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EL ENVENENAMIENTO

YOLANDA PINTO

Llamaron a la puerta del despacho y al encontrarme solo estudiando y no

esperar a nadie, me levanté y fui a abrir la puerta. Me encontré frente a mi a

una Sra. de unos cincuenta y tres años pero muy bien cuidada, de cabellos

rubios de media melena, y de un metro sesenta de estatura. La Sra. me

preguntó si nuestro despacho se dedicaba a las reclamaciones por daños y

perjuicios y yo le respondí que en general nos dedicábamos a casi todas las

materias contenciosas, viendo que podría ser una potencial cliente la invité

a entrar y tomar asiento en mi despacho. Le pedí perdón por el desorden

que presentaba mi mesa y también porque tenía el aire acondicionado roto,

lo que hacía un poco desesperante estar en mi despacho, sin embargo la

Sra muy educada me respondió que nada de eso importaba porque ella

venía con un problema muy gordo que estaba padeciendo.

Le dije que podía contarme sin problema lo que le ocurría y que no se

preocupase por el dinero porque yo no solía cobrar las consultas, de esa

manera la Sra se sintió más relajada y de manera sorpresiva me confesó:

---Abogado me han intentado envenenar.

Yo cuando escuché su afirmación me quedé estupefacto e intrigadamente le

pregunté:

--- ¿Envenenándola, pero quién la va a querer envenenar?, a lo que me

respondió:

---Sé que es mi pareja, porque ya se probó todo.

Le comenté a la Sra. que lo que me estaba comentando era algo muy serio,

y que tampoco se podía acusar a nadie sin pruebas, debiendo esta Sra de

basar en hechos certeros lo que estaba afirmando. Yo ya con la experiencia

que tenía de los clientes que había defendido tenía duda si quizás me

encontrase con una paranoica sin fundamento en sus aseveraciones.

Sin embargo la Sra que se llamaba Rita Suárez, me contó su historia. Era

una Sra que había enviudado hacía cinco años de un marido terrateniente

de grandes latifundios que tenía en la parte de Badajoz, la Sra había

heredado la mitad de la fortuna del marido, que también le dejó con un

chalet en Chiclana y un piso de doscientos cincuenta metros cuadrados en

la ciudad de Tarifa además de fondos de inversiones, y acciones de

Telefónica y Endesa. La Sra Rita a pesar de que en estos cinco años había

salido con algunos hombres que le hacían la corte, sin embargo fue el año

pasado cuando al ir acompañando de paseo a su hija y su nieto de siete

años vieron un castillo hinchable en el que los niños juegan a saltar dentro

del mismo. El nieto se le antojó subirse en el castillo y Rita y su hija

asintieron, pero Rita no podría imaginar que en ese castillo hinchable

encontraría el que se convertiría en su segundo marido.

El dueño del castillo que también los fabricaba era el encargado de cobrar

los tickets de la entrada para que los niños se subieran y también el

encargado de vigilar que los niños no se lastimaran mientras jugaban en su

interior saltando.

El dueño del castillo se llamaba Dani y era un joven de veintitrés años

guapísimo, moreno, de un metro y ochenta y dos centímetros, ojos verdes, y

cuerpo formado de gimnasio, incluido el tabletón de las abdominales. Como

era verano, Dani se encontraba desnudo de caderas para arriba ya que sólo

llevaba unos pantalones piratas de color caqui, y el flechazo por parte de

Rita fue inmediato, no dejándole de mirar ni un solo instante mientras su

nieto se divertía en el castillo.

Dani que se dio cuenta también del interés que Rita manifestó en él, decidió

atacarla y entró en conversación con ella, preguntándole si era de Tarifa y

que si el niño era su hijo o su nieto.

La idea de que Dani llegase a pensar que el niño fuese su hijo le resultó

totalmente halagador y maravilloso, que un hombre tan guapo la

considerase todavía con imagen de madre, era algo que la llenó de ego y de

esperanza hacia un posible romance con su interlocutor.

Entre pitos y flautas se dieron sus respectivos móviles y Dani quedó en

llamarla para invitarla a un café una tarde de estas a lo que Rita respondió

encantada con una afirmación.

Pasaron por tanto dos semanas y el móvil de Rita sonó destelleando en su

pantalla el nombre de Dani, Rita corrió a descolgarlo y oyó la voz melosa de

su deseado amigo. Quedaron por tanto en la tetería Hierbabuena y los dos

empezaron a contarse cosas de su vida personal.

