El Manuscrito por Andy García - muestra HTML

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EL MANUSCRITO

El reloj del Archivo Histórico de Mosqueruela, marcaba ya la hora del cierre, eran las veintiunas horas, y Andrés se disponía a dar por finalizada su jornada laboral. Terminando de clasificar unos documentos que minutos antes habían estado hojeando unos individuos, comprobó como a éstos le faltaban gran cantidad de páginas. Fue en busca de su superior para comentarle el hecho, pero tanto éste como sus compañeros ya se habían marchado del archivo. Esto no le extrañó, es más, era lo habitual ya que Andrés era el encargado del archivo hacía ya más de diez años, él lo abría, y él lo cerraba, siendo el máximo responsable del mismo, sólo el director del mismo se hallaba por encima de él, y aún así, Andrés asesoraba al mismo en todo lo concerniente al archivo y sus distintos departamentos. Avisó angustiado por teléfono a su gran amigo Pedro, jefe de la policía local de Mosqueruela, quien se preocupó sobremanera por lo ocurrido, y se presentó en el archivo rápidamente, después de dar conocimiento del hecho a sus subordinados.

Andrés, le explicó a su amigo lo sucedido, y le mostró el volumen en cuestión. Pedro no salía de su asombro, y preguntó a Andrés si había notado algo anormal en el transcurso de su jornada laboral, así, como la presencia en el archivo de gente extraña. Andrés, le comentó la presencia de los dos individuos vestidos de negro, a quienes nunca había visto antes por la Villa. Pedro le pidió sus descripciones, y las anotó en una pequeña agenda. Se despidió de Andrés, y le dijo que le mantendría informado sobre la investigación.

Andrés era Licenciado en Humanidades por la universidad de Teruel y pertenecía a una humilde familia de Mosqueruela, todos sus vecinos le apreciaban sobremanera, debido a su carácter afable. Era una persona bastante culta, y un erudito en cuanto a los manuscritos del archivo, conociendo perfectamente la ubicación de cada uno de ellos. Su trabajo le apasionaba, y en el archivo se hallaban una cantidad ingente de documentos históricos de gran valor, uno de los mayores de la provincia de Teruel.

Se dirigió a la sala de lectura, y tomando el volumen, el cual trataba sobre las distintas Órdenes del Temple que existieron en el Reino de Aragón, empezó a hojearlo.

Comprobó, como en la página anterior a la primera que faltaba, terminaba una frase haciendo referencia a una Orden del Temple y a un lugar de la provincia de Teruel, en el cual se hallaba enterrado, una reliquia de gran valor, proveniente del mismísimo Jesucristo.

Ahí, se terminaba el texto, justo antes de dar a conocer la Orden y el lugar mencionado.

Andrés, se sobrexcitó al terminar de leer el párrafo, quedándose en ascuas, hojeó la siguiente página a la última que faltaba, pero en ella no halló nada de relevancia alguna.

Andrés, aun siendo un erudito en referencia al mundo de los templarios, nunca había escuchado nada relativo a dicha reliquia, ni tampoco había leído aquel volumen, el cual parecía haber salido de la nada. No comprendía como no se había fijado en él, más aún, conociendo palmo a palmo el archivo.

Fue a su ordenador, y extrañado, comprobó como en la base de datos del archivo no constaba aquel volumen. Sintió un pequeño escalofrió, aquello era ridículo, él mismo había elaborado la base de datos, con ayuda de varios expertos en archivos históricos, y ésta se actualizaba periódicamente.

Sorprendido, hojeo de nuevo el documento, pero después de un buen rato, no halló nada de interés. Volvió a hojear el documento, esta vez concienzudamente, y comprobó como en él, se hacia referencia a una antigua construcción, sobre la que se edificó otra, aprovechando la planta original, pero no aparecía nombre alguno que indicara su lugar.

Andrés comenzaba a desesperar, tenía ante él, algo importante sobre la historia de Teruel en relación a los Templarios, pero no sabía por donde comenzar a buscar. Se 1

000Cdirigió hacia las estanterías donde se hallaban todos los volúmenes que hacían referenciasa las distintas Órdenes de Templarios que existieron en el Reino de Aragón.

