagar las facturas. Salir de

fiesta era la cosa más lejana de mi mente. Parecía frívolo y una pérdida de

tiempo. Nunca lo consideré como algo que pudiera ser realmente útil.

Confiaba en este hombre para enseñarme eso.

—Apuestas que lo hago. —Una pequeña sonrisa se extendió por las

comisuras de su boca—. ¿Cómo crees que he llegado a dónde estoy hoy sin

una educación en la Ivy League? Trabajando a través de la multitud en los

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eventos sociales, querida. Estando un paso por delante que cualquiera y

usando mi cerebro. —Golpeó a un lado de su cabeza—. No es solamente

que me juzguen… Yo elijo mis clientes sabiamente. Puedo distinguir entre

aquellos que tiene las pelotas para inversiones de alto riesgo, y aquellos

que saltarían de la cima de un edificio si perdiesen unos pocos cien mil

dólares en una espiral descendente. Se paga por observar a la gente,

señorita Bennett, y no hay lugar mejor para hacerlo que en un ambiente

social.

Tan reacia como era tenía que admitirlo, podía entender totalmente

su estrategia. Era inteligente y prudente. Mientras las personas dejaban su

guardia baja, festejando duro, Tyler Sinclair estaba discretamente

analizando a la multitud por potenciales clientes.

—Entonces, lo que realmente te estoy ofreciendo esta noche es una

oportunidad de ver dentro de un mundo que dudo que sepas que existe.

Dónde el exceso de lo rico y famoso está expuesto, y la gente intenta

superarse unos a otros. Es un juego, señorita Bennett, y es llamado La

supervivencia del más fuerte. El que pueda ser más astuto que su

competidor es el ganador.

—O ella. —Me entrometí, entusiasmada por la posibilidad de estar

involucrada en este nuevo mundo. Él lo hizo sonar emocionante. Osado.

Yo estaba enganchada.

Él sonrió, dándome una conocedora mirada que hizo rizar mis dedos

de los pies. —Aprender por experiencia triunfa cada vez sobre el

conocimiento de los libros de texto, señorita Bennett. Puedes tener todos

los títulos en el mundo, y aun ser tonto como una mierda cuando se trata

de leer a las personas. Déjame enseñarte el arte de escoger clientes

inteligentemente.

Mi corazón palpitó. Yo estaba ansiosa por explorar dónde nunca

antes había estado. Algo sobre la forma que él había dirigido esto me había

hecho desear aprender más de un modo que nunca creí posible.

—Pareces entusiasmada con la idea. —Inclinó su cabeza y sonrió,

aparentemente satisfecho por mi reacción.

49ani

Asentí, un poco sin aliento por la forma en que me sonrió. Él había

tocado una fibra sensible–yo amaba las nuevas experiencias que

Pág

ampliasen mis horizontes. Y si podía observar al maestro en acción, yo

estaría en el cielo. Parpadeé hacia él. —Sí, lo estoy. Lo haces sonar tan…

fascinante.

Esta vez la sonrisa llegó a sus ojos, formando pequeñas arrugas en

las esquinas. —Viste algo sexy. Haz lo mejor con tu escote. Y tampoco

estaría demás enseñar un poco de pierna. —Me guiñó mientras sonreía de

oreja a oreja. Maldición, me gustaba el Tyler Sinclair juguetón. Él era sexy

como el infierno, y entendí totalmente por qué todas las mujeres en la

index-50_1.jpg

firma se embelesaban por él y deseaban que pudieran tener una cita con

él.

Sus palabras de antes azotaron a través de mi cabeza. — No es una

cita. No te halagues a ti misma. —Es sólo negocios. Negocios inteligentes.

—Yo… esto… —¿Cómo podía explicar que no poseía ese tipo de

artículo en mi armario y que no tenía exactamente los fondos para

comprarme algo nuevo?

Además, no tenía tiempo para ir de compras incluso si tuviera el

dinero. Una ceja se disparó alzada por mi vacilación.

—Señorita Bennett, ¿hay algún problema?

Apunto de mentirle, pensé mejor en ello y decidí ser honesta y

sincerarme. —Sí, en realidad, lo hay. —Bajé mi mirada cuando la

vergüenza inundó sobre mí. Mi piel se sintió caliente, húmeda y mi

estomago cayó. —No tengo nada apropiado en mi armario. Me gusta viajar

ligera, y no esperaba necesitar un vestido de cóctel en mi primera semana

de empleo.

Soltó una larga exhalación. —Si ese es su único problema, no es un

problema en absoluto. —Él no estada teniendo sentido. Era un enorme

maldito problema para mí. Uno completamente infranqueable. Incluso si

Cassidy hubiera comprado algo como un vestido, no había manera de

arriesgarme a pedir prestado otro artículo de ropa de ella después del

fiasco del café con su blusa blanca. Además, sus vestidos más bien se

verían completamente mal en mí.

Volviendo a su escritorio, el Señor Sinclair abrió el cajón y sacó algo

de allí, luego regresó donde yo estaba, servil.

—Tenemos cobertura para este tipo de eventos. Usa esta tarjeta de

crédito para conseguir algo bonito. Inténtalo en la Quinta Avenida… y está

bien si te vas a las tres esta tarde. —Él sonrió cuando empujó la tarjeta de

plástico hacia mí—. Consigue unos zapatos, y todas las cosas en conjunto

que las mujeres necesitan, también.

