Frank Walsh, El Amante por Yolanda Pinto - muestra HTML

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FRANK WALSH, EL AMANTE

YOLANDA PINTO

Eran las 11.00 de la mañana, Amanda preparaba el desayuno en la cocina, mientras tanto Ronney

y Jenny estaban sentados en la mesa del porche, hacía un día espléndido de esos que te levantan

tanto la moral que hasta llegarías escalando a la misma cima del Everest. Ronney leía El País,

Jenny leía la última novela que se descargó en su Kindle “El proceso diabólico”, apareció Amanda

con la bandeja de plata, encima llevaba la tetera, la mantequilla, la mermelada de ciruela, el

azucarero, el bote de las pastillas de sacarina y los croisants recién tostados, colocó la bandeja

sobre la mesa y comenzó a servir el desayuno tranquilamente a Jenny primero y posteriormente a

Ronney, mientras tanto Ronney cerró el periódico y lo dobló suavemente dejándolo en una

esquina de la mesa, solicitó a Amanda que abriera la sombrilla porque el sol le cegaba la vista.

Por fin Amanda después de hacer todas sus gestiones diligentemente se retiró a la cocina para

seguir con sus labores domésticas.

Mientras tomaba el café Ronney le comentó a Jenny que este mediodía no vendría a almorzar,

tenía una cita con su Abogado Alejandro con el que tenía que tratar ciertos aspectos de la

liquidación de gananciales que aún tenía que interponer ante el juzgado después de su divorcio

con Clerk y también tratarían el asunto de la casa de Malibú, como sabía que tenía que dedicarle

bastante tiempo a sus asuntos había prometido invitar al Abogado a comer en Boka, uno de sus

restaurantes favoritos.

--Muy bien respondió Jenny, ¿Sobre qué horas llegarás? Creo que yo iré a hacer unas compras al

centro comercial de Kmart en Algeciras, lo digo para estar aquí de vuelta y no hacerte esperar,

podríamos esta tarde ir a tomar algún aperitivo a Yacht Club me apetece oir música Chill-out y

después ir a cenar a La Patagonia.

--Sí me parece perfecto, no llegaré más tarde de las 6 de la tarde.

Terminaron el desayuno y Ronney se encaminó a su pequeño despacho que tenía contiguo al

salón, fue a coger algunos documentos y meterlos en el maletín para comentárselos al Abogado,

mientras Jenny se quedó en la mesa del porche fumándose un cigarro mientras seguía

entretenida leyéndose la novela “El Proceso Diabólico” en su kindle.

Ronney salió impecablemente vestido de su despacho, se había colocado una americana azul

marino que le hacía juego con su camisa blanca de rallas celestes sin corbata, de pantalones

llevaba unos chinos de color beige, y unos mocasilles azul marino manolito, el maletín era de piel

color marrón oscuro.

Se dirigió con el maletín en la mano hacia Jenny que parecía concentrada en la lectura de su

novela a pesar de que el fuerte sol abrasaba el ambiente, le dio un beso en la mejilla y le dijo:

--Cariño tengo que marcharme, prometo estar aquí sobre las 6 de la tarde, me espera un día duro

de intercambiar ideas con Alejandro, espero que sepa darle forma jurídica a las cuestiones que yo

quiero resolver.

--Sí yo saldré un rato al centro comercial, necesito hacer algunas compras, me quedé sin crema

antiarrugas de noche y con tanto comer me están estrechos algunos pantalones, necesito adquirir

algunos que tengan una talla más.

--Lo que deberías es hacer más ejercicios y entrenamiento en el gimnasio ( se refería al que

Ronney tenía en la planta baja de la casa), le dijo efablemente mientras se disponía a entrar de

nuevo al salón para salir de la casa por la puerta principal.

Jenny sentada aún en el porche escuchó cómo se accionaba la puerta del garaje en la que estaba

guardado el mercedes benz CLA plateado que solía conducir Ronney, posteriormente se escuchó

arrancar el motor del vehículo y cómo se deslizaba hacía la gran puerta principal de verja

corrediza que se había introducido ya hasta el final del riel al ser accionada por el mando

automático, el coche por fin salió de la casa y el ruido del riel por donde la verja volvía a su sitio

chirriaba levemente hasta que por fin se escuchó un sonido brusco de acople cuando ésta se

cerró del todo.