Rita le contó que era viuda y que su marido le había dejado una acaudalada

fortuna pero que su vida como mujer estaba vacía desde hacia cinco años,

le comentó a Dani que el dinero no hacía del todo la felicidad y que se

notaba que le sobraran al día muchas horas por no tener una pareja que la

acompañara en su caminar de la vida.

Dani que tenía problemas económicos por unos negocios que montó años

atrás y que sólo le dejaron aguajeros y trampas que todavía debía a

Hacienda, la Seguridad Social y antiguos socios, vio en la desesperación de

Rita por un hombre la salvación a sus problemas económicos.

Se imaginó que si llegaba a casarse con ella a pesar de los veintinueve

años de edad que los diferenciaba, ella se dignaría a ayudarle en todos sus

problemas y una vez finiquitadas todas las deudas que tenía, podría pedirle

el divorcio no sin antes convencerla de que le comprase algún local para

poner juntos algún que otro negocio.

Por tanto frente a los sentimientos trasparentes y sinceros de Rita, Dani

ocultaba su verdadero interés hacia esta relación, pero aún así Rita no

captando las intenciones de Dani aceptó casarse con él y se fueron juntos a

vivir al apartamento que Rita tenía a pie de playa de doscientos cincuenta

metros cuadrados.

Comenzaron por tanto la convivencia pero sin embargo no empezaron a

salir las cosas como Dani había planeado, para empezar Rita era una

persona super desconfiada en lo que a su dinero se refería, no dejaba

conocer a Dani el saldo de sus cuentas bancarias, ni el número de acciones

que poseía además de no enseñarle donde tenía escondidas las escrituras

de sus casas y sus fincas. En lo que se refería a la donación de dinero que

Dani esperaba recibir de Rita, tampoco esta se producía, y las deudas de

Dani continuaban igual o superiores puesto que le iban corriendo los

intereses de demora.

La razón que Rita argumentaba para no prestarle ningún dinero era que su

difunto marido a pesar de haber muerto con setenta y ocho años sin

embargo fue siempre un caballero no aceptando dinero de ninguna mujer y

luchando desde que tenía dieciocho años por la empresa que montó.

Toda esta situación creó en Dani un resentimiento hacia Rita, no

encontrando por tanto ningún beneficio para él, el matrimonio con una mujer

que además le doblaba la edad y no le apetecía casi sexualmente, por tanto

ante la desesperación de intentar llegar a conseguir sus objetivos sea como

fuere decidió urdir un plan que consistiría en envenenarla poco a poco para

que cuando su salud fuese ya muy débil pudiese convencerla para firmarle

traspasos de dinero a sus cuentas bancarias e incluso la venta de alguna de

sus propiedades.

Dani ejecutó su plan y Rita después de meses e ir consumiendo el veneno

sin ella darse cuenta empezó a sentir ya algunos síntomas, como que se le

nublaba la vista al ir caminando por la calle, temblores en las manos como si

de Parkinson se tratase, o sintiendo fatiga después de comer.

En ningún momento se le podía pasar por la cabeza a Rita el que estuviera

siendo envenenada por su pareja ya que éste mostraba una actitud

tremendamente afectuosa hacia ella en todo momento.

Se dirigió por tanto Rita a la clínica donde habitualmente la veían sus

médicos que tenía concertados con su seguro médico privado, y después de

algunas pruebas y chequeos los médicos le manifestaron estar ante unas

sintomatologías muy extrañas y que no le encontraban una explicación

coherente. Sin embargo después de quince días fue llamaba personalmente

por su médico de medicina general a su móvil el cual le comentó que debían

de reunirse urgentemente porque había visto algo en los análisis de sangre

de Rita.

Se citaron para las cinco de la tarde este mismo día y el médico le informó

que había encontrado mercurio en su sangre en una proporción de diez por

ciento.

Rita alarmada le preguntó:

--- ¿Doctor hábleme claro, que es el mercurio en la sangre?

A lo que el doctor le respondió:

--- Sra. está usted siendo envenenada por alguien de su alrededor.

----¿Podría usted sospechar de alguien que por cualquier razón deseara su

enfermedad e incapacitación absoluta o su muerte?-

Rita que en este momento se encontraba super nerviosa, le comentó al

doctor que ella no tenía enemigos ni tampoco viejos amantes que sintieran

resentimiento u odio hacia ella-

El doctor muy hábil le preguntó:

---¿Pero está usted casada en la actualidad?