Inhalé una respiración. —Posiblemente no podría hacerlo. —Sacudí

50an

mi cabeza con recelo. Nunca usé una tarjeta de crédito en mi vida. Si

i

mamá y yo no teníamos dinero, simplemente no comprábamos. Aunque no

Pág

teníamos muchos, todo lo que poseíamos estaba libre de deudas. Mamá no

creía en añadir más estrés a nuestras vidas, acumulando grandes deudas

con abusivas tarifas de interés que estuvieran como una nariz alrededor de

su cuello. Si realmente queríamos algo, teníamos que trabajar turnos

extras y ahorrar hasta que pudiéramos permitírnoslo.

—La tarjeta está aquí por una razón. Ser puesta en buen uso.

Tómala. —Ordenó.

—No puedo...

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Tomó mi mano en las suyas y desdobló mis dedos antes de dejar la

tarjeta de plástico en mi palma. —Es más fácil de lo que crees. No quieres

cabrear a Williams, y si él descubre que eres una empleada y no estás

adecuadamente vestida, algunas cabezas estarán rodando —posiblemente

incluso la mía. —Aún estaba sosteniendo mi mano en las suyas, por lo que

sentí el escalofrío que corrió a través de él.

¿Estaba Tyler Sinclair con miedo de perder su trabajo? ¿O tal vez

temía a la ira de Williams?

—Bueno… ¿si estás absolutamente seguro? Lo devolveré cuando

consiga mi primer sueldo. —Dije, agradecida por haber salido de mi

aprieto.

—No seas ridícula. Una vez que veas su mansión y el exceso que su

mujer e hija están acostumbrados, te darás cuenta que es un pequeño

cambio para la compañía. Y será un dinero bien gastado. Se trata de la

imagen de McAdams y Williams —no gastar es escatimar para impresionar

a los clientes. —Cerré mis dedos sobre la tarjeta y tiré mi mano lejos.

¿A qué demonios acabo de acceder? ¿Iría a permanecer en pie —no

de una buena forma— y hacer una burla de mi misma? Estaría fuera de

mi profundidad moviéndome en los círculos de un ultra rico. Sólo podía

esperar no atragantarme y morir una muerte lenta.

Tyler miró a su reloj. —Es cerca de las tres y media. Creo que puedo

dejarte ir más temprano una media hora extra.

Mis ojos se ampliaron. —¿Qué pasa con...?

—Fuera de aquí antes que cambie de idea. Y que estés preparada

para cuando llegue allí a recogerte. —Su voz fue ronca, como si él no

quisiera que me fuera. Perpleja, me quedé mirándolo por un momento

antes de recordar mis modales.

—Gracias por venir a rescatarme. Veo que tengo mucho más que

aprender que lo obvio.

Él sonrió abajo hacia mí. —Ésas, señorita Bennett, son las palabras

más verdaderas que has dicho. No sabe incluso lo que no sabe. Y estoy

51an

deseando enseñarle… todo.

i

Pág

El calor en su mirada y la forma que dijo eso me dio una distinta

impresión que no se estaba refiriendo sólo al trabajo. Pero, ¿cómo

demonios podía saberlo? Yo era sólo una muy verde e inexperta interna.

Parecía que mi entrenamiento tenía un largo camino que recorrer. Por

suerte, mi mente era astuta, y era una rápida aprendiz.

Agarré mi bolsa antes que él reamente cambiara de idea e hice mi

camino a la puerta, la tarjeta de plástico cuidadosamente metida en mi

bolsillo. Cuando giraba el pomo, lo escuché aclararse la garganta detrás de

mí.

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—Una última cosa. Esta noche, todo cambia. Tu entrenamiento

toma completamente un nuevo nivel.

Lo miré boquiabierta, pero ya había vuelto su atención al teléfono

que empezó a sonar. Me hubiera encantado preguntarle qué significaba

eso.

52a

ni

Pág

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12

Traducido por Angi de Rossi

Corregido por Carolina Shaw

Brooklyn

ierda, estaba en problemas. No sabía nada acerca de

vestirse para ocasiones formales. Si había asistido a ellas,

M pero era como camarera para ganar dinero extra, no como

una invitada. No tenía ni idea de cómo se sentiría estar en el otro lado.

Cassidy —ella deberá saber. Esa perra tenía un cinturón negro en las

compras. Marqué su número. Contestó al segundo tono.

—Hola cariño, ¿qué pasa? —Me saludó con su voz usualmente

alegre.

—Oye Cass. Escucha, si en alguna vez necesitara tus habilidades,

sería hoy. ¿Puedes venir hasta la Quinta Avenida en la siguiente hora y me

ayude a comprar un vestido para una cosa a la que tengo que ir esta

noche?

—¿Qué cosa? Necesito detalles, cariño. Y, por supuesto que iré —he

cambiado de esmalte de uñas por tercera vez esta semana porque estoy

aburrida sin ti aquí.

53ani

Las compras eran el fuerte de mi mejor amiga. Necesitaba encontrar

Pág

un maldito trabajo, y pronto, pero hoy estaba agradecida de que ella

estuviera disponible.

Me reí. —¿Nos vemos en frente de Tiffany en una hora? Justo habré

salido de la oficina. Te pondré al tanto en cuanto nos encontremos.

Necesito verme caliente, Cass. Espero que puedas ayudarme a lograrlo en

unas pocas horas. —Si alguien podía sacar adelante un cambio de imagen,

era Cassidy.

—Ayuda que tengo un lienzo en blanco para trabajar rápido con él.

