Empezar lo Interminable por Javier Etchemendi - muestra HTML

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Javier Etchemendi

E m p e z a r l o i n t e r m i n a b l e J a v i e r E t c h e m e n d i Í n d i c e

De la Existencia

6

Un mal sueño

7

Existencia I

8

Existencia I

9

Contra la vidriera

10

Cosas parecidas a gente

11

Ignorancia

12

Lugar

13

Sueños de axolotl

15

Intuición del instante

16

Fe

17

Lucidez

18

El otro lado

20

No saber

21

Vacío I

22

Vacío I

23

Del Tiempo

24

Nombrar el Tiempo

25

Otra parte del universo

26

Retratos

27

Los Otros

29

Las voces

30

No estarás

31

Salvación

32

Realidad

33

Marcas en el cielo

34

2

e m p e z a r l o i n t e r m i n a b l e

Alquimia

35

Definición

36

Nosotros

37

Apoderamientos

38

Las muertes

40

Para músicos

41

La muerte no tiene lugar

42

Lo que El os quieren

43

El Juego

45

I

45

II

46

III

46

IV

47

Empezar lo interminable

48

De la Escritura

50

I

50

II

50

III

50

IV

51

Comenzaré a entender

53

I

53

II

54

In memoriam.

57

III

57

IV

60

V

61

3

J a v i e r E t c h e m e n d i

Voy a seguir jugando

hasta que mi corazón ruede

por la espina dorsal del universo.

4

e m p e z a r l o i n t e r m i n a b l e

d e l a E x i s t e n c i a 5

J a v i e r E t c h e m e n d i De la Existencia

Un viejo mascul a mentiras frente al espejo de una peluquería; entre el rumor de los secadores

narra historias de un hombre inexistente, sin superficie:

resumen rápido a lápiz grueso de una vida anterior.

Mi espejo es el albacea de una caja de peligros.

6

e m p e z a r l o i n t e r m i n a b l e

Un mal sueño

Existo en las cosas constantes

como el golpe de un martil o siempre en el mismo lugar.

Creo en la puesta de sol y en la cuchara encima de la mesa.

¿Y si fuere todo un mal sueño de los dioses, criaturas celestes girando en la alegoría de una cama?

7

J a v i e r E t c h e m e n d i

Existencia I

Suena el despertador/ Nunca me levanto.

Nunca he bajado de esta cama.

A veces sueño que voy a trabajar/ Conozco gente.

Me siento en un bar contra la vidriera/ Pido un café interminable.

El silencio se hace bajo las mesas.

A veces también creo que alguien está soñando, estira la mano

…y me apaga.

8

e m p e z a r l o i n t e r m i n a b l e

Existencia II

En mi pecho gira un reloj a tiempo/ a destiempo.

En su afición cardiaca

se diluye el pasado como una gota de tinta en el agua.

El futuro es la promesa de una Hora inexacta.

El presente una taza de café interminable junto a la vidriera

apenas sostenida del mundo.

Ahoga el pensamiento, la duda, la certeza de que todo sea una construcción.

9

J a v i e r E t c h e m e n d i

Contra la vidriera

Pessoa: sobre la estufa escribiendo Tabaquería.

Caeiro: bajo los árboles aguardando a su Menino Jesús verdadeiro.

Yo: contra la vidriera.

Todos: inexistentes como una superstición de nuestros vecinos.

10

e m p e z a r l o i n t e r m i n a b l e

Cosas parecidas a gente

El Miedo pasa asolando el azúcar.

Un despertador ríe desbaratándolo todo.

La memoria del espejo

ha vuelto a colocar la cabeza sobre mis hombros.

¿Habrá en otros planetas cosas parecidas a gente? 1

¿Estarán hechas con sueños de despertadores?

1 Verso del poema Tabaquería. Pessoa.

11

J a v i e r E t c h e m e n d i

Ignorancia

Observo una espiral de vapor que asciende hacia no sé dónde.

Me doy cuenta de que lo ignoramos casi todo.

