El círculo linguístico de Ginebra por Jacqrida - muestra HTML

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EL CÍRCULO LINGÜÍSTICO DE GINEBRA

Jacques Derrida

Traducción de Carmen González Marín en DERRIDA, J., Márgenes de la filosofía,

Cátedra, Madrid, 1998. Edición digital de Derrida en castellano.

Los lingüistas se interesan cada vez más en la genealogía de la lingüística. Y

reconstituyendo la historia a la prehistoria de su ciencia, descubren numerosos

ancestros, a veces con un cierto asombrado reconocimiento. Es en el momento en que

los problemas del origen del lenguaje dejan de estar proscritos por los lingüistas (como

lo estaban desde fines del siglo XIX), en el momento en que un cierto geneticismo -o un

cierto generativismo- vuelve a encontrar su derecho, cuando se despierta el interés por

el origen de la lingüística. Podríamos mostrar que éste no es un encuentro fortuito. Esta

actividad historiadora no se desarrolla solamente al margen de la práctica científica y

sus resultados son ya sensibles. Ya no estamos, en particular, en ese prejuicio según el

cual la lingüística como ciencia habría nacido de un solo corte epistemológico -este

concepto que se dice bachelardiano y del que se usa o abusa hoy-, y de una ruptura

que se habría operado muy cercana a nosotros. No se piensa ya, como Grammont, que

«todo lo que es anterior al siglo XIX, no tratándose todavía de lingüística, puede ser

despachado en unas líneas»[i]. En un artículo que anuncia su Lingüística Cartesiana y

que presenta en sus grandes líneas el concepto de gramática generativa, Noam

Chomsky declara: «Mi propósito aquí no es justificar el interés de esta investigación, ni

describir sumariamente su marcha, sino señalar que nos conduce, por un curioso

rodeo, a una tradición de pensamiento antiguo, mejor aún, que no constituye un nuevo

punto de partida, o una innovación radical, en el dominio de la lingüística y de la

psicología»[ii].

Si nos instalásemos en el espacio de este «curioso rodeo», no podríamos dejar de

encontrar la «lingüística» de Rousseau. Debería uno preguntarse entonces en qué

anuncian (pero qué quiere decir aquí «anunciar»?) lo que tan a menudo estamos tan

tentados de considerar como la modernidad misma de la ciencia lingüística, incluso la

modernidad como ciencia lingüística, dado que tantas otras ciencias humanas se

refieren a ella como a su modelo institutor, la reflexión de Rousseau sobre el signo,

sobre el lenguaje, sobre el origen de las lenguas, sobre las relaciones entre habla y

escritura, etc. Estamos tanto más estimulados a practicar este rodeo cuanto las

referencias principales de Chomsky, en la Lingüística Cartesiana, nos llevan de nuevo a

esta Lógica y a esta Gramática General y Razonada de Port Royal que Rousseau

conocía bien y que es sabido ha tenido mucho valor para él[iii]. Cita, por ejemplo, varias

veces el comentario de Duclos a la Gramática General y Razonada. Incluso sobre una

de estas citaciones se cierra el Ensayo sobre el origen de las lenguas. Y Rousseau

reconoce su deuda.

La Lingüística Cartesiana no hace más que una alusión a Rousseau, en una nota que

por una parte lo acerca a Humboldt y por otra parte, no refiriéndose más que a las

palabras más generales del segundo Discurso, lo presenta como estrictamente

cartesiano, al menos en lo que respecta a los conceptos de animalidad y de

humanidad. Por más que en un cierto sentido se pueda hablar de un cartesianismo

fundamental de Rousseau en este respecto, parece que se le debe reservar un lugar

más original y más importante en una historia tal de la filosofía y de la lingüística. En

esta dirección, a título de esquema muy preliminar, es donde arriesgaré aquí las

proposiciones siguientes.

No podríamos estar autorizados a hablar de una lingüística de Rousseau más que con

dos condiciones y en dos sentidos:

1. A condición y en el sentido de una formulación sistemática, que define el proyecto de

una ciencia teórica del lenguaje, su método, su objeto, su campo rigurosamente propio;

y esto por un gesto que se denominaría «corte epistemológico» por comodidad, sin que

esté de ningún modo asegurado que la voluntad declarada de corte tenga un efecto de

corte y que el dicho corte sea alguna vez el hecho -único- de una obra o de un autor.

Esta primera condición y este primer sentido deberían estar siempre implicados por lo

que nosotros titularemos la apertura del campo, entendiéndose que una apertura tal

alcanza también a delimitar el campo.

2. A condición y en el sentido de lo que Chomsky llama las «constantes de la teoría

lingüística»: que el sistema de los conceptos fundamentales, de las exigencias y de las

normas que gobiernan la lingüística llamada moderna, tal como se titula y se

representa en su cientificidad como en su modernidad, funcione ya y sea como tal

localizable en la empresa de Rousseau, en su texto mismo. Lo que además, sin duda,

en modo alguno, sería interpretable como la anticipación genial de un pensador que así

habría predicho y preformado la lingüística moderna. ¿No se trata, por el contrario, de

un suelo de posibilidad muy generales sobre el que se levantarán toda suerte de

divisiones subordinadas y de periodizaciones secundarias? ¿No se trata de la

pertenencia común del proyecto de Rousseau y de la lingüística moderna a un sistema

determinado y finito de posibilidades conceptuales, a un lenguaje común, a una reserva

de oposiciones de signos (significantes/conceptos) que no es otro, inicialmente, sino el

fondo más antiguo de la metafísica occidental? Ésta se articula en sus diversas épocas

según esquemas de implicación cuya estructura y cuya lógica no se deja dominar tan

fácilmente como se cree a veces: de donde las ilusiones de ruptura, los espejismos de

lo nuevo, la confusión o el aplastamiento de los estratos, el artificio de las tomas de

muestras y de los cortes, el señuelo arqueológico. El cierre de los conceptos, éste sería

el título que podríamos proponer para esta segunda condición y este segundo sentido.

Estas dos condiciones parecen satisfechas; y en estos dos sentidos parece que se

puede hablar legítimamente de una lingüística de Rousseau. No podemos señalarlo

aquí sino por algunos indicios.