A lo que Rita le respondió que sí pero que su nuevo marido era una persona

encantadora y que desde su matrimonio había sido muy complacida y feliz

con él. Rita ocultó al doctor la diferencia de edad que mantenía con Dani ya

que este dato podría influir a sospechas, auque Rita descartaba en su

mente una y otra vez la idea de que su marido estuviera tramando

envenenarla y más cuando según pensamientos de ella a Dani a su lado no

le faltaba nada de lo que alguien pudiera desear.

El doctor cambiando de tema, le comentó que la manera en el que el

mercurio estaba siendo introducido en su cuerpo era a través de la comida o

de la bebida, y que por tanto le aconsejaba comer desde este momento y

por el plazo de dos meses siempre en su casa y con comida y bebida que

ella controlase desde su compra hasta el momento en que lo ingiriese.

Posteriormente a los dos meses, el doctor volvería a hacerle los análisis

para comprobar que los niveles de mercurio estaban descendiendo, y por

tanto descartar que el veneno entrase en el cuerpo de Rita por otro camino

como en algún restaurante al que visitase a menudo, o la casa de alguna

amiga a la que asiduamente fuese para tomar café.

Fue de esta manera como la vida de Rita cambió radicalmente, de ser una

persona alegre, confiada y distendida con sus amistades y con su marido, la

conciencia de que alguien quería envenenarla la convirtió en una persona

paranoica, neurótica e incluso hipocondríaca. A cualquier síntoma de

dolencia lo achacaba a que de alguna manera el nivel de mercurio le estaba

subiendo y deseaba que pasaran rápidamente los dos meses de prueba

para volver a chequearse con el doctor.

Rita de esta manera compraba su propia comida, y su bebida, le comentó a

Dani que se había obsesionado por la dieta y que quería perder unos cinco

kilos y que no lo podría conseguir si seguía guardando todos sus alimentos

juntos con los de él, ya que según le comentó Rita pensaba ceñirse

exclusivamente a frutas, verduras, carne, pescado a la plancha y agua, para

lo cual había comprado una nevera para ella aparte, y que tal era su

compromiso con la pérdida de los kilos que para evitar picar entre horas,

había comprado una pequeña cadena y un candado para cerrar su nevera y

de este modo no tener la tentación de comer entre horas.

Rita que pensó que si era Dani el que la envenenaba debía de haberse

sentido airado por la decisión de no compartir su comida con la de él en la

misma nevera y por tanto no poder tener acceso ella, se quedó sin embargo

sorprendida cuando vio sus respuestas pasivas a todo esto, de esta manera

Dani le comentó que le parecía una idea genial que ella se dispusiera a

perder peso y a querer estar más sexy y femenina para él, aunque

abrazándola le miró a lo ojos y le dijo melosamente:

----Pero tú ya eres sexy para mí incluso con estos kilitos más que te sobran.

Todo esto desconcertó más a Rita que dudó completamente de que su

marido estuviese urdiendo un plan para quitarla de en medio y empezó a

barajar la idea que quizás fuese alguna de sus amigas a las que de vez en

cuando visitaba y que llenas de celos por el marido tan joven y guapo que

ella tenía éstas la odiasen y quisieran que su felicidad la disfrutase poco

tiempo.

De esta manera Rita se pasó los dos meses comprando ella su comida,

escondiéndola en la nevera bajo llave y cocinándosela ella misma, no dejando

que Dani la tocase en ningún momento, durante estos dos meses igualmente no

aceptó comer ni beber en ningún bar ni restaurante a los que acudió con su

marido ni tampoco frecuentó la casa de sus amigas para tomar té o café.

Su vida se volvió gris, no podía planear hacer nada porque estaba

obsesionada con los niveles de mercurio que el doctor encontró en su

sangre, pero a pesar de todos los esfuerzos que Rita estaba haciendo, sin

embargo sus dolencias aumentaban, la visión cada vez se le tornaba más

nublada, sentía mareos y vértigos cuando se asomaba a la terraza de su

apartamento, la comida le daba en muchas ocasiones arcadas, y los

temblores en las manos aumentaban conforme iban pasando los días.