Por eso quizás amamos y morimos... y matamos.

Para saber cuándo se rompe el corazón, para conocer el punto de cocción.

El estal ido.

12

e m p e z a r l o i n t e r m i n a b l e

Lugar

¿Habrá algo peor que un hombre acorralado?

¿Habrá algo peor, aún?

...estar parado en el único punto de escape.

13

J a v i e r E t c h e m e n d i

s u e ñ o s d e a x o l o t l 2

2 El nombre Axolotl (Axolote o Ajolote) proviene de la lengua Nahuatl utilizada por los antiguos Aztecas. El Ambystoma Mexicanum es un anfibio Neotenous, es decir; al contrario que el resto de las salamandras obligadas a sufrir una metamorfosis en una etapa de su vida, esta especie puede vivir (habitualmente de 10 a 15 años, aunque algún ejemplar ha llegado hasta los 25 en laboratorio) siempre en estado larvario [...]

14

e m p e z a r l o i n t e r m i n a b l e

Sueños de axolotl

Sueña con dioses, con perros, con naranjas.

Sueña con puentes.

El pequeño monstruo cierra los párpados y acontece mi vida.

Cuando duerme/ me levanto.

Él sueña y salgo a trabajar.

Tiene pesadil as y aquí

-del otro lado-

la sangre se agolpa en las tinieblas.

A veces tiene sueños felices. Entonces tengo días felices.

A veces pienso que él desaparece y me hago cargo de todo.

Pero aún quedan tantas cosas por soñar: otros dioses, otros perros, otras naranjas, parecidas a estas. Otros puentes.

A veces espero que Él exista para siempre.

15

J a v i e r E t c h e m e n d i

Intuición del instante

Pasa un instante/ otro.

Pasa un instante/ otro más.

En medio de todos ellos va quedando un espacio que los separa que nos separa.

Se puede vivir en la frontera de los instantes.

Tener otra vida. Otros hijos distintos a éstos.

Se puede estar loco.

Podemos pasar debajo de cosas parecidas a carteles y también creer que somos una cosa parecida a gente.

16

e m p e z a r l o i n t e r m i n a b l e

Fe

Apoya la frente contra el vidrio el ser que me está soñando y el pensamiento del mundo

se disuelve en el hedor de las carnicerías.

Yo sé que existe otra vida para mí.

Yo elijo ésa, la otra; al í ocurre todo como en una clarividencia.

Es posible creer que la muerte no existe: sólo es el silencio del teléfono, del timbre de la puerta.

Pero después, en un descuido, sus patas chocan contra el vidrio y toda la realidad se estremece.

Entonces vuelvo a creer que no hay certezas ni sabiduría última; vuelvo a creer que no hay certeza más necesaria que la muerte.

17

J a v i e r E t c h e m e n d i

Lucidez

Pasa el tiempo volcando la tinta de los sueños, machucando las frutas de la boca.

Mi vida pasa como una urgencia.

Apenas puedo mirarla

como se mira la ventana ajena de un edificio.

El resto es el rumiar de un batracio pegado al vidrio.

18

e m p e z a r l o i n t e r m i n a b l e

e l o t r o l a d o

19

J a v i e r E t c h e m e n d i

El otro lado

El otro lado de las cosas:

un alarido

un descuido de Dios

un borde que molesta

una clarividencia de la salvación una fuga del tiempo

un color que no quiere ser

una realidad bril ante como un hueso una realidad que va, va siempre

y no nos necesita.

20

e m p e z a r l o i n t e r m i n a b l e

No saber

Mi corazón es un reloj que se espera a sí mismo.

Creo en su golpeteo sangriento

como se cree en las cosas absurdas que nos tranquilizan.

Tranquiliza no saber.

Acaso sospechar que exista el otro lado de las cosas.

Ese otro lado que no es debajo ni detrás ni subiéndonos encima, ese otro lado de morir que no es nacer sino saber que se está muerto.

21

J a v i e r E t c h e m e n d i

Vacío I

Ser en el vacío, estar en casa.

