Halo: The Flood por William C. Dietz - muestra HTML

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Prólogo

0130 Horas, Septiembre 19, 2552 (Calendario Militar)/

Crucero del UNSC Pillar of Autumn, locación desconocida.

El Oficial Técnico (3ra. Clase) Sam Marcus echó una maldición mientras el

intercomunicador lo despertó de su profundo sueño. Se frotó sus borrosos ojos

y le echó una mirada al reloj de Misión sobre la pared encima de su litera.

Había estado dormido por tres horas –su primer siclo de sueño en treinta y seis horas, maldita sea. Peor, esta era la primera vez desde que la nave había

saltado que él había sido capaz de poder dormir.

―Jesús,‖ murmuró, ―mejor que esto sea bueno.‖

El ―viejo‖ había puesto a la tripulación de técnicos en tres turnos después de que el Pillar of Autumn había saltado fuera de Reach. La nave era un desastre después de la batalla, y lo que quedaba de la tripulación de ingeniería

trabajaba a su máxima capacidad para mantener al envejecido Crucero en una

pieza. Cerca de un tercio del personal de técnicos había muerto durante el

vuelo de Reach, y cada departamento estaba funcionando con una tripulación

esquelética.

Todos los demás estaban dentro del congelador, desde luego –el personal no

esencial siempre tenía un siesta de hielo durante un salto Hiperespacial. En

más de doscientos crucerosde combate, Marcus había acumulado un poco

menos de unassetenta y dos horas en crio-almacenaje. Pero justo ahora, él se

encontraba tan agotado…

Desde luego, era difícil quejarse; el Capitán Keyes era un brillante estratega –

y todos a bordo del Autumn sabían lo cerca que él había estado de la

destrucción cuando Reach cayó ante el enemigo. Una importante base Naval

destruida, y millones muertos o muriendo mientras el Covenant incineraba el

planeta acenizas–y así, una de las pocas defensas restantes de la Tierra se

transformaba en cadáveres y escoria fundida.

Al final, ellos habían tenido la condenada suerte de escapar –Sam no podía

hacer nada, pero sentía que todos en el Autumn estaban viviendo en un tiempo prestado.

El intercomunicador zumbó de nuevo, y Sam se zambulló fuera de la litera.

Cogió el control del intercomunicador. ―Aquí Marcus,‖ él gruñó.

―Siento despertarte, Sam, pero necesito que bajes a Crio Dos.‖ El Jefe Técnico Shephard sonaba agotado. ―Es importante.‖

―¿Crio Dos?‖ Sam repitió, perplejo. ¿Cuál es la emergencia, Thom? Yo no soy

un Crio-Especialista.‖

―No puedo darte especificaciones, Sam. El Capitán quiere mantenerlo fuera

del COM,‖ contestó Shephard, su voz casi un susurro. ―Sólo en caso de que

tengamos espías.‖

Sam hizo una mueca al tono de voz de su superior. Él Conocía a Thom

Shephard desde la Academia y nunca había oído al hombre sonar tan sombrío.

―Mira,‖ dijo Shephard, ―Necesito a alguien de quien pueda depender. Te guste

o no, ese eres tu, viejo. Tu has verificado sistemas de Crio.‖

Sam suspiró. ―Hace meses… pero si.‖

―Estoy enviando un reporte a tu terminal, Sam,‖ continuó Shephard. ―Eso

contestará algunas de tus preguntas. Bájalo a un portátil, toma tu equipo y ven aquí abajo.‖

―Entendido,‖ dijo Sam. Se puso de pie, se encogió dentro de la túnica de su

uniforme, y dio un paso hacia su terminal. Activó la computadora y esperó por

el archivo de Shephard.

Mientras esperaba, sus ojos se fijaron en una fotografía en el borde de la

pantalla. Sam rozó sus dedos contra la foto. La hermosa mujer congelada en la

foto le sonrió.

La terminal sonó mientras el archivo enviado por Shephard aparecía.

―Recibiendo el archivo, Jefe,‖ dijo cogiendo el intercomunicador.

Abrió el archivo. Un ceño fruncido aumentó sus ya cansadas características

mientras un nuevo mensaje se desplegó a través de su pantalla.

>ARCHIVO CODIFICADO/SÓLO PARA SUS OJOS/MARCUS, SAMUEL

N.NS/:18827318209-M. >LLAVE DE DESCRIPCIÓN:

[PERSONALIZADA: ―ANIVERSARIO DE HELLEN‖]

El miró de regreso hacia la foto de su esposa. No había visto a Ellen en casi

tres años –desde su última licencia de bajar a la Tierra, de hecho. No sabía

acerca de nadie en servicio activo que hubiera sido capaz de ver a sus seres

queridos por años. La guerra simplemente no se los permitía.

El ceño de Sam se profundizó. El personal del UNSC en general, evitaba

hablar sobre la gente en casa. La guerra había marchado mal por tanto tiempo

que la moral estaba por los suelos. Pensando acerca del hogar sólo hacia las

cosas peor. El hecho de que Thom hubiera personalizado la seguridad de

codificación era bastante mente inusual; recordándole a Sam a su esposa en el

proceso era completamente fuera de carácter del Jefe Shephard. Alguien

estaba siendo demasiado concienzudo sobre la seguridad al punto de la

paranoia.

El presionó una serie de números –la fecha de su boda– y activó el sistema de

decodificación. En segundos, la pantalla se llenó con esquemas y lecturas

técnicas. Sus ojos escanearon el archivo –y la adrenalina repentinamente

golpeó a través de su fatiga como un relámpago.

―Cristo,‖ él dijo, su voz repentinamente ronca. ―¿Thom, esto es lo que… creo

que es?‖

―Malditamente, baja a Crio Dos pero ya, Sam. Hemos conseguido un

importante paquete para descongelar –y pronto caeremos de regreso a espacio

real.‖

―Voy en camino,‖ él dijo. Mató la comunicación del intercomunicador, su

agotamiento se le había olvidado.

Sam rápidamente pasó a su libreta de datos el archivo técnico y borró el

original en su computadora. Se dirigió hacia la puerta de su habitación,

entonces se detuvo. Alcanzó la imagen de Ellen de su estación de trabajo–y la

metió dentro de su bolsillo.

