Historia moderna de Israel 2012 por Frank Paya - muestra HTML

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Indice

Prólogo

El Nacionalismo Árabe

El Sionismo

Oriente Medio en la I Guerra Mundial

Bajo dominio británico (1920-1948)

La Guerra de la Independencia

La primera tregua: 11-6/9-7-1948

El Armisticio de Rodas

La campaña del Sinaí 29/10/1956 - 5/11/1956

Los años de consolidación

La guerra de los Seis Días 5/6/1967 - 10/6/1967

Los años de la resolución 242 de la O.N.U.

La guerra del Yom Kippur

La Guerra De Líbano

La decada de los 80

La Guerra del Golfo

El proceso de negociación hacia la paz

PRÓLOGO

Si bien Israel es un pueblo con más de 35 siglos de historia, vamos a centrarnos en su historia moderna, finales del XIX en adelante.

Para empezar, un pequeño prólogo que nos hará entender un poco los sucesos que posteriormente acontecieron en la zona.

Hasta 1914 la zona que conocemos como Oriente Medio estaba constituida por un conjunto de territorios sometidos al imperio Turco. Turquía fue aliada de Alemania en la Primera Guerra Mundial. Su derrota significó perder dichos territorios que quedaron bajo el régimen de mandatos internacionales administrados por Gran Bretaña y Francia.Estos fueron desplazando a Turquía y ocupando el vacio que iba dejando al retirarse.

La historia de las luchas por el control de Oriente Medio se inicia entre finales del siglo XIX y comienzos del XX, y junto a las rivalidades entre las dos potencias europeas van a actuar otras fuerzas que alegan derechos históricos y con aspiraciones nacionalistas en favor de su establecimiento y consolidación institucional en la región. La Primera Guerra Mundial fue el caldo de cultivo de todos estos factores, y cambió no sólo el marco político y territorial de Oriente Medio, sino también el juego de los grupos de presión y de intereses económicos y políticos, configurando una nueva situación, que con tensiones y conflictos ha marcado de manera decisiva su evolución histórica hasta el momento presente.

En tiempos de la Primera Guerra Mundial, por tanto, puede decirse como síntesis que actúan sobre Oriente Medio cuatro fuerzas históricas, cuyo juego va a determinar toda la evolución de la zona hasta nuestros días. De estas cuatro fuerzas dos son de carácter externo a la región al estar constituidas por la ocupación e intervención exterior sobre los pueblos de la zona: en primer lugar, la fuerza en retroceso del Imperio Turco, que hasta entonces había sido la potencia dominante y que al ser derrotada en la guerra como aliada de Alemania tiene que abandonar su secular ocupación y soberanía sobre los territorios árabes; y en segundo lugar, la fuerza en ascenso de Gran Bretaña y Francia, que como aliadas vencedoras en la Gran Guerra intervienen en la región para llenar el vacío dejado por Turquía y controlar a los países árabes, movidos los occidentales por dos tipos de intereses: por un lado, políticos, primero como adversarios de los turcos, aliados a su vez de los alemanes, y después contra los rusos soviéticos; y por otro, económicos, con el fin de controlar el petróleo de la zona.

Y las otras dos fuerzas son propias de los pueblos que habitan en la región y sobre la que alegan derechos históricos para hacerlo por lo que tienen un carácter nacional de diverso significado y formulación: de un lado, el nacionalismo árabe, que es expresión de un resurgimiento y renovación de los pueblos árabes que, liberados del dominio turco, aspiran a crear una gran nación árabe independiente; y de otro el movimiento sionista, que en este momento alcanzó su madurez y el reconocimiento internacional de su derecho para constituir un Estado judío en Palestina.

Ahora hablaremos un poco de estos dos últimos.

EL NACIONALISMO ÁRABE

Tras un pasado histórico de esplendor, unidad y grandeza, el pueblo árabe se encontraba, a mediados del siglo XIX, en una situación de división interna y de sometimiento al dominio turco otomano que se había extendido e impuesto durante el siglo XVI sobre todos los países árabes; y con el sometimiento político-social se había producido también la decadencia cultural-religiosa.

Pero en el fondo de esta situación de derrota y frustración van a ir surgiendo unas primeras manifestaciones de recuperación de todos los valores perdidos aunque latentes, de toma de conciencia y formación de un nuevo concepto de identidad común, y en definitiva de reconstrucción de la unidad árabe en búsqueda del restablecimiento de su independencia. Todo este proceso fue configurándose paulatinamente desde la segunda mitad del siglo XIX al revivificarse en la ideología colectiva social elementos étnicos; el pueblo árabe, junto con elementos religiosos; el Islam, con una cultura; la lengua, y una gloriosa historia comunes, que fueron conformando la estructura de un nuevo nacionalismo árabe que aspiraba a la creación de una renacida y engrandecida nación-Estado árabe.

Las manifestaciones iniciales del nacionalismo árabe que se registran a mediados del siglo XIX, tuvieron un doble carácter: de renacimiento cultural y de concienciación política.

En cuanto al renacimiento de la cultura y la lengua árabes, en 1847 dos cristianos del Líbano, N. Yazigi y B. Boustani, fundaron en Beirut la "Sociedad de Artes y Ciencias", la primera de este tipo de asociaciones culturales que proliferaron y se transformaron en focos de una política reformista; y en 1850 se creó, también en Beirut, la "Sociedad Oriental". Una tercera organización más importante fue la "Sociedad Científica Siria", presidida por M. Arslan, en cuyo seno, en 1868, se formuló la primera proclama nacionalista árabe por Ibrahim Yazigi, que tuvo un inmediato eco, aunque limitado, en todo el pueblo árabe.

Estas primeras sociedades, no tenían ni los medios ni la intención de jugar un papel político, pero con sus actividades generaron un renacimiento cultural y social que llevó a la organización de una sociedad secreta de carácter nacionalista que inició su acción en torno a 1875 en Líbano y Siria y continuó con la exposición de un programa nacionalista árabe que tuvo escaso eco durante los últimos años del siglo XIX.

La hostilidad contra los turcos, motivada entre otros factores por la mala administración otomana, el despotismo del gobierno del Sultán, y el rechazo de los árabes hacia el poder dominante sobre sus territorios se fue generalizando entre los árabes de Asia, aunque sin llegar a madurar todavía la idea de un Estado árabe, excepto entre algunas minorías, hacia 1880, y limitada a Siria y Líbano.

En los primeros años del siglo XX, una reactivación cultural, ideológica y política da una nueva animación y carácter al nacionalismo árabe, que ya tiende a configurarse como tal. El primer manifiesto inequívoco del nacionalismo árabe moderno que tuvo alguna influencia fue la obra de Abd el-Rahman Al Kawakibi titulada "La madre de las ciudades", es decir, La Meca, aparecida en 1901 en El Cairo, en la que destaca "la superioridad de los árabes sobre los turcos" y traza "un plan de regeneración del Islam gracias al impulso de un Califato árabe con poderes únicamente espirituales, cuyo centro sería la ciudad santa de La Meca".

En vísperas de la Primera Guerra Mundial, el nacionalismo árabe parecía dominado y debilitado, y nada habían obtenido prácticamente de sus reivindicaciones, estando reducido a grupos minoritarios en Líbano, Siria e Irak, y sin que hubiera calado entre las masas de la adormecida población árabe, por lo que un movimiento popular de carácter revolucionario era entonces impensable. Sólo en la Península Arábiga algunos jefes locales, representantes de oligarquías tradicionales, habían conseguido por medio de su acción guerrera y feudal una cierta autonomía, como el Imán Yahya en Yemen (1911), Ibn Saud en Nejd (1913) y Hussein en Hedjaz (1908).

El respaldo internacional y el apoyo al nacionalismo árabe se iba a producir, como en el caso del sionismo, por circunstancias de la coyuntura internacional. Al declararse la Primera Guerra Mundial intervino Turquía; como ya se ha indicado; como aliada de Alemania, y los países occidentales, principalmente Gran Bretaña y Francia, fomentaron y ayudaron al nacionalismo árabe, así como al sionismo, en su enfrentamiento con el Imperio Turco.

