Disciplina de Yoga del Sueño por Anónimo, - muestra HTML

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DISCIPLINA DEL YOGA DEL

SUEÑO

Aquellos aspirantes que sinceramente anhelen la experiencia mística directa, incuestionablemente deben incuestionablemente deben comenzar con la

disciplina del Yoga del sueño.

Es ostensible que el gnóstico debe ser exigente consigo mismo y aprender a crear condiciones favorables para el recuerdo y comprensión de todas esas

experiencias íntimas que siempre ocurren durante el sueño.

Antes de acostarnos para el descanso de los afanes y fatigas del diario vivir, conviene poner la debida atención al estado en que nos encontramos.

Los devotos, que debido a las circunstancias llevan vida sedentaria, nada

pierden y mucho ganan si antes de acostarse realizan un paseo corto a paso vivo y al aire fresco; tal paseo aflojará sus músculos.

Sin embargo, conviene aclarar que jamás debemos abusar de los ejercicios

físicos; necesitamos vivir armoniosamente.

La cena, merienda o comida final del día, debe ser ligera, libre de manjares pesados o estimulantes, evitando cuidadosamente el ingerir elementos que

puedan desvelarnos, quitarnos el sueño.

La forma más elevada de pensar es no pensar. Cuando la mente está quieta y en silencio, libre de los afanes del día y de las ansiedades mundanas, se

encuentra entonces en un estado ciento por ciento favorable para la práctica del Yoga del sueño.

Cuando realmente trabaja el centro emocional superior concluye, aunque sea por breve tiempo, el proceso del pensar.

Es evidente que el mencionado centro entra en actividad con la embriaguez

dionisíaca. Tal arrobamiento se hace posible al escuchar con infinita devoción las sinfonías deliciosas de un Wagner, de un Mozart, de un Chopin, etc.

La música de Beethoven, muy especialmente resulta extraordinaria para hacer vibrar intensivamente al centro emocional superior.

En ella encuentra el gnóstico sincero un inmenso campo de exploración

mística, porque no es música de forma sino de ideas arquetípicas inefables; cada nota tiene su significado; cada silencio una emoción superior.

Beethoven, al sentir tan cruelmente los rigores y pruebas de la "Noche espiritual", en vez de fracasar como muchos aspirantes, fue abriendo los ojos de su intuición al súper naturalismo misterioso, a la parte espiritual de la naturaleza, a esa región donde viven los Reyes angélicos de ésta Gran

Creación Universal: Tláloc, Huehueteotl, etc., etc. Ved al "músico-filósofo" a lo largo de su existencia ejemplar. Sobre su mesa de trabajo tiene constantemente a la vista a su Divina Madre Kundalini, la inefable NEITH, la TONANTZÍN de ANAHUAC, la suprema Isis egipcia.

Se nos ha dicho que el citado gran Maestro había puesto al pie de aquella figura adorable una inscripción, de puño y letra del mismo, que misteriosa reza:

"Yo soy la que ha sido, es y será, y ningún mortal ha levantado mi velo".

El progreso íntimo revolucionario se hace imposible sin el auxilio inmediato de nuestra Divina Madre Tonantzín.

Todo hijo agradecido debe amar a su madre; Beethoven amaba

entrañablemente a la suya.

Fuera del cuerpo físico, en las horas del sueño, el alma puede platicar con su Divina Madre;

empero, es evidente que debemos empezar con la disciplina del sueño.

Necesitamos prestar atención a la recámara en la que hemos de dormir. La

decoración debe ser agradable. Los colores más deseables para los fines que se persiguen -a despecho de lo que otros autores aconsejan- son,

precisamente, las tres tonalidades primarias: azul, amarilla y roja.

Indubitablemente, los tres colores básicos se corresponden siempre con las tres fuerzas primarias de la naturaleza (el santo TRIAMANZIKAMNO). Santo

afirmar, santo negar y santo conciliar.

No está de más recordar que las tres fuerzas originales de ésta Gran Creación cristalizan siempre en forma positiva, negativa y neutra.

La "causa causorum" del santo TRIAMANZIKAMNO se encuentra oculta en el elemento activo OKIDANOK; éste último, en sí mismo, es tan sólo la emanación del sagrado absoluto solar.

