El Desdoblamiento 2 por Yolanda Pinto - muestra HTML

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EL DESDOBLAMIENTO 2

YOLANDA PINTO

Así fue como al día siguiente viernes a las 19 horas llamó puntualmente a la puerta

Paulo, el escritor del síndrome literario molecular. Jorge se dirigió a abrirle la puerta

y cuando lo encontró frente a sí, se dio cuenta que su aspecto había empeorado,

tenía el pelo alborotado, la mirada desencajada y había perdido algunos kilos desde

hacía un mes que fue la última vez que vino a terapia. Jorge lo saludó y lo

acompaño con semblante preocupado al diván.

Bueno Paulo dime ¿Cómo te encuentras?, esperándose lo peor en su respuesta.

De esta manera Paulo le contestó:

---Jorge he venido hoy urgentemente porque me encuentro mucho peor.

Jorge se interesó por el final que le había dado a Yésica en su novela y Paulo le

respondió que finalmente le hizo caso a él y la mató de la manera tan letal de la que

hablaron, sin embargo aunque pasó desde que terminó la novela dos semanas muy

tranquilo y relajado, los síntomas que se sintió hace unos días eran muchos peores.

Jorge le dijo que se los explicara con detenimiento para poder sacar una conclusión.

Paulo le empezó a hablar de lo que le sucedía:

--Verás ahora estoy escribiendo un relato corto que se desarrolla en un pequeño

pueblo donde ocurren varios asesinatos porque hay un psicópata que se escapó del

manicomio, él vive en ese pueblo haciéndose pasar por un pacífico empleado de

una lavandería.

Hará cuatro días bajé a la planta baja de mi casa donde hay dos pequeños sofás,

una mesa de billar y una pequeña barra americana donde tengo botellas de alcohol

y banquetas altas en las que tomamos algunas copas yo y los amigos que a veces

invito a echar una partida de billar a mi casa y así pasamos algunas tardes, pues

bien, eran las tres de la mañana había terminado de escribir un pasaje de la novela

y antes de irme a dormir me apeteció bajarme a esta sala de estar a tomarme una

copa de Martini Bianco, sentarme un rato en el sofá a relajarme. Bajé como muchas

noches lo hago, entré en la sala, me dirigí a la barra, cogí un vaso, hielo y la botella

y estando de espaldas a los sofás mientras me servía la copa, oí una voz que me

dijo:

--Hola Paulo, gracias por darme un papel en tu novela.

Volví de inmediato la cabeza y cual fue mi sorpresa cuando vi sentada en el sofá de

la sala a la viuda Molly que en mi novela es una viuda inglesa que vive sola y es

asesinada finalmente por el psicópata simulando un robo en su casa, matándola

mientras dormía con un fuerte golpe en la cabeza con uno de los palos de golf que

guardaba la viuda de su difunto marido en el recibidor de la casa.

Cuando la vi frente a mí, creía que tenía que ser una visión, allí estaba ella con un

vestido floreado, con sus pelos grisáceos recogidos con un moño, su voz era de

paz y sosiego quizás porque no se imaginaba el final que tenía reservado para ella.

Me dirigí al otro sofá y me senté estupefacto por lo que estaba presenciando, es

más me froté con los puños los ojos para descartar que todo fuera fruto de mi

imaginación o de un sueño pero nada de eso, cuando los abrí otra vez la Sra. Molly

seguía fijamente mirándome, es más me llegó a decir:

---Paulo ¿Te importaría servirme a mí también una tónica?.

