Historia de la Peluquería por Fernando Antonio Ordenes Mena - muestra HTML

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Memoria: peluquería

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luquería

Introducción

La Facilidad que tiene el hombre de entender las ciencias que este mismo requiere por

naturalidad, otorga el ejercicio de practicarlas, utilizando como medio aquel a experiencia

dejada por nuestros antepasados que han sido plasmada en textos o solo recordadas de

generación tras generación y que por lógica han sido ajustada a nuestra actualidad.

El peluquero o la peluquera se encargará de que las pautas del estilista queden impecables. En

las peluquerías grandes se suele pagar un extra si te quieres poner en manos de un estilista.

Ahora bien, una buena peluquera con gusto y estilo puede aconsejarte tan bien como un

estilista sobre el color, el volumen o el estilo de tu pelo

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eseña hi

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eluquería

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eluquería

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tapa I : P

rehistoria y

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ntigua

La Prehistoria, fuente inagotable de mitos y leyendas, donde el pelo fue visto hace miles de

años como un potente elemento mágico o ceremonial. En nuestros días, todavía algunas de las

consideradas culturas primitivas (base de la mayoría de estudios sobre comportamiento social

en la prehistoria) consideran que el alma de cada persona se encuentra en su cabel o.

La importancia mágico-religiosa del cabel o propició que ya en tiempos remotos su cuidado

tuviera una considerable importancia en muchas sociedades.

Es posible que la primera herramienta usada por el hombre para cortarse el cabel o fueran las

lascas extremadamente afiladas de piedra de sílex, resultantes del laborioso proceso de

obtención de material cortante a partir de golpear unas piedras con otras. El corte de pelo se

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debía indudablemente a cuestiones prácticas o ceremoniales y nada tenía que ver con los

motivos únicamente estéticos de épocas posteriores.

Espinas de pescado, dientes de animales y ramitas secas de plantas diversas fueron los

primitivos peines de aquel as gentes, que se supone que incluso l egaron a utilizar sangre,

grasas y tintes vegetales como colorantes para teñir sus cabel os, siempre por motivos rituales.

Egipto

¿Quién no recuerda el clásico peinado de las mujeres egipcias de los grabados que han

l egado hasta la época actual? Melenitas completamente lisas, color negro azabache y

decorado con finas diademas o con hilos de piedrecitas bril antes o de colores.

Por otra parte los sacerdotes de determinadas castas podían raparse completamente el pelo o,

por el contrario dedicarse a cultivar largas y cuidadas melenas. Así pues, podían diferenciarse

los oficiantes del culto a uno u otro dios, entre otros detal es, por la clase de peinado o peluca

utilizados.

La elaboradísima cultura egipcia fue de las primeras en considerar el cabel o un elemento

fundamental de la bel eza física y lo trataba ya con funciones estéticas, a pesar de que, como

hemos comentado, tuviera también usos sociales y religiosos.

Pelucas y tintes se consideran inventos pertenecientes a la cultura de las pirámides, y es a

el os a quien se debe la utilidad de la henna en coloración capilar, usada todavía hoy para

obtener tonos rojizos y caobas.

Grecia

Los griegos convirtieron el culto a la bel eza en uno de los pilares de su cultura. Los peinados

que triunfaron en sus días eran extremadamente elaborados y l enos de detal es.

Al contrario que los egipcios, los griegos adoraban el movimiento expresado a través de

múltiples rizos y ondas. Gracias a estatuas y monumentos funerarios se han podido observar

detal es de mechones cortos rodeando la frente y melenas largas y recogidas a base de cintas,

cuerdas, redecil as y otros elementos decorativos. También para los hombres el cabel o rizado

se consideraba exponente de la hermosura.

En Grecia, como en Egipto, los esclavos eran los encargados de mantener lo más hermosas

posible las cabezas de sus amos. Pero Grecia aportó un elemento nuevo: los salones de

bel eza, dónde se peinaban y arreglaban las cabezas más selectas. Otra de las innovaciones

de la época vino de la mano de Alejandro Magno, que a consecuencia de sus conquistas en

Oriente, aportó toda clase de recetas mágicas para teñir y dar forma al peinado, fórmulas de

unos cosméticos que empezaban, en aquel entonces, a ver la luz.

Los

í beros

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En nuestras tierras los íberos habían seguido sus propios criterios. Hasta la fecha sólo nos han

l egado testimonios a través de estatuil as de damitas, a partir de las cuales se ha podido

descubrir la enorme influencia de la cultura griega. Así, se observa una deliciosa mezcla entre

lo autóctono y lo importado que muestra, por ejemplo, objetos de tocado similares a ruedas,

que algunos expertos han identificado con pelo trenzado, enroscado y cubierto de tela (véase

la famosa ?Dama de Elche? que, a pesar de que su autenticidad haya sido puesta en duda, es

un claro intento de reflejar un peinado de la época). Además de complementos como mantil as

y peinetas, que tanto se identifican, todavía hoy, con la cultura hispánica, los íberos utilizaron

también los elementos de peluquería propios de los griegos de la época: esto son cintas,

redecil as y diademas a modo de corona.

Los

pue

blos bá

rbaros

Los pueblos a quienes los romanos denominaron ?bárbaros? fueron en cuestiones de

peluquería, como en muchas otras, gente eminentemente práctica. Los cabel os largos y sucios

podían l egar a ser realmente molestos y siendo pueblos humildes y poco dados a valorar y

considerar criterios estéticos hicieron de las trenzas y las colas de cabal o sus peinados

insignia. Guerreros y cazadores, poco dados a cultivar las artes, no podían entretenerse en

rizar, colorear o decorar sus cabel os. Así que en algo coincidieron los hunos que venían de

Oriente con celtas y vikingos del Centro y Norte de Europa: el cabel o largo y trenzado (negro

en los primeros y rubio o pelirrojo en los otros).

Roma

Entre las múltiples adopciones culturales que los romanos tomaron de los griegos, se

encuentran, como no, los criterios estéticos, y entre el os el de mostrar cabel os lustrosos y

peinados elaborados y con infinidad de detal es. El cabel o era corto para los hombres y solía

sujetarse con una cinta. Las mujeres podían dejar caer su cabel o rizado, en forma de tirabuzón

o ligeramente ondulado, o bien recogerlo en moños sobre la nuca, que envolvían con redecil as

y cintas del mismo modo que anteriormente hicieron las griegas.

