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Introducción a los

CARISMAS

Benigno JuanesfS.J.

Nihil Obstat:

Benito Blanco, S. J. Provincial

Santo Domingo, Octubre, 1992

Imprimatur:

Nicolás de Jesús Cardenal López Rodríguez

Arzobispo Metropolitano de Santo Domingo

Tercera edición corregida

Diseño de portada

Glenda de Rosario

Diagramación

Moliy Pichardo

Impresión:

Amigo del Hogar

Renovación Carismática Católica

Reservados lodos los derechos de impresión

INDICE

PRESENTACION

PROLOGO

I.

CONCEPTOS SOBRE LOS CARISMAS

1.

Comentarios a las instrucciones sobre los carismas

2.

Sobre la palabra “carisma” su trayectoria

3.

Falsos conceptos sobre los carismas: Respecto de los carismas mismos

II.

PERSUASIONES SOBRE LOS CARISMAS

1.

Presupuestos a la exposición de los carismas y a su buen uso

2.

Persuaciones respecto de los carismas

3.

Persuaciones básicas

4.

¿Causan problemas los carismas?

III.

ACTITUDES ANTE LOS CARISMAS

1.

Actitudes

2.

El peligrode “reduccionismo”

3.

Una aclaración importante

IV.

QUE ES EL “CARISMA”

1.

El doble elemento que constituye el carisma

2.

Los elementos permanentes y ocasionales del carisma

A.-

Elementos peermamentes en los carismas

B.-

Elementos ocasionales en los carismas

C.-

El contexto religioso

3.

Puntos para recordar

4.

Los carismas requieren la disponibilidad de la persona para ser incorporada por Dios a una obra de El en

bien de la comunidad.

5.

A modo de resumen

6.

La importancia de los carismas en la renovación de la Iglesia

A.

La Iglesia es carismática desde la base

B.

Consecuencias

V.

BREVE DESCRIPCION DEL “CARISMA” A PARTIR DE LA DOCTRINA DE SAN PABLO

1.

Diversos sentidos de la palabra “carisma”

2.

Características del “carisma”

A.

Los carismas son para el crecimiento en la caridad de la comunidad cristiana

B.

I Cor 12, 1-+7: El verdadero carisma manifiesta una intervención del Espíritu

C.

Ef. 4,16 Gal 5,22 El reconocimiento de los carismas

VI.

DEFINICION DE LOS CARISMAS SEGÙN I COR 12,4-11

1.

Tres palabras de contenido diverso y complementario

2.

Los carismas en San Pablo 1 Cor 12,7

VII.

LOS CARISMAS A LA LUZ DE LA PRÁCTICA Y DE LA ENSEÑANZA DE JESUCRISTO Y DE LOS APOSTOLES

1.

Los carismas a la luz de la practica y de la enseñanza de Jesucristo

A.

Jesús, discreto y pródigo favorecedor de carismas

B.

Jesús el supremo manifestador de carismas

2.

Los carismas a la luz de la práctica y de la enseñanza de los apóstoles

VIII. EL CONCILIO VATICANO II Y LOS CARISMAS

1.

Itinerario moderno de la historia de los carismas

A.

El Vaticano I

B.

Pio XII

C.

El Vaticano II

2.

Parte doctrinal: Los carismas a la luz del Vaticano II

A.

El Vaticano II y el Espíritu Santo

B.

Los carismas y el Vaticano II

IX.

FINALIDAD DE LOS CARISMAS

1.

Descripción más detallada

2.

Descripción esquematizada: finalidad de los carias “genéricamente” expresada

A.

Tras la solución de una dificultad

B.

Sentido general de la expresión “ para provecho común”

C.

Sentido concreto de la expresión “para el provecho común”

D.

Resumen

X.

DIVESIDAD DE CARISMAS

1.

Formulación

A.

Clasificación de los carismas

B.

Carismas en sentido no estrictamente eclesial

C.

Carismas “ministeriales”

D.

Carismas “institucionalizados”

E.

Carismas “libres”

2.

¿Carismas “ordinarios” y “extraordinarios”?

A.

Criterios

B.

Un juicio de valor

C.

Un juicio cualificado

3.

Unidad y diversidad de los carismas

4.

División de los carismas (1 Cor 12,7-11)

XI.

EL BUEN USO DE LOS CARISMAS DENTRO Y FUERA DE LA REUNION DE ORACION

LA ACTUACION DEL SERVIDOR

Aclaraciones previas

1.

El pensamiento del Vaticano II

2.

Cómo se suscitan los carismas

3.

Actitudes

4.

Cómo se crece, se fortalece y se purifica uno en el uso de los carismas

XII.

COMO SE SUSCITAN LOS CARISMAS Y SE CRECE EN ELLOS

1.

El pensamiento del Vaticano II

2.

Cómo se suscitan los carismas

3.

Actitudes

4.

Cómo se crece, se fortalece y se purifica uno en el uso de los carismas

XIII. COMO SE PIERDEN LOS DONES

Algunas razones de peso por las cuales podemos perder los dones

XIV. CRITERIOS PARA DISCERNIR LOS CARISMAS

Criterios

XVI. EL FRUTO DE LOS CARISMAS

1.

Hacia dónde deben conducir los carismas o frutos de los mismos

2.

Los carismas tienen una dimensión crítico-social dentro de la sociedad

XVII. LOS CARISMAS Y LA SANTIDAD PERSONAL

1.

Los carismas y su influjo en la santidad

2.

Entre la gracia santificante y los carismas no hay heterogeneidad, sino continuidad y armonía

3.

El desempeño de la misión en el Cuerpo de Cristo

4.

Diversificación y unión íntima entre carismas y frutos del Espíritu

5.

Sintesis

Apéndice

LOS CARISMAS EN LA IGLESIA

1.

Los carismas a través de la historia

2.

La permanencia de los carismas

3.

El despertar de los carismas

4.

Nuestra época y el despertar de los carismas

PRESENTACIÓN

R.P. Benigno Juanes

Manresa-Loyola

Santo Domingo.

26 de mayo de 1992

Mi querido P. Juanes:

Le escribo en nombre de Su Eminencia el Cardenal Nicolás de Jesús López Rodriguez que se encuentra fuera del país.

Tiene Usted todos los permisos para publicar el libro "Introducción a los Carismas". No se olvide de poner en la publicación

en lugar destacado "con la debida licencia eclesiástica".

En su carta de nihil obstat el Censor escribe al Señor Cardenal. Es libro muy esclarecedory orientador, llamado a hacer

mucho bien, sobre todo dentro del Movimiento de Renovación Carismática Católica. Está escrito muy pedagógicamente. Esto

favorecerá su asimiladori y su retención. "Y es fruto no sólo de la cabera sino también del corazón del P. Juanes". También le

expresa que "a lo largo de todo el libro distingue perfectamente lo que es claro y está presente en la Revelación" (por lo tanto

"de FIDE divina") de lo que no es tan claro y es todavía "teoría" o "hipótesis" bien fundamentada.

Personalmente, P. Juanes, reciba mi fehcitaáón. Creo que con la trilogía que ha publicado ha rendido un trascendental

servicio no sólo a la Renovación sino también a todos los fieles. Ojalá que esa trilogía se venda profusamente.

Con mi felicitación reciba mi gratitud y mi afecto muy hondo.

Fco. José Arnaiz, S. J.

PROLOGO

Emprendemos, no sin cierto temor, esta obra: "Introducción a los Carismas". Aunque ya han aparecido libros excelentes y numerosos

artículos sobre el tema, juzgamos que aún hay mucho que investigar y escribir sobre él. Las experiencias de los carismas se han

multiplicado, discerniendo.

Sin embargo, es preciso no dejar de tocar un tema tan fundamental como son los Carismas en la Iglesia, a través de lo que hemos

conocido y vivido en la Renovación Carismática Católica que ni es el lugar único donde florecen, ni quizás el más privilegiado. Desde luego,

los carismas se dan a la Iglesia y el "dónde" adecuado y querido por Dios para ejercerlos; pero la Renovación carismática representa un

lugar en el que el Espíritu se complace en prodigarlos. En ella se piden, se usan, se purifican, se disciernen, pese a todos los errores y

desaciertos que se puedan haber cometido. Si es cierto que la Iglesia es esencialmente carismática, pedirlos y usarlos debidamente,

conforme a las repetidas indicaciones del Vaticano II, no deja de enriquecer a la misma Iglesia para cuya edificación en la caridad los

suscita el Espíritu.