Se dirigió hacia el elevador. Si el Capitán Quería que el habitante de Crio Dos reviviera, significaba que Keyes creía que la situación estaba apunto de pasar de mal a peor… o que ya lo estaba.

A diferencia de los buques diseñados por los humanos –en los cuales el área

de comando estaba casi siempre hacia la proa de la nave –las naves Covenant

estaban construidas de una manera más lógica, lo que significaba que sus

cuartos de control estaban enterrados muy profundo dentro de sus cascos

blindados, haciéndolos impermeables a todo excepto a un golpe mortal.

Las diferencias no terminaban ahí. En lugar de rodearse a ellos mismos con

todo tipo de interfaces de control, más el personal requerido,los Elites

preferían comandar desde el centro de un una yerma plataforma sostenida por

una celosía de vigas opuestas a la gravedad.

Sin embargo, ninguna de estas cosas estaba en la vanguardia en la mente del

Maestro de Nave Orna ‗Fulsamee mientras estaba parado en el centro del

cuarto de control de su Destructor y miraba hacia la proyección de datos que

apareció flotando en frente de él. Una mostró el mundo anillo, Halo. Cerca,

una pequeña flecha rastreaba el curso de los intrusos. La segunda proyección

desplegó un titulo esquemático NAVE DE ATAQUE HUMANA, TIPO C-11.

Una tercera mostró un constante flujo y lecturas de sensores.

Él luchó con un momento de repugnancia. Que de alguna manera estos sucios

primates merecieran un nombre –dejar sólo nombres con sus inferiores

construcciones– le repugnó hasta su centro. Nombres implicaban legitimidad,

y los parásitos merecían sólo la exterminación.

Los humanos tienen ―nombres‖ para su propio tipo –―Elites‖– al igual que

para el resto de las demás razas Covenant: ―Jackals,‖ ―Grunts,‖ ―Hunters‖. La

terrible temeridad de las inmundicias, que se atrevían a nombrar a su pueblo

con sus duras, bárbaras lenguas, estaba más allá del todo.

Hizo una pausa, y recuperó su postura. ‗Fulsamee golpeó sobre sus

mandíbulas inferiores –el equivalente de encoger los hombros– y mentalmente

recitó uno de los Versos de Verdad. Tal es el decreto de los Profetas, él pensó.

Uno no ponía en duda tales cosas, incluso cuando uno era un Maestro de

Nave. Los Profetas le habían asignado nombres a la embarcación enemiga, y

él debía de honrar sus decretos. Cualquier cosa menos que eso, era un

vergonzoso abandono del deber.

Al igual que todos los de su tipo, el Oficial Covenant parecía ser más grande

de lo que en realidad era, debido a la armadura que usaba, la cual le daba

cierta apariencia angular de alguna clase que, combinada con una pesada

mandíbulacuadriforme, causaba que se viera cómo lo que era: un guerrero

muy peligroso. Su voz era tranquila y bien modulada mientras analizaba la

situación. ―Tienen que haber seguido a una de nuestras naves. El culpable será encontrado y muerto en el acto, exaltado.‖

El ser que flotaba junto a ‗Fulsamee se movió como una ráfaga de aire que

pasó su pesado cuerpo envuelto.Él llevaba un alto ornamentado adorno de

cabeza –hecho de metal– con dos paneles ámbar. El Profeta tenía un

serpentino cuello, un cráneo triangular, y dos brillantes ojos verdes que

refulgían con malévola inteligencia. Llevaba un atuendo rojo, y otro atuendo

de color dorado por debajo, y en algún lugar, oculto sobre toda la trama, un

cinturón anti-gravedad el cual servía para mantener su cuerpo suspendido de

pleno fuera de la unidad de la cubierta. Aunque siendo sólo un Profeta menor,

seguía estando por sobre ‗Fulsamee, manifestando en claro el asunto.

Haciendo a un lado los Versos de Verdad, el Maestro de Nave no podía hacer

más que recordar a los pequeños roedores que había cazado durante su

infancia. Él inmediatamente desvaneció el recuerdo de sangre en sus garras y

volvió la atención hacia el Profeta, y a su fastidiosoasistente.

El asistente, un Elite de bajo rango llamado Bako ‗Ikaporamee, se encontraba

al frente para hablar en nombre del Profeta. Él tenía la molesta tendencia de

usar el real ―nosotros‖, un hábito que encolerizaba a ‗Fulsamee.

―Es muy poco probable, Maestro de Nave. Dudamos que los Humanos tengan

los métodos para seguir a uno de nuestros buques a través de un Salto. E

incluso si pudieran ¿por qué enviarían un solo Crucero? ¿No es su manera de

hundirnos en su propia sangre? No, es seguro suponer que esa nave arribó al

sistema por accidente.‖

Esas palabras cayeron con condescendencia, un hecho que hizo al Maestro de

Nave enojar, pero no podía hacer nada.No directamente, y no ciertamente con

el Profeta presente, aunque, ‗Fulsamee no estaba deseando indagar

completamente. ―Así que,‖ dijo ‗Fulsamee, cuidadoso de dirigir su comentario

sólo hacia Ikaporamee, ―¿Usted podría hacerme creer que los intrusos

arribaron aquí totalmente por accidente?‖

―No, por supuesto que no, ‗Ikaporamee respondió noblemente. ―Ellos

inconscientemente ignoran la verdad y conocimiento de la gloria de los

antiguos.‖

Al igual que todos los miembros de su casta, ‗Fulsamee sabía que los Profetas

habían evolucionado en un planeta en el cual los misteriosos ―Dadores de

Verdad‖ habían previamente habitado, y que por razones sólo conocidas por

los Antiguos, posteriormente abandonado. Este mundo anillo era un excelente

ejemplo del poder de los antiguos… e inescrutable.

‗Fulsamee encontraba difícil de creer que los seres humanos aparecieran aquí,

a pesar de la sabiduría de los antiguos, pero ‗Ikaporamee habló por el Profeta, así que debía de ser verdad. ‗Fulsamee tocó el panel de luz frente a él. Un

símbolo brilló de rojo. ―Prepárense para disparar torpedos de plasma. Disparen a mi orden.‖

‗Ikaporamee levantó sus manos en alarma. ―¡No! Lo tenemos prohibido. ¡El

buque humano está muy cerca de la construcción! ¿Qué hay si sus armas

dañan la sagrada reliquia? Persiga la nave, abórdela, y tome el control.

