Jack y Jill por Loisa M. Alcott - muestra HTML

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Jack y Jill Louisa M. Alcott 3

Joe continuó molesto y Merry Grant cambió de tema preguntando:

—¿Irán todos a la reunión esta noche?

—¡Sí! Frank nos invitó a todos y siempre nos divertimos en su casa —agregó Sue.

—Jack dijo que habría un barril de miel a nuestra disposición; y hasta podemos llevar un poco a nuestras casas —añadió uno de los muchachos, relamiéndose los labios.

—Vale la pena tener una mamá como la señora Minot —comentó Molly, que llegaba en su trineo con Boo. Sabía lo que decía, pues era huérfana y cuidaba a su hermano Boo con cariño y paciencia.

—¡Es tan buena! —exclamó Merry.

—Especialmente cuando organiza una fiesta —dijo Joe, tratando de ser amable y temiendo que no lo invitaran.

Todos rieron, luego entre bromas y risas el grupo se dispersó.

—Jack, llévame por esa bajada. Joe dijo que no me atrevería a ir por ahí y quiero demostrarle lo contrario —pidió Jill, cuando se detuvieron a descansar durante la ascensión del cerro.

—Es demasiado peligrosa. Sube y daremos una vuelta por el lago —propuso Jack indicándole a "Centella", nombre con el que había bautizado a su trineo.

—No puedo permitir que Joe diga que no me atrevo a hacer algo. Si tú tienes miedo, iré sola.

Y antes de que él pudiera contestar, ella subió al trineo y partió velozmente por la pendiente peligrosa. No llegó muy lejos, porque se apuró demasiado en partir y no guió como debía. La niña rodó por la nieve, donde permaneció riendo hasta que Jack vino a ayudarla a ponerse en pie.

—Si insistes en ir, te llevaré. No tengo miedo porque he bajado muchas veces esta pendiente con los muchachos. Pero desistimos de hacerlo porque es corta y mala —replicó Jack con valentía.

—Tienes razón, pero tendré que bajarla varias veces. Si no, Joe dirá que soy miedosa —

repuso Jill, frotándose sus manos heladas.

—Toma mis mitones y quédate con ellos, si quieres. Yo no los uso nunca.

—¡Gracias! Son preciosos y me quedan muy bien. A cambio te tejeré algo para Navidad —

exclamó Jill, contenta.

Se encaminaron hacia el lugar de donde partían las tres pistas para trineos.

—Y bien, ¿cuál de las tres tomamos? —preguntó el niño, con una mirada de advertencia en sus ojos.