El primer tomo sobre los carismas tiene por finalidad introducir en su conocimiento, orientar sobre las actitudes correctas, dar a

conocer la mente de la Iglesia sobre ellos, etc. Sin este primer tomo sería difícil emprender y atreverse a tratar lo siguiente.

A él, esperamos en el Señor, que puedan seguirle cuatro más en los que se van tratando separadamente algunos de ellos. Hemos

intentado guiarnos en el tema por la sabia y competente orientación de autores de garantía y por otras personas que han tenido y tienen

una sana y discernida experiencia de ellos. Dejamos por decir muchas cosas. No es posible, ni seríamos capaces de decirlas. Pero nos

parece haber tocado puntos fundamentales.

Rogamos encarecidamente al Señor quiera bendecir abundantemente esta obra y enriquecer a su Iglesia con toda clase de carismas,

para que, usados conforme a la voluntad del Espíritu que los da, florezca cada vez más en santidad individual y colectiva y en frutos del

Espíritu que l eguen a toda la humanidad.

Una vez más, sin enumerar los nombres, agradecemos el trabajo callado, duro y desconocido de tantas personas que colaboran en ésta

y otras obras de la colección "Torrentes".

I. CONCEPTOS SOBRE LOS CARISMAS

1. Comentarios a las instrucciones sobre los carismas

a) Entramos en un campo especialmente interesante y delicado. En él, nos hal amos dentro de una realidad fundamental de la Iglesia

que no ha sido tan estudiada como otras, hasta estos últimos años. Sin indagar el por qué, aceptamos el hecho; pero con discreción,

intentamos abordar las siguientes instrucciones sobre tema tan atrayente y, a la vez, todavía tan controvertido.

b) Sin embargo, otro aspecto consolador de la realidad es que, dentro y fuera de la Renovación Cristiana en el Espíritu Santo, ha

habido un intenso trabajo, a todos los niveles, en estos últimos quince años. Sin ser exclusiva, sí ha tenido gran influjo la l amada

Renovación Carismática, uno de cuyos aspectos fundamentales es la revitalización de los carismas. Ya antes, en el mismo Concilio

Vaticano II, se echaron los fundamentos en el puesto y trato que se les dio a los Crismas, relativamente extensos. (A ellos nos

referiremos más adelante).

Los libros, folletos, artículos de revistas aparecidos a raíz del nacimiento de la Renovación Carismática en la Iglesia Católica son

muchos, en todos los niveles: científico, de divulgación para una cultura media, a nivel popular. Algunos carismas han acaparado

especialmente las plumas de los escritores: don de lenguas, profecía, carisma de sanación en los diversos campos que abarca...

No nos hal amos, ni mucho menos, desprovistos de material ni de la experiencia acumulada en muchos de esos escritos por

personas pródigamente asadas por el Señor como sus instrumentos.

Constantemente están apareciendo libros, cassettes, artículos de revistas que van enriqueciendo la doctrina y experiencia

precedente.

c) Si en algún tema, en éste precisamente es donde se necesita estar bien conectados y orientados por las enseñanzas del Magisterio

de la Iglesia; desde el Vicario de Cristo, las Conferencias episcopales, los Obispos particulares, los Padres de la Iglesia, los grandes

teólogos antiguos y modernos. No es de desdeñar, :d contrario, la luz que aportan las personas usadas por el Señor de modos

diversos, cuyos dones se han comprobado en cuanto a su autenticidad y buen uso.

d) Deseamos orientar a las personas dentro de un equilibrio humano y divino que no derive a extremo alguno: ni a una apertura

exagerada, indiscreta, sin garantía por osadía o valoración excesiva; ni por el contrario, a un repliegue inaceptable por miedo

infundado, por una valoración "disminuida", por falta de la necesaria instrucción. No será fácil, pero el Señor, dador de los carismas

por su Espíritu, nos ayudará.

e) Siendo la dimensión carismática esencial en la Iglesia, y siendo manifiestos los frutos de todos órdenes que aporta, es preciso que

se tome el tema con todo interés. Los servidores están l amados a orientar a sus grupos en este campo tan delicado y a ayudar a

comprobar la autenticidad y buen uso, encauzándolos hacia el fin para el que el Espíritu Santo los dé.

2. Sobre la palabra "carisma": su trayectoria

Su origen se remonta a San Pablo. El Apóstol se vio sorprendido. Se encontró ante ciertas manifestaciones del Espíritu que no

contaban en el vocabulario griego, ni siquiera en el más modesto de la Koiné (la lengua común, la del pueblo), con un término que las

designara. Entonces Pablo, con la creatividad propia de los genios, puso en circulación una palabra que hal ó buena acogida, quizás

demasiado buena, entre sus cristianos de Corinto.

El mismo Pablo la usa con parsimonia y solamente aparece en las dos cartas a los de Corinto, una vez en la de los Romanos.

Asimismo, se menciona en la primera carta de San Pedro.

Después, la misma literatura cristiana primitiva no la tuvo en cuenta y en la época de la teología l amada escolástica (de la Edad Media)

quedó sustituida por la expresión de "gratia gratisdata" (gracia gratuita). Esta realidad del desuso se acentúa cuando en los tratados de

Eclesiología se pone fuertemente el acento en defender la dimensión institucional y jerárquica de la Iglesia, atacada por la reforma

protestante.

Esto no implica que el elemento carismático fuera olvidado, sino que no se le dio toda la importancia que merecía.

El término "carisma" vuelve a reaparecer con fuerza, pasada la crisis del Modernismo, sobre todo a partir de Pío XII en su encíclica

Mvstici Corporis (1943). También los carismas, afirma, forman parte de la estructura de la Iglesia.

El Concilio Vaticano II fue quien consagró su uso, haciéndolo propio e insertándolo en varios documentos, sobre todo en el más

importante, Lumen Gentium (n.12).

La Renovación Carismática parece que ha sido la encargada de convertir el término "carisma" en uno de los más empleados en el

vocabulario religioso actual. "Surgió precisamente con el propósito de ver aflorar de nuevo en la Iglesia esos dones de que nos hablan los

Hechos de los Apóstoles y las cartas de Pablo. Por lo demás, antes del Concilio, el Papa Juan XXIII había pedido a Dios que derramara

sobre la Iglesia un 'nuevo Pentecostés', y Pablo VI no dudó en hacer de la palabra 'carisma' un uso realmente amplio, si bien poniendo en

guardia frente a sus abusos. Podríamos decir que hoy 'carisma' se está convirtiendo en una palabra clave de la renovación deseada por el

Concilio. Nacida en un contexto eclesilógico y acuñada para designar las diversas funciones existentes en el cuerpo místico de Cristo, no

podía menos que recuperar toda la carga de los orígenes".1

1. D Grasso, "Los Carismas en la Iglesia", Edic. Cristiandad, Madrid 1984, 11-12; cfr. 11-13.

3. Falsos conceptos sobre los carismas: Respecto de los carismas mismos

a) Llamar carisma a todo don o cualidad, aun humana, en la que una persona sobresalga.

Ya se entiende, por el contexto, el sentido que se les quiere dar pero la inexactitud de la expresión puede inducir a error a personas

sencil as que tomen el pie de la letra lo que se dice trasladándolo al campo espiritual y al ámbito de los carismas propiamente tales.

b) Llamar carismas solamente a los que, por su naturaleza presentan una faz aparentemente más extraordinaria, en cierto modo las

sensaciones en la multiplicidad de aspectos que abarcan y la profecía.

Estos, ciertamente, siempre existieron en la iglesia; también ellos se están prodigando mucho más ahora, sobre todo (pero no

únicamente) en la Renovación Carismática.

Hemos de tener muy presente que “el valor del carisma no debe medirse por su carácter extraordinario y sensacional, sino por el

grado de servicio que preste a la comunidad bajo e inmóvil de la caridad. La regla de oro para medir los carismas es el servicio que

se presta con ellos y el grado de amor que se tiene al ejercerlos. Si falta el servicio por amor y con amor, no se puede hablar de

carisma auténtico, al menos en su ejercicio2

c) Pensar que los carismas son dones estables y que, por lo tanto, una vez agraciada la persona con alguno de ellos, no lo puede ya

perder ni dejar de ser usada por el Señor3 (Tocaremos este punto oportunamente)

d) Limitar los carismas a la conocida lista de San Pablo en 1 Cor 12,7-11.

