Encuentro con Dios en la Soledad y el Silencio por Alfredo Ramos Genes - muestra HTML

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ENCUENTRO CON DIOS, EN LA SOLEDAD Y EL SILENCIO INTERIOR

 

 

MEDITACIÓN INTRODUCTORIA: POR QUÉ UNOS RETIROS ESPIRITUALES

“Como demuestra la larga experiencia espiritual de la Iglesia, los Retiros y los Ejercicios Espirituales son un instrumento idóneo y eficaz para una adecuada formación permanente del clero. Ellos conservan hoy también toda su necesidad y actualidad. Contra una praxis, que tiende a vaciar al hombre de todo lo que sea interioridad, el sacerdote debe encontrar a Dios y a sí mismo haciendo un reposo espiritual para sumergirse en la meditación y en la oración.

Por este motivo la legislación canónica establece que los clérigos: « están llamados a participar de los retiros espirituales, según las disposiciones del derecho particular…Durante tales encuentros, es importante que se traten temas espirituales, se ofrezcan largos espacios de silencio y de oración y sean particularmente cuidadas las celebraciones litúrgicas, el sacramento de la Penitencia, la adoración eucarística, la dirección espiritual y los actos de veneración y culto a la Virgen María…En todo caso, es necesario que los retiros y especialmente los Ejercicios Espirituales anuales sean vividos como tiempos de oración y no como cursos de actualización teológico-pastoral.

Más concretamente, es deseable que cada presbítero, quizás con ocasión de los periódicos ejercicios espirituales, elabore un proyecto concreto de vida personal — a ser posible de acuerdo con el propio director espiritual — para el cual se señalan algunos puntos: 1) meditación diaria sobre la Palabra o sobre un misterio de la fe; 2) encuentro diario y personal con Jesús en la Eucaristía, además de la devota celebración de la Santa Misa; 3) devoción mariana (rosario, consagración o acto de abandono, coloquio intimo); 4) momento de formación doctrinal y hagiográfica; 5) descanso debido; 6) renovado empeño sobre la puesta en práctica de las indicaciones del propio Obispo y de la propia convicción en el modo de adherirse al Magisterio y a la disciplina eclesiástica; 7) cuidado de la comunión y de la amistad sacerdotal”.

(Directorio para el Ministerio y Vida de los Presbíteros. Congregación para el Clero. 1994. Nos. 85, 76)

“Están asimismo los encuentros de espiritualidad sacerdotal, como los Ejercicios espirituales, los días de retiro o de espiritualidad. Son ocasión para un crecimiento espiritual y pastoral; para una oración más prolongada y tranquila; para una vuelta a las raíces de la identidad sacerdotal; para encontrar nuevas motivaciones para la fidelidad y la acción pastoral.” (Juan Pablo II, Exhortación Apostólica Pastores dabo vobis, 25 de marzo de 1992, nº 80).

 

Exhortación a la contemplación de Dios

I. ¡Oh hombre, lleno de miseria y debilidad!, sal un momento de tus ocupaciones habituales; ensimísmate un instante en ti mismo, lejos del tumulto de tus pensamientos; arroja lejos de ti las preocupaciones agobiadoras, aparta de ti tus trabajosas inquietudes. Busca a Dios un momento, sí, descansa siquiera un momento en su seno. Entra en el santuario de tu alma, apártate de todo, excepto de Dios y lo que puede ayudarte a alcanzarle; búscale en el silencio de tu soledad. ¡Oh corazón mío! , di con todas tus fuerzas, di a Dios: Busco tu rostro, busco tu rostro, ¡oh Señor!

II. Y ahora, ¡oh Señor, Dios mío! , enseña a mi corazón dónde y cómo te encontrará, dónde y cómo tiene que buscarte. Si no estás en mí, ¡oh Señor! , si estás ausente, ¿dónde te encontraré? Desde luego habitas una luz inaccesible. Pero ¿dónde se halla esa luz inaccesible? ¿Cómo me aproximaré a ella? ¿Quién me guiará, quién me introducirá en esa morada de luz? ¿Quién hará que allí te contemple? ¿Por qué signos, bajo qué forma te buscaré? Nunca te he visto, Señor Dios mío; no conozco tu rostro. ¿Qué hará, Señor omnipotente, este tu desterrado tan lejos de ti? ¿Qué hará tu servidor, atormentado con el amor de tus perfecciones y arrojado lejos de tu presencia? Fatígase intentando verte, y tu rostro está muy lejos de él. Desea acercarse a ti, y tu morada es inaccesible. Arde en el deseo de encontrarte, e ignora dónde vives. No suspira más que por ti, y jamás ha visto tu rostro. Señor, tú eres mi Dios, tú eres mi maestro, y nunca te he visto. Tú me has creado y rescatado, tú me has concedido todos los bienes que poseo, y aún no te conozco. Finalmente, he sido creado para verte, y todavía no he alcanzado este fin de mi nacimiento…

