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El Gran Juego

Adolfo Aristeguieta Gramcko

Indice

La obra de Adolfo Aristeguieta Gramcko

Escultismo, una pedagogía para todos los tiempos

El porqué de este libro

Un poco de mi propia historia

Pero en el pueblo había una tropa de "Boy Scouts"

Lo más fascinante era aquel libro

De Baden-Powell se podría decir mucho

Cómo nace la idea

El cuento de Mafeking

"Scouting for boys"

"Brown Sea"

Un Plan, un Método, un Programa

El Plan

El Método

El Programa

Epílogo. 8 de enero de 1983

A QUIENES NO PUDE

INICIAR EN EL

GRAN JUEGO

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El Gran Juego

La obra de Adolfo Aristeguieta Gramcko

Adolfo Aristeguieta Gramcko pertenece al grupo de hombres que deja una profunda huella por todos los escenarios donde le ha tocado actuar. Siempre es recordado con respeto, con admiración, con cariño y con nostalgia.

Frecuentemente se le usa como patrón de comparación o para definir un estilo, describir una atmósfera o señalar un ambiente de trabajo. No se parece sino a sí mismo y muchos caen dentro del magnetismo de su personalidad, para sentirse atraídos, impulsados hacia la superación, lanzados hacia el hallazgo de valores hasta entonces no manifestados en ellos. Es una personalidad altamente carismática.

Poseedor de un inmenso caudal cultural que abarca desde el mundo de la biología, la medicina, la psiquiatría, la historia, la literatura; es un hombre universal cuya especialidad reside en el profundo conocimiento del ser humano, al cual escucha, evalúa, asiste, cura y comprende a plenitud.

Por ello, el presente libro adquiere una dimensión extraordinaria, porque fue escrito por el hijo, por el hermano, el adolescente, el médico, el psiquiatra, el padre de seis hijos, el diplomático, y el amigo.

Fue escrito por alguien que ha vivido a Venezuela y al escultismo con una profundidad que llega al tiempo completo, a la dedicación exclusiva, que llega a la inmersión. Adolfo nunca se limita al parecer, él es.

Cursa sus estudios de primaria en Puerto Cabello y los de secundaria en el colegio La Salle de Caracas, graduándose como bachiller en ciencias biológicas.

Posteriormente estudia medicina en la Universidad Central de Venezuela, obteniendo el título de médico cirujano y luego el de doctor en medicina con una laboriosa tesis sobre medicina tropical. No bastándole este galardón, se especializa, primero en Chile y luego en Suiza en psiquiatría. Apenas graduado, es llamado por el Consejo Venezolano del Niño a organizar y dirigir la Casa de Observación de Menores de Los Chorros, Caracas, en la cual se destaca por la mística de trabajo, por el excelente equipo de colaboradores que logra constituir y por el alto rendimiento que alcanza. Estas cualidades son extendidas luego a todo el Consejo, hoy Instituto Nacional del Menor, que bajo su presidencia alcanza un nivel de elevada eficiencia.

Durante toda esta labor, mantiene un nexo permanente con el movimiento scout, tanto a nivel nacional como a nivel internacional. La Oficina Mundial

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Scout lo lleva a Ginebra, para encomendarle la revisión del programa de adiestramiento, el cual actualiza editando varios manuales que hoy siguen teniendo una vigencia incuestionada.

Nuevamente en Caracas, su ciudad natal, ejerce la psiquiatría por varios años.

El Presidente de la República, Luis Herrera Campíns lo nombra embajador ante el gobierno de la República Federal Alemana. En este cargo, Aristeguieta, quien además del alemán domina otros tres idiomas, se desempeña como represen-tante de su país, vertiendo esta vez sus cualidades de hombre universal al mundo diplomático. El ejercicio de cualquier cargo y el desempeño de cualquier labor se caracterizan por la inmensa dedicación que les profesa, tóquele dirigir un curso de adiestramiento, rescatar a jóvenes del mundo de la delincuencia, curar o representar a su país a nivel diplomático.

Aristeguieta vive a Venezuela profundamente. Vive sus mares, sus bosques, sus valles, sus montañas y sus ríos. Percibe y vive la esencia profunda del país y logra transmitir hacia quienes lo rodean el amor a la tierra, el servicio al prójimo, el dar sin medida, el trabajar sin descanso y una profunda religiosidad, que va más allá del quehacer litúrgico. Es un hombre esencialmente positivo.

Hace todo cuanto esté a su alcance para lograr las metas en las cuales cree firmemente. No se deja mediatizar por la conveniencia personal o la dificultad del momento. Cree en sí mismo, cree en el prójimo, cree en la patria, cree en Dios y todo ello lo comunica, lo transmite sin necesidad de más persuasión que su esencia que hace irradiar a través de su personalidad.

La Asociación de Scouts de Venezuela le debe la implementación del adiestramiento sistemático a través del cual homogeneiza el mensaje pedagógico, ético, filosófico y de anclaje científico. Como fruto de su fecundo aporte a través de los veinte años de servicio ininterrumpido, del equipo humano que logra constituir y formar, la Asociación de Scouts de Venezuela llega a un nivel de prestigio y esplendor jamás alcanzado por agrupación voluntaria alguna en el campo juvenil.

Y cuando nos entrega su síntesis, su razonamiento acerca del por qué de las cosas, encontramos en él la autoridad del ejecutor, la profundidad del pensador, la certeza del científico y la dimensión del hombre completo. Además de una síntesis, es un mensaje de fe y convicción en la escala de valores contenidos en los principios Scouts, que juegan un importante papel en toda generación renovadora que toma las riendas de su vida y de la comunidad por primera vez en sus manos.

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A través de este libro, Adolfo Aristeguieta Gramcko nos entrega el legado más útil que una vida fértil puede transmitir, consistente en la experiencia racionalmente dirigida y didácticamente expuesta.

Gabriel Gaszo

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El Gran Juego

Escultismo, una pedagogía para todos los tiempos

Prólogo a la segunda edición

Lic. Víctor Brenes

Asociación de Guías y Scouts de Costa Rica

Escuela de Filosofía, Universidad de Costa Rica

Presidente de la Comisión de Métodos Educativos del Consejo Interamericano de Escultismo Cuando acepté la amable invitación que me cursó el apreciado amigo don Adolfo Aristeguieta para escribir unas palabras de presentación a esta segunda edición de su obra EL GRAN JUEGO: ANÁLISIS DE UN MÉTODO EDUCATIVO, experimenté que me enfrentaba a un doble y no fácil reto, en la medida en que tenía que cumplir con la tarea -bien honrosa, por cierto- de referirme a un libro extraordinario, como el presente que, además, y como si fuera poco lo anterior, trata sobre un sistema de formación de la juventud -EL ESCULTISMO- "el más colosal método educativo que jamás en la historia antes se hubo logrado". Y me expreso así porque excepcional es, sin lugar a dudas, en la historia universal de la pedagogía, el MOVIMIENTO GUÍA Y SCOUT, y porque excepcional es, también, este libro de don Adolfo que lo analiza.

Y para no andarme con rodeos ni alambicados circunloquios, permítaseme proceder de inmediato al primero de estos dos asertos, a saber: el ESCULTISMO y su incomparable genialidad en el contexto general de la educación; el Escultismo, como me gusta e insisto en llamarlo; "una pedagogía para todos los tiempos". Se trata de una expresión con la que pretendo indicar que tanto la intuición filosófica que está en la base de este sistema educativo (concepción general del hombre y, por ende, sentido de la vida), como el método que del mismo se deriva, se constituyen en elementos fundamentales que alcanzan profundamente la esencia misma del quehacer educativo, por encima y más allá, en consecuencia, de los aspectos circunstanciales y coyunturales que en el defluir de lo histórico, acompañan y encarnan dicho fenómeno.

Y digo esto porque no hay auténtica concepción de la educación más que en la medida en que un determinado sistema pedagógico se presente como un ambicioso proyecto de formación integral del hombre, colocado, por ello, en el trasfondo de una perspectiva de desarrollo equilibrado y armonioso de la personalidad humana, en su doble e inseparable realidad individual y social.

No hay, tampoco y consecuentemente, auténtica educación que pueda soslayar la formación física y corporal del sujeto (Mens sana in corpore sano), así como su ordenamiento a la vida comunitaria y su radical apertura al orden de lo

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trascendente. "El hombre -dijo Pascal- es algo que supera infinitamente al hombre". Y es precisamente en este orden de objetivos pedagógicos (formación del carácter, educación física, manual, social y espiritual) donde se sitúa el MOVIMIENTO SCOUT, organización de educación no formal, complementaria de la tarea del hogar, de la escuela, y de iglesia.

No sin razón afirma nuestro Consejo Superior de Educación -máximo organismo rector, después de la Asamblea Legislativa, de la educación pública costarricense- que "el Escultismo es un sistema pedagógico que constituye un claro, hermoso, muy bien definido y logrado ejemplo de educación integral en todo sentido", añadiendo, en hermosísima y clarividente síntesis, que "el Escultismo es una pedagogía de la libertad y de la responsabilidad, de la alegría y de la fraternidad, de los valores individuales y de las exigencias comunitarias". (Acuerdo del 16-111970; Acta No. 19-70).

Sobre este particular dice MD. Forestier: "El Escultismo se nos ofrece como la más alta aproximación al desinterés y a la nobleza de que es capaz un corazón joven. En verdad, todo es tan excelente en el Escultismo que, sin duda, implica hoy el mejor esfuerzo que haya sido llevado a cabo para realizar las leyes del desarrollo integral de los muchachos.