2. Mons. A. Uribe Jaramil o, “Carismas”., Edit. Argimiro Salazar, Medellin, 177 7;;Cfr. A.M. de Moleon “La experiencia de los Carismas”,

Edit. Roma, Barcelona 1979, 14.

3. T. Forrest, “Cómo se pierden los carismas”, International Newsletter, n.4, julio agosto 1980

La lista de carismas, en el mismo San Pablo, es mucho más amplia; son bastantes las citas (que enumeraremos). También se

encuentran en otros escritores sagrados del Nuevo Testamento. Y aún éstos, representan un muestrario. Los carismas, en

expresión de los teólogos, son tantos cuantas son las necesidades de la Iglesia en la cual y para la cual se dan. San Pablo está

acorde con la afirmación precedente cuando dice en 1 Cor 1,5-7; "porque habéis sido enriquecidos en todo, y así no escaseáis en

ningún carisma"4'5 (se refiere a la comunidad, no al sujeto particular como si cada uno poseyera todos los dones).

e) Pensar que los carismas no tienen que ver nada o muy poco con la Iglesia. Y caer en el error de que pueden ser discernidos al

margen de ella y usados libremente, sin la guía, las normas y la orientación de la Iglesia, a través de sus representantes legítimos

(LG. 12; AA. 3).

f) Pensar que una ve% recibidos y discernidos los carismas; actúan por sí mismos, al margen de toda cooperación de la persona.

No es excesivo insistir en la necesidad de los dones espirituales para la Iglesia y el mundo de hoy. Lo hicieron Juan XXIII, Pablo VI,

Juan Pablo II y, sobre todo, el Concilio Vaticano II, apoyándose en la revelación misma.

Son una fuerza que viene de arriba (Le 24,49); son señales que confirman el mensaje del Evangelio (Me 16,20); son la fuerza que

viene de Dios v nos capacita para ser testigos de Cristo, muerto y resucitado, hasta los confines de la tierra (Hech 1,8). Si n e ce

sitam o s imperiosamente los dones, no menos necesitamos sabiduría para poder usarlos con todo el poder que encierran y no

desvirtuados o apropiárnoslos. Los carismas son los mensajeros, no el mensaje; signos que señalan a Jesús y no a sí mismos, ni,

mucho menos, a ios "carismáticos" que los reivindican. No son, en modo alguno, fines en sí. Se orientan y están al servicio de un

objetivo superior. San Pedro lo indica claramente (1 Cor 12, 7ss.). Se requiere, por lo tanto, una sabiduría para apreciarlos, ni más

ni menos que el Espíritu, su Dador, y la Iglesia lo hacen. Se necesita ese justo equilibrio en el uso "discreto": la cooperación

discernida y equilibrada de la persona. Y, sobre todo, su colaboración en mantener limpios y siempre crecientes los motivos

fundamentales e insustituibles que los dirigen hacia los fines para los cuales el Espíritu los comunica.6

4. Mons. A. Ui'ibe jaramil o, o.c., 8

5. En nuestra época la palabra "carisma", en parte, se ha secularizado: ha venido a expresar todo don natural eminente en el orden

humano. Constantemente oímos hablar de una persona con un "carisma", es decir, con don natural sobresaliente de expresarse, de

organizar, de dirigir políticamente, de escribir, inventar, etc. En el Nuevo Testamento, la palabra, casi únicamente usada por San Pablo,

tiene un sentido religioso. Cfr. Ch-E. Hauguel, "Redecouvrir les carismes ordinaires", II est Vivant, n. 81, Januar-Febr. 1991, 19.

g) Pensar que no necesitan de una continua maduración:

"El uso de un carisma, cualquiera que sea, no se puede hacer en un clima de independencia y de triunfalísmo, o de profunda

ignorancia de la gracia a la que corresponde".7

Existe una atmósfera vaporosa aún, respecto de los carismas, porque no se sabe bien qué es un carisma y, más todavía, qué 110

es. Por más experiencia que se tenga acumulada, hay que persuadirse de que un carisma siempre estará en etapa de

maduración. Es tan importante esta persuasión y el actuar en consecuencia, que condicionan, en cierto modo, la eficacia de los

carismas. De esta maduración constante dependerá la fiabilidael de su ejercicio.

Esta es una de las razones por que la Iglesia tiene la gran responsabilidad de vigilar y fomentar discretamente la expansión de los

carismas: nos da consejos precisos a este respecto, nos amonesta maternalmente, nos orienta sabiamente para no dilapidar o

debilitar los dones de Dios.

6. Forrest, "Sabiduría para liberar el poder de los dones", International Newsletter, nov.-dic., 1.980.

7. Ph. Madre, "Mystere d'amour et mysterc de guerison", Pneumatheque, París, 1982, 144 -145.

Esta maduración progresiva no se podrá dar si la persona no se aplica seriamente a la oración y adoración y no se enraiza fuertemente

en la Eucaristía. De otro modo, se producirá el estancamiento espiritual y aun el retroceso. Le acecharán los mismos peligros de

desviación que asaltan a los que, habiendo recibido la gracia, no se reabastecen y se centran en Aquél que la da.

No son pocos los cjuc reciben gracias carismáticas, que permanecen en estado embrionario, porque ni reconocen estas "primicias" ni

favorecen su desarrollo. Es un auténtico mal la falta de la persuasión aludida pues l eva a pensar que, una vez recibida, no demandan

un ulterior desarrollo, ni están sujetas a la conveniente instrucción sobre ella; la experiencia propia y ajena; la oración humilde y

suplicante; la apertura a las inspiraciones del Espíritu; al discernimiento pacientemente ejercitado...

No hoy duda alguna sobre esto: a la Iglesia de Cristo no le ha faltado ni le faltará nunca el elemento carismático, por que forma parte de

su naturaleza, de su mismo ser. El Vaticano II ha tocado este punto repetidamente, y, de modos diverso, enseña al pueblo cristiano

esta verdad fundamental: "El mismo Espíritu Santo no sólo santifica y dirige al pueblo de Dios mediante los sacramentos y los

ministerios y lo adorna con virtudes, sino que también distribuye gracias especiales entre los fieles de cualquier condición,

distribuyendo a cada uno según quiere (1 Cor 12,11) sus dones, con los que los hace aptos y prontos para ejercer las diversas obras y

deberes que sean útiles para la Renovación y la mayor edificación de la Iglesia, según aquel as palabras: a cada uno... (ICor 12,7)8

Entre esta tríada de elementos constitutivos de la Iglesia: el institucional, el sacramental y el carismático, no existe oposición sino

integración. "No se puede hablar nunca de dos iglesias, una de las cuales sería la institucional y visible y la otra la carismática (y la

sacramental) invisible. La unión de ambas dimensiones es esencial a la noción misma de Iglesia".9 La Iglesia siempre ha enseñado que

la gracia sacramental (la gracia santificante que dan los sacramentos) y la gracia extrasacramental (la gracia actual que se da por los

carismas) obran juntas la santificación del cristiano.10

8. LG. 8.

Los tres están ordenados ordenados al mismo fin pero de modo diverso. Lo definitivo es la santificación, imitar la santidad misma del

Padre, a ejemplo de Jesucristo, con la fuerza del Espíritu (Mt 5,48; Rom. 8,29). Pero cada elemento contribuye de manera diversa,

correspondiente a su propia naturaleza: la institución discierne jos carismas y regula su buen uso (1 Tes 5,12;19-20). Pero la misma

institución es va en sí un carisma y vehículo privilegiado de los m rismas porque en ella nacen, viven, se desarrollan, se ejercen,

fructifican. Por su parte, los ministerios o servicios que forman parte de la Iglesia-institución, se hal an animados por los carismas

correspondientes. Estos capacitan a ios fieles que los reciben para la misión que les es propia: evangelizar, guiar, santificar..., más

aún, con todo derecho cabe afirmar que cada uno de los ministerios oficiales en la Iglesia (carismas de servicio y oficializados) es un

carisma para los otros carismas. Así, en el carisma del sacerdocio, se pueden ejercer los carismas de consejo, dirección, profecía,

curación, atención a los necesitados, etc. Esto se da en todo ministerio clerical o laical, necesarios en la Iglesia para que cumpla su

misión evangeiizadora y salvadora.

Si se instruye a ios fieles rectamente, cada carisma oficial les hace tomar conciencia de los dones recibidos para el bien común de la

única comunidad de salvación11.

