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El sexo del Dinero (Resumido) por Clara Coria - muestra HTML

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El sexo oculto del dinero

Conceptos preliminares.

Las ideas predominantes de la ideología patriarcal giran alrededor de la suposición básica de la inferioridad de la mujer y la superioridad del varón. Ésta lleva a plantear las diferencias entre los sexos como diferencia jerárquica. En esta jerarquía los varones se instalan en el nivel superior y desde allí detentan el poder, ejercen el control y perpetúan un orden que contribuye a consolidar la opresión de las mujeres. La suposición básica de la superioridad masculina se apoya en teorías biologisistas naturalistas y esencialistas. Explica las diferencias jerárquicas entre los sexos como el resultado de factores exclusivamente biológicos y, por lo tanto los considera inmutables, omite factores culturales y sostiene que el ser femenina o masculino corresponde a una esencia.

Esta ideología promueve una división sexual del trabajo por la cual los hombres son asignados a la producción y al ámbito público y las mujeres lo son a la reproducción y al ámbito privado y doméstico. La ideología patriarcal tiende a establecer un estricto control sobre la sexualidad femenina

El término fantasmas se refiere a un conjunto de ideas y vivencias (conscientes e inconscientes) que adoptan la forma de una presencia incorpórea. Confluyen en el fantasma distintos temores. Unos provienen de fantasías inconscientes terroríficas. Otros son generados por las transgresiones culturales y el temor a su sanción.

La dependencia económica de las mujeres.

1. La dependencia económica: una forma de subordinación femenina.

Son muchas y variadas las situaciones de dependencia que es posible encontrar. Los niños dependen de los mayores, los incapacitados de los hábiles, los enfermos de los sanos , etc.

Otra forma de dependencia que es denigrante como la de los analfabetos y los pobres es la dependencia de las mujeres hacia los hombres. Estas formas de dependencia pertenecen fundamentalmente al orden de la cultura.

Esta subordinación llegó a formar parte constitutiva de una supuesta “condición femenina”, ha sido transmitida ininterrumpidamente en forma manifiesta y latente, a través de todos los canales de transmisión de la cultura. Se modificaron algunas legislaciones, se abrieron posibilidades laborales, se permitió a las mujeres acceder al conocimiento y finalmente en algunas sociedades y ciertas clases sociales algunas mujeres llegaron a disponer de iguales posibilidades de desarrollo que los varones. En el mundo actual la mujer accedió al ámbito público , al trabajo remunerado y por lo tanto al dinero. Sin embargo, las mujeres siguen perpetuando actitudes de subordinación económica.

No solo hay que poder acceder al dinero sino también hay que poder sentirse con derecho a poseerlo y libre de culpas por administrarlo y tomar decisiones según los propios criterios.

Estas reticencias para el coambio estarían relacionadas entre otras cosas con el fantasma de la prostitución, que junto con el de la mala madre y el de la feminieidad dudosa, son la expresión de una mentalidad patriarcal y contribuye a favorecer y perpetuar la dependencia económica.

2. El fantasma de la prostitución.

El dinero ha estado siempre asociado con el ámbito publico, y ha estado de forma casi exclusiva en manos de hombres. La prostitución es una manera de comprar y vender un servicio personal que previamente ha sido cosificado y transformado en objeto, factible de ser entregado y adquirido a cambio de dinero. La prostitución ha sido una actividad siempre presente, constitutiva de la cultura occidental judeocristiana desde los albores de la historia e íntima y fundamentalmente ligada a la mujer y al dinero, dejando fuera de foco al otro de la transacción el que da dinero. En el lenguaje se omite este hombre que da dinero y no tener una palabra para él queda a salvo su bien nombre y honor.

Tal vez se piense que no es necesario ocultar la existencia de proxenetas o empresarios de la prostitución por que ello no resulta ni vergonzoso ni denigrante. Hacer ostentación de usufructo económico por usar a la mujer como objeto-fuente de ingresos, parece halagar su capacidad de poder.

La prostitución como actividad fundamentalmente femenina que se desarrolla en el ámbito público, por lo cual se recibe dinero a cambio de un servicio personal sexual. La acepción de hombr público es “aquel dedicado a funciones de gobierno y a tareas que atañen a la comunidad, la mujer pública es aquella que ejerce la prostitución.

Entonces se tiene la relación:

Mujer + dinero + ámbito público = prostitución

Lso prototipos de mujer que se formaban parte de las nuevas enseñanzas iniciadas por Jesús y consolidadas por su continuadores son fundamentalmente dos :

• La virgen, representada por María, que es fundamentalmente madre, ser asexuado, núcleo de la familia y alejada del dinero.

• La prostituta, representada por Magdalena, que es fundamentalmente sexuada, desarrolla una actividad en el ámbito público y se relaciona con el dinero.

Estos son los dos extremos de un continuo en el que son antagónicos son los roles que puede representar una mujer en su vida.

Cuando surge la revolución industrial, la familia deja de ser una unidad de producción y se reafirma la división entre ámbito público y privado asignando las funciones masculinas y femeninas, siendo el ámbito público al hombre y el privado a la mujer.

En la epoca de guerra la s mujeres son llamadas a l trabajo fuera del hogar para contribuir económicamente al desarrollo de la nación, recibiendo a pesar de su dedicación retribuciones menores de las que reciben los hombres en iguales circunstancias. En el siglo XX muchas mujeres deseosas de un desarrollo personal que no se limitará a las satisfacciones hogareñas, han ganado la calle, accediendo al trabajo remunerado y al dinero, dinero que antes, con relación a la mujer, era solamente patrimonio de prostitutas.

