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El caso

del Jesús

verdadero

Un periodista investiga los ataques

recientes contra la identidad de Cristo

Lee Strobel

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04/03/2008 23:36:00

La misión de Editorial Vida es proporcionar los recursos necesarios a fin de alcanzar a las personas para Jesucristo y ayudarlas a crecer en su fe.

EL CASO DEL JESÚS VERDADERO

Edición en español publicada

por Editorial Vida -2008

Miami, Florida

© 2008 por Lee Strobel.

Originally published in the U.S.A. under the title: The Case for the Real Jesus

Copyright © 2007 by Lee Strobel.

Published by permission of Zondervan, Grand Rapids, Michigan.

Traducción: Pedro L. Gómez Flores

Edición: Anabel Fernández Ortiz

Diseño interior: José Luis López González Diseño de cubierta: Ismael López Medel

Reservados todos los derechos. A menos que se indique lo contrario, el texto bíblico se tomó de la Santa Biblia Nueva Versión Internacional. © 1999 por Sociedad Bíblica Internacional.

ISBN – 978-0-8297-5368-4

Categoría: Vida cristiana / General

Impreso en Estados Unidos de América

Printed in the United States of America

08 09 10 11  6 5 4 3 2 1

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C O N T E N I D O

Presentación de la “Biblioteca Teológica Vida”. . . .

I

Introducción: La búsqueda del Jesús verdadero. . . .

1

Primer desafío. . . . . . . . . . . . .

15

“Los eruditos están descubriendo un Jesús radicalmente distinto a partir de documentos antiguos tan creíbles como los cuatro Evangelios”

Segundo desafío. . . . . . . . . . . .

59

“El retrato bíblico de Jesús no es digno de confianza, puesto que la iglesia alteró el texto”

Tercer desafío. . . . . . . . . . . . .

97

Primera parte: “La resurrección de Jesús ha sido refutada por nuevas explicaciones”

Segunda parte: Turno de preguntas

Cuarto desafío. . . . . . . . . . . . .

155

“El cristianismo adoptó sus creencias acerca de Jesús de las religiones paganas”

Quinto desafío. . . . . . . . . . . . .

187

“Jesús fue un impostor que no cumplió las profecías mesiánicas”

Sexto desafío. . . . . . . . . . . . .

225

“Las personas deberían ser libres para decidir lo que quieren creer acerca de Jesús”

Conclusión: Descubrir al Jesús verdadero. . . . .

261

Apéndice A: Un resumen de la evidencia

de The Case for Christ [El Caso de Cristo]. . . . .

271

Apéndice B: Páginas web útiles para

investigar sobre el Jesús verdadero. . . . . . .

278

Notas. . . . . . . . . . . . . . .

279

Conozca a Lee Strobel. . . . . . . . . . .

301

Reconocimientos. . . . . . . . . . . .

302

Bibliografía en castellano. . . . . . . . . .

303

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INTRODUCCIÓN

LA BÚSQUEDA DEL JESÚS VERDADERO

Una buena parte de la historia del cristianismo se ha dedicado a domes-ticar a Jesús, a reducir a este personaje escurridizo, enigmático y paradójico a dimensiones que podamos aprehender, entender y convertir a nuestros propósitos. Hasta ahora, tales intentos no han funcionado.

Andrew Greeley, sacerdote católico1

¿Puede alguien mostrarme al verdadero Jesús?

De la canción de la banda de rock

canadiense Downhere 2

A primera vista, no había nada anormal en el cementerio Evergreen de Oakland, California. Allí estaban las acostumbradas hileras de lápidas, algunas adornadas con flores, otras con pequeñas banderas norteamericanas que ondeaban sacudidas por el suave aire invernal. Deambulé un rato entre las tumbas y pronto llegué a una suave ladera en la que, como guardiana de un amplio prado de hierba, encontré una solitaria lápida con esta suge-rente inscripción: “En memoria de las víctimas de la tragedia de Jonestown.” Bajo la hierba de aquel prado descansaban los restos de más de cuatrocien-tos californianos que se habían dejado seducir por el persuasivo atractivo de Jim Jones, autoproclamado “mesías”, y le habían seguido a las junglas de América del Sur para construir un paraíso de armonía e igualdad racial.

