Eutifron por Platón - muestra HTML

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Platón

EUTIFRÓN

INTRODUCCIÓN

A diferencia del Critón, que está, todo él, dedicado a circunstancias posteriores al juicio, el Eutifrón es ya un diálogo en el que se trata un tema específico: la piedad. Cualesquiera que sean los resultados a que lleve la discusión, no obliga a Sócrates, como en el Critón, a tomar una decisión definitiva para su vida. Aquí nos encontramos lejos de ese dramatismo característico del Critón. Pero, aunque es evidente su semejanza con otros diálogos en cuanto a su estructura, no es posible asemejarlo totalmente con diálogos como los dos HipiaS, Cármides, Lisis, etc., por ejemplo. Es necesario tener en cuenta que el Eutifrón toca un punto central de la acusación contra Sócrates: la piedad o impiedad. Por eso, Sócrates puede decir que si, como discípulo de Eutifrón, aprende bien, podrá hacer frente a la acusación de Meleto. El enmarque de la discusión en un cuadro de circunstancias que afecten al proceso no sería suficiente para considerarlo una pieza apologética escrita en fecha muy próxima a la Apología y al Critón. En efecto, el perfecto encuadramiento del Fedón dentro de datos y circunstancias de la muerte de Sócrates no permitiría a nadie deducir la proximidad de este diálogo a los anteriormente citados. El Eutifrón parece estar entre los escritos vinculados al proceso, porque, como hemos dicho, desarrolla un tema que figura en la acusación de Meleto. Sin embargo, la argumentación es la misma que en otros diálogos, sin que el pensamiento personal de Sócrates se manifieste, salvo en una ocasión. La discusión progresa como si se tratara de la belleza, la verdad u otro tema cualquiera.

Aparte de tratar de obtener, como en otros diálogos, una definición general, no aparece claramente otra vinculación con el proceso de Sócrates que el hecho de que el tema abordado sea la piedad y el que, precisamente, la acusación presentada contra Sócrates fuera la de impiedad. La intervención de Sócrates en este diálogo en ningún momento supone ni encubierta exculpación ni siquiera una toma de posición capaz de aclarar, con fines apologéticos post eventum, la injusticia de la acusación de Meleto. Parece claro que, tras la Apología y el Critón, el Sócrates de los diálogos platónicos empieza a ser un personaje dramático que representa un papel. En la Apología y en el Critón, Sócrates vive su papel.

El apasionamiento puesto en la discusión es, más bien, escaso y, como se acaba de decir, sólo una vez Sócrates muestra su pensamiento, cuando manifiesta su desacuerdo con los mitos que presentan continuas querellas entre los dioses1.

El personaje de Eutifrón está magistralmente perfilado. Se ve obligado en conciencia a acusar2 a su propio padre, que por negligencia ha dejado morir a un asalariado que, a su vez, había asesinado a uno de los servidores de la casa. La gran extrañeza de Sócrates está en la certeza que Eutifrón muestra de que lo que él hace es un acto piadoso.

El mismo Eutifrón no llega a comprender que el resto de los familiares se irriten con él por haber acusado a su padre. Es muy difícil que no se trate de un hecho realmente sucedido. Sin embargo, a pesar de tan extraña conducta, Eutifrón aparece como un hombre corriente sin ningún rasgo de maldad. Su piedad puede llevarle al error y al absurdo, pero no da la impresión de ser un hombre capaz de buscar el mal de otro sIn ninguna razón.

1 Véase 6b––c.

2 El anacronismo que supone el que en 399 hubiera que juzgar en Atenas delitos cometidos en Naxos, ciudad que, como todos los súbditos de Atenas, quedó libre en 404, autoriza más aún a pensar en que la acusación de Eutifrón contra su padre se produjo realmente. Si se tratara de algo imaginario, no sería necesario citar lugares ni datos precisos. Véase GUTHRIE, A History of Greek Philosophy, IV, pág.