Pero, ¿quién está pagando por esto? ¿No tenemos el dinero?

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Como si necesitara un recordatorio. —Trae tu trasero aquí. Tengo una

tarjeta de crédito de la empresa para gastarlo.

Ella contuvo el aliento, y luego se rió. Oh Señor —aquí vienen más

problemas. Esta mujer podría escribir un libro titulado 101 Compras.

Tyler Sinclair no lo sabía, pero había hecho que uno de mis sueños

se hiciera realidad. Ya, me gustaba un poquito más.

Cassidy llego cinco minutos antes, toda ella vestida de blanco. Me

levantó una ceja, haciendo una mueca. ¿Estaba tratando de hacerme

quedar mal en mi traje de tiendas por departamento?

—Oye, cariño, te ves muy bien —me saludó con una sonrisa—.

¿Lista?

—Vamos a tomar un café en primer lugar, por lo que podemos

repasar nuestro plan de juego. La razón la razón por la que me voy a llevar

ropa de diseñador, es para mostrarles a los asistentes de compras que

somos clientes serios, no compradores de ventana. De esa manera ellos

nos tratan con respeto y no van todo Pretty Woman 6 con nosotros.

Ella era un haz. Me reí de su lógica, admitiendo que tenía mucho

sentido. Fuimos al Starbucks más cercano y pedimos nuestros lattes sin

grasa. Minutos más tarde, estábamos sentadas una frente a la otra y le

dije todo sobre la fiesta. Frunció el ceño cuando le dije enfáticamente que

no era una cita.

—Él cambiará de opinión cuando te recoja esta noche y vea lo que

he hecho con tigo. Va a estar luchando contra otros chicos, y estará

orgulloso de presentarte como su cita. —sonrió, segura de que me

ayudaría a llevarlo a cabo.

—Tengo mis dudas —la ropa no hace solo a una persona. ¿Qué si

pueden ver a través de mi? —El pánico hizo subir mi pecho, calentando mi

cuerpo desde el interior.

Cass asintió. —Exactamente, cariño. Es el interior lo que cuenta. Y

tú tienes lo que se necesita, nena. Tú eres sexy e inteligente. Tienes

descaro en exceso. No dudes de ti misma, ¿de acuerdo?

54ani

Mis parpados se llenaron de lágrimas y la garganta se me engroso,

Pág

así que sólo logré un movimiento de cabeza.

Me entregó un tubo de lápiz labial. Era su marca de gama alta

favorito, y yo sabía que tendría que usarlo con moderación para que

durara hasta que ella pudiera permitirse otro. Parpadeé un par de veces

mientras me aparté de ella. Una amplia sonrisa se extendió por su cara. —

Aplica esta barra de labios de color rojo, y tuerce tu pelo recogido en un

6 Según el argumento de la comedia romántica del mismo nombre, ella no quiere ser vista

como una prostituta que no sabe vestir.

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moño. Cuando entremos en una tienda, tienes que comportarse como si

fueras la dueña de esa mierda. ¿Entendido?

Santo infierno. Lo bueno es que le pregunté a tiempo. El tipo

presumida de dependienta me habría dado una mirada y probablemente

me ignoró, aunque tenía dinero para gastar. Yo tenía mucho que aprender

de Cassidy sobre cómo actuar como si hubiera crecido con dinero. Tal vez

un poco de su encanto natural podría también pegárseme.

Hice lo que me instruyó. Se quitó los Louboutins y me los entregó. —

Lleva éstos. Cuando vean las suelas rojas, ellos ni siquiera miraran el resto

de tu atuendo. Tú pasaras su prueba.

Yo podría haberla abrazado allí mismo si no estuviera tan nerviosa.

Intercambiamos zapatos. Los suyos eran un poco flojos en mis pies, pero

podría trabajar en ello. Dios, amaba a esta mujer. ¿Cuántas otras personas

harían esto por mí?

—Estaré lista cuando tú lo estés —le dije, emulando su confianza,

aunque yo no lo sentí. Finge hasta que lo consigas. Mamá siempre había

inculcado esa idea en mí, y hoy me estaba poniendo la teoría a prueba.

Dos horas y media más tarde y con bolsas de la compra con grandes

nombres de tiendas en mis palmas sudorosas, sonreí cuando Cassidy paró

un taxi. —No hay manera en el infierno estamos alcanzando el transporte

público con todas estas bolsas. Los taxis aceptan tarjetas de crédito

también. —Me guiñó un ojo. Estaba segura —después de la cantidad de

dinero que habíamos gastado en apenas unas horas, otros cincuenta

dólares apenas iban a importar.

Sentada en el asiento trasero del taxi, me sentía mal del estómago

mientras fui a través de los recibos. Buen Dios, el salario de un mes en un

vestido, zapatos y un bolso de mano, hizo girar mi cabeza. Pero Cass me

había asegurado que era completamente normal, y señaló que habíamos

ahorrado el dinero firme por la elección de una cartera de mano de la

colección de la temporada pasada que estaba marcada hacia abajo.

No pude evitar reírme de su razonamiento. Si tan sólo pudiera ser

más como ella —tener su educación y clase. Una especie de pedigrí. Yo

55ani

nunca había estado avergonzada de cómo había sido criada, pero esta

experiencia me había abierto los ojos a un mundo completamente nuevo.

Pág

Uno del que apenas había sido consciente hasta hoy.

Tan pronto lleguemos al apartamento, voy a darte un tratamiento

facial y hacer tu cabello. El señor Elegante no creerá en sus malditos ojos.

