Introducción a los Carismas por Benigno Juanes S.J. - muestra HTML

TOME EN CUENTA: Esta es una vista previa en HTML y algunos elementos como enlaces o números de página pueden ser incorrectos.
Para la versión completa, descargue el libro en PDF, ePub, Kindle

t. Actitudes

a) Aprecio

La citas, relativamente numerosas del Concilio indican la importancia que les da, el aprecio indiscutible que se debe tener a estas

gracias del Espíritu.

Los números 4 y 12 de la LG, y el n. 3 del Decreto sobre los seglares son los que especialmente manifiestan el pensamiento del

Concilio.

Este aprecio, al estar matizado con el adjetivo "discreto", no quiere atenuar la importancia y estima, sino precisar el sano equilibrio que

se ha de tener, sin degenerar en un aprecio incontrolado que venga a hacer de los carismas fines en sí; a darles, en la práctica, una

primacía que corresponde a otros valores superiores.

O por el contrario: a no estimarlos debidamente en todo lo que merecen como dones del Espíritu; como medios eficaces para la

construcción de la Iglesia en la unidad y el amor; como poderosos auxiliares en la evangelización; como medios de santificación personal

debidamente usados.

b) Petición en humilde disponibilidad

El Concilio Vaticano II no pone reservas a que se pidan; al contrario, anima a ello.

Indirectamente, enfatiza fuertemente su excelencia y utilidad para la misión apostólica. Directamente, lo sugiere el n. 12 de la LG.

El adverbio añadido "temerariamente" que sólo aplica a los extraordinarios (carismas de milagros, profecía, hablar en lenguas, según

estimen los autores), significa: "de modo irreflexivo e imprudente".

- Creemos que pudiera interpretarse todo el pasaje de esta manera:

- Se deben pedir y fomentar los dones para el fin que el Espíritu los da; en modo alguno para el prestigio, el poder, etc.

- Se deben pedir, especialmente, aquel os que se necesitan para una mayor eficacia del o de los ministerios que la Iglesia, a través de

sus instrumentos, haya encomendado a la persona o que ésta más necesite para cumplir con sus deberes de estado. Se deben

pedir siempre conforme al plan de salvación del Señor sobre la persona que los pide.

- Se deben pedir con humildad y disponibilidad total. Aceptar plenamente la respuesta de Dios. No basta pedirlos una que otra vez. La

insistencia ha de ser humilde y puede ser que l egue un momento en que sea preciso cesar en la petición. El consejo en este punto

será muy valioso.

- El pensamiento paulino, a este respecto, es claro: no deben despreciarse los carismas " aspirad a los dones del Espíritu" (1 Cor

14,1). Una Iglesia sin carismas sería una pobre Iglesia. Es preciso aspirar a ellos pero subordinándolos siempre y orientándolos a

los frutos del Espíritu, especialmente a la caridad. Hay que cuidar celosamente que el Espíritu los derrame y usarlos con el respeto,

el acierto y el fin que su Dador, el Espíritu, pretende. El buen uso de los carismas es, por lo tanto, capital (1 Coi 14,39; 12,31;

14,1-12)1234

1. Schiler, "Origen, venida, efectos del Espíritu Santo", en: "Experiencias y Teologi del Espíritu Santo", Secretariado Trinitario,

Salamanca, 1978, 184.; Cfr. H Cohen. Tychique, n. 59, Janvier, 1986, 39-40.

c) Humilde y senálía disposición para ser discernidos en ios carismas.

— San Pablo insiste en el discernimiento (1 Tes 5, 12; 19;21).

— El Concilio Vaticano II hace expresa referencia al discernimiento respecto de los carismas (LG, 12).

— Es un punto capital. Tanta importancia le da el P. T. Forrest que l ega a afirmar que los carismas con discernimiento, son dones

preciosos y provechosísimos; sin el, más bien perjudican.

— No insistimos en otras actitudes importantes que se tratan más adelante.

2. ' Vivir todos juntos la misma gracia como pobres, devuelve a la Iglesia su verdadero rostro. Algunos piensan que esto lo van a poder

vivir sin la experiencia de los carismas, pero entonces falta esa pobreza, esa pequeñez, ese espíritu de infancia a los que los carismas

nos conducen. Toda la Iglesia es carismática, dice el Vaticano II en la Gaudium et Spes... Pues es necesario que se vea en la vida". J.

Misson, "Los Jesuítas y la Renovación Carismática", CIS, Roma 1984, (varios) 132.

3. "Nosotros podemos crecer en la fe y parece que se da un crecimiento en el ejercicio de otros dones del Espíritu Santo y ¡también en el

de curación! El don de curación no se puede sencil amente "introducir" como si fuera una reforma litúrgica. Para ello el cristiano se ha

de poner personalmente a disposición, siempre con más profundidad, dando pasos en la renovación de la fe, del bautismo y del

Espíritu Santo 'Jesús, yo estoy dispuesto a ponerme al servicio de los enfermos y de los que sufren: también en este caminar tú puedes

pedir al Señor las armas necesarias para este ministerio: el don de curación, el don de una fe esperanzada. También otros carismas te

pueden anidar, por ejemplo, la oración en lenguas, la intercesión, el don de conocimiento. Por ello, es preferible orar por un enfermo en

un pequeño equipo de oración". K. Eckel, en: "Los dones del Espíritu hoy", (varios), Secretariado Trinitario, Salamanca, 1987, 135.

4. "El ejercicio de los carismas del Espíritu pertenece a la esencia profético- carismática de la Iglesia y ha estado siempre presente en

ella. (...) Sin embargo, se debe subrayar de nuevo que no se puede establecer el ejercicio de los carismas como la reforma litúrgica o

la organización de los municipios u otros gremios. Para el ejercicio de los carismas es necesario una apertura muy personal de cada

uno de los cristianos, pues la fe y la renovación del Bautismo y del Espíritu es condición para la aceptación de los carismas. Una

ocasión pastoral más importante es, por otra parte, la preparación juvenil a la Confirmación y la recepción de este sacramento en una

comunidad viva. Para la preparación a este servicio se podría formar un grupo de oración en la parroquia, ayudándose mutuamente en

este paso personal de la Renovación en el Espíritu para la aceptación de sus carismas". H. Muhlen, "Catequesis para la Renovación

Carismática". 1975-1977.