El Panarabismo, o movimiento de unión árabe, se ha manifestado y desarrollado de forma paralela e íntimamente vinculado al nacionalismo árabe: independencia y unidad árabe han sido aspiraciones históricas comunes que se han mantenido durante un largo tiempo esencialmente interrelacionadas, incluso en nuestros días. El Panarabismo se define como el movimiento de carácter histórico que tiende a la colaboración y a la unión de todos los países árabes sin exclusión tanto de Asia como de África, para conseguir la formación de una única nación árabe.

El Panarabismo desembocaría, al final de la Segunda Guerra Mundial, en la constitución de la Liga de Estados Árabes en 1945 que, si por un lado, es la expresión de esa vieja aspiración de unidad, por otro está muy lejos de la misma tal como se concebía en sus orígenes ideológicos, y en este sentido decepcionó a amplios sectores del pueblo árabe que, aunque dividido, mantenía vivo el ideal panarabista próximo al nivel de la utopía histórica.

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EL SIONISMO

Es el movimiento nacional del pueblo judío que tiene como fin el regreso de los judíos a la tierra de Israel, su patria de origen, con el objetivo de constituir una entidad política independiente, un Estado-nación.

El Sionismo toma su nombre del hebreo Sión, que designa la colina de la parte Noreste de Jerusalén sobre la que fue construida la ciudad y sobre la que se encontraba el templo de Salomón, que llegó a ser el símbolo de esta ciudad santa, y es expresión creada en 1886 por N. Birnbaun para caracterizar este movimiento judío mundial que tenia como finalidad la reconstrucción de una patria nacional judía en Palestina.

El Sionismo como movimiento nacional judío se organizó en el último decenio del siglo XIX, y tuvo dos fuentes fundamentales: la primera, de carácter permanente, la corriente místico-religiosa, y la segunda, nacida en la Europa de finales del siglo XIX, la corriente político-nacionalista.

Un factor que contribuyó a la difusión del movimiento sionista en estos momentos fue la ola de antisemitismo que se extendió principalmente por Europa Oriental y Central desde 1880-1881 y las actitudes sociales contra los judíos en Alemania, Polonia, Rusia y otros países, que plantearon de nuevo la cuestión de la vuelta a Sión. Del horror de los pogromos (término que se utiliza para hacer referencia a las matanzas emprendidas contra los judíos) surgió el sionismo político que difunde y generaliza la idea de la necesidad del retorno del pueblo judío a su hogar nacional, y así M.L. Lilienblum en 1881 hace, entre otros, una nueva llamada de vuelta a la antigua patria judía.

El sionismo como movimiento nacionalista y político aparece como el resultado de toda una reflexión ideológica que se ha desarrollado a lo largo del siglo XIX para definir, con los medios conceptuales de la época, el lugar de la identidad de los judíos en el mundo moderno. Surge así el definitivo nacionalismo judío y su formulación sionista, siendo este sionismo político la cristalización más acabada de tal nacionalismo.

En esta situación, apareció la figura y la acción del ideólogo principal del sionismo, Teodoro Herzl, auténtico organizador del movimiento sionista, conspicuo representante de la burguesía judía asimilada. Teodoro Herzl había nacido en Budapest el 2 de mayo de 1860 en el seno de una familia rica y liberal, y pasó la mayor parte de su infancia y juventud en Viena, en cuya universidad realizó sus estudios de Derecho, par transformarse en periodista y escritor, siendo nombrado corresponsal de prensa vienesa en París, y ofreciendo la imagen de un judío asimilado y alejado de las inquietudes sionistas de su tiempo.

Aunque el antisemitismo de la época le indignaba, fue el asunto Dreyfus lo que acabo de convencerle. En 1894, el capitán Alfred Dreyfus, un oficial judío del ejército francés, fue acusado injustamente de traición, principalmente debido a la atmósfera antisemita reinante. Herzl presenció como el populacho gritaba "Muerte a los Judíos" en Francia, la cuna de la Revolución Francesa, y decidió que existía una sola solución: La emigración masiva de los judíos hacia un país al que pudieran llamar propio. Así, el Caso Dreyfus pasó a ser uno de los factores determinantes en el génesis del Sionismo Político lo que influyó decisivamente en sus ideas, transformándolo por completo en un defensor del sionismo; el proceso de Dreyfus, su degradación y la situación consiguiente le acercaron poco a poco hacia la idea sionista, y su convicción y sus actividades desde entonces contribuyeron de manera definitiva a la organización del movimiento sionista que llevó, más adelante, a la creación del Estado de Israel.

De acuerdo con su nueva actitud y con la finalidad de dirigirse directamente al pueblo judío, a finales de 1895 publicó en Viena el libro que seria decisivo en todo este proceso: El Estado judío. Su tesis es sencilla: el antisemitismo, forma de odio racial, no puede eliminarse más que por la reorganización de los judíos en un centro autónomo, el Estado de los judíos; y su conclusión es que la nación judía debe resurgir sobre un territorio propio, en Palestina.

Pero además de su fuerza ideológica, T. Herzl fue ante todo un espíritu práctico y un hombre de acción, y abordó la vuelta a Sión según el modelo de las campañas británicas de colonización, estableciendo en su obra los instrumentos de la gran empresa mediante la creación de dos grandes organismos: la "Society of Jews" y la "Jewish Company". Lo que la primera prepare científica y políticamente, la segunda lo ejecuta en la práctica; así la Sociedad establecerá las bases políticas y culturales del Estado, y la Compañía aportará los medios financieros prácticos para su creación.

La aportación esencial de Herzl es la idea de la fundación de un Estado para el pueblo judío; su obra es la expresión más sólida y consistente del pensamiento sionista que intenta formular de nuevo la aspiración mística de un conjunto de comunidades judías de la diáspora, en términos políticos unidos a la concepción moderna del Estado y, a diferencia de los escritos sionistas precedentes, suscitó inmediatamente una amplia corriente de interés y galvanizó a las masas judías de Europa Central y Oriental.

La actividad de Herzl y las reacciones provocadas por su obra animaron un vasto y creciente movimiento nacionalista sionista que aglutinó las corrientes místicas con las tendencias políticas en favor de la construcción de un Estado judío en Palestina. El sionismo aparece ya como un movimiento político y nacional animado por las iniciativas y acciones de Herzl hasta su muerte, en julio de 1904.

Así, en 1897 decidió crear un medio de información y propaganda sionista a través del periódico Die Welt, que establece un lazo de unión entre los grupos judíos dispersos de la diáspora. Al mismo tiempo surgió la idea de la organización de un Congreso Mundial Sionista que se reunió en agosto de 1897 en Basilea, al que asistieron doscientos delegados de países de toda Europa, América del Norte y África del Norte. El congreso elaboró un texto que puede considerarse como el documento fundador del movimiento sionista, y que decía:

"El sionismo quiere obtener, para el pueblo judío, la creación de un hogar reconocido y garantizado por el derecho público en Palestina. Con este fin, el Congreso considera el empleo de los siguientes medios:

1) El estímulo hacia la colonización de Palestina por medio de los agricultores, los artesanos y los trabajadores judíos.

2) La unificación y la organización de todos los judíos en asociaciones locales y generales, en conformidad con las leyes de los diferentes países.

3) El reforzamiento de la identidad y de la conciencia nacionales judías.

4) Las gestiones para obtener de los gobiernos el acuerdo que será necesario para permitir la realización de los fines del sionismo."

En el Congreso de Basilea se creó la Organización Sionista Mundial, que agrupaba a todas las instituciones que en Palestina o en la diáspora apoyaban la creación del Estado judío y que unían al conjunto del pueblo judío para realizar el programa del Congreso, siendo el órgano supremo del movimiento sionista. Tenia su sede en Viena y estuvo presidido por T. Herzl hasta su muerte. Die Welt se transformó en el órgano oficial del sionismo.