Jenny dejó el kindle encima de la mesa y se dirigiió con paso ligero hacia su habitación, cogió su

bolso, abrió el monedero y vio que tenía 350 euros en efectivo, era suficiente, 50 euros los

necesitaba para el taxi, después se vistió, se puso un bonito vestido rosa malva ceñido con escote

en V y una sandalias de color cobre, el bolso negro donde tenía en monedero no le hacía juego

con los zapatos, por lo que abrió el armario donde había una repisa con todos los bolsos

perfectamente colocados por tamaños, desde los más pequeños hasta los más grande, vio uno

que era casi del mismo color que las sandalias y lo cogió, metió el monedero, la barra de labios, el

movil, el rimel y la agenda y las llaves.

Bajó las escaleras que daban al salón, marcó al teletaxi y pidió un taxi para Sunset Hill calle Iris

número 12, la operadora le dijo que llegaría en 10 minutos, Jenny esperó y salió de la casa sin

despedirse de Amanda.

Se subió al taxi, le requeriró al taxista que la llevara a La Bajadilla, calle mármoles local 2.

La carretera 340 donde se incorporó el taxi llevaba un tráfico muy denso, estaba ansiosa de llegar

por fin a su destino, no le gustaba las largas colas de retenciones que formaban los coches en

caravana, se arrepintió de no haberse traido también el kindle para proseguir leyendo. El taxista

por fin paso el tunel del puerto para adentrarse en el centro de Algeciras tomó un atajo por la calle

Rey y después de treinta minutos de marcha desde que salió de casa por fin llegó a calle

mármoles numero 2

Se bajó del coche, Jenny le dejó al taxista la vuelta de 15 euros, la cantidad exacta habían sido 12

euros.

El local a donde Jenny se dirigía parecía cerrado, el dibujo de grafiti de la muñeca betty boop se

veía en toda su totalidad dibujado sobre las persianas metálicas que estaban desplegadas hasta

el suelo y que protegían el local. La persiana contigua más estrecha que solía estar entreabierta

dejando entrever los cristales de la puerta de entrada también estaba cerrada hasta el abajo del

suelo. Jenny se figuró que Frank estaría aún dormido, aunque eran ya las 11.30 de la mañana

pero el hecho de que no la esperase su visita enfatizaría la probabilidad de que estaría aún

descansando de una noche de borrachera o de insomnio frente al televisor hasta altas horas de la

madrugada.

Jenny sacó del bolso su móvil, buscó en contactos, escribió la F, le apareció una lista que

empezaba por Fátima, Fernando, Francisca, Fuensanta, hasta que visualizó Frank, le dio a la

tecla de llamada, después del sonido de varios tonos se escuchó una voz adormilada y ronca al

otro lado del teléfono:

--Hola Nena, cuánto tiempo sin saber de ti ¿Donde andas?

--Frank, abre, estoya aquí fuera de tu local.

Vaya que sorpresa más grande me has dado, salgo a abrirte un momento.

Se escuchó el chirrido de la persiana estrecha subiéndose, tenía un sistema automático que se

accionaba con un mando electronico desde dentro, al instante se podían visionar las pantorrillas

de Frank detrás del cristal de la puerta del local, a medida que la puerta metálica avanzaba se

divisaba al unísono más parte del cuerpo Frank hasta que por fin se vieron ambos la cara.

Jenny entró en el local, estaba muy sucio, parecía una pocilga, había periódicos tirados por la

mesa, por el suelo, distintos zapatos y zapatillas desparramados por lo que hacía las veces de

salón-habitacion, calcetines arrugados por el suelo, el sofá cama estaba desplegado con una

manta arrugada por encima, olía a humo de tabaco, Jenny miró la mesa había un cenicero

apestado de colillas, dos paquetes de marlboro sobre la mesa uno vacío y en el otro apenas

quedaba tres cigarrillos. Jenny no hizo alusión al estado de desorden y suciedad del cobijo de

Frank, estaba demasiado feliz de volverlo a ver, hacía meses que no se volvían a encontrar.

