El Español de Costa Rica en los Relatos de los Viajeros por Miguel Ángel Casado - muestra HTML

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EL ESPAÑOL DE COSTA RICA EN LOS

RELATOS DE VIAJEROS

MIGUEL ÁNGEL QUESADA

RESUMEN

Análisis lingüístico de algunos rasgos peculiares del español de Costa Rica hallados en los escritos sobre este país, redactados por extranjeros que lo han visto desde la época colonial.

Si bien los documentos analizados se refieren a otros aspectos de la vida y la sociedad costarricense, tal como los percibió el visitante en sus descripciones, no pasan inadvertidas ciertas peculiaridades de la forma de hablar del costarricense de la época, las cuales son susceptibles de ser analizadas lingüísticamente.

Introducción

Las relaciones de viajeros por acerca de un país, de su gente, de sus usos, costumbres, naturaleza y ambiente, es uno de los datos más preciados con que cuenta la historia de una región o país (cfr. Thermer: 1962; p.57 Y ss.). Respecto de Costa Rica, desde hace años algunos historiadores como Fernández Guardia (1929, 2a. ed. 1985) y Carlos Meléndez (1962), conscientes del valor de tales relatos, se dedicaron a rescatar y traducir varios de los diarios de viaje redactados por individuos que pasaron por el país durante el siglo pasado.

A este insigne propósito pueden hacerse los siguientes comentarios. En primer lugar, los historiadores mencionados dan prioridad al siglo XIX, ya que es durante ese siglo cuando se cuenta con la primera gran cantidad de relatos sobre Costa Rica. Parece que la corriente romántica europea, que propició desplazamientos del individuo hacia regiones totalmente desconocidas, unida al deseo de los gobernantes costarricenses de la época por atraer inmigrantes y habitar el escasamente poblado territorio, justifica tanta referencia sobre esta nación centroamericana (1) en relativamente tan poco tiempo. En segundo lugar, no dan importancia absoluta al aspecto lingüístico de los relatos. En algunas ocasiones se limitan a aclarar, a manera de nota, que determinada palabra aparece en español en el texto original, pero su interés primordial se centra en dar a conocer los textos para futuros trabajos de tipo histórico o etnológico, sin percatarse de que, cada vez que un narrador ponía una palabra o frase en español, estaba dejando huella del estado de la lengua en la época cuando se escribieran los relatos.

Fin del presente ensayo es, precisamente destacar y describir aspectos fonéticos (gráficos), morfosintácticos y léxicos de los textos de viajeros sobre Costa Rica, que revelan características particulares, dialectales, de la lengua española hablada en los períodos cuando se redactaron. Con ello pretendo contribuir al estudio de la historia y desarrollo de la lengua española en Costa Rica y de sus particularidades dialectales, y vista desde la perspectiva de autores extranjeros, cuya mayoría no tenía el castellano como lengua materna, a pesar de las limitaciones que este factor conlleva.

Los relatos susceptibles de ser analizados acá y que hasta la fecha he podido recoger fueron escritos entre 1571 y 1944.

Fuentes

Cuando un viajero pasaba por determinada región y disponía de los medios que le permitieran publicar sus andanzas, sus aventuras o sus análisis científicos, el interés fundamental era dar a conocer sus peripecias, sus investigaciones o bien la calidad del lugar que había visitado. En cuanto a Costa Rica como país de visita o de investigación, los viajeros dejaron valiosos testimonios de su configuración climática, de sus recursos naturales, de su flora y fauna, de sus habitantes, costumbres y actitudes frente a los extranjeros. Pero, lo que es más valioso para el tema que ahora nos ocupa, también dejaron huellas de sus hábitos lingüísticos, aspecto que hasta la fecha no había sido explotado por los estudiosos de la lengua.