Pero el Imperio Romano no sólo tomó ejemplo de la cultura griega, sino que también se fijó en

los hermosos cabel os rubios de los pueblos del norte a los que Julio César hizo cautivos. El

impacto de ese nuevo tono causó un gran efecto en las mujeres y se empezaron a realizar

pruebas para aclarar el cabel o, entre las que se popularizó el compuesto de sebo de cabra,

ceniza de haya y flor de manzanil a, pese a que resultaba nefasto para la salud de las ya

castigadas melenas. Quizá por este motivo, o porque resultaba más práctico, se popularizaron

las pelucas elaboradas con cabel o de prisioneras. Los salones de peluquería eran ya un

negocio, aunque en aquel entonces no existían de modo global como en la actualidad sino que

se organizaban por especialidades. En unos se realizaban peinados, en otros se daba color, en

otros se hacían pelucas o postizos... no fue hasta cientos de años más tarde en que se

consideró el hecho de que, al tratar todos con una misma materia prima, el cabel o, lo mejor era

unirse para dar un servicio completo. Las barberías, existentes también en época helenística,

se convirtieron en centros de encuentro y charla mientras auténticos profesionales se

encargaban de arreglar cabel os y barbas.

El médico y egiptólogo Jonckheere, que dedicó toda su vida al estudio de la medicina en

Egipto, describió algunas de las recetas cosméticas que utilizaban los antiguos habitantes del

val e del Nilo. Entre el as se encontraba un peeling para suavizar la piel o un machacado para

aliviar la picazón de los pies. Pero nos fijaremos especialmente en aquel a que trataba

problemas capilares, más concretamente la caída del cabel o.

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El declive del Imperio Romano dio paso a dos periodos de la historia totalmente contrapuestos:

la Edad Media, en que la pobreza y la austeridad caracterizaron una sociedad eminentemente

rural, falta de todo tipo de recursos y muy controlada por una religión casi asfixiante a la que se

tenía más miedo que respeto, y el Renacimiento, una etapa donde se encontró un espacio más

abierto al pensamiento y las Artes, en que se empezó a recuperar parte de la riqueza

económica y cultural perdida durante el largo paréntesis medieval. El entorno de estas dos

épocas se vio, evidentemente, reflejado en la estética y la moda de la sociedad del momento.

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. V

II - s

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V )

Una vez retirados los romanos de todos los territorios que habían mantenido bajo su influencia

dejaron tras de sí un panorama desolador. Sin una administración competente, las ciudades

quedaron en manos de señores locales que imponían su ley en territorios limitados,

preocupándose de su propia riqueza por encima del bienestar de los habitantes de sus tierras.

Las zonas urbanas se convirtieron en focos de pobreza y epidemias y la única salida era una

escapada al mundo rural. En un pueblo falto incluso de los recursos más básicos, la austeridad

extrema triunfó sobre los afeites y la coquetería.

Sólo en la Corte y los pequeños entornos de los señores feudales se mantenía un nivel de vida

que permitía unos mínimos retoques estéticos, que, eso sí, solían limitarse a recogidos en las

melenas de las damas.

Una religión apremiante que prohibía todo tipo de frivolidad jugó también una mala pasada a

aquel as más presumidas que pudiesen intentar arreglarse de un modo más original que el

estrictamente permitido.

Teñirse el cabel o dejó de ser material y moralmente posible. Sin embargo, las mujeres debían

l evar el cabel o largo y bien recogido, tal como marcaba la Iglesia, lo que, en una época en que

disponer de jabón se consideraba un lujo, obligó a agudizar la imaginación para crear todo tipo

de moños y trenzas. La única manera de proteger el cabel o de la suciedad y los piojos era

cubrirlo convenientemente, por lo que se generalizó el uso de capuchas, velos, gorros y

sombreros, en invierno y en verano. Las mujeres intentaban arreglarse de la manera más

coqueta posible sin salirse de los cánones estrictamente indicados. Las más humildes tejían en

sus cabel os trenzas de todo tipo que generalmente nunca dejaban caer, sino que se

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enroscaban encima o alrededor de la cabeza formando originales recogidos. Sus únicos

recursos para hacerlo eran peines de madera e hilos de lana.

A menudo, se usaban flores como ornamento, pues era lo único que tenían a su alcance. La

raya en medio era lo más convencional y no solía haber tiempo ni ganas para hacer nada que

se saliera de lo establecido. Para la gente del pueblo resultó una época oscura y demasiado

dura para pensar en la bel eza física.

Las clases más afortunadas disponían de joyas e incluso diademas, aunque la principal

diferencia, única aportación de la época al sector de la peluquería, fue la aparición de los

tirabuzones, que hasta ese momento no adquirieron consistencia como peinado, aunque no fue

hasta mucho después, en el Barroco, cuando realmente se popularizaron. En palacio, también

se seguían las normas sociales, pero los recogidos eran mucho más sofisticados, incluyendo a

menudo cuentas y todo tipo de piedras para decorarlos.

Los velos de finas telas substituían las capuchas y gorras del pueblo l ano y las damas de la

corte tenían capacidad para permitirse algunas frivolidades, impensables en otros estratos de

la sociedad de la época.

En unos tiempos en los que aún quedaba muy lejos la invención de la fotografía y en los que ni

las clases de más rango se preocupaban por las artes figurativas, sólo a través de dibujos y

escritos en libros y tratados se ha l egado a conocer el tratamiento que recibían los cabel os.

De Liebaart es un grupo de personas amantes de la Historia Medieval que nos hace l egar los

modelos de peinado y ropas de la época, deducidos a través de sus estudios, transmitiéndolos

de la manera más comprensible imaginable: mediante recreaciones en vivo.

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enacimiento

El Renacimiento (s. XVI? s. XVIII)

El culto a la bel eza personal fue uno de los valores de la época clásica que se recuperaron

durante el Renacimiento.

El afloramiento de una nueva economía y el interés y preocupación por volver a un modelo de

sociedad más civilizado hizo restablecer el valor del aseo y el cuidado personal. En la Corte se

crea moda y aparecen otra vez especialistas del peinado que evolucionan en formas e ideas

intentando recuperar los antiguos tocados de las épocas griegas y romanas.

Los accesorios proliferan y aparecen los postizos, especialmente en forma de trenzas y moños

muy elaborados.

Además redecil as, coronas y joyas entrelazadas se extienden no sólo por la Corte, sino entre

las florecientes clases urbanas.

Italia vuelve a ser el centro de las miradas europeas e impone su gusto y sus ideas de

tendencia decorativista y refinada a la mayor parte del mundo occidental de la época.

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De esta manera se expanden los peinados de las casas venecianas y la moda de teñir el

cabel o en tonos rojizos, para lo que se empleaban mezclas de sulfuro negro, miel y alumbre

con las que se embalsaban las cabel eras y posteriormente se exponían al sol para potenciar la

acción de la fórmula.

Nació en estos momentos la pasión por cambiar el color natural de la melena de las mujeres, y

se popularizaron también el rubio ceniza, el ?hilo de oro? y el color azafrán.

En gran parte ha sido gracias a los grandísimos mecenas de las Artes de aquel os tiempos que

hemos podido hacer una aproximación a los peinados de esa floreciente etapa de la Historia.

En pinturas hechas por los grandes maestros de la época se pueden apreciar con todo detal e

los complicados peinados y recogidos que se estilaban, plasmados en tela con toda claridad,

como si de una fotografía se tratara.