—Sonrió de oreja a oreja, con los ojos brillando.

Miré mi reloj. —Sólo tenemos una hora y media, y todavía necesito

bañarme.

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—Eso es un montón de tiempo. Puedes relajarte con una copa de

vino mientras yo hago el trabajo. Mi madre siempre dice que es importante

estar bien descansado antes de enfrentar a la gente en una fiesta y ella

debe saber. Ella es la reina de su círculo social en Sydney. —Cassidy

frunció el ceño—. Nunca pensé que las cosas que ella me enseñó serían de

utilidad algún día. Muestra lo poco que sabemos a veces.

—Está bien... confiaré en que tu sabes lo que haces. Y te prometo

que cuidare la joyería diamante que me estás prestando. —Aplasté su

mano en la mía—. Cariño, eres lo mejor que me ha pasado en años.

Gracias por todo, sobre todo por creer en mí. Realmente significa mucho.

Era su turno de parpadear rápido y fingir que tenía algo en su ojo.

56ani

Pág

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13

Traducido por fmaryd

Corregido por Carolina Shaw

Tyler

sperando como el infierno que la Srta. Bennett hubiera

entendido correctamente y que no me pusieran en ridículo

E esta noche, muerdo el interior de mi mejilla mientras

conduzco hacia la dirección que había garabateado en una hoja de papel.

Debí de haberle pedido a la Sra. Oakes, o alguien familiarizado con Nueva

York y los estándares sociales de la alta sociedad que la acompañara de

compras. La broma sería para mí si ella sobregirara la tarjeta de crédito y

aun así estuviera vestida inapropiadamente.

¿Y si se veía jodidamente horrible? ¿Vestida completamente mal para

la ocasión? Sólo la había visto en su atuendo conservador tipo oficina —

nada destellante o excitante, excepto por lo apretado de sus faldas de tubo

que acentuaban su alegre trasero. Y cuando le sugerí que se vistiese sexy,

no me refería a vulgar. Y joder, esperaba que no se hubiera excedido con el

maquillaje, en mi opinión, hacia ver a las mujeres como putas.

Siguiendo el GPS, maneje fuera de la ciudad hasta que el tráfico

57a

escaseo. Miré mi reloj. Sabría en 10 minutos si iba a avergonzarme y

ni

desear jamás habérselo pedido o si estaría gratamente sorprendido.

Pág

Esperaba lo último porque deseaba pasar una noche con Brooklyn Bennett

fuera de la oficina. Tenía la sensación de que había mucho más de ella

que sólo había arañado la superficie.

Si de alguna forma la interna un poco estúpida y que destaco

académicamente resultara ser una decepción la enviaría temprano a casa

en un taxi y haría mi trabajo con los otros huéspedes. Se suponía que

debería de haber varios clientes nuevos a quienes cautivar y al menos una

mujer hermosa que cumplía mis estándares.

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Tarareando la canción que sonaba en el estéreo de mi Lamborghini

rojo, me senté esperando en un semáforo, tamborileando los dedos sobre

el volante al ritmo de la música mientras consideraba mis otras opciones.

Estos eventos no eran sin dificultades –habían algunas mujeres que

sólo eran un dolor en el trasero. Dos en particular. A pesar de que me

mantenía lejos de las mujeres casadas, la Sra. Williams era tan entusiasta

como una caliente virgen esperando a que la desfloraran y sabía que iba a

estar persiguiéndome la mayor parte de la noche como ya lo ha hecho

otras veces que he estado cerca de ella. Esquivarla era un trabajo duro. No

quería encabronarla, porque ha sido una de mis más grandes admiradoras

y era consciente de que el permanecer de su lado era importante para

avanzar en mi carrera. A quien conocías y a quien te tirabas era el

"secreto" para salir adelante en este negocio.

Suspiré profundamente. La Sra. Williams me puso en una peligrosa

posición. Si le daba lo que quería y me la tiraba para llegar a la cima y mi

jefe se enteraba, estaba muerto. Carrera terminada. Pero, si no me la

follaba, se encabronaría y, posiblemente, seguiría adelante, impulsando a

algún cachondo aspirante y ayudándolo a ascender en la escalera dorada

del éxito.

Últimamente había sido más obvia con su coqueteo, insinuando que

estaba esperando su recompensa por haberle hablado bien a su marido de

mi para que me ayudara a ascender a la nueva oficina después de que su

padre, un socio mayor de McAdams, se desplomara de un ataque al

corazón hace un mes.

―Sangre nueva‖ había dicho ella, ayudaría a transformar la imagen

obsoleta de la firma. Y dado que había heredado las acciones de su viejo

padre en la empresa, igual podía superar en votos a su marido en una

reunión del consejo.

Jale el cuello de mi camisa. Me molestaba que el querer llegar a la

torre de marfil por mérito propio era casi imposible y que tuviera que

recurrir a tales medidas como pretender que estaba remotamente

interesado en ella.

58a

También estaba Samantha. Fruncí el ceño. Esquivar a la Barbie esta

ni

noche en la fiesta de su papá iba a ser tan difícil como evitar a su madre.

Pág

Como que pensaba que yo le pertenecía porque ya me la había tirado. Por

lo tanto, había asumido que iba a jodidamente casarme con ella. Gran

error.

Cuando era niño ya había decidido que no quería que lo que le pasó

a mi viejo me pasara a mí. Nunca me iba a casar. Ni tener hijos.