Desafortunadamente, el territorio costarricense no cuenta con tantas descripciones ni tantos relatos de parte de viajeros, religiosos o científicos como los han tenido otros países de América Central a través de los siglos. Y esto tiene su explicación. Costa Rica nunca fue una colonia americana que despertara un profundo afán de poblamiento o que presentara grandes probabilidades de rápido enriquecimiento como sus vecinos Guatemala, Nicaragua, Honduras o Panamá, los cuales poseían prósperos asentamientos mucho antes de que se iniciara el proceso conquistador y colonizador de la última de las provincias de la Audiencia de Guatemala, en 1561. No obstante, los aspectos de carácter lingüístico que encierran las narraciones que esbozan la vida y las costumbres de Costa Rica durante y después del régimen colonial son en algunos niveles de la lengua -por ejemplo el léxico semántico- lo suficientemente amplios como para darnos una idea del estado lingüístico del país durante las épocas correspondientes a su descripción.

En todo caso, los datos que son susceptibles de ser explotados lingüísticamente en tales narraciones no deben verse aisladamente, como si fueran la única y absoluta fuente de información sobre el español de Costa Rica en siglos pasados, sino más bien como un valioso complemento a otros materiales redactados en el país y por sus habitantes, los cuales nos pueden dar una mejor y más precisa idea de la gestación y del desarrollo de la lengua española en el mencionado país a lo largo de su historia.

Los relatos con que contamos para hacer nuestras pesquisas sobre la lengua castellana en Costa Rica en siglos anteriores se pueden resumir en tres grupos: a) diarios: los viajeros dejaron constancia de sus impresiones en diarios que publicaban por lo general en su país de residencia, después de regresar del viaje, b) cartas de relación: escritas normalmente por individuos enviados por alguna institución de orden superior (el Rey, la Audiencia de Guatemala, un convento) con el fin de reconocer la región y de dar cuentas de sus explotaciones, c) artículos de revista: los visitantes eran investigadores científicos (casi todos en el área de la ciencias naturales), que enviaban o llevaban sus avances o sus resultados a revistas especializadas en sus respectivos países o donde fuera posible publicarlos.

En cualquiera de los grupos de escritos antes mencionados, los autores dejaron huellas de los usos lingüísticos de Costa Rica de dos maneras, o bien expresando explícitamente que talo cual palabra u otro uso se dice en el país, o bien poniendo en español la palabra o evento lingüístico en cuestión.

Para efectos de análisis de los relatos, se han tomado en cuenta únicamente los originales, salvo que el traductor especifique si la palabra o giro estaba escrita en castellano en el original.

El presente ensayo no tiene la intención de ser exhaustivo, ya que es de por sí una tarea única y de gran consumo de tiempo recoger todos y cada uno de los relatos publicados sobre Costa Rica en periódicos, revistas y libros del extranjero durante tantas décadas de su existencia. Tomamos una pequeña muestra de lo que se ha podido recoger hasta ahora, como punto de partida para futuros trabajos de recolección que a la larga servirán para fuente de estudios en diversas disciplinas.

Los viajeros

Existen muchos relatos y descripciones de viajeros por Costa Rica, pero muchos tampoco dejaron testimonio alguno del estado lingüístico del país. Obviamente no serán tomados en cuenta para este artículo. Respecto de los autores que se han incluido acá, algunos de ellos eran simples viajeros de carácter turístico, cuyo fin era conocer Costa Rica y darla a conocer a sus coterráneos. Otros eran colonizadores enviados por el Rey o por alguna otra institución encargada de vigilar o de revisar los mecanismos de control de sus súbditos (en especial durante la Colonia). Otros eran clérigos cuya misión era evangelizar, pero también se ocupaban en informar a los respectivos conventos sobre sus acciones y sus logros, como en describir la región donde catequizaban.

Varias son las maneras como los viajeros dejaron huellas de la lengua española en Costa Rica. La manera más común es explicar y anotar en español el significado del objeto a que se referían.