Frank se encontraba en calzoncillos, con el pelo arremolinado, los ojos aún no los tenía abiertos

del todo, le molestó la intensidad de la blanca luz que entraba por la puerta de local y volvió a

accionar el mando electrónco para que la persiana volviese a cerrarse.

--Bueno Nena, ¿Qué tal todo? ¿Conseguiste ya algo? Le preguntó Frank con celeridad.

--Bueno no es todo tan fácil como imaginamos dijo Jenny, creo que pronto habré conseguido algo,

aún está esperando la liquidación de gananciales de su exmujer, no creo que tenga ganas de

volver a pasar por la vicaría, pero tendré que forzarlo amezándole con abandonarle, esta semana

ya voy a hablar en serio con él, sé que se ha encariñado conmigo y no me dejará marchar tan

fácil.

--Estoy sin blanca, dijo Frank, tengo algunos agujeros de asuntos que no han salido bien del todo.

No me gusta deberle nada a nadie y sabes como es la gente que te presiona. No me han

renovado el contrato en la empresa de pintura, están prescindiendo de personal, eché algunos

curriculums y hablé con algunos colegas pero te digo la verdad, estoy al límite.

--Te traje algo, dijo Jenny sacando de su monedero 300 euros, quedátelos, ¿Y mi pulsera?

¿Sacaste algo por ella?, preguntó Jenny a Frank.

--Me dieron 400 euros en la casa de empeños, prefería recuperarla algún día y devolvértela que

mal venderla, algún día saldremos de esto nena y todo será muy distinto.

Estos eran los detalles que la tenían enganchada a Frank, una mezcla de sentimientos de

compasión y admiración era lo que la atraía de él, aunque a veces simulaba ser un tipo duro ella

sabía que dentro de él existía un niño esperando a que llegase mamá, quizás porque Frank era

menor que ella, en la actualidad tenía 43 años, y es más en ocasiones Jenny pensaba que Frank

hacía trampa o que tenía poderes mágicos con los que podía engañarla y transfigurar con tanta

magistralidad dos personalidades dentro de sí mismo, es como si él pudiese meter su mano en su

caja torácica extraer su corazón de niño y meterlo en un bote de cristal y en otras ocasiones

extraer el corazón de hombre duro y fuerte y meterlo en el mismo bote de cristal mientras se lo

cambiaba por el de niño. Si no era con un truco como este no era comprensible que albergara en

su cerebro dos personalidades tan antagónicas que confundían a todo aquel que tratara con él.

Había escuchado hasta la saciedad las historias que Frank le contaba sobre lo cruel que fue su

padre con él en la niñez, el padre un empleado de ferrocarril gastaba todo el dinero en mujeres,

juego y bebida, cuando llegaba a casa para evitar que le pidieran explicaciones ejercía su

machismo violento contra la esposa y los hijos, Frank tenía un hermano mayor, Sam que ahora

vivía en Barcelona, se dedicaba allí a la compraventa de coches usados sin más organigrama que

el del viejo sistema del boca a boca, unas pequeñas tarjetas de visitas que solía imprimir en las

casetas de fotomatón es de lo único que se bastaba.

El padre de Frank, se valía de su correa para amedrentar a toda la familia, cuando los niños aún

pequeños escuchaban de noche la llave del padre encajándose en la cerradura de la casa,

saltaban de la litera como liebres para esconderse debajo de ella tumbados, pero aún así el padre

los trataba como coballas asustadizas poniéndose de rodillas e intentando agredirles con el

cinturón lanzándoles latigazos mientras los dos chavales observaban desde el rincón del suelo

empotronados contra la pared los sucios pantalones de su padre que era lo único que

dislumbraban en las sombras de amargura desde su pequeño refugio agarrados de las manos

mientras su padre intentaba agarrarlos con el brazo extendido o con los golpes de la correa, los

chicos intentaban protegerse recogiéndose lo más que podían contra el rincón del suelo debajod

de la litera evitando ser alcanzados por aquel arma serpeante y vil que era la correa de su padre.