Cualquier otra cosa es demasiado peligrosa.‖

Enojado por lo que vio como la interferencia de ‗Ikaporamee, ‗Fulsamee habló

a través de sus apretados dientes. ―El curso de acción que el sagrado

recomienda sería igual al resultado de un gran numero de bajas. ¿Es esto

aceptable?‖

―La oportunidad de trascender lo físico es un regalo que se solicita después,‖

el otro respondió. ―Los Humanos estándispuestos a sacrificar sus vidas.

¿Podemos hacer menos?‖

No , pensó ‗Fulsamee, pero deberíamos aspirar a más. Él de nuevo golpeó sus mandíbulas inferiores, y tocó el panel de luz. ―Cancelen la orden previa.

Carguen cuatro transportes de asalto con tropas, y lancen otra ola de cazas.

Neutralicen las armas de los intrusos antes de que las naves de abordaje

alcancen su objetivo.‖

Un centenar de unidades a popa, se sellaron desde el centro de control del

Destructor,un mitad-comandante reconoció la orden y dio instrucciones para

los suyos. Las luces comenzaron a brillar,las cubiertas transmitieron una baja frecuencia vibratoria, y más de trescientos –preparados guerreros Covenant–

de una mezcla de lo que los humanos llamaban Elites, Jackals, y Grunts, se

apresuraron a abordar sus transportes asignados. Había humanos que matar.

Ninguno de ellos quería perderse la diversión.

Sección I

Pillar of Autumn

Capítulo Uno

0127 Horas (Tiempo de Nave), Septiembre 19, 2552 (Calendario Militar)/

Crucero del UNSC Pillar of Autumn, locación desconocida.

El Pillar of Autumn se estremeció mientras su blindaje de Titanio-A tomaba un impacto directo.

Justo otra carta en el arsenal sin fondo del Covenant, pensó el Capitán Jacob Keyes. No un torpedo de plasma, o ya estaríamos flotando libremente en

moléculas.

La nave de guerra había tomado una paliza por fuerzas Covenant en Reach y

era un milagro que el casco se mantuviera intacto y aún más notable que

hubiera sido capaz de de hacer un salto dentro del Hiperespacio.

―¡Estado!‖ ladró el Capitán Keyes. ―¿Qué nos acaba de golpear?‖

―Caza Covenant, señor. Clase Seraph,‖ la oficial táctica, la Teniente Hikowa,

contestó. Sus facciones de porcelana se oscurecieron. ―El ingenioso bastardo

debe de haberse desactivado y deslizado a través de nuestras naves

centinelas.‖

Una leve sonrisa apreció en la boca de Keyes. Hikowa era una oficial táctico

de primer nivel, absolutamente implacable en la lucha. Ella parecía tomarse

las acciones de los pilotos Covenant como un insulto personal. ―Enséñele una

lección, Teniente,‖ él dijo.

Ella asintió y tipeó una serie de órdenes en su panel –nuevas órdenes para el

escuadrón caza del Autumn.

Un momento después, hubo una charla de radio mientras uno de los C709

cazas Longsword del Autumn fue tras el Seraph, seguida de una alegría mientras la pequeña nave alienígena se transformaba en un momentáneo sol –

completo con su propio sistema de escombros orbitales.

Keyes se limpió el sudor de la frente. Comprobó su despliegue –habían vuelto

a espacio normal hace veinte minutos. Veinte minutos, y las patrullas

Covenant ya los habían encontrado y comenzado a dispararles.

Él se volvió hacia el puerto principal de visión, una burbuja transparente

debajo de la proa de la superestructura del Autumn. Un masivo gigante

gaseoso –Threshold– dominaba la espectacular vista. Uno de los cazas

Longsword pasó por el campo de visión mientras continuaba con su patrulla.

Cuando Keyes había tomado el comando del Pillar of Autumn, había sido

escéptico acerca del largo domo del puerto de visión. ―El Covenant es lo

suficientemente tenaz,‖ le había argumentado al Almirante Stanforth. ―¿Por

qué darles un tiro fácil dentro de mi puente?‖

Él había perdido el argumento –los Capitanes no ganaban debates contra los

Almirantes, y en cualquier caso, simplemente no tenían el tiempo de blindar el puerto de visión. Tuvo que admitirlo, sin embargo, la opinión casi valía el

riesgo. Casi.

Él distraídamente jugaba con la pipa que habitualmente cargaba, perdido en el

pensamiento. Corriendo completamente contrario a su naturaleza,

moviéndosealrededor en la sombra del gigante gaseoso. Él respetaba al

Covenant como un peligroso, mortal enemigo, y lo odiaba por su salvaje

carnicería de colonos humanos y compañeros soldados por igual. Sin

embargo, él jamás les había temido. Los soldados no se ocultan del enemigo –

se enfrentan a él cara a cara.

Regresó a la estación de comando y activó su juego de navegación. Trazó un

curso profundo dentro del sistema, y envió los datos hacia el Alférez Lovell, el Navegante.

―Capitán,‖ llamó Hikowa. ―Los sensores marcan un escuadrón de cazas

enemigos aproximándose. Y parece que hay naves de abordaje justo detrás de

ellos.‖

―Era sólo cuestión de tiempo, Teniente,‖ él suspiró. ―No podemos

escondernos aquí para siempre.‖

El Pillar of Autumn se deslizaba fuera de la sombra proyectada por el gigante gaseoso y entraba en la brillante luz del sol.

Los ojos de Keyes se ampliaron con sorpresa mientras la nave despejaba el

gigante gaseoso. Él esperaba ver un crucero Covenant, cazas Seraphs, o algún

otro artefacto militar.

Él no esperaba ver el masivo objeto flotando en un punto Lagrange entre

Threshold y su luna, Basis.

La construcción era enorme –un Anillo– un objeto que fluía y brillaba con el

reflejo de las estrellas, como una joya iluminada desde dentro.

La superficie exterior era metálica y parecía estar grabada con profundos

patrones geométricos. ―Cortana,‖ dijo el Capitán Keyes. ―¿Qué es eso?‖

Un descolorido holograma de un pie de alto vino a la vista por encima de su

pequeña libreta de datos cerca de la estación del Capitán. Cortana –la

poderosa Inteligencia Artificial de la nave– frunció el ceño mientras activó el mecanismo de largo rango de la nave. Largas líneas de dígitos se desplegaron

a través de los despliegues del sensor de largo rango y a través del ―cuerpo‖ de Cortana.