Tomó uno de ellos, y comenzó a hojearlo, éste hacía referencia a las distintas Órdenes del Temple, así como a sus miembros y misiones específicas de cada una de ellas, muchos de los datos ya los conocía Andrés, pero la mayoría eran nuevos para él. Se acomodó y excitado siguió leyendo aquel manuscrito

Hubo un registro que le llamó poderosamente la atención, éste trataba sobre una prerrogativa que concedía Don Jaime I de Aragón, con fecha de 8 de mayo del año 1268, al Concejo de Teruel, por la cual se elegirían 6 o 7 “hombres buenos” para delimitar y dar Archivo: /home/usuario/Escritorio/novelas/EL-MANUSCRITO.txt

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a poblar Mosqueruela.

Entre éstos “hombres buenos”, se hallaba el Maestre del Temple A. de Castellnou. A Andrés le sonaba de algo aquél nombre, debido a sus estudios sobre los templarios, soltó el manuscrito y fue a coger otro que trataba expresamente de los Grandes Maestres del Temple. Cansado, aunque eufórico por todo lo acontecido, decidió sumirse en el interior del grueso volumen. En el mismo se detallaba desde el principio de la Orden, hasta su final, pasando por la vida de cada uno de los Grandes Maestres, desde su fundador, Hugo de Payens, hasta el último Gran Maestre, Jacques de Molay, y sus actos llevados a cabo.

Cuando llevaba un buen rato hojeando el manuscrito, encontró un pasaje que trataba sobre la relación de amistad, entre el Gran Maestre Guillaume de Beaujeu y el Maestre A.

de Castellnou. Se sintió eufórico, algo le decía que se hallaba por el buen camino, de hallar alguna pista que le llevase hasta el robo de los pergaminos.

<< Ambos, se conocieron en una fiesta organizada por el rey Don Jaime I de Aragón, con motivo de su apoyo incondicional a los caballeros del Temple. La amistad entre ambos caballeros se fue forjando con los años, y en una de sus visitas a la Villa, Beaujeu le entregó a su amigo el Maestre A. de Castellnou una reliquia procedente de Tierra Santa, con el fin, de que éste la pusiera a buen recaudo y la protegiera ocultándola en el lugar que creyera más conveniente >>.

Andrés, se quedó sorprendido al leer aquello, no entendía como se le había pasado por alto leer aquél volumen, el cual parecía contener informaciones relevantes sobre los Templarios. Castellnou era un hombre influyente dentro del Consejo de Teruel, respaldado por el rey, y nombrado comendador de la Orden en la Villa de Mosqueruela.

<< Quizá, puede estar aquí mismo en la Villa, escondida dicha reliquia >> Dijo Andrés en voz alta, se hallaba desbordado por todo aquello, y su simpatía hacia los caballeros Templarios, le hacía implicarse aún más en aquella misteriosa trama. Miró su reloj, y vio que había pasado las horas sin darse cuenta de ello, eran las dos de la madrugada.

Buscó su teléfono móvil y comprobó como su esposa le había llamado varias veces.

Éste le mandó un sms diciéndole que se hallaba todavía en el archivo, a causa de unos problemas en el mismo.

Su esposa era una eminente paleontóloga, quien formaba parte del equipo a cargo del doctor Eudald Carbonell, en los yacimientos de Atapuerca. Debido al trabajo de ambos y a la distancia entre las dos poblaciones, sólo se veían los fines de semana, unas veces viajaba él a Burgos, y otras lo hacía ella a Teruel. Su matrimonio aun así, era próspero, ambos se hallaban profundamente enamorados el uno del otro.

A Andrés, le molestó sobremanera no oír el teléfono y no poder hablar con su esposa, pero la ocasión era especial, tenía ante sí una ardua tarea, y el tema le apasionaba sobremanera. Siguió hojeando dicho volumen con entusiasmo, el sueño parecía haberse disipado, parecía que no iba con él, por lo menos todavía.

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000CSe puso en la piel del maestre Castellnou, se trasladó mentalmente hasta su época, intentando dilucidar cual sería el lugar más idóneo para esconder una pieza tan valiosa.

Conocía bien la historia de su Villa, así como sus monumentos y la arquitectura de la época. Tomó un cuaderno y fue escribiendo en él, los posibles lugares de custodia.

Cuando hubo terminado, subrayó uno de ellos, éste era entre todos ellos, el más idóneo según él.