Pasaron por fin los dos meses y Rita se dirigió a la consulta del doctor más

preocupaba que nunca, había seguido todos los pasos que éste le dio y ella

era consciente que no había tomado nada que ella no fuera la única que

había manipulado y aún así su salud empeoraba. El doctor por tanto le

realizó de nuevo los análisis de sangre y encontró sorpresivamente que sus

niveles de mercurio habían aumentado.

---Rita alarmada preguntó:

---¿Doctor, no será que me estoy muriendo y que usted no me lo quiere

decir? ¿No será que el mercurio lo produce mi sangre?

El doctor taxativamente le respondió:

--Sra. soy médico, tengo un título que tardé diez años en conseguir con mi

especialidad, y le prometo que quemaría mi título si lo que le estoy diciendo

no es cierto.

--- Sra. el mercurio es un veneno y a usted de alguna manera alguien se lo

está introduciendo en su cuerpo, pero la manera en que lo está haciendo no

la sé ni yo.

Rita abandonó la consulta del doctor sintiéndose más abatida que nunca.

Era una persona rica, casi en la flor de la vida, con un marido guapísimo, y

unos hijos y nietos fabulosos, y por alguna razón alguien la estaba

envenenando y encima de todos sus males no sabía el método en que el

veneno llegaba a su sangre.

Era una situación de gran impotencia, ya desconfiaba hasta del aire que

respiraba, probó no echarse perfume por si el agua del perfume atravesaría

su piel y traspasaría a sus venas y arterias, pensó que quizás el mercurio se

desprendiese de los ocho empastes que tenía en sus muelas, llegó incluso

a pensar hasta en el cepillo con el que cepillaba su pelo, quizás las púas del

cepillo podrían estar impregnadas con veneno y traspasar su cuero

cabelludo hasta alcanzar el cerebro y su sangre o incluso en los bastoncitos

para limpiarse los oídos.

Todo era sospechoso a su alrededor, pero Dani a pesar de que la salud de

Rita iba deteriorándose poco a poco no mostraba sorpresa ante la situación

que vivía manteniendo igualmente su carácter cálido y afectuoso hacia ella.

Sin embargo algo le hizo sospechar, y fue cuando él empezó a interesarse

por las cantidades de dinero que tenía Rita a plazo fijo en el banco. Dani le

comentó que tenía que estar informado de todos sus bienes porque él era

su marido y si algo le pasaba a ella tenía que saber lo que existía de

patrimonio. Este interés de Dani por su patrimonio y no tanto por su salud le

hizo sospechar profundamente que la persona que la estaba envenenando

era su pareja. No quiso comentarle a nadie sus sospechas pero se desafió a

sí misma para encontrar el motivo y las pruebas de su envenenamiento

progresivo y denunciarlo todo a la policía antes de quedar postrada en una

silla de ruedas o en una cama.

Rita se dio cuenta lo frágil que puede llegar a ser el ser humano y que

muchas veces no tenemos las llaves de nuestro propio destino sino que

otros son los que nos marcan las pautas a seguir.

Cogió la poca fuerza espiritual y física que le quedaba y se dirigió al

laboratorio de la clínica donde había quedado citada con su doctor para que

trajese en una bolsa los utensilios que sin ser alimento o bebida estaba

utilizando en su casa y que tenían contacto con su cuerpo, de esta manera

metió en la bolsa, sus perfumes, sus peines y cepillos, los bastones de

limpiarse los oídos y estando convencida que lo llevaba todo salió de su

apartamento y entró en el ascensor para dirigirse al portal y posteriormente

a su coche. Sin embargo cuando estaba en el ascensor llegando a la planta

baja, tuvo una premonición y es que quizás el veneno podría estar en la

pasta dientes que utilizaba cada día. Como una bala, volvió a pulsar el

botón de la cuarta planta donde vivía y entró apresuradamente al cuarto de

baño llevándose en este caso su cepillo de dientes y la pasta dentrífica,

sintió mareos intensos al entrar de nuevo en el ascensor y que la mano le

temblaba cuando fue pulsar el botón de bajada. Rita se dio cuenta que el

tiempo que ella tenía para averiguar la causa de sus males era ya ínfimo y

que tenían que darse prisa en la clínica para averiguar de donde provenía el

mercurio.

Pasaron siete largos días en la vida de Rita, sintiéndose cada vez más débil

ante la impasible mirada de su marido que para colmo de males no le podía

dejar que la ayudara preparándole nada de comer ni de beber puesto que

Dani en la actualidad estaba en el punto de mira de las sospechas de Rita.

