El Desdoblamiento 3 por Yolanda Pinto - muestra HTML

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EL DESDOBLAMIENTO 3

YOLANDA PINTO

Estaba Jorge en su consultorio corrigiendo unos tests de personalidad de algunos

clientes cuando llamaron al timbre de su puerta, se extrañó, ya que no esperaba

hoy a nadie, no había puesto ninguna cita para hoy, de esa manera se levantó de su

sillón y se condujo hasta la puerta, abriéndola absorto en sus pensamientos, cuando

de repente se encontró de cara con Paulo, su paciente que padeciendo el síndrome

literario molecular se le derivó en esquizofrenia paranoide. Jorge al verlo intentó

disuadirlo para no recibirlo, la imagen que presentaba sin embargo era impecable,

iba perfectamente peinado, con una blusa blanca de rayas celestes y una chaqueta

de ante marrón, portaba unos pantalones jeans de color marrón que le hacían

perfectamente juego con la chaqueta, su mirada era cristalina y no dejaba ápice de

la mirada perdida con la que acudía antaño a la consulta y por tanto fue esta actitud

serena y segura de Paulo lo que convenció a Jorge para confiar en su estado

mental, de manera que cuando le advirtió educadamente que las sesiones de

psicólogo ya habían terminado para él porque su enfermedad debía de ser tratada

por un médico especialista, fue cuando Paulo prosiguió:

--Sí Jorge ya estuve con el psiquiatra, seguí en este mes y medio un tratamiento

con él a base de Sexorat y Cipralex, el psiquiatra me dio el alta médica en lo que

respecta a la posibilidad de que continúe escribiendo, con el tratamiento ya no he

vuelto a sufrir alucinaciones ni disociación de mi personalidad con la de mis

personajes, la verdad que problemas con respecto a mi interior y visiones irreales

ya no padezco, la medicación me ha ayudado mucho.

--Me alegro dijo Jorge, si se te ve muy buen aspecto, entonces dime ¿Que es lo que

te trae por aquí?..Bueno no te quedes ahí en la puerta, pasa y me cuentas.

Jorge se encaminó con Paulo hacia el consultorio, le ofreció la posibilidad de

hablarle desde el diván si así se iba a sentir más desinhibido y relajado.

--Sí contestó Paulo prefiero tumbarme en el diván, me fluyen mejor tumbado las

ideas y las hilvano con más elocuencia.

--Pues ponte cómodo, repuso Jorge y me cuentas a qué se debe tu sorprendente

visita.

--Bueno Jorge verás, como te he comentado antes el psiquiatra me informó que

podía retomar mi profesión de escritor, y por tanto estos días he estado continuando

la novela que dejé por culpa de mis alucinaciones acerca del psicópata asesino. ¿Te

acuerdas no?

--Sí claro que me acuerdo contestó Jorge.

--Pues bien, ahora estos días pasados me he notado unos nuevos problemas pero

que tienen que ver con mi percepción del exterior, verás estoy en una parte muy

interesante de mi novela donde aparece una becaria guapísima y su profesor que

es el detective del caso están recabando pistas para averiguar quien es el asesino

del pueblo, desde que el psiquiatra me ha dado el alta para poder seguir

escribiendo estoy muy prolífico cada día viniéndome a mi mente todo tipo de ideas y

diálogos lo que exige de mí igualmente una gran concentración.

--Sí claro, comprendo alegó Jorge.

--Pues bien, la otra tarde estaba en la salita de estar con el portátil ensimismado

escribiendo un capítulo muy interesante en que la becaria se dirige en su coche a la

casa de una de las víctimas para tomar fotos y las declaraciones de los testigos y

vecinos, en ese momento apareció por la puerta de la salita mi novia Mónica la cual

interrumpió mi concentración con la siguiente frase:

--Paulo te dije que recogieras la ropa y aún está colgada en la terraza, ¿Es que no

piensas hacer nada en todo el día salvo escribir?

