Gaia Durmiente

Prologo
El incidente.
_ ¿Qué diablos estás haciendo?, no puedes abrir el portal aquí, la tormenta, es cada vez más
fuerte, en todos los siglos de tecnología de portales, nunca se probaron en este entono. Por
favor, volvamos a la zona de envío.
_No tenemos tiempo Ayura, los de la corporación, se nos echan encima. SI descubren que
tenemos la nueva fuente para portales, nos matarán!_ . Dijo Edhora. Siempre se asustaba por
cualquier pequeño sonido, y aún así, aquella asustadiza bibliotecaria, insistió el ir con la última
partida a Gaia, para ocultar lo que quedaba de ejemplar de cristal rojo, de las garras de la
corporación. Justamente a Gaia, ella, con lo nerviosa que era, con todo el caos de las
tormentas eternas, del desestabilizado cielo de aquel, un día azul, moribundo planeta. Quien
iba a pensar que con la reciente caída de su hermana, le cogerían esos arranques repentinos
de valentía.
_Apártate un poco Ayura, voy abrir el portal, o eso o la morimos aquí, no pueden averiguar
donde los hemos escondido.
Aquel pico afilado, castigado por vientos y tormentas, de tierra estéril, no podía ser un buen
sitio, para abrir el portal y volver a Ío. Volver a casa. Era demasiado inestable para la tan
delicada operación de abrir un agujero de gusano. ¿Acaso no lo e ntendía?, ¿con su
coeficiente?. Menuda científica, pensó Ayura. Se arrepentía, sin duda de haberla llevado, pero
¿Qué otra opción tenia?. Se lo debía. El trabajo, y la misión, eran las mejores curas, para la
depresión de la repentina muerte de su hermana.
_Muy bien, ya empieza a ejecutarse el programa de apertura, los cristales azules están
empezando a brillar
_Espera Edhora_ Intentó gritar Ayura, pero la dichosa mascara anti radiación, y la escandalosa
tormenta electica, no dejaban que pudiera oírse nada a través de su viejo sistema de
transmisión.
De repente, el sistema, se estaba iniciando, los cristales azules, clásicos, de los que
suministraba la corporación, estaban una vez más emitiendo sub energía y plegando el
espacio-tiempo, para abrir un portal, que los permitiría salir de allí, antes de que los
escuadrones de la muerte, los encontraran. Si lo hacían, los torturarían, sin duda. Pensó Ayura.
Debían sonsacarles dónde estaban los cristales rojos escondidos, la única alternativa a su
monopolio de fuente de energía de portales.
La actividad de la tormenta, se hizo frenética, se abatió sobre Ayura y Edhora. Habrían muerto,
si no fuera, por sus trajes blindados, anti radiación, gas y electricidad, imprescindibles, para
pisar Gaia.
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