El Chico del Piano por Josué Figueroa Palma - muestra HTML

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El chico del piano

Josué Figueroa Palma

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Para todos aquellos que creyeron en mí, y en especial para aquellos

que no lo hicieron, por ustedes y para ustedes este es el resultado…

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Índice

Capítulo 1. Verano, Madre, Sofía……………….......10

Capitulo 2.Señales, Ángeles, Realidad……………...27

Capitulo 3.Amigo, Partitura, Corazón………..……42

Capitulo 4.- Regreso, Casa, Ohana…………………55

Capitulo 5.- Olvidar, perdonar, padre………………67

Epilogo………………………………………...…….84

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Había sido un largo día, pesado, odioso y lleno de

sorpresas pero más de tristeza. Me recosté en mi

cama, él entro y se sentó en la silla del escritorio,

solo me observaba.

Me miraba fijamente como si supiera lo que

pensaba, el chico del piano levanto la vista hacia

el techo y una lágrima rodo desde su mejilla hasta

su mentón, ella se había ido.

Años atrás….

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Capítulo 1. Verano, Madre, Sofía.

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Comenzaba el verano y hacía mucho calor, la pequeña

ciudad con sus sonidos: pequeños niños riendo y gente

trabajando. Y en esta pequeña ciudad donde los días son

siempre iguales una historia daría comienzo, la historia que

será leyenda, mí leyenda. Yo estaba sentado en una banca

del parque cerca del cementerio, era uno de esos días que

papá había l egado a casa raro y balanceándose de un lado a

otro, mi madre me pido que saliera al parque a jugar, así

que yo accedí.

El parque estaba vacío, impensadamente alguien se

sentó a mi lado, yo la observe de manera curiosa; era una

chica muy delgada, de cabellos rojos enredados estropeada

mente en lo que parecían dos trenzas, pecas en su piel de la

cara, ojos azules y abiertos de par en par.

Estaba en el columpio de al lado, miraba sus pies como

si fueran algo extraño. Entonces dijo: - Tengo los pies muy

grandes, y mis tobil os muy pequeños. Sin pensarlo esbozo

una furtiva sonrisa a mi dirección. Quién lo diría que con

esa mirada dulce, tierna y animada, l enaría mi corazón de

pasión en este mundo obscuro. Solo pensaba en lo bonito

de sus ojos y que sus pies no eran para nada grandes.

-¡Hola!, me l amo Sofía, y ¿tú?- preguntaba sin ningún

rasgo de timidez.

-Ma… Marco- conteste sorprendido y en voz baja

l evando mí mirada al suelo.

Se levantó del columpio, se acercó y tomo mis manos

entre las suyas en forma de saludo, sacudió nuestras manos

unidas. ¡Mucho gusto Marco!, sonreía animosamente.

Su sonrisa era picara, y me contagio, vi en esa sonrisa

algo que no entendía hasta ese momento: el amor y placer

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de vivir. Ahora que lo recuerdo ese fue el primer momento

que recuerdo con ella, platicamos de muchas cosas, la

imaginación de un niño es grande e infinita, yo seguía sus

historias con juegos y canciones que mis abuelos me habían

enseñado. Quedamos de vernos ahí temprano para hacer

una pequeña excursión al rio que se encontraba a las oril as

del bosque detrás del cementerio.

Al regresar a casa, yo quería contarle todo a mi madre,

que había conocido a alguien especial, una muy buena

amiga, tenía que preparar todo, mi mochila de viaje y

pedirle a mamá que me preparara algunos emparedados

para compartir con Sofía. Pero al regresar a casa, una

ambulancia y varias patrul as estaban afuera de ella, mi

padre salió por la puerta principal esposado con las manos

cubiertas de sangre y un montonal de gente alrededor de él,

su mirada estaba perdida, triste y con lágrimas ya secas en

sus mejil as, sus ojos rojos y l enos de furia. Al entrar la

vecina Nora me repetía, entre sol ozos:

-¡Debes de ser fuerte, hijito!

Un policía me detuvo y no me permitió entrar a la sala

de la casa, estaba todo revuelto y las ventanas del comedor

rotas por una sil a y muchos retratos en el suelo con

cristales por todo el piso. Pasaron algunos minutos, me

sentaron en una sil a de la cocina, una doctora muy joven y

bonita de ojos verdes me pidió que esperará, ella me

ofreció una paleta de caramelo sabor uva, eran mis

favoritas, cuando perdieron la atención sobre mí por unos

instantes, me aparte de ellos a toda prisa, corrí por toda la

casa y al l egar a la sala únicamente encontré la pulsera de

plata que era la preferida de mamá en medio de un charco

de sangre, ahí entendí que mi madre se había ido.

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Estaba atónito ante la escena, solo permanecí ahí con los

ojos bien abiertos, recuerdo que todo se nublo y perdí la

conciencia, pero a pesar de estar desmayado sentí que

alguien me tomo entre brazos y me l evo fuera de ahí. En la

comisaria, poco después de despertar me l evaron a una sala

enorme con un mucha de gente, el policía me dijo que

esperara a mis abuelos, que no tardarían. Todo el mundo

me miraba, escuchaba muchas voces al mismo tiempo,

todas lamentándose, en sus ojos percibí mucha lástima y

dolor. Algunas horas después mis abuelos cruzaron la

puerta de entrada, yo al verlos corrí hacia ellos, me tomaron

entre sus brazos y me l evaron a su casa.

_______________________________________

Al pasar el tiempo, fue muy extraño, yo no podía

dormir; así fueron muchas noches de insomnio y de un

l anto que no podía controlar, pero mis abuelos nunca me

dejaron solo, se turnaban para cuidarme y platicaban

mucho conmigo. Pero más que dolor, sentía odio contra él,

la persona que me había arrebatado al ser más bueno de

este mundo.

Recuerdo que en repetidas ocasiones en las cuales no

podía controlar mi dolor, gritaba y maldecía a mi padre, mi

abuela solamente me abrazaba y me pedía que no hablara

así de él.

-Él es tu padre después de todo- repetía con lágrimas en

los ojos y cubriéndome con su frágil cuerpo.

-¿Pero cómo es posible abuela?- Replique incesante

mente.

El a permaneció en silencio, él nos arrebato a la persona

que más amábamos, solo repetía que los perdonará por mi

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bien. Yo era un niño y no entendería estas palabras hasta

años más adelante. Fueron largos días y noches en vela.

Una madrugada mi abuelo me l evo a la sala y

desempolvo un viejo piano que tenía desde hacía ya

muchos años. Mi abuela estaba ahí, también l ego Ramiro el

ayudante de mi abuelo con un estuche de flauta,

comenzaron a tocar y a cantar la melodía que mi madre

me entonaba por las noches antes de dormir. Su voz de

mamá era dulce y agradable, un ángel que cantaba para mí

todas las noches.