--Ni siquiera la miré a la cara, intenté no perder el hilo de mi novela, y seguí

escribiendo en el ordenador ignorando totalmente el absurdo comentario de mi

novia, cuando de repente prosiguió en su intento, se acercó a mi, me agarró del

hombro y reiteró:

-¿Pero qué te pasa, no me has escuchado?

En ese momento fuí presa de mi ira, giré bruscamente mi cara buscando la suya y

le grité de mala manera exclamándole:

--Mira quiero que se te meta en la cabeza que cada vez que me veas escribiendo

concentrado, no te acerques a mí, no me hables porque me haces perder el hilo y

me cuesta mucho trabajo volver a recuperarlo ¿Lo has entendido?

Mónica quedó consternada con el tono de mis palabras, en mi vida le había hablado

con tanta furia, y casi con lágrimas en los ojos se apartó de mí y abandonó la salita

de estar, sin llegar a pronunciar palabra.

Volví sobre la novela, pero sentía culpabilidad, ni yo mismo comprendía porqué

había hablado con tanta agresividad a Mónica, es cierto que me molesta que me

desconcentre pero quizás podría habérselo dicho con más tacto. Posteriormente

cuando me fui a la cama, como es natural estaba muy fría conmigo, pero me dejó la

oportunidad de pedirle perdón y que intentara comprenderme.

--Bueno mientras tú te des cuenta de tus propios errores e intentes por todos los

medios corregirlos estás en el buen camino, --apuntó Jorge--.

--Ya Jorge pero el problema es que anoche todo tomó una dimensión mayor, y

Mónica me ha abandonado.

--¿Abandonarte? ¿Pero qué fue lo que sucedió para llegar a ese extremo?

--Verás últimamente no me apetecía tener sexo con ella.

--Sí seguramente es por el efecto de las pastillas que has estado tomando, que

disminuyen la libido sexual.

--No, no creo que sea por eso, porque yo deseo sexual tengo, pero desde hace días

me ha desaparecido con respecto a Mónica creo que la razón es porque llevo días

teniendo fantasías sexuales con otra mujer.

--¿Ah sí? Exclamó Jorge, ¿Y quién es ella? ¿Dónde la conociste?

--Bueno me da vergüenza confesártelo Jorge.

--¿Porqué es prostituta acaso? Preguntó Jorge. Tampoco hay nada de malo en

encapricharse de una de ellas.

--No, qué va, ella es algo más etéreo.

--¿Etéreo? ¿Un fantasma quizás?

--Jajaja no, Jorge hasta ahí no he llegado, estoy un poco ido pero no tanto.

--Ay Paulo me tienes intrigado, suéltalo ya, quién es.

--Pues tengo fantasías sexuales con la becaria de mi novela.

¿Con tu personaje? ¿Pero de nuevo vuelves a inmiscuirte en la ficción? Dijiste que

ya lo tenías superado.

--Y creo que lo tengo superado, la razón de que llegue a tener estas fantasías

sexuales se debe de mi propio subconsciente, creo que transporto en el personaje

la imagen idílica sexy de mujer que a mi me cautivaría.

La becaria que se llama Enma es una chica de 27 años guapísima, es rubia, de

melena recortada por los hombros, delgada con una talla 95 de sujetador y siempre

vestida con su negro traje de chaqueta de falda y sus zapatos de medio tacón tipo

salón, aunque su profesor el detective Warren tiene 45 años sin embargo ella lo

seduce y está predispuesta a encontrarse con él siempre que él la llama, ambos

tienen en la novela un romance apasionado, como mezclan su complicidad en la

investigación de los asesinatos y su feeling sexual, cada vez que se ven se desata

el erotismo entre ambos llegando a vivir escenas muy atrevidas de sexo. En la

novela describo la manera de andar tan femenina de Enma, la suavidad de su piel y

el olor de su perfume que impregna los sentidos de Warren cada vez que queda con

ella. A pesar de que ella es una intelectual y una mujer trabajadora no olvida

potenciar frente al hombre que le gusta sus armas de mujer, y eso es precisamente

lo que veo que Mónica no hace conmigo.