Obviamente, el rechazo a los tres colores fundamentales, después de todas

éstas razones expuestas, equivale, por simple deducción lógica, a caer en un despropósito, en un desatino.

El Yoga del Sueño resulta extraordinario, maravilloso, formidable; sin

embargo, suele ser muy exigente.

La recámara debe estar siempre muy bien perfumada y ventilada, mas no

inundada con el sereno frío de la noche.

Después de una detallada revisión de sí mismo y de la recámara en la que

hemos de dormir, el gnóstico debe examinar su cama.

Si observamos cualquier brújula, podemos verificar por nosotros mismos que la aguja se orienta hacia el norte.

Incuestionablemente, es posible aprovechar conscientemente esa corriente

magnética del mundo que fluye siempre de Sur a Norte.

Orientemos el lecho en forma tal que la cabecera quede siempre hacia el

Norte; así podremos usar inteligentemente la corriente magnética indicada por la aguja.

El colchón no tiene que ser exageradamente duro ni tampoco demasiado

blando, es decir, tiene que tener una elasticidad tal que en modo alguno afecte a los procesos psíquicos del durmiente.

Los resortes chillones o una cabecera que cruja y gima al menor movimiento del durmiente, constituyen un serio obstáculo para éstas prácticas.

Se colocan debajo de la almohada un cuaderno o libreta y un lápiz, de modo tal que se les pueda encontrar fácilmente en la oscuridad.

Las ropas de cama deben ser frescas y muy limpias; debe perfumarse la funda de la almohada con nuestra fragancia preferida.

Después de cumplir con todos estos requisitos, el asceta gnóstico procederá a dar el segundo paso de esta disciplina esotérica.

Se meterá en su lecho y, habiendo apagado las luces, se acostará en decúbito dorsal, es decir, sobre sus espaldas, con los ojo cerrados y las manos sobre el plexo solar.

Se quedará completamente quieto durante algunos instantes y, después de

haberse aflojado o relajado totalmente, tanto en lo físico como en lo mental, se concentrará en Morfeo, el Dios del sueño.

Incuestionablemente, cada una de las partes aisladas de nuestro Real Ser ejerce determinadas funciones, y es precisamente Morfeo (no se confunda con Orfeo) el encargado de educarnos en los misterios del sueño.

Sería algo más que imposible trazar un esquema del Ser; empero, todas las

partes espiritualizadas, aisladas, de nuestra presencia común, quieren la

perfección absoluta de sus funciones.

Cuando nos concentramos en Morfeo, éste se alegra por la brillante

oportunidad que le brindamos.

Es urgente tener fe y saber suplicar. Nosotros debemos pedirle a Morfeo que nos ilustre y despierte en los mundos suprasensibles.

A esta altura comienza a apoderarse del gnóstico Esoterista una somnolencia muy especial, y entonces adopta la postura del león:

"Echado sobre su costado derecho, con la cabeza apuntando hacia el Norte, recoge las piernas

hacia arriba lentamente hasta que las rodillas queden dobladas. En esta posición la pierna

izquierda se apoya sobre la derecha; luego coloca la mejilla derecha sobre la palma de la mano

derecha y deja que el brazo izquierdo descanse sobre la pierna del mismo lado".

Al despertar del sueño normal no debemos movernos, porque es claro que con tal movimiento se agitan nuestros valores y se pierden los recuerdos.

Indubitablemente, el ejercicio retrospectivo se hace indispensable en tales instantes, cuando deseamos recordar con entera precisión todos y cada uno de nuestros sueños.

El gnóstico debe anotar muy cuidadosamente los detalles del sueño o sueños en la libreta o cuaderno que colocó debajo de la almohada para este propósito.

Así podrá llevar un record minucioso sobre su progreso íntimo en la yoga del sueño. Aunque sólo quedaren en la memoria vagos fragmentos del sueño o

sueños, éstos deben ser cuidadosamente registrados.

Cuando no ha quedado nada en la memoria, debe iniciarse el ejercicio

retrospectivo con base en el primer pensamiento que hayamos tenido en el

instante preciso del despertar; obviamente, aquél se encuentra asociado

íntimamente al último sueño.