Estar junto a las cosas que tienen otro mundo como un silencio extraño

como un olor a cuervo.

22

e m p e z a r l o i n t e r m i n a b l e Vacío I

La naturaleza del viento es permanente como el silencio que vive en una llave de luz.

Silencio / Vacío

Nada separa el vacío de la luz.

Ni de mí.

d e l T i e m p o

23

J a v i e r E t c h e m e n d i

Del Tiempo

El Tiempo es un líquido que nos recorre; una bruma de terciopelo sobre la lengua, dos guerreros feroces sobre un calendario en sangre nuestra sangre, nuestros sueños,

la diversión cósmica de un niño

un loco con un col ar de cuentas.

Somos la tierra, la poza, la piel seca de una serpiente, somos únicos, parecidos, iguales.

Necesarios.

El Tiempo juega en nosotros la certeza atroz de existir.

24

e m p e z a r l o i n t e r m i n a b l e

Nombrar el Tiempo

Nombrar el Tiempo es detener el paso del corazón, vacilar sobre las horas.

Siempre está al í, detenido sobre el perfil de los molinos, asolando la boca de una taza.

El ritmo del mundo pasa por una taza; por este abismo insondable se llega a la eternidad, al segundo de nunca más.

25

J a v i e r E t c h e m e n d i

Otra parte del universo

En este planeta son las diez y esto significa tanto y tan poco.

-¿A qué hora llegarán los heraldos?-

Ya son diez y media y ha parado de llover. La cal e se pone tirante.

Alguien descorre una cortina.

Todavía ronda un sonido a caracol. Debo ser yo, o mis pies.

Un ruido a oscuras es como el miedo de una taza.

Pasa una ambulancia malherida bajo las luces de un supermercado.

Aquí también alguien mete un palito en los huecos de los insectos.

Ahora son las once.

En otra parte del universo seremos imposibles, in-horarios, muertos sin reloj.

Como debe ser.

26

e m p e z a r l o i n t e r m i n a b l e

Retratos

Los retratos son para evitar que la columna vertebral se pulverice; para detener el Tiempo,

congelarlo delante de los ojos,

decir que teníamos estos ojos, estas órbitas lunares.

Los retratos son paréntesis a la memoria; huecos suspensivos donde duermen enfurecidas siluetas de cartón.

Los retratos no sirven para recordar.

Sirven para olvidar cómo llegamos aquí.

Cómo devenimos de naranjas en piedras.

¿Cómo?

27

J a v i e r E t c h e m e n d i

l o s O t r o s

28

e m p e z a r l o i n t e r m i n a b l e

Los Otros

Al í están, míralos bien, son los Otros: el espejo continuo.

29

J a v i e r E t c h e m e n d i

Las voces

Aquí están todas las voces

rompiendo la oscuridad como luciérnagas.

Las voces que no me quisieron.

Y todas las que yo no quise… o no pude.

30

e m p e z a r l o i n t e r m i n a b l e

No estarás

Ya te has ido.

Seguramente no pisarás la misma tierra no comerás de estas naranjas, ni soñarás estas estrellas.

Con el tiempo te cambiará la sangre.

Yo mismo cambiaré en tus pensamientos.

Pensarás que nunca nada se rompía y no era cierto.

31

J a v i e r E t c h e m e n d i

Salvación

Estás allí, al otro lado de las cosas, casi real.

Tiendo la mano como un puente que nunca estuvo dibujado.

32

e m p e z a r l o i n t e r m i n a b l e

Realidad

No sé. Estuviste parado sobre mis ojos demasiado tiempo.

Así dejaste de existir: suicidado desde un puente color café.

Ahora vuelves en los sueños a golpes de válvula por haber leído a Val ejo

si no fuesen golpes de puro sexo.

Nada de esto parece cierto cuando llueve; ni siquiera la cal e parece real cuando llueve.

Un río de cemento corre por el borde de mi nariz.

Huele a nada o a todo. Así debe oler la muerte: a demasiado,

a des-color.