Ahora las mujeres también ofrecen sus servicios en el ámbito público, servicios por los cuales reciben dinero, y a pesar de la preparación experiencia y desempeño labor4al sufren una serie de contratiempos, difíciles de explicar con el dinero. Se incluye la creencia del fantasma de la prostitución. Es totalmente inconsciente y ha sido alimentado por siglos de discriminación, oscurantismo y terrorismo religioso. Sirve para perpetuar el poder de unos sobre otros, infiltrándose en las conciencias y en la estructura del psiquismo.

3. Dinero y sexo: una transgresión fundamental.

El fantasma de la prostitución está presente de manera encubierta en la vergüenza y la culpa que muchas mujeres sienten en sus prácticas con dinero. La vivencia de culpa es harto frecuente y la encontramos preferentemente asociada con el hecho de trabajar fuera del hogar utilizando sus energías en el ámbito público en detrimento de la tarea hogareña.

Tradicionalmente, dinero y ambición debían ser distintivos masculinos. En los discursos femeninos la vergüenza y la culpa frente al dinero aparecen relacionadas a temores, expectativas y fantasías íntimamente ligadas a la sexualidad.

La vergüenza y la culpa frente al dinero, tan frecuente en las mujeres y tan ocasional en los hombres, condena, encubre y expresa toda una gama de vivencias, pensamientos, deseos, temores y expectativas de orden sexual. La vergüenza, generalmente ligada a una desnudes culpable. La desnudez que la cultura occidental judeoccristiana colmó con atributos pecaminosos, asociada con el goce sexual. Podría decirse que para una mujer occidental esta desnud3ez es hacer ostentación de deseos satánicos, encarnando con ello la tentación de la carne., resulta que las mujeres aspiran a una actitud exhibicionista que atraiga el deseo de los hombres al mismo tiempo que viven con culpa todo posible placer conectado con la sexualidad.

En nuestra cultura, la ambición económica, así como la audacia y la intrepidez han sido características asociadas a la potencia sexual y atribuidas a la identidad sexual masculina.

El consenso popular llama masculina a una mujer ambiciosa y triunfador a un hombre ambicioso.

El placer sexual aparece cargado de tabúes y castigos en relación con las mujeres adquiere un tinte pecaminoso, su exhibición es vergonzante y su exageración es considerada índice de enfermedad o social. En relación a los hombres se convierte casi en una exigencia compulsiva y su exageración es la expresión de su potencia, el éxito económico adquiere distintos significados según de que sexo se trate. Así en el caso masculino se piensa en un hombre realizado y en el caso de una mujer, que consiguió compensar un fracaso en su realización femenina. Por ello una mujer tiende a ocultar su placer por ganar dinero, su ambición económica y en algunos casos sus éxitos financieros. Uno de los atributos constitutivos del dinero es que sea un instrumento de poder.

Hablar de dinero impúdicamente sería como evocar una sexualidad prohibida y hacer ostentación de ella. Tal vez la creencia encubierta es que un comportamiento pudoroso evita el contacto con lo prohibido y al mismo tiempo se evita convertirse en una fuetne de tentación. Una extensión de esto puede llevarnos a pensar que el pudor frente al dinero evita el contacto con él, imponiendo asepsia frente al placer y la ambición.

Vergüenza y culpa en nuestra cultura han estado fundamentalmente ligadas a transgresiones sexuales. Transgredir el ámbito asignado a la mujer es motivo de culpa. Si a esto le agregamos el desempeño de una actividad a cambio de dinero, están presentes los elementos básicos para dar cabida al fantasma de la prostitución.

Los cambios sociales permitieron el acceso al dinero para las mujeres pero mantuvieron en vigor las connotaciones de prostitución a él asociadas.

La explicación, desenmascaramiento y el trabajo conjunto de las mujeres sobre el tema, contribuirían, indiscutiblemente, a posibilitar cambios en la prácticas de dinero.

Los beneficios de la dependencia económica de las mujeres.

Cuando la dependencia extiende sus límites estamos frente a una alteración del desarrollo y una limitación del crecimiento psicosocial. La persona dependiente, al igual que la enferma, es limitada, y las limitaciones restringen su capacidad de acción. La dependencia es poco saludable y genera malestar y frustración. Según Freud, en su teoría de la neurosis la enfermedad se desencadena y mantiene a causa de la satisfacción que aporta al sujeto. El beneficio primario es intrínseco a la neurosis y se haya en el seno mismo del síntoma. El beneficio secundario es la utilización que un individuo hace de una enfermedad ya establecida para obtener satisfacciones. Se debe asociar la dependencia económica con enfermedad ya que ambas ubican al individuo en una situación de inferioridad subordinación y restricción de sus posibilidades.

1. Beneficio primario.

Hay un paralelo entre el proceso neurótico y la situación de dependencia económica.

Ambas situaciones se conformarían sobre la base del principio del placer y tenderían a obtener un beneficio primario que es la disminución de la tensión, tensión generada no por tener que enfrentar las vicisitudes de ganar dinero y las frustraciones, limitaciones y esfuerzos que ello implica, sino también por las connotaciones inconscientes de transgresión.