9. Card. L-J. Suenens, "Un nuevo Pentecostés?", Desclée de Brower, Bilbao, 1975, 18.

10. K. Rahner, "Lo dinámico es la Iglesia", Herder, Barcelona, 1968.

11. D. O'Connor, 'Carismáticos', "Nuevo diccionario de espiritualidad", 'Laico", 804.

Este doble elemento: el institucional y el carismático se ordenan en su estado definitivo, a vivir la gracia o la perfección de la caridad,

que se da, sobre todo, por los sacramentos. Por eso, de algún modo, están relacionados con esta dimensión sacramental, como a su

fin último, por la virtualidad propia y específica de los sacramentos; aunque ellos no sean la vía exclusiva de realizar nuestra identidad

de hijos de Dios, de injertados en Cristo, de ser templos vivos del Espíritu Santos, o tener una relación íntima con la Trinidad.

Los carísmas, en la doctrina de San Pablo (Rom 12, 3-8;l Cor 12,7-11), están íntimamente asociados a la doctrina de la Iglesia como

cuerpo Místico (LG,7). San Pablo pasa, con toda naturalidad, déla consideración de la diversidad de carismas a la discusión de la

Iglesia como cuerpo místico de Cristo. Esto indica con suficiente claridad, la unión que para él existe entre ambas realidades. La

Iglesia-cuerpo místico, se diferencia por la multiplicidad y variedad de miembros, de funciones y de carismas para su ejercicio. Estos

determinan las funciones de cada uno de los miembros del cuerpo y, al mismo tiempo, lo capacitan para realizar la función o ministerio.

Obviamente, en la asignación de funciones, debe entrar como un elemento imprescindible, el discernimiento y autoridad de quienes

han sido puestos por Dios para regir la Iglesia. Pero, a su vez, les incumbe el deber de tener en cuenta los carismas reales de que son

dotados los fieles (PO 9; AA, 3), sometidos a un prudente discernimiento (1 Tes 5,19).

Sin tal variedad de carismas operativos que el Espíritu da a los fieles, la Iglesia sería impensable; no sería un cuerpo vivo, y por lo

tanto, el cuerpo de Cristo viviente.

La conclusión es obvia: la misma atención que se ha de prestar al cuerpo místico, se ha de conceder a la realidad de la multiplicidad y

variedad de los carismas para bien de ese cuerpo místico.

En la Iglesia como una comunidad estructurada, se dan carismas institucionales, como el de ser apóstoles, profetas, maestros (Ef 4,

4-16). Pero también se dan otros l amados "libres", no institucionalizados. Elementos esenciales, porque determinan la función de

cada miembro.12,13

El texto principal del Concilio Vaticano II sobre los carismas (LG, 12) habla de la naturaleza y función de los carismas. Los describe

como "gracias especiales" que el Espíritu Santo distribuye entre los fieles de cualquier condición. El término empleado "fieles" incluye

a todos miembros de la Iglesia. Obviamente, por lo tanto, va de los más sencil os y humildes hasta la suprema autoridad en ella: el

Papa. Algunos de estos carismas son extraordinarios, pero otros son simples, aunque muy útiles en la Iglesia, y se encuentran

ampliamente difundidos. Todos, por consiguiente, como dones del Espíritu, son "gracias especiales", según el mismo Concilio. Queda,

pues, excluida la idea de que los carismas están reservados a ios santos y a los místicos. Esta doctrina: la de que el Espíritu Santo los

distribuye entre quienes le place, santos y personas de vida cristiana normal y aun mediocre, es la que claramente enseña San Pablo

en sus cartas (1 Cor 12,7-11). Sus escritos son la primera fuente en el estudio de los carismas. Esto es volver, afortunadamente, a las

fuentes de la Escritura y a la autentica tradición de la Iglesia. El mismo Espíritu se encargó de probar, de autentificar las enseñanzas del

Concilio sobre los carismas (LG.12; PO-9; AA,3), entre otros textos relativamente abundantes), cuando tres años mas tarde irrumpió,

sorpresivamente, entre algunos católicos de la Universidad de Duquense (Pittsburgh) con la efusión de su Espíritu y con sus dones.

12. F.A. Sullivan, "Carisma and Charismatic Rcnewal". Servant Books, 19S2 18-20.

13. El Concilio Vaticano II señala que los dones del Espíritu forman parte de los elementos básicos de la vida de la Iglesia. G.;n ello, el

Espíritu Santo hace "aptos a los fieles y prontos para ejercer las diversas obras de deberes que sean útiles para la renovación y la

mayor edificación de la Iglesia...; deben ser recibidos con gratitud y consuelo, porque son muy adecuados y útiles a las necesidades de

la Iglesia (LG, 12). Los carismas se encuentran en relación con la Palabra, los sacramentos y el Ministerio, pero en cuanto

manifestaciones ocasionales del Espíritu Santo no son equiparables a éstos en la forma en que puede recibir y ejercer los carismas a

través de una entrega personal a Dios siempre renovada en cada caso (Rom 12,1)".

F. Kunter, "La decisión fundamental del cristiano'*, Koinonia, n. 58, marzo- abril, 1986, 12.

Por otra parte, la ya larga experiencia de 30 años de la Renovación Carismática, parece reafirmar esta doctrina. Una gran parte de las

personas favorecidas con los carismas del Espíritu, aun con los mas extraordinarios, son personas en las que, probablemente, no

hubiéramos pensado a la hora de asignarles un puesto en la distribución de tales dones del Espíritu. Pero El es libre y los distribuye

cuándo, cómo y a quiénes desea darlos.14,15

h) Poner el "acento " en los carismas, más allá de lo conveniente:

Por más que los carismas sean algo que se debe apreciar y pedir humildemente y con plena disponibilidad, es necesario que aun esta

realidad sea puesta en su propio lugar. Las palabras del Cardenal Suenens nos sitúan debidamente en el punto preciso y nos advierten

contra posibles exageraciones: "poniendo el acento sobre los carismas, por más reales que sean, se olvida fácilmente que el don

primero del Espíritu Santo es el mismo Espíritu; que la gracia por excelencia es una gracia teologal de crecimiento de fe, de esperanza,

de caridad y que la caridad es el test supremo de toda autenticidad cristiana"16

14. F.A. Sullivan, o.c., 9-15.

15. En realidad, todos los dones concedidos por el Espíritu pasan por un sacramento, como el bautismo o la confirmación. En estos

sacramentos, especialmente el primero, el cristiano es incorporado a Cristo y se convierte como El en "constructor de la Iglesia", recibe

un ministerio, un servicio, con el que puede trabajar con Cristo y el Espíritu para el bien común. El ministerio jerárquico es conferido

mediante un sacramento particular por su importancia. Sin él no hay Iglesia, porque el hace presente a Cristo, cabeza de la Iglesia, es

decir, de un cuerpo que no puede existir sin cabeza. Todos los dones, pues, sea cual fuere su nombre, ministerios o carismas, son

concedidos por el Espíritu a la Iglesia, con la cual constituyen una sola cosa, y así todo lo que se da al individuo se da a todos. La

distinción se sitúa dentro de la Iglesia, la cual, por ser un cuerpo necesita diversos miembros y funciones, es decir, diversidad de

ministerios o carismas. El ministerio jerárquico es sencil amente el "coordinador" de todos ellos, a fin de que contribuyan

armónicamente al bien común. Por su medio, en la Iglesia todo se hace "convenientemente y con orden" (1 Cor 14,30).

D. Grasso, "Los carismas en la Iglesia", 22-23.

i) Confundir o identificar la vía mística y la caúsmática:

Sin oponerse, ambas con distintas; frecuentemente, sobre todo en cierto tipo de personas, se tiende a confundir los carismas o a

identificarlos con las gracias místicas y los fenómenos preternaturales que las acompañan.

El documento de Malinas es más esclareccdor, en su brevedad, sobre el punto que tratamos:

"Las normas de la teología mística no deben aplicarse de la misma manera a la experiencia mística y a la experiencia carismática. Nos

encontramos aquí con dos órdenes diferentes de la realidad espiritual, aunque estén relacionados entre si. Los carismas son

ministerios para la Iglesia y el mundo; funciones de servicio dirigidas hacia el bien de la comunidad, más bien que a la perfección del

individuo. (...) Pero esto no equivale a decir que los carismas no tengan un elemento místico. Poseen una dimensión experiencia! y

pueden ser (y de hecho lo son, frecuentemente), como una l amada a una gran santidad. La experiencia de presencia y de poder puede

ir acompañada de dones muy significativos de oración".