33

J a v i e r E t c h e m e n d i

Marcas en el cielo

Conservo bajo mis ojos tu aroma axila-de-eucaliptos y el peso de tu cuerpo marcado sobre mi cuerpo.

Tengo tus manos exiliadas en la torre de mi corazón.

Por tu nombre puedo ir y volver de los infiernos helados a los infiernos de bronce;

al infierno del humo y al de las espinas.

O puedo quedarme aquí para siempre,

-frente a esta taza-

esperando oír tus manos en la cerradura.

34

e m p e z a r l o i n t e r m i n a b l e

Alquimia

Bajé al subterráneo de los sueños; al vacío tubular donde los ángeles ahogan gritos detrás de las cortinas

...y al í estabas

en un abril de no sé qué perfume.

Comprabas piedras que luego convertías en frutas.

No ha habido muerte capaz de eclipsar el astrolabio azimut de tu cintura.

Deseé extraviarme en el profundo ruido debajo de las sienes; en el profundo cuervo reverso cilindro de tu cuello.

Por un instante fuiste como este mar, y después,

- bruja horizontal-

desapareciste detrás de una sombril a y volvió a girar el mundo.

35

J a v i e r E t c h e m e n d i

Definición

El Amor es un secreto escondido

en una fábula que nadie quiere creer; un imperio arrasado/ civilización bajo las piedras una cal e destrozada que sólo abre a las doce lugar común

algo de lo que no se puede escribir sin desatino; un destello que nos hace abrir la boca, cerrar los ojos y desear que nunca acabe ese instante en que todo

-finalmente-

cobra sentido.

36

e m p e z a r l o i n t e r m i n a b l e

Nosotros

Se reconocen los mismos gestos en las personas: el dolor

el amor

la misma forma de darse vuelta en la cama.

Los mismos anhelos:

que nos quieran

tener a alguien.

Ya sabes, no estar solos.

37

J a v i e r E t c h e m e n d i

Apoderamientos

No tenemos nada y ni siquiera deberíamos querer tener nada.

Los apoderamientos son una vanidad y una osadía.

Llegará la hora de devolver lo que hemos tomado de más; aquello que no nos pertenecía:

los hijos, los hombres y mujeres de nuestra historia.

Todo aquello de lo que abusamos pensando que era nuestro como hacemos con los besos cuando los negamos.

38

e m p e z a r l o i n t e r m i n a b l e

l a s m u e r t e s

39

J a v i e r E t c h e m e n d i

Las muertes

Llevo esta mañana todo el peso de seguir jugando y tanto muerto hoy

cayéndose del almanaque.

40

e m p e z a r l o i n t e r m i n a b l e Para músicos

Como una partitura asfixiada por el silencio l ega la muerte.

La siento venir arrastrando un valse y sus patas de ungüento como una sonatina triste que esfuma mi risa de los espejos que anuncia

el paso de la nada hacia la nada como una música de otoño por las ventanas de la casa.

Tal vez sea bueno que la vida se lleve esas valijas, esas ropas y estas horas

que me van quedando raras.

En este tiempo ya no hay que esconderse para llorar pues comienza a alcanzarnos todo

-nada-

y empieza a tener sonidos

el gastado pentagrama de morirse.

41

J a v i e r E t c h e m e n d i

La muerte no tiene lugar

En días de calor no debería morirse la gente.

Menos aún los seres que perfuman los ojos, enamoran

y nos hacen creer que son inmortales.

42

e m p e z a r l o i n t e r m i n a b l e

Lo que El os quieren

Acuden los muertos al aroma de los sueños.

Gimen euforia de lino cuando llegan a tocar sobre las sienes; crujen los huesos y un aliento a ceniza desborda por debajo de la puerta.

El os rondan esta casa como un ejército de perros.

Hacen señas

tienen frío

añoran la fiesta

el café de las mañanas

los gestos calientes

los adioses

las manos en la cara

cerrar un libro como se cierra una puerta; juntar los labios en el... Te Amo... de las Lindes.