Profesando su credo de amor e igualdad de oportunidades, y seducidos por su carisma y elocuencia, pusieron toda su fe en este seductor visionario.

Su pretensión más audaz fue creerse la reencarnación de Cristo: el verdadero Jesús3. Deseando poner en práctica la doctrina de paz y tolerancia de Jones, los peregrinos llegaron a una remota selva tropical de Guyana, solo para darse cuenta al cabo de un tiempo de que éste estaba construyendo un infernal enclave de represión y violencia. Cuando un congresista norteameri-cano y un grupo de periodistas que les visitaron amenazaron con denunciarle, Jones ordenó que les tendieran una emboscada y les mataran antes de que éstos pudieran regresar a su país en un avión privado.

Acto seguido, Jones dio la infame orden que le haría famoso: todos sus seguidores habían de beber de un ponche preparado con cianuro. Para admi-nistrar el veneno a los niños utilizaron jeringuillas. A quienes se negaron, les mataron a tiros.

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Pronto, entre hombres, mujeres y niños, más de novecientas personas agoni-zaban bajo el sol abrasador, y Jones ponía fin a su propia vida con un disparo en la cabeza.

Los cadáveres de 409 víctimas, más de la mitad de los cuales eran bebés y niños, fueron repatriados a California en sencillos ataúdes de madera y sepultados en el cementerio de Evergreen. Durante los casi treinta años que han pasado desde la tragedia de Jonestown, muy pocos han ido a visitar ese lugar.

Aquel día, permanecí largo rato en respetuoso silencio. Mientras sacudía la cabeza pensando en el tremendo sinsentido de esta pérdida, una idea cruzó por mi mente: Las creencias tienen consecuencias muy reales.

Estas víctimas creían en Jones. Suscribían su utópica visión. Hicieron suyos sus dogmas. Pero en última instancia la verdad es ésta: El valor de la fe depende exclusivamente de aquel en quien se deposita.

¿QUIÉN ES JESÚS?

Si buscas el término Jesús en Amazon.com, encontrarás 175.986 libros (y, sí, ahora uno más). Si lo buscas en Google tendrás, en un abrir y cerrar de ojos, 165 millones de referencias. Si preguntas a la gente respecto a su idea del verdadero Jesús —como hicieron Jon Meacham y Sally Quinn en la página web de Newsweek “acerca de la fe” poco antes de la pasada Navidad de 2006—te verás muy pronto sepultado por una avalancha de disparatadas opiniones, como demuestran estos asombrosos extractos:

• “No conocemos muchos hechos históricos respecto a Jesús, sin embargo, según parece, fue un rabino que dio ejemplo de compasión. Desde entonces ha sido explotado por los cristianos, especialmente por los estadounidenses.”

• “Jesús es real, en el sentido de que existe para aquellos que así lo desean.”

• “Según los criterios de nuestros días, Jesús fue un liberal.”

• “Jesús fue uno de los miles de judíos asesinados por los romanos por disentir con el Imperio.”

• “Jesús es mi poder supremo personal. Me ayuda a permanecer sobrio día tras día.”

• “Jesús era todo ser humano. Habría podido llamarse perfectamente Morris.

Qué lástima que en esta ocasión se manifestara en forma masculina. Le deseo más suerte la próxima vez.”

• “Creo que Jesús es el Hijo de Dios. Yo soy un Hijo de Dios.”

• “Incluso los cristianos más estrictos consideran que Jesús era el Hijo de Dios únicamente de manera simbólica.”

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• “Jesús fue un iluminado.”

• “Jesús es el Hijo de Dios que nació, murió y resucitó de entre los muertos para salvarnos de nuestros pecados. Hoy sigue vivo, y ha de volver a la Tierra de nuevo.”

• “Ni siquiera está claro que Jesús fuera un verdadero personaje histórico.

Las leyendas en torno a él —un Hijo de Dios que nació de una virgen, hizo milagros y resucitó de entre los muertos— eran relatos muy corrientes en el Oriente Antiguo. Los mitos acerca de Jesús ni siquiera son originales.”

• “Jesús es más o menos igual de ‘real’ que Santa Claus, el ratoncito Pérez, o el Rey Arturo.”