-

Desde luego, no debe darse, de primera intención, como total y definitivamente auténtica, cualquier manifestación de

carismas. Es un camino que hay que recorrer en compañía y supondrá un tiempo más o menos largo para l egar a esa

seguridad moral, de que Dios, realmente, es quien utiliza a la persona. Esto es aplicable especialmente a determinados

carismas, como profecía, palabra de conocimiento, etc.

-

La persona supuestamente agraciada con ellos debe estar dispuesta a que se haga discernimiento y aun debería adelantarse

a pedirlo. No se trata de falta de confianza en la persona sino de usar los medios de humana y divina sabiduría que el mismo

Señor nos recomendó encarecidamente y la Iglesia urge con todo derecho y razón.

-

Esta humildad disponible es un punto positivo, no determinante, a favor de la persona.

d) Orden en el uso de los carismas:

El tema se desarrolla ampliamente más adelante. Aquí bástenos decir que el buen uso en el orden, además de lo que implica la

expresión, indica también que cae dentro del campo del discernimiento, en este aspecto determinado. Supone, por lo tanto, la autenticidad

de los carismas, pero no el solo hecho de tenerla, l eva consigo el uso conveniente, siempre y en cada circunstancia determinada.

e) Actitud de un conocimiento siempre mayor sobre ellos:

Ya aludimos al gran peligro que supone la ignorancia. No pocos de los prejuicios, rechazos, inadmisiones y usos indebidos de ellos,

tienen como raíz un desconocimiento, a veces total, o errores, inclusive "crasos".

Es mucho lo que se ha investigado sobre ellos por personas de toda garantía científica y muchas las experiencias que se han ido

acumulando y purificando.

Se impone una instrucción, en cierto modo, permanente sobre dones tan importantes dentro y fuera de la Renovación Carismática,

para la renovación espiritual del pueblo de Dios.

No olvidemos: aunque el Espíritu puede actuar por Sí solo, al margen de nuestra cooperación, no es esa su ordinaria pedagogía. Como

a seres libres y l amados a cooperar en Su obra con El y con la ayuda de Su gracia, no se permitirá dispensarnos de la colaboración que

nos pide.

Y, ciertamente, un modo de manifestar nuestra disposición, es la actitud de conocer sobre los carismas la riqueza y experiencia que se

ha ido acumulando para disponernos a ser utilizados como instrumento más aptos.

En esto, no hay divergencia alguna entre los grandes autores de la vida espiritual. Y la enseñanza de la Iglesia es manifiesta. Seria un

gran desacierto encerrarse en el "ya tengo una larga experiencia; no necesito más". Cuando nos negamos a perfeccionarnos, "comienza a

actuar la muerte", afirma Mons. Uribe jaramil o.

Sin quitarle la primacía a la oración, es tan importante este sector del conocimiento en los carismas que se podría aplicar aquí lo que

persona tan autorizada como W Kern dice a propósito de la instrucción respecto de la fe: l ega a ser casi tan importante como la oración.2

f) Aprender "sabiamente", para elfuturo, de la experiencia propia y ajena en el uso de los carismas:

No es posible que siempre y en toda circunstancia usemos debidamente de los carismas. Hemos de aspirar a ello con la gracia del

Señor y disponernos a purificar el uso de los carismas discernidos, sin refugiarnos en la "debilidad humana".

Por eso, y por la gran importancia que tienen, debemos estar dispuestos a sacar un gran provecho para el futuro de la experiencia del

buen uso que vayamos haciendo y de los errores que podamos haber cometido.

Es un recurso muy fácil pero infantil, ampararse en que "Dios lo hará todo" o negarse a usarlos por el temor infundado a ciertos errores

involuntarios que se hayan cometido.

5 W. Kem, en: "Por que creemos", (varios), Herder, 11.

Aquí, como en tantas otras cosas, se impone una autentica humildad que reconoce lo malo; una sencil a obediencia a las indicaciones

que nos puedan hacer; una disposición de aprovechar la "desafortunada" experiencia para corregirnos y perfeccionar el don otorgado por

el Señor.

El trato personal, las preguntas discretas y bien especificadas a personas de larga y reconocida experiencia; la lectura de libros

católicos que abundan y tratan tan maduramente sobre el buen uso de los carismas, la asistencia a retiros y talleres, dados por personas

de toda garantía, nos enriquecerán considerablemente e iluminarán a la hora de ser usados por el Señor.

Desde luego, el recurso constante a la oración y al discernimiento es indispensable en punto tan importante y delicado.

g) Reconocerlos con gozo, fomentarlos con diligencia, discernirlos cuidadosamente.

Este apartado se refiere especialmente a los sacerdotes. El Vaticano II es claro y alentador en este punto. Citamos el párrafo que les

dedica: "Examinando si los espíritus son de Dios, descubran con sentido de fe, reconozcan con gozo y fomenten con diligencia los

multiformes carismas de los laicos, tanto los humildes como los mas altos" (P.O. 9).

En este campo se han dado pasos alentadores, pero aún no se ha progresado lo que no pocos esperaban. Sin embargo, hay que

confesar con el Cardenal Bemardin que mientras no se inserten en la Renovación Carismática un número suficiente de sacerdotes y

religiosas, ésta no dará los frutos que el Señor quiere.

Muchos consideran que los carismas adolecen de falta de atención, aunque ésta no sea privilegiada, ni menos exclusiva. Ciertamente,

para algunos se presentan como un campo delicado y aun peligroso. Y por cierto, más de una vez lo serán. Pero éste no es un argumento

que deba alejarlos de ellos. Al contrario, precisamente, por la unción sacerdotal, el párroco y sus colaboradores están l amados a ejercer un

discernimiento para el que tienen una asistencia especial. Bajo su responsabilidad recae, de un modo particular, la obligación de dar y

vigilar la enseñanza que se imparte, y en ella entran también los carismas.