El Escultismo no es solamente un juego educativo para adolescentes, ya que ciertos elementos de este método genial alcanzan tan profundamente la naturaleza humana que son válidos tanto para el gobierno personal de uno mismo como para la conducta de todos los hombres". Y añade este autor: "El retorno a la vida natural, el respeto al ritmo del esfuerzo y del reposo, las reglas de la sana alimentación, la inmersión periódica en el seno de las fuerzas originales, condicionan y renuevan la salud del hombre.

La impregnación espiritual de la belleza del mundo enseña el respeto a un orden cósmico que tiene en nosotros su correspondencia en la ley moral"

(Escultismo, ruta de libertad). Con acierto se refiere a don Adolfo Aristeguieta en este libro al "...desarrollo del individuo hasta la formación de una persona, capaz de vivir en forma libre, activa y creadora en el grupo humano", tendiente

-me permito añadir yo- a la constitución de un modelo aceptable de sociedad, en la que "más es, quien más capacidad de dar y servir tiene".

En esta forma el Escultismo se presenta al muchacho como un GRAN JUEGO, vale decir como toda una apasionante estructura y oferta de actividades creativas y promotores que lo retan en lo más profundo de su dinamismo juvenil y lo incitan a "vivir intensamente la aventura de la juventud en la

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alegría, la fraternidad y el servicio, identificados con nuestra herencia cultural y comprometidos en la construcción de un mundo más justo y más humano".

Invitación al desarrollo integral, propio y ajeno, en un marco sustancialmente de vida al aire libre, en que se multiplican las posibilidades de servir a los demás y de promover un genuino sentido de autosuficiencia, punto de arranque de toda formación moral, social y política.

El MOVIMIENTO SCOUT es, en palabras de la Licenciada María Eugenia Dengo de Vargas, Ministra de Educación Pública (1978-82), "uno de los sistemas de educación no formal que mayor éxito ha tenido en la historia de la pedagogía, y cuyos principios y método, trascendiendo el marco de su contexto institucional, permean sanamente y vitalizan la misma educación formal escolar" (en: Escultismo para un mundo mejor, Prólogo de la obra LA UNIDAD GUIA Y

SCOUT, Asesoría del Escultismo, Ministerio de Educación Pública, 1981).

Se comprenden así los conceptos que la eminente pedagoga María Montessori escribe a Robert Baden-Powell, Fundador del MOVIMIENTO GUÍA Y SCOUT, con quien mantuvo sustanciosa relación epistolar: "En Inglaterra -le dice- tienen ustedes a los Scouts. Su educación es la continuación natural de la que yo doy a los niños" (citado por M-D. Forestier, Escultismo, ruta de libertad, Parte I, Cap. 1). Y añade estas extraordinarias palabras: "El Escultismo es el sistema de educación que la escuela adoptará el día en que sea lo que deba ser" (citado en Baden-Powell, hoy, Scouts de Francia, cap. 2).

Y A. Feriére, creador en 1917 del término "escuela activa", afirma: "Todo en este sistema -el Escultismo- tan genialmente adaptado al carácter innato y a los gustos de los adolescentes, tiene el espíritu de la Escuela Activa, a saber: ingeniosidad, creatividad, saber despabilarse, sacar provecho de todo, aprendizaje de oficios y habilidades diversas, ejercicios de observación, selfgovernment". (cf. L'Ecole active, 4 edic. Edit. du Forum, Ginebra, 1930, p.

87, citado por Forestier, o.c. Parte I, cap. 36).

Tal es, en modernísima y apretada síntesis, el admirable sistema pedagógico propio del MOVIMIENTO GUÍA Y SCOUT y que, bajo el sugestivo nombre del EL

GRAN JUEGO, el Dr. Aristeguieta analiza en este presente libro.

¿Qué decir, entonces de esta obra? Hay algunos aspectos que, en forma particular, han llamado mi atención y que contribuyen a darle especial valor.

En primer término, se da en este libro una característica nada ajena a otras obras propias del elenco de su fecunda, original y valiosa producción, pero que

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aquí aparece aún más acentuada, cualidad que me complace llamar "unamunia-na". Quiero con esto referirme a esa virtud privilegiada que, en dosis sustanciosa, posee don Adolfo para lograr al instante una cordial y abierta comunicación personal con quienes lo leen o escuchan. Vibrante corriente de simpatía" y cálido fluido de "empatía" que fácil y naturalmente se establecen y hacen del Dr. Aristeguieta un genuino comunicador y un auténtico educador. Aún en el contexto de los análisis más rigurosamente objetivos y sólidamente científicos, don Adolfo sabe mantener y acrecentar este vínculo de relación personal con sus interlocutores, cuyo valor pedagógico y humano no es necesario, por evidente, explicitar.

En segundo lugar, observo que el libro que comento se sitúa en forma permanente en el contexto de una experiencia personal muy valiosa, como corresponde a quien se inició en el Escultismo en los umbrales de la adolescencia, una tarde -como él mismo hermosa y escuetamente nos lo narra con sencillez evangélica- de un ocho de enero de mil novecientos cuarenta y uno, en aquel Puerto Cabello de su hermosa tierra Venezuela. Por ello no se encuentra en esta obra comentario teórico alguno (por ej.: Ley y Promesa Scout) o descripción de las variadas técnicas de campismo -para citar solamente, y a título de modelo, estos dos casos- que no procedan, en mayor o menor grado, del fondo anímico de una vivencia muy personal -con toda la purificante frescura y enorme riqueza que esto implica- enclavada en un determinado momento de su vida scout y, por ende, de su desarrollo como persona.

Se tiene, en consecuencia, la fuerte impresión de que toda esta obra abunda en aquel ímpetu auténtico y cordial propio de lo biográfico. De aquí su fuerza comunicativa y de aquí también su impacto expansivo en el lector.

Más que una presentación fría y objetiva de hechos externos e impersonales, este libro tiene mucho de invitación a recrear un apasionante proceso humano de desarrollo, en el que todos, quiénes más o quiénes menos, podemos vernos reflejados y, en nosotros, a todos los hombres, en esta aventura, en este GRAN

JUEGO -“teatro del mundo”, diría Calderón de la Barca- de un incesante avanzar como flechas apuntadas en el horizonte de lo infinito.

Y en tercera instancia -"last but not least"- un elemento que en forma alguna hubiera podido yo perdonarme no señalar. En efecto, hay algo en este libro, cuyo nervio radicalmente biográfico acabo de indicar, un trasunto o fondo común -casi hipostático- presente también en toda la obra y quehacer polifacético del autor, que le otorga profunda coherencia y granítica solidez.

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Me refiero a ese radical humanismo y profunda sensibilidad con que don Adolfo sabe acercarse al hombre, a todo hombre, en cualquier fase, condición o estado de su existencia. Humanismo y sensibilidad que, en el médico y educador que es, expresan y revelan una muy rica y singular síntesis existencial en la que concurren la piedad, la emoción, la ternura, la fe y la esperanza. -Y ¿por qué no decirlo sin vergonzantes pudibundeces?- la caridad y el amor que él siente por sus semejantes. Creo yo que entonces podemos explicarnos -siquiera en parte- esa conciencia de misión y ese apremiante sentido de urgencia con que lleva a cabo todo lo que hace. "¡Tempus redimentes et spe gaudentes!". Así también se comprende esa profunda unción y genuina reverencia con que se sitúa preferentemente ante el niño y el muchacho, índice que manifiesta la enorme fe que tiene en ellos y, consecuentemente, esa gozosa esperanza que de la misma se sigue.

La presente obra del doctor Aristeguieta constituye, sin lugar a dudas, un jalón de oro en los ingentes esfuerzos que se hacen por extender los beneficios del MOVIMIENTO SCOUT al mayor número posible de jóvenes en esta gran patria que es el continente americano, con particular señalamiento de nuestra región latinoamericana, donde nada abunda tanto como el hambre y la sed de justicia.

Hago votos porque este libro nos ayude cada vez más a redescubrir -volviendo siempre a lo esencial- esos "nuevos rumbos" que han de hacer posible lo que los adultos queremos porque la juventud lo necesita y amerita: UN ESCULTISMO PARA TODOS.

Dr. Víctor Brenes

San José, Costa Rica

15 de agosto de 1988.

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El porqué de este libro

Cuántas veces me encontré ante la mirada perpleja y la risa contenida del interlocutor amigo a quien confiaba la noticia: ¡Yo pertenecía a una asociación de Scouts! Con su expresión me lo decía todo: ¡No lo creo! ¡Pero eso no parece una cosa suya! ¡Usted es persona seria! Surgían así en el aire los interrogantes y las preguntas que se quedaban por formular. Los sobrentendidos. Y ¿Por qué no decirlo? También escuché la burla a veces cruel, la mirada que llevaba el equívoco llegando hasta la ofensa.

La aparición en público vestido con el traje de Scout fue prueba de entereza.

Recuerdo la acertada frase de un gran educador, que admiraba la eficacia del Método y una vez me decía: "Podemos pedirle a los muchachos que una ocasión sean héroes, pero no que lo sean todos los días y todas las veces, que hayan de presentarse en público en su uniforme".

Así muchas veces me vi enfrentado al prejuicio y a las distorsiones por parte de algunos que eran inclusive profesionales de la enseñanza; que habían consagrado su vida al servicio de la educación. ¡Cuánta sorpresa causó y causa aún, que en mi Curriculum vitae haga figurar con sano orgullo como dato remarcable, mis años de servicio en la Oficina Mundial de los Scouts en Ginebra!

Todavía prevalecen en el público ideas inexactas, aberrantes, de lo que ser Scout significa.