El lugar se hallaba bajo sus pies, dos plantas más abajo. El archivo se encontraba en la segunda planta de la iglesia parroquial de la Asunción, y ésta se hallaba construida sobre la base de la primera construcción, Andrés se estremeció al pensar que allí mismo, podía estar oculta la reliquia en cuestión.

Bajó las escaleras, y se introdujo en la parroquia encendiendo las luces, se sentó en uno de sus bancos y observó detalladamente el lugar, había estado infinidad de veces allí, pero ahora, en ese preciso momento, lo veía desde una perspectiva diferente.

Se acercó al altar, y lo estudió palmo a palmo, siguió su recorrido lentamente por la estancia, sumido en sus cavilaciones. De repente, se detuvo ante sus pasos, se giró y vio como el pasillo central de la parroquia, no era uniforme en su solería, su material al igual que su dibujo del piso, eran diferentes. Ocupaba ésta zona, el centro justo de la parroquia, Archivo: /home/usuario/Escritorio/novelas/EL-MANUSCRITO.txt

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para después seguir sinuosamente el mismo trazado.

Andrés se agachó y posó sus manos sobre el suelo, justo encima de la zona, la notó demasiado fría, y extrañado tocó el suelo unos metros más allá de ese lugar.

Efectivamente las demás zonas se hallaban más templadas.

Un escalofrío le recorrió su espalda, su respiración se entrecortó, y su corazón galopó desbocado. Se sentó en un banco y se serenó un instante, pensó que todo aquello podía ser producto de su imaginación, y de tantas horas leyendo documentos históricos relacionados con los Templarios.

Escuchó trastear la puerta de la parroquia y asustado se escondió en el confesionario.

Allí, ante él, aparecieron los dos individuos que presuntamente habían robado los manuscritos, arrancándolos del volumen.

Andrés, les observaba tras la rejilla del confesionario, éstos hablaban entre ellos en voz baja, y hacían indicaciones hacia la zona del suelo donde minutos antes Andrés había estado ojeando. Uno de ellos sacó un papel de su chaqueta y lo observó, y mirando a su compañero asintió. Se guardó de nuevo el papel, y ambos abandonaron sonrientes la parroquia.

No daba crédito a lo sucedido, era una situación surrealista, sacada de una película de Alfred Hitchcock, se sentía aturdido por todo lo acontecido. Esperó un rato en el confesionario, antes de salir y dirigirse de nuevo al archivo, comprobando antes, que la puerta de la parroquia se hallaba perfectamente cerrada.

Subió al archivo, recogió todo y se marchó para su domicilio, iba caminando y las calles de Mosqueruela se hallaban desiertas, miró su reloj y vio que éste marcaba ya, las cuatro de la madrugada.

Le pareció escuchar pasos tras de sí, se volvió pero allí no había nadie, se asustó y aligeró el paso, su domicilio se hallaba cerca, dos calles más abajo.

Al llegar cerró la puerta echando las llaves, cosa que nunca solía hacer, pues la Villa era un lugar tranquilo, apenas había delincuencia, pero esa noche estaba asustado por la presencia inesperada en la parroquia, de los dos individuos vestidos de negro.

Telefoneó, a pesar de lo intempestivo de la hora, a su amigo el jefe de la policía local.

Éste cogió el teléfono sobresaltado, se hallaba dormido y no estaba acostumbrado que le llamasen a esas altas horas de la madrugada, y menos a su casa. Escuchó la voz temblorosa de Andrés al otro lado del aparato, y aun así le reprimió por haberle llamado.

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000C-¿Estás loco, cómo me llamas a éstas horas?-, vas a despertar a mí familia, -¿ocurre algo?-preguntó su amigo malhumorado.

-No lo sé-dijo Andrés avergonzado.

-Perdona, dime que te ocurre-dijo su amigo.

-¿Puedes venir a mi casa?, me gustaría contártelo en persona-dijo Andrés.

-Espero que sea algo importante para sacarme de la cama a estas horas-gruñó su amigo.

Una vez en el domicilio, Andrés le explicó a su amigo el jefe de policía, todo lo ocurrido. Todavía medio dormido, no salía de su asombro, en todos los años que llevaba al mando de la policía local de Mosqueruela, nunca se había topado con un caso tan peculiar y misterioso a la vez.