Otra vez, sin embargo, las mejores referencias de que se dispone son de las clases altas, pues

pocos eran los pintores que se dedicaban a retratar a las gentes del pueblo, aún así, gracias a

los pocos grabados que han perdurado y a escritos extraídos de textos sobre modas y

costumbres se ha conseguido una idea bastante clara de como se lucían las melenas en esos

siglos.

Trenzas anudadas encima de la cabeza o a los costados han perdurado desde la etapa

medieval, y sin embargo, a diferencia de los años anteriores, ahora son decoradas con todo

aquél complemento que se pueda imaginar. A pesar de esto, el buen gusto y la prudencia son

muy bien considerados en la época, con lo que la elegancia prima por encima del

recargamiento que será propio de etapas posteriores: el barroco y el rococó.

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arroco

Los siglos XVII y XVIII, fueron los de la riqueza decorativa, las exageraciones, la búsqueda del

efectismo... Las clases privilegiadas se preocupaban más de aparentar que de ser y lo

ostentoso equivalía a lo poderoso.

Fueron tiempos de intrigas políticas y sociales. En la Corte se dedicaban más a las fiestas, los

bailes y la diversión en general que a la política, lo cual supuso una etapa de monarcas

despreocupados por los asuntos de Estado pero sumamente interesados en su apariencia

física y todo lo relacionado con la bel eza y la estética en general.

La moda se desarrol ó dando lugar a nuevas prendas como la casaca, el calzón que caía bajo

la rodil a, esbeltos zapatos, sombreros adornados con plumas y exagerados cuel os con encaje

(que posteriormente decaerían para dar paso a cuel os lisos, pequeños y rígidos). Las mujeres

gustaban de ostentar grandes escotes e incorporaron a su atuendo los miriñaques (esa especie

de armadura de alambre destinada a ahuecar las faldas).

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Pero sin lugar a dudas si algo caracteriza el look de la época son las pelucas, mediante las

cuales se diferenciaban las clases sociales. Su aparición fue fomentada por Luis XIV de

Francia, que deseaba ocultar al precio que fuera su incipiente calva, pero rápidamente se

extendieron por la Europa continental y, posteriormente por Gran Bretaña; a pesar de que en

un primer momento se vieron como una más de las excentricidades de la Corte.

En pelucas y peinados se reflejaron los gustos estéticos del momento, por lo que, aunque

parezca increíble, en el os se puede observar monumentalidad, espectacular y recargada

riqueza decorativa, expresividad, etc.

Así se mezclaban con el cabel o joyas, gasas, plumas, flores, cintas y elementos inimaginables,

de manera que una peluca podía l egar a ser la maqueta de un castil o o de un barco. A más

espectacularidad, mayor prestigio se ganaba socialmente, de manera que esta suerte de

peinados l egó a obligar a las damas a agacharse para entrar en las carrozas.

Burguesía y nobleza empleaban todos sus recursos a dar la mejor imagen social, puesto que,

unos y otros, tenían en realidad menos capacidad económica que la que querían aparentar y

buscaban siempre alianzas adecuadas o matrimonios de conveniencia. Sin embargo, se

suponen tiempos en que la higiene no se consideraba una facultad indispensable y la idea de

que la limpieza evitaba enfermedades aún no se había extendido, por lo que los recargados

peinados y las voluminosas pelucas se suponen l enas de piojos, o, como mínimo,

verdaderamente grasientas. Curiosa característica para unas gentes que se consideraban

refinadas.

El rizo durante el barroco, y los tirabuzones, que triunfaron definitivamente en la época del

rococó, empezaron, por primera vez, a crearse de manera artificial, mediante palos cilíndricos

que luego se sometían al calor de hornos de panadería o incluso, fraguas. La técnica perduró

y, siglos más tarde, en el a se basaron las primeras permanentes en caliente.

Con la l egada de la Revolución Francesa, en 1789, finalizó la ostentación de estos siglos, y la

sencil ez y la comodidad a las que las clases bajas nunca habían renunciado, se impusieron

por encima de las costumbres sofisticadas, que fueron despreciadas por los revolucionarios.

Las pelucas desaparecieron por completo y volvió el gusto por el pelo natural. Y es que, como

todo, la peluquería también se rige por ciclos.

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ambios

La Revolución Francesa y la Revolución Industrial marcaron, en todos los sentidos, el devenir

de la Historia del mundo occidental.

En la sociedad, ambas tuvieron una consecuencia clara: la sencil ez era la línea a seguir en

todos los sentidos para señalar la amplia distancia que separaba las nuevas costumbres de los

antiguos excesos de la Corte.

Así, las grandes pelucas y los abalorios de fantasía quedaron relegados por un largo periodo

de tiempo.

El siglo XIX marca con claridad el triunfo del capitalismo, el aumento de la población y las

mejoras higiénicas, lo cual condujo a la creación de nuevas profesiones que jamás antes

habían existido lejos de palacio.

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Aparecieron así los peluqueros, que trabajaban sobretodo a domicilio cuando lo hacían con la

burguesía, desplazándose a trabajar al hogar de las clientas. Se asentó definitivamente el

oficio, el de expertos en cabel o que lavaban y sobretodo peinaban a grupos de clientas a

cambio de una remuneración económica; a diferencia de los antiguos peluqueros de la Corte

que solían ser doncel as u otros sirvientes que aprendieron la profesión o bien artesanos o

sastres que confeccionaban pelucas.

Los cabal eros sin embargo, cortaban su cabel o en el barbero, sin decidirse todavía a ponerse

en manos de los estilistas que trataban a las señoras.

Las mujeres de las clases sociales más humildes empezaron a trabajar en fábricas y en

algunos oficios artesanales, buscando lo más sencil o y práctico sujetaban sus cabel os,

sobretodo en moños, que empezó a considerarse el peinado más decoroso del momento.

También las burguesas adoptaron este peinado, que reflejaba el espíritu de sencil ez que

predominaba en el momento. Cubrirlo con el sombrero adecuado al salir a la cal e se convirtió

en el máximo adorno para estos moños sujetos en la nuca y a menudo cubiertos por redecil as.

Pero la auténtica revolución de la peluquería en esta época la provocó la aparición del agua

oxigenada en 1867. Lo que hasta entonces habían sido recetas auténticamente peligrosas para

la salud del pelo y el cuero cabel udo pasó a convertirse en un proceso de decoloración mucho

más sencil o y seguro. La coloración vivió otro avance espectacular casi a las puertas del S.XX

cuando aparecieron los primeros colorantes sintéticos. Y aunque sólo las clases más

favorecidas hacían uso de el os y que tampoco fueron recibidos con gran entusiasmo,

significaron la primera semil a de un producto que sin duda ha evolucionado en 100 años más

que ningún otro de los utilizados en esta profesión.