Prueba de ello es que recién en los periódicos he visto utilizar el término, para referirse a alguien que se distingue por su ingenua candidez y su ausencia de visión realista. Por querer decir de él que está como fuera de este mundo, que es una especie de "Santo Inocente" a quien más allá de la muerte lo espera el Limbo.

Una tal actitud por parte de la generalidad, un tal desprecio por uno de los métodos pedagógicos más fascinantes que ha existido, es hecho lamentable.

Diría más que eso: Doloroso.

A muchos y muchas veces les he contado el cuento, les he explicado el por qué, el cómo y cuándo; el "Quid" del asunto. Pero como ocurre con todo, me veo ante "El cuento de nunca acabar", que en el nuestro y algún otro país se lo conoce como "El cuento del Gallo Pelón".

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Y me he decidido a escribirlo, para que de una vez por todas queden así a la orden de quien le interese, todas las cosas que al respecto y sobre esa materia tendría que decir después de haberlas vivido por más de treinta años.

Bonn, 1983

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Un poco de mi propia historia

He dicho y repetido cada vez que ha sido oportuno, que tengo mucho que agradecerle al Movimiento Scout. El haberlos encontrado e identificado con lo que ellos representan, el haber practicado lo que enseñan, contribuyó en buena manera a mi propio crecimiento como ser humano. Así lo digo y estoy muy agradecido.

Por una parte provengo -lo quiso el destino- de una familia de inmigrantes. Me tocó vivir mis primeros años en una pequeña ciudad costera, de inolvidable paisaje y extraordinario mar azul. Cielo, mar y cocotales quedaron para siempre como marco interior, ámbito íntimo, en cuyo espacio se desarrolla mi existencia.

Me tocó ir a la escuela con los demás niños del lugar y sufrir la diferencia que había entre mi educación y la de ellos. Cuántas cosas para mí prohibidas, inadmisibles, eran norma común para los otros. Cuántas veces me vi ante el dilema de tener que escoger como entre dos mundos. Recuerdo una anécdota que lo explicaría bien todo: en mi casa había la norma que en las fiestas de carnaval, cuando alguien descubría tras la máscara la identidad de alguno, lo disimulaba, se guardaba el dato como un secreto para sí, evitando avergonzar al oculto personaje. Una vez, aún desconociendo esa regla, fueron a la casa disfrazados en comparsa compañeros de la escuela, reconocí a uno y con toda la picardía propia del niño solté el descubrimiento ante todos. Resultado: miradas amenazantes, intervenciones reparadoras de mis mayores. Comprendí que había cometido una gran falta. Esperaba después la reprimenda, que vino en su momento cuando los disfraces siguieron su camino.

Días después cuando me tocó a mi vez ir disfrazado a visitar el vecindario, el resultado fue todo lo contrario. En donde me reconocieron, se burlaron y rieron a carcajadas. Para mi sorpresa y enojo, aquella ley válida en mi casa no era válida en la de otros. Por el contrario, hasta los mismos adultos de la casa visitada participaban en las bromas. Resultado: regreso lleno de confusión más que de vergüenza. Estaba ante la presencia de dos mundos, dos actitudes contrarias, dos normas distintas. Para vivir había que adherir una, para sobrevivir había que adherir la otra.

El colegio, regenteado por religiosos extranjeros, introducía un factor de confusión más: una ética y una doctrina, que en el fondo ninguno de mis compañeros, ni buena parte de los adultos de la comunidad, sinceramente

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adhería; y para sobrevivir en el colegio me era necesario suscribir esos valores y actitudes que con tanto énfasis se predicaban.

Viví así lo que puede llamarse el drama de un niño hijo de inmigrantes, que tiene que adaptarse al mundo a donde sus padres o abuelos inmigraron. Drama porque es génesis a veces de muchos trastornos del sentimiento y la conducta humana. Drama porque bien puede describirse en psicopatología, lo que merece en propiedad llamarse "El síndrome del inmigrante", el cual aquí ahora, me cuido a detallar más extensamente. Me limito a señalarlo, ¡existe! y yo sufrí de ese mal que me conducía al aislamiento, a la creación de un mundo propio separado de la realidad; enajenado, matizado siempre de interminables nostalgias.

Hoy lo puedo decir como quien narra un cuento, pero todo aquello fue vivido con suficiente amargura!

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Pero en el pueblo había una tropa de "Boy Scouts"

Estaba formada por niños humildes, de mi colegio había apenas alguno, no éramos del grupo, se le miraba con desdén.

Una tarde el día 8 de enero de 1941, observé que en su local la bandera la tenían expuesta a media asta y llevaban una cintita negra prendida a la camisa.

El Fundador había muerto, ese día había llegado la noticia. Comentando el hecho con el jefe, quien me era conocido, de la conversación surgió la pregunta: ¿Quieres ponerte tu luto?". A lo que respondí, tras ligera vacilación:

"Bueno". Y así comenzó la historia.

Ya desde años antes había tenido noticias del asunto, sabía más o menos de qué se trataba, los había visto de cerca en distintas ocasiones, pero el momento del ingreso, la incorporación a ellos, no había llegado hasta ese día.

Siempre como era de suponer, hubo reparos y objeciones en la casa.

Al principio se me permitió condicionalmente: podía participar en todo menos en las salidas al campo y las excursiones. Después fueron cambiando las cosas.

Recuerdo bien aquellas Tropas. Había dos, y además un Clan y una Manada.

Convencido estuve poco después, que no eran expresión legítima de lo que en toda su pureza debía ser un Grupo Scout.

No tenían claro concepto de lo que había de hacerse y los encontré llenos de fallas. No comprendí lo más hermoso: eran una versión legítima, autóctona, propia, de la idea tal como había echado raíz y había sido entendida genuina-mente por los muchachos del pueblo.

Las actividades eran sencillas: dos veces por semana había reunión, duraba una hora; se leía la lista de asistencia, se recaudaban las cuotas, y luego se recibía una instrucción: aprender a desfilar al toque del redoblante y son de la corneta.

Voces de mando que gozábamos infatigables.

Una vez al mes se asistía solemnemente a la iglesia de la parroquia desplega-das las banderas a tambor batiente. Nos enorgullecía sabernos uno de los Grupos que mejor cumplía los movimientos del desfile y lucía más disciplinado.

Se prestaban servicios para asegurar el orden público en ciertas ocasiones, como festividades de la parroquia y de la comunidad; ocasionalmente se iba a los campos, donde se sabía de un pozo de aguas cristalinas hasta el cual se

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llegaba cumpliendo una caminata llamada excursión. No había nada más, eso era todo. En una gaveta, descosido y manchado había un libro cuasi mágico, que alguna vez alguien sacaba y leía. Su título era "Escultismo para Muchachos", versión castellana; lo había escrito en inglés el Fundador, y allí estaba contenida su palabra y su enseñanza. Había uno solo para todos los cientos y tantos asociados de la localidad.

Muchos años más tarde desconocí todo lo que aquello era y traté cuanto pude, por hacerlo llegar a lo que consideraba la práctica del Método de una manera pura, tecnificada, exacta. Más entonada con los Scouts de otros sitios, especialmente de Europa. Encontraba que aquello que había vivido era algo imperfecto, insuficiente. Pero ¡qué equivocado estaba! Aquello lo dio todo, con toda su fuerza y en toda su capacidad. Era la aplicación posible del Método, su forma auténtica, tal como dirigentes y dirigidos en el lugar lo habían entendido y aplicado; ajustado intuitivamente a la necesidad.

Para mí la integración al Grupo lo cambió todo. Un mundo extraño se hizo comprensible. Los desconocidos se hicieron conocidos. Me sentí apreciado, escuchadas mis opiniones, tomado en cuenta.

Recibí responsabilidades, demostré de qué cosas era capaz, obtuve reconocimiento, afecto y simpatía.

Desde entonces para el mundo del colegio había otro alternativo, en el cual me sentía valer, me sentía ser tanto cuanto alcanzaba mi capacidad de servicio, mi sentido de responsabilidad, de participar y estar presente. ¡Desde entonces cambió todo!

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El Gran Juego

Lo más fascinante era aquel libro

"Escultismo para Muchachos" se llamaba. Lo firmaba Lord Robert Baden-Powell.

Era una traducción hecha en España y editada en México. Había que adivinar lo que querían decir algunos términos que entre nosotros no tenían equivalencia. En él se podían leer cosas maravillosas y fascinantes. Daba la medida de cómo cada quien podía también ser héroe, y si no... al menos un buen ciudadano.

El ingresar a la Tropa suponía toda una transformación: Había un uniforme, unas insignias, señas y saludos con ocultos significados; unas consignas llamadas Ley y Promesa, y también se preveía cumpliendo un período de Noviciado, un rito de iniciación que llamábamos "juramentarse". Consistía en hacer solemnemente ante todos, una declaración que era un compromiso: La Promesa.

Muchas cosas de las leídas en el libro, muchas de las que se contaban que eran práctica común en otras partes, para nosotros eran sueños; pero no por eso menos eficaces, aún sólo así vividas en la fantasía. Teníamos la llave de ser importantes por la capacidad de servicio. Era bastante. Se trataba de que podíamos ser, y ser por servir. Quien más sirviera era más.

Tenía ya una clave en las manos.

El libro además era un cuento narrado por alguien que en él ofrecía su propia experiencia como hilo de la historia. Se trataba de un niño huérfano de padre, hijo de familia modesta, que con su madre eran en total doce hermanos.

Los hechos tuvieron lugar en una época de la historia de rasgos muy definidos: la supremacía del Imperio Británico a fines del Siglo XIX hasta comienzos de la Primera Guerra Mundial.