Por su parte, la mística es, a su vez, carismática. Autores de tanta garantía con Urs von Balthasar, J. Subrack, etc., lo afirman

categóricamente: "Dios no regala ninguna gracia santificante o de otro tipo con fines puramente individuales, sino que quiere que toda

gracia se hagafructífera en la estructura social (...) de la Iglesia, que toda mística desarrol e su fuerza carismática. Consciente o

inconscientemente, directa o indirectamente, las "doctrinas espirituales" en uso se apoyan sobre el supuesto de que Dios, con las

gracias "místicas", busca normalmente al hombre individual: "Dios y el alma" se encuentran, como Esposo y esposa, en la soledad de

un misterio incomunicable.

16.

Card. L-J Suenens, "Que es la Renovación?", Koinonia, n. 61, sept/'oct. 1986,

Se olvida que la estimada imagen del Esposo y la esposa tiene también que ver con el fructificar hacia fuera, con la entrega, con el

despertar —la-vida-en-los-otros." (Balthasar o de Subrak). No podemos olvidar la norma de oro que dan los autores de vida espiritual, de

plena garantía. Una gracia concedida por Dios es saber apreciar en su justa medida los dones y las gracias místicas, pero no hacer

depender de ellos la vida espiritual, ni medirla por los aspectos llamativos que puedan presentar: visiones, locuciones, etc., sino por sus

propios frutos. Las gracias carismáticas l evan consigo, a veces, "epifenómenos" místicos.17

j) Todavía peor que las confusiones enumeradas sobre los carismas sería: Considerar carismas a losfenómenosparanormaks surgidos

de un fondo supersticioso o de una practica mcigica, no de la gracia. Dentro de esta concepción y acercándose a ella, seria erróneo

integrar entre los carismas a ciertas practicas parasicológicas. En ellas, la gracia del Espíritu Santo puede estar presente y puede

utilizar las fuerzas de la naturaleza que nos son aun bastante desconocidas. Pero entonces, necesariamente, para que se trate de un

carisma, se requiere un contexto de evangelización, de proclamación de la salud que nos aporta Jesucristo, muerto y resucitado, como

un anticipo de la gloria definitiva.18'19

17.

L. Volken, "Las revelaciones en la Iglesia", Edic. Paulinas, Nadrid 1982, 143.

18.

Ph. Madre, o.c., 173.

"(...) El Espíritu Santo concede a los fieles unos dones (carismas), pero no a titulo personal, para beneficio propio, sino para el

servicio de los demás miembros de la comunidad. Ahí reside la diferencia entre don místico y don carismático: el primero es para la

santificación personal del cristiano y el segundo para el servicio de ios demás, aunque luego el don místico redunda en beneficio del

individuo", D. Grasso, o.c.

Cuando San Pablo desarrol a e] tema de la edificación en 1 Cor 14, la entiende en el mismo sentido. Recordemos que el capitulo sigue

inmediatamente al himno a la caridad del cap. 13. En él, el apóstol insiste enérgicamente y deja bien en claro, que sin ella todos los

carismas "no sirven para nada" (1 Cor 13,3). La caridad es la única realidad que perman 11

ece para siempre (v.8).

k) Pensar que, una vez recibido un carisma., no tiene mayor importancia ser instruido respecto de él, ni que deben ser cultivados no sólo

por el buen uso, sino también por una adecuada enseñanza extendida también a los que aun no los han recibido.

Persona de tanta autoridad como Mons. Cribe Jaramillo se muestra muy claro y exigente en este punto:

"Necesitamos conocer su significado y sus fines para no caer en exageraciones y poder discernir si con auténticos o no, y cómo deben

usarse en cada caso (...) Hay quienes creen que basta recibir el carisma y olvidan cultivarlo. El plan de Dios es que todo crezca en

nosotros. Cuando termina el crecimiento, empieza a obrar la muerte. También los carismas deben crecer, mediante nuestra

colaboración".

"Cn carisma es siempre perfecto en sí, pero su mayor o menor manifestación dependerá de nuestra correspondencia (...) con el

ejercicio (discreto y 'sano'), con el aumento de nuestra te (sobre todo con la expansión de la caridad), con la experiencia que

adquirimos para saber cómo, cuándo y cuánto debemos (por ejemplo), orar en cada caso. Si de veras creemos en lo que hemos

recibido, debemos cultivarlo con esmero para que sus beneficios sean mayores" y nosotros seamos mejores instrumentos del Espíritu

Santo.20

I) Pensar que la donación de carismas por el Señor está condicionada por la santidad o mayor perfección espiritual de la persona: Es un

error ya tocado. Los carismas no suponen la santidad de la persona. Dios los concede libremente. Ha sucedido, a veces, que han ido

agraciados con ellos personas aún envueltas en una vida pecadora.

Todos, en realidad, somos pecadores. No podemos medir la santidad por los dones, sino por el cumplimiento, por amor de Dios, de Su

Voluntad. El Señor fue claro en esto (Mt 7,24- 27; ICor 13).

20. Mons. A. Uribe Jaramil o, o.c., 115-116;

Sí es un criterio de legitimidad y buen uso, el crecimiento espiritual de las personas agraciadas con los dones. Estos, en realidad, se

dan para "edificación", fundamentalmente, de la Iglesia, pero también del sujeto que es usado.21 La obra del Espíritu a través de la

persona, no puede menos, si es buen instrumento, que actuar en ella produciendo los frutos que le son propios. Si éstos no se dan,

después de un tiempo discreto, habrá que comenzar a poner en duda el buen uso, y hasta la misma autenticidad del carisma.

m)

Creer que todo impulso interior al ejercicio de los carismas proviene del Espíritu Santo, que uno no se puede sustraer a él y que se

debe actuar sin más.

Hemos de ser discretos humana y divinamente: puede provenir del Señor, efectivamente; puede tener su origen en nosotros

mismos, en nuestros profundos deseos inconscientes, etc. Por eso, debe transcurrir un tiempo discreto para discernir y pedir luz al

Señor. Cuando la experiencia y el discernimiento, sobre todo de la comunidad, nos dé una razonable seguridad, no debemos

abstenernos por temor infundado. Cuando la persona insiste en actuar porque la presión del Espíritu la empuja a ello, según su

criterio, hay que pensar más que en un carisma, en una desviación psicológica que conviene atender prontamente.

Por otra parte, debemos estar muy claros y persuadidos de que el Señor quiere que todo se haga con orden. Por más intenso que

sea el impulso, nunca toca el Espíritu nuestra libertad para coaccionarnos interiormente. Y si El quiere nuestra actuación en el orden,

podemos estar tranquilos de que dándolo, no somos infieles a Su guía.

Por otra parte, San Pablo asegura que "los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas" (1 Cor 14,32). Es, decimos con

otras palabras, lo que pone punto final a su capitulo 14 de la Primera Carta a los Corintios: "Y todo, hágase en forma decente y

ordenada' (14,46).

21. Cfr. Th. E. Dobson, "Undcrstanding the Cadiolic Charismatical Renewal", Easter Publications, Lake Wood, Colorado, 1985. 29.

Esto tiene aplicación especial en el carisma de profecía y en el de lenguas.

n) Proyectar... sin precisiones, la realidad vivida en esta comunidad cristiana de la Iglesia primitiva de Corinto, a la expeñencia en el

gmpo de oración, en el seno del cual son ejercitados los carismas. Estos deben ser también ejercitados en la vidav estructuras

mismas de la Iglesia al servicio de la comunidad como misión, en la unidad y la diversidad para el crecimiento del pueblo de Dios

en la fe, la esperanza y la caridad, en armonía con los demás ministerios y funciones existentes en la comunidad cristiana".22

o) "Conceder una atención desproporcionada a los carismas en relación a las demás realidades de la vida eclesial, tales como:

doctrina moral, liturgia, sacramentos, misiones, etc.; leer los capítulos 12, 13 y 14 (de la primera carta a los Corintios) haciendo

abstracción del contexto, de las razones y circunstancias en las que fueron escritas por Pablo. Se l egará así, sin querer, a

provocar un empobrecimiento progresivo de la experiencia cristiana que todo bautizado esta l amado a vivir y en la que debe

crecer. La confesión del Kerygma: "Jesús es Señor" es la obra del Espíritu, tanto en la unidad intrínseca del misterio de la Iglesia,

como en el anuncio del Evangelio a los paganos. Por otra parte, la acogida y ejercicio de carismas debe articularse con la

dimensión institucional de la Tglesia y su carácter misionero en el mundo al que es enviada. Esta es una de las razones por las

cuales el equilibrio entre carisma e institución, laicos y sacerdotes, debe ser buscado sin cesar a lo largo de toda la Historia de la

Iglesia".23

22. Ch, E. Hauguel, a.c., 19.

23. Ch. A. Hauguel, a.c., 19.

II PERSUASIONES SOBRE LOS CARISMAS

(Tocamos algunas que consideramos importantes. No debemos pasar por ellas a la ligera, aunque ya haya sido, en parte, indicadas en

el apartado anterior. Para algunas, esto será aplicable. Otras, serán, ciertamente, nuevas).