No en esta vida.

No tenía tiempo para una esposa, o el deseo de estar atrapado con

una persona por el resto de mi vida. La variedad era lo que me gustaba –

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cada nuevo coño un reto. El arriesgarse tenía sus recompensas, y nada

daba más que un pico de adrenalina que el acostarse con algunas de las

mujeres más bellas de la alta sociedad.

Cinco minutos después, me estacione en un complejo de

departamentos de tres pisos, sorprendido por su pulcritud, a pesar de

estar en un barrio bastante sospechoso. Revisé mi pelo en el espejo –sip,

aun viéndome bien. Algo inquieto al tener que dejar a la Bestia Roja en la

calle, esperaba que la señorita Bennett estuviera lista y esperándome.

Decidiendo esperar en la acera para poder echar un ojo sobre mi

belleza, saqué mi teléfono de mi bolsillo. Había trabajo como un esclavo un

montón de jodidas horas para comprarla, partiéndome el trasero noche

tras noche hasta que fuese mía. No había nada que amara más que su

ronroneo –si el coche fuera una mujer, tendría una constante erección por

ella. No me iba a arriesgar por algún hijo de puta envidioso que fuera a

rayar mi coche o peor, se la robara en el tiempo que me tomara subir y

recoger a la Srta. Bennet.

Buscando entre mi lista de contactos, encontré el número de

Brooklyn Bennett y marqué. Sonó durante algún tiempo antes de que

contestara. Cristo, esperaba que estuviera lista –el Viejo Williams tenia mal

humor, y no necesitaba atraer su disgusto. A veces en verdad me sentía

mal por su esposa, -no era un hombre fácil de complacer.

Antes de que el teléfono se desconectara, una voz femenina contestó.

No sonaba como Brooklyn, aunque el acento también era australiano.

—El teléfono de Brooklyn. ¿Puedo ayudarle? –dijo sin aliento.

—Oye, teléfono de Brooklyn. Tyler Sinclair. Estoy esperando abajo.

¿Puedes por favor decirle que me encuentre aquí?

—Um... ¿no estás siendo un caballero y subes a buscarla?

—Bueno... uh, este barrio es dudoso, y no puedo dejar mi coche. Por

favor, dile que baje. Tenemos que irnos.

Suspiró en el teléfono. —Está bien. Pero... asegúrate de que

atraviesa la puerta cuando la traigas de regreso a casa, o se desatara el

59an

infierno. No quiero leer sobre ello en los periódicos en la mañana.

i

Pág

—Está bien. Es un trato. Dile que baje —me recargué en el coche,

brazos y las piernas cruzadas, tamborileando mis dedos en mis bíceps.

Odiaba esperar por algo. Cinco minutos pasaron y aún nada. Jalé el cuello

de mi camisa, calor subiendo por mi cuerpo.

¿Qué estaba haciendo Brooklyn? Imágenes de su vestido de negocios

pasaron por mi mente. Subiéndose las medias y sujetándolas con un

liguero, sus tetas desnudas sobre las copas de su sujetador mientras se

inclinaba hacia adelante. Y su trasero… sedosa piel cubierta con encaje.

Mi polla brinco. Imaginé sus dedos pasando por su suave coño,

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sumergiéndose en su calor y masajeando su clítoris mientras se mordía su

labio inferior.

Tarareando suavemente, me imagine los ruidos que haría cuando

tuviera un orgasmo, su voz ronca gimiendo y gritando cada vez más fuerte

mientras llegaba a su máximo momento de placer, gritando mi nombre en

un tenue suspiro mientras su cuerpo se estremecía.

Me limpié la frente, mi rostro caliente por las imágenes en mi cabeza

—ella lamiendo sus labios secos, ojos cerrados y con un resplandor

orgásmico cubriendo su piel. Apuesto a que era hermosa cuando se venía.

Y si traía sus lentes, eso incluso sería más sexy. Incómodo, mi palpitante

polla haciendo una tienda de campaña en mis pantalones, cambie mi peso

de una pierna a otra.

Qué no daría por verla mientras se daba placer a ella misma.

Cuando hubiera terminado, sería mi turno; me encantaría follar a la Srta.

Bennett mientras llevaba nada más que sus lentes y un liguero, sus tetas

rebotando en mi cara.

Tal vez debería haber ido a averiguar lo que estaba pasando. Sí, tal

vez...

Sacudido de mis pensamientos por el sonido del teléfono, revise la

pantalla. Brooklyn Bennett. Mierda. Me agaché y ajusté mi polla en los

apretados pantalones. Fruncí el ceño mientras respondía, incapaz de

acomodar mi erección.

—¿Sí? Ya vamos tarde. Más vale que esto sea malditamente bueno —

si no me hubiera dejado allí de pie todo este tiempo, no tendría este

maldito problema. Su voz ronca era la misma que había imaginado hace

unos momentos. Suprimí un gemido mientras masajeaba mi polla con la

palma de mi mano, queriendo disminuirla.

—No voy a ir. Lo siento. Si te vas ahora llegarás a tiempo.

¿Qué? Nadie le decía "no" a Tyler Sinclair. Mi polla quedó inerte en

diez segundos.

—A menos que estés sangrando por un accidente o algo similar, trae

60an

tu trasero hasta aquí. No soy un hombre paciente.

i

Pág

—¿No escuchaste lo que acabo de decir? No voy a ir —resopló. La voz

sexy y ronca se había convertido en un tono exasperado.

¿Era esto un maldito reto?