Los muertos, nuestros muertos, se escriben con mayúscula.

Están al í, en el fino rastro de cal dentro de los muebles: rastro de polvo,

polvo de columna vertebral.

Sí. En las viejas agendas yacen los nombres como en un holocausto.

Los teléfonos que no suenan

las ropas que no quedan chicas ni estiradas las fotografías

los rostros tirantes que parecen felices el rastro de cal

las ganas

el gesto de los brazos al cerrar sobre la espalda las campanas

43

J a v i e r E t c h e m e n d i el vacío tubular

los pies en el barro, la lluvia cayendo, azul, finísima el reflejo de las hojas de un árbol sobre el bril o de la tapa.

Nos levantamos con un soplo de harina en los pulmones.

La prisa nos empuja adelante, siempre adelante.

Mordemos furiosamente las manzanas y miramos al sol y estornudamos y creemos que la muerte no existe

…pero entonces una parte del universo llega y se vuelca.

44

e m p e z a r l o i n t e r m i n a b l e

“ Oye, hermano, no tardes en salir. Bueno?

Puede inquietarse mamá.”

César Vallejo

El Juego

I

Tengo una hermana que se ha escondido y acabo de pedirle que salga,

que mamá se ha de preocupar.

Creímos que murió.

Hasta los médicos lo creyeron.

Los resucitadores de barro

reunidos en el living como la visita de los domingos,

-tiesos y apagados como un bosque de fósforos-, también lo creyeron.

Así fue que nos quedó un muerto

titubeando en el desorden de las horas.

Así quedaron ellos, con el lápiz levantado en el aire y escribieron: murió cuando quiso, ya iban algunos segundos de nunca más.

45

J a v i e r E t c h e m e n d i

II

Todos pensamos que ella era perenne sin saber que su bal et de hojas tiritaba sin creer que septiembre la esperaba empañada de azul

en contorsión vibrante

alucinada.

III

Los ángeles no mueren

sólo se esconden en el octante del sueño los confundimos con el olor de las manzanas o los ahogamos en el ángulo de un beso.

46

e m p e z a r l o i n t e r m i n a b l e

IV

La noche nos envuelve.

Quiero seguir tus pasos

-que ya se apoyan en el aire-

pero un imposible tránsito de muertos dice: la realidad está en costuras.

Afuera aún no se hace el mundo

y mi alma alumbra.

Anuncia la caída de una ciudadela sola.

47

J a v i e r E t c h e m e n d i Empezar lo interminable

La Muerte consulta su reloj de cromosoma, se alimenta de mi sueño

asoma entre mis ojos y ve la vida que yo no veo, lo que va quedando.

Como un dios envejecido

enjardina mi alma con el polvo de otras rosas, transparentes,

ya sin rosas, sin olor.

La Muerte es la fiebre cantando en la torre de mi sangre.

Dejo caer una luna de mercurio en el pozo de la fiebre y se enciende un lúcido farol sobre mi frente.

La luz del mercurio lo conjura todo por un instante, instante en que aprovechamos para descansar y reír, para hacer lo que no se debe hacer, para empezar lo interminable.

El a es inmortal, no cabe en mi cuerpo; tendrá que salir, salirse de mí,

dejarme exhalado sobre el respaldo de una silla.

Se alejará y observará largamente el traje que acaba de quitarse.

Desplegará sus alas,

y emprenderá un viaje de cuervos volando al Cero.

48

e m p e z a r l o i n t e r m i n a b l e

d e l a E s c r i t u r a

49

J a v i e r E t c h e m e n d i

De la Escritura

I

Escribir:

hacer cortes en la hoja

esperar que la sangre llene las heridas que mucho antes

otros

-más certeros-

dejaron para siempre.

II

Escribir:

pasar los dedos sobre el dibujo de la letra a

quien desconoce

que el mundo se construye todas las mañanas a su alrededor.

III

Escribir:

hacerlo bien o mal

y todo para no dejar de respirar.