Así fue como el doctor la llamó al octavo día de haber llevado los utensilios

a la clínica y el doctor telefónicamente le confirmo que el mercurio estaba en

la pasta de dientes, el cual era premeditadamente introducido por alguien a

través del orificio del tubo con una jeringuilla y el veneno cada vez que Rita

se lavaba los dientes se iba introduciendo a través de las mucosas de la

boca y de la garganta por todo su cuerpo.

Rita tuvo sentimientos contradictorios al recibir la noticia, por una parte se

sintió desolada al confirmar que su marido era el que la estaba

envenenando y que todas las ilusiones que puso en su matrimonio

quedaban destruidas, pero por otra parte se sentía aliviada porque había

descubierto la causa de su males y ya los médicos la podían recuperar y

paliar todas las dolencias que había ido adquiriendo con la ingerencia del

veneno.

Rita interpuso la correspondiente denuncia a su marido adjuntando a la

misma, la prueba fidedigna de lo que relataba, la cual era no sólo el tubo de

pasta de dientes sino el análisis del mismo donde contenía que la pasta era

portadora de mercurio en nivel del cincuenta por ciento, causante de la

muerte de una persona en el plazo máximo de cinco meses por la vía del

envenenamiento.

Dani fue arrestado y puesto a disposición judicial, el Juez ordenó además

una orden judicial de registro tanto del apartamento donde vivía con Rita

como del coche de Dani, donde se le fue aprendido un pequeño frasco de

Mercurio el cual confesó haberlo comprado en Gibraltar en un laboratorio de

un amigo suyo químico que se lo elaboró pensando que era para matar las

avispas en su jardín.

Dani fue mandado a prisión provisional sin fianza por tentativa de asesinato

con alevosía y premeditación y desde la cárcel le seguía escribiendo cartas

a Rita clamando su perdón y solicitándole que viniera a visitarlo.

Nada de esto evitó que Rita se divorciara de él enviándole la demanda al

juzgado y dándole el juez de instrucción permiso para salir el día de la

celebración del juicio de divorcio, volviendo de nuevo a prisión a la espera

de su juicio penal por tentativa de asesinato.

Terminó Rita de relatarme toda su penosa historia, y le comenté que la

historia me había impactado profundamente y que comprendiendo lo que

ella había pasado no la invitaba a tomar una copa, ya que en la oficina tenía

yo también una pequeña nevera con cervezas y Martini Rosso, de manera

que le pregunté que si no le importara que yo me sirviese una copa mientras

seguía escuchándola.

Ella asintió, no molestándole que yo me sirviese un trago y seguimos con la

conversación.

Después de todo lo explicado me dijo que ella lo que quería era pedirle una

indemnización por daños y perjuicios a su exmarido por las secuelas físicas

que le había dejado el estar tres meses más o menos bajo los efectos del

mercurio. Le comenté que la petición de la responsabilidad civil derivaba de

un delito o falta se hacía en el mismo procedimiento penal y que sería el

Fiscal si ella no contaba con acusación particular el que procedería a

reclamarle todos los daños y perjuicios que le hubiese causado el imputado

y futuro condenado con la realización del delito.

Rita se quedó más aliviada, y me preguntó que cuanto me debía por la

consulta, yo desorientado le respondí que realmente su historia me había

servido a mí como aleccionamiento sobre la naturaleza del ser humano y

hasta donde puede llegar la maldad, por lo que le dije que no me debía

nada y que si tenía algún problema en un futuro que no dudase en contactar

conmigo.

La historia de Rita me dejó boquiabierto, con mi profesión no ganaba para

sorpresas, por lo que ya me llegaba yo a preguntar:

--¿Pero de quién se puede uno fiar?

El ser humano siempre persigue un interés y nuestros sentimientos

inocentes nos pueden hacer caer en las garras de nuestro depredador sin

darnos cuenta.

Creo que en las únicas personas que uno se podía llegar a fiar era en los

genios, los genios al fin y al cabo viven por y para su

trabajo y su arte y están tan ensimismados en lo suyo que no prestan

atención a los demás seres humanos y por tanto no tienen intención de

aprovecharse de ninguno de ellos porque ellos son lo bastante egocéntricos

y autosuficientes que no necesitan estafar a nadie.

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