• “Jesús fue un hombre a quien clavaron en un madero por decir lo bonito que sería que cambiáramos y fuéramos buenos con la gente.”

• “De modo que, ¿quién fue Jesús? Una persona especialmente íntegra, muy parecida a Teresa de Calcuta. No menos que ella, pero tampoco más.”

• “Jesús fue un predicador apocalíptico que pensaba que Dios intervendría y salvaría a Israel de la opresión romana, y a Él de la muerte. Dios no hizo ninguna de las dos cosas. Jesús murió desilusionado, y eso es todo. Cualquier otra cosa es fantasía.”

• “Sinceramente, no me importa Jesús. Saber quién o qué fue, es, o no es, no me afecta.”

• “No hay separación o distinción entre donde Dios deja de ser y nosotros comenzamos. Somos todos Uno, todos divinos, igual que Jesús.”

• “Jesús fue un hombre más digno de compasión que de injurias o adoración.

Padecía lo que los psicólogos contemporáneos conocen ahora como delirios de grandeza, trastorno bipolar, y probablemente esquizofrenia aguda.”

• “Para gente adulta, Jesús es un cuento de hadas. Lamentablemente, es un cuento de hadas que lleva a la gente a bombardear clínicas, menospreciar a las mujeres, denigrar la razón, y abrazar la avaricia. Cualquier conducta puede justificarse cuando tienes a Jesús como pasaporte a la eternidad.”

• “¿Quién fue Jesús? Un profeta apocalíptico que se equivocó y lo pagó con la muerte. Debería ignorársele, no celebrársele.”4

Como puedes ver, después de dos mil años no podemos decir que haya pre-cisamente un gran consenso respecto al fundador del cristianismo.

“Todo el mundo pretende que su Jesús es el ‘real,’ el único Cristo auténtico que no ha sido pervertido por la sociedad secular o las instituciones religiosas,” dijo Chris Suellentrop, que escribe para Slate y el New York Times. El surgimiento de Jesús como programador informático en la película The Matrix muestra cómo puede ser reinventado para cualquier época, incluso futura.”5

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Se ha dicho que Jesús era un intelectual que fue soltando breves aforismos; un cínico mediterráneo que lideró una banda itinerante de proto hippies; un feminista andrógino y embajador de Sofía, la encarnación femenina de la sabiduría de Dios; un inteligente farsante mesiánico; un mago homosexual; un revolucionario entre los campesinos; y un maestro de judaísmo Zen. Le pre-guntaron a un filósofo:

¿Quién, pues, fue Jesús? ¿Fue acaso un hasid itinerante, o santón, como proponen Geza Vermes y A.N. Wilson? ¿O quizá un “cínico campesino judío,” como alega John Dominic Crossan? ¿Fue un mago que se esforzó en descarriar a Israel, como sostiene el Talmud? ¿Fue un auto proclamado profeta que murió desilusionado, como sostuvo Albert Schweitzer? ¿Fue un personaje del primer siglo cuyos supuestos milagros y divinidad fueron simples mitos o invenciones de la iglesia primitiva (como sugieren David F. Strauss, Rudolf Bultmann, y John Hick)? ¿O acaso, como afirman los Evangelios, fue “el Cristo, el Hijo del Dios viviente”?6

A lo largo de la Historia, aquellos que han investigado a Jesús han descubierto, a menudo, exactamente a quien querían encontrar. En otras palabras

dijo Charlotte Allen en The Human Christ (el Cristo humano), “los buscadores liberales encontraron a un Jesús liberal... los deístas, a un deísta, los románticos un romántico, los existencialistas un existencialista, y los libera-cionistas a un Jesús activista.”7

¿Es posible encontrar al verdadero Jesús? Esto depende de cómo respon-das a una pregunta más fundamental: ¿Estás dispuesto a poner a un lado tus preconcepciones y dejar que los datos te lleven donde sea? ¿Y yo? ¿Estoy dispuesto a hacer lo mismo? Personalmente, yo hube de hacerme esta pregunta cuando, siendo ateo, me decidí a investigar la identidad de Jesús. Y

en días más recientes, y ahora ya como cristiano, hube de hacer frente, de nuevo y directamente, a esta cuestión cuando se me plantearon seis potentes desafíos capaces de menoscabar todo lo que había creído acerca de Él.