1.- Presupuestos a la exposición de los carismas y a su buen uso

a) Es el Señor quien "gratuitamente" los concede.

b) A El hemos de mirar: a su gloria, a su servicio en los demás, con el uso correcto y discreto de los dones. (1 Cor 12, 7-11).

c) Todo carisma, dado para la "edificación de la Iglesia en el amor", es una "l amada" particular del Señor a entregarnos más a El; a

purificamos; a aceptar Sus caminos; a amar con Su amor a nuestros hermanos; a una humildad profunda y a una obediencia sincera

que se somete al "discernimiento".

d) Los carismas, ciertamente, son un don gratuito que el Señor concede para el servicio, pero su utilización depende de nosotros: de

nuestra voluntad y de nuestra fe.1

e) El Espíritu Santo es el Don por excelencia (Jn 4,10). Este término, era ya un vocablo primitivo característico para designar al Espíritu

(Hech 2,38; 8,20; 10,45; 11,17).

Los autores mas competentes insisten en el hecho de que no pocas personas parecen centrarse en los dones, olvidándose de que

no son eilos (los dones) el punto focal, sino el dador, e. Espíritu Santo en persona. Esto a nivel de persuasión y de práctica es

capital. Es tan importante, que se convierte en une de los obstáculos principales para el ejercicio de los carismas. Desconocemos

en la práctica, a veces, que el Espíritu Santo es quien da el poder de obrar como lo dio a la humanidad de jesús en su vida y en su

ministerio. Por eso, no sólo es recomendable invocar la acción del Espíritu sino confesar nuestra impotencia radical para realizar las

obras de Dios con los carismas, sin la asistencia de quien es el Dador de ellos, ya que son otorgados gratuitamente por Dios.2

1. K. Maeder, "Les Charismes" Tychique, n. 54, 1985, 42.

2. Persuasiones respecto de los carismas

Los "carismas fundamentales" son el Señor, su Espíritu, la Iglesia.

Todo se subordina a esta triple realidad. Se nos invita a tomar conciencia viva y serena de nuestro papel de servidores l amados a

colocar cada realidad en su "puesto"; a fomentar los carismas en el tiempo de Dios, con discreción; a orientar en su "buen uso"; a cortar

todo abuso; a vivir profundamente en el Señor, bajo el poder de su Espíritu, bajo la guía de la Iglesia, esposa de Cristo, apacentadora del

rebaño de Cristo.

El Señor tiene su plan de salvación sobre cada uno. Mi actitud no debe ser salirme de él hacia lo que yo anhelo; sino aceptarlo con

agradecimiento y alegría, aunque 110 lo conozco, a veces ni en lo esencial.

Por lo tanto, no debo desear carismas que no entren en ese plan.

Por eso, en petición humilde, más que pedir tal o cual don? es preferible dirigirse al Señor: "Úsame, Señor, como Tú quieras".

Por eso, hemos de estar serenamente alertas sobre nosotros mismos, para no ser sorprendidos por Satanás, por nosotros en nuestros

más íntimos deseos que pueden tener como raíz la notoriedad "disimulada", la complacencia larvada...

2. D. Roth, "Ne laissons pas s'eteindre les Charismes", Tvchique, n.88, nov. 1990, 24

Esta vigilancia pacificante no debe ser confundida con el temor: se trata de un justo equilibrio en el que entran la gracia del Señor y el

discernimiento, hecho bajo la mirada de Dios y con el fondo o intención insustituible de buscar siempre y en todo Su voluntad.

3. Persuasiones básicas

Se puede afirmar respecto de ellos lo que el P. Forrest afirma respecto de la Renovación Carismática en general; "El único signo que

indica el éxito de la Renovación es el cambio de vida de aquel os a quines toca".3

a) Los carismas sangradas actuales que, aceptadas, l evan a la conversión o a una profundización del Misterio de Cristo en nosotros

(Misterio Pascual), "son muy secundarios si su actuación no coincide con los frutos del Espíritu".4 (Criterio de Discernimiento).

b) Los carismas "pertenecen a la 'totalidad' de la creencia j de la práctica cristiana" ,5

c) Los caristnas son uno de los elementos que constituyen la Iglesia, siempre presente; pero ahora especialmente reavivados por el

Espíritu Santo.

d) Los carismas no fueron patrimonio exclusivo de la Iglesia de los primeros siglos, sino que hoy el "Espíritu los quiere prodigar

abundantemente entre losfieles.

No son pocas las personas, que apoyan su rechazo o dificultad para admitir los carismas, en el argumento, avalado por algunos autores

antiguos, de que fueron dados por la necesidad que la Iglesia de los primeros siglos tenia de ellos.

3. T. Forrest, "International Newsletter", n.4, jul-agos.1980.

4. L. Roy, "Sous le soufflé de l'Esprit", Cahiers de Spiritualité Ignatienne, Supplement 4/5, 1980.

5. H. Muhlen, "Espíritu, Carisma, Liberación". Secretariado Trinitario, Salamanca, 1976, (passim).

Afortunadamente, estas ideas van desapareciendo ante el estudio hecho a fondo por exégetas, teólogos y, sobre todo, historiadores de

la Iglesia.

La insistencia con que claman los Sumos Pontífices por "un Nuevo Pentecostés" para nuestros días, sobre todo Juan XXIII, Pablo VI y

Juan Pablo II, es un argumento poderosísimo contra esas ideas infundadas.

El Nuevo Pentecostés no se limita a un mavor conocimiento del Espíritu, que se puede alcanzar por el estudio exegético y teológico,

bueno y recomendable para todos.

Se trata de una acción poderosa del Espíritu en nuestro mundo, en la Iglesia y en cada alma. Nuestro mundo, tan fuertemente

materializado, secularizado y "falsamente consciente de bastarse a sí mismo" sin necesidad de Dios, reclama urgentemente esta acción

poderosa del Espíritu.

Una manera eficacísima de actuar es a través de los carismas, que reparte entre los fieles de cualquier condición, como afirma el

Vaticano II (AA.3).

El Concilio Vaticano II en sus manifestaciones no deja lugar a dudas sobre la actualidad de los carismas en la Iglesia de hoy6

El argumento de una presencia auténtica de mil formas, sobre todo en la Renovación Carismática, hace que podamos estar seguros de

que el clamor de los Papas más recientes ha sido escuchado.

Prescindimos del empeño de algunos de ver estas manifestaciones desde la sola sociología, psicología, etc. Hay realidades tan

fuertemente clarificadas, discernidas, que escapan al mero tratamiento de las ciencias humanas.

No pueden explicarse plena y deUnitivamente si no es por la fuerza del Espíritu.7

La renovación de los carismas no puede ser la especialidad de unos grupos pequeños en la Iglesia sino tarea de todo cristiano, (aunque

esta renovación pueda crecer inicialmente en ellos).

6. A. Lemonier, citado por L. Volken, "Las revelaciones en la Iglesia", Edic. Paulinas,

Madrid, 1962, 43.

7. A. Lemonier, cita anterior.

e) Los carismas son signos que anuncian al mundo que el Reino de Dios ha llegado:

Nos referimos, especialmente, a los carismas de sanación (física, interior, liberación), porque fueron los que más frecuentemente

Jesús usó durante su predicación apostólica.

"Para Jesús, hacer milagros aparece como un modo de realizar los signos que anuncian, según los profetas, que el Reino de Dios

l ega".8,9'10,11'12

8. Remitimos al apéndice en el que se trata el tema con mayor amplitud. Cfr. Th. E. Dobson, "Understanding die Catholic Charismatic

Renewal", Easter Publications, Lakewood, 1985, 29-30; M.T. Kelsey. Healing and Christianity, Haper and Row, N.Y. 1976.

