El Vagabundo por Yolanda Pinto - muestra HTML

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EL VAGABUNDO

YOLANDA PINTO

Freddy volvió a su apartamento, bajó a la calle y se encaminó a la parada del

autobús de línea, eran casi las diez de la noche pero aún pasaban los autobuses. Se

sentó en el asiento de plástico de la parada junto a un hombre, parecía un

vagabundo, portaba una mochila grande, Freddy sacó un cigarrillo del paquete que

tenía en el bolsillo de su camisa y se acercó al hombre a pedirle fuego, éste sacó de

su andrajoso bolsillo un mechero bic de color verde y le dio fuego.

¿Le importaría darme uno? Le dijo el hombre.

--No claro que no, tome.

--Odio las noches de frío como hoy, dijo el hombre mientras daba

la primera colada.

--Sí es cierto hace frío. ¿Vive usted por aquí?

--No, duermo en la calle, no tengo casa, me dirijo al puerto

donde suelo terminar el día y allí me quedo a dormir.

– El vagabundo dio otra calada a su cigarro y miró el cielo

estrellado y dijo ¿Qué piensa usted del universo, cree usted en Dios? Le preguntó a

Freddy.

--Bueno no sé, creo que algo debe de haber, no creo que

estemos solos.

--¿Y como se imagina usted a Dios? Volvió a preguntarle.

--No sé, alto, con barba blanca, pelo rizado, un bastón.

Pero ya le digo, en mí no confíe para llegar a una conclusión sobre la existencia del

Dios, a mí nunca se me apareció, y en esta ciudad están pasando cosas muy raras y

Dios no hace nada por remediarlo.

--Soy ateo ¿sabe? Dijo el mendigo, pero el otro día se me

apareció Dios.

--¿Lo dice usted en serio?

--Sí estaba durmiendo en la acera de la calle plácidamente y

se me apareció en un sueño, se apareció en forma de esfinge, me decía los seis

números de la Bonoloto, pero fui tonto no le hice caso, los apunté por si acaso, y a

la semana siguiente vi que eran los premiados. Dios me castigó por no tener fe, ya

sabe usted la frase de la biblia que dice “Bienaventurados los que sin ver, creyeron

porque de ellos será el reino de los cielos”.

--Freddy que se estaba cansando de la conversación banal

con el mendigo, le contestó:

--Bueno no creo que fuera Dios el que se le apareció

dándole los número premiados, no sabe usted también la frase de la biblia que dice:

No atesores en la tierra, donde la herrumbre corroe, donde los ladrones roban y la

polilla carcome. Dios no quiere riqueza por lo tanto creo que más bien fue el

demonio quien le dijo los números, Dios quiere a gente como usted que viva

sufriendo y no tenga donde caerse muerto, sabe muy bien que el dinero es un

conducto a la ambición, a la lujuria, al pecado y a la vanidad. El dinero y Dios son

cosas incompatibles, ya veía usted como iba vestido Jesucristo, nada de lujos, es

más creo que era hippy o heavy por las greñas que llevaba.

--Pero ¿Y el vaticano? Está lleno de riqueza, dijo el

vagabundo y pertenece a la iglesia católica.

--Sí lo sé, es algunas de las contradicciones de nuestra

religión le dije.

--Vaya, dijo el vagabundo, me deja usted de piedra, se

nota que tiene usted cultura, me ha convencido sí señor. ¿podría darme usted otro

cigarro?

--Si claro, le dijo mientras le acercaba el paquete para que

él mismo se sirviera. El mendigo se puso el cigarro en la boca y sacó de nuevo su

mechero y él mismo se prendió la llama, luego inhaló el humo.

– De todas maneras siempre pasan cosas raras, dijo el

mendigo, no somos más que una gota en un inmenso océano, nada de lo que

hagamos en esta vida arreglará el mundo por mucho que nos empeñemos. ¿Sabía

usted que sólo desarrollamos un 10% del cerebro?