NO TAN RÁPIDO…

Si me hubieras pedido mi opinión acerca de Jesús cuando era el editor jurídico del Chicago Tribune, te hubiera dado una respuesta categórica: si existió, fue sin duda un profeta agitador que se vio enfrentado a los dirigentes religiosos y polí-

ticos de su tiempo. Las reivindicaciones con respecto a su divinidad fueron, sin duda, inventadas por sus seguidores mucho después de su desafortunada des-aparición. Como ateo que era, excluía cualquier posibilidad de un nacimiento virginal, milagros, la resurrección, o cualquier otro elemento sobrenatural.

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Fue la conversión al cristianismo de mi esposa, que era agnóstica, y los cambios positivos que se produjeron en su carácter los que me estimularon a utilizar mi formación jurídica y mi experiencia en el periodismo para aden-trarme sistemáticamente en la búsqueda del Jesús verdadero. Después de casi dos años de estudiar Historia antigua y Arqueología, encontré las pruebas que me llevaron al inesperado veredicto de que Jesús es el Unigénito Hijo de Dios, que demostró su divinidad levantándose de entre los muertos. No era preci-samente el resultado que estaba buscando, pero sí la conclusión que creo que demandaban las pruebas.

Para la redacción de mi libro The Case for Christ [El Caso de Cristo], en el que volví sobre mis antiguos pasos y amplié algunas cuestiones, me senté con respetados eruditos, doctorados por Brandeis, Cambridge, Princeton, la Universidad de Chicago, y otras respetadas instituciones académicas, y les acribillé con las difíciles preguntas que me habían desconcertado en mis tiempos de escéptico. Salí aún más convencido de que las pruebas acu-mulativas establecían la deidad de Jesús de un modo claro y convincente.8

Pero, no tan rápido…

Aquel libro se publicó en 1998. Desde entonces el Jesús del cristianismo histórico ha estado bajo un creciente y feroz ataque. Sirviéndose de las aulas universitarias, libros de gran divulgación e Internet, tanto eruditos como autores de divulgación pretenden desacreditar al Cristo tradicional. Tales autores captan la imaginación del público con retratos radicalmente nuevos de Jesús que guardan poco parecido con la imagen que ha venido abrazando la iglesia durante largos siglos.

En el año 2003, el Código Da Vinci, la novela increíblemente exitosa de Dan Brown, llevó esta controversia a un punto álgido, poniendo ante el gran público sus sorprendentes imputaciones respecto a la historia de la iglesia y la identidad de Jesús en una embriagadora mezcolanza de hecho y ficción. Sin embargo, el asunto es mucho más profundo.

Para muchos, su primer contacto con un Jesús distinto, vino acompañado de una gran cobertura informativa para el Seminario de Jesús, un grupo de profesores muy escépticos que cautivaron la atención de los medios de comunica-ción en la década de 1990 con la utilización de cuentas de colores para votar lo que Jesús dijo realmente. La conclusión de este grupo es que, de cada cinco declaraciones que los Evangelios atribuyen a Jesús, menos de una sería un dicho auténticamente suyo. Por ejemplo, por lo que respecta al Padrenuestro, el Seminario solo tiene confianza en las dos primeras palabras “Padre nuestro.” Sucedió algo parecido cuando se trató de determinar las auténticas obras de Jesús.

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Lo que hizo que el Seminario de Jesús fuera único es que en lugar de utilizar los canales académicos habituales llevó con entusiasmo sus conclusiones directamente al público. “De repente, estos eruditos han comenzado a preocu-parse —se diría que con celo casi evangelizador— en moldear a la opinión pública acerca de Jesús con sus investigaciones,” dijo un experto en Nuevo Testamento.9

Encontraron una audiencia bien dispuesta en muchos estadounidenses pre-dispuestos a la idea de un nuevo Jesús. Con un público ávido de esta temática, las editoriales comenzaron a sacar montones de libros de gran tirada reca-lentando varias teorías revisionistas acerca del “verdadero” Cristo. Al mismo tiempo, por Internet comenzaron a proliferar toda una serie de páginas web y blogs que ofrecían especulaciones “poco convencionales” acerca del nazareno.