9. "La manera de hablar de San Pablo no nos permite pensar que considerase los carismas en bloque como un privilegio de la era

apostólica, ni la organización carismática como una cosa vinculada a lo que se suele l amar el fervor primitivo, y destinada a

desaparecer (...) San Pablo y los Hechos de los Apóstoles ponen de relieve de manera cautivadora, tanto respecto a la doctrina como

respecto a los hechos, cierta organización de la Iglesia y de las Iglesias, que hemos l amado carismática, y que el Apóstol no nos

presenta en absoluto como un fenómeno temporal y superficial".

10. "Ya no tenemos mucho tiempo: si esta renovación se retrasa, a fines de nuestro siglo las Iglesias cristianas serán unos grupos

marginales en una sociedad tecnificada y dominada, asimismo, por múltiples fascinaciones ultramundanas. H. Muhlen, o.c., 252-253.

11. "Jesús (...) anuncia ciertamente la proximidad del Reino de Dios, mas no una proximidad medible en el tiempo (...) Sin embargo, para

El resulta evidente que está por aparecer algo nuevo que, de ahora en adelante, Dios va a asegurar a los hombres la salud y la

salvación de un modo nuevo y especialísimo. Todo el ministerio de Jesús reflejará esta nueva postura de Dios, por medio de

curaciones y expulsiones de demonios, el perdón de los pecados y la compasión por todos los hombres. De este modo se da ya en el

ministerio de Jesús una presencia de la soberanía divina: ese es 'el misterio del Reino de Dios' (Me 4,11)". R. Schnackenburg. "El

evangelio según San Marcos", Herder, 1973, 39.

12. "El ejercicio de los carismas no es una fantasía o una recompensa; forma parte de la urgencia de la pastoral de nuestra época, que

debe ser evangelizada desde el mismo 'Kerygma' (...) En este sentido, los carismas atestiguan, frecuentemente, una fe mas audaz en

la manera de evangelizar, hasta en la calle. (...) El papel de la 'Renovación Espiritual' depende, en buena parte, de la actitud de los

carismáticos mismos... Aquí puede haber fracaso por exceso o por defecto. Los peligros de un ejercicio desordenado de los carismas

no son ilusorios. San Pablo los había ya denunciado. Pero tendríamos que temer más el peligro inverso; el apagamiento.

Muchos grupos tendrían necesidad de un relanzamiento". Y. Jehanno, Tychique, A, 51,1984, 50ss.

La relación que los evangelistas hacen de estos hechos ele Jesús parece tener dos funciones fundamentales. No se excluyen otras ya

indicadas y que revisten una importancia capital; ni siquiera el profundo estímulo que impulsaba a Jesús a realizarlos: la inmensa

compasión que sentía por todas las víctimas del dolor. Es signo, a su vez, de la compasión aun mayor, de la inmensa afección que lo

embargaba ante la visión del desastre espiritual, causado por el pecado, jesús en todo se orienta hacia las aguas profundas de lo que el

hombre debe ser en el plan del Padre celestial y, por lo tanto, todo, aun lo más humano que realiza, tiene una proyección que sobrepasa la

realidad tangible del hecho: ser y vivir como hijo verdadero del Padre, a ejemplo de su Hijo unigénito, modelo de todo hombre (Jn 1,16;

Rom 8,29).

Esta doble función, (una de sus virtualidades) es apologética y catequéúca. Apologética (Hech 2,22): Pedro muestra que atribuye un

poder especial a Jesús. Pero no se detiene ahí. Es el trampolín desde el que se proyecta hacia algo más decisivo: interpelar a los oyentes.

Ese obrador del milagro es el Mesías, enviado por Dios para establecer Su Remo entre los hombres, para hacerlos hijos del Padre

Celestial y darles el poder de vivir según esa filiación divina que, gratuitamente, se les da.

La función catequéüca, está en continuación de la precedente (Hech 10,38): Se pretende mostrar de modo tangible, visible, de una

manera tan perceptible que entre por los sentidos, y el hombre se vea protagonista por sí mismo. Esta visibilidad del milagro tiene como

objetivo último manifestar la acción interior causada por Jesús: la fe que ha brotado; la liberación que se ha producido.

De esta manera, la finalidad del milagro, como la de los carismas en general, se convierte en signos obradores del plan salvífico de

Dios; pero, a la vez, se hacen signos de otras realidades superiores que Jesús tiene bien presente al actuar y al usar a otros como

instrumentos de su poder. Y esto, indudablemente, hay que aplicarlo igualmente a los carismas en acción que el Espíritu actualiza

poderosamente hoy.

f) Los carismas son testimonios de que la comunidad es el Cuerpo de Cristo:

La experiencia en el buen uso de los carismas da como fruto precioso que el individuo se abra, no sólo a la ayuda en el plano individual,

sino también en el social:

* La persona agraciada con carismas, usados debidamente, se preocupa y trabaja por la comunidad, por mejorar sus condiciones

espirituales, psicológicas y materiales y por la trascendencia y las implicaciones que encierra, trata de cristianizar las relaciones

entre los hombres.

* En realidad, vienen a ser como un fermento. De hecho, los carismas, sobre todo por la experiencia en la Renovación Carismática,

han transformado a muchas personas, han cambiado muchos ambientes y creado comunidades, infundiendo el Espíritu del Señor y

haciendo verdad el deseo del Señor de " transformar la fa-^ de la tierra". Es la fuerza del Espíritu que actúa a través de ellos. Así, los

carismas aparecen como un testimonio viviente y operante de la comunidad que se manifiesta realmente como Cuerpo de Cristo. "El

testimonio es superación de sí mismo como entrega de sí".

g) Los carismas son la manifestación del Señorío de Jesús:

Cristo consuma su obra de redención enviando al Espíritu Santo. Este envío es, exactamente, el ejercicio de un poder divino. A partir de

Pentecostés, la manifestación de los carismas del Espíritu ha testimoniado el señorío de jesús, que posee soberanía divina y dominio sobre

la vida de Dios en el universo, y que le asegura el puesto central en toda la realidad creada, natural y sobrenatural.13

h) Los carismas necesitan "suelo" para florecer:

Evidentemente, el Espíritu Santo, dador de los carismas, puede repartirlos cuándo, cómo y a quiénes quiera (1 Cor 12,7-11)

No está condicionado, en absoluto, por nada ni por nadie. La gratuidad de los carismas es una verdad irrefutable.

Sin embargo, los carismas florecen allí donde hay un "suelo" apropiado. Podemos aplicarles 3a comparación de las parábolas: echan

raíces y crecen allí donde encuentran un terreno apto, el que les proporciona el alimento especial que cada uno necesita.

Los carismas aparecen, ordinariamente, en los grupos de oración en los que se cree en ellos. Es una condición imprescindible.

También se dan fuera de estas reuniones, pero con menos frecuencia.

Cuando en las personas hay desconfianza hacia los carismas, o se los ve como algo inusitado, fuera de la realidad de la Iglesia o

cuando se los limita a los carismas de "ministerios", entonces los l amados "libres", los que enumera San Pedro en su primera carta de los

Corintios 12,7-11 y otros equivalentes, escasean o no se dan.

La acción del Espíritu requiere una cooperación de parte del hombre; la requiere, por lo tanto, la donación de los carismas otorgados

exclusivamente por el Espíritu.

Este "suelo" apropiado para la floración de los carismas es, sobre todo, el grupo de oración impregnado fuertemente de amor y de

alabanza:

*

De amor, porque nada hay que atraiga tanto la acción del Espíritu como una comunidad en la que el amor de Dios y del prójimo es

el centro que acapara la actividad de las personas. La caridad es la finalidad última de los carismas (1 Cor 13). Si ella no está en la

mente y el corazón de los participantes en el grupo de oración, si el amor a Dios es tibio y reina la división entre las personas, el

obstáculo que oponemos al Espíritu en la comunicación de su carismas, es casi invencible. La experiencia es, en este punto,

profundamente aleccionadora. Basta que en un grupo de oración se entibie el auténtico amor cristiano, para que los carismas se

vayan apagando o se comiencen a usar mal Pronto aparecen las motivaciones ambiguas, la búsqueda de sí mismo a través de los

dones que el Señor otorgó para el bien de los demás, pero que se irradian también en provecho espiritual de los beneficiados con

ellos por el Espíritu.

*

De alabanza, porque ésta nos pone en la presencia profunda del Señor, suscita en nosotros la fe, el amor, la acción del Espíritu.