Francamente no salía de mi asombro pero acepté seguir la situación, al fin y al cabo

podría ser un ente espiritual que se apareció y un señuelo para darme algunas

ideas para mi novela, así que le respondí:

---Claro Sra. Molly, ahora mismo le sirvo su tónica, me alegro que haya venido a

visitarme y me alegro que le guste su personaje, espero que también le guste el

condado de Rutland donde se desarrolla la novela, a lo que me respondió que sí

que era un lugar maravilloso para vivir, y a pesar que se encontraba un poco sola

por estar viuda era fantástica la vida y la casa en la que vivía y que yo recreaba

para ella en la novela. Al escuchar sus palabras de satisfacción me dio un vuelco el

corazón sabiendo que finalmente ella también iba a ser asesinada, es más pensé

hasta decirle que tirara la bolsa de palos de golf de su difunto marido que tenía en el

recibidor de su casa, y que el día 13 de septiembre se ausentara de su casa que es

cuando Bronson el psicópata entraría para matarla, pero me contuve, realmente no

podía hacer eso, era mi novela y yo era el director, me acordé precisamente de lo

que me explicaste con respecto a Yésica y sabía que debía de ser fuerte en mis

decisiones a pesar de que los personajes intentaran dominar mi mente.

Todo parecía tan real, la conversación con la Sra. Molly me alentaba para seguir la

novela, era fantástico hablar con uno de mis personajes, verlo carnalmente, sin

embargo todo terminó cuando sentí que la voz de mi novia mientras me meneaba

con contundencia mi hombro y me decía:

--Paulo, ¿Qué haces aquí? me desperté y me ha extrañado que no estabas ya en la

cama. !!Bajé a buscarte porque además te escuchaba hablar con alguien¡¡ ¿Pero

con quién hablabas? si estás tú sólo.

--Miré hacia el lado y vi la cara de sorpresa de mi novia, dirigí seguidamente mi

mirada hacia el sofá donde se encontraba la Sra. Molly y estaba vacío, me di cuenta

de inmediato que todo había sido fruto de una alucinación y me abstuve de contar

nada a mi novia que bastante extrañada se quedó ya el día que me vió llorar como

una magdalena cuando decidí matar a Yésica en mi anterior novela, de manera que

le respondí a Mónica, que así se llama ella:

--No Mónica te habrás confundido yo estoy aquí relajado tomándome una copa

antes de ir a dormir, estoy solo, no hablaba con nadie no.

Subí a la habitación con Mónica y ahí quedó ese día todo, pero no podía apartar de

mi mente la imagen que parecía tan real de la Sra. Molly en el sofá, no llegué a

tocarla pero estaba convencido que hasta hubiese podido sentir su piel si me

hubiese acercado a ella.

Jorge, frunció el ceño mientras lo escuchaba tomando notas pero con cara de

preocupación, la verdad que no le gustaba nada de lo que escuchaba y lo empezó a

considerar grave, seguidamente le preguntó:

--Vale Paulo ¿Eso es todo? ¿Lo que me has contado es todo lo que te ha pasado

hasta ahora?.

--Paulo se reclinó más sobre el diván, aspiró aire y con un tono desesperanzado

afirmó:

--No es lo único que me ha sucedido, creo que lo que más me impactó fue otro

instante que viví muy extraño en el que no podía llegar a dominar mis propios

impulsos, esto me sucedió hace dos noches que invité a mi amigo Alfredo a echar

una partida de billar en casa porque Mónica tenía guardia en el hospital toda la

noche y me quedaba solo en casa.

Llegó Alfredo y le invité que entrara al salón, que se pusiera cómodo mientras yo iba

a la cocina a preparar unos platos de embutido, queso, piquitos de pan, y algunas

cervezas, antes de lo cual le puse la película de Saw VI para que se entretuviese

mientras yo estaba en la cocina. Pues bien ya en la cocina abrí un armario y saqué

la tabla de cortar, seguidamente abrí el cajón de los cubiertos y saqué un cuchillo

afilado que tengo para estos menesteres, finalmente abrí la nevera, saqué queso,

salchichón y chorizo que tenía, comencé cortando pequeños tacos de queso, me

dispuse a cortar todo el trozo de queso ya que después nos bajaríamos a la sala del

billar y allí con las copas también querríamos seguir picando algo, de esta manera

