Fenómenos Paranormales por Varios Autores - muestra HTML

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Los Grandes Enigmas

www.librosmaravillosos.com Larousse

Capítulo 4

FENÓMENOS PARANORMALES

Contenido:

1. La premonición del Titanic

2. La maldición de Tutankamón

3. Nostradamus

4. Los fantasmas de la Torre de Londres

5. La reencarnación

6. Poderes paranormales

7. El poltergeist de Enfield

8. La prueba del fuego

9. La edad de oro de la astrología

10. El enigma de Fulcanelli

11. Julio César, una premonición fatal

12. Los poseídos de Saint-Medard

13. Hitler y la Thulé

14. El malleus maleficarum

15. La piedra filosofal de Flamel

16. Los resucitados de Viernes Santo

17. El conde de Saint-Germain

18. Mesmer y el mesmerismo

19. Los extraños poderes de los lamas

20. Nacimiento del espiritismo

21. Un vidente resuelve casos policíacos

22. El vudú

23. Las combustiones espontáneas

24. El extraño Cagliostro

25. El enigma de Gaspar Hauser

26. El caso de Emilie Sagée

27. Las poseídas de Loudun

1. La premonición del Titanic

Su fin fue predicho 14 años antes

1

Preparado por Patricio Barros

Los Grandes Enigmas

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Fenómenos inasibles, las premoniciones más o menos comprobadas se cuentan por miles. La mayoría se refiere a anécdotas personales, pero algunas se relacionan con sucesos

mundialmente conocidos y han sido reveladas con anticipación, antes que el suceso

ocurriera.

La más famosa de estas premoniciones es el tema de una novela corta, escrita por el norteamericano Morgan Robertson, quien, catorce años antes de la catástrofe, predice con lujo de detalles el naufragio del Titanic.

Las condiciones de una premonición

Estas son muy estrictas debido a la vaguedad que codea al fenómeno y se

las puede resumir de la siguiente forma: El sueño o el presentimiento,

debe haber sido relatado a uno o varios testigos dignos de fe antes que el

acontecimiento se produzca. El intervalo entre el sueño y el suceso debe

ser relativamente corto, ya que la posibilidad de una relación accidental

aumenta con el tiempo. Esta condición admite excepciones, como lo

muestra el caso del Titanic. El sueño debe parecer improbable al que lo

sueña o venir de un ámbito que le es extraño. Debe referirse a un hecho

preciso y no revestir una forma vaga que permita una interpretación

simbólicamente ambigua, que podría aplicarse a acontecimientos muy

distintos (como sucede con las Profecías de Nostradamus, por ejemplo).

Finalmente, los detalles deben concordar, al menos en los rasgos

esenciales, con aquellos realmente ocurridos.