Frank recordaba en su mente como si fuera un martillo pilón sus clemencias con aquella vocecilla

temblorosa infantil aún aguda de niño:

--¡¡No, por favor, papá, basta, basta!! ¡¡Vete de aquí!! ¡¡Ya está papá, fuera!! ¡¡Papá me haces

daño!! ¡¡Ya papá, por favor!! El gimoteo de su hermano Sam que era menor que él y que él

intentaba proteger poniéndose siempre delante dejando a su hermano el lado de la pared.

¡¡Déjamos en paz papá!! ¿Es que no oyes a Sam llorar? ¡¡Basta no queremos salir!!

Y la voz de su padre tantas veces diciéndoles:

--Sois unos bastardos ¿Ese es el recibimiento que dais a vuestro padre? ¡¡Salir de ahí debajo,

ahora mismo o os sacaré a ostias!! ¡¡Haced lo que os mando!!

Cuando el padre ya había ejercido su dosis de terror psicológico sobre sus hijos le tocaba el turno

a la madre, ésta normalmente también se encontraba en la cama tiritando de miedo, sabía como

si de una película que hubiese visto repetida cien veces lo que iba a pasar ahora, la habitación se

abría, la bombilla pelada sin lámpara se encendía y ahí estaba el monstruo con ganas de arrasar

todo lo que encontraba a su paso, con ganas de humillar, de vejar, de ejercer sobre su familia la

autoridad que no tenía en su trabajo, en ocasiones con la borrachera le daba por abrir de par en

par el armario de la habitación conyugal y sacar toda la ropa arrojándola al suelo, abría también

los cajones y lo desarmaba todo, calzoncillos, calcecines, camisas, pantalones, faldas, perchas

todo quedaba esparcido por el suelo, después se dirigía a su esposa, le destapaba la manta

ferozmente sin importarle que tan si quiera tuvieran calefacción en la casa, la cogía de los pelos y

la obligaba a ponerse de rodillas para que recogiera una a una todos las prendas de ropa que

había esparcidas por la habitación, y eso sí, el hijo de puta no podía escuchar ningún gemido,

ningún lloro, la esposa contenía un llanto ahogado que la envenenaba por dentro, aunque como

madre prefería sufrir ella las vejaciones a que él se ensañara con los hijos. Si en alguna ocasión

se le escapó un gimoteo esto era mucho peor ya que exarcebaba aún más su trastornada

personalidad pero de una manera o de otra y sin ninguna piedad ni remordimiento la humillaba

con frases como:

--Venga perra recoge todo esto, no vales para nada, eres una inútil. ¿Dónde irías sin mi, si yo no

te mantuviera? No sois tú y los niños más que una pandilla de aprovechados, de inútiles

bastardos. La cosa se ponía peor si el padre seguía bebiendo, si aún le quedaban latas de

cerveza en la nevera que las bebía compulsivamente mientras inflingía su falta de piedad sobre su

destrozada esposa.

Las vejaciones y los maltrados a los hijos y a la mujer no tenían límite cuando venía borracho que

era un día sí y otro también, algunos días le daba por realizar acciones más viles como las de

defecar en el salón y arrastrar por los pelos a la esposa para que limpiase sus desechos delante

de él mientras la seguía insultando y humillando.

Frank y Sam mientras duraba todo esto no se atrevían a salir de debajo de la litera, aquel era su

refugio, la ratonera como la denominó desde pequeño, sólo cuando oían a su padre roncar o

cuando ya no había ningún sonido en la casa los dos chicos salían descompuestos y

atemorizados de la ratonera.

--Frank subía a la parte de arriba, no sin antes darle un beso en la mejilla a su hermano Sam y

decirle:

--¡¡Vamos Sam vamos a la cama, papá ya se ha quedado dormido, ya podemos dormir tranquilos!!