No entendía nada, al principio creía que se trataba de una pesada broma de Andrés, pero pronto se dio cuenta de la preocupación que éste mostraba y acabó creyéndole.

Pedro, el jefe de policía, quiso ir a la parroquia, para comprobar lo que Andrés le había relatado. Ambos se dirigieron a ella, y una vez dentro, Andrés le mostró a su amigo la zona referida.

Éste se agachó y comprobó palpando con la mano como en verdad, la zona estaba demasiado fría con respecto a los aledaños.

-Nunca me había fijado en ésta zona concreta del suelo-dijo Pedro.

-Yo tampoco-respondió Andrés.

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-¿Y ahora, qué hacemos?-preguntó Andrés.

-Yo no sé tú, yo me voy a la cama-dijo despreocupado Pedro.

-¡Pedro, por favor!-; -¿Y sí vuelven de nuevo los individuos?-dijo Andrés preocupado.

-Invítalos a una copa-contestó Pedro con ironía.

Andrés salió tras él, y lo agarró por el brazo diciéndole: -¿Crees que estoy mintiendo?-.

-Lo que creo es que estás saturado de trabajo, y el leer tantas historias de Templarios, te está trastornando el cerebro.

-¿Eso piensas?-preguntó Andrés ofuscado.

-Es broma hombre, pero sí creo que deberías descansar más-respondió Pedro.

-Me has asustado-dijo aliviado Andrés.

-No seas tonto, recoge tus cosas y vámonos a descansar, ya no creo que los individuos vuelvan esta noche, mandaré a dos de mis hombres a que vigilen la entrada de la parroquia-añadió Pedro.

Andrés se sintió más tranquilo, y junto a su amigo abandonaron la parroquia. De camino a casa, Pedro le dijo que a primera hora comenzarían con las investigaciones, y que pediría permiso al Alcalde y al párroco para examinar a fondo la parroquia.

Andrés, no pudo dormir en las pocas horas que le quedaban a la madrugada, sus pensamientos se agolpaban y no le dejaban razonar con claridad. Angustiado esperaba el amanecer, se levantó de la cama y se preparó un café solo, para a continuación seguir leyendo el volumen que tomó del archivo.

Miró su reloj, y vio que faltaba poco para comenzar su jornada laboral, se aseó y partió hacia el Archivo. Cuando faltaban pocos metros para llegar, vio un gran remolino de gente a las puertas del mismo, la policía se hallaba en la entrada de la parroquia, y su amigo Pedro, jefe de la policía local, charlaba con el Alcalde y con el Párroco. Andrés aligeró el paso, iba preocupado sobremanera al ver aquella extraña situación.

Al llegar a la altura de su amigo Pedro, le preguntó el por qué de tanta agitación, su amigo le contestó que habían destrozado el suelo de la parroquia.

-Tenías razón Andrés-dijo avergonzado.

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000C En un acto de ira, agarró a su amigo el jefe de policía de su chaqueta y empezó a zarandearlo diciéndole a gritos:-Te lo dije, te lo dije, allí se hallaba la reliquia, y no me hiciste caso, ya la han robado…

Andrés se despertó bañado en sudor, su esposa lo tranquilizó diciéndole que había tenido una pesadilla, y éste la dijo que había parecido real como la vida misma.

-Tranquilo cielo, ya ha pasado-dijo ella.

Abrazó a su esposa, y la besó en la frente, se quedaron dormidos de nuevo fundidos en un abrazo. A la mañana siguiente, Andrés partió contento hacia su trabajo, pensando que todo había sido un sueño. De camino al Archivo, se encontró con su amigo Pedro, a quien le dio un abrazo sin venir a cuento, su amigo se sorprendió y extrañado le sonrió, Andrés le dijo que ya hablaría con él.

Ya en su puesto de trabajo, se dirigió a los archivos con los que había soñado, todo se hallaba en orden, sólo faltaban algunos volúmenes que en ese momento estaban hojeando los clientes, Andrés suspiró aliviado y siguió con su trabajo. A la hora del cierre, empezó a recoger y ordenar los distintos manuscritos que no habían colocado los clientes en su lugar, ya sólo le quedaba por colocar un volumen, fue a cogerlo para depositarlo en su lugar, y allí estaba, ante sus ojos, el mismo título que vio en sueños, y efectivamente le faltaban gran cantidad de páginas…

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FIN

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