III. Y tú, Señor, ¿hasta cuándo nos olvidarás? ¿Hasta cuándo apartarás de nosotros tu rostro? ¿Cuándo volverás hacia nosotros tus miradas? ¿Cuándo nos escucharás? ¿Cuándo iluminarás nuestros ojos? ¿Cuándo nos mostrarás tu rostro? ¿Cuándo accederás a nuestros deseos? Señor, vuelve tus ojos hacia nosotros, escúchanos, ilumínanos, muéstrate a nosotros. Sin ti no hay para nosotros más que desdichas; ríndete a nuestros deseos para que la dicha nos venga de nuevo. Ten piedad de nuestros trabajos y de los esfuerzos que hacemos para llegar hasta ti, sin cuyo socorro no podemos nada. Tú nos invitas, ayúdanos. Señor, yo te suplico que la desesperación no reemplace a mis gemidos; que la esperanza me permita respirar. Suplícote, Señor; mi corazón está sumergido en la amargura de la desolación que lleva en sí; endulza su pena por tus consuelos. Señor, empujado por la necesidad, he comenzado a buscarte; no permitas, te lo suplico, que yo me retire sin quedar saciado. Me he acercado para apaciguar mi hambre; que no tenga que volverme sin haberla satisfecho. Pobre como soy, imploro tu riqueza; desgraciado, tu misericordia; que la negativa y el desprecio no sean el efecto de mi oración. Y si suspiro por la llegada de ese precioso alimento, que al menos no me falte después de la prueba. Encorvado como estoy, Señor, no puedo mirar más que la tierra; enderézame, y mis miradas se dirigirán hacia los cielos. Mis iniquidades se han alzado por encima de mi cabeza, me rodean por todas partes y me oprimen como una carga pesada. Desembarázame de estos obstáculos, descárgame de este peso; que no me encierren en sus profundidades como en un pozo. Que me sea permitido volver los ojos hacia tu luz desde lejos o del fondo de mi abismo. Enséñame a buscarte, muéstrate al que te busca, porque no puedo buscarte si no me enseñas el camino. No puedo encontrarte si no te haces presente. Yo te buscaré deseándote, te desearé buscándote, te encontraré amándote, te amaré encontrándote.

IV. Reconozco, Señor, y te doy gracias, que has creado en mí esta imagen para que me acuerde de ti, para que piense en ti, para que te ame. Pero esta imagen se halla tan deteriorada por la acción de los vicios, tan oscurecida por el vapor del pecado, que no puede alcanzar el fin que se le había señalado desde un principio si no te preocupas de renovarla y reformarla. No intento, Señor, penetrar tu profundidad, porque de ninguna manera puedo comparar con ella mi inteligencia; pero deseo comprender tu verdad, aunque sea imperfectamente, esa verdad que mi corazón cree y ama. Porque no busco comprender para creer, sino que creo para llegar a comprender. Creo, en efecto, porque, si no creyere, no llegaría a comprender. (San Anselmo, Proslogion, 1)

Jr. 18,1-6:

1 Palabra que llegó a Jeremías de parte del Señor, en estos términos: 2 “Baja ahora mismo al taller del alfarero, y allí te haré oír mis palabras”. 3 Yo bajé al taller del alfarero, mientras él trabajaba en el torno. 4 Y cuando la vasija que estaba haciendo le salía mal, como suele pasar con la arcilla en manos del alfarero, él volvía a hacer otra, según le parecía mejor.
5
Entonces la palabra del Señor me llegó en estos términos: 6 ¿No puedo yo tratarlos a ustedes, casa de Israel, como ese alfarero? –oráculo del Señor–. Sí, como la arcilla en la mano del alfarero, así están ustedes en mi mano, casa de Israel.