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X - I (1900-1930)

El pasado siglo fue el que dio el empujón definitivo a la peluquería profesional. A pesar de que

ya había hecho sus primeros pinitos unas décadas antes, fue en el siglo XX cuando surgieron

los salones de bel eza dedicados exclusivamente al cabel o, cuando estos se acercaron al

pueblo, cuando los productos específicos dejaron de ser artesanales y aparecieron las grandes

firmas, cuando hombres y mujeres decidieron dedicar parte de su presupuesto familiar a

arreglar su peinado y cuando surgieron las escuelas y los estudios de peluquería.

Pero si hay un hecho verdaderamente destacable fue el acontecido en los años veinte: las

mujeres se cortaron el pelo corto. Con la incorporación de las mujeres al trabajo, éstas habían

dejado de peinarse solamente para arreglarse y habían empezado a buscar la comodidad. La

evolución lógica de la búsqueda de lo práctico fue cortarse el pelo como un hombre: surgió el

estilo garçon. En ese momento cortarse el cabel o se convirtió en todo un símbolo de la mujer

moderna. Inicialmente hubo quien consideró que el pelo corto femenino sería una moda

pasajera, pero realmente se convirtió en una opción más, y una opción que siempre ha seguido

ligada a las mujeres emprendedoras, atrevidas, independientes y modernas.

Pocos años después empezaron a surgir en Europa y Estados Unidos los primeros sindicatos y

asociaciones de peluqueros, sentando otra de las bases de lo que es la peluquería hoy en día.

En estos emocionantes años de principios de siglo otro invento revolucionó la peluquería: de la

mano de Carlos Nessler apareció la permanente en caliente, y los rizos ?artificiales? causaron

furor durante décadas y en diversas formas y estilos.

Nos encontramos pues ante el nacimiento de la peluquería tal como la entendemos hoy.

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X - X

XI (1930-1960)

La época dorada de Hol ywood, la de lo que hoy son los clásicos del cine, influirá en todos los

aspectos de la moda. En peluquería, las grandes ondas en el más puro estilo Vivien Leigh,

Maureen O?Hara o Rita Hayworth se convirtieron en el máximo exponente de la elegancia. Sin

embargo, si un peinado creó escuela fue el l amado ?Peek-a-boo-bang? consistente en una

abundante masa de cabel o rubio platino ondulado que tapaba un ojo, popularizado por uno de

los grandes mitos del celuloide: Veronica Lake. Tal fue el éxito de su look que el Departamento

de Guerra de los EEUU exigió a la Paramount la prohibición del célebre peinado de la diva,

puesto que, según el os, las chicas que trabajaban en las fábricas de armamento lo estaban

imitando y, al l evar un ojo tapado, se estaban produciendo numerosos accidentes.

Pero si hubo una actriz que determinó el tipo de trabajo que se realizaba en peluquería ésa fue

Marilyn Monroe. La rubia más sexy de la historia podría considerarse un fraude, puesto que es

bien conocido que su color natural de cabel o era castaño. Aún así, fue tal el éxito que

consiguió tiñéndose de rubio platino, que miles de mujeres de todo el mundo no dudaron en

emularla, intentando acercarse a la imagen de la seductora actriz.

Fueron tiempos de melenas rubias y onduladas, aunque no todo eran cascadas de cabel o

cayendo encima de los hombros. Los grandes crepados eran habituales en las cal es, y las

peluquerías tenían mucho más trabajo peinando que cortando o tiñendo.

En lo que a productos se refiere fueron los años de mayor auge de lacas y ?plis? que debían

mantener intacto el laborioso trabajo de los peluqueros.

Cualquier mujer que se prestara debía acudir al salón como mínimo una vez por semana,

aunque en la alta sociedad no resultaba extraño hacerse peinar a diario por un especialista.

Las medias melenas con puntas graciosamente inclinadas hacia fuera o las melenitas cortas

con mucho volumen triunfaron también, siempre gracias a abundantes cantidades de fijación.

Entre los hombres fue más la música que el cine lo que popularizó determinados peinados, así

en los ?50 se extendió por todo el mundo el mítico tupé de Elvis, sostenido gracias a fuerte

gomina (entonces bril antina).

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Anteriormente, sin embargo, era el pelo corto de estilo militar lo que más se había l evado,

cómodo y práctico, el look se popularizó especialmente durante la guerra y la posguerra. En las

grandes ciudades se completaba gracias también a la bril antina, usada en este caso para que

ningún pelo se despegara de la posición exacta en la que el peine lo dejaba.

Los medios de comunicación (revistas gráficas, cine y televisión) han sido claves pues desde

ese momento para la internacionalización de determinados looks. Nace la auténtica pasión por

la moda y el culto a la imagen vigente aún en nuestros días.

En Europa y Estados Unidos nacen algunas de las revistas de moda que todavía hoy pueden

encontrarse en el kiosco, y en 1956 aparece en España el primer número de TOCADO, que

con el paso del tiempo se convertirá en la revista que hoy tienes en las manos.

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iglo X

X - X

XI (1960-1980)

En los años ?60 y ?70 se vive una auténtica revolución en lo referente a la moda del cabel o. El

peinado se convierte en una de las más características señas de identidad de cada persona, y

especialmente los jóvenes lo convierten en el santo y seña de su grupo o ?tribu urbana?, de

manera que les identifique con unos determinados ideales o convicciones, o les encuadre

como seguidores de unas tendencias concretas.

Así, los ?rockabilies? que habían surgido en la década anterior se peinarán con un tupé al más

puro estilo Elvis y lo perpetuarán hasta los años ?90 (como puede verse en España con los

fans de grupos como Rebeldes o Loquil o y los Trogloditas. Los seguidores del movimiento ?

beat? imitarán a ?The Beatles? con sus melenitas y flequil os escandalizando a propios y

extraños con lo que entonces se consideraba una melenita demasiado larga para el público

masculino. Pero en los ?70 l egó la auténtica revolución de forma y color: el glam, con David

Bowie en cabeza, propulsó el mul et (flequil o muy corto y pelo más largo en la nuca) que l egó

a evolucionar hasta límites insospechados con el movimiento punk que construyó altas crestas

de colores estridentes sobre una base de mul et. También en los ?70 escandalizaban los

rastas, que siguiendo los dreadlocks de Bob Marley triunfaron inicialmente entre el público afro-

americano, aunque en los ?90 se popularizaron a todo tipo de público joven, incluyendo a las

chicas que en un primer momento se habían mostrado más reticentes a adoptar este peinado.

Por su parte el movimiento hippie y posteriormente el grunge, propulsaron una moda ?anti-

peluquería? en la que lo que se priorizaba era un pelo descuidado, largo y caído de la manera

más natural posible. Para los pseudo-seguidores de estas tendencias fue necesario sin

embargo un buen trabajo de salón, para conseguir un aspecto descuidado en lo que realmente

era un cabel o bien tratado.