Apreté mis dientes. El reloj seguía corriendo. No tenía tiempo para

esta mierda. —No me pongas a prueba, mujer. Y no me hagas subir las

escaleras para arrastrarte aquí abajo conmigo. Vine hasta aquí para

llevarte, así que vienes.

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A menos que se viera horrible y esta era su manera de ahorrarme la

vergüenza.

La voz de su amiga me habló al oído—: Espera. Dado que no subirás,

supongo que tendré que empujarla por la puerta —la escuché maldecir en

voz baja—. Es tímida. Sé malditamente amable con ella o tendré que ir tras

tus bolas. ¿Me entiendes, Sr. Deb... Sinclair? —Juré que rugió. Jesús. No

quería estar en su contra. El Bull Terrier me haría trizas.

¿Tímida? No podía estar refiriéndose a la mujer que había tenido en

mi oficina en los últimos días —ella era segura y confiada en la forma en

que la gente era cuando sabían que eran buenos en lo que hacían.

—Por supuesto —me acerqué a la escalera. Si ella no bajaría,

averiguaría de qué se trataba todo esto.

—Me la debes.

La llamada terminó, y esperé al final de las escaleras. Esto estaba

jodiendo mi maldita cabeza. Exactamente el por qué nunca quise a una

mujer en forma permanente en mi vida. Demasiados malditos problemas.

Jamás las había entendido.

Negando con la cabeza, ajusté mis mancuernas. Las palabras de

Bull Terrier se repetían en mi cabeza. Si era cierto que Brooklyn era

tímida, estaba siendo un idiota por no subir hasta su puerta.

Flashes de las palabras de mi madre se repetían en mi cabeza:

Siempre actúa como un caballero, Tyler. A las chicas les gusta eso. Solo

imaginaba el ceño fruncido de mamá si me viera parado ahí. Subiendo las

escaleras de dos en dos, corrí hacia la primera puerta.

Era demasiado tarde. A medio camino, mientras llegaba al descanso

y daba la vuelta en el segundo tramo de escaleras, tuve sólo el suficiente

tiempo para ver unas piernas largas y relucientes en unos tacones que

gritaban fóllame antes de chillar en alto.

Labios cubiertos de roció temblaban mientras seguía con la mirada

hacia abajo, cuidando sus pisadas, sin saber que estábamos a punto de

chocar. Mi corazón bombeó mi espesa sangre rápido por mis venas y

61an

succionando un respiro agudo.

i

Pág

Tenía medio segundo para observarla antes de que me escuchara.

Brooklyn era la visión de la perfección. Sin sus lentes, llevaba la cantidad

adecuada de maquillaje para acentuar su belleza. Su cabello, amarrado en

la parte superior de su cabeza con rizos sueltos alrededor de su rostro, era

como un maldito halo.

Estaba tan hermosa que me quitaba el aliento.

Mi mandíbula cayó. Santa mierda.

Chica Dorada.

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—Brooklyn.

Su cabeza se levantó de golpe, sus ojos azul cielo grandes mientras

chocaban con los míos. Se pasó el penúltimo escalón y perdió el equilibrio,

lanzándose hacia adelante a mis brazos. La agarré, sonriendo mientras su

perfume llegaba a mi nariz.

Era incluso más hermosa de cerca.

62ani

Pág

index-63_1.jpg

14

Traducido por 6NadineS

Corregido por Carolina Shaw

Brooklyn

assidy se había superado a sí misma. No me había permitido

mientras hacía mi pelo y maquillaje. Cuando finalmente

C estuvo feliz con su trabajo, me ayudó a meterme en mi vestido

y zapatos, y luego me empujó al largo espejo dentro de la puerta del

armario. Casi no me reconocí. ¿Dónde estaban mis pecas? Y mi pelo —Oh

Dios, mi pelo… estaba suave y elegantemente apilado en la parte superior

de mi cabeza. Lucía como una maldita estrella de cine en el vestido de oro

y lentejuelas, mi piel brillando.

—Luces de un millón de dólares, dulce. El Sr. Debonair se

sorprenderá. No es una cita… mi trasero —resopló ella mientras colocaba

los pendientes de diamantes en mi palma—. Ponte esto. Van a terminar el

look a la perfección.

Me miré fijamente en el espejo. Santo Niño Jesús. Nunca creí que

podría lucir así… Tan crecida. Elegante. Sofisticada.

Fue cuando la abracé que me asusté. Estaría atrapada como un

fraude. ¿Cómo iba a hacerlo a través de todo un anochecer sin llevarme

muy lejos? A pesar del bonito y caro vestido, seguía siendo la pobre chica

63

dentro.

ani

Cass me vociferó cuando me negué a contestar mi teléfono, y me

Pág

amenazó con hacerme daño corporal si no iba abajo a encontrarme con el

hombre esperando no tan pacientemente. Por mucho que protestaba, ella

me empujaba doblemente. Estaba totalmente fuera de mi zona de confort,

sin ningún plan de seguridad. Mi garganta se cerró cuando Cassidy dejó

un beso en mi mejilla y cerró la puerta del apartamento detrás de mí,

bloqueándola.

Mi corazón empezó a correr . Eso era.

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Debido a las palmas sudorosas y mi aversión a los gérmenes, evité

tocar la barandilla, aferrándome a mi bolsa y mirando mis pies en su lugar

por lo que no me rompería el cuello en mi camino hacia abajo. Estos

malditos zapatos —por el ridículo precio que había pagado eran de lejos los

más incómodos que había llevado. Pero también los más bonitos. Mis

piernas se veían como si estuviesen a quilómetros, todo gracias a un

diseñador italiano.