INTRODUCCIÓN: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn. 14,6)

“Vengan ustedes solos a un lugar apartado, para descansar un poco. Porque eran tantos los que iban y venían, que no tenían tiempo ni para comer. Se fueron, pues, en la barca, ellos solos, a un lugar apartado” (Mc. 6,30)

¿QUÉ SON EJERCICIOS ESPIRITUALES? Dos definiciones:

1. Por este nombre, ejercicios espirituales, se entiende todo modo de examinar la conciencia, de meditar, de contemplar, de orar vocal y mentalEs todo modo de preparar y disponer el ánima para quitar de sí todas las afecciones desordenadas y, después de quitadas, para buscar y hallar la voluntad divina en la disposición de su vida para la salud del ánima, se llaman ejercicios espirituales (San Ignacio de Loyola)

a)      DISPOSICIÓN Y PREPARACIÓN: Los ejercicios dependen del ejercitante. Se requiere entrenamiento “del espíritu” para vivir los ejercicios como “espirituales”. La voluntad de Dios no es evidente. Hay que descubrirla, y para ello hay que disponerse. Se puede confundir con los caprichos personales o con los deseos de otros.

b)      SEGUIR LA VOLUNTAD DE DIOS: Corregir la ruta. Enderezar el rumbo. No se trata de corregir problemas estructurales, los cuales necesitan procesos más profundos, que tres días de retiro. Dicen: “He hecho muchos retiros y no me han servido de nada”. A lo mejor son los últimos. “Como eso lo dan cada año”. No se va a decir nada que no sepamos. Lo importante es que ESTREMEZCAN el corazón. No son para un reciclaje teológico, ni un curso de actualización. No son para “cargar baterías, para que luego se gasten; y volver el año entrante a volver a cargar.

c)      SIN QUE NOS ARRASTREN LAS PASIONES DESORDENADAS:

2. Juan Pablo II: SON UN MOMENTO DE ESPECIAL CONMOCIÓN INTERIOR QUE LLEVA A UNA PROFUNDA CONVERSIÓN. Son ocasión para un crecimiento espiritual y pastoral; para una oración más prolongada y tranquila; para una vuelta a las raíces de la identidad sacerdotal; para encontrar nuevas motivaciones para la fidelidad y la acción pastoral.” (PDV 80).

a) TAUMATHOS: Estremecerse. Moverse el piso. Que la vida no vuelva a ser igual que antes. Dejarse estremecer aunque tengamos mucha experiencia. El amor comienza con un estremecimiento del corazón. El corazón se estremece con una experiencia que cambia la vida. Lo más difícil de unos retiros es dejarse estremecer, pues es difícil que alguien nos sorprenda con algo, pues creemos saberlo todo. Estamos acostumbrados a lo espiritual.

b) METANOIA: Dejarse estremecer para que haya una profunda conversión. “Metanoia: Más allá del entendimiento”. Cambiar de manera de ver el mundo. Pasar a otra manera de vivir. No se trata sólo de una invitación al cambio moral, como la conversión fuera sólo para pecadores. Se confunde conversión con penitencia. Flp. 3: “Tendría motivos suficientes para confiar en mis títulos humanos. Nadie puede hacerlo con más razón que yo…Pero lo que entonces consideraba una ganancia, ahora lo considero pérdida por amor a Cristo. Pienso que nada vale la pena si se compara con el conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor. Por Él he sacrificado todas las cosas, y todo lo tengo por estiércol con tal de ganar a Cristo y vivir unido a Él”. Pablo no era malo, era bueno, pero vivía como no era.

c) EPISTREJO: Regresar. Volver. Volver al amor de antes. Volver a soñar con la santidad. Volver a entregarse. Volver al comienzo. Volver a Cristo. Volver al primer amor, al amor de antes, al primer comienzo, a los sueños de antes. HACER RETIROS ES DEJARSE ESTREMECER PARA VIVIR UNA METANOIA QUE ME PERMITAN REGRESAR

Cómo se viven los retiros: DOS ACTITUDES: Despojarse y Tener profundos deseos de hacer retiros (ACEDIA).

*      DESNUDARSE-DESPOJARSE: Descender a mi realidad más sincera. No cubrirse. Descubrirse. Uno oculta muchas cosas de su vida. Disimula muchas cosas de su conducta. Mostrar la verdad tal como es. QUITAR PESO AL ANIMAL: Preocupaciones que cargan la vida. Un rico es un animal cargado. “El hombre rico e inconsciente es como un animal que perece. Viene a retiros cargado.