Algunos ejemplos:

1. Th. Gage, 1636: "Those I ndians are emploved like slaves by the Alcalde Mayor to make him a kind of thread called pita" (p. 322) 2. Anónimo, 1860: "Sie werden hier Puentes de hamaca genannt, d.h.

Hangemattenbrücken, denn sie gleichen in der That einer Hangematte" (Das Ausland: p.

1183) 3. A.v. Frantzius, 1861: IIChiquiza, ein AltIndia-nisches Wort, bedeutet Wespe oder Hummel" (p. 330)

4. C. Bovallius, 1887: IIDet var ett fullvuxet, sardeles vackert exemplar, fran nosspetsen till svansroten matte den 75 centimeter, svansen var ungefar halften sa 19n9.

Arten Kallas i Costa Rica "cauzel" (Felis tigrina)" (p. 186) En otras ocasiones el autor se limita a escribir la palabra (en castellano si el texto está en otro idioma) sin dar mayor explicación, de lo cual se deduce que el receptor -el lector-de antemano sabe a qué se refiere, normalmente porque el contexto ayuda a comprender su significado, o porque, estando el texto redactado en castellano, el emisor da por un hecho que el lector comprende el referente, aun cuando este sea un objeto no conocido en otras partes, o bien conocido pero con otro nombre: 1. Fray M. de Urcullu, 1763: "Lo que producen dichas montañas (de Talamanca) para la vida humana son plátanos con abundancia, pigibaves, guayabas, yucas, camotes, batatas y mucho maíz" (p. 132)

2. F. Belly, 1867: "du café sans goOt, sucré avec de la chancaca" (p. 368) 3. K.v.Seebach, 1865: "Der Bolzón ist, so weit ihn die Fluth füllt, ein breiter, für die grossten Bongos noch bequem farbarer Fluss" (p. 249) Por último, el autor escribe una voz a través de la cual refleja una variante fonética respecto de la pronunciación estándar, como se verá en el punto 4.

Poco se sabe de los individuos que escribieron sobre Costa Rica en siglos anteriores (2).

De todas maneras, para efectos del presente artículo tal aspecto no es fundamental. En nuestro caso basta con que dejaran testimonios lingüísticos sobre las regiones que visitaron y describieron.

De los autores susodichos, mención especial merecen el colombiano José Joaquín Borda y los valencianos José Segarra y Juliá, porque sus trabajos reflejan un hondo y particular interés por reflejar la situación lingüística de Costa Rica, su manera peculiar de hablar, en contraposición con los hábitos lingüísticos de los visitantes en su paso por el país y según las conversaciones que tuvieron con sus habitantes. El artículo de Borda, intitulado "Provincialismos de Costa Rica" (Bogotá 1865), es una especie de trabajo híbrido, donde el escritor describe el viaje que realizó de Puntarenas a San José a mediados del siglo pasado, no con la intención de relatarnos sus aventuras, como lo es normal en los diarios de viajeros, sino con el propósito de dar a conocer algunos aspectos dialectales léxicos de Costa Rica. Así, a través de su narración apunta un buen caudal de voces y giros usados en el país anfitrión y por personas con las cuales entró en contacto; a veces las compara con algunas usadas por sus compatriotas. Debido a que Borda recopila conscientemente tales vocablos, podemos decir que es el primer autor de un glosario de costarriqueñismos, aunque no los organizara alfabéticamente.

Por su parte, el fin de los periodistas valencianos en su libro conjunto Excursión por América (San José 1907) es más que todo literario, costumbrista. Por ejemplo, el capítulo IV del libro, intitulado liLa Numancia" (págs. 70-82), es un verdadero cuadro de costumbres, donde se narra y describe la vida y ciertos hábitos lingüísticos de una parte de la región atlántica de Costa Rica. Además, recogen con todo cuidado voces referentes a ciertos aspectos productivos del país como el procesamiento del café, la minería, las plantas y los animales, todo con su léxico respectivo, a tal punto que bien se podría hacer un extenso glosario de voces costarricenses con el material recogido por los autores.