--Sí el que lo llega a desarrollar sí, le dije.

--Todo es tan complejo, la geometría, la física, la astronomía,

la química, la civilización humana no es más que un grano de arroz de una paella.

Todo el universo nos invade y nos domina, no podemos disuadirnos de él. En vez

de pensar en la divinidad nos deberíamos de centrar más en el estudio del genoma

humano, ya sabe el genoma del Homo Sapiens,(al fin y al cabo es lo que somos

materia) es decir la secuencia del ADN contenida en 23 pares de cromosomas en el

núcleo de cada célula humana diploide, al fin y al cabo es ciencia, algo tangible que

nos puede llevar a vivir más años y sin enfermedades, dijo el vagabundo.

--Estoy de acuerdo con usted, le dije, sorprendido de que un

mendigo tuviese conversaciones tan trascendentes, nunca lo hubiese pensado al

verlos tirados por las calles.

Al mendigo se le apagó la llama del cigarro, metió de nuevo

su mano en el bolsillo para volver a sacar su mechero y se le cayó del bolsillo una

tarjeta.

Freddy la miró y pudo leer en ella que era la tarjeta de

publicidad del restaurante “La gran muralla”.

--¿oiga conoce usted ese restaurante? Le preguntó Freddy.

--Sí es en las afueras de él donde me suelo quedar a

dormir la mayoría de las noches.

--Sí conozco al dueño le dijo Freddy, es un ciudadano

chino que tiene un diente de oro, también tiene un ojo de cada color.

--Sí usted se refiere al Sr. Chen, claro él regenta el

restaurante, un tipo generoso, me da de comer a veces las sobras de las comidas

que sirvieron en el día.

--¿Oiga ve usted mucho trasiego de gente entrando y

saliendo de allí? Le preguntó Freddy sospechando que el vagabundo podría darle

información sobre el lugar.

--Sí bastante gente entra y sale de allí, hasta las cuatro de

la madrugaba más o menos, creo que hacen fiestas dentro o algo así, vienen coches

de lujo y gente bien vestida a partir de la madrugada, pero ya sabe yo no me meto,

ellos son de otro mundo al mío.

--Sí, quizás usted haya visto una Sra. mayo de habla

francesa.

--Bueno lo que más he visto es al Sr. Chen entrando al

restaurante con una Sra. muy bien peinada y vestida, suelen venir en el Mercedes

de ella, un Clase-E matrícula francesa. Esta Sra. que le digo es morena de melena

corta, de tez blanca siempre va en traje de chaqueta y tendrá unos 55 años, por lo

visto el Sr. Chen también habla francés por el tiempo que me contó que estuvo en

Bélgica viviendo y entra con ella hablando en esa lengua.

--¿Y se queda mucho rato allí dentro con él?

--No tanto, se nota que es una mujer de negocios, una

mujer con clase, seria, entran y se sientan en una mesa del fondo en una esquina los

dos solos, sacan una botella de vino y los dos se ponen a hablar parece ser que

llevan negocios juntos, pero no puedo saber de qué. El Sr. Chen se nota que es una

persona muy inteligente. La mujer suele venir a visitarlo una vez al mes más o

menos, por lo demás es un sitio discreto.

Bueno parece ser que esa es mi línea yo ahora voy a la

acera del restaurante, dijo el mendigo mientras veía venir de lejos su autobús.

Vale yo tendré que esperar el número dos voy en dirección

a Tarifa.

Está bien, dijo el mendigo mientras se levantaba y estiraba

el brazo haciendo señas al autobús número uno para que le parase. Me gustó hablar

con usted, me llamo Mark dijo el vagabundo soy español pero mi madre era

Alemana, hasta otra, o pásese un día a visitarme por la Avenida Virgen del Carmen

y no olvide traerme algunos cigarrillos.

Sí lo haré, no lo dude, que tenga buen viaje, le dijo Freddy

mientras veía subirse a Mark en el autobús de línea.

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