Al sonido de sus voces la noche palideció y sus rostros

se iluminaban con la luz. Las canas plateadas de mi abuela

relucían al contrastar con la blanca tonalidad de uno de sus

vestidos especiales. Mi abuelo con su cola de cabal o repleta

de destellos blancos que se agitaba de un lado a otro, al

moverse de esa manera, parecía que el violín bailaba con él.

Ramiro y su flauta, flauta y su Ramiro; descuadraban en el

marco con su cabello corto, rostro juvenil y ojos curiosos y

juguetones. Pero, cada sonido que emergía de aquellas seis

manos no resultaba ser más que un agudo dolor que

arremetía de lado a lado de mi alma y mi corazón. De un

momento a otro mi abuelo se detuvo, se acercó y beso mi

frente. Colocó su mano suavemente en mi pecho, fueron

sus palabras las que me l evaron de regreso a esa habitación

nocturna y l ena de luz.

-

Marco, ¡Tu corazón es de un niño!, y como tal la

música está en tu interior, nunca permitas que esa música

desaparezca jamás.

Una vez logrado su objetivo, mi atención estaba puesta

en sus labios y luego en sus ojos que guardaban lagrimas

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que dejo caer en la rosa del esmoquin. Se limpio el rostro,

dio unos golpes con un ritmo muy enérgico y de nuevo

empezó…

Al escuchar la melodía, solo recordé todos los

momentos con mi madre, los buenos momentos, paseos a

pie por el parque, los cuentos antes de dormir y también un

tiempo en que ella sonreía mucho más que antes, me

contaba que mi padre era un cantante extraordinario y se

emocionaba mucho al decirlo, era un poco difícil de creer,

mi padre era muy robusto y grande, era más alto que mi

madre por mucho y trabajaba en una fábrica de cargador y

chofer.

Así sentí que desde mi interior algo surgía, una inmensa

necesidad de cantar, en esos momentos desgarre los

sol ozos del silencio que embargaban mi corazón, con cada

estrofa que brotaba desde el fondo de mí ser y hacía que

todo ese dolor que había acumulado en ese tiempo se

desvaneciera por unos instantes. Entre silencio de cada

pisada del piano percibí algo parecido a un suspiro, un

tímido y largo suspiro que provenía de las sombras de

aquel os marcos y fotos en un estante cercano y más aún

del silencio, percibí los sonidos de la casa, esos sonidos

que asustan a los niños pequeños por las noches, parecía

que también la casa se lamentada a su manera y sol ozaba

bajo, muy bajo. Al sentir las pisadas del piano, me

recordaba la casa en primavera, ya que después de haberla

limpiado permanecía reluciente y l ena de vida.

Repetimos esto mismo dos noches más, a la tercer

mañana estaba tan cansado y l eno de paz que por fin me

quede dormido. Al despertar era tanta la paz que sentí, que

el silencio no era tan malo en la casa de los abuelos, ya que

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este silencio estaba repleto de muchos recuerdos l enos de

amor.

Mi abuelo tenía un tal er donde reparaba cualquier

instrumento musical, desde trompetas hasta pianos, violines

y guitarras, junto con mi abuelo siempre estaba Ramiro un

joven de 24 años que le encantaba poder ayudarle, aprendía

a reparar y a tocar muchos de ellos, él me entretenía con

sus increíbles historias sobre los buenos tiempos y sus

aventuras de loca juventud. Poco tiempo después, al sacar

la basura escuche una voz amistosa, agradable y muy

conocida.

-¡Ya no regresaste al parque!, te esperaba para nuestro

viaje- comentaba alegre mientras una sonrisa con pecas se

iluminaba al otro lado de la cerca.

Yo no podía contener mi tristeza; ella bajo de la cerca,

miro mi rostro, y repuso:-¡No te preocupes!, dice papá que

tu mamá está en el cielo, junto a la mía. Lo supimos por

televisión. Pero sabes, no es tan malo, digo no tener mama.

Mira, yo vivo con papa y los pol os, los alimentamos muy

temprano en las mañana y papá los prepara muy sabroso

para las cenas de navidad.- Me l evo a conocer a su papá,

era una persona algo delgada, con la ropa l ena de polvo y la

frente con sudor de un largo día de trabajo, era propietario

de su propia granja con pol os, una vaca y doce ovejas.

Sofía empezó a tomar clases de canto y piano con mis

abuelos. En ese tiempo ella venía a comer, jugar y platicar

mucho conmigo. Me invitaba al parque y a ver el atardecer

en la montaña detrás del cementerio; con su ternura y

encanto mi sonrisa regreso poco a poco, ella comenzó a

contarme muchas cosas de su vida, como era su padre con

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ella y como fue lo de su madre. Al hablar sobre su madre

sus ojos se l enaron de lágrimas, aunque decía que le había

entrado una basurita en su ojo, al ver esto me prometí a mí

mismo nunca volver a verla triste de nuevo.

En una ocasión en la montaña cuando veníamos

bajando tras ver un atardecer, ella me pregunto: -¿Por qué

no me hablas de tu papa?

-Porque no me agrado nunca, y mucho menos ahora-

respondí arrogantemente.

- ¿Pero no crees que sería bueno perdonarlo y olvidar lo

sucedido? mi papa dice que el perdón es bueno para el alma

y el corazón.

-No, yo no lo creo, ya que él es una persona horrible que

me quito a mi madre.- Esa fue mi respuesta, estaba molesto

y quería acabar con la conversación.

El a me tomo por la espalda y me abrazo, susurro a mi

oído:

-¿Qué te pasa?- tranquilo, solo olvida y perdona, ¿Vale?

-¡No, no quiero!, el me quito a mi madre, nunca lo

perdonare.- Grite fuertemente tan alto y claro que creo se

escuchó por todo el val e.

Mi tono fue de mucha molestia, ella me abrazo más

fuerte, de repente con el silencio de la montaña y el

atardecer, ella solo musito muy bajito.

- Han pasado ya 5 años, desde que mamá se fue y no ha

pasado un solo día que no piense en ella. Sabes, tú tienes

algo que me recuerda mucho a ella, no me gusta ver que

tengas esos sentimientos; yo solo te quiero pedir algo

Marco: No me dejes nunca sola, por favor.

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Me voltee a verla, estaba l orando, yo tome sus manos.

- ¡Te lo prometo!, nunca te dejare Sofía.

El a esbozo una enorme sonrisa, yo le sonreí y repuse:

- Bueno, pensare un poco eso de perdonar a papá-

respondí, mientras mi mirada la apartaba a un lado.

Un día me levante temprano y baje al tal er del abuelo, él

me conto que a mi madre le gustaba su trabajo, pero le

apasionaba más el canto al igual que la abuela.

-Supongo que lo l evan en la sangre- me decía mientras

afinaba un violín antes de entregarlo.