Como fenómeno equiparador de oportunidades, Internet no distingue entre los eruditos rigurosos y concienzudos, y los chiflados y falaces, dejando a los navegantes de la web sin un filtro fiable para determinar lo que es fidedigno y lo que no.

Entretanto, las aulas universitarias, dominadas cada vez más por los miembros liberales de la facultad que crecieron en la década de los 60 (un periodo religiosamente sospechoso), se convirtieron en campo abonado para las creencias más vanguardistas acerca de Jesús y el cristianismo. Según un estudio de referencia del año 2006 realizado por profesores de las universidades de Harvard y George Mason, el porcentaje de educadores ateos y agnósticos que enseñan en las universidades norteamericanas es tres veces mayor que en el conjunto de la población. Más de la mitad de los profesores universitarios creen que la Biblia es “un libro antiguo de fábulas, leyendas, historia, y pre-ceptos morales,” en comparación con menos de una quinta parte de la población en general que tiene esta opinión.10

En los últimos años, han surgido de este entorno seis importantes desafíos del punto de vista tradicional de Jesús. Tales críticas están entre las objeciones más poderosas y difundidas que se dirigen en contra del cristianismo, y que circulan actualmente por los canales de la cultura popular. Estas cuestiones han dejado pensativos a muchos cristianos, sin saber qué responder, y han confundido en su búsqueda espiritual a incontables personas con respecto a la identidad de Jesús, o a la posibilidad de llegar a conclusiones sólidas acerca de él.

Puesto que en mi propio periplo hacia la fe hube de trazar un camino ela-borado con hechos investigados con mucho esfuerzo y lógica, me era ahora imposible pasar por alto estas acusaciones después de encontrármelas repetidamente durante los últimos años. Se trata de cuestiones demasiado importantes acerca de la identidad de Jesús. No tenía otra elección que concederles Strobel.indb 6

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todo su peso, y abrirme a la posibilidad de que tales críticas pudieran poner legítimamente en jaque la concepción tradicional de Cristo.

Mi propia integridad intelectual demandaba respuestas.

PRIMER DESAFÍO

Los eruditos están sacando a la luz un Jesús radicalmente distinto, a partir de documentos antiguos tan creíbles como los cuatro evangelios.

Durante el siglo XX se han descubierto varios evangelios, que algunos expertos sitúan en el periodo inicial del cristianismo, y que describen a un Jesús muy distinto del que nos presentan Mateo, Marcos, Lucas, y Juan. El Evangelio de Tomás, descubierto hace sesenta años pero que no se ha popularizado sino hasta hace unos pocos, y el Evangelio de Judas, cuyo descubrimiento se anunció a bombo y platillo en el año 2006, están entre los manuscritos antiguos que fomentan un extenso interés en el gnosticismo, un movimiento que para sus proponentes es tan válido como el cristianismo convencional.

Aunque el gnosticismo es diverso, el erudito del Nuevo Testamento N.T. Wright afirma que, a lo largo de la Historia, los gnósticos han mantenido en común cuatro ideas básicas: el mundo es malo, fue producto de un creador perverso, la Salvación consiste en ser rescatado de él, y tal rescate se lleva a cabo por medio de un conocimiento secreto, o gnosis en griego.11 Wright dijo: A esta gnosis especial se llega por medio del conocimiento del único dios verdadero, del verdadero origen del mundo de maldad, y también acerca de la propia identidad… Lo que se necesita, en otras palabras, es un “revelador” que ha de llegar de las esferas trascendentes, del mundo espiritual superior, para revelar a los pocos escogidos que dentro de sí mismos poseen el brillo de la luz, la identidad divina profundamente oculta en su interior.12

Para muchos gnósticos, este revelador es Jesús de Nazaret, quien, según su concepción no es el Salvador que murió por los pecados del mundo sino que vino más bien a impartir la sabiduría oculta, el divulgador de la verdad acerca de la naturaleza divina que hay dentro de cada uno de nosotros. Por ello, los gnósticos no están tan interesados en los hechos históricos acerca de Jesús, como en sus enseñanzas privadas que supuestamente impartió a sus seguidores más selectos.