Esta organización celebró otros Congresos en los años sucesivos: en 1898 y 1899, en Viena, el segundo y tercero; en 1900 el cuarto en Londres, y el quinto en 1901 también en Viena, que organizó la Banca Nacional Judía y el Fondo Nacional Judío, y adoptó el principio del rescate sistemático de la tierra en Palestina con la creación del "Keren Kayemeth". El Fondo Nacional Judío se dedicó a comprar tierras en Palestina y dejarlas aptas para el cultivo. Hoy en día se dedica principalmente al desarrollo de infraestructuras para nuevos asentamientos y continúa con sus actividades de forestación y mantenimiento de bosques.

Al mismo tiempo que crecía con rapidez el movimiento sionista Herzl desplegó una intensa actividad diplomática entablando negociaciones con los dirigentes de las potencias mundiales (Turquía, Alemania, Rusia, Italia y el Vaticano) con el fin de obtener el anhelado territorio que permitiera la construcción del Estado judío. Con Gran Bretaña las negociaciones fueron más lejos y llegaron a proposiciones concretas ofreciendo a los sionistas en 1902-1903 su posible establecimiento en territorios de Sinaí, Chipre o Uganda.

En 1903 se celebró el sexto Congreso, donde se discutió el ofrecimiento hecho por el gobierno británico de un territorio en Uganda para el asentamiento judío, que tras discusiones y enfrentamientos en su seno fue rechazado por la mayoría de los sionistas, especialmente los euro-orientales, defensores del "no hay sionismo sin Sión".

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El movimiento sionista es una realidad viva y fuerte en 1904, aunque con ocasión del sexto Congreso se habían manifestado las diferencias existentes en el seno de la Organización, ya latentes con anterioridad, que provocaron disensiones internas y la aparición de diversas tendencias y corrientes dentro del sionismo. En el mismo año, 1904, moría T. Herzl sin que hubiera surgido ningún sucesor que pudiera beneficiarse de su prestigio. Sin embargo, dos nuevos dirigentes se van perfilando como los representantes de dos tendencias distintas: I. Zangwill considerado pro-occidental, y Jaim Weizmann, exponente del judaísmo ruso.

Pero el movimiento sionista superó estas disensiones y todas las tendencias se mostraron de acuerdo en el séptimo Congreso, celebrado en Basilea en 1905, al declararse inquebrantablemente fieles al principio fundamental del programa original sobre el establecimiento en Palestina de un hogar reconocido internacionalmente para el pueblo judío.

A pesar de estas diferencias internas, el sionismo es ya en los años anteriores a la Primera Guerra Mundial la expresión política de un firme nacionalismo judío que disponía de estructuras políticas, de órganos financieros y económicos, y que se dirigía con clara decisión hacia su territorio histórico. En estos años anteriores a la Gran Guerra las actividades sionistas se orientaron en una doble dirección que habrían de desembocar más tarde en la creación del Estado de Israel:

- Por un lado, la colonización paulatina de las tierras de Palestina, con el progresivo asentamiento de inmigrantes judíos, en su mayoría procedentes de Europa Oriental y Central, que van a constituir el armazón social y colectivo del futuro Estado de Israel.

- Y por otro, el reconocimiento internacional con la obtención del derecho al establecimiento de una "patria nacional judía" en Palestina, que le será concedida por el gobierno británico mediante la Declaración Balfour en noviembre de 1917.

ORIENTE MEDIO EN LA I GUERRA MUNDIAL

La Primera Guerra Mundial tuvo consecuencias decisivas para la situación y evolución posterior de Oriente Medio, tanto para el nacionalismo árabe como para el judío. El origen de esta Gran Guerra es principal y casi exclusivamente europeo. Sin embargo, la presencia económica y militar de las grandes potencias en Oriente Medio y la importancia de la región como fuente de aprovisionamiento, y sobre todo como vía de paso, hacían inevitables las consecuencias del conflicto europeo para estos territorios.

En estos momentos existían dos principales centros de actividad nacionalista árabe:

- Por un lado, en el área Líbano-Siria-Irak, los grupos organizados en sociedades secretas antiturcas, algunos de ellos exiliados en París, que buscaban el apoyo de Francia y Gran Bretaña en su acción contra los otomanos, y cuyo nacionalismo era algo confuso e impreciso, sin llegar a definir claramente sus objetivos.

- Y por otro, en la Península Arábiga se habían formado unos reinos árabes de talante guerrero y feudal, teóricamente sometidos a la soberanía turca, pero en la práctica autónomos, personalizados en torno a jefes tradicionales, entre los que destacaban el del Hedjaz gobernado por Hussein, de la familia hachemita, descendiente del Profeta, y del Nejd regido por Ibn Saud, de los wahabitas.

Gran Bretaña, que deseaba favorecer el levantamiento de los árabes contra los turcos para derrotarles y expulsarlos de la región al tiempo que proyectaba imponer su propio dominio sobre la zona por razones tanto políticas como económicas, estableció negociaciones con Hussein del Hedjaz, quién a su vez, entró en tratos con los otros grupos nacionalistas del Creciente Fértil. Hussein aspiraba a transformarse, con la ayuda británica, en el rey de una nación árabe, independiente y unida. La marcha de las negociaciones árabe-británicas y de la formación, no de una, sino de varias naciones árabes con distintos regímenes e instituciones, y bajo la tutela occidental franco-británica, atraviesa varios momentos.

El hachemita Hussein, soberano de los Santos Lugares árabes desde 1908, entró en contacto con los ingleses en El Cairo en 1914, y en octubre Kitchener dirigió a Abdullah, hijo de Hussein, un mensaje prometiéndole la ayuda de Gran Bretaña contra toda agresión exterior y su apoyo en favor de la "nación árabe". Hussein vio así dibujarse su proyecto de creación de un gran reino árabe independiente integrado por todos los territorios árabes hasta entonces bajo la tutela otomana, del que seria el soberano.

Entre julio de 1915 y enero de 1916 el nuevo alto comisario británico Mac Mahon estableció una negociación por medio de las cartas cruzadas con Hussein; la llamada

"correspondencia Hussein-Mac Mahon". Hussein proponía una alianza con un doble objetivo: la rebelión árabe contra los turcos, y su reconocimiento por parte de Gran Bretaña como "rey de los árabes". Inglaterra se vería comprometida después por sus promesas concernientes a la "liberación de los árabes".

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En junio de 1916 se inició la "revuelta árabe" contra los turcos contando con la ayuda británica; entre otros, la del famoso Lawrence de Arabia; y las fuerzas árabes dominaron y controlaron gran parte de la región, desde el Creciente Fértil hasta el sur de Arabia; en noviembre de 1916 Hussein se proclamó "rey de los árabes", aunque siendo reconocido por Gran Bretaña y Francia sólo como "rey de la región del Hedjaz", en enero de 1917.

Desde comienzos de 1917 Gran Bretaña revela los verdaderos objetivos de su política en Oriente Medio, contando con la colaboración de Francia: el dominio sobre Palestina y Mesopotamia con el fin de asegurar, por un lado, el control de los Santos Lugares y la cooperación del sionismo internacional, y por otro, el dominio de los campos petrolíferos de Irak, a los que un informe de M. Sykes, de junio de 1916, señalaba ya como "esenciales para el poderío marítimo, aéreo e industrial de Gran Bretaña". Al mismo tiempo se eliminaban todos los obstáculos sobre la famosa "ruta de las Indias".

Gran Bretaña y Francia mantuvieron negociaciones sobre sus respectivos intereses y compromisos en la región que llevaron en mayo de 1916 a los acuerdos Sykes-Picot, por la que los países árabes quedaban divididos en zonas de influencia británica y francesa, que configuraban los futuros Mandatos.

La ambiciosa estrategia británica suponía la indispensable cooperación de los árabes, comenzando por Hussein, cuyos intereses estarán en lo sucesivo ligados a los de Gran Bretaña. La coalición anglo-árabe obligó rápidamente a los turcos a evacuar Palestina y Siria. Las tropas árabes continuaron la lucha ocupando Damasco en octubre de 1918, llevando a la cabeza al emir Feysal, hijo y representante personal del rey Hussein. El Hedjaz fue considerado estado beligerante, participando en la firma de los tratados de paz de París en 1919-1920.