*      TENER PROFUNDOS DESEOS DE HACER RETIROS. Lo que hace grande al ser humano son sus grandes deseos. Sin deseos nos empequeñecemos. Pero nuestros deseos son de mala calidad. Rastreros.

San Ignacio de Loyola: MUCHO APROVECHA ENTRAR A LOS EJERCICIOS CON GRAN ÁNIMO Y LIBERALIDAD, OFRECIENDO A DIOS TODO EL QUERER Y TODA LA LIBERTAD

“Como demuestra la larga experiencia espiritual de la Iglesia, los Retiros y los Ejercicios Espirituales son un instrumento idóneo y eficaz para una adecuada formación permanente del clero. Ellos conservan hoy también toda su necesidad y actualidad. Contra una praxis, que tiende a vaciar al hombre de todo lo que sea interioridad, el sacerdote debe encontrar a Dios y a sí mismo haciendo un reposo espiritual para sumergirse en la meditación y en la oración…

Durante tales encuentros, es importante que se traten temas espirituales, se ofrezcan largos espacios de silencio y de oración y sean particularmente cuidadas las celebraciones litúrgicas, el sacramento de la Penitencia, la adoración eucarística, la dirección espiritual y los actos de veneración y culto a la Virgen María.

En todo caso, es necesario que los retiros y especialmente los Ejercicios Espirituales anuales sean vividos como tiempos de oración y no como cursos de actualización teológico-pastoral.  (Congregación para el Clero, Directorio para el ministerio y vida de los presbíteros, 1994, nº 85).

Ap. 3,19-20: Abrir la puerta a Jesucristo para dejarle entrar y dejarle que haga lo Él quiere en nosotros: ser amados, formados, reprendidos, cenar con Él.

 

¿Para qué son los Ejercicios Espirituales?

Å      Son ocasión para un crecimiento espiritual y pastoral;

Å      para una oración más prolongada y tranquila;

Å      para una vuelta a las raíces de la identidad sacerdotal;

Å      para encontrar nuevas motivaciones para la fidelidad y la acción pastoral.”

(Juan Pablo II, Pastores dabo vobis, 25 de marzo de 1992, nº 80).

Es necesario que los retiros y especialmente los Ejercicios Espirituales anuales sean vividos como tiempos de oración y no como cursos de actualización teológico-pastoral”. (Congregación para el Clero, DVMP, 1994, nº 85).

Contextualización de los Retiros:

Implementación de Aparecida dentro del Plan Diocesano de Evangelización

Opciones doctrinales:

o   La Santidad: Martes

o   La Comunión y participación: Miércoles

o   La Misión: Jueves

o   Prioridad 2008: LA VIDA DE NUESTRO PUEBLO HOY: Mirada a la realidad y fortalecimiento de la diocesaneidad

Å      Año Paulino (28 de Junio 2008 – 20 de Junio de 2009)

Martes 1

ESPÍRITU DE SANTIDAD

Vocación y espiritualidad

de los discípulos misioneros

en el Documento de Aparecida

 

1- El carácter discipular del “ser en Cristo” El tema de la vocación del discípulo misionero se desarrolla en el capítulo IV del Documento de Aparecida: «La vocación de los discípulos misioneros a la santidad» (DA, Nº 129-153), capítulo que se divide en cuatro apartados:

  • «Llamados al seguimiento de Jesucristo» (Nº 129-135);
  • «Configurados con el Maestro» (Nº 136-142);
  • «Enviados a anunciar el Evangelio del Reino de Vida» (Nº 143-148);
  • «Animados por el Espíritu Santo» (Nº 149-153).

 

Entendemos por “vocación” lo que un discípulo está llamado a vivir “en Cristo” (DA, nº 352), es decir, aquello que “lo identifica” como discípulo “de Cristo” sin lo cual no puede ser llamado con total propiedad “cristiano”.