Ella nunca se viste sexy y provocativa para mí, es más no se desenfunda de su

viejo levis que usa hasta los domingos, con las sudaderas con capucha que utiliza

también para ir al gimnasio, siempre se peina con esa coleta vulgar por no tener

tiempo para arreglarse el pelo según me comenta, creo que no se maquilla desde

que asistió hace dos años a la boda de su prima, llevo años sin verla con unos

femeninos tacones y cuando se va a dormir lo hace en pijama de pantalón y

camiseta de mangas largas con dibujos de ositos lo que no levanta ningún erotismo.

Frente a la ropa interior de lencería fina que lleva siempre Enma cuando se

encuentra con su amante, mi novia se ha acomodado a las anchas bragas de

algodón que tan antifemenina le hacen, y todo ello ahora yo lo achaco como la

ausencia de interés por ella en reconquistarme cada día, realmente todo esto lo

tenía ya asimilado, ya ella era para mí más una camarada, algo familiar que una

amante que levantase mi ardiente deseo, sin embargo tomar conciencia de esta

realidad lo ha ocasionado la creación de mi personaje de Enma, en ella proyecto las

fantasías y el anhelo de tener una pareja que me diese lo que Enma le da al

detective Warren. Realmente el personaje de Enma ya lo había creado cuando tú y

el psiquiatra me prohibisteis seguir escribiendo, por tanto llevo ya casi un mes y

medio sintiendo rechazo de mi novia, incluso esto me ha apartado afectivamente de

ella, considerándola a ella culpable de que mi mente termine imaginando un tipo de

mujer más desinhibida, más femenina que haga despertar en mi una pasión

desembocada, incontrolable, que sea dueña de la situación y que no me deje a mí

siempre como el activo sexual como hace Mónica, sin mostrar ninguna iniciativa

erótica hacia mí. El haberme dado cuenta de que deseo otro tipo de mujer es lo que

ha enfriado gravemente mi relación con mi novia, incluso entiendo que todo este

tiempo se haya sentido rechazada, lo cual yo se lo achacaba a la ingesta de mis

pastillas psiquiátricas, pero ahora que ya me recuperé igualmente me reprochaba si

es que ya no la deseaba como antes, quedándome blanquecino ante la ausencia de

una respuesta coherente a mi poco deseo sexual hacia ella, pero preferible a

reconocerle lo que me estaba sucediendo.

--Sí claro, entiendo que no quisieras herirla, aunque si decidieses en un futuro

retomar la relación con Mónica tendrías que hablar con claridad con ella de todo lo

que te pasa, para poder reactivar tu deseo hacia ella, ambos tendríais que poner de

vuestra parte.

Ya Jorge pero aunque conozco el motivo de mi desencanto ya por ella, sin embargo

me siento culpable por la actitud tan virulenta que tuve anoche, lo que propició

seguidamente que cogiera las maletas y se marchara a casa de su madre.

Jorge extrañado le preguntó:

--¿Pero qué fue lo que pasó para que tomase de repente esa determinación?

Te cuento Jorge:

--Ya te he dicho como me siento distante ahora con ella, pues bien me encontraba

yo en la cocina escribiendo un pasaje de la novela, en la que el detective Warren y

la becaria después de una dura jornada de trabajo en la que estuvieron todo el día

interrogando a los vecinos de la casa donde se encontró la última víctima del

asesino psicópata, finalmente se fueron a un bar de copas para relajarse y sacar

conjeturas sobre todas las notas que habían ambos anotados en sus usados

cuadernos, de manera que entre copa y copa Enma le agradeció al detective todo lo

que le estaba enseñando en estos meses que ella estaba bajo sus enseñanzas, el

detective Warren la miró fijamente a los ojos y le dijo que el placer había sido suyo

de tener a su lado una mujer tan bella y tan inteligente con la que compartir las

horas de trabajo que ambos tenían que dedicar al caso del psicópata. Enma para

esta ocasión iba enfundada en un bonito vestido negro de lana entallado que dejaba

imaginar todas sus curvas y su espléndida figura, su melena rubia la llevaba sedosa

y perfectamente peinada y el brillo de sus ojos fue el detonante que hizo despertar

en el detective toda su lujuria por compartir toda la noche sin parar yaciendo una y

otra vez con su aplicada becaria, aunque se encontraban sentados en la barra del

bar, esto no fue obstáculo para que el detective estirara su brazo y rodeara

suavemente la cintura de Enma acercando lentamente su boca a la de ella y

fundiéndose ambos en un apasionado beso que alargaron durante más de un

minuto, extasiado por la situación arrebatadora, el detective le susurró en el oído a

Enma si la acompañaba a casa o si mejor para evitar coger el coche por el estado

etílico en que ambos ya se encontraban sería mejor quedarse en una de las

habitación que tenía el motel de carretera en la parte superior del bar donde

estaban tomando las copas, Enma aceptó de buen grado su propuesta y así fue

como ambos alquilaron una humilde pero confortable habitación matrimonial de este

motel llamado “Texasbeds”.

Abrieron la habitación del motel, la luz del techo era una luz tenue como si la

bombilla fuera de pocos watios quizás para ahorrar electricidad, la cama tenía un

colchón demasiado blando y cedido quizás por el número incansable de parejas que

la habían usado desde hacía veintidós años que el motel tenía sus puertas abiertas

al público, cerca al mismo había una vieja gasolinera donde la gente paraba para

fumarse un pitillo y repostar combustible por lo que su ubicación lo hacía propicio

para que muchos viajeros y gente nocturna lo utilizara para su descanso ocasional.

.

Enma mientras charlaba con el detective, se encaminó al baño y cerró el orificio de

la bañera con el tapón, giró el grifo del agua caliente, pasando su mano por debajo

del chorro para comprobar que al menos en el motel podría disfrutar de un baño

relajante de espuma, notó en su mano como el agua subía de temperatura y dejó

que la bañera se llenase, mezclando con el agua que se iba acumulando en el

fondo de la bañera un sobre de gel que había ordenadamente colocado en el lavabo

del motel junto a las toallas, de esta manera Enma finalmente empezó a quitarse el

vestido negro entallado, se descalzó los zapatos y se desenfundó las medias

dirigiéndose a la bañera, el detective la siguió igualmente y ambos disfrutaron de un

maravilloso y lujurioso baño de agua caliente enjabonándose uno al otro.

--Bueno como te iba diciendo me encontraba en esta apasionante escena donde

recreaba en mi mente el precioso y terso cuerpo desnudo de Enma, estaba absorto,

obnubilado, a decir verdad estaba totalmente excitado sentado al ordenador

mientras recreaba la escena, me veía dentro de la bañera con ella dentro de la piel

del detective y deseaba seguir describiendo la escena para que posteriormente

fueran a la cama donde describiría como el detective yacería tres o cuatros veces

en toda la noche con Enma, pero la escena se paró en seco, no pude continuar con

mi excitada narración cuando de repente apareció mi novia por la puerta de la

cocina, exclamando:

--Cariño ¿Todavía estás aquí con el ordenador escribiendo? Ufffffff, se quejó.

---Otra noche más que no vienes a la cama, te estoy esperando pero ya me está

entrando mucho sueño y al paso que llevas cuando llegues me vas a volver a

encontrar dormida, ¿Es que no podrías hacerme algún caso? llevas meses muy

raro conmigo.