Pero los acuerdos Sykes-Picot entraban en contradicción con las promesas hechas a las aspiraciones nacionales árabes, y afectaban también a la Declaración Balfour que es el compromiso al que llegaron Gran Bretaña y los sionistas para crear un hogar judío en Palestina.

Lo grave y contradictorio de este compromiso es que chocaba frontalmente con las promesas hechas casi de forma paralela al nacionalismo árabe y con las esperanzas de amplios sectores del pueblo árabe que consideraban Palestina como territorio propio que habría de integrar la futura gran nación árabe, unida e independiente. De esta forma, nacionalismo árabe y nacionalismo sionista estaban destinados a enfrentarse en Palestina que, por el momento, quedaba bajo control y administración británicos como Mandato.

En el proceso de elaboración de la Declaración Balfour pueden señalarse los siguientes factores: dos figuras políticas que representan, entre otras, a las fuerzas actuantes, las negociaciones y, por último, la propia Declaración.

Las personalidades y las fuerzas actuantes son Jaim Weizmann, de la Comisión Sionista de Londres, en nombre del sionismo, y Arthur James Balfour, que representa al gobierno británico y a los intereses y las razones de Gran Bretaña.

Jaim Weizmann, nació en Bielorrusia, en el seno de una familia burguesa; realizó estudios de Ciencias, concretamente Química, tanto en Alemania como en Suiza, donde se doctoró, llegando a ser profesor en las Universidades de Ginebra y de Manchester tras emigrar a Inglaterra en 1901. Sus inquietudes sionistas comenzaron a manifestarse en su juventud, se incrementaron durante sus estudios en Berna, culminando durante su estancia en Inglaterra; había asistido a todos los Congresos sionistas desde 1898, y destacó desde el sexto Congreso en 1903, cuando se opuso decididamente a Herzl ante su propuesta sobre la colonización judía de Uganda. En Inglaterra, Weizmann, dotado además de una personalidad poderosa y convincente, se dedicó con intensidad a una doble tarea: la carrera científica en la que investigó sobre la síntesis de la acetona, lo que le permitió colaborar con el gobierno británico en su esfuerzo de guerra, y las actividades en la Comisión Sionista de Londres, asociado con Sokolov, secretario general de la Organización Sionista, en las que fue el principal artífice de la Declaración Balfour, tras una larga serie de conversaciones y negociaciones. En 1920 fue elegido presidente de la Organización Sionista Mundial, hasta 1931; en 1934 fundó en Palestina un Instituto de investigación científica, al que se consagró, hasta que en 1949 fue elegido primer presidente del recién creado Estado de Israel. Murió en 1952.

A.J. Balfour era escocés y vivió entre 1848 y 1930, iniciando desde joven, por tradición familiar, una brillante carrera política dentro del Partido Conservador, llegando a ser primer ministro de 1902 a 1905. En 1916 fue nombrado secretario del Foreign Office en el gobierno de Lloyd George, encargándose de este asunto, cuya declaración ha quedado unida a su nombre.

En el doble marco, por un lado, de la guerra mundial; y por ello de la agitada situación internacional; y por otro de las especiales razones de cada una de las fuerzas implicadas, las negociaciones formales entre el gobierno británico y la Comisión Sionista de Londres, que se habían iniciado algún tiempo antes, llevaron a la Declaración al irse intensificando durante todo el año 1917: en julio Balfour recibió a lord Rothschild y a Weizmann y les invitó a que le propusieran un texto de declaración que pudiera someter a su gobierno, poniéndose desde ese momento los sionistas de Londres a preparar un proyecto y llegando así a su fase final la negociación sionista. Una semana después, Rothschild presentó el proyecto.

Dicho proyecto fue sometido al gobierno de guerra, presidido por Lloyd George, en septiembre, y se hicieron consultas al gobierno norteamericano, al mismo tiempo que Weizmann activaba las gestiones ante el primer ministro británico. En octubre fue de nuevo presentado al gobierno en su redacción definitiva: Lloyd George y Balfour, de acuerdo con los sionistas Herzl, Weizmann, Solokov y Rothschild consiguieron que el gobierno de guerra lo aprobara a finales de octubre sin oposición. La Declaración quedaba así dispuesta para su inmediata publicación.

El 2 de noviembre de 1917 el ministro Balfour, en nombre del gobierno británico, dirigió una carta a lord Rothschild, que constituye la Declaración. Al mismo tiempo, el ejército británico iniciaba una ofensiva general en Palestina. De esta manera, Gran Bretaña hacia saber a los judíos de todo el mundo, contando con la aprobación y la adhesión de los aliados, como Francia y Estados Unidos, que las promesas de los políticos estaban apoyadas por la fuerza de las armas. Y ambas se orientaban en favor de la creación del Estado de Israel.

El texto de la Declaración Balfour es el siguiente:

" Foreign Office

2 de noviembre de 1917

Estimado lord Rothschild:

Tengo gran placer en enviarle, en nombre del gobierno de Su Majestad, la siguiente declaración de simpatía con las aspiraciones sionistas judías, que ha sido sometida al gabinete y aprobada por el.

El gobierno de Su Majestad considera favorablemente el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío, y se esforzará todo lo que sea posible para facilitar la consecución de este objetivo, quedando claramente entendido que no se hará nada que pueda perjudicar los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías existentes en Palestina, o los derechos y el estatuto político de que gozan los judíos en cualquier otro país.

Le agradecería que pusiera esta comunicación en conocimiento de la Federación Sionista.

Sinceramente suyo,

Arthur James Balfour".

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Esta Declaración prejuzgaba unilateralmente el futuro estatuto de Palestina y estaba en contradicción con los compromisos morales y diplomáticos adquiridos por Gran Bretaña con los árabes, especialmente en la persona del rey Hussein, y que se manifestó con toda su crudeza al término de la Primera Guerra Mundial. Su revelación en 1919

provocó la indignación de los árabes, dando así inicio a una nueva y dramática fase en la historia de Oriente Medio.

BAJO DOMINIO BRITÁNICO (1920-1948)

Se produjo entonces un choque entre dos fuerzas:

Por un lado, el del nacionalismo árabe, partidario de la independencia inmediata: en 1919 el Partido de la Independencia Árabe, fundado al final del conflicto por la organización Al-Fatah, reunió en Damasco un Congreso Nacional Sirio, y en 1920

proclamó la independencia del país y su unidad que comprendía los territorios de Siria, Líbano y Palestina, como monarquía constitucional, con Feysal, hijo de Hussein, como rey; Irak, por su parte, se proclamó igualmente reino, con Abdullah como soberano.

Por otro lado, Gran Bretaña y Francia, en la línea de los tratados Sykes-Picot, llegaron a un acuerdo final tras las Conferencias de Londres y San Remo en 1920, para el definitivo reparto de zonas de influencia en la región y el establecimiento de los Mandatos; situación que fue recogida por el tratado de Sevres entre Turquía y los aliados en agosto de 1920, y asumida por la Sociedad de Naciones.

Estas dos fuerzas se enfrentaron entre sí, en efecto, tras la eliminación de los turcos.

Feysal fue considerado por algunos sectores árabes como un libertador, logrando acomodarse a las tesis nacionalistas y hacerse proclamar rey por el Congreso sirio en marzo de 1920. El poder de Feysal implicaba la plena soberanía árabe sobre Siria, Líbano, Palestina y Transjordania, lo que era incompatible con los objetivos anglo-franceses en la región.

Así, tras la capitulación de Turquía en octubre de 1918, franceses e ingleses buscaron consolidar sus respectivas posiciones en Siria y Palestina. Confirmando las grandes líneas de los acuerdos Sykes-Picot, la Conferencia de San Remo confió a Gran Bretaña un Mandato sobre Palestina y Mesopotamia, y a Francia uno sobre Siria. El Mandato francés debía ocasionar inmediatamente la desposesión de Feysal. Tras una serie de transacciones infructuosas Feysal terminó por ceder al ultimátum del alto comisionado francés. Los franceses ocuparon Damasco en julio, y Feysal tuvo que abandonar el país; su fracaso fue sentido por los árabes como una profunda humillación. Los que habían abrigado la esperanza de acceder a la independencia por mediación de Feysal y de los ingleses se encontraron enfrentados ante la dura realidad de un poder extranjero resuelto a eliminar por la fuerza todo intento de resistencia política o militar.