352. De los que viven en Cristo se espera un testimonio muy creíble de santidad y compromiso. Deseando y procurando esa santidad no vivimos menos, sino mejor, porque cuando Dios pide más es porque está ofreciendo mucho más: “¡No tengan miedo de Cristo! Él no quita nada y lo da todo” (Benedicto XVI. Homilía en al inauguración del Pontificado)

La esencia de la vocación cristiana es su “carácter discipular”, es decir, la condición de seguidor de Jesucristo para vivir “en Él” como claramente lo muestran las fórmulas de seguimiento empleadas por Jesús: «Sígueme» (Mc 2,14; Mt 9,9), «ven y sígueme» (Mc 10,21), «vengan detrás de mí» (1,17).

Los Obispos en Aparecida lo expresan del siguiente modo:

136. La admiración por la persona de Jesús, su llamada y su mirada de amor buscan suscitar una respuesta consciente y libre desde lo más íntimo del corazón del discípulo, una adhesión de toda su persona al saber que Cristo lo llama por su nombre (cf. Jn 10, 3). Es un “sí” que compromete radicalmente la libertad del discípulo a entregarse a Jesucristo, Camino, Verdad y Vida (cf. Jn 14, 6). Es una respuesta de amor a quien lo amó primero “hasta el extremo” (cf. Jn 13, 1). En este amor de Jesús madura la respuesta del discípulo: “Te seguiré adondequiera que vayas” (Lc 9, 57).

Y más adelante:

244. «La naturaleza misma del cristianismo consiste, por tanto, en reconocer la presencia de Jesucristo y seguirlo. Ésa fue la hermosa experiencia de aquellos primeros discípulos que, encontrando a Jesús, quedaron fascinados y llenos de estupor ante la excepcionalidad de quien les hablaba, ante el modo cómo los trataba, correspondiendo al hambre y sed de vida que había en sus corazones».

Por lo mismo, es constitutivo de la vocación cristiana

  • la fe como adhesión vital y

·        la conversión personal como transformación radical de la vida y de los motivos para vivir (Mc 1,14-15; DA, Nº 104; 243; 278,b).

LLAMADOS AL SEGUIMIENTO:

“Seguir a Jesús” en los Sinópticos es un hecho físico: es irse con Él, caminar tras Él, hacerse itinerante como Él por el anuncio del Reino (Lc 9,59-60). Pero se trata de esas expresiones que no se agotan, ni mucho menos, en la realización física del mandato. Quien sigue a Jesús es para algo o, mejor dicho, para vincularse a Alguien, a Jesús de Nazaret en cuanto Señor resucitado. El seguimiento se transforma entonces en respuesta conciente, libre y fiel, en imitación y configuración con Él, en aprendizaje e interiorización de sus enseñanzas No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva (DCE, 12)

Por tanto, el carácter discipular se realiza en todas sus dimensiones cuando se entiende como adhesión fiel a Jesús, vinculación personal con Él, procurando la comunión íntima con Él, es decir, configurándose con Jesucristo. Se sigue a Jesucristo para participar, a partir del bautismo, de la vida nueva en Él, la que llegará a su plenitud en la resurrección final (DA, Nº 184; 349; 357).

Cuatro términos de la V Conferencia para referirse al discipulado como seguimiento: “VINCULACIÓN”, “CONFIGURACIÓN”, “COMUNIDAD” Y “MISIÓN”.

2- Notas distintivas del carácter discipular del “ser en Cristo”

2.1- «Elegidos para vincularse íntimamente a su Persona» (DA, Nº 129-135)

¿Cuál es el tipo de vínculo que se adquiere con Jesús y  cuál es la respuesta que Jesús espera de los suyos?

Respecto al contexto y al carácter discipular de la vocación cristiana el Documento afirma:

a- Dos aspectos originales caracterizan el discipulado de Jesús:

  • El Maestro es quien elige y acepta al que quiere seguirlo, y
  • Los elegidos no lo son “para algo”, sino “para pertenecer y seguir a Alguien”.