―El Anillo es de diez mil kilómetros de diámetro,‖ anunció Cortana, ―y

veintidós punto tres kilómetros de ancho. El análisis espectroscópico es

inconcluso, pero los patrones no concuerdan con ningún material Covenant,

señor.‖

Keyes asintió. La conclusión preliminar era interesante, muy interesante,

desde que las naves Covenant habían estado presentes cuando el Autumn salió fuera del Hiperespacio justo en sus regazos. Cuando vio primeramente el

anillo, Keyes tuvo un sentimiento de hundimiento acerca de que el Anillo

fuera una gran instalación Covenant –una más allá de la mira de los ingenieros humanos. Pero pensar que la estructura quizás podría estar más allá de la

ingeniería del Covenant mantenía un pequeño confort.

Y también lo ponía nervioso.

Bajo intensa presión por parte de las naves de guerra enemigas en el sistema

Epsilon Eridani –la locación de la última gran base naval del UNSC, Reach–

Cortana se había visto obligada a lanzar la nave hacia un conjunto de

coordenadas aleatorias, un procedimiento estándar para dirigir a las fuerzas

Covenant lejos de la Tierra.

Ahora parecía que los hombres y mujeres a bordo del Pillar of Autumn habían tenido éxito en dejar a sus originales perseguidores detrás, sólo para encontrar más fuerzas Covenant aquí… donde quiera que ―aquí‖ fuera.

Cortana apuntó la cámara de largo rango hacia el Anillo y un plano de éste

entró en foco. Keyes dejó salir un largo y lento silbido. La superficie interior de la construcción era un mosaico de verdes, azules y cafés –sus desiertos,

junglas, glaciares y océanos. Reflejos de nubes blancas emitían profundas

sombras sobre el terreno debajo. El Anillo rotó y trajo una nueva característica a la vista: un tremendo huracán formado sobre una gran masa de agua.

Ecuaciones cruzaron nuevamente a través del cuerpo semitransparente de la

IA mientras ella continuaba evaluando los datos entrantes. ―Capitán, dijo

Cortana, ―el objeto es claramente artificial. Hay un campo gravitatorio que

controla el giro del Anillo y mantiene dentro la atmósfera. No puedo decir con un cien porciento de certeza, pero parece que el Anillo tiene una atmósfera de oxigeno-nitrógeno, y gravedad normal a la de la Tierra.‖

Keyes levantó una ceja. ―Si es artificial ¿Quién demonios lo construyó? ¿Y

que en el nombre de Dios es?‖

Cortana procesó la pregunta por tres segundos completos. ―No lo se, señor.‖

Keyes sacó su pipa, la encendió y dio un puf de fragante humo. El Mundo

Anillo aparecía sobre los monitores de estado. ―Entonces es mejor que lo

averigüemos.‖

Sam Marcus frotó su cuello con sus manos temblorosas por la fatiga. La prisa

de la adrenalina que le había inundado cuando recibió las instrucciones del

Jefe Técnico Shephard le había desgastado. Ahora sólo se sentía cansado,

fuera de forma, y con un poco de miedo.

Sacudió su cabeza para aclararla y se mantuvo sobre el pequeño teatro de

observación. Cada bahía de Crio-Almacenaje estaba equipada con tal estación,

una estación principal de monitoreo para los cientos de crio tubos que los crio almacenes tenían. Por normas de la nave, el teatro de Crio-observación era

grande, pero la proliferación de monitores de signos vitales, medidores de

diagnósticos, y terminales computacionales, estaban directamente dentro de

los Crio-tubos individuales almacenados en la bahía de abajo –lo que hacía ver al cuarto estrecho e incomodo.

Un timbre sonó y los ojos de Sam miraron a través del monitor de estado.

Había sólo un Crio-tubo activo en esta bahía, y su monitor llamaba por su

atención. Él doblemente comprobó el panel de instrumentos principal,

entonces cliqueó en el intercomunicador. ―Se viene, señor.‖ Él dijo. Y

entonces se volvió y miró por la ventana de observación de la bahía.

El Jefe Thom Shephard le hizo ademanes a Sam desde el piso del Crio-

almacén, Unidad Dos. ―Buen trabajo, Sam,‖ él le contestó. ―Casi a tiempo

para reventar el sello.‖

Los monitores de estado continuaban enviando datos hacia el teatro de

observación. La temperatura corporal del sujeto se acercaba a lo normal –al

menos, Sam asumió que era normal; él jamás había despertado a un Spartan –

y la mayoría de los técnicos ya no se encontraban.

―Él está en un ciclo REM ahora, Jefe,‖ dijo Sam, ―y su actividad cerebral

indica que está soñando –lo que significa que está prácticamente

descongelado.

―Bien,‖ contestó Shephard. ―Mantén un ojo en esas lecturas cerebrales. Quizá

haya algunos efectos secundarios que debamos tener en cuenta.‖

―Enterado.‖

Una luz roja brincó a la vida en la terminal de seguridad, y una nueva serie de códigos resplandecieron a través de la pantalla:

>SERIE DE ESPERA PARA DESPERTAR. SIERRE DE SEGURIDAD

[PRIORIDAD ALFA] CONECTADO. >x-CORTANA.1.0–CRIOAL.23.4.7

―Qué demonios,‖ murmuró Sam. Y cogió el intercomunicador de nuevo.

¿Thom? Hay algo raro aquí… alguna clase de bloqueo de seguridad desde el

puente.‖

―Enterado,‖ hubo estática mientras Shephard se enlazaba al canal del puente.

―Crio Dos a puente.‖

―Adelante, Crio Dos,‖ una voz sintética femenina respondió.

―Estamos listos para bolar el sello de nuestro… invitado, Cortana,‖ explicó

Shephard. ―Necesitamos–‖

―El código de seguridad,‖ finalizó la IA. ―Transmitiendo. Puente fuera.‖

Casi al instante, una nueva línea de texto apareció a través de la pantalla de seguridad.

>LIBERAR EL ATAÚD SELLADO.

Sam ejecutó el comando, el bloqueo de seguridad desapareció, y un

cronometro comenzó a marcar el tiempo hasta el despierte.