Sin saber que Tyler Sinclair se paró en el rellano de la escalera, su

voz ronca se desvió hacia mí. —Brooklyn. —Todo lo que le tomó fue una

palabra a mi corazón para salirse de mi garganta —no solo porque no

esperaba a nadie aquí, también por la manera en que dijo mi nombre. La

palabra estaba mal intencionada. Sexy como el pecado. Escucharlo usar

mi nombre por primera vez retorció mi estómago en un apretado nudo.

Mi cabeza se alzó de mis pies a sus atónitos ojos, ambos estábamos

completamente descarrilados. El mundo se quedó quieto por un largo

momento —solo éramos nosotros dos en el planeta.

En realidad en cuestión de segundos me había tropezado en sus

brazos. Él me presionó contra su duro pecho.

—Te tengo —dijo, su tono claro y seguro, su voz enviado un delicioso

escalofrío por mi columna.

—Oh Dios —gemí, respirando en su aroma, descansando mi cabeza

contra él mientras me fruncía a mí misma. Ni si quiera había llegado a su

cocha, y ya estaba haciendo el ridículo. Tanto como quería aprender y

experimentar cosas nuevas, también sabía cuándo estaba fuera de mi

fortaleza.

Al Sr. Debonair le hacía justicia su nombre. Lucía precioso en un

traje de noche negro y pajarita —agradable y elegante… caballeroso.

—Luces asombrosa —dijo, tirando un poco hacía atrás, pero sin

dejarme ir. Su sonrisa llegó a sus ojos, arrugó las esquinas cuando miró

mi cara.

—Gracias —susurré, tratando de encontrar mi voz. Por alguna

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razón, mariposas habían tomado mi estómago y su cercanía desordenó mi

ni

cerebro—. Tú también te ves muy bien.

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Dio un paso lejos y ofreció su brazo. Nuestros ojos se mantuvieron

bloqueados mientras me enganché en él, agradecida por la estabilidad que

el ofrecía, incapaz de mantenerla una sonrisa se propagó por mi cara. Sus

hombros se relajaron mientras tomaba mi mano y luego le dio un ligero

apretón mientras hacíamos nuestro camino, un paso a la vez,

completamente tranquilo.

Me quedé sin aliento cuando mi mirada cayó al coche rojo colocado

bajo la piscina de luz de la farola. Nunca me imaginé que sentaría mi

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trasero en el asiento de uno de esos. Tyler rió —claramente consiguió un

vistazo de mi reacción a su modo de transporte. Maldición quería ser tan

buena como él en lo que hacía vivir. Si podía permitirse un coche como

este, el hombre rastrillaba en ello.

—¿Cómo mi bebé? —Ronroneó, su voz como terciopelo. Abrió la

puerta para mí, sonriendo como el Gato de Chesire7.

—Está bien. Un poco bajo para mí —dije, actuando fría y calmada

mientras me agachaba para entrar. Él no necesitaba saber cuan

asombrada estaba—. Nunca imaginé que Tyler Sinclair necesitaba una

imán para atraer a las mujeres

Su rostro no tenía precio —apuesto que ninguna otra mujer le había

dicho esto a él. Rodeó el coche, la sonrisa se fue, y encendió el motor. El

coche rugió a la vida, enviando un clavo de adrenalina a través de mi

cuerpo. Agarré el asiento mientras Tyler se alejaba de la acera. Puso su pie

en el suelo mientras se movía a través de los engranajes, después aceleró a

medida que llegábamos a la carretera. Mi ritmo cardíaco estaba fuera de

sistema, mi estómago agitado, pero me encantó cada segundo aterrador.

—Relájate. Luces asustada hasta la muerte. —Rió mientras

rodeábamos una esquina a una velocidad con la que la mayoría de los

coches chocarían. Puso una mano en mi rodilla, dándole un ligero apretón.

Parpadeé hacía él, mi boca formando una O antes de inclinarme hacía

atrás en el asiento y pretender que era la cosa más natural en el mundo de

su mano estando allí. Pero debajo de mi fachada, mi cerebro se apresuró

dándole sentido a todo.

Debajo de mis pestañas robé miradas de reojo a su hermoso rostro.

Él estaba en su elemento, amando claramente la fuerza brutal de la

máquina como él tomó a prueba.

Demasiado pronto, salió de la autopista y se dirigió hacia el río,

pasando cada mansión más grande y más impresionante que la otra. Esta

vez mantuve la boca cerrada, presionando mis labios mientras miraba con

los ojos abiertos a nuestro entorno de riqueza, hundiéndome más y más en

el asiento de cuero. Detuvo el coche frente a las puertas gigantescas,

65a

ralentizando el motor cuando se volvió hacia mí. —Tengo una pequeña

ni

prueba para ti, Srta Bennett.

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Mis cejas se elevaron. ¿Una prueba? Tragué saliva, esperando que

continuara. Su mano se deslizó hasta mi muslo y desapareció debajo de mi

vestido. Mierda. Aspiré una bocanada de aire mientras sus dedos

acariciaban el encaje de mis bragas.

Tuve que luchar contra el impulso de apretar los muslos juntos.

Dios, me estaba mojando, y él ni si quiera me había tocado allí. No estaba

7 El Gato de Cheshire es un personaje ficticio creado por Lewis Carroll en su conocida

obra Alicia en el país de las maravillas.