Resultado de toda esta complicada situación, de las negociaciones y de los acuerdos y del predominio de los intereses aliados, fue el establecimiento del sistema de Mandatos.

El Mandato fue instituido y regulado por el artículo 22 del Tratado de Versalles en su parte I, que corresponde al Pacto de la Sociedad de Naciones, votado en febrero de 1919. Se aplicó a "las colonias y territorios que a consecuencia de la guerra hayan dejado de estar bajo soberanía de los Estados que los gobernaban anteriormente y que están habitados por pueblos aún no capacitados para dirigirse por si mismos en las condiciones particularmente difíciles del mundo moderno"; y la naturaleza y el carácter del Mandato difiere según las características del territorio sobre el que se establezca, debiendo tenerse en cuenta "el grado de desenvolvimiento del pueblo, la situación geográfica del territorio, sus condiciones económicas y demás circunstancias análogas".

La tutela de estos pueblos dependientes, y por tanto el encargo de administrar el Mandato, fue confiado "a las naciones más adelantadas que por razón de sus recursos, de su experiencia o de su posición geográfica se hallen en mejores condiciones de asumir esa responsabilidad y consientan en aceptarla. Están naciones ejercerán la tutela en calidad de mandatarios y en nombre de la Sociedad".

Tras el Tratado de Versalles, un año más tarde, en mayo de 1920, la Conferencia de San Remo legalizó los arreglos y repartos territoriales, previamente acordados entre Francia y Gran Bretaña, en detrimento de los árabes. Y por el tratado de Sevres, de agosto del mismo año, Turquía perdía los países árabes sobre los que la Sociedad de Naciones establecía los Mandatos ya acordados por los aliados.

Estos Mandatos, llamados "A" u "orientales", fueron:

-Siria quedó como Mandato francés.

-Líbano, separado de la Gran Siria, también fue Mandato francés.

-Irak, organizado como monarquía con Feysal de soberano, fue Mandato británico.

-Palestina fue desgajada de la Gran Siria y mantenida como Mandato británico, en confirmación de los compromisos de la Declaración Balfour.

-Transjordania fue a su vez separada artificialmente y organizada como Mandato británico.

Con excepción de los medios cristianos favorables a la presencia francesa en Siria y Líbano, y de los medios sionistas, que esperaban extender su presencia en Palestina, la mayoría de los árabes manifestaron su total oposición al sistema de Mandatos. Estos árabes constataron que:

-No habían sido liberados de la tutela otomana más que para ser sometidos a una nueva tutela extranjera franco-británica.

-Ninguna de las promesas hechas a los árabes había sido realmente cumplida.

-El sistema de Mandatos era de hecho sinónimo de régimen de colonialismo.

-Estaba presente la amenaza que suponía el compromiso británico con los sionistas.

Así de la nación árabe proyectada, independiente y unida se había pasado a la realidad de la configuración de diversas naciones árabes separadas y heterogéneas, cuando no recelosas entre si.

La división del mundo árabe quedaba así consumada. Los árabes consideraron esta situación como una traición a las promesas que se les habían hecho y por las cuales habían prestado su apoyo a los aliados, extendiéndose entre ellos un inmenso sentimiento de frustración y cólera que iba a evidenciarse en las encarnizadas luchas posteriores por la independencia y la unidad, y que ha marcado hasta nuestros días al nacionalismo árabe.

Encabezado por un alto comisario, nombrado por el gobierno inglés, Palestina quedó dividida en seis distritos administrativos: Acre, Galilea, Gaza, Haifa, Lydda y Samaria.

Gran Bretaña estableció el Emirato Árabe de Transjordania (hoy Jordania), en tres cuartas partes del territorio incluido en el Mandato en beneficio de Abdullah, hermano de Feisal. Prohibió a los judíos establecerse allí, dejando solamente la parte occidental del río Jordán para el desarrollo de un hogar nacional judío manteniendo una actitud ambigua, con periodos de favor y otros de obstáculo, de acuerdo con los intereses petrolíferos, que comenzaban a ser dominantes.

Así comenzó una inmigración masiva. Unas 35.000 personas llegaron entre 1919 y 1923, principalmente de Rusia; tuvieron una gran influencia sobre el carácter y organización de la comunidad en los años venideros. Esos pioneros sentaron las bases de una comprensiva infraestructura social y económica, desarrollaron la agricultura, establecieron kibbutz y moshav, y proporcionaron la fuerza laboral para la construcción de viviendas y caminos.

En este periodo se produjeron enfrentamientos periódicos entre árabes y judíos. Como el 1 de Mayo de 1921, en el que árabes armados asesinaron a 27 personas e hirieron a 150 más, en el Hogar de Inmigrantes de Jafa. Estos disturbios continuaron más días y contó con la participación de la policía árabe, la cual no fue castigada. Los árabes insistieron en la derogación de la Declaración Balfour y su violencia contra los judíos era el medio de expresar su desacuerdo con la política británica.

La siguiente oleada inmigratoria se produjo entre 1924 y 1932, de alrededor de 60.000

personas, principalmente de Polonia, contribuyó al desarrollo y enriquecimiento de la vida urbana. Esos inmigrantes se instalaron principalmente en Tel-Aviv, Haifa y Jerusalén, donde establecieron pequeños comercios, empresas de construcción y de industria liviana.

En el año 1929 llegaron los incidentes y matanzas. El pretexto para que se produjeran tales estallidos de violencia fue la situación del Muro de las Lamentaciones. Los árabes alegaron que el lugar sagrado donde durante siglos se reunieron los judíos para orar, era también un lugar sagrado para ellos; ya que desde allí había partido el caballo del profeta Mahoma, al cielo.

Así comenzó una campaña para limitar los derechos de los judíos a asistir allí. Así en agosto, después de las oraciones en la Mezquita de Omar y exaltados por sermones, la multitud armada con estacas de clavos, irrumpieron en las casas judías y en las calles de la ciudad vieja de Jerusalén y asesinaron a peatones. La policía británica poco numerosa se mostró pasiva por falta de instrucciones. Poco después los ataques se extendieron por todos los barrios de Jerusalén. En Hebrón, donde la comunidad de judíos de edad avanzada confiada en las buenas relaciones de vecindad con los árabes, se había negado a aceptar un destacamento de la Haganah (organización militar secreta creada en Tel-Aviv en 1920 por Weizmann, Ben Zvi y Ben Gurión, para defenderse de las escaramuzas árabes y para negociar con los ingleses); fue masacrada. Murieron 59

personas y el resto de la población tuvo que ser evacuada. Un asesinato en masa similar tuvo lugar en Safed algunos días más tarde. En todo el país, las comunidades judías fueron atacadas por sus vecinos árabes. Algunos poblados fueron ocupados y destruidos; otros tuvieron que ser evacuados por orden de las autoridades británicas. Por añadidura, las perspectivas de un posible botín ocupó un lugar importantisimo en la violencia masiva que se produjo.

Los desordenes de 1929 causaron la muerte a 133 judíos, de los 150.000 que había en el país por aquella época, y, asimismo un número parecido de árabes.

Las "fuerzas" árabes eran principalmente masa fanática y grupos organizados localmente, equipados con armas cortas de fuego. Por parte judía, estaba la Haganah con algunos centenares de miembros esparcidos por todo el país, armados con pistolas, algunos fusiles y unas cuantas metralletas. Cuando llegó un batallón de tropas británicas para ayudar a la policía palestina, se consiguió reprimir los desordenes sin ninguna dificultad.