Prorrumpimos en alabanza porque El actúa en nosotros y alaba al Padre con nosotros. Parece, pues, obvio que cuando esta

presencia es intensamente activa, como en la alabanza profunda e íntima de la comunidad, se den los signos manifestativos de esta

presencia que son también los carismas. No es, por lo tanto, extraño que en los grupos de oración en los que las personas alaban a

Dios desde el fondo de su ser, lejos de todo formulismo, del "haberse acostumbrado" a alabar, florezcan abundantemente los

carismas. Sin excluir otros grupos de oración en los que el Espíritu los prodigue, se constata que son más frecuentes y poderosos en

los grupos de la Renovación Carismática en los que la alabanza tiene el puesto de honor. Cuando los carismas en estos grupos

decaen, hay que comenzar por evaluar seriamente la calidad de la alabanza.14

i) Los carismas son complementarios.

San Pablo, para subrayar la armoniosa relación que debe existir en el ejercicio de los diversos carismas, acude a la comparación de los

miembros en el cuerpo humano (Rom 12,4-8; 1 Cor 12,12-21). Partiendo de aquí, deduce una sabia doctrina y, consecuentemente, una

práctica de mutua armonía y complementariedad. A cada uno, dice, se le ha dado su don o sus dones por el Espíritu Santo, pero no a todos

el mismo (1 Cor 12,11). El único y mismo Espíritu otorga la distinción de los diversos carismas y produce su diferencia. La igualdad está en

que les es dado su propio don; no en que cada uno pueda ejercer todas las funciones en la comunidad. Sería un error y un

empobrecimiento de los sujetos y de la misma comunidad para la que se otorgan.

Aplicando estos criterios a la curación, tanto física como interior, el pequeño equipo que interviene, cae primero en la cuenta y acepta luego

esta realidad de la pedagogía del Espíritu. Dócil al designio del mismo Espíritu, reconoce la diferencia en la unidad y ejerce, con

agradecimiento, entusiasmo y humilde complementaridad, su don o sus dones, sin obstaculizar ni prescindir de los que se han dado a los

demás. Hermosa y eficaz armonía que produce frutos abundantes de curación en el Espíritu, acto principal e insustituible de la misma.

j) Los carismas no son dones extraordinarios

Pertenecen al rcgimen ordinario del don de Dios en la vida de la Iglesia. Es menester prevenirse contra la l amada ilusión de definirlos

como formas excepcionales o deslumbrantes, aunque por su misma naturaleza sean visibles y estimulen la esperanza. Ni siquiera en el

caso de la glosolalia y de las curaciones, es esencial para el carisma lo extraordinario, del mismo modo que lo esencial no es

"extraordinario".15

k) Los carismas son nada sin la caridad dentro de la cual deben ejercitarse (1 Cor 13,1).

"Los carismas no son cosas excepcionales, aun cuando algunos de ellos sean dones fuera de serie, como el poder de hacer milagros.

Toda la vida de los cristianos y todo el funcionamiento de las instituciones de la Iglesia depende enteramente de ellos. De esta forma

gobierna el Espíritu de Dios al nuevo pueblo, sobre el que se ha derramado en abundancia, dando a unos poder y gracia para desempeñar

sus funciones, a otros poder y gracia para responder a su vocación propia y para ser útiles a la comunidad, a fin de que se edifique el

cuerpo de Cristo".16

l) El proceso de la suscitación, aceptación y buen uso de los carismas.

Que el Espíritu Santo vaya suscitando los carismas, que las personas los acepten y los ejerciten debidamente, no resulta fácil como

puede serlo introducir una reforma litúrgica o estructural.

La aceptación de los carismas del Espíritu se produce a través de un proceso en el que la entrega personal a Cristo ha tomado cuerpo;

está en íntima conexión con el proceso de la Conversión y la aceptación de la propia muerte "espiritual": la predicación no de si, sino de

Cristo; la búsqueda no de la propia gloria, sino de la de Dios en Cristo Jesús. Esta realidad hace que no pocas veces, quizás a nivel

inconsciente, haya un rechazo de los dones del Señor, porque prevemos el difícil campo en que vamos a ser introducidos, la cruz,

frecuentemente pesada, que echa sobre nuestros hombros el Espíritu al damos gratuitamente sus carismas. Un proceso, como

regularmente supone el despertar, la aceptación y el buen uso de los carismas, no se puede establecer de una vez, plenamente, en una

comunidad, como si pudiéramos quemar etapas. Se desarrolla progresivamente y de una manera especial en los pequeños grupos de

oración, como la larga experiencia de la Renovación lo ha ido demostrando.

15. R. Laurentin, "Los Carismas: precisiones teológicas", Concilium, n. 129, 1977.

287.

16. A. George, P. Grelot, "Carisma", Vocabulario de Teología bíblica, Edit. Herder,

Barcelona, 1978, 144-145.

Aquí entraría la importancia capital que juega el Seminario de Vida en el Espíritu, como preparación a la acción del Espíritu en el

caminar por el proceso de la propia conversión y entrega total al Señor en la fuerza del Espíritu.

Cuanto acabamos de decir no toca para nada la realidad de la gratuidad de los carismas del Espíritu (1 Cor 12,7-11); ni su concesión

supone, en modo alguno, mayor santidad de vida, como si se tratara de un requisito indispensable para la obra del Espíritu en la donación

de sus carismas. Se trata, únicamente, del proceso habitual, de la pedagogía ordinaria del Señor en la concesión de sus dones, en la que

el hombre se hal a implicado con su correspondencia, como sujeto de una voluntad libre, desde el mismo inicio del suscitar los carismas

hasta su buen uso, pasando por la aceptación y purificación de los mismos.17

4. ¿Causan problemas los carismas?

Teóricamente quizá se podría decir que no hay razón para que causen problemas o, al menos, mayores de los que causan otras

grandes realidades sobrenaturales.

Las dificultades prácticamente se dan, pero creemos que no en virtud de los carismas como tales, sino por causa de las personas que

son agraciadas con ellos.

17. H. Muhlen, "Catcquesis para la Renovación Carismática". Secretariado Trinitario, Salamanca. 1979, 34-35.

a) Desde luego, hay dificultades que surgen debido a los falsos conceptos que de ellos se tienen, a la ignorancia de adecuada instrucción

sobre los mismos, a las actitudes ajenas a la mente de la Iglesia y, ahora podríamos decir, ajenas a la enseñanza del Vaticano II, sobre

todo en las citas ya anteriormente indicadas (LG 12; Apostolicam Actuositatem 3, Presbyterorum Ordinis, 9)

b) Hay dificultades porque se los contrapone a la Iglesia institucional, como si ambas realidades, la institución y el carisma, no

pertenecieran a la esencia de la Iglesia y no fueran dos elementos que se completan mutuamente. Los carismas deben ser discernidos

por la autoridad de la Iglesia a cuya obediencia el Señor los ha puesto (LG 12).

c) Hay otras causas que provienen del mal uso de los mismos: de la búsqueda oculta de la propia gloria, del énfasis exagerado de los

carismas l amativos en detrimento del aprecio de los mas sencil os y ordinarios con los que, usualmente, el Señor construye su Iglesia

(LG, 12).

En el mal uso entra también el modo de actuar en ellos; empleando gestos o presentando un conjunto de acciones que pueden parecer

un "espectáculo" y no una celebración ungida fuertemente por el Espíritu, l ena de humildad, orden, oración, amor fraterno.

d) Pueden provenir también de las fuertes exigencias de los carismas: sin suavizar para nada la doctrina de que los carismas no suponen

ni se dan por la santidad de vida, si, es cierto, por otra parte, que éstos, a medida que se van arraigando, exigen un alto nivel de fe y de

pureza de corazón: "Los carismas son signos y maravil as de Dios. No están dentro del poder humano. No pueden ser suscitados por el

querer del hombre 0n 1,13). Se requiere una gran fe para discernir y seguir la guía de Dios, y consiguientemente, para intentar hacer las

obras del Mismo al margen de motivos humanos. Puesto que los carismas son obras de Dios, piden una fe expectante. "Los carismas

son acciones de Dios dentro de una cooperación de la persona. Son una mezcla de actividad divina y humana.

(...) La cooperación humana, aunque debe estar siempre presente, debe acoplarse más a la acción de Dios. Solamente con la pureza

del corazón es capaz la persona de elevarse a las alturas de ser instrumento de Dios".

III ACTITUDES ANTE LOS CARISMAS

Las actitudes ante los carismas nos vienen indicadas por el Vaticano II; por la enseñanza del Magisterio de la Iglesia, intérprete de la

revelación; ahora, referida a los carismas, por los autores espirituales y por la ya considerable experiencia de muchas personas que

participan habitualmente en la Renovación Carismática.