El soldado se venía, su respiración era buena, al igual que su ritmo cardiaco; los dos volvían a niveles normales. Aquí está, pensó Sam, para ser honesto, un dios Spartan. No cualquier Spartan, pero quizás el último. Abordo decían que

el resto de los Spartans se habían quedado en Reach.

Al igual que sus compañeros técnicos, Sam había oído del programa, pero

jamás pensó que vería a un Spartan en persona. Con el orden de hacer frente a

la creciente agitación civil, la Administración Colonial Militar había lanzado secretamente de regreso el proyecto ORIÓN en 1249. El propósito del

programa era desarrollar supersoldados, nombre código ―Spartans,‖ quienes

recibían un entrenamiento especial y aumentaciones físicas.

El esfuerzo inicial fue exitoso, y en 1517 un nuevo grupo de Spartans, la serie II, habían sido seleccionados como la nueva generación de supersoldados. El

proyecto había sido intencionado para permanecer en secreto, pero la guerra

Covenant había cambiado todo eso.

No era un secreto que la raza humana estaba al borde de la derrota. Las naves

Covenant y su tecnología espacial eran tan avanzadas. Mientras que las

fuerzas humanas podían sobresalir en enfrentamientos terrestres, el Covenant

simplemente se replegaba hacia el espacio y cristalizaba el planeta desde la

órbita.

A medida que la situación se volvió cada vez más sombría, el Almirantazgo se

enfrentaba a la fea perspectiva de la lucha en dos frentes –en uno con la guerra contra el Covenant en el espacio, y en el otro contra la colapsante sociedad

humana. El público en general y los militares necesitaban un empujo a la

moral, así que la existencia del proyecto SPARTAN-II fue revelada.

Ahora había una exitosa corrida de héroes, hombres y mujeres que habían

tomado la lucha contra el enemigo y ganado varias batallas decisivas. Incluso

el Covenant parecía temerle a los Spartans.

Excepto que ahora ya no estaban, salvo uno, sacrificados para proteger a la

raza humana del Covenant y de la muy real posibilidad de extinción. Sam

miró al soldado que tenía enfrente con un aire similar al asombro. Aquí, frente a él, estaba un verdadero héroe. Fue un momento para recordar, y si él tenía la suficiente suerte de sobrevivir, hablarles acerca de esto a sus hijos.

Él no le daba ningún miedo, sin embargo, si las historias eran verdad, el

hombre que gradualmente recuperaba la consciencia abajo en la bahía era casi

un alienígena, y ciertamente tan peligroso como el Covenant.

Él estaba flotando en algún lugar entre el Crio-sueño y la conciencia cuando el sueño comenzó.

Era un sueño familiar, un sueño agradable, y uno que no tenía nada que ver

con la guerra. Él estaba en Eridanus II –el mundo colonial en el que había

nacido, hace mucho destruido por el Covenant. Él escuchó risas alrededor.

Una voz femenina lo llamó por su nombre –John. Un momento después,

brazos lo sostuvieron y reconoció el familiar aroma del jabón. La mujer le dijo algo agradable, y él busco decir algo agradable a cambio, pero las palabras no le llegaron. Él trató de mirarla, trató de penetrar la neblina que oscurecía su rostro, y fue recompensado con la imagen de una mujer de ojos grandes, una

recta nariz, y unos labios completos.

La imagen osciló, indistinta, como el reflejo en un estanque. En un parpadeo,

la mujer que lo sostenía se transformó. Ahora ella tenía cabello oscuro,

penetrantes aojos azules, y piel pálida.

Él sabía su nombre: la Dra. Halsey.

La Dra. Halsey lo había seleccionado a él para el proyecto SPARTAN-II.

Mientras que la mayoría creía que la actual generación de Spartans habían

sido sacados de lo mejor de los militares del UNSC, sólo un puñado de

personas sabían la verdad.

El programa de Halsey involucraba el secuestro de niños especialmente

seleccionados. Los niños fueron rápidamente clonados, lo que hizo a los

duplicados propensos a trastornos neurológicos –y los clones secretamente

regresaron con los padres, pero nunca sospecharon que sus hijos e hijas eran

duplicados. En muchas maneras, la Dra. Halsey era la única ―madre‖ que ellos

habían conocido.

Pero la Dra. Halsey no era su madre, ni era la imagen semitransparente de

Cortana que apareció reemplazando a la Dra.

El sueño cambió. Una oscura forma de nebulosa se cernió detrás de la figura

de la Madre/Halsey/Cortana. Él no sabía lo que era, pero se trataba de una

amenaza –el estaba seguro acerca de eso.

Sus instintos de combate patearon, la adrenalina lo atravesó. Él rápidamente

comprobó el área –algún tipo de terreno de juegos, con grandes palos de

madera, distantemente familiares –y decidió la mejor ruta de flanquear a la

nueva amenaza. Divisó un rifle de asalto –un poderoso MA5B– cerca. Si se

colocaba entre la mujer y la amenaza, su armadura tomaría el peso del ataque,

y el podría regresar el fuego.

Se movió rápidamente, y la oscura figura chilló hacia él –un fiero y terrible

grito de guerra.

La bestia era imposiblemente rápida. Estaba sobre él en segundos.

Él cogió el rifle de asalto y se volvió para abrir fuego –sólo para descubrir con horror que no podía levantar el arma. Sus brazos eran pequeños,

subdesarrollados. Su armadura se había ido, y su cuerpo estaba de la edad de

un niño de seis años.

Estaba impotente ante la amenaza. Él rugió de regreso hacia la bestia en rabia y miedo –enojado no por la amenaza, sino por su súbita impotencia…

El sueño comenzó a desvanecerse, y una luz apareció enfrente de los ojos del

Spartan. El vapor se ventiló, arremolinado, y comenzó a disiparse. Una voz

masculina llegó, como desde una gran distancia.

―Perdón por el rápido deshielo, Jefe Maestro, pero las cosas están un poco

agitadas. La desorientación debe pasar rápidamente.

Una segunda voz le dio la bienvenida y le tomó al Spartan un momento el

recordar donde había estado antes de entrar al Crio-tubo. Había estado en una

batalla, una terrible batalla, en la cual la mayoría, sino es que todos sus

hermanos y hermanas Spartans habían sido asesinados. Hombres y mujeres

con los que había crecido y entrenado desde la edad de los seis años, y que, a diferencia de las mujeres de sus sueños, constituían su familia real.