Las personas que me veían en la tienda me felicitaban y

me decían que me empeñara para algún día heredar el don

de mi abuelo, ese mismo día le pregunte:

- ¿A que se refieren con un don?, ¿Qué don tienes

abuelo?

-Me miró fijamente y esbozo una gran sonrisa - El don

de escuchar y de luchar con mis demonios.

-Y vaya que lo hace muy bien- repuso Ramiro mientras

sonreía al entrar por la puerta trasera y colocar una caja con

piezas de madera en el piso.

De inmediato me puse pálido, y él al notar mi susto

soltó una sonora carcajada.

-No te preocupes, hijo, no son esos demonios como los

de tus cuentos, yo me refiero a mis demonios como mis

problemas, los problemas de la gente común, algún día lo

entenderás.

Esa tarde Sofía l ego para tomar su clase de canto,

cuando Sofía cantaba lo hacía con tanto entusiasmo y

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pasión que los viejos cristales de las estanterías de la abuela

se estremecían con el tono agudo de su voz. Al poco

tiempo decidí aprender a cantar también para agradarle

más a Sofía y estar más tiempo con ella.

Fuimos creciendo entre canciones y una amistad que

crecía cada día más, casi como hermanos, inseparables y

unidos. Pero había algo muy en el fondo de mi corazón que

me decía cuídala, amala y vive por ella el resto de tú vida.

Una tarde de abril, ella me platico sobre uno de sus

sueños, el de formar una banda para que el mundo

conociera su hermosa voz, viajar por el mundo y conocer

mucha gente, así que comenzamos a practicar con algunas

pistas, pero nos dimos cuenta que faltaba mucho por

avanzar y aprender.

Al día siguiente me presento a Laura, una chica extraña;

vestía toda de negro, tenía los labios pintados de negro, ella

tocaba la batería. Al poco tiempo, me presento a un par de

gemelos, Ángel y Gato, el primero sabia tocar la guitarra y

el otro el bajo y la flauta. Ambos muy talentosos, eran de

mi misma edad, un año más que Laura y Sofía, con un

carro último modelo y vestían al último grito de la moda a

pesar de su corta edad.

En el verano empezamos a practicar, Ángel y Gato

querían sobresalir con tonadas muy melodiosas, Laura

estremecía todo el garaje de mi casa con sus achaques de la

batería.

En un ensayo Sofía levanto las manos y todos se

detuvieron, ella replico.

-No, no y no, debemos hacerlo en armonía con corazón,

¿Como decirlo?… con alma. ¿Qué les parece si

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comenzamos con algo sencil o?, -todos asintieron con la

cabeza.

Al cabo de un par de meses ya nos habíamos acoplado,

pero a pesar de todo, Sofía pensaba que algo nos faltaba.

En una ocasión se presentó en mi garaje una pequeña

niña de escasos 15 años, l evaba un pequeño estuche negro

bajo el brazo y me pregunto por Sofía, la invite a pasar

para esperarla, mi abuela la miro y le dijo:

-Eres muy grande para que empieces a tomar clases de

canto, hijita. Pero está bien, ¿Cuándo comenzamos?

La niña en un tono molesto replico:

-No señora, yo no vengo por las clases de canto, yo toco

el violín y no lo cambiaría por nada, ya que el violín es

mejor que la voz del mejor cantante del mundo.

Mi abuela un tanto indignada, se acercó a la pequeña y

comenzó a observarla de arriba hacia abajo, ella repuso:

-Pues si dices que eres tan buena con tu violín, ¿Por qué

no lo tocas? , anda. Apuesto que mi marido es mucho

mejor que tú- decía mientras agitaba las manos con

desesperación. Se acomodó en la sil a cercana mirando a la

pequeña con furia y una sonrisa.

La niña coloco el estuche en la mesa de la sala y saco un

violín de una tonalidad un tanto extraña, era de un color

rojo intenso. Comenzó a tocar, lo hacía con tal delicadeza

y encanto, que mi abuela coloco su mano sobre la cabeza

de la pequeña y la miro fijamente a los ojos diciéndole:

-Eres muy buena pequeña, sigue así y no te enamores de

mi nieto, él ya es para alguien muy especial.

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Mi abuela se fue y al siguiente instante entro Sofía por la

puerta de la cocina.

-Fue increíble Belén, ahora ya conoces a Marco y a su

abuela, vamos para que conozcas a los demás.

Con la pequeña Belén acompañando algunas de nuestras

canciones, el grupo adquirió cierto reconocimiento. En las

afueras de la ciudad, había un pequeño Bar al cual nos

permitían ir y tocar algunos viernes por la noche.

Al cabo de casi 6 meses, ya teníamos invitación de tocar

en diversos clubes y centros nocturnos por toda la ciudad.

Una tarde, Sofía no se presentó al ensayo, así que fuimos a

buscarla. Al llegar a la estación de trenes ella estaba con un

chico muy alto, pálido y delgado, l evaba un gorro muy

peculiar de lana que le cubrían completamente los oídos.

Al vernos, Sofía nos comento que era un amigo que ella

no veía desde hace mucho tiempo y que no había asistido al

ensayo por qué había venido a recogerlo a la estación de

trenes.

El tipo no hablaba nada, solo asentía con la cabeza y sus

ojos no se apartaban de Sofía. No pude contener mis celos

y respondí.

-Mucho gusto, pero ¿No es hora de que nos vayamos

Sofía?

Sofía y el resto me miraron exaltados.

-¿Irnos?, ¿Qué te pasa?, si él es el nuevo pianista del

grupo- Repuso Sofía.

El chico del piano como lo habíamos apodado, era muy

bueno, interpretaba melodías muy complicadas e inclusive

podía leer partituras sin ninguna dificultad. Recuerdo que el

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día que l ego al taller de mi abuelo, mi abuelo le reconoció y

le pregunto por su madre y su hermana, el chico del piano

solo asintió con la cabeza en forma de agradecimiento.

Entonces busco un piano en el tal er y se sentó a tocar, era

la melodía que mi abuelo enseño a mi madre.

-Aun la recuerdas, ¿Verdad?, eso me alegra- fue la

respuesta de mi abuelo al escuchar la melodía.

Mi abuelo nos conto que lo conocía desde que el chico

del piano era niño, que se había ido a estudiar música al

extranjero y que su padre había muerto hacía muchos años,

quedándose a cargo de su hermana y su madre.

Pero, por más que lo intentáramos él era muy reservado,

ya que con Sofía era con la única con la que hablaba, en

respuesta Sofía en una ocasión nos comento.

- No le den mucha importancia, es muy tímido, eso es

todo.

Al pasar algunos meses, Sofía casi no se percataba de

mis celos, ella y yo solíamos conversar por mucho tiempo,

pero ahora siempre que la buscaba, estaba con ese chico.