El huérfano de nuestro cuento llamado Roberto, hizo como tantos de sus compatriotas coetáneos: se alistó en el ejército y fue a las colonias. Ascendió en el Servicio y llegó a ser héroe nacional, con lo que terminó una parte de su vida y comenzó la otra: la otra por la cual se lo recuerda todavía, la otra por la cual entró en la inmortalidad.

Y veo aquí una de las garantías que da seguridad al Método.

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Tiene en su aval la experiencia de una vida y la buena intención de darla a conocer compartiéndola con otros, por todo cuanto de utilidad tiene para la propia realización humana.

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El Gran Juego

De Baden-Powell se podría decir mucho

Figuras mundiales han escrito sobre él. No cabe aquí ni repetir lo dicho ni hacer su historia.

Destaquemos simplemente algunos hechos fundamentales en relación a su obra, la que prefiero llamar "El Gran Juego". Él encierra una intención esencialmente pedagógica, y fue desde sus orígenes una idea que tomó a un hombre y lo utilizó para expresarse.

Baden-Powell fue un ser humano que se realizó plenamente, entendiendo por ello el haber trascendido en una obra perdurable, al menos para todos cuantos en una u otra manera están ligados a ella. Se realizó plenamente, porque en eso que por muchos años se ha llamado el camino del bien, pasó a la inmortalidad. Y cosa paradójica tanto más que sorprendente, se trataba de un militar que había ejercido su oficio en el combate. Es decir: enfrentándose a otros hombres con el uso de las armas.

Hay algunos momentos en la vida de Baden-Powell que parecieran como los hitos que le marcó el destino para señalarle el camino. El primero fue la orfandad por parte de padre y la pertenencia a una familia de muchos hermanos. Ello determina en él varias cosas, entre otras el vínculo especial con la figura materna. Otra: la presencia del padre en la dimensión del recuerdo, con lo cual se proyectó su imagen idealizada en niveles profundos de la psique, las dimensiones del inconsciente: padre que es buscado y con el cual se identifica siguiendo los lineamientos para una proyección universal. Otra: la sociedad familiar, que ya siendo un boceto de la sociedad humana, fue una experiencia a temprana edad para establecer los modelos conductuales posteriores en su vida.

El segundo hito fueron sus experiencias en la edad escolar, allá en el Colegio Charter House, donde tuvo oportunidad de afirmarse expresando su originalidad, cuando se ausentaba de clases para recorrer los bosques observando la naturaleza. ¡Original rebeldía! Buscaba la enseñanza en la experiencia directa, como atraído por una singular intuición.

Su vida toda quedó determinada por esas primeras experiencias, cuando gozando de la libertad, asumiendo el propio riesgo, usando sus sentidos en la observación del mundo natural, creció su inteligencia y se definió su personalidad. Sobre esta enseñanza volvería una y otra vez años más tarde, ella sería

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El Gran Juego

la esencia de una metodología para la educación, cuyas raíces se pueden encontrar en distintos momentos de la historia, desde la Grecia Clásica hasta épocas más recientes, con J. J. Rousseau, Decroly, Pestalozzi y Froebel.

El tercer hito fue su participación en el Ejército Colonial Británico, moldes que debieron seguir casi inevitablemente los jóvenes de su época. Oportunidad bien legitimada para el desprendimiento del hogar, cuando una estructura protectora era cambiada por otra, dando oportunidad de abrirse al mundo y seguir las fases restantes del crecimiento.

El cuarto fue indudablemente el sitio de Mafeking en la guerra del Transval. Ella lo transforma en un héroe nacional, un héroe romántico si se quiere, del mismo tipo que Gordon en la defensa de Kartun en el Sudán hace casi un siglo. Baden-Powell fue un héroe nacional por mantenerse en una conducta de acuerdo a los principios éticos que sostenía, y prevalecían en aquella ocasión, más que las conveniencias políticas del momento. En aquella guerra el sitio de Mafeking no tenía importancia alguna, su rendición era lo aconsejable, pero no pensaba así Baden-Powell y actuó por sí y a conciencia, mostrando y demostrando al mundo lo que podía hacer un hombre cuando actuaba con honor, inteligencia y entereza. Un año duró el sitio en condiciones desfavorables y desventajosas.

Triunfó obligando a su Gobierno a reconocerlo y enviar socorros, convirtiéndose en héroe nacional, por su valor y lealtad tenaz a sus principios.

El quinto hito fue su encuentro con los jóvenes en el campamento ensayo de Brown Sea, cuando comienza a configurarse en la práctica la genial ideal del Escultismo.

Él fue su cambio de vida, la llamada "Segunda vida de B. P.", cuando retirado del ejército se dedicó a la formación de un Movimiento para la educación de la juventud.

Siempre lo movió la intención de responder una pregunta: -¿Por qué mi vida ha sido tan distinta a la de tantos, habiendo yo tenido menos recursos y posibilidades que muchos para realizarla, y antes por el contrario más dificultades para lograrlo? ¿Dónde estuvo el secreto para poderme presentar al mundo como un hombre de éxito, útil y feliz? Todo el pensamiento de B. P. es una corriente entre dos polos: la necesidad de encontrar y la necesidad de compartir, tomar y dar, recoger y ofrecer.

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El Gran Juego

Cómo nace la idea

Nace por el contraste que ofrecía permanentemente su propia experiencia y cuanto pasaba en su contorno. Baden-Powell fue un ser original y en muchos aspectos inadaptado. Encontró soluciones positivas para hacer la síntesis de gran variedad de opuestos que se presentaban frente a sí. Era el hombre de invariable buen humor, del sentido realista y práctico ante las cosas de la vida, siempre encontró en ellas su más profundo sentido, aún por banales que fueran.

En su vida militar fue un militar distinto. Su presencia en las colonias fue oportunidad de apertura al mundo y a los hombres por quienes sintió siempre consideración y respeto, aún tratándose de los que eran considerados del bando enemigo.

No comprendió cómo sus jóvenes compañeros de armas, se hacían la vida innecesariamente difícil.

No se adaptaban a la nueva situación, vivían agrupados y aislados como si trasladasen su pequeño mundo a dondequiera que fuesen; no se abrían a la realidad y exigencias de cada caso y cada día, como por el contrario él sí lo hacía de la manera más fácil.

La situación a veces se tornaba extrema, y en ayuda a los jóvenes oficiales venidos de la metrópoli, para ellos escribe una cartilla guía, con el fin de ayudarlos. La titula: "Aids to Scouting", o sea: Ayudando a Explorar. En aquella época había un tipo de soldado llamado el "Scout", en castellano "Explorador", quien era el que solo y con mucho riesgo, se introducía muy cerca y hasta más allá de las líneas enemigas para averiguar lo que pasaba detrás de ellas. Era oficio de mucho riesgo, que suponía carácter firme, habilidad e inteligencia, buena capacidad de observación, destreza manual, sagacidad, astucia, rapidez y sangre fría. En los ejércitos de hoy los cazadores y los paracaidistas son los que, en sus funciones específicas, tal vez más semejanza guardan con los

"Scouts" o Exploradores de la época de Baden-Powell.

En esa cartilla, él explicaba lo que aconsejaba hacer para tener éxito sin arriesgar innecesariamente la vida, cuando les tocare actuar como "Scouts", o viviendo situaciones parecidas en la vida diaria, a cada momento estando en las colonias.

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Comprende Baden-Powell la importancia de las experiencias habidas en su remota infancia, cuando jugaba al aire libre ausentándose de clases que le aburrían, para ir a gozar al contacto y la observación de la naturaleza: ver pájaros, dibujar árboles y flores; seguir huellas induciendo qué animal había pasado, etc... Comprende que aquellos encuentros con la realidad del mundo natural forjaron su carácter, que sería la clave del éxito posteriormente en su vida. Cae en cuenta entonces que aquel aprendizaje de su tierna edad, era aplicable ahora como oficial del Ejército Colonial. Aquellas tempranas experiencias fueron base fundamental de una seguridad personal que se traducía en alegría, optimismo, buen ánimo, y que a su vez era la raíz para tantas ocurrencias propias de una inteligencia sin igual y de buena clase. Con ella salía del paso en muchas situaciones difíciles, aun aquellas en las cuales había riesgo de muerte para sí y para otros. En otras palabras: la causa del fracaso de sus jóvenes compañeros, era la inmadurez emocional, ¿cómo había obtenido él esa madurez? ¡En un juego de niños y cuando era niño! Y así ofreció los primeros consejos para que otros aprendieran.

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El cuento de Mafeking

Es un cuento muy largo que completo no cabe aquí. La moraleja de él fue que los jóvenes en situación de emergencia, pueden dar buena prueba de responsabilidad y capacidad participativa. La otra consecuencia de la batalla de Mafeking, fue convertir a B. P. en héroe nacional. Nada más atractivo para un joven. Mafeking deja esas dos grandes consecuencias.

Lo demás vino solo. De vuelta a su patria hecho un héroe, hay un movimiento enorme de simpatía.

Era la figura nacional y su Gobierno no halla dónde ubicarlo ni qué hacer con él, porque no era un hombre de manejo fácil habida cuenta su originalidad, sentido particular y práctico de las cosas.