50

e m p e z a r l o i n t e r m i n a b l e IV

a Gustavo Rivero

Escribir:

pelear por las palabras

para nombrarte

para poder nombrarme

para decir que existo

que soy distinto a un pedazo de madera.

Pelear para poder nombrar las cosas.

Pelear por la palabra ¡Basta!

por la palabra Luna.

Pelear por la palabra Dios

para poder decirla

para que no quede en duda.

Pelear por la palabra Muerte

... para poder negarla.

51

J a v i e r E t c h e m e n d i

c o m e n z a r é a e n t e n d e r 52

e m p e z a r l o i n t e r m i n a b l e

Comenzaré a entender

I

Entenderé el silencio que sostiene las palabras.

Sabré, por fin, que explicar la Rosa lo ha estropeado todo.

Sabré que todo, siempre, nos ha necesitado.

53

J a v i e r E t c h e m e n d i

a Suleika Ibáñez

-escrito con nuestras manos-

II

Cartas del otro mundo

1

Hoy todo está distinto: ha llegado tu carta.

Se han abierto los goznes y el universo que gobiernas ha volcado sobre mi puerta.

Hoy todo se ha puesto distinto:

la mañana ya anunciaba la transparencia de tus pasos.

Preguntas si me sorprendió tu carta...

-tantos años, tantas vidas en el medio-has recordado el nombre de mis hijos hablas de nuestro encuentro

dices que quizás te mueras

quieres saber qué haría si te murieses.

Mañana comenzaré a escribir;

hoy el cielo se ha revuelto como si de verdad estuvieses muriendo.

2

Hoy el aire se ha rendido y todo se ha puesto distinto: parece un simulacro, un ensayo general de desapariciones, si de verdad murieses... una llamarada de alquitrán lo cubriría todo

-así sería-

como si lo Oscuro se volcara de un recipiente mal parado.

Tu muerte destrozaría los cuatro puntos cardinales; 54

e m p e z a r l o i n t e r m i n a b l e encal arían los barcos en un holocausto de flores y un olor dulzón avanzaría empalagándome los ojos y cerrándolos.

3

Hoy ha llegado hasta mí un perfume: las violetas de tu sangre.

Iba a comenzar diciéndote: No, tu carta no me sorprendió.

Iba a decir algo verdadero, verde y fresco pero la breve palabra No que me pliega los labios como al decirte Adiós.

Se me apareció como lo contrario a la profunda alegría de mis manos, de mis ojos, al tener tu carta.

Debí decirte: Sí, tu carta me sorprendió como me sorprende el renacimiento de una flor de sésamo después del frío.

Pero no, tu carta no fue sorpresa, tal vez porque aquí hace frío, un frío quieto, casi búdico al que las rachas de viento despiertan por un momento pero vuelve a quedar inmóvil.

No me sorprendió porque yo no te recuerdo estás en mí

y estás en las cosas que tocaste

cada una con el alma de tus dedos con la razón de tu aliento. S.I.

55

J a v i e r E t c h e m e n d i 4

Hoy mi corazón está derrotado como si ya supiese la verdad.

Me refugio en el asombro de mi cuerpo y releo tus cartas

-cartas del otro mundo-

ya sujetas al crimen de la luz

color marfil, camposanto de elefantes.

En ellas se han quedado mis días de sombra y púrpura.

56

e m p e z a r l o i n t e r m i n a b l e In memoriam.

a Virginia Etchamendi

25/7/1978 – 12/9/2001

III

Te veré riendo como siempre. Estarás tranquila, fumarás esparciendo en el aire la ceniza.

No habrá pasado el tiempo,

retomaremos la vieja conversación interrumpida.

Te llevaré noticias.

Me asombraré continuamente;

mi querida humanidad tendrá una enorme pena azul de precipicio.

Al comienzo estaré un poco ajeno de las cosas.

Te contaré de la gente que ha quedado; diré los nombres de sus hijos

-que ya conocerás –

pero querrás oírlos pronunciados por mi boca; mi voz,

–confesarás-

es un sonido que se te ha ido olvidando.