Junto con la memoria, más sutiles cambios en la mezcla de gas llenaron sus

pulmones, la fuerza llegó. Flexionó sus rígidas extremidades. El Spartan

escuchó al técnico decir algo acerca de ―quemaduras por congelación‖ y se

empujó así mismo fuera del frio abrazo del Crio-tubo.

―Dios en el cielo,‖ Sam murmuró.

El Spartan era enorme, fácilmente unos siete pies de altura. Encasquetado en

esa verde iridiscente armadura de batalla, el hombre lucía como una figura de

la mitología de otro mundo, y aterrador. El Jefe Maestro, Spartan-117 dio un

paso fuera de su Crio-tubo y comprobó la bahía de Crio-preservación. El visor

reflectante en su rostro lo hacia parecer más temible, sin rostro, un impasivo soldado construido para la muerte y la destrucción.

Sam se alegró de estar ahí arriba en el teatro de observación, en lugar de estar abajo en el piso principal de Crio Dos con el Spartan.

Se dio cuenta de que Thom estaba esperando por datos de diagnostico. Él

comprobó los despliegues –los caminos neurales estaban despejados, sin

fluctuaciones en los latidos del corazón o en las ondas cerebrales. Abrió el

canal del intercomunicador. ―Estoy trayendo sus monitores de salud en línea

ahora.‖

Sam miró mientras Thom llevaba al Spartan hacia varias estaciones de prueba

en la bahía, ajustándose en las que él requería. En poco tiempo, el equipo del soldado había traído en línea el sistema de recarga del escudo, los monitores

de salud, sistemas ópticos y de orientación, se leían todos en verde.

El traje –nombre código armadura MJOLNIR– era una maravilla de la

ingeniería, Sam tenía que admitirlo. De acuerdo con las especificaciones que

había recibido, la armadura consistía en multicapas de aleación de notable

fortaleza, un recubrimiento refractante que podía dispersar una buena cantidad de energía dirigida, un almacenamiento de matriz cristalina que podía soportar el mismo nivel de IA usualmente reservado para una nave estelar, y una capa

de gel que se ajustaba a la piel de la persona y funcionaba para regular la

temperatura.

Paquetes adicionales de memoria y conductos de señales habían sido

implantados dentro del cuerpo del Spartan, y dos ranuras de acceso externo

habían sido instaladas cerca de la base de su cráneo. En conjunto, los sistemas combinados servían para doblar su fuerza, mejorar sus ya rápidos reflejos de

rayo, y hacerle posible navegar a través de las complejidades de cualquier alta tecnología en el campo de batalla.

Había sustanciales soportes de vida dentro del traje MJOLNIR. La mayoría de

los soldados entraban en Crio-sueño desnudos, pues cubrir la piel

generalmente reaccionaba mal al proceso de Crio. Sam había usado una vez

una venda dentro del congelador y descubierto que la piel afectada estaba

ampollada y cruda cuando se despertó.

La piel del Spartan debería estar como el infierno, él se dio cuenta. A pesar de todo, el soldado se mantuvo en silencio, simplemente asintiendo cuando se le

preguntaba o quietamente cumpliendo los requerimientos de Thom. Era

desconcertante –se movía con eficiencia mecánica de una prueba a otra, como

un robot.

La voz de Cortana sonó a través del canal ancho de la nave: ―Los sensores

muestran naves de abordaje Covenant en camino. Prepárense para repeler a los

intrusos.‖

Sam sintió una punzada de miedo –y de pena por las tropas Covenant que

tendrían que enfrentarse a este Spartan en combate.

La interface neural que vinculaba al Jefe Maestro con su armadura MJOLNIR

funcionaba perfectamente, e inmediatamente envió datos hacia su HUD, en la

parte interior del visor de su casco.

Se sentía bien moverse en derredor, y el Jefe Maestro silenciosamente

flexionó sus dedos. Su piel le picaba, un efecto secundario de los gases del

Crio-sueño, pero rápidamente desapareció el dolor de su conciencia. Él hace

mucho tiempo había aprendido a desvincularse así mismo de la

disconformidad física.

Leyó el anunció de Cortana. El Covenant se venía por ellos. Bien. El escaneó

el cuarto en busca de armas, pero no había estantes de armas. La falta de

armas no era de gran preocupación para él; pues él ya había tomado armas de

soldados Covenant anteriormente.

El intercomunicador crujió de nuevo: ―Puente a Crio Dos, este es el Capitán

Keyes. Envíen al Jefe Maestro al puente inmediatamente.‖

Uno de los técnicos comenzó a oponerse, señalando que faltaban más pruebas

cuando Keyes le cortó. ―Pero ya, tripulante,‖ y el Técnico dio la única

respuesta que pudo.

―Si, si, señor.‖

El Jefe Técnico se volvió hacia el Spartan. ―Buscaremos las armas después.‖

El Jefe Maestro asintió y estaba a punto de moverse hacia la puerta cuando

una explosión hizo eco a través de la bahía de Crio.

La primera explosión se estrelló contra la puerta del teatro de observación con un ruido que hizo saltar a Sam. Su corazón palpitaba mientras rápidamente

golpeaba los controles de la puerta, conectando un cierre temporal de

emergencia. Otro pesado golpe se estrelló con un crujido –y la puerta empezó

a brillar color rojo mientras las armas Covenant quemaban a través de ella.

―¡Están tratando de atravesar la puerta!‖ gritó Sam.

Él volteó hacia abajo a la bahía y miró a Thom, con una aflicción en su rostro.

Sam podía ver su propio asustadizo reflejo en el reflectane visor del Spartan.

Corrió por la alarma, y tuvo tiempo de dar la alerta. Luego, la puerta de

seguridad explotó en un baño de fuego y metal derretido.

Escuchó el ruido del disparo de un rifle de plasma, luego sintió algo golpearle en el pecho. Su visión se nubló, y tanteó para sentir la herida. Sus manos se

llenaron de sangre. No duele, él pensó. Debería doler, ¿no debería?

Se sintió desorientado, confundido. Pudo ver una ráfaga de movimiento,

mientras figuras blindadas entraban en el teatro de observación. Él las ignoró y se concentró en la foto de su esposa –bañada con su propia sangre– que de

alguna manera había caído al suelo. Calló de rodillas y fue por la fotografía, sus manos temblaban.