Se impone, pues, en virtud de su ministerio, que tengan un sólido y, si es posible, profundo conocimiento de los carismas.

Rechazarlos sin más, es ir, sin darse cuenta, contra la doctrina del Vaticano II, que, en este punto, ha expresado su pensamiento con

claridad.

El alejamiento de algunos sacerdotes por miedo, ignorancia, incredulidad, de una posición o actitud sanamente optimista y orientadora

respecto de los carismas, es una de las causas de que no siempre se utilicen debidamente. La misión que en este campo les incumbe,

alentados por la Iglesia, es preciosa y sumamente beneficiosa para la misma. Una parroquia en la que los sacerdotes conocen, alientan,

fomentan discretamente, disciernen los carismas y orientan respecto de su buen uso, será una parroquia que se renueva sin cesar. No

olvidemos que el Espíritu Santo está en la base de ellos y son manifestaciones tangibles de Su Presencia. Cooperar con El en sus

designios, debe alentar y aun entusiasmar a los sacerdotes, a quienes se les ha entregado el misterio divino de salvación, objetivo firme de

los carismas.

Aquí cabe citar a Mons. Uribe Jaramil o, quien cita a su vez, a otro autor, en el supuesto de que los sacerdotes ignoren, desprecien o no

admitan, prácticamente, los carismas: "Con razón dice un autor que 'si en una iglesia o comunidad sólo actúan los dirigentes y no todos los

miembros, habrá que preguntarse seriamente si, al renunciar a los carismas, no se ha renunciado también al Espíritu.6

h) Vigilar discretamente para no distorsionarlos:

Por más que apreciemos los carismas —y debemos hacerlo— como dones preciosos que son del Espíritu, hemos de velar

discretamente sobre nosotros para que no distorsionemos este aspecto fundamental de la Iglesia.

Esto sucedería:

 Si les diéramos un carácter de exclusividad: si consciente o inconscientemente, consideramos pertenencia exclusiva de un grupo

y no realidad que compete a toda la Iglesia. Toda ella es carismática; cada cristiano, asimismo, lo es en virtud de su bautismo y

confirmación.

6. Mons. A Uribe Jaramil o, “Los Carismas”, 9.

 Si los consideráramos como dones en posesión, de los que nos creemos depositarios. Este peligro real existe sobre todo, en

quienes, especialmente favorecidos, son imprudentemente exaltados por las gentes que los buscan como sujetos que acaparan

los dones de Dios y los actúan a su gusto.

 Su pusiéramos el acento sobre los carismas, por más excelentes que sean, y olvidáramos que el don por excelencia es el

Espíritu Santo y que la vida realmente cristiana está en relación íntima, insustituible con el crecimiento en las virtudes teologales,

entre las cuales la caridad es el criterio supremo de todo vivir verdadero en Cristo (1 Cor 13).

 Si les diéramos una preferencia excesiva a los carismas l amados extraordinarios y, prácticamente, dejáramos en el olvido los

más ordinarios que son los que constantemente configuran el ser carismático de la Iglesia: los que actúan de un modo

permanente en la vida ordinaria y vienen a ser la gran riqueza de la Iglesia en general y de las iglesias particulares; los que se

hal an abundantemente entre los fieles que aceptan esta gracia de Dios y la ejercen con discreción, en orden y obediencia a sus

pastores.

 Si nos l evaran a desconocer o a minimizar los carismas permanentes inherentes a la Iglesia "institucional": la unción del Espíritu

sobre los obispos, sacerdotes y diáconos, inherente a la estructura sacramental de la Iglesia.7

 Estas sanas prevenciones y vigilancias en nada deben atenuar el aprecio debido a los carismas que, en expresión del Vaticano

II, deben pedirse con humildad, recibirse con agradecimiento y ejercitarse con amor (LG, 12; AA, 3).

 Hemos de evitar cuidadosamente caer en la trampa de decir que nuestro carisma es éste o el otro, y que no necesitamos aquel.

Este modo de hablar nos cierra sobre nosotros mismos v limita el que Dios nos pueda usar como instrumentos en otras áreas.

Esto no se opone a reconocer que el Señor nos usa especialmente en un campo en el que el tiempo y el cumplimiento han ido

confirmando la realidad.3

7. Card. L-J Sucnens, "Un pbenomene controvcrse: Le repos dans 1 'Esput', Desclce de Brower. Paiis, 1986. 15.

 No olvidemos que el Espíritu sopla donde quiere y que El da sus Carismas en función de las situaciones, de las necesidades y

del plan que desea realizar.

2. El Peligro del "reduccionisrno"

Uno de los peligros, siempre presente, en el uso de los carismas es el reduccionisrno.

Este peligro aumenta si es útil y aparenta tener una motivación laudable y atendible. Desde luego, el buen sentido común no debe estar

ausente del uso que hagamos de ellos. Ya se ha tratado de las características que debe tener un ejercicio discreto de los carismas, a

impulso del Espíritu.

Ahora nos referimos a un reduccionisrno que puede provenir de causas diversas: de la mala conducción de los responsables de los

grupos de oración que tienen prejuicios respecto de algunos, que coartan su uso con el pretexto de evitar problemas; que se han dejado

influenciar per personas que ven los carismas como un lujo del cual se puede —y es conveniente- prescindir.

Todo esto puede ocurrir. Entonces, el grupo de oración se va reduciendo a un grupo más, pero no es auténticamente carismático. El

orden, la obediencia, la oración, el amor, son elementos que entran de l eno en el ejercicio de los carismas y que en nada deben impedir su

buen uso.

El reduccionisrno dene más frecuentemente su origen en el hecho de que a algún sacerdote que asiste al grupo —o incluso al párroco- no

le agradan ciertos carismas, como el orar en lenguas, la profecía, la intercesión por curación de los miembros asistentes, etc. Ciertamente,

hay otros carismas que pueden practicarse, pero eso no quiere decir que éstos deban ser eliminados o coartados en su ejercicio.