Para aquel tiempo los jóvenes se agrupaban en sociedades de diversa índole: filosóficas, religiosas, deportivas, filantrópicas, etc. Y también para esos tiempos no falta quien encuentra que la juventud iba por mal camino. Parece que ese es uno de los rasgos más universales de la juventud; cada generación de adultos encuentra que la de su tiempo, anda por mal camino. No he sabido hasta ahora de época alguna, en que haya habido noticia según la cual la generación de jóvenes correspondientes a ese tiempo vaya por buenos caminos. Siempre los viejos repiten "Los jóvenes están perdidos". No recuerdo generación alguna, no he tenido noticias que haya existido algún tiempo ni época, en la cual los adultos no hayan estallado en quejas y protestas por la desorientación de la juventud. Cada generación como que se goza y recrea anunciando que sus jóvenes son los peores de todos los tiempos.

La Biblia da fe de lo que digo, y también la Grecia Clásica fue ya escenario para que prosperaran esas quejas; son las mismas de hoy y de todos los tiempos.

Los jóvenes van por mal camino cuando no encuentran a mano aquellos elementos con los cuales deben logar la tremenda empresa del realizarse, como personas. Ese problema ciertamente ha estado presente siempre para muchos.

Es un problema de desarrollo, pero el desarrollo de la persona como tal y no del desarrollo de niveles de producción y ganancias, en una llamada sociedad desarrollada, por su industria altamente tecnificada.

Baden-Powell encontró a su vuelta así, lo que podría llamarse el problema juvenil, y se preocupó y pensó que sus "Aids to Scouting" serían útiles también al uso civil. En otras palabras: compartir las experiencias de su secreto del éxito

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en su realización como persona, no para hacer buenos oficiales coloniales, sino para hacer buenos ciudadanos. El fin era legítimo siempre, pues en uno y otro caso, se necesitaban individuos "de carácter"; no carácter necio ni atrabiliario; no "mal carácter", sino individuos con un temple emocional suficiente para merecer el nombre de hombre sano, emocionalmente estable, capaz de dar respuestas positivas, apropiadas e inteligentes, a los diversos problemas de la vida real. Desarrollar el carácter era lograr de manera natural, un grado de seguridad y confianza, que permitiese enfrentar la vida con optimismo, alegría y un íntimo sentimiento de seguridad.

Hay quienes pretenden lograr esto disciplinando a la persona y así nacen hijos de la represión; individuos portadores de máscaras rígidas, a través de ellas se ve cómo todo es aparente y falso; en un buen día estallan como uno no se lo podía esperar ni imaginar. Ese camino para hacer personas de carácter no sirve. Baden-Powell sabía de otro, el que espontáneamente por intuición él había conocido.

El camino del encuentro con la naturaleza, la apertura a lo sensible por el entrenamiento para el buen uso de los cinco sentidos: el crecimiento del individuo por una apertura de conciencia que se resolvía en un encuentro con lo más íntimo de su ser.

Baden-Powell conocía el camino del encuentro amable, la compañía amistosa en el descubrimiento compartido de cuanto ofrece la vida; el gozo de lo alegre y de lo bello, aprendiendo las lecciones que vienen por sí mismas aún a veces marcadas con dolor.

Sabía por experiencia propia, que se podía llegar a la culminación de la evolución como persona, viviendo la experiencia práctica de algunos ejercicios y así de "Aids to Scouting" nació "Scouting for Boys".

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"Scouting for boys"

Ya no se trataba de "Aids to Scouting" para jóvenes oficiales del Ejército Colonial, que se perdían en las ciudades de las colonias o en las estaciones suburbanas del ferrocarril; no se trataba ya de aquellos que sus temores infantiles, llevaban derecho a ser víctimas de las circunstancias más que de sus enemigos. No, ahora no se trataba de consejos para explorar, sino de consejos para llegar a ser hombre; "Llegar a ser Hombre Explorando", sería quizás el legítimo nombre de aquel maravilloso libro.

¡Maravilloso! Sí, no sólo por su objetivo e intención, sino también porque apareciendo en entregas quincenales, en capítulos separados en un diario londinense, obtuvo que grupos de jóvenes le pidieran a aquel héroe nacional, no lo olvidemos, les diera su enseñanza para ser también héroes partiendo de sus lecciones. Querían, claro está, ser como él. La vocación de héroe es propia de todo adolescente.

Era natural que todos quisieran ser el Héroe de Mafeking. Pero lo heróico en Baden-Powell no era sólo el ser vencedor del sitio de Mafeking, sino también el haber llegado a un desarrollo como ser humano, a la culminación de un proceso de evolución como individuo. Ése es el verdadero héroe escondido en Baden-Powell. El heroísmo de la realización plena, era la empresa a que tal vez sin exactamente saberlo, los invitaba Baden-Powell. A la obtención y logro de ese interesante y universal objetivo, válido para todas las generaciones de todos los tiempos, era que extendía su invitación.

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"Brown Sea"

Cerca de Pool, ciudad al sur de Inglaterra, allí en 1907 hizo con treinta y tantos muchachos la primera prueba. Allí fue el escenario donde aceptó el reto. ¿En qué consistía esa prueba? En acampar organizadamente, leamos bien: organizadamente y no anárquicamente ni desordenadamente.

Organizadamente quiere decir con distribución de responsabilidades individuales, que se orientan en su acción al bien propio y colectivo simultáneamente, cumpliendo aquello que lo que es bueno para uno lo

es para todos.

En tales circunstancias había que sobrevivir por tiempo indefinido en condiciones naturales que eran un reto, como siempre lo es el contacto directo con la naturaleza. Se contaba con elementos sencillos, simples, como carpas para guarecerse de la lluvia, del frío, del sol; las condiciones llamadas a la intemperie. Había algunas herramientas como hachas, cuchillos, mecates, estacas, mazos, sierras, palas, picos, madera para hacer construcciones, fuegos para cocinar y calentarse. Había también utensilios como cacerolas y sartenes en qué preparar los alimentos; tazas y platos donde servirlos y comerlos; lámparas y bujías con que alumbrarse y otras pocas cosas más. Y también,

¡naturalmente!, ropa adecuada para protegerse, zapatos gruesos y fuertes para el piso de tierra húmedo y más que eso lleno de charcos. No faltaron cobijas y capotes para abrigarse en la noche a la hora de dormir, sombreros o gorras para cubrir la cabeza en el frío, y camisas de lana que dieran buen calor. Todo lo demás requerido era temple, decisión, seguridad en sí y hábil inteligencia para Vencer la prueba. Eso fue todo.

Se organizaron en patrullas, o grupos pequeños de aproximadamente ocho muchachos; esas patrullas se constituían como unidades de operación.

Recibieron nociones básicas de cómo comenzar las cosas y luego las practicaron y mejoraron ellos mismos. Había que saber usar todos aquellos utensilios y herramientas. Había que saber qué era lo más importante, qué venía primero y qué venía después. La jerarquía la determinaba la experiencia, el estar más avanzado en el camino de esos conocimientos y la mayor capacidad de servicio daba más rango, más autoridad. La posición en el grupo era pues ganada en la experiencia.

Al pasar las semanas de campamento, había aparecido toda una organización social de manera espontánea y natural. Se había como constituido una familia alegre, y la ley que regía al grupo era la fraternidad. Ninguno de los que

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regresaron a su hogar volvió como había partido. Para todos aquel campamento fue oportunidad de adquirir experiencias con las cuales se aceleraba el crecimiento personal. Había habido una transformación en cada quien por aquella aventura y el secreto estaba no solamente en lo vivido, sino que en todas las enseñanzas tenía cabida muy especial, el adiestramiento de los cinco sentidos: vista, oído, olfato, gusto y tacto. Estos al desarrollarse ampliaban la conciencia y al ampliarla también se ampliaba la capacidad del individuo de contenerse, de llevarse a sí mismo, de comprender y comprenderse, dondequiera que estuviese y con quienquiera que anduviera. Ese era el hecho práctico más notable. Y todos encontraron después que en su medio habitual, en sus condiciones propias, urbanas y hogareñas, podían vivir mejor.

Esto que es tan simple no siempre se lo ha comprendido en todo su valor.

Esa ejercitación de los cinco sentidos traía consigo naturalmente la aparición del "Sexto Sentido": La intuición y el sentido trascendente de los valores inmanentes del ser humano.

Así empezó todo el cuento. Después, circunstancias diversas, como la Primera Guerra Mundial, definió al Movimiento naciente como una organización para la defensa civil, tal como ocurrió en Mafeking. Los jóvenes eran encolados para lo que podían, y también ello les servía de capacitación pre-militar. De esa manera tuvieron los jóvenes de entonces posibilidad de identificarse con el héroe de Mafeking, cada quien que cooperaba de alguna manera, vistiendo su uniforme y yendo de un lado a otro, seguramente se sentía como un nuevo Baden-Powell o por lo menos uno de sus muchachos. Es natural que así haya sido y nada tiene criticable. De esa manera crecen los seres humanos, por una serie sucesiva de identificaciones, de copias de conductas, actitudes y modos de ser; por imitación de personajes admirados por ellos. Eso ha sido así siempre, lo vemos hoy y seguirán viendo los que vivan los futuros tiempos.

También la sociedad, tanto de la Gran Bretaña como de otros países donde rápidamente cundió la idea del Movimiento, lo reconoció y recibió, porque al niño y al joven les enseñaba a ser útiles, a valer por su capacidad de servicio, por su capacidad de dar, hábito sintetizado en la práctica de la Buena Acción diaria.

Así fue como el Gran Juego recibió carta de aceptación en la sociedad. Se dieron cuenta y dijeron: Es bueno porque nos da ciudadanos bien adaptados, respetuosos de la Ley, a las tradiciones y costumbres, listos al servicio disciplinadamente, y así se confundieron las cosas, las consecuencias y

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resultados con las esencias subyacentes, que son las que explican cómo, alguna vez se pueda ser Scout y ser rebelde.