Necesitamos aclarar solemnemente que el ejercicio retrospectivo se inicia

antes de haber retornado totalmente al estado de vigilia, cuando aún nos

encontramos en estado de somnolencia tratando de seguir conscientemente la secuencia del sueño.

La práctica del mencionado ejercicio se comienza siempre con la última imagen que hubiéramos tenido instantes antes de regresar al estado de vigilia.

Terminaremos este capítulo afirmando solemnemente que no es posible pasar

más allá de esta parte relacionada con la disciplina del yoga del sueño a menos que hayamos logrado la memoria perfecta de nuestras experiencias oníricas.

EL SUEÑO TÁNTRICO

Indubitablemente, resulta urgente repasar mensualmente nuestro cuaderno o

libreta de notas con el propósito de verificar por nosotros mismos el progresivo adelanto de la memoria onírica.

Cualquier posibilidad de olvido debe ser eliminada. No debemos continuar con las prácticas subsiguientes en tanto no hayamos logrado la memoria perfecta.

Resultan particularmente interesantes aquellos dramas que parecen salir de otros siglos o que se desarrollan en medios o ambientes que nada tienen que ver con la existencia de vigilia del soñador.

Hay que estar en estado de alerta percepción, alerta novedad, y poner muy

especial atención al estudio de los detalles que incluyen cuestiones específicas, pláticas, reuniones, templos, actividades inusitadas con otras personas, etc., etc., etc.

Logrado el desarrollo íntegro de la memoria onírica, eliminada ya cualquier posibilidad de olvido, el proceso de simbolización abrirá el camino de la

revelación.

A la ciencia básica de la interpretación de los sueños debemos buscarla en la ley de las analogías filosóficas, en la ley de las analogías de los contrarios y en la ley de las correspondencias y de la numerología.

Las imágenes astrales, reflejadas en el espejo mágico de la imaginación, jamás se deben traducir literalmente pues son sólo representaciones simbólicas de las ideas arquetípicas y deben ser utilizadas de la misma manera que un

matemático utiliza los símbolos algebraicos.

No está de más afirmar que tal género de ideas desciende del mundo del

Espíritu puro. Obviamente, las ideas arquetípicas que descienden del Ser

devienen maravillosas informándonos, yo sobre el estado psicológico de tal o cual centro de la máquina, ya sobre asuntos esotéricos muy íntimos, ya sobre posibles éxitos o peligros, etc., envueltas siempre entre el ropaje del

simbolismo.

Abrir tal o cual símbolo astral, tal o cual escena o figura, con el propósito de extraer la idea

esencial, sólo es posible a través de la "meditación del Ser lógica y confrontativa".

Al llegar a este estado de la disciplina del yoga del sueño, se hace

indispensable entrar en el aspecto Tántrico de la cuestión.

La sabiduría antigua enseña que Tonantzín (Devi Kundalini), nuestra Divina Madre Cósmica particular (pues cada persona tiene la suya propia), puede

adoptar cualquier forma pues es el origen de todas las formas. Por lo tanto, conviene que el gnóstico medite sobre ella antes de quedarse dormido.

El aspirante deberá entrar diariamente en el proceso del sueño repitiendo con mucha fe la siguiente oración: "TONANTZÍN, TETEOINAN, ¡oh!, Mi madre, ven a mí, ven a mí.

Según la ciencia Tántrica, si el gnóstico insiste en esta práctica, más tarde o más temprano habrá de surgir como por encanto, de entre las cambiantes y amorfas expresiones de sus sueños, un elemento iniciador.

Hasta tanto no haya identificado íntegramente a ese iniciador, es indispensable continuar registrando sus sueños en la libreta o cuaderno.

El estudio y análisis profundo de cada sueño anotado resulta impostergable en la disciplina esotérica del sueño Tántrico.

Incuestionablemente, el gnóstico sincero que llega a este estadio de la

disciplina Tántrica se encuentra, por tal motivo, listo para dar el paso siguiente, el cual será el tema de nuestro próximo capítulo.

PRÁCTICA DEL RETORNO

Cuando el aspirante ha realizado con pleno éxito todos los ejercicios gnósticos relacionados con el esoterismo de sueño, es ostensible que entonces se

encuentra íntimamente preparado para la práctica del retorno.