En ocasiones Frank subía las escaleras de la litera dolorido por los correazos que había recibido

con la punta del cinturón en los momentos en que su padre le exigía que saliera y le golpeaba,

pero como tantos días se tapaba las heridas y los golpes con la manta esperando que llegase un

futuro mejor, un futuro donde él pudiese dormir plácidamente una noche entera sin tener que estar

alerta para escuchar el sonido de la cerradura al abrirse, sin tener que despertar a su hermano

Sam y aligerarlo a que se metiera debajo de la litera antes que él para él protegerlo con su cuerpo,

sin tener que recibir insultos y golpes cada noche, sin tener que oir sufrir a su madre y ver como

un hijo de puta la humillaba, sabía que algún día ese día iba a llegar. En ocasiones veía películas

donde la gente usaba pistolas y con un disparo el otro moría, él tan sólo tenía 7 años entonces, 8,

9 cuando su mente lo llevaba una y otra vez a la idea de hacerse con una de ellas y acabar con

el ser que tanto odiaba, pero ¿De dónde iba a sacar él una pistola?, tenía algunas de juguete con

las que jugaba con su hermano Sam a los cowboys pero él soñaba con tener una de verdad, de

las que daban miedo al contrincante.

Pero llegó un día en que todo cambió, Frank harto de los golpes de su padre cuando cumplió los

14 años se notó que su cuerpo había cambiado, ya no era el muchacho enquencle al que su

padre podía atemorizar con sólo mirarlo, también hacía un año en que su voz era casi más grave

que la de su padre y ya era irrisorio suplicar clemencia con el clásico ¡¡Papá, basta ya!! de manera

que una noche en que su padre llegó borracho la escena fue bien distinta, Frank lo esperaba con

una piedra que había cogido jugando con los chicos en el parque y la tenía liada con una toalla a

modo de onda, se había fabricado este arma casera con la que tenía la idea de dar fin y reducir de

una vez para siempre a su maléfico padre. De modo que cuando volvió a entrar en la habitación

como de costumbre, Frank esta vez no saltó de la litera para arrinconarse en el rincón de la

habitación sino que tenía fuertemente la toalla con la piedra en su interior. El padre balanceó la

litera para atemorizarlo y ver cómo se volvía a bajar de ella como tantos años, meses, dias y

noches había ocurrido pero esta vez le esperaba una dessagradable sorpresa, Frank cuando vio

que el brazo de su padre se le acercaba para atraparlo de una pierna y así obligarlo a bajar de la

litera, le golpeó fuertemente en la cabeza repetidas veces hasta cuasarle varios cortes en la

cabeza por los que empezó a brotar sangre, los ojos del padre se abrieron inmensamente

clavando su mirada de odio en los ojos de Frank, no pudía sostenerse en pie, el efecto del alcohol

y las heridas incisocortantes fueron como una apisonadora que le hicieron desmallarse

súbitamente, al caer se golpeó la cabeza contra la barra de la litera y quedó sentado en el suelo

con el torso girado para su derecha, llamaron al 061 y a la policía, Frank fue imputado por un

delito de lesiones con agravante de parentesco, pero los informes de los psicólogos y del equipo

técnico que estudió el núcleo familiar, unido a las testificales de su madre y su hermano,

demostraron en el juicio que Frank había vivido un terror psicológico durante años que tenía

interiorizado hasta lo más hondo de sus entrañas por lo que su ira le valieron para preparar

cautelosamente su venganza y erigirse en salvador de su familia ya que ni su madre ni su

hermano Sam eran capaces de enfrentarse ni rechistar por la más mínima cosa a su feroz padre.

Frank quedó absuelto por la eximente completa de legítima defensa, arrebato y trastorno mental

transitorio. El padre tuvo que abandonar la casa ya que a la testifical de la madre se unió su

denuncia junto a la su otro hijo que desembocó en una condena de cinco años de prisión para el

padre por malos tratos continuados en el domicilio familiar.