Por ver sólo superficialmente, no se vio el Escultismo como una escuela para el desarrollo de la personalidad, el desarrollo del "carácter", como dijo el Fundador, sino una escuela para "niños buenos", bien adaptaditos, sumisos al

"Stablishment". Se olvidó que es camino para llegar a la esencia profunda que cada quien lleva, el encuentro con el ser. Así se confundió el sentido de una gran idea.

El Gran Juego no se hizo para que los niños sean obedientes, adaptados, sumisos y útiles, sino para que lleguen a la plenitud de su desarrollo. Es decir: individuos emocionalmente estables, capaces de ser originales, inteligentes y creativos, en respuesta a los problemas que la vida plantea a cada instante.

Sujetos abiertos al afecto, al encuentro y a la plena realización en sus valores trascendentes; aunque a veces ello choque con los estamentos y estructuras de la sociedad. Baden-Powell fue alguien quien justamente en el "Stablishment"

vio cosas rechazables y rompió con él, cambiando su vida de militar por la de dirigente de un movimiento juvenil mundial. Por algo fue que eligió morir en Kenya y no en Londres. De otro modo no hubiera pasado de ser un oficial distinguido y de cierta categoría. Nada sino su gloria, consiguió él con Mafeking, porque fue poco a poco retirado de posiciones importantes del ejército británico y en la Guerra Mundial de 1914, no ocupó cargo relevante alguno. Era individuo difícil de manejar y de envolver; difícil de reducir y doblegar en sus puntos de vista y sus ideas; prueba de ello fue el mismo sitio de Mafeking, obra suya, contra la opinión de la superioridad y el Gobierno de la Gran Bretaña. Todo esto hay que decirlo, hay que contarlo, para saber la verdad y entender cómo se fueron armando las cosas.

Así pues, empezó todo el cuento. Ahora bien, no está con ello dicho todo. He aprendido que el todo no puede ser dicho nunca. Siempre faltará algo aún habiendo dicho cuanto sepamos. Podemos a lo sumo referirnos a una parte del todo; aquella que en nuestra atención permite ser comentada, la que estamos viendo o considerando. Siempre y por más que digamos, habrá algo más que decir. En las páginas siguientes quiero ir a aquello que manteniendo el hilo original de la idea, deje bien claro lo que esta vez quiero decir: presentar la esencia de un método educativo universal, aplicable con relativa sencillez por todos y a un costo mínimo, y el que me parece se ha escapado a muchos de las manos.

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Hoy cuando nos damos cuenta que el concepto desarrollo debe ser revisado, para que no lo sigamos empleando limitado al rendimiento industrial económico expresado en estadísticas, que por último apuntan a la satisfacción del deseo de tener y poder, es bueno recordar que el desarrollo es algo ligado esencialmente a la función del Ser, y este método extraordinario busca y está diseñado para lograr ese objetivo, desarrollar al individuo hasta la plenitud de su existencia, que no es plenitud de posesión de riquezas sino plenitud de existencia, que es algo muy distinto.

La preocupación por estadísticas que miden el número de muchachos inscritos y cotizantes de una organización, para recibir el beneficio de la experiencia del método, va como contagiada de aquel concepto de desarrollo, medible en índices de industria y comercio. Hay otros índices que miden parámetros más sutiles que no se deben olvidar.

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Un Plan, un Método, un Programa

Podemos discutir qué cosa es cada uno de los conceptos encerrados en las palabras que sirven de título a esta página, y no terminaríamos en un buen rato. Ni con la ayuda de un diccionario saldríamos del paso. Permitaseme pues lo que llaman una "Definición operacional en otras palabras que aceptemos como en pacto de caballeros, una definición tentativa para una cosa y así seguir adelante.

De lo contrario me veo en el riesgo de hablar dos lenguajes distintos, y cuando digo método scout, alguien piensa que es la manera de enseñar a cortar con un hacha o transmitir un mensaje usando el Código Morse. Alguien piensa que se actualiza el método scout cuando, en vez de enseñar a un niño en campamento a usar banderas o las manos para transmitir un mensaje a distancia, se lo enseña a usar un intercomunicador inalámbrico de esos que se conocen con el nombre inglés de "Walk and Talk" o dicho en otra lengua "Uoquitoqui".

Aceptemos, pues, lo siguiente:

I. PLAN. Cuando digo plan, me refiero a la secuencia con que se forman y sedimentan las estructuras que definen un nuevo producto o resultado.

11. MÉTODO. Es el conjunto integrado de elementos que en cierto y determinado orden y secuencia, van permitiendo que el Plan tenga cumplimiento.

III. PROGRAMA. Es el conjunto y secuencia de actividades organizadas y ordenadas, que lleva el Método a la práctica, en los hechos y en la secuencia pasiva, para que el Plan tenga su cumplimiento.

Si estamos de acuerdo y ahora sabemos a qué se refiere cada término, podemos seguir adelante.

El Gran Juego tiene un Plan, un Método y un Programa que le son propios y lo definen. Algunos sin saberlo o sin quererlo confesar, practican el Gran Juego y lo aplican sin decirlo. Más aún, a veces he visto jugarlo por intuición, sin saber que se trata del Gran Juego... y por cierto jugado con acierto.

¿Cuál es el objeto del Gran Juego? La respuesta es clara: El desarrollo del carácter. Lo dijo el Fundador directamente. En otras palabras el desarrollo de la Personalidad. El logro de un cuerpo plenamente desarrollado, una psique de emociones estables y actitudes positivas, firme (no por lo rígido sino por lo

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estable) y una inteligencia original y creativa, capaz de funcionar en vínculo y asociación con otros, para una experiencia trascendente.

El Gran Juego tiene también un sujeto, que es quien lo recibe, a quien o en quien se aplica: el niño o adolescente en todas partes y de todos los tiempos, y de allí que es una pedagogía universal. Aún cuando puede ser útil al hombre en todas sus etapas, naturalmente que más provecho obtiene jugarlo en sus años de infancia y juventud.

Sobre este Sujeto y con este Objeto, se va a establecer el Plan del Gran Juego.

El cual es permanente, invariable, como invariable es que casas y rascacielos haya que empezarlos a hacer fabricando primero sus bases o cimientos. Va a cambiar nada más que el Programa, según las necesidades del sujeto, según se trate de un niño, un adolescente o un adulto joven.

I. EL PLAN

¿Cómo es el Plan? Coherente y lógico, porque está levantado sobre hechos ligados a las etapas del crecimiento a distintos niveles, los cuales son también precisos. El Plan contiene cinco puntos que son:

Primero: Desarrollar la conciencia de sí mismo, del propio valor como ser humano y como persona; capaz de sentir, de pensar y de actuar.

Segundo: El desarrollo de la conciencia corporal y la seguridad que da al individuo, saberse dueño de un cuerpo físico bien desarrollado en plenas condiciones.

Tercero: El desarrollo de la mano como instrumento creador y de expresión.

Desarrollo y conciencia de la capacidad de hacer y crear que la mano tiene, y con la cual el hombre ha transformado el mundo a lo largo de la historia. La mano como primera herramienta.

Cuarto: La capacidad de agruparse con otros y convivir en un vínculo del cual deriva seguridad, y surge la idea y acción que trascienden al individuo, descubriendo al mundo.

Quinto: El desarrollo de la intuición de esas instancias ocultas, inefables, indefinibles, que están fuera del conocimiento del hombre, desde un punto de vista lógico formal, pero no obstante en relación con él; y las cuales a lo largo

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de los siglos se han manifestado y representado siempre bajo los símbolos de contenido religioso o filosófico.

Cada uno de esos puntos los cumple naturalmente el niño, el adolescente y el adulto joven, cuando está ubicado en las condiciones apropiadas para asegurar su educación. Cada época de la vida exige seguir este plan hasta que esas etapas del desarrollo estén cumplidas.

II. EL MÉTODO

Exige que el Gran Juego se desarrolle o aplique cumpliendo siempre los siguientes puntos:

Primero: Que sea individual.

Segundo: Que sea activo.

Tercero: Que sea en grupo y por la interacción de los individuos que lo integran.

Cuarto: Que sea al aire libre y en la propia realidad que a cada quien toca vivir.

Quinto: Que sea con la participación indirecta del adulto, que actúa como animador, facilitador, pero no participa directamente a la par ni en competencia con los muchachos.

III. EL PROGRAMA

A su vez tiene también cinco puntos, los cuales se presentan en la siguiente secuencia cronológica:

Primero: Una fase de preparación (Noviciado).

Segundo: Un momento de iniciación (Ceremonia de Investidura).

Tercero: Una fase de preparación para desarrollar la capacidad de vivir al aire libre.

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Cuarto: Una fase para aplicar lo aprendido en campamento también en la vida diaria, en el hogar, escuela y la propia comunidad.

Quinto: Un momento de ascenso a la etapa superior siguiente.

Vamos a ver separadamente cada una de estas cosas y a tratar de entender lo que significan.

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El Plan

PRIMERO: LA CONCIENCILLA DE SI

Es desarrollo de la conciencia de sí, de la propia identidad, de la valoración de sí mismo como persona; de la capacidad de sentir, pensar, querer y hacer. Del sentimiento de la responsabilidad y libertad para cerrar compromisos, para elegir y aceptar. La permisividad para correr riesgos asumiendo sus consecuencias, sabiendo reparar errores y equivocaciones.

¿Habrá que explicar la importancia que tiene para el ser humano el sentimiento del propio valor?