En el capítulo anterior algo dijimos sobre el elemento iniciador que surge como por encanto de entre las cambiantes y amorfas expresiones de sus sueños.

Ciertas personas muy psíquicas, refinadas e impresionables, han poseído

siempre en sí mismas al elemento iniciador.

Tales personas se caracterizan por la repetición continua de un mismo sueño; esos psíquicos reviven periódicamente tal o cual escena o ven en sus

experiencias oníricas, en forma constante, a ésta o aquella criatura o símbolo.

Cada vez que el elemento iniciador -sea este último símbolo, sonido, color o persona, etc.- es recordado al despertar del sueño normal, el aspirante, con los ojos aún cerrados, continúa visualizando la imagen clave familiar y luego, intencionalmente, tratará de dormirse nuevamente prosiguiendo con el mismo sueño.

Con otras palabras diremos que el aspirante intenta volverse consciente de su propio sueño y por ello prosigue intencionalmente con el mismo, pero

llevándolo al estado de vigilia, con plena lucidez y autocontrol.

Se convierte así en espectador y actor de un sueño, con la ventaja, por cierto nada despreciable, de poder abandonar la escena a voluntad para moverse

libremente en el mundo astral.

Entonces, el aspirante, libre de todas las trabas de la carne, fuera de su cuerpo físico, se habrá desprendido de su viejo y familiar ambiente penetrando en un universo regido por leyes distintas.

La disciplina del estado de sueño de los tántricos budhistas conduce

didácticamente al despertar de la conciencia.

El gnóstico sólo puede despertar, al estado verdadero de iluminación,

comprendiendo y desintegrando sueños.

Las sagradas escrituras del Indostán afirman solemnemente que el mundo

entero es el sueño de Brahama.

Partiendo de este postulado hindú, afirmaremos en forma enfática lo siguiente:

"Cuando Brama despierta, el sueño concluye".

En tanto el aspirante no haya logrado todavía la disolución radical, no sólo de los sueños en sí mismos, sino también de los resortes psicológicos que los originan, el despertar absoluto será algo más que imposible.

El despertar definitivo de la conciencia sólo es posible mediante una

transformación radical. Los cuatro Evangelios Crísticos insisten en la necesidad de despertar; Desgraciadamente, las gentes continúan dormidas...

QUETZALCOATL, EL CRISTO MEXICANO, ciertamente fue un hombre ciento

por ciento despierto.

La multiplicidad de sus funciones también nos indica con entera precisión lo antiquísimo de su culto y la profunda veneración con que se le veía en todo centro América.

Los Dioses santos de Anahuac son hombres perfectos en el sentido más

completo de la palabra; criaturas absolutamente despiertas; seres que

erradicaron de su psiquis a toda posibilidad de soñar.

TLÁLOC, "el que hace brotar", Dios de las lluvias y del rayo, siendo Dios es también un hombre despierto, alguien que tuvo que eliminar de su psiquis no sólo a sus sueños sino, además a toda posibilidad de soñar. Es el individuo sagrado principal de la antiquísima cultura olmeca, y aparece siempre con la máscara del tigre-serpiente en las hachas colosales y en diversas figuras de jade.

TEZCATLIPOCA Y HUITZILOPOCHTLI, criaturas del fuego, vivas

representaciones de la noche y del día, son también hombres despiertos, seres que lograron pasar más allá de los sueños.

Fuera del cuerpo físico, el hombre despierto puede invocar a los Dioses santos de los aztecas, mayas, toltecas, etc.

Los Dioses de los códices Borgia, Borbónico, etc., etc., etc., vienen al llamado del hombre despierto.

Mediante el auxilio de los Dioses santos, el hombre despierto puede estudiar, en la luz astral, la Doctrina secreta de ANAHUAC.

LAS CUATRO BIENAVENTURANZAS

En el capítulo anterior mucho dijimos sobre el elemento iniciador del sueño, y es obvio que sólo nos resta ahora aprender a usarlo.

Cuando el gnóstico ha llevado un record sobre sus sueños,

incuestionablemente descubre al

sueño que siempre se repite; éste, entre otros, es ciertamente un motivo más que suficiente para anotar en el cuaderno o libreta a todos los sueños.