Estos enfrentamientos, acompañadas de agitación periodística, que llegaron a hacerse extremadamente violentas, no impidieron, sin embargo y a pesar de las protestas árabes e impedimentos ingleses, a que la inmigración continuara. La siguiente comenzó en 1930 y creció en 1933 a raíz de la subida de Hitler al poder. Comprendió cerca de 165.000 personas en su mayoría provenientes de Alemania. Los recién llegados, muchos de los cuales eran profesionales y académicos, constituyeron el primer influjo en gran escala de la Europa Occidental y Central. Su educación, capacidades y experiencia elevó los niveles en el comercio, mejoró el bienestar urbano y rural y amplió la vida cultural de la comunidad.

A primeros de 1936, la Agencia Judía solicitó de los ingleses varios millares de visados de entrada que necesitaban los judíos alemanes, cada día más inquietos. Bajo la violenta presión de los árabes, los ingleses les concedieron menos de mil.

También fue descubierto en el puerto de Haifa, un cargamento de armas de contrabando introducidas en el país por la Haganah, esto aumentó la desconfianza y preocupación árabe hacia los judíos y aumentó el pensamiento de que éstos pretendían hacerse con el dominio total de Palestina. Los ataques recomenzaron en abril cuando cierto número de vehículos al pasar por Nablus, fueron detenidos por árabes armados y los judíos obligados a bajarse. Dos de ellos fueron asesinados y los funerales celebrados en Tel-Aviv se convirtieron en una violenta manifestación y algunos árabes fueron apaleados.

Tres días más tarde fueron asesinados 9 judíos en Jafa cuando se dirigían al trabajo.

Muy pronto los conflictos se extendieron por todo el país y estalló una huelga general ordenada por el Alto Comité Árabe, formado por el Mufti Hadj Amin Husseini, (culpable de todos los disturbios anteriores), y presidido por el mismo.

Como de costumbre, el mayor número de víctimas lo proporcionaron los judíos ortodoxos, ancianos e indefensos, de las ciudades santas. A medida que los incidentes se fueron extendiendo, zonas enteras del país cayeron bajo control árabe (triángulo Nablus, Jenin, Tulkarm y la zona de Hebrón).

En cuanto el Mufti tuvo a Palestina cogida por el cuello, siguió adelante y puso en marcha la segunda fase de su plan, publicando un llamamiento redactado en términos de exaltado fanatismo y dirigido a los árabes de todas las naciones "que se uniesen a la lucha común para liberar Palestina de las garras del imperialismo británico y del sionismo".

Fuera de Palestina, la llamada del Mufti obtuvo una contestación. Un oficial del ejército iraquí llamado Fawzi El Kaukji, vio en la revuelta de Palestina la ocasión tanto tiempo esperada para ganar fortuna y poder, convirtiéndose en el brazo militar del Mufti. Llegó con un puñado de sirios, iraquíes y drusos de los países vecinos; fueron los primeros árabes no palestinos que lucharon organizadamente en Palestina. Para combatir esta fuerza, los ingleses aumentaron sus contingentes militares a tres y, más tarde, a seis brigadas, (dos divisiones). Las contadas escaramuzas que ocurrieron arrojaron un saldo de derrotas y muchas pérdidas humanas para El Kaukji, pero esto no disminuyó en nada su prestigio. El Kaukji y las cuadrillas del Mufti no tardaron en tener al país aterrorizado. La comunidad árabe estaba indefensa, los ingleses se mostraban ineptos y poco dispuestos para la lucha y los judíos sólo luchaban cuando se trataba de defenderse.

Más tarde los judíos reaccionaron y se encerraron en una concha defensiva, construyendo más de cincuenta fuertes de hormigón armado que rodeaban toda Palestina y dotándolos de una fuerza de policía. Cada uno de aquellos fuertes ofrecía albergue para un número de soldados que oscilaba desde unos pocos centenares hasta varios miles y había de dominar el sector que lo rodeaba. Los ideó un hombre llamado Sir Charles Tegart. El muro Tegart (así llamado), disminuyó las infiltraciones árabes.

En octubre de 1936, terminó la huelga general. La Comisión Real Palestina, más conocida como Comisión Peel, estaba a punto de llegar al país, y se declaró una tregua no oficial entre los rebeldes árabes y las autoridades británicas.

El Kaukji se trasladó a la ribera oriental del río Jordán, desde donde, a instancias del emir Abdullah, regresó a Irak. Desde abril a octubre de 1936 habían muerto ochenta judíos, asesinados por terroristas árabes, aparte de 396 heridos. Habían tenido lugar ataques y asaltos a propiedades judías. Se habían arrancado o incendiado arboles y cultivos. Ataques contra trenes y autobuses, contra la policía y los militares británicos y habían estallado más de mil bombas. Esto no era una larga serie de matanzas y desordenes. Aunque débilmente organizada e indiferentemente planeada y ayudada, se trataba de una rebelión general contra el gobierno británico, o, al menos, contra la política inglesa, cuyos objetivos o, más bien, víctimas eran la población judía y las autoridades británicas.

Por parte árabe, el emir Abdullah disfrutaba con un plan que iba a concederle un reino en ambos lados del río Jordán y proyectó una entrada triunfal en Nablus, capital propuesta para el futuro estado árabe. Sin embargo, los extremistas, dirigidos por el Mufti, consideraban la partición como un golpe bajo a sus aspiraciones. Insistían en que se detuviera la inmigración y la venta de terrenos, así como en el establecimiento de instituciones representativas con una mayoría árabe. Un estado judío, de espaldas al mar y abierto a una inmigración ilimitada, podría ser un buen trampolín para una más amplia expansión. Además, la posición personal del Mufti se hallaba en peligro como resultado del papel fundamental de su gran rival el emir Abdullah. A principios de septiembre de 1937, el Mufti presidió una reunión panárabe por Palestina, en Bludan, cerca de Damasco, en la cual se fijaron las normas políticas que se seguirían para la futura lucha.

Entretanto, los árabes se volvieron tan osados que ni los ingleses pudieron seguir ignorando el terror que imponían. Asesinaron a Louis Andrews, comisionado británico de distrito en Galilea, cuando este se dirigía a la iglesia. Jamás anteriormente había sido asesinado en Palestina un funcionario británico de tan elevada jerarquía. Por lo cual este hecho fue considerado como un ultrajante desafío al gobierno mandatario. Por fin los ingleses reaccionaron, disolviendo el Alto Comité Árabe y dictando orden de detención contra el Mufti y exiliando a cinco de sus miembros a las Islas Seychelles.

El Mufti huyó delante de la policía inglesa y se refugió en la Mezquita de Omar, el santuario más sagrado de los musulmanes en Palestina. Los ingleses no se atrevieron a penetrar en la mezquita por temor a promover un levantamiento "santo" en todo el mundo musulmán. Después de pasar una semana escondido, el Mufti se disfrazó de mujer y huyó a Jafa desde donde un bote le llevó al Líbano. Allí, ligeramente restringido por las disposiciones de las autoridades francesas, instigó el alzamiento.

La rebelión en su momento más importante en octubre de 1938, sus miembros llegaban a los 15.000, compuestos principalmente por campesinos y cuyos jefes eran ladrones y criminales en algunos casos y en otros fanáticos religiosos que se repartieron el país entre si. A diferencia de 1936, cuando El Kaukji había sido nombrado Comandante Supremo, no se estableció ningún mando unificado. Cada grupo se hallaba ligado de alguna manera con la comisión política con sede en Damasco y obedecían sus órdenes en la medida en que desde allí se les enviaban fondos, armas y municiones.

La Haganah había aprovechado la tregua para reforzarse y engrosar sus filas. En 1938, disponía de unos 21.000 miembros. Pudo reunificarse con el núcleo del grupo Irgún Zevai Leummi, la Organización Militar Nacional, que se había disuelto en 1931.

Los enfrentamientos no tardaron en producirse, sin embargo los asentamientos en los territorios asignados al estado judío en la Comisión Peel continuaron.

El 9 de noviembre de 1938, el gobierno británico anunció una declaración en la que se decía que la partición estaba muerta y enterrada a la vez que convocaba en Londres una conferencia en mesa redonda con la participación de árabes de Palestina y de países vecinos, así como representantes de la Agencia Judía para Palestina. Es una ironía realmente trágica que la fecha coincidiera con la "Noche de los cristales rotos", la matanza antijudía en la Alemania nazi. Unos pocos días después se negó el visado de entrada en Palestina a 10.000 niños judíos procedentes de Alemania.