Aspectos fonéticos (gráficos)

Es el punto más escabroso de esta investigación. Primero, porque las palabras que vienen escritas en español, que muestran algunas particularidades fonéticas, han sido consultadas a partir de ediciones tardías, de publicaciones, y en ningún caso se han revisado manuscritos de puño y letra de los autores. Por lo tanto, no sabemos si en realidad estos quieren darnos a conocer las variaciones de pronunciación de los costarricenses ya que, salvo los mencionados Borda, Segarra y Julia', ninguno de los otros personajes nos describen explícitamente variedades fonéticas del español hablado en Costa Rica, o si las transcripciones han sido errores de imprenta a lo largo de tantas ediciones. En segundo lugar, porque tampoco sabemos si fueron errores de percepción del viajero -suponiendo que nos están legando la pronunciación exacta-, el cual muchas veces apenas conocía algunas estructuras de la lengua española.

Por consiguiente, he andado con mucho cuidado a la hora de discernir, entre tantos hechos gráficos, cuáles de ellos en realidad reflejarían hechos fonéticos propios de la lengua hablada, y he distinguido dos grupos. En el primer qrupo se reúnen las variantes que lOS autores apuntan conscientemente como hechos fonéticos divergentes de la norma. Entre ellos están los ya citados Borda, Segarra y Juliá, y las características que nos señalan son:

a) cambios de acento: ái por ahí, báules por baúles (Borda): 1865; p. 123), hombré (Segarra: 1907; p. 80). Respecto de este punto Borda es todavía más explícito:

". . .en estas tierras se acostumbra. . . convertir en diptongos vocales que debe pronunciarse separadas y con distinto acento;' (p. 123) b) reducción vocálica: pos por pues (Segarra, p. 78), duo mes por de un mes, lumedad por la humedad (Segarra, p. 80)

c) desaparición de (-d-): descuidao (Borda, ibid), condenao (Segarra, ibid) d) reforzamiento: degüelvo por devuelvo (Segarra, p. 79) e) reducción consonántica: quezal por quetzal (Borda, p. 124) f) reducción fonológica: susedió por [su8edjó] , hasienda por [a8jéndaJ (Segarra, págs. 78 y 80)

g) metátesis: morciégalos (Berggren 1893; p. 26) ultracorrecciones: pichichillo por pichichío (Wagner y Scherzer 1856; p. 511). por murciélagos h) En el segundo grupo se apuntan hechos gráficos que bien podrían reflejar hechos fonéticos, pero que están apuntados sin mayor explicación o que no se registran en las fes de erratas correspondientes. Entre ellos tenemos: a) Aredia por Heredia (Trollope 1859; p. 319)

b) Careblanco por cariblanco (Trollope 1859; p.324) c) rial por real (Trollope 1859; p. 266)

d) haga mi el favor por hágame el favor (Wagner y Scherzer 1856; p. 187), e) musquitos por mosquitos (Trollope 1859; p. 300) f) benaos por venados (Wagner y Scherzer 1856; p.126) g) tassao por tasajo (Belly 1867; p. 367)

h) chilcagre por chircagre (Biolley 1889; p. 100) Hechos gráficos como los apuntados los he registrado anteriormente y repetidas veces en documentos de la época colonial y por tanto pueden tomarse como probables casos de hechos fonéticos (cfr. Ouesada Pacheco 1986; p. 41 Y ss.).

Digno de mencionar es el caso de transcripción de la palabra componer por componez, en Wagner y Scherzer (op. cit., p. 382), el cual podría interpretarse como un reflejo de asibilación de [-r], tan común en el español del Valle Central de Costa Rica en la actualidad (3).

