El regreso de Shin por José Ignacio Núñez (Chetxu) - muestra HTML

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Ignacio, Begoña y su hijo Iñaki volaban en dirección a Japón, iban en viaje de negocios. Ignacio era el presidente de una importante empresa de tubos de plástico en Estados Unidos, se dirigía allí para hacer negocios con sus socios los japoneses; mientras Ignacio estaría durante una semana trabajando con sus socios, Begoña y su hijo Iñaki aprovecharían esos días para conocer Japón y al mismo tiempo hacer compras, durante el vuelo Begoña le dijo a su marido:

- Que ilusionada estoy con este viaje, siempre he deseado conocer Japón, me gustan sus gentes y su cultura, también Iñaki está muy contento, fijate que alegre está.

Iñaki era un chico rubio, bien parecido, siempre tenía la sonrisa en los labios, tan sólo tenía cuatro años, pero era muy despierto y bastante nervioso, no paraba un momento.

El avión llegó a Tokyo con veinte minutos de retraso sobre la hora fijada, cuando bajaron las escalerillas del avión les estaban esperando Mioki y Fusaka, directivos de la 1

empresa Maosaka que era la que iba a hacer negocios con la empresa de Ignacio.

-

Buenas tardes Ignacio, le dijeron Mioki y Fusaka dirigiéndose a él. ¿Habéis tenido buen viaje?.

-

Hemos tenido un viaje estupendo, muchas gracias. Os presento a mi mujer Begoña y a mi hijo Iñaki.

-

Tanto gusto señora, nos alegramos mucho de conocerla a usted y a su hijo.

-

Muchas gracias, contestó Begoña tímidamente.

Iñaki no demostró ninguna timidez, miraba a los japoneses como si los conociese de toda la vida.

- Tenemos reservada una habitación en el Hotel Funkato, les dijo Mioki, podemos dirigirnos hacia allí, porque seguro que tendrán ganas de descansar de tan largo viaje.

- Muchas gracias Mioki, efectivamente estamos cansados del vuelo y necesitamos descansar un poco, respondió Ignacio.

Se dirigieron hacia el hotel, cuando llegaron, Ignacio se despidió de Mioki y Fusaka hasta el día siguiente, dándoles las gracias por el recibimiento.

Al día siguiente, Ignacio después de desayunar temprano, se despidió de Begoña y de su hijo, se dirigió en 2

taxi hacia Maosaka la empresa en la que estaría trabajando durante una semana.

Pasaron varios días, después de unas cuantas reuniones entre los socios de ambas empresas, todo marchaba según los planes previstos, tanto Ignacio como Mioki y Fusaka habían firmado unos cuantos documentos en la que las dos empresas iban a trabajar juntas. Mientras, Begoña y su hijo Iñaki salían todos los días de compras por las calles de Tokyo, entraban en casi todas las tiendas, para descansar siempre terminaban entrando en algún restaurante para tomar un refrigerio.

Uno de los días que Begoña y su hijo Iñaki

estaban de compras, Begoña reparó en unas estatuillas de jade, cuanto más las miraba más le gustaban, se había quedado obnubilada, cuando se quiso dar cuenta, Iñaki no estaba junto a ella, volvió sobre sus pasos y empezó a mirar por todas partes, le preguntó al dependiente de la tienda si había visto a su hijo, pero el dependiente le dijo que no. Salió a la calle a ver si veía a Iñaki pero no aparecía por ninguna parte. Begoña se empezó a poner nerviosa, no sabía que hacer, empezó a buscar a un policía, cuando por fin vio a uno se dirigió corriendo hacia él.

-

Perdone, le dijo Begoña, no habrá visto un chico rubio de cuatro años por aquí.

-

Pues no, le contestó el policía.

-

Mi hijo se ha perdido, ayúdeme por favor, no lo encuentro.