Tal fue mi ofuscación, que le respondí:

--No tienes que preguntar lo que es obvio, si me ves aquí escribiendo, es porque

estoy trabajando en mi novela, y ya veo que las cosas que hablo contigo te entran

por un oído y te salen por otro, te ha dicho ya varias veces, que cuando me veas

escribiendo en el ordenador no me molestes¡¡. ¿Tú me escuchas cuando te hablo?

Porque pareces sorda, y te lo voy a repetir por última vez:

--Cuando me veas sentado y con mis manos en el teclado no quiero oír tu voz, !!No

quiero que me digas nada, porque me desconcentras¡¡ Y a tu pregunta de ¿Porqué

no voy a la cama? Te la diré, no voy a la cama, porque no me apetece, porque me

apetece más escribir mi novela, además miraté al espejo, estás descuidada,

siempre con ese pijama infantil que no te marca ni las líneas de tu cuerpo, y el pelo

con esa vulgar coleta. !!All menos escribiendo mis historias tengo otras emociones

más excitantes que contigo en la cama¡¡¡

Mónica comenzó a llorar, recriminándome que ya no la quería, que no la respetaba

y que ya no quería acostarme con ella, me acusó que debía de tener otra mujer, que

estaba cansada de la vida que llevábamos y así siguió relatando sin parar sus

íntimos pensamientos, de repente entré en un abismo mental donde no la oía, no

escuchaba su voz, sin embargo observaba como sus labios no paraban de moverse

por la cantidad de improperios que debía de estar expulsando por su boca, viendo

sus ojos casi ensangrentados por el esfuerzo de gesticular que realizaba y

totalmente desencajados, levantando los brazos y las manos como para infundirme

miedo mientras se explayaba, pero como te digo yo no la oía, mi mente como el que

pulsa el stop de un equipo de música rechazaba escuchar el agudo sonido de su

garganta y en su lugar mis oídos percibían el sonido de unos tambores de guerra,

también el fino sonido de unos timbales que parecían acompañarlos, sin embargo el

sonido de los tambores se repetían simultáneamente como si se tratara de un cd

rallado, golpeando la aguja en la misma nota para volver atrás y repetir

constantemente la misma melodía, me di cuenta que estaba saliendo de la realidad

cuando sentí estallar sobre el suelo mi vaso de whisky que me arrebató Mónica con

su mano y con una fuerte ira lo hizo añicos, el repicar de los tambores de guerra no

cesaban en mi mente, se repetían una y mil veces en mi delicado tímpano,

golpeando sin cesar la cordura de mi cerebro, de manera que ante la virulencia de

la situación, me levanté de la silla poseído de mis instintos de odio y de hastío ante

lo que ya vivía con Mónica, cogí el rodillo de amasar el pan que se encontraba junto

al lavavajillas, y por una sola centésima de segundo pude cerciorarme que lo que

iba a cometer era un delito de malos trato de manera que me contuve y golpeé

fuertemente la cacerola que se encontraba encima del fogón con el guiso del

estofado esparciendo todo el guiso por las paredes y el suelo, mientras el repicar de

los tambores de guerra y los timbales de sucedían incansablemente en mi cabeza.

Posteriormente bajé corriendo hacia el sótano y me tumbé en el sofá cerrando la

puerta con pestillo para que Mónica no entrara y siguiéramos con una discusión tan

agresiva que podía ocasionarnos graves consecuencias a los dos. Creo que fue lo

mejor que hice, apartarme del problema e intentar descansar y relajarme después

de la excitabilidad que tenía dentro de mi cuerpo.