No es laudable suprimirlos porque a un sacerdote no le agraden, aun cuando se ejerciten con discreción, orden y espíritu de amor.

Fuera de casos excepcionales, entendemos que ésta no es ir;a razón valedera para que el grupo se vea privado del bien que se deriva del

recto uso de estos carismas. El orar en lenguas, por ser controvertido, es el más expuesto a ser reducido.

Los responsables orarán sobre el caso, dialogarán, pero no deben ser instrumentos de reducción de carismas, elementos

fundamentales no solo en el grupo de oración, sino también en la Iglesia. A ellos toca, en razón de su oficio, conservar el grupo en su

autenticidad carismática, en la cual entran los carismas que favorecen la conversión y el crecimiento espiritual.

Los carismas, mas que reducirlos, hay que conocerlos, saberlos utilizar, cultivarlos, crecer en ¿//ojpara el fin que, por su misma

naturaleza, tienen como dones del Espíritu: construir la Iglesia, la comunidad, en la caridad. Y el Señor, si somos discretos en su uso, va

realizando por ellos su obra progresiva y eficazmente.9

9. K. Ranaghan : Les dones de l'Esprit, utilisez-les", Tychique, n. 55 mai, 1985, 3- 5.

A Modo de resumen:

Añadimos a lo dicho anteriormente, las afirmaciones de un testigo de excepción: Ch. Whitehead, actual presidente del "Boletín Iccto":

"La caracterísdca distintiva de la Renovación Carismática ha sido siempre nuestra comprensión de que el U'abajo del Espíritu no ha

cambiado desde el día de Pentecostés. Hoy podemos experimentar su derramamiento, su tuerza, sus regalos del mismos modo en

que fueron experimentados por la comunidad cristiana primitiva. El Espíritu que fue prometido como "poder" (Le 24,49; Hech 1,8), vino

a ellos como una experiencia humana, profunda y tangible y recibieron los dones que necesitaban para continuar la misión de Cristo en

el mundo. Sabemos que esta clase de derramamientos de los dones y poder de Dios está sucediendo ahora en la Iglesia, cuando

recibimos el Espíritu Santo. El trae dones y carismas sobrenaturales. Aun hoy, los necesitamos para construir la Iglesia y para el

apostolado en el mundo, Antes del Concilio Vaticano II, éstos parecía que se habían perdido, pero fueron reconocidos por el Concilio e

inmediatamente aparecieron en la Renovación Carismática. A partir de entonces, su valor ha sido explicado, demostrado y aceptado.

¿Corremos el riesgo de perderlos de nuevo? (...) (quizás) hemos retrocedido a la seguridad de la estructura y al ritual tratando de

reformamos nosotros mismos y la sociedad por nuestra propia fuerza (...). "Escribiendo a Timoteo, él (Pablo) nos desafía a que no

dejemos que los dones recibidos queden sin ser usados (ITim 4,14). El lugar habitual para aprender a usar los dones es la reunión de

oración. Así es que cuando me encuentro grupos de oración que se autodeterminan carismáticos, pero no evidencian ningún don

espiritual sé que perdieron su rumbo ... Los carismas son dones para la Iglesia, pero si la Renovación Carismática no los aprecia ni los

usa, ¿quién lo hará? ... El Espíritu Santo es el verdadero guardián de Sus dones. El ha puesto nuevamente a nuestra consideración los

carismas y nos enseñó como usarlos. Nosotros ahora tenemos una clara responsabilidad de enseñarlos a los demás. Es una custodia

sagrada de la cual debemos responder. Si la Iglesia debe cumplir su misión de proclamar el evangelio en el poder del Espíritu Santo,

8. D. Roth, "Ne laissons pas s'eteindre les Charismes", Tychique, n. 88. 1990, 25.

necesitamos estos dones. Pero también necesitamos tener en claro nuestras prioridades. Los dones son signos que nos dirigen a Dios.

Son herramientas de trabajo, no fines en ellos mismos (...) Debemos desearlos, pedirlos v después usarlos debidamente. Aquellos que

están en la posición de líderes llevan la responsabilidad de ésto, lo cual pide sabiduría y visión".

3. Una aclaración importante

El hecho de que al menos, popularmente, se designe a la Renovación con el sobrenombre de "carismática" se presta a limitar y aun a

interpretar parcialmente lo que esencialmente es la Renovación en sus varias designaciones: Renovación Cristiana en el Espíritu Santo,

Movimiento Carismático, Renovación Carismática o simplemente Renovación, no es completa, a juicio de muchos.

Una Puntualización Fundamental

Dentro de la gran importancia de los carismas, es preciso tener en cuenta, para balancear sanamente las cosas, lo siguiente: Los

carismas, en el contexto de la esencia de la Re no pación Carismática o en el verdadero rostro de ella.

"Mientras se contemple a la Renovación como personas interesantes que oran de un modo o de otro, y que explotan los carismas, y no

que es ante todo, entrar en el misterio de la conversión.

Los primeros cristianos eran todos unos convertidos. Tenían que haberse convertido a Jesucristo de su medio ambiente y de su

paganismo. No se puede separar la conversión de la adhesión a Jesucristo: son dos aspectos de la misma cosa. Hay que abandonar

al hombre viejo -misterio de despojamiento-- para recibir una vida nueva y dejar que Cristo viva dentro de uno mismo su misterio

pascual muerte y de vida. Esto es lo que está en el corazón de la Renovación.

Esta abarca todo el complejo fenómeno del primitivo Pentecostés, repetido y popularizado hoy en nuestro mundo.

No debemos perder de vista esta realidad, si no queremos reducirla a un aspecto importante, y aun esencial, como son los carismas.

Con ser, dijimos, algo central, no agotan, ni mucho menos, la esencia de la Renovación. En el tomo: "Que es la Renovación Carismáüca y

qué pretende", pensamos que se aclara este problema.

¡Ilumínanos, Señor, para saber lo que es esta apertura al Espíritu Santo, la apertura primera que es el mismo Espíritu Santo!