“Los autores gnósticos tienden a ver el nacimiento virginal, la resurrección, y otros elementos de la historia de Jesús, no como acontecimientos literales e históricos sino como símbolos clave de un entendimiento ‘más elevado’”, afirmó el periodista Jay Tolson en el tema de portada de U. S. News and World Report, “In Search of the Real Jesús” [En busca del verdadero Jesús].13

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Tolson dice que en la descripción de los gnósticos que hace Elaine Pagels, profesora de religión de Princeton,

Los gnósticos son los precursores de los modernos buscadores espirituales, recelosos de la religión institucional, del literalismo, y de las tradiciones retrógradas. Libres de sexismo y paternalismo y sin la carga que supone la insistencia en la culpa y el pecado, el acercamiento altamente esotérico e intelectual de los gnósticos a lo sagrado era tal que incluso los escépticos iluminados podían abrazarlo.14

Canadá ha visto ya el nacimiento de su primera iglesia gnóstica.15 En los Estados Unidos, “hay un creciente movimiento gnóstico, aunque desorganizado y sin relación entre sí,” dijeron Richard Cimino y Don Lattin en su estudio de la espiritualidad norteamericana.16 Aunque no se identifiquen a sí mismas como gnósticas, muchas personas están incorporando libremente a su espiritualidad ciertos aspectos del gnosticismo. La razón es que estos elementos encajan bien con los valores estadounidenses de la independencia y la individualidad.

Cimino y Lattin dijeron también:

La espiritualidad experimental de nuestros días comparte con el gnosticismo una necesidad de conocer a Dios de un modo personal sin los intermediarios que suponen la iglesia, la congregación, los sacerdotes y la Escritura. El factor gnóstico puede encontrarse en el crecimiento de las enseñanzas y movimientos ocultistas y esotéricos en los que se puede acceder a los secretos sobrenaturales a través de la iniciación individual y la experiencia más que por medio de textos o doctrina públicamente revelados.17

De modo que, ¿cuál es la verdadera imagen de Jesús? ¿Es el Hijo unigénito de Dios, autor de la Salvación para la humanidad mediante su muerte expiatoria en la Cruz, o es “un avatar o la voz de la fuerza vital enviada para enseñar a los humanos a encontrar el sagrado brillo interior”?18 No es simplemente que se añadan algunas nuevas pinceladas o sombras al retrato tradicional de Jesús; se trata más bien de un lienzo completamente distinto y de una imagen totalmente nueva.

En el centro de esta controversia está la fiabilidad de los Evangelios gnósticos que se han descubierto en el transcurso de las seis últimas décadas, muchos de los cuales se han publicado de nuevo en 2007 como una nueva colección llamada The Nag Hammadi Scriptures [las Escrituras de Nag Hammadi]19.

¿Expresan acaso un relato más exacto acerca de Jesús que el que ofrece la colección de documentos de la iglesia oficial que forman el Nuevo Testamento?

¿Dan un apoyo sólido a las pretensiones de que el gnosticismo floreció en el siglo primero cuando el cristianismo se estaba formando? Y lo que sería peor,

¿acaso ha intentado la iglesia suprimir las molestas verdades que contienen los Strobel.indb 8

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textos gnósticos? Si quería descubrir al “verdadero” Jesús, era imposible eludir este campo de minas potencialmente explosivo de asuntos interrelacionados.

SEGUNDO DESAFÍO

El retrato bíblico de Jesús no es digno de confianza, puesto que lo alteró el texto

Mientras que, por un lado, los libros de divulgación apuntan a los evangelios gnósticos como reveladores del “verdadero” Jesús, el cual ha sido ocultado por la iglesia; por otra, las descripciones que de Él hace el Nuevo Testamento han sido objeto de los mordaces ataques de un evangélico que se ha hecho agnóstico, a quien se reconoce como una de las autoridades más destacadas del mundo en lo que respecta a la transmisión del texto del Nuevo Testamento.