Indubitablemente, la experiencia onírica siempre repetida es el elemento

iniciador que, inteligentemente utilizado, nos conduce al despertar de la

conciencia.

Cada vez que el místico acostado en su cama se adormece intencionalmente,

meditando en el elemento iniciador, el resultado jamás se hace esperar

demasiado.

Por lo común, el anacoreta revive tal sueño conscientemente, pudiéndose

separar de la escena a voluntad para viajar por los mundos suprasensibles.

Cualquier otro sueño puede también ser usado con tal propósito cuando

realmente conocemos la técnica.

Quien despierta de un sueño puede proseguir con el mismo intencionalmente

si éste es su deseo.

En este caso, debe dormirse nuevamente reviviendo su experiencia onírica con la imaginación.

No se trata de imaginar que nos estamos imaginando, lo fundamental consiste en revivir el sueño con todo su crudo realismo anterior.

Repetir intencionalmente el sueño es el primer paso hacia el despertar de la conciencia; separarse a voluntad del sueño y en pleno drama, es el segundo paso.

Algunos aspirantes logran dar el primer paso, más les falta fuerza para dar el segundo paso.

Tales personas pueden y deben ayudarse a sí mismas mediante la técnica de la meditación. Tomando muy serias decisiones, esos devotos practicarán la

meditación antes de entregarse al sueño.

Como tema de concentración y auto-reflexión evidente, en meditación interior profunda, será, en este caso, su problema íntimo.

Durante ésta práctica, el místico angustiado, lleno de emoción sincera, invoca a su Divina Madre Tonantzín (Devi Kundalini).

Derramando lágrimas de dolor, el asceta gnóstico se lamenta del estado de

inconsciencia en el que se encuentra e implora el auxilio rogándole a su Madre le dé fuerzas íntimas para desprenderse de cualquier a voluntad.

La finalidad que persigue toda esta disciplina del sueño Tántrico es preparar al discípulo para que reconozca claramente a las cuatro Bienaventuranzas que se presentan en la experiencia onírica.

Esta disciplina esotérica ciertamente sólo es para personas muy serias, pues exige infinita paciencia y enormes súper-esfuerzos íntimos.

Mucho se ha dicho en el mundo oriental sobre las "cuatro luces" del sueño y nosotros debemos estudiar esta cuestión.

La primera de ellas es llamada la "luz de la revelación", y escrito está con letras de oro en el libro de la vida que se percibe justo antes o durante las primeras horas del sueño.

Huelga decir, en gran manera y sin mucha prosopopeya, que, al hacer más

profundo el sueño, la indeseable mezcla de impresiones residuales y la

corriente habitual de pensamientos discriminatorios afortunadamente se va

disolviendo lentamente.

En este estadio del sueño se insinúa progresivamente la segunda iluminación, aquélla que se conoce en el Asia con el nombre maravilloso de "luz de aumento".

Incuestionablemente, el asceta gnóstico, mediante la extraordinaria disciplina del sueño Tántrico, logra pasar mucho más allá de esta etapa hasta capturar totalmente a las dos luces restantes.

Vivenciar claramente el crudo realismo de la vida práctica en los mundos

superiores de Conciencia cósmica, significa haber alcanzado la tercera luz, la de la "realización inmediata".

La cuarta luz es la de la "iluminación interior profunda", y adviene a nosotros como por encanto en plena experiencia mística.

"Aquí en el cuarto grado de vacío, mora el Hijo de la Madre clara luz", declara un tratado tibetano. Hablando francamente y sin ambages, declaro lo siguiente: La disciplina del sueño Tántrico es, en realidad, una preparación esotérica para ese sueño final que es la muerte.

Habiendo muerto muchas veces por la noche, el gnóstico anacoreta que haya

capturado conscientemente a las cuatro Bienaventuranzas que se presentan en la experiencia onírica, en el instante de la desencarnación pasa al estado "post mortem" con la misma facilidad con que se introduce voluntariamente en el mundo del sueño.

Fuera del cuerpo físico, el gnóstico consciente puede verificar, por sí mismo, el destino que le está reservado a las almas después de la muerte.