Aspectos morfosintácticos

Al respecto los relatos de viajeros son bien parcos, y por una simple razón: la mayor parte de ellos no tiene interés en describir la estructura de la lengua. Aún el colombiano Borda y los españoles Segarra y Juliá, que tanto interés mostraron en el habla costarricense, no nos ofrecen gran variedad a la hora de describir los aspectos morfológicos y sintácticos de la lengua de sus anfitriones. Por el contrario, hay un desconocimiento del tema y hasta se cometen crasos errores, como cuando Segarra trata de pintamos el característico voseo del costarricense:

"pa que apriendas" (p. 78)

"Vos tenés bastante pasto pa questos animales no se mueran de hambre. Yo vos lo degüelvo de los parasales de la hacienda" (p. 79) En los ejemplos anteriores se debió escribir aprendás y te, si se hubiera manejado bien esa forma de tratamiento, no solo propia de Costa Rica, sino de muchos países americanos.

Y a propósito de formas de tratamiento, curiosamente es de los aspectos morfosontácticos que más a menudo se registran en los anales de viajeros por Costa Rica. El primero y más significativo lo hallamos en Wagner y Scherzer (1856), donde se describe explícitamente la forma de tratarse el costarricense en familia:

"Der Vater wie der Lehrer nennen schon den siebenjahrigen Buben "Señor", und reden ihn mit dem gebrauchlichen "Usted", welches in der spanischen

Sprache

der

verkürzte

Ausdruck für "Vljestra Merced" (Ev. Gnaden) ist und unser "Sie" vertritt. Das "Du" ist nicht gebrauchlich, und konnte füglich aus der spansichen Grammatik gestrichen werden"

(Tanto el padre como el maestro llaman al párvu lo de siete años "Señor", lo cual es en la lengua española la expresión "Vuestra Merced" abreviada y representa nuestro "Sie".

El "tú" no se usa y podría convenien_emente qu itarse de la gramática española) (La traducción es mía).

Volviendo al tema del voseo, tanto Borda como Segarra y Juliá nos dejan testimonio de su uso a mediados del siglo pasado y a principios del presente, respectivamente.

Borda lo hace de manera explícita:

". . .en estas tierras se acostumbra acentuar los imperativos, usar el vos en lugar de tú. .

." (p. 123),

y aduce algunos ejemplos:

"Poné ái los báules, decía un amigo al peón del puerto, mirá que vos sos mui descuidao"

(ubi supra)

Ejemplos tomados de los periodistas Segarra y Juliá son los siguientes:

"Mirá, hombre, que esto que cae no es garúa" (p. 78)

"Vos tenés bastante pasto" (p. 79)

Por último tenemos un comentario hecho por F.T. Meagher acerca del uso del título Don en Costa Rica, según el cual servía para dirigirse a cualquier persona, no importa la clase social a que perteneciera, tal como se usa en la actualidad: The title "don" is attached to every man who is not a laborer. It is a mistake to suppose that this title of distinction relates only 10 men of position or wealth. (Meagher: 1873; p.167).

En la época colonial el uso de don estaba relegado a las personas provenientes de una clase social de poder (cfr. Stone: 1976; p. 53).

6. El componente léxico

Sin lugar a dudas es el componente léxico el nivel lingü ístico más y mejor representado en los relatos de los viajeros. Y por una sencilla razón: los visitantes se enfrentan con un mundo de objetos y de significados parcial o totalmente desconocido en su lengua materna, de cuyas denominaciones castellanas se valen para expl icarlas a sus lectores.

Como generalmente esos objetos a los que hacen referencia son propios de la región o del país, naturalmente los nacionales suministraban la palabra local, la usual. De ahí que este tipo de documentación encierre un valor incalculable para la lexicografía diacrónica costarricense. Muchas veces las menciones que hacen de un vocablo representan primeras documentaciones; es decir, no se habían registrado antes en ningún otro documento del país. Y esto tiene otra razón: los nacionales no han tenido la necesidad de aclarar o de explicar talo cual término a sus compatriotas, pues es de esperar que conocieran el referente, siendo propio de la comunidad.