Esta conferencia se celebró en febrero de 1939 y los árabes se negaron a sentarse con los representantes judíos. No hubo acuerdo alguno.

Tras el fracaso de la conferencia, el gobierno británico vio el camino libre para publicar, el 17 de mayo de 1939, el Libro Blanco McDonald que, en efecto, anulaba la Declaración Balfour. Decretaba drásticas limitaciones en las ventas de terrenos en Palestina y la restricción de la inmigración judía a 15.000 personas por año y para los siguientes 5 años, al final de cuyo periodo Palestina se convertiría en estado independiente, con su permanente mayoría árabe reflejada en las instituciones gubernamentales.

El Libro Blanco señalaba el fin de lo que pudiera llamarse sociedad de 20 años entre el Movimiento Sionista y Gran Bretaña.

La Segunda Guerra Mundial que comenzó pocos meses más tarde, y que duraría 6

violentos años en Europa, Asia y África, representó un periodo de inquieta tregua entre los judíos y árabes de Palestina.

Los árabes se mostraban políticamente pacíficos, confiando en que la política del Libro Blanco expuesta por los británicos continuaría siendo su norma durante la guerra y particularmente después de ella, cuando se llevaran a cabo más convenios a largo plazo.

La Agencia Judía, por otra parte, se mostraba amargamente frustrada por el Libro Blanco, aunque su jefe David Ben Gurión había declarado: "Lucharemos contra Hitler como si no existiera el Libro Blanco, y lucharemos contra el Libro Blanco como si no existiera ninguna guerra contra Hitler".

En el interior de Alemania, la situación de los judíos era más que desesperada, las organizaciones sionistas estaban al borde del colapso, pues hasta los judíos alemanes más complacientes eran presa del pánico y no pensaban sino en salir del país.

Ben Gurión encareció a los judíos que se enrolasen en el ejército británico a fin de combatir contra el enemigo común. Unos 32.000 jóvenes judíos, hombres y mujeres de Palestina, se presentaron voluntariamente para prestar servicio en las Fuerzas Armadas británicas.

Y aunque no fue culpa suya, sino más bien decisión política de los británicos, sólo una fracción de ellos llegó a prestar servicios en unidades de combate, adquiriendo así valiosa experiencia en muchas facetas de la organización, logística y servicios de un ejército moderno.

Algunos, sobre todos los soldados pertenecientes a la Brigada Judía que por fin se creó en 1944, adquirieron cierta experiencia de combate hacia el final de la guerra, y en el norte de Italia, otros fueron pilotos de la R.A.F. o sirvieron en la "Royal Navy".

En aquella época se creó el Palmach (tropas de comando de la Haganah), con ayuda del ejército británico, para la defensa de los judíos. Algunos de sus miembros sirvieron como guías a las tropas australianas que tomaron Siria desde la Francia de Vichy, en 1942. Este fue el caso de Moshe Dayan.

El final de la guerra reveló, por primera vez, toda la extensión del Holocausto que abrumó a los judíos de Europa; el tremendo horror que había tenido como resultado la muerte de 6.000.000 de judíos.

La evidencia de que parte de tal Holocausto habría podido evitarse si Palestina hubiera sido asilo o puerto de abrigo; la accesión al poder en Inglaterra del Partido Laborista que, en la oposición, había declarado repetidamente su simpatía hacia las aspiraciones sionistas y su rechazo al Documento Blanco; la contribución judía y palestina al esfuerzo de la guerra; todo ello proporcionaba, sin duda, buenas esperanzas de que el Documento Blanco se suprimiría y de que los míseros restos del Holocausto podrían viajar a Palestina. Dichas esperanzas muy pronto quedarían frustradas. Con Ernest Bevin en el Foreign Office, como Ministro de Asuntos Exteriores, el gobierno británico prosiguió la política del Documento Blanco.

Por otra parte, dado que muchas comunidades judías europeas habían sido suprimidas, por el sencillo proceso de eliminación, los judíos y otras personalidades de los Estados Unidos se habían convertido de pronto en los dirigentes del movimiento sionista mundial.

Con el auge de los americanos, los ingleses propusieron que se realizase una investigación conjunta angloamericana acerca de la situación en Palestina. El comité conjunto procedió a otro examen exhaustivo de los árabes y judíos. Sus componentes visitaron los campos de deportados de Europa. Y llegaron a la única conclusión humana posible: "Hay que dar entrada inmediata en Palestina a 100.000 judíos". Los ingleses se echaron atrás.

La Agencia Judía no vio más salida que luchar amargamente contra esta política y por supuesto contra el propio gobierno británico. La inmigración ilegal clandestina, creación de nuevas colonias, saqueos y ataques por parte del Haganah y del Palmach contra objetivos británicos (siempre que fuera posible evitando la pérdida de vidas humanas).

Finalmente, el ministro británico de Exteriores Bevin, estalló en una soflama antijudía y proclamó que la inmigración legal quedaba interrumpida definitivamente. La respuesta se la dieron los grupos clandestinos "Irgún" y "Stern".

Los británicos tenían el cuartel general en el ala derecha del hotel Rey David de Jerusalén. Este hotel estaba en la ciudad nueva; su parte posterior y sus jardines miraban a la muralla de la ciudad vieja. Una docena de "irgunistas", vestidos de árabes, introdujeron varias docenas de enormes bidones de leche en los sótanos del hotel y los colocaron debajo del ala derecha, debajo del cuartel general inglés. Aquellos bidones estaban llenos de dinamita. Los "irgunistas" colocaron los aparatos de relojería, despejaron el sector y telefonearon a los ingleses advirtiéndoles que abandonasen el edificio. Los ingleses se burlaron de tal posibilidad. ¡No se atreverían a atacar el cuartel general británico!.

A los pocos minutos se produjo una explosión que se oyó por todo lo ancho de Palestina. El ala derecha del hotel Rey David, simplemente desapareció.

En el Instituto de Relaciones Internacionales de Londres, sabían que el Mandato de Palestina se encontraba en un atolladero. Era preciso formular una política de nuevo cuño. Durante 37 años se habían celebrado un centenar de conferencias con los sionistas y con los árabes y creían firmemente que los intereses británicos exigían una política favorable a los árabes. De vez en cuando habían logrado encubrir los chantajes y amenazas de estos. Pero ahora era imposible; los árabes habían perdido la cabeza por completo. Las conferencias que tenían lugar durante aquellos días en Londres iban a terminar en un fracaso.

Releyeron los informes sobre la creciente ola de terrorismo que sacudía Tierra Santa desde un extremo a otro:

"Resulta evidente que desde su exilio de El Cairo, el Mufti dirige el Alto Comité Árabe de Palestina. El no haber querido procesar al Mufti como criminal de guerra por su apoyo a Hitler, por temor a los disturbios de carácter religioso, se ha convertido en una fuente de sinsabores. La actitud de los árabes ha llegado a extremos injustificables. Se niegan a sentarse a la misma mesa que los judíos, a menos que se acepten de antemano las condiciones previas que quieren imponer".

"Una y otra vez hemos requerido a la Agencia Judía y a la comunidad judía para que ayudasen a las autoridades británicas en la tarea de aplastar a la cuadrilla de bandidos que actúan bajo el nombre de "Irgún" y "Stern". Mientras que la Agencia Judía proclama que no tienen autoridad ninguna sobre esos elementos y condena públicamente sus acciones, se sabe que un gran sector del pueblo judío aprueba en secreto sus delictivas hazañas. En este aspecto, no hemos conseguido ni la menor cooperación. Las actividades de los terroristas han llegado a tal punto, que estimamos necesario evacuar de Palestina todo el personal británico cuya presencia no sea absolutamente necesaria y las familias de dicho personal".