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segura de si debía darle una palmada a su mano o abrir mis piernas y

rogar por más. No hice ninguno.

—Quítate esto —ordenó. Quitó la mano y se sentó de nuevo,

mirándome, sus ojos oscuros e ilegibles. Mi latido aceleró más rápido que

su coche.

¿Qué demonios era esta clase de prueba?

—¿Por qué? —Respiré, pegada al asiento, con la boca seca.

—Porque yo lo digo, Srta Bennett. Esa es la única razón que

necesita. —Una leve sonrisa torcida en las comisuras de su boca. Tendió la

mano con la palma hacia arriba, esperando que pusiera mi ropa interior

en ellas.

No me moví.

—¿Necesitas ayuda? —Gruñó. Sus cejas unidas mientras me

miraba—. ¿Vas a hacerlo, o lo hago yo?"

Si él estaba tratando de intimidarme o asustarme, funcionó. Pero al

mismo tiempo no lo creía. Cedí a la tentación de apretar los muslos juntos

para calmar el dolor sordo que se había instalado allí.

—No. No está pasando. —Me crucé de brazos y lo miré.

Sus ojos se abrieron, con diversión y algo más... respeto brilló hacia

mí. Él frunció los labios, reprimiendo una sonrisa o cualquier otra cosa

que se forma sus labios temblando. Volví la cabeza y miré la guardia

esperando que entráramos por la puerta.

—Esos me pertenecen, Brooklyn. No lo niegues. —Su voz era suave,

pero mortal. Me tomó la barbilla y volvió la cara hacia él.

—¿Qué quieres decir? Los compré con la tarjeta de crédito de la

empresa. No son los suyos.

—Oh, sí, lo son. Todo lo que llevas puesto es mío.

Sonreí. —Así que después de que me quite las bragas y las ponga en

tu mano, ¿deseas el resto también?

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Sacudió la cabeza, riendo suavemente. Se puso nervioso más que si

estuviera enojado y agresivo. —No en este momento. Voy a guardarlo para

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más adelante. Primero tienes que pasar esta prueba. Necesito tu

presentación. Dámelo.

—¿Qué parte de no, no entiendes? Esta prueba es ridícula.

—Para el final de esta noche no vas a decir ―no‖, Srta. Bennett. Va a

querer tomar todo de encima y entregármelo, incluyendo tu cuerpo."

—¿En serio? Bueno, puedes tener tu vestido, y todo lo demás de

vuelta mañana por la mañana. Excluyendo mi cuerpo.

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—Antes de esta noche, voy a poseer tu cuerpo. De hecho, Estarás

rogándome que te deleite.

—Wow, tienes el ego inflado. Podrás comprar un vestido y todo lo

demás, Sr Sinclair, pero no me puedes comprar. Mi cuerpo está a la venta.

Y yo soy exigente con quien me deleita… o permito que me deleite.

Agarró mis dos muñecas con una mano y me atrajo hacia él, su

aliento mentolado y caliente en el espacio pequeño y cerrado.

—Te quiero a ti, Brooklyn. Serás mía. Seré tu dueño. Esta noche.

—¿Es eso cierto? —Mi corazón latía tan rápido, silbando en mis

orejas, que estaba segura de que podía escucharlo también.

Su dedo recorrió mi brazo, por encima de mi hombro, por mi pecho,

sobre mi pezón, luego hacia el otro lado. Dios, odiaba a mi cuerpo. Mis

pezones estaban duros como una piedra, en respuesta a su toque de

maneras que no quería que lo hicieran.

—Sí. Me perteneces. Ningún otro hombre toca lo que es mío. Tengo

la intención de explorar cada centímetro de esta suntuoso cuerpo."

Un coche se detuvo detrás de nosotros y tocó la bocina su cuerno. —

Es hora de ir adentro. Pero te quedarás cerca de mí en todo momento.

Estoy dispuesto a reclamar lo que quiero. Poseeré tu coño, será mío.

Me soltó y movió al demonio rojo a la primera marcha. El guardia

esperaba pacientemente con la puerta abierta, esperando que nosotros

pasáramos. ¿Cuánto había visto? El calor se extendió por mi pecho y sobre

mis mejillas.

—Me encanta cuando te sonrojas. Pero esta noche me voy a hacer

tires todo... Te hare retorcerte y gritar mi nombre. Es una promesa. No

puedo esperar para hacerlo.

El coche rugió mientras se aparcaba en la impresionante finca,

perdiéndose en un mar de vehículos similares, todos los símbolos externos

de la potencia de sus dueños. ¿Yo era sólo un juego para Tyler Sinclair?

¿Una conquista que añadir a su agenda hambrienta de poder?

67a

A pesar de la cálida noche, me estremecí cuando me bajé del coche.

ni

¿Tyler quería poseerme? Una parte de mí estaba emocionada—

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encantada de que me quisiera. Sin embargo, había una parte de mí que no

podía dejar de tener miedo. A fin de cuentas que el Sr. Debonair me

poseerá, significaba que tenía que someterme a él. ¿Estaba preparada para

eso?

¿En cuanto a su prueba —había fallado?

Quería aprender, para estirar mis horizontes. Eso es lo que había

venido a hacer aquí. No había ningún sustituto para la experiencia del

mundo real. Tyler Sinclair podía darme eso... y más.

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Se trataba de la lujuria.

El sexo, la lujuria y el poder. Nada más. Nada menos.

Continuará...

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