Un día, al salir de la escuela busque al chico del piano, lo

l eve al patio trasero de la escuela y le dije:

-¿Qué es lo quieres con Sofía?, ¿Te gusta verdad?, Solo

una cosa te diré, no permitiré que le hagas daño, y si lo que

quieres es pelear por ella, adelante.

Tire mi mochila al suelo, y me puse en guardia, tenía que

dejarle en claro que Sofía era para mí. Él me miro un tanto

sorprendido, bajo la mirada, esbozo una sonrisa y me tomo

de los hombros; se acercó y me dijo muy bajo al oído:

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-El a te… te quiere a ti, solo no tardes mucho en

decírselo, ¿Está bien?

Después él siguió su camino, yo no entendía: ¿El a te

quiere a ti?, ¿Qué no tardara?, había muchas dudas en mi

cabeza y en mi corazón, pero solo una cosa estaba clara, él

no deseaba pelear por ella.

Con el tiempo, Sofía comenzó a faltar más y más a los

ensayos, salía con unas amigas que había conocido en el

club de teatro de la escuela. También comenzó a salir con

algunos chicos que frecuentaban los bares donde

tocábamos. Se comenzó a vestir un poco más atrevida,

maquil arse un poco más que antes. En cierta ocasión, ya

era muy tarde y escuche a un auto tocar frente a su casa,

ella salió y se metió en el auto. Una noche, después de tocar

en un bar del centro de la ciudad ella estaba afuera con un

tipo alto, definitivamente de mucha más edad que ella, él le

gritaba muchas cosas y le dio una bofetada.

Al ver esto me enardecí y arremetí contra él, el resto de

los chicos me seguían, este tipo solo me levanto y me

empezó a golpear.

-¿Qué?, ¿Piensas defender a esta golfa, niño?

Era tanta mi furia, que solo podía pensar en la forma de

asestar el siguiente golpe, ella se levanto y me dijo:

-¡Detente!, Marco ¿Qué no vez que solo está jugando?

Sus palabras me detuvieron en seco, ella lo ayudo a

levantarse y le pregunto: ¿Estás bien mi amor?

-Lárgate de aquí, perra.- Contesto él insolente.

El a se acercó a mí y me dio una bofetada, después se

alejó sin más ni más.

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El chico del piano me tomo del brazo y me l evo de

vuelta a casa.

A la mañana siguiente no quería levantarme de la cama,

solo quería quedarme ahí, recostado. Al entrar la abuela a

mi cuarto, abrió las ventanas.

-Es hora de irse, él ya vino por ti.

-¿Vino por mi?, ¿Quién? – fue mi respuesta.

- Pues tu amigo el chico del sombrero gracioso; por

cierto, tiene mucho que no veo a Sofía por aquí, ¿Qué ha

pasado con ella?

-Nada- conteste retirando la mirada a la ventana.

Al mirar mi rostro con un disgusto muy marcado, mi

abuela me tomo del rostro y comento:

-No te preocupes, están hechos el uno para el otro, ella

regresará, te lo aseguro.

Al regresar de la escuela, ella estaba sentada en la puerta

de mi casa. Al verla yo solo la ignore e intente entrar a la

casa, el chico del piano que l ego detrás de mí, me tomo

con fuerza pero sin lastimarme. Yo opuse resistencia, pero

fue gracioso ya que él era más alto que yo, así que sin

mucho trabajo me l evo dentro del garaje.

- Habla con ella- dijo Belén cuando entramos al garaje.

-Solo escúchala- dijo Laura cuando me vio, intente

volver a salir.

La mire, ella había l orado mucho, tenía sus ojos muy

hinchados y la pintura del maquil aje manchaba sus

mejil as.

-Perdona…

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-No espera- la interrumpí- el que te debe una disculpa

soy yo. La verdad es que no debo de meterme en tus

asuntos, ya eres lo suficientemente grande para cuidarte

sola. Y…

- No, no lo soy… la verdad, soy una mocosa tonta, que

no sabe nada y solo necesita que los demás la cuiden

siempre- interrumpió Sofía enérgicamente al borde del

l anto.

- Pero…- ella mantuvo silencio un momento, me miro y

agrego:

- Yo solo quería conocer a otras personas, y buscar el

amor, buscar a mí…

- A tu príncipe azul- interrumpí con arrogancia.

-Si, a mi príncipe, pero sabes creo que ya lo encontré-

ella lanzo una mirada furtiva al chico del piano.

-¡Siendo así, me retiro!, los dejo estar solos- repuse en un

tono insolente.

El chico del piano me tomo del brazo, su mirada era de

enojo claramente, entonces me l evo hasta el lugar enfrente

de Sofía e hizo una seña extraña.

- So…Sofía- replico el chico del piano en un tono

molesto.

El a me tomo del brazo, él se dio la vuelta y se l evo a

Belén y Laura, cerraron la puerta del garaje y ahora solo

escuchábamos el silencio.

Sofía seguía con la mirada al piso, viendo sus pies.

-¿Recuerdas?, así fue como nos conocimos, yo

observando mis pies como si fueran algo extraño.-Yo no

24

sabía lo que hacía estaba muy borracha, no me di cuenta,

hasta el día de hoy que él fue a buscarme.

-¿Él?- pregunte.

-Sí, el chico del piano como ustedes le dicen; él fue, se

molesto conmigo y me dijo que eso no se le hacía a un

amigo, ni mucho menos a quien se….

Se detuvo un momento, se dio cuenta que no la

observaba, me tomo de un brazo y empezó a cantar. Era

una melodía nueva, pero solo reflejaba el dolor.

-No debí de haber hecho eso Marco, ¡Perdóname!, es

que yo, yo…

-¡Lo siento!- empezó a l orar, nunca antes la había visto

así, nunca.

De repente, recordé las palabras del chico del piano, él

había dicho que no tardara mucho. Tome a Sofía entre mis

brazos por la espalda, abrazándola y le dije al oído:

-Lo que pasa es que hay alguien más: la música, ella es

mi pasión y tu eres mi amor, entre los tres seamos una

hermosa y eterna canción, ¿Qué dices, Sofía?

El a volteo con una mirada de asombro y nos besamos,

nuestros labios se cruzaron como si fuera la última vez que

fueran a tocarse, la puerta del garaje abrió de golpe y los

muchachos que estaban detrás de ella escuchando, cayeron

al piso.

Laura grito: ¡Yahoo!, mientras el resto sonreíamos.

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Capitulo 2.Señales, Ángeles, Realidad.

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Después todo había vuelto a la normalidad, fueron

tiempos maravillosos, cuando estábamos a solas la pasión

se desbordaba por todos los rincones del lugar.

En cierta ocasión mientras ensayábamos, me percate que

el chico del piano nos observaba de una manera muy

peculiar. Por lo regular miraba las manos de Ángel, Gato,

Belén y Laura, a mí o Sofía siempre nos observaba al

rostro viendo nuestros labios. Al transcurrir los ensayos y

presentaciones, él hacia algunas indicaciones a Sofía y ella

nos comentaba mediante señas la siguiente canción a

interpretar.