Toda esta borrascosa experiencia había calado en la personalidad de Frank siendo un jóven sin

orientación definida, falta de amor propio, autoestima baja, falta de valores morales asentados y

confusión en ocasiones entre el bien y el mal, lo que le conllevaba a una poca estabilidad

emocional, desconfianza de los demás, y poca emotividad para aguantar la lentitud de los

ascensos sociales en el trabajo, además de la intolerancia hacia la más mínima reprobación de un

jefe que le exigiera más o le reprimiera de alguna acción mál hecha, cualquier conducta en este

sentido Frank la asimilaba como la vuelta a su vida del fantasma de su padre, se le reavivaban las

inseguridades y la angustia del pasado cuando desde muy pequeño aprendió que el progenitor

que tiene que velar por tu vida, por tus sueños y protegerte no era más que el peor monstruo que

se aparecía para secuestrarte en su guarida sin capacidad de escapatoria, cuando era contrariado

por algo en su vida cotidiana, volvía a recrear en su mente aquel niño asustado tiritando de frío y

de miedo agarrado a su hermano con las manos sudorosas del pánico para evitar que la punta de

la lengua de la serpiente venenosa que era el cinturón no le volviese a reabrir las cicatrices y las

costras de las heridas que ya tenía por los golpes de días pasados. En aquellos momentos de

pánico odiaba a su madre por no haberlo ahogado cuando nació, por no haberlo abortado cuando

sabía que estaba embarazada, por ser tan inconsciente de no conocer bien al hombre con el que

engendrar sus hijos antes de quedar en cinta. Jenny lo veía llorar en ocasiones recordando todo

aquel infierno infantil y esa tenebrosa herida en su alma es lo que abría la compasión y el amor de

Jenny por aquel hombre intentando con su amistad y con su amor aliviarle su dolor como lo haría

un perro lamiendo con su lengua caliente con el fin de cicatrizarle las heridas de su pasado.

Frank escribía poesía, le gustaba el mar, la montaña, la naturaleza, a pesar de su marcado

pasado tenía sensibilidad cuando lograba encontrar su propio yo interno, sabía recitar poemas de

Federico García Lorca, a Jenny le encantaba verlo inspirado cuando le dedicaba una poesía de

las que él mismo había escrito, normalmente era más locuaz recitando cuando bebía, esto le abría

la mente y la memoria recordando todos los párrafos y estrofas de la poesía por muy larga que

fuese. En ocasiones Jenny había pensado que Frank era un verdadero genio pero que no tuvo

oportunidad para aplicarse en una materia determinada, nadie lo alentó para ello, mientras que

otros chicos de su edad se concentraban en hacer sus deberes estudiantiles, él y su hermano

aprovechaban jugando las máximas horas de la tarde como un resorte para aguantar lo que ellos

llamaban “La ratonera”, oir la llave de su padre que se introducía en la cerradura de su casa como

un cepo se cierra para dejar atrapado y sin salida a un podre animal. Era como un tren de

mercancías que tiene dos paradas, la primera ya se sabía que siempre era la habitación de los

chicos y la segunda la habitación de la madre, cuando oías el sonido del tren en marcha ya sabías

lo que te esperaba y que no pararía hasta completar su recorrido infernal.

El trauma aún lo sobresaltaba en ocasiones en su subconsciente onírico cuando en sus pesadillas

se visionaba a sí mismo entrando en un frondoso bosque, no había nadie en él, sólo se

escuchaban las lechuzas ululando en la distancia, sin embargo después de andar y andar se

sorprendía con otro extraño ruido, era el siseo de una serpiente, se volvía y veía como la larga

lengua de una serpiente de cascabel lo acechaba para intentar atraparle, morderle y matarle con

su veneno. Jenny había sido testigo de estos sueños de Frank cuando vivió con él y lo oía girarse

intranquilo en la cama de lado a lado mientras dormía relatando frases como “Déjame maldita,

vete de aquí, vete de aquí”, en otras ocasiones las frases que gritaba eran “Papá, ya basta papá”

¿No escuchas a Sam llorar? “Ya basta , vete de aquí” Jenny alterada por las pesadillas de Frank

lo despertaba para sosegarlo y mostrarle que todo era irreal, que estaba junto a ella y que todo

había sido sólo fruto de su atormentada mente.

Tantas veces habían planeado tener los dos juntos una nueva vida, siempre soñaban con irse a

vivir a Sudamérica, el cambio de moneda con el euro les daría la posibilidad de vivir una vida

desahoga y tranquila, apartados de la miseria y de la angustia por buscar dinero cada mes para

subsirtir en este mundo capitalista.