Si cada noche, mediante la disciplina Tántrica del sueño, puede el Esoterista morir conscientemente y penetrar en el mundo de los muertos, es claro que

también puede, por tal motivo, estudiar el ritual de la Vida y de la Muerte mientras llega el oficiante.

Hermes, después de haber visitado los mundos infiernos, donde viera con

horror el destino de las almas perdidas, conoció cosas insólitas.

"Mira a ese lado -le dice Osiris a Hermes-. ¿Ves aquel enjambre de almas que tratan de

remontarse a la región lunar?. Las unas son rechazadas hacia la tierra como torbellinos de

pájaros bajo los golpes de la tempestad. Las otras, alcanzan a grandes la esfera superior que les

arrastra en su rotación. Una vez llegadas allí, recobran la visión de las cosas divinas".

Los aztecas colocaban una rama seca al enterrar al que había sido elegido por Tláloc, el Dios de la lluvia.

Se decía que al llegar el Bienaventurado al "Campo de delicias", que es el Tlalocan, la rama seca reverdecía, indicando con esto el regreso a una nueva existencia, el retorno.

Quienes no han sido elegidos por el Sol, o por Tláloc, van fatalmente al Mictlan, que queda al norte, región donde las almas padecen una serie de pruebas

mágicas al pasar por los mundos infiernos.

Son nueve los lugares en donde las almas sufren espantosamente antes de

alcanzar el descanso definitivo.

Esto viene a recordarnos en forma enfática a los "nueve círculos infernales" de la Divina Comedia del Dante Alighieri.

Muchos son los Dioses y Diosas que pueblan los nueve círculos dantescos del infierno azteca.

No está de más, en este Mensaje de Navidad 1974-1975, recordar al espantoso MICTLANTECUHTLI y a la tenebrosa MICTECACIHUATL, "el señor y la señora de infierno", habitantes del noveno o del más profundo de los lugares subterráneos.

Las almas que pasan por las pruebas del "infierno azteca", posteriormente, después de la "muerte segunda", ingresan dichosas en los paraísos elementales de la naturaleza.

Incuestionablemente, las almas, que después de la muerte no descienden a los mundos infiernos, ni tampoco ascienden al Reino de la Luz dorada, ni al Paraíso de Tláloc, ni al Reino de la eterna concentración, etc., etc., etc., se regresan o retornan en forma mediata o inmediata a un nuevo cuerpo físico.

Las almas elegidas por el Sol o por Tláloc gozan mucho en los mundos

superiores antes de retornar al valle del SAMSARA.

Los anacoretas gnósticos, después de haber capturado a las cuatro luces del sueño, pueden

visitar conscientemente, cada noche, el TLALOCAN o descender al MICTLAN o

ponerse en contacto con esas almas que antes de retornar viven en la región lunar.

EL ÁNGEL DE LA GUARDA

Iniciaremos el último capítulo del presente libro con la siguiente frase: El primer educador de todo gran iniciado se convierte, de hecho y por derecho en la causa fundamental de todas las partes espiritualizadas de su genuina presencia común.

Cualquier Gurú agradecido se prosterna humildemente ante el primer creador de su Ser genuino.

Cuando después de muchos trabajos conscientes y padecimientos voluntarios

se revela, ante nuestros ojos llenos de lágrimas, la absoluta perfección lograda en el funcionamiento de todas las partes espiritualizadas, aisladas, de nuestra presencia común, el impulso del Ser, de gratitud hacia el primer educador, surge en nosotros.

Incuestionablemente, le perfección absoluta de todas y cada una de las partes aisladas del Ser sólo es posible muriendo en nosotros mismos aquí y ahora.

Existen diversos estados de autorrealización íntima. Algunos iniciados han conseguido la perfección de ciertas partes aisladas del Ser, empero, todavía tienen que trabajar mucho hasta lograr la absoluta perfección de todas las partes.

En modo alguno sería posible diseñar al Ser, parece un ejército de inocentes niños... Cada uno de ellos ejerce determinadas funciones. Lograr la integración total es el mayor anhelo de todo iniciado.

Cuando se logra la autorrealización íntima de la parte más elevada del Ser se recibe, por tal

motivo, el grado ISMECH.

Nuestro Señor Quetzalcoatl, el Cristo mexicano, indubitablemente desarrolló también a la parte más elevada de su propio Ser.