De acuerdo a lo que Sofía me contó alguna vez, el chico

del piano tenía el don de sentir la vibración del público y así

entendía que melodía interpretar en el momento adecuado,

en general realmente no entendíamos bien pero

confiábamos en ellos, además a eso le sumábamos que

había estado en una escuela de música clásica, así que

integraba arreglos a las canciones más sonadas y añadía

arreglos para ajustarlas a nuestro propio estilo. El truco nos

funcionó bastante bien, en cada presentación era como si

fuéramos una gran orquesta ordenada y dirigida por el

chico del piano. En cierta ocasión antes del ensayo de esa

tarde, Sofía y yo fuimos a caminar; al regresar ya se

encontraban Ángel, Gato y Belén rodeando al chico del

piano mientras él sostenía su gorro como un niño asustado

cuidando su juguete nuevo.

-¡Quítatelo! - grito Belén muy enérgica y en un tono

molesto.

-¡No!- fue la respuesta del chico del piano mientras se

perfilaba hacia la puerta del garaje.

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-Sofía, pídele que se lo quite, queremos ganar la apuesta-

Comentó Ángel al mirarnos entrar.

-¿Cuál apuesta?- pregunté con mucha expectación.

Gato respondió: Belén dice que esta calvo por eso

siempre usa la gorra y Ángel y yo solo decimos que solo

tiene el cabello muy corto. ¿Tú qué opinas?, Marco.

-Bueno yo pienso que quizá tenga rizos o el cabello

pintado de verde o rosa quizá- contesté sonriendo.

-¡Déjenlo en paz!- grito Sofía al notar el tono burlón de

nuestros comentarios, nos miro con una mirada

reprobadora.

-Si él no quiere quitarse el gorro, es porque es un regalo

de Ema su hermana pequeña y le agrada mucho usarlo, eso

es todo. El chico del piano asintió aliviado.

-Entonces, ¿Por qué no se lo quita?, ¡Vamos!- Replicó

Ángel.

Nos acercamos al chico del piano mientras Ángel y Gato

lo sostuvieron de los brazos, Belén y yo tratamos de

quitarle el sombrero. Él se soltó fácilmente, era mucho más

alto y fuerte que nosotros, nos dejo fuera de combate y en

el piso con mucha facilidad. Después se recostó con

nosotros en el piso y comento:

-¡No pueden! -Y soltó una sonora carcajada. El resto

sonreímos con él.

Sofía agrego: En efecto, ¡No pueden!- Se recostó a mi

lado y nos abrazamos.

Esa tarde ahí recostados todos nos quedamos dormidos,

hasta que Laura llego y nos despertó con el sonido de su

batería. Al levantar la mirada solo nos comento:

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-¿Qué?- mientras levantaba las manos con sus baquetas.

Todos comenzamos a sonreír y ahí el mundo no era

importante. Recuerdo que ese día, Sofía nos comento que

el chico del piano nos tenía un regalo, era una canción que

tocaría con ella; se acomodó en su posición habitual y

comenzó.

Sus dedos rozaban el aire con delicadeza, las teclas

vibraban con un agudo sonar de algo viejo y delicado, sus

ojos reflejaban mucha concentración. Sofía lo sostuvo del

hombro derecho, era una melodía complicada con muchos

matices y sobre todo requería de mucha precisión, ya que

pareció que si cometía en error le costaría la vida. El se

entregaba con todo en ese momento, después nos

enteraríamos que él l evaba más de dos años practicándola y

esa mañana por fin había logrado interpretarla completa. La

voz de Sofía se torno diferente y distante, un poco triste y

melancólica tal vez. El sonido brotaba desde su garganta y

desde lo más profundo de su vientre, era como si tuviera

mucho que decir y a la vez nada que pudiera terminar con

este sentimiento, era un estado sin igual, lo habíamos

sentido inadvertidamente antes, pero nunca había brotado

de esa manera.

Eran recuerdos, alegrías y sobre todo una forma de vida

única, siempre pensando en tener algo para ser feliz,

buscando un sueño, pero en realidad, ¿Eso es ser feliz?

¿Cumplir un sueño?, me extrañe de mis pensamientos, pero

Laura se sentó en su lugar e hizo un golpeteo continuo y

rítmico; la sonrisa de Sofía había desaparecido, solo le

quedaba esa mirada de éxtasis, esa mirada que yo solo veía

cuando cantaba: Era dolor, amor y sobre todo mucha

pasión. Me deje l evar por ese sonido agudo, cerré los ojos

29

y vi muchas cosas al mismo tiempo: mi madre, mi padre,

mis abuelos y todos esos momentos con ella. Como

consecuencia sentí un abrazo de Sofía y que ella me cantaba

al oído, al abrir los ojos sentí lagrimas como si la l uvia

bañara mi rostro al claro sonido de aquellos dedos delgados

y esos labios de tono rojizo esos ojos hermosos, muy

hermosos. Yo agradecí a dios por ese momento y le pedí

que nunca terminara.

Una tarde l uviosa se acercaba en el horizonte, Sofía y yo

estábamos en mi cuarto recostados escuchando nuestras

canciones favoritas. Mi abuela entro al cuarto muy agitada,

en cuanto recupero el aliento nos dijo muy preocupada:

-¡Sofía!, tu padre.

-¿Qué le paso a mi papá?- preguntó Sofía levantándose

de un salto.

Todo el camino hasta el hospital fue duro y pesado,

recordé el día en la comisaria, por el ambiente tenso. Al

entrar nos informaron que el papa de Sofía estaba grave,

había chocado con una camioneta, los chicos de la

camioneta estaban ebrios pero salieron ilesos, la peor parte

se la había l evado el convertible del papa de Sofía. Entro

en un estado de coma por varios días, así que

necesitábamos esperar a que despertara. Al entrar a verlo

Sofía se sentó a un costado de él y sostuvo sus mano por

no sé cuánto tiempo. El resto de los chicos l egaron una par

de horas después.

-Todo irá bien y se repondrá pronto- comentó Laura al

entrar.

-Es muy fuerte, es tu padre después de todo- dijo Ángel

mientras Gato asentía.

30

-¡A… ánimo Sofía!- Fueron las palabras del chico del

piano.

Sofía ya un poco más aliviada nos respondió:

-Tienen razón chicos, gracias.

Se quedo al lado de su padre por muchos días, ella lo

visitaba y platicaba mucho con él. Yo le l evaba el almuerzo,

aunque claro no pasábamos mucho tiempo juntos.

Llovía de nuevo, era extraño por la época del año. Se

escucho el teléfono mientras cenábamos, mi abuela se

levanto de la mesa y atendió la l amada. Al voltear a verme

su rostro estaba frio y me comento que el papá de Sofía

había despertado, pero que no le quedaba mucho tiempo.