Sin embargo si hay dos peinados a resaltar de la moda cabel o de los años ?60 y ?70 que se

popularizaron de manera desorbitada, estos fueron la permanente y el bob. Los rizos

exagerados a lo ?Jackson Five? y el peinado de ?corte de paje? que presentó inicialmente

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Vidal Sassoon, supusieron dos de las grandes fuentes de ingresos de los salones en esas dos

décadas y la mayor parte de la posterior.

Ambos buscaban algo que ha caracterizado la moda cabel o de la edad contemporánea: la

comodidad, no sólo al l evarlo, sino al peinarlo. La mujer trabajadora del S.XX necesitaba

levantarse, ducharse y estar arreglada en el mínimo tiempo posible, y estos dos peinados le

suponían esta ventaja.

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XI (1980-2000)

En los años ?80 empezó, sobre todo en nuestro país, donde se gozaba de una recién

estrenada democracia, el mundo tal y como lo conocemos hoy en día. Las dos últimas décadas

del S.XX supusieron una introducción perfecta a la dinámica del siguiente milenio, y, en

palabras de? la obsesión estética se compagina con la victoria femenina sobre las grandes

batal as sociales, políticas y personales?

En el mundo occidental la mujer ha conseguido emanciparse, y al contrario de lo que se podía

pensar en un principio, esto supone el empujón final a la cultura del culto al cuerpo. Las

mujeres quieren demostrar más que nunca que su profesionalidad no está reñida en ningún

caso con su bel eza y los cuidados que esta necesita. A su vez, el hombre no querrá ser

menos, y empieza también a preocuparse cada vez más por su físico, a utilizar productos

cosméticos, a seguir las tendencias de la moda y a no avergonzarse de dedicarse a los

cuidados personales.

A partir de este momento, en peluquería se empiezan a crear ?tendencias?, es decir que los

estilistas ?proponen? determinadas pautas de moda, pero sin ?imponerlas? Las tendencias

forman corrientes a seguir que permiten que cada cual adapte a su gusto las propuestas de

cada temporada. Color, textura, medida del cabel o... quedan al gusto del consumidor. Así en

los ochenta se l evaban los cabel os ondulados ligeramente, y en los noventa triunfaron los

desfilados, los escalados y finalmente las extensiones, pero cada cual dio a estas ideas su

toque personal.

E

tapa X

: E

l S

. X

X - X

XI . Los

i nicios de

l nue

vo m

ilenio

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Los pocos años de este nuevo milenio marcan un camino en el mundo de la peluquería que ya

había empezado a ser trazado en la última década del S.XX.

La mezcla de culturas, de estilos, el cambio constante, el atrevimiento ante formas y colores ha

abandonado las pasarelas y las páginas de las revistas y ha invadido las cal es.

Los grandes ídolos estéticos masculinos suelen surgir del mundo del deporte, por lo que los

looks que lucen futbolistas o jugadores de baloncesto son imitados por miles de chicos de todo

el planeta. Entre el as siguen triunfando como ejemplos a seguir cantantes, actrices y top-

models, los estilistas de las cuales cogen sus ideas de la cal e para aplicarlas en pantal as y

pasarelas, popularizarlas y finalmente extenderlas por los diferentes países de todo el mundo.

Todas las barreras geográficas han quedado destruidas y la comunicación circula a gran

velocidad, provocando que modas y tendencias no duren más de una temporada.

Las extensiones fijas o de quita y pon, los baños de color, los postizos, los tintes de alta calidad

que no dañan el cabel o, las ceras, geles y espumas que texturizan y dan formas, los

accesorios y complementos, los protectores solares y todos y cada uno de los productos que

pueden encontrarse en el mercado formulados y/o diseñados para el cabel o han convertido lo

que era un lujo en una necesidad, y la industria de la bel eza se ha entrado en la mayoría de

hogares.

Jóvenes y no tan jóvenes reservan una parte de su presupuesto mensual a cuidar su cabel o, a

hacerlo cambiar, a colorearlo o darle forma... Empieza el milenio de la peluquería, el tiempo en

que las barreras han sido derrocadas y cualquiera de los estilos que a lo largo de los siglos

anteriores han triunfado ahora se puede ver en las cabezas de los/las más atrevidos y

vanguardistas

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Desarrollo

Unidad I

COSMETOLOGÍA

H

ISTORIA D

E LA

C

OSMETOLOGÍA

Cosmetología: es la ciencia y arte de embel ecer la piel sana.

Cosmeto: kosmeti’c: embel ecer

Logía: estudio o tratado

La palabra cosmética deriva del griego Kósmetikos que significa adornar, siendo el arte de

preservar y aumentar la bel eza. Cosmetología es la parte de la medicina que trata

especialmente de los cuidados, del aseo y bel eza de la piel.

Desde lo más profundo de la historia nos l egan noticias de que la mujer siempre trato de ser

más bel a. Desde la mujer del paleolítico que se embadurnaba con la grasa de los animales

que cazaban los hombres hasta la mujer actual que es capaz de gastar una fortuna en

cosméticos.

5.000 años antes de nuestra era, en las ruinas arqueológicas de Ur, se encontraron en la

tumba de la reina Shub-ad, de la civilización sumeria, gran cantidad de utensilios de bel eza.

Las tablil as sumerias no nos descubren antiguas fórmulas para preparar ungüentos y afeites,

siendo médicos los que las preparaban. En Babilonia florece el comercio de perfumes y

esencias aromáticas. La civilización egipcia da suma importancia a la cosmética. En la tumba

de la reina Mir-hotep se hal aron numerosos envases con preparaciones cosmetológicas. Entre

los papiros de ebers se hal a uno l amado” kosmetikon” escrito durante la dinastía Ptolomeica y

que habla de diversos preparados cosmetológicos.

Los médicos egipcios escribían largos tratados sobre la bel eza y maquil ajes. En Grecia, luego

de las conquistas de Alejandro Magno hubo una floreciente industria de los productos de

bel eza y perfumes. Los romanos dieron gran auge e importancia a la cosmetología. De los

más apartados rincones del imperio iban a Roma los más sofisticados productos para aumentar

y preservar la bel eza de las patricias romanas.

Criton, en la época del Emperador Trajano, escribió un tratado sobre Cosmética en 4 tomos.

Ovidio también escribe sobre bel eza. Son famosos los baños de leche de la Emperatriz Popea,

esposa de Nerón.

En el Antiguo Testamento Bíblico encontramos en Jeremías, Ezequiel, Cantar de los Cantares

y otros libros claras referencias a los cosméticos usados por los israelitas.

