Guía de la Autopista Galáctica por Douglas A. - muestra HTML

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GUIA DEL AUTOESTOPISTA

GALACTICO

Douglas Adams

Título original: The Hitchhiker’s Guide to the Galaxy

Traducción: Benito Gómez Ibáñez

Douglas Adams (1979)

A Jonny Brock, Clare Gorst

y demás arlingtonianos,

por el té, la simpatía y el sofá

En los remotos e inexplorados confines del arcaico extremo occidental de la

espiral de la galaxia, brilla un pequeño y despreciable sol amarillento.

En su órbita, a una distancia aproximada de ciento cincuenta millones de

kilómetros, gira un pequeño planeta totalmente insignificante de color azul

verdoso cuyos pobladores, descendientes de los simios, son tan

asombrosamente primitivos que aún creen que los relojes de lectura directa

son de muy buen gusto.

Este planeta tiene, o mejor dicho, tenía el problema siguiente: la mayoría de

sus habitantes eran infelices durante casi todo el tiempo. Muchas soluciones se

sugirieron para tal problema, pero la mayor parte de ellas se referían

principalmente a los movimientos de pequeños trozos de papel verde; cosa

extraña, ya que los pequeños trozos de papel verde no eran precisamente

quienes se sentían infelices.

De manera que persistió el problema; muchos eran humildes y la mayoría se

consideraban miserables, incluso los que poseían relojes de lectura directa.

Cada vez eran más los que pensaban que, en primer lugar, habían cometido un

gran error al bajar de los árboles. Y algunos afirmaban que lo de los árboles

había sido una equivocación, y que nadie debería haber salido de los mares.

Y entonces, un jueves, casi dos mil años después de que clavaran a un hombre

a un madero por decir que, para variar, sería estupendo ser bueno con los

demás, una muchacha que se sentaba sola en un pequeño café de

Rickmansworth comprendió de pronto lo que había ido mal durante todo el

tiempo, y descubrió el medio por el que el mundo podría convertirse en un

lugar tranquilo y feliz. Esta vez era cierto, daría resultado y no habría que

clavar a nadie a ningún sitio.

Lamentablemente, sin embargo, antes de que pudiera llamar por teléfono para

contárselo a alguien, ocurrió una catástrofe terrible y estúpida y la idea se

perdió para siempre.

Esta no es la historia de la muchacha.

Sino la de aquella catástrofe terrible y estúpida, y la de algunas de sus

consecuencias.

También es la historia de un libro, titulado Guía del autoestopista galáctico;

no se trata de un libro terrestre, pues nunca se publicó en la Tierra y, hasta que

ocurrió la terrible catástrofe, ningún terrestre lo vio ni oyó hablar de él.

No obstante, es un libro absolutamente notable.

En realidad, probablemente se trate del libro más notable que jamás

publicaran las grandes compañías editoras de la Osa Menor, de las cuales

tampoco ha oído hablar terrestre alguno.

Y no sólo es un libro absolutamente notable, sino que también ha tenido un

éxito enorme: es más famoso que las Obras escogidas sobre el cuidado del

hogar espacial, más vendido que las Otras cincuenta y tres cosas que hacer en

gravedad cero, y más polémico que la trilogía de devastadora fuerza filosófica

de Oolon Colluphid En qué se equivocó Dios, Otros grandes errores de Dios y

Pero ¿quién es ese tal Dios?

En muchas de las civilizaciones más tranquilas del margen oriental exterior

de la galaxia, la Guía del autoestopista ya ha sustituido a la gran Enciclopedia

galáctica como la fuente reconocida de todo el conocimiento y la sabiduría,

porque si bien incurre en muchas omisiones y contiene abundantes hechos de

autenticidad dudosa, supera a la segunda obra, más antigua y prosaica, en dos

aspectos importantes.

En primer lugar, es un poco más barata; y luego, grabada en la portada con

simpáticas letras grandes, ostenta la leyenda:

NO SE ASUSTE

Pero la historia de aquel jueves terrible y estúpido, la narración de sus

consecuencias extraordinarias y el relato de cómo tales consecuencias están

indisolublemente entrelazadas con ese libro notable, comienza de manera muy

sencilla.

Empieza con una casa.