Ya de regreso en el hospital en efecto, estaba despierto

pero su piel era pálida y tenía los pómulos muy hinchados.

Al entrar me dirigió algunas palabras con mucha dificultad:

-Marco, muchacho, un gusto verte.

-Gracias señor el gusto es mío, ¿Cómo está?- respondí.

-He estado mejor- repuso antes de toser fuertemente.

Sofía temblaba, estaba muy preocupada; tenía los ojos

rojizos, había l orado mucho y no había dormido bien en

algún tiempo.

- Marco, quiero pedirte un favor- Tomo mis manos

entre las suyas, estaban muy frías.

- Promete, prométeme que cuidaras de mi nena, eres

como de la familia así que…

- Se lo prometo- respondí apretando un poco sus manos

con las mías. - Se lo prometo por mi vida.

31

En ese instante se le vino un colapso que su corazón no

resistió, y ahí con mis manos entre las de él, el papá de

Sofía murió.

Mis abuelos y yo nos hicimos cargo de los preparativos y

de todo el proceso para el funeral; Sofía por otra parte

l oraba mucho por las noches y dormía durante casi todo el

día, no hablaba con nadie, ni conmigo, ya no salía de casa.

Yo no sabía qué hacer, así que recordé la promesa que le

hice algunos años atrás. Una madrugada llame al resto de

los chicos y acomodamos los instrumentos frente a la casa

de Sofía. Sacamos la batería y el piano del garaje, ella abrió

la puerta, estaba más delgada que de costumbre y sus ojos

con unas ojeras enormes. Solo se paro frente al portal con

la mirada pérdida hacia las nubes.

Ángel y Gato tocaban con sus guitarras siendo

acompañados por Laura, era una canción algo triste pero

serviría, pensé para mis adentros. Los vecinos comenzaron

a salir por el ruido, todo se torno en silencio. Mis palabras

brotaban desde lo más profundo, la pequeña Belem al

continuar con su parte no resistió y unas lágrimas plateadas

rodaron sobre sus mejil as. Yo al cantar sentía que cada

palabra provenía desde mi interior, solo deseaba que todo

el dolor saliera, en forma de grito. Un grito desesperado

que se desprendió de mi garganta, un grito ahogado como

un grito de batal a.- ¡Vamos Sofía!, levántate amor mío.-

- No lo entienden, ¿Verdad?- Nos gritó desde la entrada.

- Mi papá se ha ido, me he quedado sola y ustedes solo

piensan en tocar esas estúpidas canciones- estaba realmente

molesta.

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- Pero es para ti.- Contestó Belén poco antes de que ella

también estal ara en l anto nuevamente.

Belén se acomodó en el pecho de Gato, este le abrazo

fuertemente, entre tanto Ángel contestó:

-¿Qué te pasa Sofía?, solo fue una canción, tu favorita,

por eso estamos aquí porque nos preocupamos por ti- él

apretaba sus puños y contenía su coraje para no explotar.

- Si Sofía, entiéndenos te queremos- le replico Laura.

El chico del piano se acercó a ella, su mirada era severa

pero l ena de preocupación y compasión.

- ¡No lo entienden!, ustedes tienen a sus familias, en

cambio yo me he quedado sola- dijo mientras cubría su

rostro y se sobresalto en un l anto profundo y muy

doloroso.

- Te entiendo perfectamente Sofía, cuando fue lo de mi

madre tu estuviste ahí. Te hice una promesa que tengo

presente y ahora te lo recuerdo: no te dejare sola.

- Nadie te… nadie te dejara- dijo el chico del piano casi

en forma de susurro- pero de manera muy profunda y

honesta.

Todos nos acercamos a Sofía y la abrazamos, todos ahí

pusimos nuestra esperanza en que lo superaría, que sería

fuerte, cual equivocados estábamos.

Después de esto la l eve a vivir a la casa de los abuelos,

dormía en mi cuarto y yo en él cuarto de huéspedes, así

seguimos adelante o por lo menos eso pensaba yo.

Una mañana de primavera, recibimos la visita de una

persona que se presento como representante de un festival

artístico que se l evaría a cabo dentro de poco en el teatro

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de la ciudad, nos invito a participar así que todos

accedimos. Nos encontrábamos muy emocionados con la

idea del festival, así que nos preparamos y ensayamos

algunos temas nuevos.

Hubo en particular una melodía de un grupo español,

Sofía se desahogaba cantando dicha canción y me

recordaba a cierto niño que hizo lo mismo, sobre todo

porque de su corazón brotaba una vibra fuera de este

mundo. Pero había algo en sus ojos, algo que se borraba la

nostalgia no se apartaba de ella, extrañaba a sus padres y

ante eso no podíamos hacer casi nada, solo animarla,

cuidarle y luchar para no perdiera la esperanza, para que se

iluminara su sonrisa nuevamente.

Sofía había cambiado, ya no cantaba con la misma

intensidad que antes, solo servía de coros mientras yo

cantaba y la mayoría del tiempo se distraía, todos nosotros

solo guardamos silencio ante su mirada perdida y llena de

dolor. Pensábamos que quizá con el tiempo se iría ese

sentimiento. Una mañana toco a la puerta de mi casa una

mujer muy bien vestida y que buscaba a Sofía. Mi abuelo la

l evo a la sala y le pregunto que pretendía con Sofía, ya que

ella era como de la familia.

-Bueno, no pretendo tenerlo a la expectativa, yo soy la

madre de Sofía y me la quiero l evar ahora que su padre no

está- El a extendió su mano con un papel, era el acta de

nacimiento de Sofía y su licencia de conducir, en efecto, era

su madre.

La señora nos comento que abandono a su marido y su

hija por buscar fortuna como diseñadora y ahora que la

había encontrado venia por Sofía, pero no contaba con que

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su esposo había muerto meses atrás. Sofía bajo las

escaleras, saludo amablemente a todos en la sala.

La señora cruzo la habitación muy emocionada y

replico.

-Mi niña, mi niña te prometo nunca más nos volveremos

a separar, ¡Pero mírate!, ya eres toda una señorita.

Sofía no entendía nada, la señora la sentó en el sofá y

comenzó a contarle que había pasado en realidad. Al

terminar de escuchar Sofía solo bajo la mirada y dijo:

-Mi madre está muerta al igual que mi padre, así que no

venga a querer engañarme.

-¿Así que eso te dijo tu padre?, supongo que fue mejor

que decirte que le deje por qué no me acostumbre a la vida

de granjero criando y alimentado pol os.- fue la respuesta.