Durante la edad media el ascetismo se impone y se dejan de lado las preparaciones

cosméticas, considerándolas pecaminosas. Con el Renacimiento vuelven nuevamente éstas

prácticas. En 1370 hizo furor en Europa un agua perfumada compuesta por tintura de romero,

cedro, trementina y alcohol l amada Agua Húngara. Venecianos y genoveses fueron activos

comerciantes en cosméticos. Catalana de Médicis, al casarse con Enrique II de Francia,

introduce en Francia las técnicas de fabricación cosmetológicas. En el siglo XVIII se expande la

cosmética. En 1770 el Parlamento Inglés promulgó un curioso decreto prohibiendo el uso de

afeites y declarando nulo cualquier matrimonio dónde la mujer hubiese usado tinturas,

pomadas, afeites o cualquier otro artificio para mejorar su rostro. Josefina, esposa de

Napoleón, gastó fabulosas sumas en pomadas, cremas y perfumes que le conseguía Monsieur

Lubin, su proveedor. En el siglo XX los franceses y luego los americanos crean toda una

industria farmacológica apoyada por los descubrimientos científicos. Nuevos productos invaden

el mercado continuamente. Los productos de bel eza dejan de ser productos de lujo para l egar

a las más amplias capas de la población.

Los orígenes de la estética se remontan a la prehistoria. Los productos de que disponía la

mujer de ese tiempo se limitaban, prácticamente, a la arcil a, tierras de distintos pigmentos

colorantes o toscos productos elaborados a partir de grasas animales. El afeite más antiguo

que se conoce estaba compuesto de sulfuro de antimonio.

En la Biblia encontramos las primeras referencias escritas de la bel eza en la antigüedad. Dice

así: "Jezabel adornó su cutis con afeites para seducir a Jehú y para hablarle con mayores

poderes de seducción". Otro ejemplo es el de Ester, reina de Babilonia quien embel ecía con

afeites sus maravil osos ojos, hasta ser considerada la mujer con los ojos más bel os que

nunca existió.

En Egipto la bel eza era casi un culto, los ritos funerarios incluían el dejar junto al difunto una

serie de objetos entre los que se encontraban peines de marfil, cremas, negro para los ojos,

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polvo, etc., dentro de pequeños recipientes en los que estaban grabadas las instrucciones para

su uso.

Especial Atención merecía el cabel o, la piel y los ojos. El cabel o se teñía con henna, o bien se

rasuraba completamente para facilitar los continuos cambios de pelucas, sumamente

sofisticadas. Con ungüentos, afeites y baños perfumados o de leche cuidaban de mantener una

piel tersa y extremadamente suave. Los ojos se remarcaban en negro, engrandeciendo y

suavizando su forma natural. El carmín de los labios, el blanco para restar viveza a la cara, el

rojo-naranja para las mejil as, eran productos extraídos de plantas y arbustos. Usaban

antimonio para cambiar el color de los párpados en azul y verde, realzando así más las

pestañas.

Grecia fue la civilización de la bel eza, es así como Apolonio, en uno de sus libros, explica que

"en Atenas no hay mujeres viejas ni feas". La mayor atención la prestaban al cuidado del

cuerpo. Los cánones de bel eza griega no toleraban ni la grasa ni los senos voluminosos. Eran

fanáticos de los baños, siempre realizaban ejercicios antes y usaban agua fría. También los

masajes tenían un papel importante ya que lograban que en el cuerpo no hubiera rastro alguno

de grasa y que se mantuviera la figura grácil y la piel tersa. Usaban todo tipo de aceites, que se

extraían de flores distintas, el cabel o se cuidaba con tintes de extractos naturales. El maquil aje

se basaba en el color negro y azul para los ojos, coloreaban sus mejil as con carmín y los

labios y las uñas se pintaban de un único tono. Se consideraba que el color de la piel de la cara

debía ser pálido, ya que era reflejo inequívoco de pasión.

En el imperio romano la estética constituyó una auténtica obsesión. Tanto hombres como

mujeres se depilaban, peinaban y maquil aban por igual, debido a las conquistas territoriales

romanas la bel eza siempre estuvo bajo diversas influencias, como por ejemplo, cuando Julio

Cesar conquisto tierras germanas, las esclavas eran blancas y rubias, esto desato una locura

de las romanas por ser también rubias y blancas. Los baños termales eran muy populares

l egando a 900 solo en Roma. Durante los primeros siglos de la Edad Media los nobles no

descuidaban la higiene personal. En las ciudades los baños públicos eran visitados con

frecuencia por éstos, mientras que en los castil os las damas se bañaban en agua fría

perfumada con hierbas aromáticas. Pero a medida que la Edad Media avanza, estas

costumbres se van olvidando. Los perfumes de fuerte olor sustituirán poco a poco a la más

mínima higiene corporal.

En el Renacimiento se crea el primer gran laboratorio de productos cosméticos y medicinales.

El ideal de bel eza consistía en tener un cuerpo de formas muy curvadas, la frente alta y

despejada, sin apenas cejas y la piel blanquecina. Se escribieron los primeros tratados de

bel eza y se instalo el primer instituto de bel eza, a pesar de todo esto, la higiene dejaba mucho

que desear, solo lavaban sus manos una vez por semana y se peinaban a lo lejos.

El siglo XVIII, los labios tenían forma de corazón pequeño, se usaban pelucas extravagantes y

empolvadas, mejil as enrojecidas con exceso de colorete, polvos en cuel o y hombros, con

lunares en cara y espalda. La época dorada de la cosmética se inicia en este siglo con las más

sofisticadas cremas, esencias y aguas. A pesar que la higiene personal va aumentando poco a

poco, los perfumes continúan siendo imprescindibles para disimular los malos olores.

Llega luego el Romanticismo y con él la languidez, los aires desvalidos, los tal es ceñidos y las

minúsculas cinturas. Las pelucas desaparecen temporalmente para dar paso a bucles

realizados en las peluquerías.

En la India hasta el día de hoy los niños se pintan los ojos con kohol por sus poderes

desinfectantes y también se usan las flores y el azafrán en diferentes productos de bel eza y en

ritos religiosos.

En China los cánones estéticos se basaban en una mujer delicadamente maquil ada y con un

cutis cuidado al máximo. El maquil aje consistía en finos polvos de color rozado, rojo o

anaranjado y los ojos se subrayaban con bastoncil os untados en tinta china. Se usaban

cremas elaboradas con pulpas de frutas, aceites de té o grasas animales, los perfumes

provenían de flores.

En Japón se recogieron muchas de las costumbres chinas para el cuidado de la piel y el

cabel o.

Actualmente la estética tiene carácter científico y desde la limpieza de cutis con aplicaciones de

rayos ultravioleta o vapores de ozono, la incorporación del rayo láser para muchos

tratamientos, o los tratamientos anticelulíticos con alta tecnología, vemos cómo en la Estética

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actual y prácticamente en todos los terrenos se hace imprescindible la aplicación de técnicas

científicas de primer orden.

Maquillaje

H

ISTORIA D

EL M

AQUILLAJE I

Desde siempre la gente ha hecho uso del maquil aje para potenciar su atractivo y disimular

defectos. Siempre ha tenido el mismo fin, aunque a lo largo de la Historia se han usado

diferentes utensilios y cosméticos para el o.