Habrás cumplido años o algo parecido.

Nos sentaremos a remojar los pies sin pensar en Dios ni en nada.

A lo lejos veremos las naves espaciales asomarán las caras de los astronautas y lanzaremos con fuerza un par de estrellas

-dirás que traen suerte-;

finalmente entenderé cosmología.

Tendré que acostumbrarme a no dormir a estar sin miedo

a no pensar en Dios ni en nada.

57

J a v i e r E t c h e m e n d i Tendré instantes de duda

extrañaré la sangre

querré tomar asiento

extrañaré a mi amor.

Veré pasar a Lorca,

regresará a sentarse, estaremos cal ados.

Extrañaré a mis gatos... y abrigaré mis dudas.

Mi amor habrá quedado ausente.

Me cuidarás. Tendrás paciencia

preguntaré algunas tonterías:

querré saber si picará la espalda querré saber del infinito y estaremos cal ados pronunciarás palabras que nunca habré escuchado.

Conoceré a otra gente e iré olvidando cosas extraviaré los nombres

me quedarán los rostros, pequeños, de los astronautas.

Extrañaré.

Me explicarás que luego será todo mejor.

Querré volver y pensaré en mi amor; pensaré en el día en que estemos sentados escuchando noticias

-que ya conoceré-

pero que igual, amor, te dejaré contar porque al final

–habré de confesarte-

tu voz

es un sonido

que se me ha ido olvidando.

Conoceré a Dios y eso también

será distinto

de lo que había imaginado;

preguntará si extraño, si tengo alguna duda 58

e m p e z a r l o i n t e r m i n a b l e pasará todo muy pronto.

Veré a unos niños remontando cometas.

Me distraerás con los satélites de Marte. Pronunciaré sus nombres.

Comenzaré a entender.

Iré olvidando

preguntaré cada vez menos

Dios,

también dejará de preguntar.

Mi amor se irá a dormir y no querrá soñarme, se quedará insomne

esperando la puerta,

esperando mis pasos

sostendrá las cosas que a mí me sostenían: mis ritos, mis locuras.

Entenderé al silencio.

Querré dejar la sangre.

Olvidaré por qué deseaba verte

por qué extrañaba tanto.

Olvidaré mi rostro; me olvidaré de mí.

Esperaré a mi amor.

Comenzaré a entender,

–finalmente-

me iré acostumbrando.

59

J a v i e r E t c h e m e n d i para Elisa

IV

Mi abuela era la mejor cocinera que haya existido jamás.

Con una voz oscura

-ajena al cuerpo-

con textura y profundidad de contralto, decía lo necesario; pronunciaba las palabras una vez y para siempre.

Solía hal arla en el jardín

a la tarde

detenida en medio de las cosas que se le rendían.

Cuando la observaba de perfil parecía un signo interrogante: los hombros obligados a descender sostenían la cabeza que se había ido poniendo blanca

con el tiempo

como habiéndolo ganado.

La espalda se curvaba desde el cuello y luego el trazo del dibujo ingresaba sobre sí mismo para acabar en unos pies hinchados como un punto.

Así era la caligrafía de un cuerpo honrado.

60

e m p e z a r l o i n t e r m i n a b l e

para mi querida Juana. G.R

V

Me hubiese gustado escribir, madre sobre siete niñas y siete espejos sobre los corazones y el viento.

Me hubiese gustado que cantaras

sobre una tumba vacía

y sobre la tierra en que caminé feliz de que los músicos tocasen

tus sinfonías de corchea y viento.

Será un tiempo de espera

el día en que te vayas, madre

un viaje sin río ni viento

un desencuentro en la garganta

como ahora

que me parece no encuentro.

Me hubiese gustado ser poeta, madre y entender y estar abierto al cielo o al mundo pero soy este monte

este hombre de solas manos

que habla y habla, madre.

En este paisaje de muertes cercanas y de vejez que mira en los espejos ya no canto y extraño todo...

Quisiera entender, madre.

..................................................... * .....................................................

Javier Etchemendi

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