 

El discipulado se inicia por la elección por parte de Jesús. La manera como Jesús elige a los suyos presenta algunos rasgos comunes y otros originales respecto a cómo los maestros de aquella época elegían a sus discípulos o eran elegidos por éstos (DA, nº 131; DS, nº 98). Jesús, a diferencia de los rabinos, siempre elige a sus discípulos más cercanos (Mc 1,16-20; 2,14), a los que van a seguirlo físicamente, y acepta o no el ofrecimiento voluntario de ir tras Él (5,18; Lc 9,57.61). Siempre pide respuesta inmediata y obediencia incondicional (Mc 10,21). Sin embargo, lo original de Jesús no es tanto cómo elige, sino para qué elige.

b- Jesús no llama a los suyos para que aprendan la Ley de Moisés, cumplan ritos y purificaciones, guarden los ayunos…, sino que elige a quien quiere para que “venga y lo siga” y “esté con Él” (Mc 3,14). Es decir, lo elige para vincularlo a su Persona (1,17; 2,14). Como la “persona” en el siglo I es lo que hace y las relaciones que explican su condición, “vincularse a Jesús” es participar del encargo del Padre (el Reino) y de las relaciones que caracterizan a Jesús en cuanto Mesías e Hijo de Dios.

Admirado por Jesús (DA, Nº 136; 278,b), sorprendido y fascinado por Él (DS, Nº 87-88), vinculado por amor y opción a Él (Lc 9,57.61), el discípulo aprende en la convivencia con Jesús de Nazaret a ser “de los suyos” (configuración) a quienes “hace iglesia”, pueblo de la nueva alianza (comunidad).

c- De la vinculación y convivencia con Jesús brota la misión como exigencia del mismo discipulado. El poder y dinamismo de la Vida divina hace misionero al auténtico discípulo y lo impele a testimoniar y transmitir la Vida que recibió sin mérito personal y como don gratuito.

IMPLICACIONES DE LA VINCULACIÓN DEL DISCÍPULO CON JESUS (DA, Nº 132-136; DS, Nº 99-100): IR HASTA EL FINAL.

LA VOCACIÓN ES EL PRINCIPIO Y FUNDAMENTO DE NUESTRA VOCACIÓN: DIOS SIEMPRE ME HA LLAMADO.

Veamos:

1.         Una clave de lectura de Marcos: recuperar la fuerza encantadora del primer anuncio de Jesucristo

Es ampliamente aceptado hoy que en la conclusión del Evangelio de Marcos, el mismo evangelista se encarga de ofrecernos la clave interpretativa de la obra entera. Vamos a proponer partir de ella el “principio y fundamento” en este Encuentro.

El principio y fundamento es una experiencia fundante que influye en toda la vida de quien ha tenido la experiencia. ES UNA EXPERIENCIA QUE RE-CREA, INICIA Y ACOMPAÑA CUALQUIER OTRA EXPERIENCIA. Es una experiencia que marca para toda la vida.

1.1.            Jesús llama de nuevo a los discípulos que lo abandonaron: Mc 16,7

El evangelio de Mc concluye con la nueva con-vocación de la comunidad de los discípulos: “Id a decir a sus discípulos y a Pedro que irá delante de vosotros a Galilea, allí le veréis, como os dijo” (16,7). Los elementos que encontramos en este texto son los siguientes:

·        La experiencia de la Cruz ha marcado un claro distanciamiento entre los discípulos y Jesús.

·        Jesús le renueva la vocación a los mismos que le fallaron.

·        Los remite al punto de partida del evangelio: Galilea. Después del arresto de Juan, Jesús se fue a Galilea, proclamando la buena noticia de Dios (1,14)

·        Es recorriendo el itinerario completo del Evangelio, de cabo a rabo, que los discípulos “verán” al resucitado (como quien dice: todo el evangelio será el equivalente de un relato pascual).

·        Jesús convoca a los discípulos renuentes al Maestro, por la mediación de la voz de aquellas que sí fueron fieles hasta el final. Son las mujeres las que llaman a los varones (inversión de roles culturales).

 

Lo más impactante es que Jesús reúna a toda su comunidad sin hacerle reproches. En la lógica normal, incluso, Jesús debería haber llamado a nuevos discípulos una vez que éstos se mostraron indignos del llamado. Con todo, Jesús llama a los mismos, sin reparos ni objeciones ni discriminaciones –como la primera vez-:

·        Llama a los once que “abandonándole, huyeron todos” (14,50). Incluso un joven se desprende de lo único que le queda del seguimiento de Jesús, huyendo desnudo (v.51). Los discípulos que han dejado la barca, la familia, sus bienes, todo por seguir a Jesús, irónicamente terminan dejando al mismo Jesús.

·        Pedro que ha negado tres veces a Jesús, pero en realidad cuatro (Marcos le añade una gesto de negación en 14,72 –versión griega-), es llamado sin pedirle ninguna reparación (cfr. La triple confesión de amor antes del segundo “sígueme” en Jn 20,15-19).