¿Del sentimiento de la auto estima? ¿De la conciencia de lo que él es y lo que significa como ser humano en el programa de evolución que se trazó el Universo? Pareciera que la respuesta fuera obvia y se me dirá que no hace falta contestar. Pero no obstante puedo asegurar que la realidad es todo lo contrario: explicarlo y hacerlo entender hace una falta inmensa.

Y venga al caso un episodio que viví y está en mi recuerdo, uno de los que más me ha impresionado en la vida. Una vez celebraba una reunión con muchachos de los llamados "Delincuentes", en un instituto de reeducación. Intentaba aplicar nuevos métodos para la recuperación social de los menores; se ensayaba el hacerles tomar conciencia de la variación de sus emociones, mediante la interacción de las palabras. De repente, cuando se hacía de pleno el ejercicio, un menor de catorce años, de color trigueño y mirar hosco, mal encarado, no pudo contener las lágrimas y empezó a llorar. Fue necesario suspender lo que hacíamos y preguntarle qué pasaba. A lo que respondió enjugándose las lágrimas como pudo, que lo había conmovido el hecho que era la primera vez en su vida, cuando había oído que alguien le decía que lo apreciaba porque era una buena persona. ¡Quedé impactado al caer en cuenta de tan tremenda realidad! Que a esa edad un muchacho oyera por primera vez en su vida, que alguien le decía que lo quería porque era una buena persona.

Comprendí la enorme carencia que ello significaba, cómo alguien podía quedar marcado en su destino hacia el camino de la desesperanza. Si no sabía que era buena persona y la imagen que tenía de sí era mala, ¿qué otra cosa podía pensar él de sí mismo sino que tenía que ser irremediablemente un delincuen-te?

Creo que el ejemplo basta. Para que el hombre llegue a la plenitud de su desarrollo, tiene que empezar por la configuración de un núcleo que luego

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amplía; ese es el buen sentimiento de sí mismo, de su valor propio como ser humano.

Y más dramático se torna todo cuando volviendo los ojos a nuestra realidad, encontramos que el niño por lo general, se encuentra en un medio donde se le imprime el sentimiento de no valer nada reforzado al infinito. ¡Qué tremendo!

Recordemos cada quien nuestro propio pasado, nuestra propia historia. ¿Qué deseábamos de niños en lo más íntimo? Ser queridos. Ser valorados, ser apreciados; tenidos en cuenta por quienes nos rodeaban. Observemos también a nuestro alrededor hoy donde hay niños, ¿qué quieren?, ¿qué los hace felices?

Lo mismo. Que estén con ellos, que les den afecto, que los tomen en cuenta, los respeten y consideren.

¿Qué encuentra el niño de hoy así como el de ayer en cambio? ¿Qué se le pide?

Que se porte bien.

¿Y qué es eso? Que no fastidie, que no interrumpa, que no se haga sentir, que no exprese lo que siente y lo que quiere. Que deje de ser niño, que sea como un adulto. Valga decirle en los hechos, que un niño tal como es, no puede ser querido. Tiene que sacrificarse para obtener amor. Tiene que esconder su condición de niño bajo un disfraz de adulto prematuro, para ser tomado en cuenta. Entonces recibe elogios. Todo eso condiciona y determina una conducta, con un sistema de sentimientos marchitos para poder sobrevivir.

Sí. ¡Sobrevivir! Porque el niño se encuentra inmerso en un mundo donde todo está hecho a la medida del adulto. Nada de lo que vale está a su alcance, salvo el limitado mundo de sus juguetes. Esa situación de verse inmerso en un mundo y realidad fuera de su dominio, de su talla y su medida, no hace más que aumentar el sentimiento de inseguridad, indigencia y minusvalía que definen al niño.

Pero por el contrario, para crecer, para llegar a ser; eso: simplemente para llegar a ser; tiene que partir de una conciencia de sí; tiene que partir de la noticia de que se es; se vale y se es querible. Y que merece todos los esfuerzos que por él se hagan, y todas las privaciones que por él tengan causa.

Si no arrancamos de ese punto de partida, la esencia de las funciones y cimientos de la personalidad humana quedará seriamente comprometida.

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A esta revisión general que hasta ahora hemos hecho, en lo que podría considerarse un primer plano, añadiré lo siguiente: cuántos niños vienen al mundo como el fruto de un accidente, de lo que no se quiso ni se pensó; nacimientos que se les ubica dentro de la categoría de lo que ocurrió "por mala suerte"; la fatal consecuencia de un actuar apresurado, no integrado a la plenitud del querer de las personas quienes engendran.

Cuántos niños vienen y han venido como consecuencia de lo irremediable.

¡Cuántos! De padres para quienes había sido preferible no tenerlos. ¿Qué sienten y cómo perciben esos niños el mundo en esa situación? Cuando su llegada no fue motivo de alegría sino de tensión, angustia y sufrimiento.

¿Cuál el mensaje que entre líneas él recibe? ¿Cuál el mensaje que lee en los gestos bruscos, las intemperancias de sus padres y la queja continua de quienes lo rodean?

El Gran Juego de Baden-Powell es una escuela esencialmente personal, porque tiene a la persona humana, como centro en que se apoya el primero de todos los ejes que la configuran en su conjunto; todo lo demás se estructura en torno y función de ese eje central.

El Gran Juego va dirigido en un diálogo o comunicación directa con el muchacho. Es un compromiso que se le ofrece a él, se le propone a él, y se cierra cuando se obtiene su voluntario y libre asentimiento como respuesta.

Se le ofrecen símbolos, situaciones, fantasías, modelos, que estimulan su auto estima por la identificación que con ellos se logra. Se hace un hábito el ejercicio en la práctica de la capacidad de actuar en forma altruista, como manera de acrecentar el sentimiento de auto estima.

El Gran Juego le abre una perspectiva no siempre enseñada en la escuela, atractiva y novedosa, como es la posibilidad de comprenderse como parte de todo el proceso de la creación y evolución del universo; conocerse portador de un fenómeno natural prodigioso que se llama la vida, y sobre él sólo uno más notale, que es el hecho de la vida consciente.

Aquí en este punto a que llegamos, no podemos menos que admirar cómo el Fundador asentó como centro de su sistema pedagógico, el sentimiento del propio valer. Vaya a él, por todos cuantos de algún modo nos beneficiamos alguna vez de su obra, nuestro reconocimiento.

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SEGUNDO: CONCIENCIA CORPORAL

El desarrollo del sentimiento de seguridad y confianza, que deriva de la conciencia y aceptación de una buena imagen corporal, desarrollo y estimación del propio cuerpo físico, es un punto íntimamente ligado al anterior; el uno se apoya en el otro y si no consiguen el mutuo apoyo, se entraba el crecimiento del individuo y el sistema de funciones que es al fin y al cabo la personalidad.

¿Habrá que convencer a alguien sobre la importancia de este punto? ¿No bastará acaso para ello que cada quien recuerde un poco su propia historia?

¿Especialmente los años de su adolescencia?

¡El desarrollo del cuerpo! Ser grande "como la gente grande", como los adultos que a los ojos del niño todo lo pueden, que "son como dioses". ¿Qué niño no desea ser grande? ¿Qué niño no imita a los adultos, copia sus gestos, se viste como ellos, porta cuando puede alguno de los objetos y pertenencias de aquellos, que han revestido de singular valor? ¡Qué afán! Eso de ser como los grandes. En cuánta medida se crece el sentimiento de bienestar y seguridad interior, cuando uno ve por algún hecho, al fin llegar de algún modo, a ser también como los grandes.

Qué drama para un niño, cuando a su alcance no hay gente grande a quien parecerse. No hay gente grande digna de ser copiada, sino sólo personas que a mitad de su camino se quedaron en proyecto.

Enfermos, pesimistas, desesperados, amargados, que no llegaron al puerto de destino en el viaje de la vida, sin haber alcanzado la meta de su propio desarrollo como persona humana.

Cuán dramática es la situación cuando esas figuras en torno al niño, que poseen el poder y la fuerza, lo rechazan de manera permanente. ¿Cómo alcanzar también el poder si no es por la fuerza? ¿Cómo obtener la cuota necesaria para ejecutar y llevar a la práctica la legítima reivindicación? Cuántas tensiones de la sociedad, que cómodamente se atribuyen a otras causas, bellamente legitimadas mediante las más elaboradas ideologías, tienen en esta realidad que vive el niño y venimos comentando, su verdadera, más profunda y remota causa.

Pero volviendo al tema, al segundo punto de nuestro análisis en que se apoya el Plan, con que el Gran Juego apunta su objetivo: estimular en el niño el sentimiento de valoración apoyado en su realidad corporal física, en la

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importancia del cuerpo donde asienta su persona. Llevar a la conciencia que él no es un cuerpo, pero sí tiene un cuerpo, que son dos aspectos inseparables pero distintos de una misma cosa, es muy importante. Sin esa apreciación se entraba todo.

Cuán particular es la psique de un niño minusválido. El niño ciego o sordo de nacimiento; el paralítico, el defectuoso motórico que sabe y siente, a veces para siempre y sin remedio, que no es ni podrá ser como los demás.

Qué drama y sufrimiento para el niño obeso, sentirse rechazado por sus compañeros; por una sociedad que sólo valora al atleta de cuerpo esbelto y musculoso, cifrando en ello los patrones de belleza masculina. Y no digamos nada de la niña que se sabe que no es hermosa y capaz de atraer.

Cuánta angustia por verse menos dotados unos que otros; cuánto temor al ridículo, cuánto sufrimiento por sentirse como marcados por el destino, que no quiso dotarlos en igual condición que otros, llegado el momento del reparto de la fuerza física o belleza natural.

