El Juguete Rabioso por Roberlt - muestra HTML

TOME EN CUENTA: Esta es una vista previa en HTML y algunos elementos como enlaces o números de página pueden ser incorrectos.
Para la versión completa, descargue el libro en PDF, ePub, Kindle
index-1_1.jpg

eda rigurosamente prohibida, sin la autorización escrita de los

titulares del copyright, bajo las sanciones establecidas por las leyes, la

reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o proce-

dimiento,

comprendidos la fotocopia y el tratamiento informático.

© 1926, Roberto Arlt

© 2013, Elaleph.com S.R.L.

contacto@elaleph.com

h p://www.elaleph.com

R

A

E

elaleph.com

CAPÍTULO I

LOS LADRONES

CUANDO tenía catorce años me inició en los deleites y

afanes de la literatura bandoleresca un viejo zapatero anda-

luz que tenía su comercio de remendón junto a una ferrete-

ría de fachada verde y blanca, en el zaguán de una casa anti-

gua en la calle Rivadavia entre Sud América y Bolivia.

Decoraban el frente del cuchitril las polícromas carátulas

de los cuadernillos que narraban las aventuras de Montbars

el Pirata y de Wenongo el Mohicano. Nosotros los mucha-

chos al salir de la escuela nos deleitábamos observando los

cromos que colgaban en la puerta, descoloridos por el sol.

A veces entrábamos a comprarle medio paquete de ciga-

rrillos Barrilete, y el hombre renegaba de tener que dejar el

banquillo para mercar con nosotros.

Era cargado de espaldas, carisumido y barbudo, y por

añadidura algo cojo, una cojera extraña, el pie redondo como

el casco de una mula con el talón vuelto hacia afuera.

Cada vez que le veía recordaba este proverbio, que mi

madre acostumbraba a decir: «Guárdate de los señalados de

Dios.»

Solía echar algunos parrafi tos conmigo, y en tanto esco-

gía un descalabrado botín entre el revoltijo de hormas y

rollos de cuero, me iniciaba con amarguras de fracasado en