–!!!Ufff exclamó Jorge¡¡¡ !!!Fuerte la escena si si¡¡¡

Sí Jorge dijo Paulo, hasta yo quedé sorprendido de haber protagonizado un

episodio tan violento, escribo novelas de terror pero no llego a aceptar la violencia y

menos contra una mujer, pero aún me llamó más la atención la agresividad que

Mónica mostró contra mí, no exteriorizando ningún tipo de comprensión a lo que yo

le pedía, ni respecto a que me dejara escribir tranquilamente cuando me viese

ocupado ni a que se arreglase para mí, es más, la escena aún continuó un rato

más, como te digo me encerré en la sala del sótano y me tiré derrumbado por los

acontecimientos en el sofá cuando al cabo de un rato, escuché a Mónica golpear

con sus nudillos la puerta de la salita del sótano, exclamando en voz alta:

–!!Paulo, ábreme la puerta¡¡ ¿Me oyes? Sé que te has escondido ahí como un

cobarde, así que o me abres la puerta o la echo abajo. !!Tú verás lo que decides¡¡¡

Tremendamente perplejo de la personalidad destructiva y obsesiva de mi novia, creí

estar en un sueño y no reconocerla en sus palabras, así que intenté calmarla

diciéndole a través de la puerta:

--Mira Mónica vamos a dejar hoy la fiesta en paz, vuélvete a tu habitación y deja

que yo duerma aquí tranquilo, mañana ya más calmados hablamos de todo y

aclaramos la situación entre nosotros, pero ahora es tarde y podemos estar

molestando a los vecinos. !!Son las tres de la madrugada¡¡¡

Sin embargo, parece que mis palabras en vez de calmarla, la irritaron más, de

manera que no cejando en su empeño de forzarme a que le abriese la puerta

cumplió sus amenazas, y con un gran bate de béisbol que aún yo conservaba de la

universidad, por lo visto ella lo cogió del armario de nuestra habitación, y le asestó

un fuerte golpe a la puerta, a la vez que pronunciaba las frases de:

–!!Cobarde sal de ahí cucaracha rastrera, ahora vas a ver si me arreglo y me pongo

guapa para ti o no¡¡

Aquello parecía una película de terror, y lo que sacaba en claro de esa espantosa

situación es que ya no quedaba ni un ápice de amor en mi corazón ante una mujer

tan malvada como ella, no sé si fue mi actitud de desidia hacia ella la que la llevó a

ese extremo psicológico pero creo que hay maneras de arreglar las cosas y esta

actitud violenta y desencajada no ayudaba para nada a una posible reactivación de

mi ilusión hacia ella.

Mónica no cejó con los golpes en la puerta y al tercer o cuarto golpe con el palo de

béisbol noté aterrorizado desde el sofá que se formó una grieta en la madera de la

puerta, continuando Mónica sin cesar golpeando la puerta, a la vez que escuché

golpes en la pared contigua que daba a la casa del vecino quejándose del

escándalo que no los dejaba dormir.

Por última vez me dirigí a la puerta y le imploré a ella que dejase ya su actitud

violenta y recapacitara antes de que pudiese llegar la policía, así le exclamé:

----Deja ya el bate de béisbol y vete a dormir estás levantando a todo el vecindario.

Su respuesta fue taxativa:

--No, voy a entrar ahí por la buenas o por la malas, así que si quieres callar a las

malas lenguas.!! Abre la puerta¡¡.

Yo era un escritor de novelas de miedo y de terror, había descrito muchas veces

escenas como esta que terminaban muchas de ellas en un fatal desenlace, así que

aterrado de mi propia novia, no me quedó otra salida que escaparme por una

pequeña ventana que gracias a Dios no tiene rejas, y que da a la parte trasera del

jardín. Sin abrigo, y en la frialdad de la noche, salté la verja que daba a la calle y

corrí carretera abajo, intentando huir de mi propia casa tan rápido como me lo

permitieron mis piernas, todo acontecía demasiado rápido, y sin saber donde

dirigirme, cavilé por un segundo mientras corría en que si Mónica había conseguido

derribar la puerta y no me veía su ira iba a crecer súbitamente planeando vengarse