Lo primero no son los dones, sino el Espíritu, Hay una especie de hipertrofia con respecto a los dones del Espíritu Santo y a los

carismas. Eres Tú, Señor, a quien yo busco "Tú" y no "Tus", dice Sar. Agustín . A Ti y no tus dones. Hay que hacer examen de

conciencia. ¿Qué es lo que busco en la Renovación? ¿Un encuentro con el Espíritu Santa dejando en segundo término los dones?

Esto es lo primero.

Y después de esto ¿qué? La literatura es extremadamente delicada, pues los dones, los carismas, no tienen una definición definitiva.

Es algo así como si tratáramos de definir los rayos del sol. Lo importante es el sol: el Espíritu Santo. Después están los dones, las

virtudes, los carismas. Entonces, ¿dónde está lo esencial?

Es de suma importancia que la Renovación ponga el acento en las virtudes teologales.

¿Caminamos en una fe desnuda, sin buscar signos ni milagros que ya vendrán de vez en cuando, pero que 110 son lo primero?

¿Se da en nosotros una intensidad de esperanza ante este mundo desesperado? Si el Espíritu Santo nos da el valor de esperar sobre

toda esperanza, esto sí que es un signo auténtico.

Y luego la caridad. Aquí si que debo confesar que hav en ios Hechos de los Apóstoles una línea que me molesta.

San Lucas indica que los dema;- rocían: Mirad cómo se aman.

Las personas que pertenecen a los grupos ¿se aman de esta manera? ¿Cómo aman al servicio de los que están a su alrededor, en

sus obligaciones sociales, en el mundo?

Es aquí donde liemos de centrar nuestra atención. ]\ ttstcrio de Pentecostés que es encuentro con el Espíritu Santo, apertura a las

virtudes teologales y después a los dones y carismas".

Y creemos que de su recta comprensión depende, en buena parte, para muchos, la indiferencia, el rechazo o la simpatía y la abierta

acogida que se le dé.

La Renovación Carismática, a nuestro entender, es una realidad tan rica, tan oportuna, una gracia tan singular de Dios a nuestro mundo

que, sin entrar en comparaciones y concediendo la diversidad y riqueza de la acción del Espíritu, representa un hito en su actuar en la

Iglesia y en el mundo. Sin embargo, empalma con la tradición de la Iglesia y se arraiga firmemente en las Escrituras, sobre todo en los

Evangelios y las cartas paulinas.

"La Renovación Espiritual de la Comunidad" (como se l ama en los países de habla alemana a la ilenovación Carismática) quiere

contribuir a la realización de "uno de los objetivos mas importantes de todos los esfuerzos para la reforma", la creación de

"comunidades vivas en las que múltiples dones del Espíritu cooperan unos con otros".

IV QUE ES EL "CARISMA"

1. El doble elemento que constituye el carisma

"Generalmente, cuando hablamos de carismas, oscilamos entre dos extremos: o bien se les convierte en manifestaciones

preternaturales y excepcionales reservadas a los santos, o bien se comete el exceso contrario de confundirlas con cualquier cualidad

natural, en un empleo abusivo de palabra".1

Analizaremos la siguiente definición de H. Muhlen, y trataremos de distinguir los elementos constitutivos:

"Entendemos por carisma una aptitud natural que ha sido liberada por el Espíritu Santo y asumida para el servido de la edificación y

crecimiento del Cuerpo de Cristo” 2

a) "Los enfoques puramente psicológicos o sociológicos de los carismas pueden ser interesantes y son absolutamente necesarios,

pero son demasiado unilaterales para dar cuenta exacta de la globalidad de su significación espiritual. No podemos hacer del

carisma una mera inspiración de orden poético o emocional, ni una expresión de la unidad del grupo, ni tampoco una contestación

institucional".3

b) No es admisible, al menos para la mayor parte de los que han escrito sobre los carismas, la afirmación de que los beneficiarios

adquieren una capacidad radicalmente nueva”. En este sentido el Espíritu daría a la persona y a la comunidad una capacidad de

“orden diferente” y que, por lo tanto, no poseía. No serían estos “poderes” una simple reorientación y elevación sobrenatural de

capacidades naturales, sino una actuación de Dios nueva, más allá de la historia. Sería un acto “milagroso” de Dios en la

comunidad.4

1. A.M. de Monleon, "La experiencia de los carismas", Edit. Roma, Barcelona, 1979.14.

2. H. Muhlen, "Espíritu, carisma, liberación", Secretariado Trinitario, Salamanca, 1976, 254.

3. A.M. de Monleon, o.c., 15.

c) Un primer elemento, que se hal a en la base pero que no constituye el atrisma, sino solamente su cimiento, es una "aptitud natural"

o capacidad que entra en las posibilidades de todos, en menor o mayor grado.

"En sentido amplio, toda aptitud para una vocación determinada es el fundamento de un don del Espíritu. Esa aptitud se convierte

en carisma cuando es utilizada por la fuerza del Espíritu a favor de los demás, para el bien común (ICor 12,7), y no a favor de la

propia persona, para acumular bienes materiales, etc."5

d) Un segundo elemento, el que fundamentalmente constituye el Carisma,"radica en ser liberado por el Espíritu Santo y asumido para

el servicio y edificación del Cuerpo de Cristo".

Dicho de otro modo: se trata de una "dimensión" nueva que toma el individuo o la comunidad, bajo la poderosa acción del Espíritu.

"La novedad consiste en la animación por el Espíritu —de forma más o menos extraordinaria- de una capacidad que pertenece a la

plenitud de k humanidad. En esta perspectiva, el hablar en lenguas, la profecía, no les parecen radical y esencialmente diferentes de la

verbalización que se produce también en las culturas no cristianas; se diferencia por su modo y su finalidad. Son sobrenaturales, no sólo

porque están orientados hacia el servicio del Reino, sino porque se realizan con la fuerza del Espíritu.6

4. G. Montague, "The Spirit and Gifts", N. Y., 1974, 19ss.; Cfr. A. Bitlinger, "Gulfs and Ministries, 17.

5. H. Muhlen, o.c. 254.

6. "Le Renouveau, Charismatique", Colloque de Malines, 21-26 mai, 1974, 30.