·        Mientras los otros sinópticos se encargan de mostrar cuál ha sido el dramático destino final de Judas (cfr. Mt 27,3-10 y Lc en Hch 1,18-19; note que en Jn, fuera de Pedro y de Juan –que nunca lo dejó-, ninguno de los otros discípulos es explícitamente llamado) y le descartan cualquier ulterior posibilidad de recuperación, para el evangelio de Mc no hay ninguna discriminación, es decir que asume a Judas junto con todos.

 

Precisamente en esto se nota claramente para dónde va el evangelio, cuál es la buena noticia: si los discípulos fueron desleales con Jesús, el Maestro por su parte fue leal con ellos, no rompió la amistad. Tenemos aquí una imagen bellísima del amor de Jesús por sus amigos. Este amor fiel de Jesús es el “principio y fundamento” del evangelio:

TODOS ESTAMOS LLAMADOS A DESCUBRIR EN PROFUNDIDAD, NUESTRA IDENTIDAD Y PROYECTO, EN EL MARCO DE ESTE AMOR

La incapacidad del discípulo de ir hasta el final no hace sino poner de relieve el amor incondicional de Dios manifestado en Jesús. El discípulo no lo es tal por sí mismo sino en cuanto abandonado en el amor fiel de Dios. El discípulo es una creación del Señor y ese don le garantiza la esperanza de completar su vida hasta su máxima expresión de desarrollo personal: “El que persevere hasta el fin, ése se salvará” (Mc 13,13).

Esto es lo que Dios quiere de mí, por eso la “salvación” (o alcanzar la plenitud de la vida, según 10,17) y “seguimiento” (o ejercicio del discipulado llamado a durar hasta la vida eterna, según 10,30) son puestos por el evangelio en el mismo plano (“una cosa te falta –para alcanzar la vida eterna-... ven y sígueme”, 10,21) (cfr. La recurrencia del vocabulario de “vida”, “salvación” y “seguimiento” en Mc 10,17-31).

Se trata, en otras palabras, de la posibilidad de la realización del Reino en el hombre: “Yo os aseguro que entre los aquí presentes hay algunos que no gustarán la muerte hasta que vean venir con poder el Reino de Dios” (Mc 9,1; confróntese con la referencia al ver en 16,7).

DE ACUERDO CON LA PROPUESTA DE MARCOS, LA ESPIRITUALIDAD DEL DISCÍPULO ESTÁ MARCADA POR UNAS EXPERIENCIAS VITALES:

a- Según la parábola de la vid y los sarmientos (Jn 15,1-17), Jesús no quiere una vinculación como “siervos” con Él, porque «el siervo no conoce lo que hace su amo» (15,15) ya que el esclavo no tiene entrada a la casa de su amo, menos a su vida. Jesús quiere que su discípulo se vincule a Él como “amigo” y como “hermano”.

b- El “amigo” ingresa a la casa de Jesús, a su Vida, a su familia, haciéndolas propia (Jn 1,38-39; 15,14). El amigo, porque ingresa a “la casa de Jesús”, conoce al Padre, se entera de su voluntad y lo obedece, moldeando su existencia de “discípulo suyo” a partir de esa experiencia de amor (15,8) que marca la relación con los otros (15,12) y suscita el encargo misionero (15,16-17).

El “hermano” de Jesús (Jn 20,17) participa de la misma vida que le viene al Hijo de su Padre celestial, por lo que Jesús y su discípulo comparten una idéntica vida paterna, aunque Jesús por naturaleza (10,30) y el discípulo por participación (10,10). La consecuencia inmediata de este tipo de vinculación es la condición de hermanos que adquieren los miembros de su comunidad.

Por lo dicho, vida divina participada y amor de comunión, en virtud de la recíproca vinculación con Jesús, son notas distintivas del carácter discipular de vivir en Cristo.

c- La respuesta que Jesús pide a los suyos debe ser libre y conciente, hecha de corazón. Quien dio su vida por amor hasta el extremo, espera una respuesta de vida y amor, que no es sólo respuesta del intelecto (lógica humana) o de la voluntad (actos buenos), sino el ofrecimiento de toda la persona como única respuesta de amor a quien así nos ama. La respuesta, por tanto, no puede ser otra más que la comunión de vidas: adhesión íntima y fiel al Señor, lealtad inquebrantable, obediencia a su Palabra.