A continuación podemos ver cómo ha sido esa evolución y cómo se las ingeniaban

antiguamente para conseguir esos productos que hoy en día encontramos sin ningún tipo de

dificultad en cualquier establecimiento apropiado.

A

NTIGUO E

GIPTO

Seguro que los grandes maquil adores de hoy en día han echado un vistazo a la historia del

maquil aje para buscar métodos y trucos que aplicar en la actualidad. Por ejemplo, es curioso

cómo en Egipto obtenían los colores de sus cosméticos mezclando tierras, cenizas y tintas. ;

Era muy típico que los egipcios realzasen sus ojos con colores fuertes y vivos. Y fueron el os

los primeros en pintar sus labios, con ocre rojo y óxido de hierro natural, extendiendo el

mejunge con un cepil o o palito por sus labios.

No hace mucho que se descubrieron restos de maquil aje en las tumbas de los faraones, y

curiosamente esos productos cosméticos tienen un gran parecido con los que se usan en la

actualidad.

En esta civilización utilizaban el antimonio rojo para colorear los labios, mediante la

pulverización de piedras y minerales sacaban los tonos turquesa que aplicaban en párpados

junto con el khöl que usaban para delinear los ojos en forma de cola de pez y remarcar las

cejas. Usaban pinzas de depilar para dar forma a las cejas.

Sé tenia muy en cuenta el uso de adornos corporales, tanto en hombres como en mujeres. El

aseo corporal era un ritual de varias horas que consistía en baños, masajes y rasurado de

cabeza por motivos de higiene, religiosos y climáticos.

Elaboraban sus propias cremas a base de aceites y plantas y depilaban el vel o superfluo.

G

RECIA Y

R

OMA

En la edad Antigua, griegos y romanos perfeccionan las técnicas del maquil aje. Gana peso la

piel, la cual comienzan a maquil ar para conseguir blanquearla mediante una mezcla hecha a

base de yeso, harina de habas, tiza y albayalde (carbonato clásico de plomo), que al final

obtenía resultados totalmente contrarios a los pretendidos, ya que al contacto con el sol

oscurecía el rostro.

Es en esta etapa donde encontramos la creación del famoso y actual rimel. Es curioso

descubrir como era en sus inicios, pues conseguían ennegrecer sus pestañas utilizando una

mezcla de huevos de hormigas y moscas machacadas.

La tendencia es tener la piel muy blanca como signo de apasionamiento, para el o ingerían

gran cantidad de cominos y blanqueaban la piel con cerusa y albayalde. En los ojos utilizaban

el khöl, maquil ándolos en negro y azul. Las cejas se perfilaban sin alargarlas y se depilaban

con pinzas y los labios y pómulos se coloreaban en tonos rojos vivos.

Además del khöl, de los egipcios heredaron muchos cuidados estéticos como los baños y

masajes.

La figura masculina se riza el cabel o y la barba y l evan las piernas depiladas.

M

ESOPOTAMIA

Al igual que en Grecia l evaban la piel blanqueada y los pómulos enrojecidos, en los ojos

lapislázuli y las cejas teñidas en negro.

Las mujeres lucían el pelo suelto y rizado sobre los hombros y los hombres rizaban la barba y

el cabel o dejando al final geométricos tirabuzones. La abundancia de pelo significaba fuerza y

valor y se espolvoreaba con oro en polvo tanto la barba como el cabel o.

R

OMA

La piel era blanquecina, los ojos y cejas l evaban khöl y los párpados iban muy marcados con

antimonio y turquesa. Los labios y mejil as marcadas en rojo vivo.

Influidos por las costumbres refinadas de Egipto y Grecia empiezan a funcionar los baños

públicos y masajes. Utilizaban cremas para el cuidado del cuerpo. Las mujeres de la época

(l amadas patricias) disponían de criadas que eran quienes se dedicaban a hacer estas labores

estéticas.

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Dedicaban mucho tiempo a los peinados, eran muy laboriosos, teñían los cabel os con

preparados de color rubio y los exponían al sol para transformar el color. También se

elaboraban pestañas tejiéndolas con seda o con pelo natural.

A

RABIA

Las mujeres dedicaban largas horas al embel ecimiento, vivían recluidas en harenes donde se

cuidaban con baños perfumados, aceites y masajes. Se aplicaban Khöl en los ojos para

agrandarlos y usaban colorete y cantidad de perfumes. Llevaban la cara tapada con velo y el

pelo cubierto con sedas.

Tantos cuidados se debían a la inferioridad que tenían con el varón, era una forma de

seducirlo.

E

DAD M

EDIA

Tras la caída del Imperio, en las primeras décadas hay una ausencia total tanto del cuidado

estético como del aseo personal. La mujer l evaba la cabeza cubierta con tocados en señal de

sumisión.

Pasado algún tiempo empezó de nuevo el interés por la cosmética debido a la influencia árabe.

Los trajes se fueron modificando con generosos escotes y se hacían largos trenzados en el

pelo que l egaban a ser verdaderas obras de arte.

R

ENACIMIENTO

Las cejas se dejan muy finas y en algunos casos desaparecen. Incluso la frente se depila para

dejar más dimensión en el rostro. Los ojos se maquil an con khöl y el colorete tiende a gránate.

Es el resurgir de una nueva época, hay un cambio ideológico en todos los aspectos que l ega

de Italia.

Se sigue usando gran cantidad de perfumes para paliar el olor corporal ya que la higiene sigue

siendo muy escasa, en cuanto al pelo se tiñe de rubio debido a la influencia que l ega de

Venecia, un tinte rubio que causa furor y que denota prestigio. Los tocados van excesivamente

adornados.

Existe una obsesión por el maquil aje y los perfumes, no así por las cremas de bel eza. Al igual

que la mujer el hombre va maquil ado, ofreciendo así un aspecto afeminado. La mujer l eva la

tez con una blancura excelente, empolvándose con unos polvos de arroz o harina. Los ojos van

delineados en negro, en el párpado aplican azul o verde y los labios dibujados en forma de

corazón con tonos rojos oscuros. Adquieren mucha importancia los lunares, se consideraban

muy estéticos e incluso se hacían de terciopelo o bien se pintaban. Se colocaban en rostro o

escote dependiendo del significado que se le quisiera dar, l egan a tener un lenguaje propio.

En cuanto al cabel o los peinados eran monumentales, a finales del siglo XVII los hombres

empiezan a utilizar pelucas y las mujeres postizos de gran tamaño con tocados también

grandes. El pelo va retirado de la cara y se l eva con tirabuzones y rizos. Toda esta moda viene

impuesta por la Corte.

La higiene corporal sigue en el olvido, por lo que siguen utilizando cantidad de perfumes para el

mal olor.

Se consolida en este siglo la Edad de Oro de la cosmética. Francia se convierte en el centro de

la cultura, creando la nueva moda de la ropa, peinado y cosmética.