Colocados en este justo equilibrio, se evitan las interpretaciones unilaterales, inexactas, peligrosas.

Se "subraya la ambigüedad de toda acción humana, sobre todo cuando es religiosa". Ayuda al discernimiento y a la humildad: porque

un carisma "aunque esté en relación con capacidades que pertenecen a la plenitud de la naturaleza humana, no es propiedad de una

persona, sino porque es un don y una manifestación del Espíritu" (1 Cor 12, 7). El Espíritu dispone soberanamente de sus dones y actúa

con demostración de poder.7

Un autor de tanta autoridad como K. Mac Donnel , refiriéndose al don de lenguas (y aplicable de los demás carismas) afirma: "para ello,

es suficiente que la capacidad natural se ejerza bajo el poder y la inspiración del Espíritu y dirigida hacia la construcción del Reino de

Cristo".8

Podemos, por lo tanto, concluir con H. Muhlen "Toda aptitud para una profesión determinada es el cimiento de un don del Espíritu.

Esta capacidad se convierte en un carisma cuando, en la fuerza del Espíritu, es ejercitada con vistas a los demás, para el bien común"9

e) En este segundo elemento religioso hay, pues, que distinguir un doble aspecto: el modo y la finalidad:

* El modo: las aptitudes naturales se ejercen en el poder del Espíritu Santo; son "animadas" por El; son "liberadas" por El; "se

realizaran por la fuerza del Espíritu".

* La finalidad-, las capacidades naturales son "asumidas para el servicio de la edificación y crecimiento del Cuerpo de Cristo";

"están orientadas hacia el servicio del Reino".

El "carisma", pues, es una aptitud liberada por el Espíritu, revestida de fuerza por El y puesta al servicio de la edificación del Cuerpo de

Cristo.

7. "le Renouveau Charismatique", o.c., 4.

8. K. MacDonnel , "Charismatic Renewal and the churches", The Seabury Press, N.Y, 1976. 155.

9. H. Muhlen, o.c., 254.

Cada cristiano pose uno o muchos ca.ri.smas, con vistas a la ordenación del ministerio de la Iglesia; estos forman parte integrante de

la vida eclesial pero deben ser "sostenidos5' por una realidad mas fundamental: el amor a Dios y al prójimo (ICor c. 13). Este amor- caridad

da valor a todo ministerio; sin él, los carismas estarían "vacíos".

La consecuencia es obvia: Dios usa los dones naturales que El da como soportes de los carismas que otorga. Si tienes una buena voz,

debes estar abierto a ser usado por el Señor para una profecía en canto: pero esto no condiciona Su obra ni necesariamente se dará así.

A veces sucede de modo distinto. Es una manera de actuar del Señor ordinaria, no necesaria ni siempre. Lo "normal" es que use nuestros

dones naturales. Esto nos ha de l evar a cultivarlos, en humilde disponibilidad, como preparación y ofrecimiento de nuestra cooperación

para lo que quiera; a estar abiertos a su utilización, pero a permanecer en paz si no los usare y a ofrendarle nuestro servicio y alabanza si

se valiere de ellos.10

La gracia entronca en un contexto na-ural y, por tanto, los carismas son efectivamente sobrenaturales, como dice Santo 'lomas. b> se

l aman sobrenaturales los carismas por ser dones gratuitos del Espíritu, no debe entenderse lo sobrenatural en el sentido de algo añadido

a la naturaleza, como una especie de superestructura, o como una corona de metal sobre una cabeza de carne.11

Los carismas liberan y complementan los dones naturales según la diversidad de los individuos y comunidades. Afectan, pues, a toda

la realidad humana, individual y colectiva, a su cuerpo y psiquismo, de acuerdo a los diferentes compromisos; por eso, "no constituyen una

serie uniforme y delimitada o cerrada. Se diversifican hasta lo infinito de acuerdo con las necesidades de la Iglesia en las distintas

situaciones históricas y geográficas".12 Dios l ama para actuar en la Iglesia teniendo en cuenta las cualidades de cada hombre. Así,

sabiamente, da carismas complementarios que contribuyen entre sí.

10. Bruce Yocum" Prophecy, Wocd of Life", Ana Arbor, Michigan, 1976, 92.

11. R. Laurentin, "Los cansmas: precisiones teológicas", Concilium n. 129,1977,287.

12. R. Laurentin, o.c., 287.

Recordando la doctrina de santo Tomás, Dios no crea al hombre en el orden natural y luego, para hacerlo colaborador en el cuerpo de

Cristo, elige en él unas cualidades para l evarlas a un fin superior. Lo crea con las cualidades necesarias para que cumpla la vocación que

le asigne en la edificación de la Iglesia, convirtiéndolas así en carismas potenciales.

Según Küter, "el carisma (don gratuito) es un don que emana de la gracia como una capacidad especialmente concedida por el Espíritu

para vivir y servir en la Iglesia y en el mundo. Frecuentemente, los carismas coinciden con aptitudes naturales del hombre; sin embargo, los

dones del Espíritu no derivan de estas, sino que tienen un único origen en una libre elección divina. El Espíritu Santo purifica, desarrolla y

utiliza las aptitudes naturales".13

W Kopfermann define así el carisma: "por carisma entendemos nosotros toda capacidad concedida por Dios, en la medida en que por el

Espíritu de Jesucristo, ha sido arrebatada a la disponibilidad personal de uno mismo y ha puesto al servicio de la comunidad".

De modo semejante se dice en el documento aprobatorio de la Conferencia Episcopal Alemana "Renovación de la Iglesia desde el

Espíritu de Dios": "El carisma es efecto y concreción de la gracia de Dios en la comunidad y en el contexto comunitario en el que cada uno

vive... Los carismas no son simplemente deducibles de las capacidades naturales, sino que tienen origen en la libre elección de Dios que

reparte a cada uno en particular sus dones especiales, según El quiere (1 Cor 12,11). Frecuentemente, sin embargo, corresponden a estos

dones de la gracia determinadas aptitudes naturales del hombre, que son purificadas, desarrolladas y utilizadas por el Espíritu Santo (...).