Los especialistas en el conocimiento y tratamiento de los trastornos de la conducta humana, saben cuántos males arrancan en un sentimiento de inferioridad no corregido a tiempo.

¿Habrá necesidad de más ejemplos, de más argumentos, para convencer de la importancia de todo ello?

Cómo goza el adolescente al ver su crecimiento y su diaria transformación; sus bíceps, sus incipientes bigotes; los cambios de la voz, su capacidad de superar cada día la marca conquistada el anterior.

El Gran Juego toma en cuenta este punto. Permanentemente en todas las actividades y de manera inseparable, se insiste y re-insiste en ese aspecto de la valoración del físico, del cuerpo del individuo. Y si pensamos detenidamente, una prueba de ello es también el uniforme; él representa como un nuevo ropaje, una nueva piel, con la cual el niño se presenta a la vista de los demás.

Él revela en lo externo lo que supone ser un cambio en lo interno. Las insignias como señal de progreso muestran un diario cambio en el camino de la destreza y la propia afirmación. En otras palabras, informa y da testimonio de la posibilidad del progreso permanente, hacia el objetivo de un desarrollo pleno.

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La vida al aire libre es prueba constante del valor y la importancia de la posesión de un cuerpo sano, útil, con sentidos abiertos a la realidad que rodea y con manos diestras para superar las dificultades. La vida al aire libre también prueba la importancia de una mente alerta en función inteligente, para resolver los problemas que de inmediato surgen en el enfrentamiento del medio natural.

Las competencias deportivas y las situaciones en general fundamentadas en la competencia física, reinciden y revierten una y otra vez sobre la valoración del propio físico, y de ello deriva una seguridad y auto estimación indispensable para la persona.

Un comentario muy especial merecen los llamados Ejercicios de Baden-Powell.

Ellos no tienen por finalidad lograr un desarrollo físico para competir en uno de esos concursos de atletas en pos del título de Mr. América o Mr. Universo; tienen otro objetivo: enseñar al niño una serie de movimientos que en su totalidad, garantizan la correcta vitalización de todas las partes y órganos del cuerpo; son una manera de garantizar el oxígeno con la circulación sanguínea vitalizante.

Si consideramos este asunto desde la perspectiva de los maestros de Yoga, veremos cómo esos ejercicios en su simplicidad, son una forma de garantizar el tono vital; la buena forma de los tejidos, órganos y sistemas por el movimiento, la presión, el masaje, la circulación y las funciones a ellas ligadas: oxigenación, eliminación y estimulación.

Muchas veces se enseñan sin comprenderlos estos maravillosos ejercicios; se prefieren otros que apuntan más directamente al desarrollo muscular por uso de pesas y resortes; al logro de mejores marcas en los enfrentamientos deportivos. Entiéndase que son cosas distintas, la una no excluye a la otra. Lo que Baden-Powell desea, es que al menos sepamos cómo, de manera sencilla diariamente, podemos estimular todos los órganos de nuestro cuerpo; aun los más finos como las glándulas y algunas estructuras nerviosas, gracias a movimientos que influyen favorablemente en ellos, mediante una acción a distancia que parte del estímulo de músculos y zonas de la piel.

Los ejercicios de Baden-Powell tienen por objeto asegurar la buena salud y conectar al individuo con la conciencia de corporeidad, valorando y cuidando al cuerpo; como merece ser cuidado el vehículo que es asiento de la persona y de la vida.

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Y esté alerta a quien toque, cuidado con aquellos que son víctimas de alguna dificultad o minusvalencia física. Hay que compensarla y jamás hacerla factor que lastre, marca indeleble que limite al individuo, reforzando un sentimiento de inferioridad insuperable.

La imagen corporal, la propia imagen corporal. ¡Cuán importante para el sentimiento íntimo de plenitud del individuo! Cuán ligada ella a la propia valoración que cada quien hace de sí mismo.

Cuánto ama y con sobrada razón cada quien su propia imagen. Cómo afligen una vez que asoman a la vista, los primeros datos que informan el comienzo de la indeseable involución senil, día a día más limitante.

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TERCERO: LA MANO CREADORA

El desarrollo de la mano como instrumento creador y de expresión.

Es muy singular y he pensado en este punto varias veces. ¿Por qué el Fundador escogió la mano y no la lengua? En otras palabras la capacidad de hacer en vez de la capacidad de hablar. En esto es notoria la sabiduría contenida en el Gran Juego para desarrollar la personalidad del niño.

Vayamos a algunos comentarios que vienen al punto.

La mano. Cuántos pensarán que la mano es un órgano para agarrar, aprehender, sostener, etc. La mano es mucho, mucho más que eso. Es el órgano que desarrolla en el niño más finamente la sensibilidad discriminatoria después de la boca. Con la mano reconoce la realidad que lo rodea.

Gracias a ella puede reconocer al mundo. Por algo el ciego logra desarrollar el tacto hasta límites inimaginables para sustituir la vista.

Recordamos cómo el niño pequeño todo lo lleva a la boca, haciendo una primera clasificación de las cosas en blandas o duras, dulces o amargas, saladas o ácidas, apetecibles o repugnantes; y de allí a buenas o malas, útiles o inútiles, a los fines de calmar el hambre, la sed y las necesidades de la nutrición. En el niño la boca es la medida de todo, luego se cargará del sentido erótico en el beso, o agresivo en la mordida; y también creador o destructor en la palabra. La boca nos enseñará a correlacionar en lo profundo la continuidad entre lo blando y tibio como expresión de amor que nutre, y lo duro y frío como expresión de lo inútil, perjudicial y dañino. Así surge un primer plano de la clasificación del bien y del mal. El mundo todo se presentará clasificado en esas dos categorías.

Más tarde el niño desarrollará otros sentidos y le será posible elaborar e integrar de otra manera, el conjunto de informaciones que permanentemente le llegan del exterior. Habrá noción de colores, de formas, de espacios, de objetos y distancias, todo se irá desarrollando sucesivamente.

Posteriormente la mano reemplazará a la boca, como las antenas en algunas especies de animales, las maxilas en los arácnidos y crustáceos, para continuar el reconocimiento del mundo.

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La mano es órgano exquisito de la sensibilidad; está hecha no sólo para tomar, aprehender o dejar las cosas, sino también para sentir y tocar.

La mano ha sido lograda por un proceso extraordinario de la evolución. Muchos ensayos y pruebas fueron hechas hasta llegar al modelo actual, con un pulgar oponente, que no posee otra especie animal.

Comparemos las diferencias y analogías entre la pata delantera de un caballo, luego un perro, seguidamente un oso, un mono y por fin el hombre. Interesa aquí, no tanto ver una posible evolución de especie a otra, tema que ha ocupado a la ciencia en distintas épocas; como la complejidad creciente y perfectiva; entendiendo por esto último la capacidad de cumplir un mayor número refinado de funciones.

La mano del hombre es pues, un órgano que lo define, tan bien como podría hacerlo, el más apropiado y con mayor atención elegido, para ese objetivo.

Pero no se trata en nuestro caso, solamente de comprender la mano en su función perceptiva, recolectora de datos e informaciones; es también órgano de la expresión, sea en el gesto y la mímica provistos de significados, o la producción de signos y símbolos como la palabra escrita, y el arte en la pintura o escultura.

Y podríamos decir más aún; la mano es órgano de la acción transformante y trascendente del hombre, es instrumento para lograr la idea hecha realización plástica, o hechos que hacen historia.

El lenguaje de la mano es significativo no sólo en cuanto expresión mímica del gesto, sino en cuanto instrumento que realiza la obra. Toda la cultura creada por el hombre se ha hecho por su mano. Desde la edad de piedra hasta hoy cuando contamos con la más avanzada tecnología, la mano es el órgano creador por excelencia, tanto si no más que la palabra.

Por si todo lo dicho no fuera suficiente, la mano es también el instrumento de relación con el mundo; para rechazarlo o recibirlo, para trascender en él poniéndonos en la obra salida de la mano, en ese mundo externo con el cual el hombre se relaciona, en el cual está y del cual depende en interacción constante.

Nuestra escuela clásica se orientó por siglos al entrenamiento de los niños enseñándoles el lenguaje oral y escrito y otros conocimientos. Recién hace unos

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años descubrió el valor que tiene para el desarrollo del hombre, poner en un momento de su vida la mano en el barro, en la arena, en la madera, en el instrumento, con el cual en la materia expresa el hombre su impulso creador y conquista una técnica.

Así se trabajó la madera y el metal, la piedra y el barro; la materia se enalteció con la huella del espíritu en la forma; así se transformó la primitivez de lo informe en la magnificencia de la creación plástica hija del espíritu.

Si el niño necesita seguridad por la conciencia de sí y de su cuerpo, en una fase siguiente y felizmente entrelazada con las otras, necesita seguir ese avance con el descubrimiento de su mano, órgano de encuentro, de expresión y de transformación creadora.

Las manos que no aprenden a crear sí sabrán destruir. Si no aprenden a canalizar su energía hacia el proceso creador, estarán condenadas a destruir, sea con intención o sea por ignorancia.

El Gran Juego vuelve una y otra vez al punto. El desarrollo de la destreza en la habilidad manual se busca mediante trabajos manuales útiles y aplicables a la economía inmediata. Con ello se reforzará notablemente el sentimiento íntimo de auto estima y valoración de sí. Con ello el niño ganará confianza e independencia para animarse a enfrentar la vida por sí mismo y se le ayudará a disolver de modo natural, la dependencia de los seres que, necesariamente en una época de la vida, debieron darle seguridad y protección.