de mí de alguna manera que su mente le avisara y entre ellas muy probablemente

sería la de subir de nuevo con el bate de béisbol a la cocina y romperme el

ordenador a pedazos para destruir mi novela. Gracias a Dios yo siempre guardaba

el manuscrito en el disco duro, en un pendrive que en este caso estaba conectado

al portátil que dejé en la cocina y también me cubría las espaldas subiéndolo por

internet a mi correo electrónico, pero sabía que Mónica no era tonta y podía caer en

este detalle, tampoco con el nerviosismo llegaba yo a recordar si en alguna ocasión

le dí mi clave para acceder a mi correo, por lo que de manera totalmente acelerada

intenté buscar a estas horas de la madrugada un bar o una gasolinera que estuviera

abierta en la que pudiese encontrar conexión a internet, corriendo carretera abajo,

llegué a la calle Sepúlveda donde había una pequeña Pensión de dos estrellas, casi

sin aliento y con la camiseta del pijama y unos pantalones de chándal, entré en la

recepción y le mentí al recepcionista diciéndole que por favor si tenía internet me

dejara chequear si me había enviado mi madre desde Londres el correo donde

ponía a la hora que llegaba su avión ya que había perdido yo mi móvil y no me

podía comunicar con ella, le ofrecí como propina 50 euros al recepcionista, éste sin

dudarlo al ver el billete aceptó de buena gana, cediéndome su silla y colocándome

rápidamente delante de la pantalla del ordenador. Seguidamente me metí en

Hotmail y creé rápidamente otra cuenta de correo que me hice en el momento con

otro nick y otra contraseña, acto seguido me metí en mi cuenta antigua,

aliviadamente y soltando un suspiro pude percatarme que Mónica aún no había

entrado en mi correo para borrarme la novela, de manera que envíe rápidamente el

archivo de la novela a mi nueva cuenta y posteriormente cerré la página de Hotmail.

Jorge asombrado por toda la acción que estaba oyendo, exclamó:

–!!Uffffff Paulo vaya noche más movidita que tuviste¡¡¡

--Sí Jorge, en esos momentos lo que me tenía preocupado es hacer todo lo posible

por salvar mi novela que ya tenía escrita 180 hojas y me había costado muchas

horas de sueño y de esfuerzo.

--Sí, si claro comprendo, hiciste bien, claro, todo lo demás se puede solucionar sí.

Pues como te decía Jorge, seguidamente salí de la pensión y me dirigí a casa de mi

hermano al que le conté todo lo sucedido y me dejó dormir en su casa,

aconsejándome que no volviese a mi casa sino fuera mañana acompañado de

algún testigo.

Al día siguiente por la mañana me acompañó mi hermano a mi casa, no

encontrando ni rastro de Mónica, de manera que entramos en la cocina y

efectivamente nos encontramos mi ordenador portátil hecho añicos en el suelo,

platos rotos, la puerta de la salita del sótano destrozada, entramos seguidamente en

nuestro dormitorio el cual estaba totalmente desmantelado como si un terremoto o

huracán hubiese pasado por él, la ropa de los armarios había sido sacada a cal y

canto, todos los cajones estaban entre abiertos, y mi ropa esparcida por toda la

habitación, zapatos, calcetines, camisas, pantalones…nos percatamos que la ropa

de Mónica ya no se encontraba allí y que por tanto había abandonado la casa

quizás avergonzada de la doble personalidad que mostró anoche como si de una

poseída o de una réplica del Dr. Jekyll y Mr. Hyde se tratase, una persona

totalmente fuera de sus casillas, desconocida para mí y por supuesto sin ningún

interés de volver a verla en mi vida. Mi hermano me aconsejó que sacase fotos de

cómo dejó la casa, y de los daños que ocasionó por si ella se decidía a

denunciarme a mí a través de una denuncia falsa de malos tratos psicológicos,

teniendo yo como testigo a mi hermano que lo vio todo en primera persona además

de las fotos que saqué con mi móvil

Bueno dijo Jorge, tuviste una gran idea de inmortalizar el estado de la casa, pero

tienes que pensar que quizás es lo mejor que puso pasar, sinceramente la

reconciliación con este episodio que me has contado es prácticamente inviable y

por otro lado nada recomendable aunque lo quisierais intentar, porque es una

relación totalmente destruida y deteriorada, donde os habéis perdido el mínimo

respeto que se debe de tener a un ser humano con el que se convive, y por tanto

cualquier retorno no haría sino volver a abrir las viejas heridas y actitudes.