El ministerio eclesial (es) carisma en favor de los demás carismas y éstos son para servicio de la comunidad, para el bien común, para

edificar la Iglesia en la caridad.14 H. Kung, define el carisma del modo siguiente que el l ama sentido "más amplio". Pero más amplio

respecto del entenderlo como un poder poco frecuente, extraordinario y maravil oso: “Es el llamamiento de Dios dirigido a cada uno para

que realice un determinado servicio en la comunidad y que lo capacita al mismo tiempo para realizarlo”15

13. F. Küter, "La decisión fundamental del cristiano", Koinonia, n. 5, marzo-abril, 1986,12.

14. H. Muhlen. "Dones del Espíritu Hoy", (varios) Secretariado Trinitario, Salamanca, 1987, 15.

En este sentido hay que considerarlo como "don de gracia". Pero el hecho de que sea don, está indicando que no puede ser

autónomo, ni, en modo alguno, puede desligarse del Dador, el Espíritu Santo. Todos y cada uno de los carismas son expresiones del

poder y de la gracia de Dios en el Espíritu. Y todos ellos se refieren al único gran carisma de Dios que se mostrará al final de los tiempos,

a la Nueva Vida, la Vida Eterna en Jesucristo, nuestro Señor (Rom 6,23; cf. Rom 5,15).

Y algo sumamente consolador, dentro de su realidad, que nos centra en El, Jesucristo, como Señor de nuestra vida presente y eterna:

en la plenitud de Su gracia se nos ha abierto la inmensa riqueza y la variedad dentro de la unidad, de los dones espirituales.

Por lo tanto, ei hecho de que uno sea apóstol, otro evangelista, uno obispo, otro simple diácono; el que uno exhorte y otro consuele;

que uno cure y otro libere; todo ello es don en Jesucristo, por su Espíritu; y a Cristo hace referencia primaría y originalmente en su persona.

Una conclusión obvia que toca el ser íntimo del carisma: los carismas, por consiguiente, son la manifestación, concreción e

individuación del poder de la gracia de Dios que se nos otorga para l evarnos a servir y darnos, de este modo, parte en la soberanía de

Cristo. Y puesto que se nos da en el Espíritu de Cristo esta participación actual en la soberanía del Señor, en el Espíritu, los carismas, a la

vez, son acciones de poder y manifestaciones del Espíritu (1 Cor 12,6ss).

El hecho de que sean puros dones no impide el que se pueda aspirar a ellos, como el mismo apóstol exhorta (1. Cor 12,31).

Este mismo Espíritu que los da crea la variedad, la unidad y el orden (1 Cor: 12,4-7; 14,40).

Cada uno tiene su carisma. (Se supone auténtico). Y este tener su propio carisma contribuye al orden, a la unidad y a la diversidad (1

Cor 12,4). La unidad en la diversidad se funda, sobre tocio, en el hecho de que todos proceden del mismo Espíritu.

15.

H. Kung. “La estructura carismática de la Iglesia”, Concilium, n. 4, 1965, 60-61.

Esta gran realidad de tener un carisma, confiere o debe conferir al que lo posee, la responsabilidad de usarlo para bien o edificación de

la Iglesia (1 Cor 14,12; cf. Ef 4,12s). Como se puede observar, tienen una orientación distinta a los "frutos" del Espíritu que tienden a la

santificación de la persona (Gal 5,22). Sin embargo, hay entre ambos una relación puesto, que los carismas, si edifican la Iglesia en la

caridad, en última instancia, la santifican comunitaria e individualmente. Imitar la santidad del Padre, filialmente, en Jesucristo, por la fuerza

del Espíritu, es la obra suprema y definitiva de toda realidad y el culmen del plan de salvación de Dios en Cristo Jesús. Y para eso, "envía"

a los corazones el Espíritu Santo (Rom 5.5). Por eso el significado más profundo del orden en la Iglesia quiere decir servicio mutuo en

caridad en el único Espíritu, en la obediencia al único Señor.

"Un orden eclesial determinado por los carismas no significa, por lo tanto, ni un entusiasmo que degenere en capricho y desorden, ni

una legalidad que se petrifique en unificación y uniformidad".16

Ph. Madre se expresa del modo siguiente al hablar de los carismas: "Es conveniente recordar brevemente la noción de carisma tal como

la Iglesia la ha recibido desde su fundación.

"Se trata de una gracia absolutamente gratuita, esto es, no implica, en modo alguno, la noción de mérito personal, de dignidad ni de

santidad individual. Dios, en su sabiduría, la concede según las necesidades de la Iglesia en vistas a su edificación.

"Cuando hablamos aquí de edificación de la Iglesia, se trata tanto del crecimiento en comunión del cuerpo eclesial como de la extensión

de este mismo cuerpo-Iglesia por medio de la Evangelización. El carisma recibido puede servir igualmente a la santificación personal o, al

menos, debe hacer aspirar a esta última".17

El Concilio Vaticano II insistiendo sobre la preeminencia de los carismas jerárquicos, interpela, sin embargo, a los creyentes sobre sus

derechos y sus deberes "a ejercer estos dones en la Iglesia y en el mundo, para el bien de los hombres y la edificación de la Iglesia." (Sobre

el apostolado de los laicos, n.3).

16. H. Kung, o.c., 64; Cfr. M-A. Chevalier, Souffle de Dieu, Beauchesne, II, 1990. 333-337.

17. Ph. Madre, "Le Charisme de Connaissance", Pneumatheque, París, 1985.

Pero añade siempre que toca el tema, "ejercicio bajo la guía de sus pastores y en discernimiento. A ellos corresponde como un deber,

no apagar el Espíritu, sino examinarlo todo y quedarse con lo bueno". (1 Tes 5,12 y 19-21).