Mi abuela se enfureció, y saco a la mamá de Sofía entre

gritos y empujones.- ¿Como se atreve?, ¡usted no es la

madre de esta niña!, ella y su padre son grandes personas y

alguien como usted no merece nada. ¡Largo!-

La señora un tanto indignada solo replico que las cosas

no se quedarían así. Al regresar a lo nuestro, Sofía estaba un

tanto preocupada, tenía muchas dudas de por qué su padre

la había engañado por tantos años. Durante el periodo de

ensayos nos unimos aun mas, practicábamos casi todo el

día y parte de la noche. Todos sentíamos la tristeza de

Sofía, pero ella no nos decía de nada al respecto.

Un día antes del festival habíamos acordado descansar y

pasar un tiempo con nuestras familias, Sofía fue al

cementerio a visitar la tumba de su padre, yo le dije que la

acompañaba, ella se negó, deseaba ir sola. Tenía ganas de

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dejar todo eso atrás, yo pensaba que por fin había logrado

eliminar esa tristeza y que todo sería como antes.

Mi abuelo me había mandado a entregar unos violines a

la secundaria cercana de la estación de trenes, como eran

muchas le pedí al chico del piano que me acompañara, al

regresar notamos que estaba una luz prendida en el cuarto

de Sofía, decidimos entrar al pensar que eran ladrones o

algo así, ya que nadie entraba a excepción de Sofía que iba

por sus cosas. Al subir las escaleras, solo escuchamos un

fuerte golpe. Al l egar a la habitación no lo podíamos

creer, estaba colgada por el cuello con una soga, y a un

costado estaba la silla tirada en el suelo. Yo quede atónito y

el chico del piano reacciono de inmediato, entre ambos la

descolgamos lo más rápido que pudimos, el chico del piano

le dio respiración de boca a boca e intento hacer que

reaccionara, al pasar algunos minutos nada. Al parecer del

golpe al caer se había roto el cuello, al l egar mi abuelo solo

pude abrazarlo y el resto de los chicos estaban l orando. Al

siguiente día nadie iría al festival, todos teníamos que ir a

un funeral.

Al terminar el funeral no quería regresar a casa, así que

decidí pasar a la tumba del papa de Sofía, ahí se encontraba

su madre, al verme solamente dijo:

-Cometí muchos errores, nunca debí haber regresado a

la vida de Sofía, por mi culpa el a se fue- Estaba ebria y

l evaba una botella de whisky en la mano.

-No- respondí- no solo usted tiene la culpa, yo también

por no entender que ella se sentía sola, por no cuidarla bien

y no ayudarla. El a se levanto, coloco la botella de whisky

en mi mano y se marcho.

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Al tomar el primer trago, fue amargo pero después

empecé a olvidar algunas cosas y a reconfortar mi corazón.

Cuando desperté estaba recostado sobre la tumba de Sofía,

el velador me despertó y dijo que si no era muy joven para

beber de esa manera, ya no me importaba, ella se había ido.

Al regresar a casa, mis abuelos me replicaron por haber

l egado en esas condiciones, yo no dije nada, solo tome algo

más de dinero y fui a la primer cantina que encontré. Pedí

otra botella de whisky y me perdí de nuevo en ese mundo

en el cual Marco estaba bien, Marco era feliz y en que

Marco podía ayudar. Al salir de las cantinas, la mayoría de

veces el chico del piano me encontraba y me l evaba a casa,

sin decirme nada. Al pasar el tiempo el alcohol ya no era

suficiente, alguien me dio drogas y también el sexo se me

hizo algo común y muy recurrente, pero muy a pesar de

estar en las peores condiciones, el chico del piano me

buscaba y me l evaba casi arrastrando a casa; fue así durante

mucho tiempo, mis abuelos y amigos ya no importaban, ya

que Sofía no estaba a mi lado, yo la necesitaba para seguir

adelante, ella era mi todo y se me desvaneció de las manos,

ahora era solo un recuerdo frio y sombrío que mi corazón

ebrio solo permitía salir en los pocos momentos de lucidez.

Una ocasión estaba tan ebrio que apenas lo recuerdo, el

chico del piano me encontró como de costumbre en la

mesa tumbado a las cuatro de la mañana, al levantarme para

ir a casa, me detuve, vomite un poco, lo mire y le dije:

-¿Qué demonios haces aquí?, ¿No lo entiendes?, ya no

tengo nada ni a nadie. ¿No me puedes dejar en paz?, niñato

de sombrero ridículo.

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Mi amigo me miraba apaciblemente, solo suspiro un

poco, me di cuenta que tenía su rostro un poco demacrado

y l eno de cansancio, parecía que el hecho de buscarme

todas las noches le estaba afectando mucho. Me intento

tomar del brazo nuevamente, yo me interpuse y me enfade.

¿Cómo era posible que el no entendiera?, yo lo que quería

era morir, desaparecer, dejar de causar dolor y pena.

-No entiendes, ¿verdad?, tendré que hacerte entender-

Intente darle un golpe, él lo esquivo con suma facilidad.

Con mucho esfuerzo me puse en guardia, estaba furioso

pero más ebrio y casi pierdo el equilibrio, el me miro, en

sus ojos había lagrimas; bajo las manos y suspiro

nuevamente. Al darle el primer golpe, el no replico nada, al

continuar yo solo veía como él no se defendía a pesar del

dolor que debía de estar sintiendo.

-Defiéndete, perdedor ¿Qué te pasa?, ¿Tienes miedo?

El solamente asintió, yo tome una botella de vidrio que

había en el suelo y se la rompí en la cabeza, el cayó al suelo

y después se levanto con la cabeza sangrando.

-¿Terminaste?- fue su respuesta mientras limpiaba un

poco de sangre que surgió sobre su frente.

Estaba realmente furioso, sentí un gran mareo y una

nausea extrema. Tropecé con una piedra y caí, el solamente

me levanto y me l evo a casa. Al siguiente día estaba seguro

que no lo volvería a ver, yo había perdido a la única

persona que se preocupaba por mí o eso pensé en ese

momento. Ese día fue muy habitual, comencé con mi

botella de whisky, después fui con el tipo que vendía droga

y me dio lo habitual. Él me presento a unas chicas que

necesitaban compañía, bailamos y platicamos un poco esa

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noche, hice el amor con dos de ellas y me marche a una

vieja construcción abandonada, vi un pequeño hueco así

que entre.

Todo se tenía que terminar, subí hasta el último piso de

la construcción; así me sentía yo, como un edificio sin

terminar y a medio morir, y ¿Por qué hacer esto?, era mejor

morir y reunirme con el amor de mi vida. La luna era

enorme en el firmamento, se podía ver toda la ciudad,

desde el cementerio hasta la estación de trenes. Solo

necesitaba un paso un paso más, pronto amanecería y ¿Cuál

sería la sorpresa?, que una persona normal como yo

acabaría estrellada en el pavimento. Mucha gente pensaría

que me lo merecía, otros no siquiera les importaría, pero,

¿Qué pasaría con mis abuelos y amigos?, todos ellos

habían sido realmente buenos conmigo. Empezaba a

amanecer, el sol me hizo levantar la mirada y solo ahí pude

verlo, un letrero algo viejo y roído por las l uvias de una

marca de zapatos ya desaparecida, casi no se percibían bien

las letras, pero pude leerlo.