El léxico recopilado en los relatos de viajeros es muy amplio como para ser expuesto en el presente artículo. Eso queda para un diccionario histórico. Pero sí es importante describirlo. En realidad, la mayor parte de las palabras registradas se refieren a la flora y a la fauna del país; otras a artículos fabricados por los nacionales, algunas a aspectos culinarios, comidas y a bebidas,

Entre las palabras referentes a la flora y algunos de sus productos alimenticios, tenemos: Arracache m. (B iolley 1989; p. 72)

Chilamate m. (Wagner y Scherzer 1856; p. 239) Espavel m. (Wagner y Scherzer 1856; p. 466) Guaitirm. (Biolley 1889; p. 78)

Guanacaste m. (Meagher 1873; p. 160)

Gu inea f. (Wagner y Scherzer 1856; p. 415) Higuerón m. (Wagner y Scherzer 1856; p.

442) Icaco m. (Polakowski 1879/1890; p. 195)

Jenjibrillo m. (Wagner y Scherzer 1856; p. 322) Mamón m. (Polakowski 1879/1890; p.

195) Manzana rosa f. (Polakowski 1879/1890; p. 195) Manzanillo m. (Wagner y Scherzer 1856; p. 466) Nance m. (Wagner y Scherzer 1856; p. 434) Pata f. (Wagner y Scherzer 1856; p. 401)

Pita f. (Th. Gage 1648/19; p. 322)

Ronrón m. (Wagner y Scherzer 1856; p. 441) Setilla f. (Wagner y Scherzer 1856; p.

322) Tacaco m. (Wagner y Scherzer 1856; p. 239) Tiquisque m. (Polakowski 1879/1890; p. 195)

En cuanto a la fauna están:

Armadillo m. (Wagner y Scherzer 1856; p. 498) Caucel m. (Bovallius 1887; p. 186) Culebra de sangre (Wagner y Scherzer 1856; p.284) Herrero m. (Wagner y Scherzer 1856; p. 401)

Mono colorado m. (Segarra y Juliá 1907; p. 89) Taltusa f. (C. Berggren 1893; p. 26) Toboba f. (Bovallius 1886; p. 216)

Referente a comidas y bebidas se encuentran (algunas se hallan en la lista de la fauna): Olla de carne f. (Biesanz 1944/1975; p. 67) Pozol m. (Wagner y Scherzer 1856; p. 246) Tapa de dulce (Wagner y Scherzer 1856; p. 252) Tibio m. 'pocillo de chocolate frío'

(Borda 1865; p.124).

Entre los fenómenos atmosféricos tenemos:

Garúas (Wagner y Scherzer 1856; p. 274)

Pintar los meses (Wagner y Scherzer 1856; p. 458) Objetos o costumbres propias del país:

Bongo m. 'tipo de embarcación' (Belly 1867;

p. 370)

Cobo m. 'manta de lana' (Borda 1865; p. 124) Chamarro m. (Borda 1865; p. 124) Chuzo m. (Meagher 1873; p. 163)

Mano m. 'pieza de piedra que sirve para moler'

(Biesanz 1944/1975; p. 64)

Marimba f. (Meagher 1873; p. 160)

Melcochas f.pl. 'fiesta popular donde se obsequia ban melcochas' (Biesanz 1944/1975; p. 108) Nambira f. 'especie de calabaza' (Borda 1865;

p. 124)

Polvero m. 'pañuelo' (Borda 1865; p. 124)

Retreta f. (Biesanz 1944/1975; p. 98)

Tinamaste m. (Borda 1865; p. 124)

Algunas expresiones típicas de Costa Rica:

iAchará! intj. (Segarra y Juliá 1907; p. 78)