2. Los elementos permanentes y ocasionales del carisma

Cuanto digamos viene a ser una versión o presentación, no repetid;-., sino complementaria del apartado anterior. En el se hablaba de

dos elementos que entran en el carisma: uno, como soporte sin constituir el carisma como tal; el otro, que forma esencialmente el carisma.

Ahora se tratan otros dos que se integran y dan ser al carisma en si: el elemento permanente y el ocasional.

Consideramos importante el tema. De aquí ha de partir la correcta comprensión de los carismas con las consecuencias que de ello se

derivan.

A.- Elementos permanentes en los carismas

a) ¿Qué es el elemento permanente?

Dios puede usar a cualquier persona como vehículo de su acción, pero cuando hablamos de "carisma", nos referimos a una persona

que ha recibido gracias especiales que i a hacen apta para colaborar de una manera específica con Dios.

"A estos elementos permanentes se rene re San Pablo cuando escribe" a uno es dada... la palabra de sabiduría... a otro, dones de

sanar..., (1 Cor. 12,8-12).

Estos elementos son virtudes, fruto del Espíritu Santo (Gal 5,22), que hacen al carismático receptivo para ser usado por Dios como

"instrumento escogido" (Cfr. Hech 9,15).

Fundamentalmente, son "virtudes" que capacitan a la persona para ser un instrumento receptivo y unido al Señor.

Enumeramos algunas fundamentales: un amor abnegado para prestar ayuda a los demás; una confianza arraigada en el poder y en el

amor del Señor; docilidad para responder a la voluntad de Dios conocida; discernimiento de la voluntad de Dios.

El hecho de que esté constituido el elemento permanente por estas virtudes no quiere decir que la persona las ha de poseer todas. El as

son gracias gratuitas que la capacitan, para responder a la moción del Espíritu.

b) Este elemento permanente no cía derecho a afirmar que "cargamos los carismas", como si pudiéramos disponer de ellos a nuestro

antojo.

Estos, a excepción de los llamados carismas ministeriales: Papa, Obispo, sacerdote, etc., son carismas transeúntes.

c) El hecho de poseer estos elementos permanentes capacitadores, no hace al carisma en cuanto tal: son requisitos que fundamentan

el don carismático ocasional.

B.- Elementos ocasionales en los carismas

a) Suelen consistir en una inspiración que partiendo de Dios, encuentra la correspondiente cooperación del "carismático".

El Espíritu actúa moviendo, por ejemplo, a decir la profecía que él tiene para la comunidad; la r>ersona movida, colabora pronunciando

las palabras de la profecía o imponiendo las manos y diciendo la oración de sanación. A través de este canal determinado y movido por el

Señor "se manifiesta el Espíritu para el bien común" (1 Cor 12,7): no se limita a los efectos inmediatos, v. G,r., la salud, el alivio..., se

extiende al alma de los fieles, si es acogida por ellos la acción interior del Espíritu que acompaña a la acción cooperadora de la persona (1

Cor 14,3).

b) El "carismático", por lo tanto, no recibe en modo alguno un nuevo poder que pudiera usar a su voluntad. Las maravil as están

siempre en la mano de Dios, cualesquiera que sean. Pero usa a la persona en el momento que quiera, como colaboradora suya, como

"instrumento elegido", nada más (Hech 9,15-16). Por eso, nunca tendrá por qué gloriarse la persona, como si de ella hubiera salido el

efecto. Ciertamente, colabora; pero, aun en esa colaboración, recibe una gracia actual que la mueve a dejarse usar, aunque puede

negarse a consentir.

C.- El contexto religioso

Es absolutamente indispensable; nunca falta en toda actuación carismática. Podrá tener el acto humano una eficacia psicológica o

parasicológica que el Señor puede usar para producir el efecto. Pero, en último termino, es Dios el autor de la sanación, de la profecía, etc.,

que incorpora las fuerzas de la naturaleza.

Por eso, no hay acción carismática en un contexto enteramente profano, por ejemplo, en una exhibición de poderes mentales; cuando

la acción es motivada por iniciativa propia, por emotividad, por vanidad, etc.

Esta aportación de la persona, mero instrumento del Señor, la libera de creerse dueña del poder, como un mago, pero, al mismo

tiempo, la estimula a la docilidad para responder a la inspiración que viene del Espíritu, y a disponerse a ser, cada vez, mejor instrumento

del Señor, sobre todo con la fe en que Dios es quien actúa por su poder y su amor.18'19-20.

18. C- Aldunate, o.c.

19. "...Cuando decimos que todos los carismas parten del bautismo, y el de la jerarquía también del orden, nos referimos a su origen

ontoiógico. Pero ana cosa es decir que todos los carismas tienen su base en un sacramento, y otra afirmar que el ejercicio y, por lo

tanto, su aportación real al bien ae la Iglesia, pasa por un sacramento. Para el ejercicio de los cansmas, los fieles reciben "gracias

especiales" que no pasan por los sacramentos y el ministerio jerárquico. En este sentido, son gracias libres y especiales del Espíritu.

(...) Esto quiere decir que la gracia necesaria para el ejercicio de los carismas no es comunicada a través de los sacramentos ni, por lo

tanto, de la jerarquía, sino que viene directamente del Espíritu, el cual la concede en la medida que quiere, según el fin que se propone

al mover a ios fieles a ejercer el carisma recibido en el bautismo. Pero esto no significa que la gracia de los sacramentos y la de los

carismas no tengan nada que ver entre si. Todo lo contrario. Una es el presupuesto de la otra. Mediante la gracia de los sacramentos,

los fieles crecen en la caridad, se hacen más dóciles a las mociones divinas, de modo que cuando el Espíritu los empuja a trabajar por

la difusión del Reino de Dios, aplicando el Carisma recibido en el bautismo, respondan con prontitud y generosidad". G. Grasso. "Los

carismas en la Iglesia", 24-25.

20. Siempre será necesario recordar una realidad que tendemos a olvidnr. también en el uso de los carismas. Hay aquí una lección para

tocio apostolado. Enviado a misionar, el apóstol recibe de Cristo un poder maravil oso, poder de expulsar el mal y de hacer penetrar el

bien en las almas.