S

IGLO X

IX

Se sigue l evando la cara pálida pero de manera exagerada, el ideal es parecer enfermo y ya

no es suficiente empolvar con polvos de arroz. Se pone de moda ingerir vinagre y limones para

aclarar la piel, incluso se ingieren sustancias que contenían plomo o arsénico con el

consiguiente riesgo de en algunos casos l egar a provocar la muerte. La ojera se marca de azul

al igual que las venas. La idea es mostrar la sensibilidad cutánea. Los pómulos se sonrosan

levemente con un rosa palo y los labios se maquil an en color carmesí en forma de corazón.

Se siguen usando perfumes, los más recomendados son los de lavanda ya que denotan

frescura y limpieza. Las uñas van en un aspecto muy natural y abril antadas con cremas.

El canon de bel eza no solo marca una piel extremadamente translúcida sino que también

exige una cintura muy estrecha. Para esto utilizan corsés ajustados hasta los extremos

suponiendo también un riesgo por la deformación de órganos internos e incluso problemas

intestinales y enfermedades.

La moda de bel eza la sigue marcando Francia, aunque las tendencias ya no las impone la

corte sino la burguesía.

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En la última década aparece un peluquero francés l amado Marcel que revoluciona el concepto

del peinado con un nuevo método de ondulación que le hizo famoso a nivel mundial y se

extiende bien entrado el siglo actual.

S

IGLO X

X

Surgen distintas décadas que van a marcar modas por fenómenos sociales: los medios de

comunicación, el cine, la televisión y la publicidad idealizaran un prototipo de mujer que acaba

marcando una moda en una determinada época.

La industria cosmética sufre un boom, ofreciendo un gran abanico de posibilidades en

productos de peluquería y cosmética.

En los primeros años del siglo XX las ideas y costumbres del pasado siguen estando vigentes

como el tono de la piel que sigue siendo distintivo social ya que una piel blanca denota no estar

expuesta al sol ni a la intemperie que están sometidas las pieles de las clases menos

favorecidas.

La elaboración de los polvos de arroz para blanquear el rostro es cada vez mas refinada. En

1904 surgen los primeros polvos perfumados elaborados por un perfumista l amado Caron que

olían a una de sus fragancias l amada “Tabac Blonde”.

En Estados Unidos comienza la creciente industria del cine y con él el maquil aje es una pieza

indispensable para el éxito de las películas.

Un antiguo maquil ador del Bal et Imperial Ruso l amado Max Factor abre una tienda en Los

Ángeles donde vende perfumes, cosméticos y maquil ajes que él mismo fabrica y empieza a

maquil ar actores. A partir de ese momento irá creando maquil ajes adaptados a las

necesidades de las películas.

1

910 – 1919

Durante estos primeros diez años la mujer quiere encarnar tres ideales muy distintos: la mujer

cariñosa, la madonna dispuesta a cualquier sacrificio y la vampiresa exótica.

Hacia 1910 el maquil aje ya esta muy extendido y se tiende a l evarlo de manera natural. Se

usan polvos de Helena Rubinstein para quitar artificialidad blanca de los rostros de épocas

anteriores. Se abre un nuevo salón de bel eza de Elizabeth Arden, rival de la norteamericana

Rubinstein. Las dos firmas rivalizaran por sacar nuevos productos al mercado y someter a las

damas de la alta sociedad a tratamientos faciales periódicos.

Durante la guerra el maquil aje estuvo fuera de lugar y lo único que se utilizaba era un poco de

rojo en los labios y un toque de vaselina bril ante en los párpados. El cabel o que iba ondulado

se empezó a peinar sobriamente con raya.

Entre 1914 y 1918 el ideal para hombres y mujeres era la enfermera dispuesta a cualquier

sacrificio. Las damas de la alta sociedad se vestían de monjas o enfermeras y enviaban los

retratos a sus esposos que estaban en el frente.

El maquil ador Max Factor crea un maquil aje especial para cine que poco a poco irá

perfeccionando.

Al final de la guerra el prototipo de mujer cambió y todas querían parecer peligrosas y

enigmáticas. El pelo se l evaba corto como los chicos y los ojos se destacaban en khöl, los

párpados oscuros y los labios en rojo intenso dibujados en boca de piñón. Era un estereotipo

de mujer que podía representar a la vez a un ángel y a un demonio. Este tipo de mujer se

mostraba enfundada en fetiches eróticos como ropa interior de satén, pieles lujosas, kimonos

de seda, etc.

No se hacen correcciones ni claras ni oscuras.

Aplicaremos uno o dos tonos más claros del color real de la persona para que nos dé

aspecto de porcelana. Los polvos serán claros.

Rel enamos la tonalidad del párpado móvil con un lapicero negro y lo difuminamos con

un pincel invadiendo el párpado superior aunque sin invadir por completo el arco de la

ceja.

Dibujamos la delineación inferior interna y externa mediante una línea muy gruesa,

uniéndola en los extremos con la delineación superior. La difuminamos con pincel

hacia abajo l evándola a la ojera. Fijamos todo con polvos.

Reforzamos el ojo con sombra negra dándole un acabado en forma redondeada.

Máscara de pestañas arriba y abajo abundante.

Ceja redonda, caída y estrecha (muy negra).

La boca se dibuja pequeña, perdiéndola en los centros para luego volver a salir.

Colores oscuros siendo él granate él más característico.

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Colorete en círculo tipo rubor, muy próximo a los ojos y en tonos rosas bastante

marcados.

1

920 – 1929

Los locos años veinte fueron la época del jazz, el Charleston, las faldas cortas, el amor libre.....

Los descubrimientos y a avances científicos favorecen al maquil aje. El descubrimiento de los

estearatos colorantes revoluciona la fabricación de barras de labios pudiendo obtener con el os

nuevas tonalidades.

Los ojos se l evaban con raya negra y muy difuminada y en la cuenca del ojo sombra en rojo o

morado. Los labios en rojo oscuro en forma de boca de piñón y las cejas cuidadosamente

depiladas y se maquil an para darles una forma circular. El colorete en forma de mancha

redondeada. El objetivo principal era la provocación, no importaba que se fuera muy recargada.

Las rubias se maquil aban con tonos verdes y azules muy intensos mientras que las morenas

optaban por negros y marrones. Se quería conseguir el efecto de tener unos ojos muy grandes

y almendrados, para el o utilizaban mucho el khöl difuminado.

En 1924 se lanza la laca de uñas con color y a partir de ese momento se termina con la moda

de l evar las uñas naturales.

Una gran revolución fue la máscara de pestañas resistente al agua que creó Elizabeth Arden.

En 1927 los productos de Max Factor que hasta entonces sólo se utilizaban en cine empezaron

a comercializarse por Estados Unidos con un éxito absoluto. También en el 27 surge una

nueva barra de labios que se emulsiona al entrar en contacto con la saliva, la l amada Rouge

Baiser, creada por el químico francés Paul Baudecroux. Era un tanto seca y opaca pero fue la