seguía yo cortando el queso, cuando de repente de manera fulminante me vi dentro

de una escena que yo había descrito en esta nueva novela en la que el psicópata

Bronson invita a un compañero suyo de la lavandería a su impresentable, sucio y

mugriento pequeño apartamento para jugar a las cartas y tomar algunas birras,

Bronson se dispone a ir a la cocina a coger las cervezas y cuando va saliendo de la

cocina le apetece también cortar queso para tener algo que tomar con las cervezas,

de manera que cogió un viejo trozo que tenía casi caducado y lo puso en un plato

para cortarlo en finas láminas y llevarlas al salón, su instinto asesino y la parsimonia

e inocencia de su amigo son los ingredientes perfectos para que se le despierte en

él el deseo de asesinar a una persona, de manera que para en seco de cortar el

queso, gira su vista al portacuchillos que tenía frente al fregadero y de manera casi

virulenta agarró el pomo del cuchillo más grande, desenfundándolo del porta

cuchillos y dirigiéndose de manera impetuosa y por la espalda hacia el sillón donde

estaba sentado su compañero de trabajo y con un corte certero en la garganta le

desgarró la tráquea sin posibilidad siquiera de defenderse, escuchándose sólo un

sonido extraño por la salida de aires de la tráquea, algo parecido a un eructo, casi

desmembrando la cabeza del cuerpo, desvaneciéndose el chico y golpeando su

cuerpo contra el suelo ya cadáver.

---Jorge, miraba la pared mientras escuchaba el relato y en un impás exclamó: ----!!

Desgarradora escena sí señor¡¡

Si Jorge, es una escena muy macabra pero necesaria porque tenía que describir la

brutalidad del asesino para que los lectores tomaran conciencia de la virulencia de

la escena, pues bien, como te iba diciendo cuando yo me encontraba en la cocina

cortando el queso por un momento me subsumió la escena de mi novela, me

resultaba totalmente familiar el contexto y de manera intuitiva dirigí mi vista hacia el

fregadero para percatarme que allí estuviese el portacuchillos, pero al dirigir allí la

mirada no lo hallé, de manera que seguí cortando el queso cuando de repente sentí

unos impulsos imparables para terminar la escena, es más repetí la conversación

que escribí para Bronson antes de acabar con la vida de su amigo, de manera que

mientras cortaba el queso grité desde la cocina:

------- ¿Te apetece también aceitunas?, la respuesta de Alfredo fue idéntica a la de

mi guión:

--No gracias, estuve al mediodía comiendo aceitunas, y ahora no me apetece

gracias de todos modos¡¡

Fue increíble, la respuesta textual de Alfredo me confundió más mentalmente si

estaba dentro o fuera de la realidad, y cuando terminé de cortar el queso, abrí el

cajón de los cubiertos para coger el abridor para las botellas de cerveza y fue

cuando delante mía vi el gran cuchillo con el mango de mi novela, ahí estaba, lo

agarré fuertemente y pregunté a Alfredo otra vez desde la cocina, mientras agarraba

poseído con una mano el mango del cuchillo para dirigirme con él al salón y finalizar

la escena de mi novela.

--¿Estás cómodo, Alfredo, estás sentado en el sofá o en el sillón?

-- La respuesta de él fue:

--En el sofá, aquí estoy muy cómodo ¿Porqué lo dices?

--Solté de inmediato el cuchillo en el fregadero de un fuerte impulso y recobré la

conciencia con la realidad, cuando escuché que Alfredo había elegido un lugar

distinto para sentarse al de la víctima de mi novela, por tanto me percaté de

inmediato que la respuesta sobre las aceitunas fue todo fruto de la casualidad.