Los Dioses elementales de la naturaleza, tales como Huehueteotl, Tláloc,

Ehecatl, Chalchiuhtlicue -la Ginebra de Tláloc-, Xochiquetzal, la Diosa de las flores, etc., asisten al iniciado en susoperaciones de magia elemental a

condición de una conducta recta.

Empero, jamás debemos olvidar a nuestro Intercesor elemental, el mago

elemental en nosotros, que puede invocar a los Dioses elementales de la

naturaleza y realizar prodigios...

Incuestionablemente, es otra de las partes aisladas de nuestro propio Ser.

Tres Diosas, que realmente son sólo aspectos de una misma Divinidad,

representan a nuestra Divina Madre (variante o derivaciones de nuestro propio Ser) Tonantzín, Coatlicue, Tlazolteotl...

Muchas son las partes aisladas de nuestro propio Ser. Uno se llena de asombro al recordar al León de la Ley, a los dos Genios que anotan nuestras buenas y malas obras, al Policía del Karma - parte también de nuestro Ser-, al

misericordioso, al Compasivo, a nuestro Padre-Madre unidos, al Ángel de la guarda, etc., etc., etc.

Los poderes flamígeros del Ángel de la guarda resultan extraordinarios,

maravillosos, terriblemente divinos...

De fuentes perfectamente gnósticas, en secreto conservadas en los monasterios Iniciáticos, y que difieren grandemente del seudo-cristianismo y seudo-ocultismo común y corriente en uso del vulgo, supe realmente lo que es el

Ángel de la guarda.

Llegados al campo misterioso de la historia y de la vida de los Jinas, hemos descubierto no sólo al Templo de Chapultepec en México y a las gentes de la cuarta vertical sino, también -y esto es asombroso-, a los poderes del Ángel de la guarda en relación con todo esto.

Porque conviene jamás olvidar que el Padre Prado y Bernal Díaz del Castillo, entre ambos, se recreaban viendo a los sacerdotes de Anahuac en estado de

Jinas.

Deliciosamente flotaban los anacoretas cuando se transportaban por los aires desde Cholula hasta el Templo Mayor; esto sucedía diariamente al ocultarse el sol.

Jamás tuvieron en sus paseos nocturnos horizontes más augustos los discípulos de Sais en el delta del Nilo, ni los que en las mesetas de Persia siguieran a Zaratustra, ni los contempladores de la Torre de Belo en Babilonia, que los que siempre han tenido quienes se someten diariamente a la disciplina del sueño Tántrico.

Fuera del cuerpo físico, el anacoreta gnóstico puede, si quiere, invocar a cierta parte aislada de su propio Ser definida en esoterismo práctico con el nombre de Ángel de la guarda; incuestionablemente, el Inefable vendrá a su llamado...

Una serenidad diáfana, una tranquilidad sin límites, una felicidad extática como la que experimenta el alma al romper los lazos con la materia y con el mundo, en todo lo que sentimos en aquellos momentos deliciosos...

Lo demás lo puedes colegir ya, querido lector, servicios mágicos a los

Lohengrin siempre se

pueden recibir...

Si en tales momentos de arrobamiento pedimos al Ángel de la guarda el favor de sacar el cuerpo dormido de entre la cama, donde le dejamos reposando, y traerlo ante nuestra presencia, se realizará el fenómeno mágico con pleno

éxito.

Uno presiente que viene el cuerpo físico ya de camino, traído por el Ángel de la guarda, cuando siente en sus hombros anímicos una entraña presión...

Si asumimos una actitud receptiva, abierta, sutil, el cuerpo físico penetrará en nuestro interior.

El tantrista gnóstico consciente, en vez de regresarse a su cuerpo físico, aguarda que éste venga a él para viajar con el mismo en la Tierra prometida, en la cuarta coordenada.

Posteriormente, mediante el auxilio del Ángel de la guarda, regresa el asceta gnóstico a su casa y a su cama sin el menor peligro.

Los Venerables Maestros de la Fraternidad Oculta viajan con sus cuerpos

físicos por entre la

cuarta vertical, pudiendo abandonar a la misma en el lugar que lo deseen.