Su campo de visión se redujo mientras luchaba por llegar a la foto. Estaba sólo a pulgadas de ella, pero la distancia se sintió como millas. Jamás había estado tan cansado. El nombre de su esposa hizo eco en su mente.

Los dedos de Sam justo acababan de rosar el borde de la fotografía cuando

una bota blindada zambulló su brazo hacia el suelo. Largos dedos con garras

tomaron a fotografía del suelo.

Sam luchó débilmente para hacer frente a su atacante. El alienígena –un Elite–

sacudió su cabeza en perplejidad hacia la imagen. Miró hacia abajo, como si

notara a Sam por primera vez. El humano continuaba para alcanzar la

fotografía.

Él levemente escuchó a Thom llamar con angustia: ―¡Sam!‖

El Elite apuntó su rifle de plasma hacia la cabeza de Sam y disparó.

El Jefe Maestro se encrespó. Había fuerzas Covenant muy cerca, y un

compañero soldado acababa de morir. Él anheló subir a la sala de observación

y enfrentar al enemigo –pero las órdenes eran órdenes. Él necesitaba llegar al puente.

El Crio Técnico abrió una escotilla, ―¡Vamos!‖ gritó, ―¡tenemos que salir de

este maldito lugar!‖

El Jefe Maestro siguió al tripulante través de la escotilla corredor abajo. Una repentina explosión voló la puerta de alado en añicos, arrojando lo que

quedaba del cuerpo del técnico pasillo abajo y haciendo que el escudo del Jefe fluctuara.

Él mentalmente repasó los esquemas de la línea de naves clase-Halcyon.

Regresó, saltó sobre un par de conductos de energía, y aterrizó sobre el

tenuemente iluminado pasillo de mantenimiento del otro lado de los

conductos. Una baliza de emergencia parpadeada y las alarmas sonaban. El

retumbar de una segunda explosión hizo eco corredor abajo.

Continúo, pasando a un tripulante muerto, y hacia la siguiente sección del

pasillo.

El Jefe Maestro vio una escotilla, su panel de seguridad pulsaba verde, y se

apresuró hacia adelante. Hubo una tercera explosión, pero su armadura desvió

la fuerza del impacto.

El Spartan forzó para abrir la puerta parcialmente derretida, una abertura se

hizo a su izquierda, y escuchó a alguien gritar. Un tripulante naval disparaba su arma hacia un objetivo que el Jefe Maestro no podía ver –y la cubierta se

estremeció mientras un misil golpeaba el casco del Autumn.

El Jefe Maestro se escabulló a través de la puerta justo a tiempo para ver al

tripulante tomar un perno de plasma a través del pecho y al resto del personal regresar el fuego. Fuerzas Covenant se agrupaban detrás de una escotilla,

forzadas a replegarse a un compartimiento adyacente.

El caos reinaba mientras los tripulantes de la nave hacían lo mejor que podían para empujar a los polizontes de regreso hacia las esclusas de aire o atraparlos en compartimientos donde pudieran ser contenidos y despachados más tarde.

Desarmado, y muy consiente del hecho de que el Capitán Keyes lo necesitaba

en el puente, el Jefe Maestro no tubo más opción que seguir las indicaciones, y evitar las escaramuzas que se llevaban a cabo en derredor. Llevó su camino

hacia un oscurecido corredor de acceso –los Covenant debieron de haber

cortado los circuitos de iluminación en este compartimiento –y corrió casi de

cabeza hacia un Elite Covenant.

El escudo personal del alienígena resplandeció y este rugió en sorpresa y

enojo. El Spartan se encorvó y se preparó para cargar contra el soldado

alienígena –entonces evadió, mientras un equipo de Marines desató una lluvia

de fuego con sus rifles de asalto hacia el Elite. Sangre púrpura salpicó en el mamparo, y el alienígena se derrumbó.

Los Marines avanzaron para asegurar el área, y el Jefe asintió en gracias hacia el líder del equipo. Él se volvió y corrió pasaje abajo y alcanzó el puente sin más incidentes.

Miró a través del puerto de visión principal, y vio la extraña construcción que flotaba más allá del casco del Crucero, y momentáneamente curioseó acerca

del objeto. Sin duda el Capitán le explicaría la situación. Avanzó hacia la

estación del Capitán, cerca del centro del puente.

Una variedad de personal naval se encontraba sentado sobre sus consolas

mientras luchaban por controlar el acosado buque. Algunos luchaban contra la

última ola de cazas Seraphs, otros trabajaban en control de daños, y una

Teniente de cara sombría hizo uso de los sistemas medioambientales de la

nave para succionar la atmósfera de los compartimientos que habían sido

ocupados por fuerzas Covenant. Algunos de los enemigos cargaban su propia

atmósfera, pero otros no, y eso los hacía vulnerables. Había tripulantes en

algunos de esos compartimientos, quizás alguien que ella conocía

personalmente, pero no había manera de salvarlos. Si ella no los mataba, el

enemigo lo haría.

El Jefe entendió bien la situación. Mejor una rápida muerte en el vació que a

manos del Covenant.

Él divisó a Keyes cerca del despliegue táctico principal. Keyes estudiaba las

pantallas intensamente, particularmente un gran despliegue sobre el extraño

Anillo.

El Spartan llamó su atención. ―Capitán Keyes.‖

El Capitán Keyes se volvió y lo enfrentó. ―Es bueno verle, Jefe Maestro. Las

cosas no van bien. Cortana hizo lo que pudo –pero en realidad nunca tuvimos

una oportunidad.‖

La holográfica IA arqueó una ceja. ―Una docena de naves Covenant contra un

solo Crucero de clase Halcyon… con esas probabilidades seguimos teniendo

tres–‖ ella hizo una pausa, como distraída, entonces corrigió: ―más bien cuatro blancos.‖

Cortana miró al Jefe. ―¿Dormiste bien?‖

―Si, pero no gracias a tu manejo.‖

Cortana sonrió. ―Entonces, ¿me extrañaste?‖

Antes de que él pudiera contestar, otra explosión sacudió toda la nave. Él

cogió un pilar de soporte cercano y se aferró a el. Mientras varios tripulantes se estrellaban contra la cubierta.

Keyes cogió la consola como soporte ―¡Reporte!‖

Cortana fluyó de azul. ―Debió de haber sido uno de sus grupos de abordaje.