Dar cuerda 'flirtear' (Biesanz 1944/1975; p. 101) Fregar tr. (Segarra y Ju liá 1907; p. 75) iGüi! intj. para azuzar los bueyes (Segarra y Juliá 1907; p. 82) Hígado adj., palabra muy de moda a finales del siglo pasado y principios del presente,

.que significaba 'repugnante, pesado' (Segarra y

Juliá 1907; p. 80)

Patas m. 'el diablo' (Segarra y Juliá 1907; p. 92) ¿Ydiay? (Segarra y Juliá 1907; p. 78) Descripciones dialectales

En 1865 Karl von Seebach (p. 242, columna 2), en su viaje por la provincia de Guanacaste, se queja gravemente porque los habitantes de uno y otro lado de las montañas de la región, según el, no sólo tenían diferentes nombres para las montañas y los ríos, sino que a veces ni siquiera sabían cómo se llamaba el río "aus dem sie ihr Trinkwasser sch6pfen" (de donde recogen el agua potable) (la traducción es mía)., Si von Seebach se hubiera interesado un poquito más por indagar si esta gente no solamente utilizaba diferentes palabras para designar topónimos e hidrónimos, sino también para nombrar las cosas que los rodeaban, ésta hubiera sido la primera descripción completa de por lo menos la provincia de Guanacaste. Pero esperar que un viajero, que no tiene nada de experiencia ni de interés en el campo de la ciencia lingüística, haga una descripción de la situación dialectal de Costa Rica, es más que imposible y sería mucho pedirle. Si la mayoría de los autores difícilmente dominaba el castellano, igualmente difícil será que hayan captado diferencias dialectales entre las diversas regiones del país. Con todo, se halla un par de referencias que nos podrían ser de gran utilidad, ya que guardan en el fondo vagas descripciones dialectales de Costa Rica. El primer escritor que hace una referencia a la forma específica de hablar del costarricense es el mencionado colombiano José J. Borda, quien hace una comparación del habla de su tierra con la del país visitado:

"En las conversaciones que tuve con ellos (con los habitantes de Puntarenas) i con los habitantes de la capital (San José) noté una perfecta identidad en el acento, lo mismo que en las costumbres, con mis paisanos de Cundinamarca y Boyacá. AII í como en estas tierras se acostumbra acentuar los imperativos, usar el vos en lugar de tú i convertir en diptongos vocales que deben pronunciarse separadas i con distinto acento"

(p. 123)

La segunda referencia que tenemos para el siglo XIX se encuentra en el alemán H.

Polakowski, el cual, tocando el tema de las maderas, nos dice:

"Ein Haufen kleiner Holzscheite, auf welche Namen wie cedro, cedrillo, cedrillo blanco u.a. geschrieben waren, reprasentierte die Sammlung der Nutzh61zer Costa Rica's. Die Namen sind die von den Landbewohnern der betreffenden Holzarten nach der Farbe derselben oder nach ahnlichen ausseren Kennzeichen gegebenen. 'Wie alle Volksnamen sin dieselben natürlich Provinzialismen, ich habe gesehen, dass die gew6hnlichsten H6lzer, Früchte und Pflanzen verschiedene Namen in Puntarenas, San José und hinter Cartago führen" (Polakowski: 1876; p. 742 y s.) (Un montón de pequeños trozos de madera, sobre los cuales estaban escritos nombres como cedro, credriÍlo, cedrillo blanco y otros, representaba la colección de las maderas preciosas de Costa Rica. Los nombres de las correspondientes clases de madera han sido los dados por los habitantes según el color de las mismas o según características externas similares. Como todos los nombres populares son los mismos naturalmente provincialismos, yo he notado que las maderas, frutas y plantas más comunes conllevan diferentes nombres en Puntarenas, San José y más allá de Cartago) (La traducción es del autor).