Esto significa que los Maestros resurrectos de la Orden Superior pueden darse el lujo, por cierto nada despreciable, de renunciar a todos los sistemas

modernos de transporte: buques, aviones, automóviles, etc., etc., etc.

El alto valor Iniciático que en sí mismos tienen los procedimientos crítico-analógicos y simbólicos que en los antiguos tiempos fueran la esencia viva de aquella escuela alejandrina de los filaleteos o "amantes de la verdad", academia sintética del siglo IV, fundada por Ammonio Saccas, el gran ecléctico autodidacto, y por Plotino, el continuador de Platón a través de los siglos, con principios doctrinarios de Egipto, México, Perú, China, Tibet, Persia, India, etc., etc., etc., permitió a muchos iniciados orientarse en la Senda del filo de la Navaja.

Mención muy especial merece la ANDROGILIA de Ammonio Saccas, libro de

oro por excelencia.

Indubitablemente, el error de muchos seudo-esoteristas y seudo-ocultistas

modernos radica en el amor propio; se quieren mucho a sí mismos; Desean la evolución de la miseria que cargan dentro... Desean continuar; Anhelan la

perfección de aquello que en modo alguno amerita perfección ni continuación.

Esas gentes de psiquis subjetiva se creen ricas, poderosas e iluminadas, y codician, además, una magnífica posición en el "más allá", mas en realidad nada saben sobre sí mismos, desconocen lamentablemente su propia

impotencia, nadidad, desvergüenza, desventura, miseria psicológica y

desnudez.

Los gnósticos no aspiramos a ser mejores ni peores, sólo queremos morir en nosotros mismos aquí y ahora.

Cuando establecemos el "Dogma de la Evolución" como fundamento de nuestras mejores aspiraciones, partimos de una base falsa.

A los penitentes de la rocallosa senda que conduce a la liberación final jamás nos interesa la evolución. Sabemos que somos unos cuitados y miserables..., de nada serviría la evolución del sí mismo. Preferimos la muerte suprema; sólo con la muerte adviene lo nuevo.

¿Porqué habríamos de luchar por la evolución y el progreso de nuestra propia desventura?. Mejor es la muerte...

Si el grano no muere la planta no nace. Cuando la muerte es absoluta, eso que ha de nacer es también absoluto.

La aniquilación total del mí mismo, la disolución radical de lo más querido que cargamos dentro, la desintegración final de nuestros mejores deseos,

pensamientos, sentimientos pasiones, resentimientos, dolores, emociones,

anhelos, odios, amores, celos, venganzas, corajes, afectos, apegos, lujuria, etc., etc., etc., es urgente, inaplazable, impostergable, a fin de que surja la llama del Ser, eso que no es del tiempo, eso que es siempre nuevo.

La idea que cada uno de nos tenga sobre el Ser, jamás es el Ser. El concepto intelectivo que sobre el Ser hayamos elaborado, no es el Ser. La opinión sobre el Ser no es el Ser. El Ser es el Ser y la razón de ser del Ser es el mismo Ser.

El temor a la muerte absoluta es obstáculo, óbice, inconveniente, para el logro del cambio radical.

Cada uno de nosotros lleva en su interior a una creación equivocada. Es

indispensable destruir lo falso para que surja en verdad una creación nueva.

Jamás intentaríamos promover la evolución de lo falso, preferimos la

aniquilación absoluta.

De entre la negra y pavorosa fosa sepulcral de abismo surgen las diversas

partes flamígeras de Ser; el Ángel de la guarda es una de esas tantas partes aisladas.

Aquellos que conocer realmente los misterios del Templo, reflejo maravilloso de los Misterios báquicos, eleusinos y pitagóricos, jamás desearían continuar con su miseria interior.

Hay que regresar al punto de partida original, hay que volver a las tinieblas primitivas del No Ser y al Caos para que nazca la luz y surja en nuestro interior una nueva creación.

En vez de temer a la aniquilación total, es mejor saber amar y caer en brazos de nuestra Bendita Diosa Madre-Muerte.

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    Dinero. Cómo hacerlo Negocios, Economía por R.S.
    Dinero. Cómo hacerlo
    Dinero. Cómo hacerlo

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    Publicado:
    Sep 2019

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