El regalo por Josefa Esteve Mahiques - muestra HTML

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EL REGALO

JOSEFA ESTEVE MAHIQUES

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EL REGALO

Pasadas las vacaciones de fiestas navideñas por un casual me encuentro con mi amiga llamada Flora a la que hacía tiempo que

no veía, nos saludamos con un abrazo y se puso a hablar de las fiestas pasadas y de su única hija que en algún otro momento ya

me había contado que era muy rara, y que ella y su marido no la

comprendían, primero pensaba que eran estos tiempos modernos que corren, pero insistía que por muy modernos que sean, hay cosas que no alcanzaba a comprender: su actitud y su forma de ser, pues ellos no eran así; y entonces fue cuando me contó, para que yo viera la realidad de su situación y la personalidad de su hija que unos días antes de Navidad salió a la calle a buscar un regalo apropiado para ellos, según cada cual el dinero que tiene, eso es lo que ellos se pensaban, pues mira tú por dónde pasear por la calle si fue, pero no necesitó mirar escaparates pues en mitad de la acera mismo en los alrededores de donde viven ¡ sorpresa!

Exclamó la hija: una reliquia, se acercó y recogió un trozo de forma cuadrada de lo que parecía hierro y hojalata, se le ocurrió envolverlo con un papel vistoso de regalo.

Llegó el día de Navidad, cuando tienen costumbre de entregar los respectivos obsequios, los padres a la hija y viceversa, mi amiga me miraba muy disgustada mientras me lo contaba, y claro ella pensaba que por el tamaño parecía una bandeja, sus ojos brillaban al tener por fin algo que valiera la pena, pues ya no era una niña sino una joven ya adulta, abrazaron a la hija y mi amiga se puso a desenvolver el regalo, cual fue su sorpresa que se quedó muda, sí muda, cuando pudo articular palabra le dijo ¡¿esto qué es!? Y la hija riéndose les dijo ¿no lo veis? Un trozo de hierro o metal ¡yo qué sé!; para que busquéis un escultor y os haga una figurita…

Flora miró a su marido que estaba de pie a su lado sin decir nada, pues estaba como acartonado, mi amiga que era la que podía hablar, le dijo pero si no conocemos a ningún escultor y encima.

¡Tenían que- pagarlo ellos! ¿Por qué no lo había buscado ella y les regalaba la figurita ya hecha? A lo que respondió

burlonamente que ella no conocía a ninguno ni tenía tales 2

amistades: que si no se hacían una escultura de aquí a Reyes les quitaría el trozo de hierro y se encargaría de venderlo y se quedarían sin regalo, Flora estaba conmocionada de tal hecho y empezó a llorar al ver que clase de hija tenía, cuando ella con una botellita de agua de colonia que fuera le hubiera parecido bien, ella que se ha sacrificado trabajando durante toda la vida para proporcionarle estudios y vacaciones y los caprichitos que todavía no se compra para sí misma, todo se lo da a la hija, pero cómo me contaba e insistía Flora no comprendo nada a mi hija.

Así terminó la charla pues yo, tampoco supe que decirle nos despedimos quedando en vernos otro día. Y que no pasara tanto tiempo.

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