Una carga de antimateria.‖

El oficial de control de fuego giró desde su asiento. ―¡Señora, el control de

Fuego del cañón principal está fuera de línea!‖

Cortana miró a Keyes. La pérdida del arma primaria de la nave, el Cañón de

Aceleración Magnética, fue un severo golpe a sus condiciones tácticas.

―Capitán, el cañón era mi última opción ofensiva.‖

―Muy bien,‖ dijo Keyes bruscamente, ―Voy a iniciar el protocolo Cole,

Artículo Dos. Abandonamos el Autumn. Eso significa que tú también,

Cortana.‖

―¿Mientras usted hace qué? ¿Hundirse con la nave?‖ Ella disparó de nuevo.

―En un modo de decir,‖ contestó Keyes. ―Ese objeto que encontramos, voy a

tratar de aterrizar el Autumn en el.‖

Cortana sacudió su cabeza. ―Con todo respeto…ya hay muchos héroes

muertos.‖

Los ojos del Capitán Keyes se cerraron en los de ella. ―Aprecio tu

preocupación, Cortana, pero no depende de mí. El Protocolo es claro. La

captura o destrucción de una IA es absolutamente inaceptable. Eso significa

que abandonas la nave. Fija un aserie de zonas de aterrizaje y cárgalas en mi

red neural.‖

La IA pausó, y entonces asintió. ―Si, si, señor.‖

―Y aquí es donde entra usted, Jefe,‖ continuó Keyes mientras se volvía para

encarar al Spartan. ―Saque a Cortana de la nave. Manténgala a salvo del

enemigo. Si la capturan, lo sabrán todo. Despliegue de fuerzas, investigación

de armas,‖ hizo una pausa, y luego añadió: ―laTierra.‖

El Spartan asintió. ―Entiendo.‖

Keyes se volvió hacia Cortana. ―¿Estás lista?‖

Hubo una pausa mientras la IA tomó una última mirada alrededor. En muchas

maneras, la nave era su cuerpo físico, y ella se resistía a dejarlo. ―Sáqueme.‖

Keyes alcanzó una consola, tecleó una serie de códigos, y se volvió de nuevo.

El holograma se deshizo y la imagen de Cortana desapareció dentro del

pedestal. Keyes esperó hasta que el holograma hubiera desaparecido por

completo, entonces removió el chip de datos del pedestal y se lo ofreció al

Spartan con su brazo extendido. ―Buena suerte, Jefe Maestro.‖

El SPARTAN-117 aceptó el chip y se lo llevó hacia la parte trasera de su

cabeza, hacia la ranura del dispositivo dentro de la interface neural, localizado en la base de su cráneo. Hubo un positivo click, seguido de una sensación de

inundación mientras la IA se unía con él dentro de los confines de la red

neural de la armadura. Al principio él sintió como si alguien hubiera

derramado un recipiente de agua fría dentro de su mente, seguido de una

momentánea punzada de dolor, y una presencia familiar. Él ya había trabajado

con Cortana anteriormente –justo antes del desastre de Reach.

La interface IA-humana era intrusiva de alguna manera, aunque confortante,

desde que él supo lo que Cortana era capaz de hacer. Él podría depender de

ella durante las próximas horas y días por delante –justo como ella podría

depender de él.

El Jefe Maestro saludó y dejó el puente. Los sonidos de pelea estaban ahora

más altos, indicando que, a pesar de los mejores esfuerzos de la tripulación,

las fuerzas Covenant aún seguían dominando la lucha en su camino hacia las

áreas adyacentes a las esclusas de aire y seguían empujando hacia el área

alrededor del puente de mando.

Había cuerpos tirados alrededor del corredor, aproximadamente a cincuenta

metros del puente. Los defensores humanos los habían empujado de regreso,

pero el Jefe Maestro sabía que el último asalto había estado cerca. Demasiado

cerca.

El Jefe Maestro hizo una pausa y se arrodilló junto a un Alférez muerto, tomó

un momento para serrar sus parpados, y cogió la munición del soldado caído.

La pistola que el Capitán le había dado era un arma estándar de la Marina; la

cual disparaba rondas semi-perforantes de alto explosivo de 12.7 mm de un

clip de munición de doce rondas. No es lo que él hubiera elegido para

enfrentarse contra un Elite –pero si lo suficientemente bueno para un Grunt.

Hubo un click metálico cuando el primer clip se deslizó dentro del mango de

la pistola, seguido de una aparición repentina de un círculo azul en su HUD –

la retícula de mira– mientras su armadura hacía contacto electrónico con el

arma en su mano.

Entonces, concientizó acerca de sacar a Cortana de la nave, continuó con su

camino corredor abajo. Escuchó los extraños chirridos y ladridos antes de

poder ver a los Grunt Covenant en persona.

Consiente de su estatus de veterano, el primer alienígena que dobló la esquina traía una armadura color rojo, un tanque de metano, y un cinturón de campaña

Marine. El alienígena había capturado el equipo al estilo Pancho Villa y lo

arrastraba a través de la cubierta. Dos de sus camaradas lo seguían en la

retaguardia.

Confiado en que había más de los alienígenas vagamente de apariencia

simiesca en el camino, el Jefe Maestro pausó lo suficiente para que el resto de ellos aparecieran, entonces abrió fuego. Los compensadores de retroceso en su

armadura suavizaron el efecto, pero aún así pudo sentir a la patada de la

pistola sobre su palma. Los tres Grunts cayeron de tiros a la cabeza. Sangre

fosforescente salpicó la cubierta.

No era mucho, pero era un comienzo.

El Jefe Maestro caminó sobre sus cuerpos y continuó.

Un bote salvavidas, esa era su meta real –y él haría lo que fuere necesario para tomar uno.

Avergonzado de la ignominia de la tarea, pero consiente de sus ordenes, el

Elite llamado Isna ‗Nosolee esperó a que los Grunts, Jackals y dos miembros

de su propia raza hubieran cargado a través de la esclusa de aire antes de

abandonar la nave de asalto él mismo. Aunque armado con una pistola de

plasma, y más de una media docena de granadas, él estaba ahí para observar

en lugar de luchar. Lo que significaba que él Elite dependería tanto de su

escudo de energía como de su camuflaje activo para mantenerse con vida.