El sorpresivo best seller de Bart D. Ehrman, publicado con el provocativo título Misquoting Jesus [Tergiversando a Jesús], ha sacudido la fe de muchos cristianos y sembrado las semillas del escepticismo en quienes buscan respuestas espirituales, al acusar a los escribas que copiaron el Nuevo Testamento a lo largo de los siglos, de alterar los manuscritos, en ocasiones de manera acci-dental y muchas veces, deliberadamente. “En algunos casos,” dice Ehrman,

“lo que está en juego es el propio significado del texto.”20 ¿Cómo puede confiarse en los relatos del Nuevo Testamento acerca de Jesús si los manuscritos llevan las marcas de entre 200.000 y quizá 400.000 variantes? ¿Están en peligro las enseñanzas esenciales acerca de Jesús, como por ejemplo, la Trinidad y la Resurrección? Si la Biblia contuviera aunque fuera solo un error,

¿podría confiarse en ella? ¿Y qué acerca de los pasajes espurios de los que Ehrman afirma que, para empezar, nunca habrían de haber formado parte de la Biblia? A título personal, sabía que para poder mantener mi confianza en el Jesús del Nuevo Testamento, éstas no eran cuestiones que podía ignorar alegremente. Tendría que vérmelas con la autorizada crítica de Ehrman.

TERCER DESAFÍO

La resurrección de Jesús ha sido refutada por nuevas explicaciones de los hechos

En sus listas de éxitos editoriales, el New York Times ha publicado recientemente dos libros que son solo los últimos de una creciente batalla sobre la historicidad de la resurrección: un acontecimiento fundamental que, según los cristianos, autenticó la divinidad de Jesús.

Una nueva generación de agresivos ateos ha formulado nuevas y potentes objeciones en contra de la afirmación de que Jesús resucitó de los muertos. Al mismo tiempo, ciertos apologistas musulmanes, que saben que con el menos-Strobel.indb 9

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cabo de la resurrección se arrojan dudas sobre la totalidad del cristianismo, se han hecho cada vez más categóricos con respecto a su creencia de que Jesús nunca murió en la Cruz y, por tanto, no pudo haber vencido a la muerte, como afirma el Nuevo Testamento.

En el año 2007, ciertas cuestiones relativas a la resurrección han recibido una extensa atención cuando una sorprendente audiencia del 57 por ciento de los estadounidenses vio u oyó hablar de un documental emitido en el Discovery Channel en el que James Cameron, director de la película Titanic, y el rea-lizador de documentales Simcha Jacobovici, afirmaban que los arqueólogos habían descubierto la tumba de Jesús y su familia al sur de la antigua ciudad de Jerusalén.21 Si realmente habían descubierto su sepultura u osario, entonces Jesús no podía haberse levantado corporalmente de entre los muertos.

No hay nada que llegue tan hondo por lo que respecta a la identidad de Jesús como las críticas de su resurrección. Si la creencia de que Jesús resucitó de entre los muertos es una leyenda, un malentendido, o una deliberada falsedad perpetrada por sus seguidores, entonces Jesús pasa rápidamente de Hijo de Dios a profeta fracasado, o algo peor.

No podía pretender amar la verdad y, al mismo tiempo, apartar la vista de una de las más serias acusaciones contra la resurrección. ¿Cuán sólidas son, realmente, las pruebas de que Jesús volvió de entre los muertos? ¿Puede esta-blecerse la resurrección utilizando pruebas históricas que la inmensa mayoría de eruditos de este campo incluyendo a los escépticos imparciales

puedan aceptar como fidedignas? Y ¿acaso alguna de las teorías alternativas más actuales consiguen situar a Jesús en su tumba de un modo verosímil?

CUARTO DESAFÍO

El cristianismo adoptó sus creencias acerca de Jesús de las religiones paganas

Este argumento es simple, pero poderoso: en la Antigüedad, un numeroso grupo de personajes mitológicos nació de vírgenes, murió violentamente y resucitó de los muertos, sin embargo nadie se toma en serio estas cosas. De modo que, ¿por qué conceder verosimilitud a unas reivindicaciones similares acerca de Jesús que, obviamente, fueron copiadas de estas religiones paganas de misterio más antiguas? Esta crítica, que popularizaron hace casi un siglo ciertos historiadores alemanes, ha regresado ahora como una venganza, convirtiéndose en una de las objeciones más omnipresentes en contra de la concepción histórica de Jesús. Se ha propagado por Internet como un virus informático y un buen número de libros de gran éxito la han presentado apasionadamente, entre ellos uno que recibió un prestigioso galardón de un periódico británico.