“Solo los ángeles pueden pisar la orilla, porque ellos no

tienen miedo a caer”.

Sí, yo había conocido algunos ángeles, sabía

perfectamente que todos tenemos demonios dentro de

nosotros, esperando salir y devastar todo a nuestro

alrededor, pero siempre hay una fuerza, algo que se opone

a ellos. Mi madre, mis abuelos, Sofía; todo ellos habían sido

mis ángeles guardianes, que con sus alas de amor me habían

devuelto la sonrisa, el sueño y la vida y además me

protegieron del dolor de este mundo frio. Al estar en la

oril a, me sentí en el centro del universo, de mi universo.

Mi madre siempre me cuido, mis abuelos me ayudaron

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cuando mas necesite de alguien y Sofía me devolvió mi

sonrisa. Esos ángeles que no necesitan un motivo para

ayudar, que solo se dejan l evar por sus almas y corazones y

se entregan con todo por mejorar un poco la vida de los

demás, pero había algo, algo que había olvidado un joven

ángel, algo más grande que yo, alguien a quien yo había

hecho daño. Necesitaba cambiar, necesitaba seguir adelante

ya que esos ángeles lo han dado todo, todo por mí y yo no

he hecho nada, solo hacer daño y convertirme en un ser

frio y loco, ambicioso de olvido y perdón. Deseaba luchar e

iba a luchar por ellos, por mí, por mis ángeles. Todo eso se

fraguaba en el fulgor de esos colores, grandes e intensos,

ese azul de nubes y amarrillo del sol, que solo un amanecer

nos puede brindar. Todo palpitaba dentro de mi cabeza y

mi corazón.

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Capitulo 3.Amigo, Partitura, Corazón.

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Al despertar sentía una gran molestia, pero a pesar de

todo me pude incorporar, ahí decidí ya no hacer daño a los

demás, decidí irme y en el camino pensaría que sería de mi

vida. A veces uno necesita estar solo para recorrer sus

caminos y yo necesitaba luchar contra mis demonios. Les

deje una nota a mis abuelos, tome mis cosas y las metí en

una mochila. Tome el primer tren fuera de la ciudad y me

pase recorriendo diversos lugares, en especial buscaba bares

para poder cantar y conseguir algo de dinero para comer y

tomar algo después de un largo día, vivía desastrosamente

cantando en las estaciones del tren subterráneo y en los

bares de las ciudades que recorría. Así pase algún tiempo,

pero me iba dando cuenta que la gente cada vez buscaba

pequeños trozos de felicidad en alcohol y en aquellos

pequeños momentos empapados de soledad.

Recuerdo que al visitar una pequeña isla encontré a un

conocido, tenía una fiesta en su yate, así que asistí a cantar

un poco ya que me lo había pedido, pero al llegar escuche a

un tipo enormemente obeso, parecía nativo de la isla, era

curioso escucharlo ya que solo l evaba su pequeño ukulele.

Era una canción tradicional de la isla pero de alguna

extraña forma me envolvía l enando mi mente, mi alma y

mi corazón de paz, de esperanza y de mucho amor.

Hablaba de un lugar donde el dolor no existe, donde los

sueños se hacen realidad, donde es posible l egar a una

estrella y mirar el arcoíris sin temor, sin dolor. Al terminar

la canción no entendí porque tenía lagrimas en mi rostro,

una mesera se acercó y me extendió un pañuelo para

limpiarme, yo le agradecí el gesto.

-Se l ama Israel, aquí lo llamamos IZ de cariño- me

comentó mientras se alejaba.

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Al terminar de tocar le costaba mucho trabajo

levantarse, así que entre 5 personas le ayudaron a

incorporarse. Era mi turno, el tipo de la fiesta se acercó y

me indicó que canción interpretar así que me prepare y

cante una canción amena y melancólica. Al terminar el tipo

del ukulele se acerco

-¿Qué tal?, ¿Cómo te l amas, joven amigo?-Comentaba

mientras extendía ambas manos hacia mí.

-Marco- respondí mientras él envolvía mis manos con

las suyas, eran enormes realmente.

-Yo me l amo Israel, puedes l amarme “IZ”, ¿Tienes

donde quedarte?

-No- negué con la cabeza.

-Bueno ya es muy tarde, encontrar un hotel será muy

difícil, ¿Te gustaría quedarte en mi casa?, mi esposa preparó

algo delicioso para cenar- esbozo una enorme sonrisa que

enmarcaban sus mejillas, era curioso, sus ojos me

recordaban a mi abuelo.

Al l egar me presento a su esposa y su hermosa hija. Al

poner un poco de atención me percate que IZ era conocido

en toda la isla y toda la gente le trataba muy bien ya que era

un gran cantante, al pasar el tiempo fui conociendo mas y

mas de su vida, sobre su familia y de su enfermedad que le

hacía estar muy obeso. Recuerdo que antes de dormir él

cantaba afuera de su choza una canción muy antigua para

arrul ar a su pequeña, él me contaba que esa canción había

pasado de generación en generación en su familia y que

había mejorado un poco para agrado de la gente joven.

Cada mañana me levantaba e iba a trabajar a la playa de

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pescador, así conseguía dinero, cierta mañana IZ se

levanto conmigo y antes de partir me comento:

-No es necesario que hagas esto, eres mi invitado.

-Claro que si IZ, deseo agradecer un poco tu tan buena

voluntad y la de tu familia.

-Bueno está bien, de alguna manera me recuerdas a un

viejo y gran amigo. Alguien que al igual que tu ya forman

parte de mi Ohana.

-¿Ohana?- era la primera vez que lo escuchaba.

-En esta región la Ohana o familia es lo más importante,

no es necesario tener algún parentesco de sangre, solo sé

que tengo una gran Ohana al igual que tú. Una hermosa

Ohana que te espera en casa, ¿o me equivoco?-Si tienes

razón- sonreí junto con él.

-Al darme la vuelta, IZ me sostuvo y me dio un fuerte

abrazo por la espalda, tal y como

lo hacía Sofía.

-No lo olvides pequeño gran amigo, la familia nunca se

abandona ni se olvida.

Al vivir con IZ entendí algo importante, no importa los

muchos golpes que te de la vida, siempre hay que levantarse

con una gran sonrisa en los labios y un corazón l eno de

amor, por ti y por tu Ohana. Algún tiempo después me

enseño a tocar el ukulele y la canción que cantaba a su hija.

Siempre sonreía y ayudaba a mucha gente, así entraba en

sus corazones no solo con la música sino también con su

enorme sonrisa que iluminaba todo a sus grandes pasos.

Recuerdo una mañana en la que decidí continuar con mi

viaje, IZ me hizo jurarle algo:

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