Necesitaban 10.000 euros, ya lo habían hablado muchas veces, con 5000 euros se comprarían

una casa, y con los otros 5000 pondrían un negocio, a Frank le gustaban los negocios que

trataban con el mar, bien comprarse una pequeña lancha y en los meses de verano pasear a los

turistas o incluso enseñarles a hacer pesca submarina, o bien poner un chiringuito y explotarlo

sólo algunos meses de calor y vivir el resto de los meses desahogados de dinero. A él le gustaba

el sur de Méjico, ella prefería Brasil y sus playas, pero le habían hablado bien de Méjico y de la

cantidad de turistas estadounidenses y del resto del mundo que lo visitaban cada año. Ese era su

sueño, pero no el sueño de la madre de Jenny, Frank nunca hubiese sido del agrado de su madre,

era un hombre sin recursos que no la podía mantener como según su madre ella se merecía, “El

dinero lo es todo “ le repetía infatigablemente su madre. En estos momentos ella tenía que

conciliar ambas cosas, había hecho una promesa a su madre, pero la promesa podía tener como

variante que ella consiguiera dinero para vivir como una señora, pero no tener que pasar el resto

de su vida con un viejo chiflado en contra de sus propios sentimientos, ella no podía renunciar a

luchar por llegar a vivir para siempre con Frank, eso era algo demasiado deprimente que llegaba a

desangrarla por dentro nada más pensarlo.

--Habla esta semana con el viejo, y trata de convencerlo para que se case contigo, dijo Frank de

manera exigente, no podemos perder más tiempo, son ya 9 meses que estoy esperándote.

--Está bien, de esta semana no pasará, te enviaré un wasap con el resultado de la conversación.

Aunque Frank era menor que ella, pero era él realmente el que la dirigía y la guiaba, en estos

momentos él no era más que un eslabón engarzado en la cadena que constitúan ahora Jenny y

Ronney, la había convencido que sólo necesitarían 10.000 euros para fugarse y ser felices pero

no eran estos sus verdaderos planes, tampoco los de Jenny, pero lo que ella no podía imaginar es

que Frank soñaba a diario con los ojos bien abiertos con una idea bien distinta a la de poner

negocios acuáticos o para turistas en México o en Brasil, para él la vida no tenía sentido si no

contaba con un millón de euros como mínimo, todo lo demás eran porches postizos, y después de

pasados 9 meses no estaba ya seguro de que Jenny tuviera habilidad para conseguir este dinero

de Ronney.

Frank odiaba ir a trabajar humildemente a un trabajo porque consideraba que el mísero sueldo

mileurista o inferior sólo te permitía tapar algunos agujeros cuando se te abrían otros, cuando no

se le rompía el embrague de su Opel Corsa comprado de 5º mano, se le agotaba el dinero en

unas míseras vacaciones de un fin de semana a Barcelona o a la costa de Alicante, con un sueldo

así te pasabas la vida preocupado intentando sobrevivir hasta fin de mes, y siempre con el sin vivir

de que el jefe se cabreara contigo y te echara o que la empresa se fuera a la mierda. Su mente

soñadora aunque pragmática volaba hacia vuelos más altos, su verdadero sueño oculto que aún

no había confesado a nadie ni siquiera a Jenny era que si ella no conseguía una gran cantidad de

dinero para que ambos no trabajaran nunca más, era ir a Chicago y comenzar a ser un reputado

matón por 3000 dólares con grandes rifles y armas escondidos en estuches de violines, pero para

ello necesitaba algún dinero que era lo que quería que Jenny por lo menos le facilitase por eso la

convencía de que al menos tuvieran 10.000 euros, ya que necesitaba instalarse en Chicago,

comprarse trajes oscuros a rayas, camisas de seda de colores, sombreros fedora negros,

corbatas blancas y negras brillantes, zapatos de charol negros, pañuelos para meterlos en el

bolsillo de la chaqueta, un gran reloj chapado en oro, y después llevar como mujer florero a su

lado a Jenney vestida con un elegante vestido rojo de raso entallado con una raja atrás que le

haría mostrar la mitad de sus muslos cuando andaba, medias negras de red, unos zapatos rojos