Si tal es la respuesta, el discípulo -como Jesús- no teme entrar en la «dinámica del Buen Samaritano (Lc 10,29-37), que nos da el imperativo de hacernos prójimos, especialmente con el que sufre, y generar una sociedad sin excluidos, siguiendo la práctica de Jesús que come con publicanos y pecadores (5,29-32), que acoge a los pequeños y a los niños (Mc 10,13-16), que sana a los leprosos (1,40-45), que perdona y libera a la mujer pecadora (Lc 7,36-49; Jn 8,1-11), que habla con la Samaritana (Jn 4,1-26)» (DA, nº 135).

2.2- «Configurados con el Maestro» (DA, Nº 136-142)

2.2.1- Don del Espíritu

El Espíritu Santo identifica al discípulo con Jesucristo en cuanto Él es Camino, Verdad y Vida (Jn 14,6): 1. Por Jesús-Camino, el discípulo accede al misterio salvador del Padre, adquiriendo una nueva realidad: hijo de Dios y hermano, en la familia de Dios, de los demás. 2. El Espíritu lo configura con Jesús-Verdad que lo lleva a renunciar a mentiras y ambiciones y a expresar con gozo su vocación de consagrado a Dios uno y trino. 3. Lo configura con Jesús-Vida, haciéndolo partícipe de la vida divina que brota del amor de Dios, para ofrecerla a manos llenas a todos (DA, nº 137; DS, nº 108).

2.2.2- Escuchar y ver a Jesús

Con frecuencia los verbos “escuchar / oír” (DA, Nº 103; 132; 142; 242; 278,b, 364, etc.) y “ver / mirar / reconocer” (Nº 242; 244; 276; 279; 349, etc.) tienen -en el Documento de Aparecida- por sujeto al discípulo y por complemento a Jesucristo o las cosas de Dios.

El carácter discipular de la vida cristiana exige escuchar y ver al Señor, importante escuela discipular y misionera para configurarse con Él (DA, nº 276; DS, nº 88).

  • El Reino acontece por la Palabra de Jesucristo que hay que escuchar y obedecer,
  • y por su Vida que hay que contemplar e imitar.

 

Escuchar  y ver a Jesús es la primera labor de un discípulo, pues así conoce a su Señor y aprende a cumplir el encargo del Hijo, que es el encargo del Padre. Sólo quien hoy “escucha” y “ve las presencias” del Resucitado se transforma en ministro de la Palabra y en testigo de su Vida (Lc 1,1-4). Es el itinerario vivido por María Magdalena quien, porque ha visto al Señor, puede contarlo a sus apóstoles (Jn 20,18). “Contar al Señor” requiere “verlo”, pues sólo así “se lo dice” o “anuncia” verazmente como auténtico testigo. María, imagen acabada y fiel del seguimiento del Señor, nos enseña «el primado de la escucha de la Palabra en la vida del discípulo y misionero» (DA, nº 271).

2.2.3- Asumir el estilo de vida y destino del Mesías

La escucha y contemplación de Jesús apuntan a la configuración con el Maestro. Y el discípulo se configura con el estilo de vida de Jesús y con su destino. El estilo de vida y el destino de Jesús son consecuencias de su conciencia de filiación y misión. Vivir según el estilo de vida y el destino de Jesús son rasgos identificatorios de una auténtica espiritualidad de seguimiento.

 

El estilo de vida de Jesús involucra varios aspectos:

a- Pasión por el Padre y por el encargo del Padre, el Reino (DA, nº 152):

“Esta es la razón por la cual los seguidores de Jesús deben dejarse guiar constantemente por el Espíritu (cf. Ga 5, 25), y hacer propia la pasión por el Padre y el Reino: anunciar la Buena Nueva a los pobres, curar a los enfermos, consolar a los tristes, liberar a los cautivos y anunciar a todos el año de gracia del Señor (cf. Lc 4, 18-19)” Jesús vive como hombre desarraigado de este mundo (Lc 9,58), porque tiene puesto su corazón en el Padre y en su Reino. Las consecuencias son: una nueva jerarquización de valores, el testimonio audaz de los valores alternativos del Reino (DA, nº 224) y la ofrenda de la vida en favor de quienes el Padre ama con predilección: los pecadores y marginados (nº 98).