Desde Cuba al Atardecer por Nicodemo Martín - muestra HTML

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Es continuación tras casi un mes. Seguimos pensando en otros miedos, en cubaqui sin punto y aparte, los miedos que son paralizantes e inmovilizan, menos concretos pero igualmente agresivos. Miedos de eternidad, explicaré. Miedos que dejan paradas a personas y también a instituciones. Los miedos enemigos del cambio, del avance, de la iniciativa, de lo nuevo. ¿El cambio por el cambio? ¿Lo nuevo por lo nuevo? La muerte por la vida, de eso se trata. No todo cambio es para mejor ya, pero de lo peor se espera llegue algo mejor luego. Sin cambio sólo hay muerte, parálisis; con cambio hay muerte, crisis, pero abierta a la vida. Teoría, lógica y praxis coinciden en explicar así la naturaleza de la vida y de las cosas vivas. De dialéctica hablan los teóricos, de lucha por la vida hablan los prácticos. Hasta lo más sagrado pasó por la muerte para conseguir nueva vida. De raíz está presente para nosotros el temor de los temores que siempre es temor a la muerte, temor a desaparecer, a dejar de existir, personas o incluso instituciones, lo mismo da, si se comportan y comprenden como organismos vivos. Todos somos mortales, sabios, artistas, gobiernos, iglesias, todos igualmente perecerán. Si me apuro mucho, aunque no aclaro apenas, sólo Dios es eterno, sin principio ni fin si ha de ser principio y fin de todo. Un verbo castellano rico y expresivo, significativo de nuestras quimeras, es el verbo perdurar, que es permanecer en medio de contrariedades y amenazas, todos queremos perdurar o, lo que es lo mismo, sobrevivir. Los padres en los hijos, el obrero en su obra, el artista en su arte, el político en sus logros, el científico en su invento. No hablo de la vida eterna para después de la historia, sino perdurar en la vida de ahora, en esta historia minúscula. Todo artista, científico o político aspira a pasar a la historia, unos más que otros, unos con mayor suerte o mérito que otros, otros perduran con sus restos en el olvido. Eso es perdurar las personas. Las instituciones tiene menor sentido el perdurar porque por naturaleza se superponen y destruyen unas a otras, con violencia o sin ella. Asimismo y diferente las Iglesias, la católica por ejemplo, todas ellas con vocación de “eternidad” y paraíso final. Dicen de sí mismas sin embargo que no son sino como un ómnibus donde transportarse, facilitar el viaje y la llegada, pero la Iglesia o la religión no es lo definitivo, que quedará aparcada al llegar, sino el Reino de Dios, habitar en su Casa, el Paraíso. La Iglesia tiene su propio itinerario, sus paradas y averías, sus cansancios, también sus cómodos asientos y lindo paisaje, y sus errores de ruta, su lenta velocidad de crucero, las posibles disputas entre viajeros y demás, mas todo eso quedará en nada y atrás olvidado si lo que llega al fin del viaje es algo diferente y mejor, el Reino de Dios y el amor. Es sabido que sólo el amor queda, porque la fe, la esperanza, la Iglesia, los curas, las misas, son para el viaje, una vez llegados ya no son necesarios. Sólo Dios es necesario, porque será todo para todos, sin nadie necesitar de más. Lo mismo y más pudiera decirse a las pretensiones de eternidad de sujetos e instituciones, con su propia fragilidad a la vista, con aire de omnipotencia y eternidad. Por eso hablé al principio de miedos de eternidad. Qué beneficio trae el freno echado, que nadie quiere pensarse ni presentarse como inmóvil o paralizante. Un imperativo evangélico conocido por todos es “levántate y anda”, que equivale al más explícito "¡muévete!". Son estos simples pensamientos más la realidad los que desencadenan aquel discurso: “Quien tenga miedo a andar, que no se suelte de la mano de su madre; quien tenga miedo a caer, que permanezca sentado; quien tenga miedo a escalar, que siga en el refugio; quien tenga miedo a equivocar el camino, que se quede en la casa... Pero quien haga todo eso ya no podrá ser hombre, porque lo propio del hombre es arriesgarse. Podrá decir que ama, pero no sabe amar, porque amar es ser capaz de arriesgar por otros”. Es lo que comunicaba hace un año con Vientos de libertad de Julián Ríos, para celebrar el 1º de mayo, una fecha adecuada para salir del miedo y expresar al viento insatisfacciones, derechos, reclamaciones. Aquí deberá terminar ya en este bitácora todo miedo a lo que sea. No temas, camina libre, ama siempre... Pudiera cubaqui quedar en suspenso así con este malquerido #13, al pasar de algunas semanas en el verano, yendo unos y otros de aquí para allá. Hasta luego.

 

 

 

LA  HABANA

MAYO 2008

 

 

 

APENDICES

Apuntes tomados de http://nicodemoblog.wordpress.com/, con permiso del autor.