de tacón finos altos, la melena rubia perfectamente alisada y con ondas a partir del cuello hacia

abajo, los ojos pintados con sombra negra y los labios con carmín rojo oscuro, ella entraría con él

en los clubs nocturnos fumando en una elegante boquilla negra mediana y no le permitiría abrir la

boca nada más que para decir gracias o por favor, la voz cantante la llevaría él, puesto que su

intención era mostrarla y llamar la atención con el fin de conocer gente influyente o peligrosa, de

este modo ofrecerse discretamente para su nueva actividad de ganster, tenía en su mente

seleccionados los clubs nocturnos que quería visitar cuando fuese a Chicago, en especial el

Andy,s Jazz Club y el 858 Luonge, sabía que allí se movía gente importante, después intentaría

subir de categoría convirtiéndose en un ganster auténtico con subalternos a su cargo con los que

planearían dar un golpe gordo como el de entrar en el Bank of America vestido con un abrigo largo

negro Chesterfiel de grandes solapas, su sombrero fedora y con dos metralletas Thompson M1 en

cada mano y tres de sus subaltenos vestidos en traje de chaqueta negro y los mismos sombreros

detrás de él también armados con pistolas colt lightning y colt trunderer con fundas sobaqueras, al

tiempo que entraban por la gran puerta giratoria del banco, se detenían en el lujoso hall de marmol

con mostradores de madera tallada y gritaba: “Que nadie se mueva, arriba las manos, esto es un

atraco, al menor movimiento no me temblará la mano para disparar alguna de mis armas,

portense bien y no les pasará nada”. Este, este era su sueño realmente, se imaginaba

encañonando con sus metralletas a todos los presentes en el banco mientras sus subalternos

forzaban al encargado del banco a que abriera la caja de seguridad del banco y salieran a todo

prisa con 3 o 4 bolsas llenas de dinero del banco para introducirse en un gran Cadillac Town

Sedan como el que llevaba Al Capone que por otro lado era su ídolo, donde otro de los de su

banda los estaría esperando a él y a todo su grupo. ¿Y después?, después con ese dinero podría

comprar favores de la policía para continuar con su ascenso como ganster en EEUU, podría

controlar alguna zona en la venta de la cocaína y lavar su conciencia haciendo donaciones a los

pobres y a lglesia, así ganar el clamor popular para quien sabe si un día podría ser elegido para

algún cargo político de la ciudad. ¿Y Jenny, qué haría con ella?, Ella podría optar por continuar a

su lado, pero tendría que aguantar que él tuviese affairs con otras mujeres más jóvenes que se le

insinuaran y le buscaran por su rango de ganster, una sola mujer no era suficiente para saciar su

gran ego de triunfador, sería una vida demasiado intensa para malograrla con la fidelidad a una

sola dama.

--Hicieron el amor, Jenny lo notó ausente en el acto sexual, lo achacó a la cantidad de problemas

económicos que Frank tenía, pero era satisfactorio para ella que el la satisfaciera como una mujer

y olvidar por unos momentos las experiencias sexuales que tenía con Ronney. Ella no le contó

nada a Frank de los gustos sexuales sadomasoquistas de Ronney, nada de eso importaba, al fin y

al cabo era de la idea de que el fin justifica los medios, y el fin era conseguir el dinero para

escaparse con Frank.

Jenny se vistió, miró el reloj y vio que eran las cinco de la tarde, recordó que Ronney le comentó

que estaría en casa de vuelta sobre las 6, se despidió de Frank con un beso en los labios y le dijo:

--Te mantendré informada, espero verte pronto, verás como lo conseguimos, confía en mí.

--Está bien, nena, tienes que ser ahora muy lista, ya casi estamos en el final de conseguir nuestro

sueño.

--Lo sé Frank, lo sé, dijo Jenny.

Frank cuando Jenny se fue del local se quedó en la cama tumbado, hoy no tenía nada que hacer,

tan sólo quería ver las carreras de fórmula 1 que ponían en el canal tv1 a las 21.00 horas, puso la

alarma de su móvil para despertarse y verlas pero ahora echaría una pequeña siesta.

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