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Los “paralelismos” parecen deslumbrantes. Según los proponentes de esta hipótesis “de la imitación”, Mitra, el dios precristiano, nació de una virgen en una cueva un 25 de diciembre, tuvo doce discípulos, prometió inmorta-lidad a sus seguidores, instituyó un ágape de comunión, fue aclamado como camino, verdad, y vida, se auto inmoló por la paz del mundo, fue sepultado en una tumba, y resucitó al tercer día.22 ¿Cómo pueden los cristianos encontrar una explicación convincente para un plagio tan evidente? ¿Acaso las cualidades sobrenaturales de Jesús fueron meras ideas prestadas de la mitología antigua y vinculadas a la historia del nazareno, por sus exaltados seguidores durante las décadas posteriores a su abyecta muerte? ¿Podría ser que Jesús no fuera más divino que Zeus, ni los informes de su resurrección más creíbles que los fantásticos relatos de Osiris o Baal? Ningún examen honesto de las pruebas a favor de Jesús puede pasar por alto la alar-mante hipótesis de que sus seguidores no eran sino plagiarios espirituales.

QUINTO DESAFÍO

Jesús fue un impostor que no cumplió las profecías mesiánicas En el año 2006, con su multimillonaria campaña de evangelización dirigida a la ciudad de Nueva York, la organización Jews for Jesus puso directamente sobre el tapete del debate público esta cuestión: ¿Es o no Jesús el Mesías cuya venida predijeron numerosas profecías judías antiguas? Las organizaciones “contra-misioneras” de la comunidad judía respondieron rápidamente, afirmando que Jesús nunca cumplió aquellas predicciones y, por tanto, no podía ser el “ungido” esperado durante milenios por el pueblo judío. Para ellos no es sino un fracaso mesiánico, puesto que nunca trajo al mundo la paz predicha por los profetas.

¿Cuáles son los verdaderos hechos? Y ¿cuáles los mejores argumentos que pueden presentarse a favor de Jesús —y solo Jesús— como aquel que encaja en el perfil profético del Mesías veterotestamentario? ¿Existen, acaso, respuestas satisfactorias a las agudas críticas que presentan apasionadamente los rabinos contemporáneos que rechazan a Jesús como Mesías judío? Sin duda, estas cuestiones ponen en tela de juicio la misión fundamental y la credibilidad de Jesús y de la Biblia y, por tanto, en buena conciencia, no podemos simplemente pasarlas por alto.

SEXTO DESAFÍO

Las personas deberían ser libres para decidir lo que quieren creer acerca de Jesús.

Vivimos en una cultura altamente relativista en la que el concepto mismo de verdad se ha convertido en algo flexible y acomodaticio; la Historia se trata Strobel.indb 11

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con extremado escepticismo, y la pretensión del cristianismo de ser el único camino a Dios se señala vehementemente como clímax de la intolerancia religiosa. Para muchos posmodernos, el “verdadero” Jesús se ha convertido en lo que cualquier individuo quiera que sea. ¿Quién está autorizado para decir que el concepto que alguien tiene de Cristo es más válido que el de otra persona?

¿No huele esto a la misma clase de actitud hipócrita, sentenciosa y moralista que deploró el propio Jesús? Cada vez son más los que soslayan los dogmas del cristianismo tradicional para crear su propio sistema de creencias, recha-zando aquellos principios que les parecen absolutamente trasnochados, y acep-tando los que les parecen apropiados. El Jesús que emerge es generalmente más tierno y amable —o, al menos, mucho más abierto y tolerante— que la versión rígida y exigente que encontramos frecuentemente en la iglesia. Este Cristo personalizado no utiliza la amenaza del infierno para que las personas se le sometan por temor; es más bien, el compañero amoroso e inspirador que ve lo bueno —e incluso lo divino— en cada uno de nosotros.

¿Es acaso el Jesús que yo descubrí en mi investigación inicial simplemente para mí personalmente? ¿O se trata de verdades objetivas y vinculantes para todas las personas en todas las culturas? Si la Historia puede interpretarse de manera subjetiva, ¿puedo, en tal caso, saber con seguridad alguna cosa acerca de Él? ¿Es el cristianismo tan solo un camino a Dios, entre muchos igualmente legítimos? Estas preguntas no responden a una curiosidad frívola: sus respuestas podrían determinar si Jesús de Nazaret sigue siendo pertinente para ésta y futuras generaciones.