Sin ser Polakowski un lingüista, sus afirmaciones anteriores tienen para la dialectología costarricense un valor muy grande, porque es la primera vez que aparecen explícitamente descritas las di"isiones dialectales del país en tres zonas: la costera pacífica, la central y la atlántica. Desafortunadamente -y es obvio, por no ser de su incumbenciaPolakowski no nos deja testimonio de otras variantes léxicas ni apunta cuáles fueron las palabras q¡¿e en esas regiones del país se decían de una u otra forma.

Observaciones finales

En el presente ensayo se han reunido muestras de escritos de viajeros por Costa Rica desde los primeros años de la vida colonial hasta mediados del siglo XX, con el propósito de descubrir los aspectos lingüísticos propios del país, y de describirlos.

Obviamente, el español que escuchó y aprendió Thomas Gage en su estadía por Centroamérica a mediados del siglo XVII no fue el mismo que escucharon los peninsulares Segarra y Juliá en Cuba o en Costa Rica a principios del siglo XX. Si he agrupado todos los datos en un solo corpus, es precisamente por la escasez de ellos, por lo parco de las descripciones lingüísticas que efectúan los autores revisados y por la poca frecuencia con que se hallan escritos referentes al país en siglos anteriores.

A pesar de los escasos datos con que contamos, se puede afirmar que, exceptuando los mencionados escritores José Joaquín Borda y los periodistas valencianos Segarra y Juliá, los aspectos lingüísticos sobre el español de Costa Rica, encontrados en los relatos de los viajeros consultados en el presente artículo, son por así decirlo efectos de una actitud extralingüística que, por diversos factores, hizo que fueran plasmados en sus escritos: la necesidad de describir el animal, ra planta, el objeto, la costumbre que se observaban durante la estadía por Costa Rica, el deseo de que sus compatriotas comprendieran lo que se les quería contar y de que conocieran el significante usado por los costarricenses para designar su mundo. Dicho con otras palabras, en los autores no existe la inquietud meramente lingüística de dejar registrada la manera de hablar del costarricense que le tocó conocer, según la época y la región visitada.

Aún así, estos viajeros por el país nos han legado uno de los más valiosos documentales con que nos podemos servir para describir la situación lingüística de sus anfitriones.

Pero la labor no está concluida. Existen muchos otros personajes que no están representados en el presente artículo, que nos podrán suministrar datos importantes. Y

existirán otros que habrán venido o pasado por Costa Rica, habrán escrito sobre sus habitantes y su ambiente, pero yacen enterrados en algún volumen de revistas'

extranjeras, en bibliotecas y en archivos de otros países. Para encontrar nuevas fuentes se deberá trabajar en cooperación con historiadores, antropólogos, 'sociólogos e interesados en la cultura documental, con el fin de obtener datos más abundantes que nos vengan a enriquecer el panorama lingüístico y extralingüístico de Costa Rica a través de su historia.

NOTAS

1. Cfr. el Bosquejo de la República de Costa Rica (1851) de F. Molina, el cual lo escribió para atraer pobladores al país. Luego fue traducido al alemán y publicado por A.v.Bülow (Die Republik Costa Rica, 1860)

2. Cfr. R. Fernández Guradia, op. cit., el cual agrega una pequeña biografía de los autores que incluye en su libro.

3. Un caso similar lo he registrado en un manuscrito colonial de 1786, donde aparece la palabra alquiler escrita como alquilés (cfr. Quesada Pacheco, op. cit. p.66) BIBLIOGRAFÍA

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Belly, Felix. A travers l'Amerique Centrale. 3 tomos. París: . Librerie de la Suisse Romande, 1867.

Berggren, Carl. Svenska Kolonien " Nueva Suecia", San Carlos, Costa Rica. Uppsala: Tryckt hos Harald Wretman, 1893.

Biblioteca Nacional. Descripción de la Ciudad de Cartago cavea de la Provincia de Costa Rica. Manuscrito No. 3000, finales del siglo XVII (?l. Madrid. Documento inédito.

Biesanz, John y Mavis (1944). La vida en Costa Rica. San José: Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes, 1975.

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