Jorge, realmente me sentí muy asustado, fue algo espantoso, tenía en mi mente la

recreación exacta de la escena y me sentía con la obligación de actuar como el

protagonista Bronson hasta terminarla. Es horrible todo esto, ni siquiera yo sé lo que

me está sucediendo, escucho voces que no existen, veo imágenes irreales y para

colmo las propias escenas que yo inventé dominan todo mi ser, me siento como un

barco a la deriva sin posibilidad de controlar el timón de mis propios sentidos y de

mi propia personalidad.

Jorge sintió un terror absoluto al escuchar este segundo relato, tal fue el impacto

que sentía bombear el pulso de su corazón a un ritmo muy acelerado, su rostro se

tornó totalmente pálido y sentía hasta temblores en las manos, se dio cuenta de la

gravedad del cuadro mental que Paulo presentaba, y sigilosamente mientras Paulo

seguía quejándose de sus alucinaciones, Jorge abrió el segundo pequeño cajón

que tenía su escritorio en la parte derecha y disimuladamente cogió una pistola

modelo Beretta 9 mm que guardaba para protegerse de cualquier percance que por

su profesión pudiese llegar a sufrir con un paciente, tales como una crisis de

ansiedad peligrosa, una tormenta psicopática, una ira incontrolable o un trastorno

grave de la personalidad que le obligara en un caso extremo a defender su vida

aunque tuviese que hacerlo con la pistola. Jorge realmente no poseía licencia de

armas, y esta pistola según me comentó la compró de traspelo a unos gitanos en

las 3000 viviendas de Sevilla por 300 euros. Aunque Jorge consideraba

imprescindible estar en posesión de un arma en su consultorio ya que prefería en

un caso extremo que le condenaran por tenencia ilícita de armas pero salvar su vida

en legítima defensa, sin embargo me preguntó que si alguna vez lo detenían por

tener un arma sin licencia qué podría alegar, sobre eso yo le di la idea que el día

que lo detuviesen explicara que un día antes andando por la playa de Barbate se la

encontró en la arena semienterrada, que la cogió pero pensaba entregarla a la

policía, esa versión la verdad que era bastante creíble puesto que en las playas de

Barbate se desembarcan bastantes alijos de hachís y muchos de los traficantes van

armados, por lo que no era difícil pensar que alguno de ellos la hubiese perdido en

la huida o en el cargamento del barco a las furgonetas

Jorge de inmediato se dio cuenta que Paulo sufría esquizofrenia paranoide y que ya

su terapia no lo podía curar, sino que necesita ir a un psiquiatra que le recetase

medicamentos antipsicóticos, y si sus alucinaciones tanto visionarias como auditivas

se repetían puede que llegase a necesitar hospitalización, de esta manera Jorge fue

franco con él y le dijo:

--Paulo siento decirte que el cuadro que presentas es grave, tu inmersión tan

profunda en los personajes de tus novelas te ha creado una enfermedad mental,

que debe de ser tratada por un psiquiatra, no puedo yo curarte únicamente con

terapia, puesto que necesitan que te mediquen para estabilizar tu mente, pero lo

que ya te advierto desde ahora es que debes de parar de escribir, cualquier tipo de

recreación en tu mente de personajes es nocivo para ti, no llegas a diseccionar la

realidad de la fantasía y esto puede llegar a ser peligroso tanto para ti como para

las personas de tu entorno.

Mientras tenía a la vista la pistola, Jorge rezaba porque Paulo no hubiese imaginado

o descrito en su novela una escena en la que el psicópata Bronson acudiese al

psicólogo a recibir terapia sentándose en el diván y posteriormente decidiera

matarlo también, teniendo en cuenta la fuerte imaginación que tiene un escritor

nada podía ser descartado y era mejor estar prevenido, es más hasta que no viese

salir a Paulo por el portal y se cerciorara desde su ventana de su salida no estaría

tranquilo, la escena que podría haber recreado Paulo es incluso salir por la puerta

de la consulta y engañar al psicólogo volviendo de nuevo a la consulta objetando

que se lo olvidó cualquier objeto y aprovechando esta disyuntiva pasar a darle

muerte.

.

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