--No, no Jorge yo eso lo tengo clarísimo. !!!Yo volver con ella es que ni me lo

planteo¡¡¡

Para colmo, mi hermano y yo seguimos inspeccionando toda la casa y ¿Sabes qué

dejó visible para mí como si de un mensaje se tratase?

--No dime, dijo intrigado Jorge.

Encima del lavabo del dormitorio de invitados dejó a propósito un consolador, como

queriéndome dar a entender que ella tuvo que satisfacerse sexualmente en este

último período, la conozco muy bien, o por lo menos hasta ayer pensaba que la

conocía y siempre trata de hacerte ver las cosas tropezando con el señuelo, así es

ella.

--Bueno dijo Jorge ¿Y finalmente que piensas hacer denunciarla por todos los

desperfectos que ocasionó en tu casa?

--No dijo taxativamente Paulo, no quiero tampoco entrar en una guerra campal de

denuncias cruzadas con ella, estoy de acuerdo en que separarnos es la mejor

decisión, he cambiado la cerradura y espero hablar a través de algún Abogado con

ella, yo personalmente no quiero dirigirle ni el saludo, sinceramente no me fío de

ella, le tengo miedo en estos momentos.

--Está bien, pero Paulo, también tú tienes que comprender que tú no eres apto para

la convivencia, si te das cuenta este triste desenlace de tu vida amorosa se produjo

porque tú estabas ensimismado en tu libro y no compartías momentos con ella, a

partir de ahora debes de aprender a tomar una decisión clara de tu destino y

preguntarte a ti mismo si serías capaz de compartir tu tiempo con otro ser humano,

porque creo que mientras vivas con tanta pasión las historias y los personajes de

tus novelas no estas capacitado para la convivencia.

--Sí Jorge en eso creo que llevas razón, de todas maneras por una temporada me

voy a dedicar a terminar mi libro y reflexionar sobre mi futuro y qué es lo que deseo,

porque quizás mi mente es feliz transportándose a través de los personajes que

creo, y no necesito vivir ningún compromiso en la vida real ¿No crees?

--Sí a eso me refiero Paulo, claro, de todas maneras todo esto te sucede porque

tienes muy arraigado aún el síndrome literario molecular pero viviendo una

temporada en soledad lo vas a ir superando mejor.

--Muchas gracias, Jorge, tenía que venir a contarte estos últimos acontecimientos y

ahora me siento más aliviado y relajado.

--Me alegro replicó Jorge.

--Lo único que temo como te dije alegó por último Paulo es que Mónica me pueda

denunciar por malos tratos psicológicos en venganza, pero por lo demás creo que

no hay mal que por bien no venga y Dios finalmente pone todo en su sitio.

--Sí así es, siempre hay que creer en el poder divino, de todas maneras no te

preocupes, si recibieses alguna denuncia te presentaría a mi amigo Alejandro que

es Abogado y te ayudaría en todo, por eso no creo que tengas que preocuparte, así

que intenta volver a casa, descansar y recomponer de nuevo tu vida poco a poco.

--Muchas gracias Jorge, si noto que me siento mal o tengo algún cambio en el

estado de ánimo volveré a visitarte, me sirves de mucha ayuda.

--Claro, los psicólogos no estamos más que para eso, para ayudar. Que todo vaya

bien, un saludo.

Jorge acompañó a Paulo a la puerta y así se despidieron.

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