"Además de los destructores ataques de los facinerosos contra la refinería de Haifa, a consecuencia de los cuales quedó interrumpida la producción por espacio de dos semanas, y la incursión en el aeródromo de Lydda, en la que destruyeron una escuadrilla de aviones de caza, ha habido diez emboscadas de mayor consideración en las carreteras y quince asaltos contra instalaciones inglesas. Cada vez recogemos más pruebas de que en el Haganah y en su brazo ejecutivo, el Palmach, cunde la desazón y hasta es posible que hayan participado en algunos ataques más recientes".

"En los meses pasados hemos desencadenado operaciones a fin de tener a los judíos bajo una presión constante. Estas operaciones tenían por objeto principal proporcionar una cortina de humo continuada enmascarando los riesgos y los acordonamientos en busca de armas y de inmigrantes ilegales, así como los contraataques lanzados en aquellos lugares donde se habían producido asaltos contra nuestras fuerzas. El éxito no ha sido excesivo a causa de la organización perfecta existente entre los judíos y la cooperación incondicional de todos y cada uno de ellos en la Agencia Judía. Tiestos de flores, archivos, estufas, refrigeradores, falsas patas de mesa y otro millar de cosas les sirven para esconder armas, haciendo así imposible el despojarles de ellas. Por lo demás, las mujeres y los niños se prestan gustosos a trasladarlas de una parte a otra.

Nuestros esfuerzos por conseguir informadores entre los mismos judíos han fracasado estrepitosamente. En cambio los judíos no sólo compran informadores árabes, sino que reciben avisos e informaciones de elementos del mando británico que simpatizan con ellos. Los judíos fabrican armas de características improvisadas y los fusiles "Sten", las minas terrestres y las granadas salen de sus manos cada día más perfectos e ingeniosos".

En todos aquellos años, durante todos los disturbios organizados por el Mufti, jamás habían tenido que enfrentarse con una cuadrilla de guerrilleros del temple de los del

"Irgún" y "Stern". Los terroristas judíos luchaban con una convicción aterradora.

Además los barquichuelos que hacían aguas, verdaderas chozas flotantes de la Aliyah Bet (Inmigración Ilegal), llegaban a Palestina burlando el bloqueo inglés y cargados de inmigrantes. Casos famosos fueron los de los barcos "Puerta de Esperanza", "Puertas de Sión", "Moisés", "Tierra Prometida", "Estrella de David" y sobre todo el del "Éxodo".

Aunque muchos conseguían desembarcar en las costas de Palestina, otros eran detenidos y sus ocupantes trasladados a campos de detención en la isla de Chipre o devueltos a sus lugares de origen, los campos de deportados europeos.

El gobierno británico consultó con el comandante militar de Palestina para encontrar una solución definitiva. Este propuso unas medidas radicales: 1- Suspensión de todos los tribunales civiles, quedando el comandante militar facultado para imponer multas, castigos y sentencias de cárcel.

2- Disolver la Agencia Judía, la Sociedad Sionista de Asentamiento y todas las demás organizaciones judías.

3- Suspensión de los periódicos judíos.

4- Rápida y callada eliminación de unos sesenta dirigentes principales de la Agencia Judía. De la puesta en práctica de esta fase, podrían encargarse nuestros confederados árabes.

5- Utilizar sin restricciones la Legión Árabe.

6- Encarcelar a varios dirigentes secundarios de la Agencia Judía.

7- Conceder al comandante militar el derecho de destruir todo kibbutz, moshav o poblado donde se encuentren armas y deportar a todos los inmigrantes ilegales.

8- Imponer multas colectivas a la población judía por cada acción terrorista como presión para que se produzca la cooperación para la captura de los terroristas y ofrecer recompensas por ello.

9- Ejecutar inmediatamente a todo terrorista en el mismo sitio de su captura.

10- Organizar un boicot contra los negocios judíos y cortar las exportaciones e importaciones.

11- Destruir el Haganah y el Palmach mediante ataques a los kibbutz que se sepa alberguen a sus miembros.

Afortunadamente para los judíos este plan fue inmediatamente rechazado por el gobierno inglés por ser una locura propia de Hitler.

Así el 18 de febrero de 1947, cuando el ministro de Exteriores Ernest Bevin se irguió en la tribuna de oradores de la Cámara de los Comunes y anunció con fría resignación:

"Hemos llegado a la conclusión de que la única conducta posible en la actualidad para nosotros es someter el problema de Palestina al juicio de las Naciones Unidas..... y que recomienden una solución".

Bevin estaba, al parecer, convencido de que las Naciones Unidas se apresuraría a devolver a Gran Bretaña una cuestión diplomática tan enconado, dándole plena libertad para imponer una solución favorable a lo que él creía que redundaba en beneficio de los intereses estratégicos de Gran Bretaña.

En Palestina, antes de que llegara la delegación de las Naciones Unidas, el comandante militar inglés decidió dejar impotente a la Agencia Judía antes de que los representantes de Naciones Unidas la visitaran.

Eligió dos oficiales y cuatro soldados por sus acciones antijudías y los hizo traer a su cuartel. Les encargo una misión cuyo riguroso secreto les exigió bajo juramento.

Los seis hombres se disfrazaron de árabes. Un par de ellos iban por la Avenida del Rey Jorge sobre un camión cargado con dos toneladas de dinamita, marchando en dirección al edificio de la Sociedad Sionista de Asentamiento. El camión se paró a poca distancia de la valla de la puerta, encarado directamente hacia la puerta principal del edificio. El chofer vestido de árabe inmovilizó el volante, puso una marcha, saltó del vehículo y desaparecieron. El camión cruzó la calle, atravesó la valla y chocó contra la puerta principal. La explosión fue espantosa. El edificio quedó en ruinas.

En el mismo momento, otro par de hombres en otro camión, intentaba idéntica maniobra contra el edificio de la Agencia Judía. En aquellos instantes se celebraba una reunión y el edificio albergaba a casi todos los dirigentes de la Agencia Judía. El camión salió disparado pero en el último momento chocó contra un bordillo y se desvió lo suficiente para errar el objetivo e ir a volar una casa de vecinos. En la Sociedad Sionista de Asentamiento hubo 100 muertos no así en la Agencia Judía donde no hubo víctimas mortales.

Esta acción en vez de dividir a los judíos, consiguió unirlos. La Haganah y los grupos terroristas Irgún y Stern empezaron a actuar juntos.

En una sola noche, el Haganah destrozó por completo el sistema ferroviario de Palestina. La noche siguiente, el Irgún y Stern irrumpieron en seis embajadas y consulados de diferentes países mediterráneos y destruyeron los archivos utilizados en la lucha contra la Aliyah Bet. El Palmach, destrozó la conducción de petróleo de Mosul en quince puntos.

Una madrugada, un comando del Irgún entro en la casa de la amante del comandante militar británico y lo asesinó.

Desaparecido de escena el general, las actividades terroristas declinaron. La inminencia de la llegada de la Comisión de las Naciones Unidas tendió sobre el país una calma intranquila.

A finales de junio de 1947, la Comisión Especial de las Naciones Unidas para Palestina, conocida por UNESCOP, llegó a Italia. Sus miembros representaban a los países siguientes: Suecia, Holanda, Canadá, Australia, Guatemala, Uruguay, Perú, Checoslovaquia, Yugoslavia, Irán y la India.

Las probabilidades contra los judíos eran muchas. Irán era una nación musulmana. La India tenía mucha población musulmana: su delegado en aquella Comisión era musulmán y representante de la Commonwealth británica. Checoslovaquia y Yugoslavia, miembros del bloque soviético, podían mostrar en su historia una larga tradición antijudía. Los representantes de Sudamérica; Uruguay, Perú y Guatemala; cabia la posibilidad de que se dejaran influenciar. Sólo a Suecia y a Holanda se las podía considerar perfectamente imparciales.

A pesar de todo, los judíos acogieron bien a la UNESCOP. Los árabes se opusieron a la presencia de las Naciones Unidas, declararon la huelga general en el interior de Palestina, organizaron manifestaciones y llenaron el aire de votos y amenazas. Fuera de Palestina, en los países árabes estallaron disturbios y sangrientos pogromos contra los judíos que moraban allí.