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La Chica del Gato con Ojos Amarillos por killari ai - muestra HTML

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La chica del gato con ojos amaril os

Kil ari Ai

kil a-ri@hotmail.com

La chica del gato con ojos amaril os

Kil ari Ai

La chica

del gato

con ojos

amarillos

kil a-ri@hotmail.com

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La chica del gato con ojos amaril os

Kil ari Ai

Relato original de Killari Ai

Lima, Perú - Abril 2012

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o tada: Foto de un gato negro a la ventana.

La distribución de este libro, impresión, reproducción y alojamiento en hosts

diferentes del host de origen están permitidos mientras se conserve el nombre

del autor original y este no sea cambiado bajo ninguna excusa, por favor

seamos conscientes que este material es gratis pero es producto de nuestro

esfuerzo y por ello vale demasiado para nosotros. Así mismo la descarga de

estos relatos es gratis como se mencionó arriba, pero está terminantemente

prohibido utilizar este escrito con fines comerciales sin el permiso y acuerdo

previo con la autora.

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Kil ari Ai

Marie perdió su alma al entregarse a la oscuridad.

Marie desintegró su corazón para no sentir amor.

Marie no siente nada, mucho menos piedad.

Marie desconoce los sentimientos humanos.

Entonces, ¿qué es lo que Marie siente por ti?

¿Simple confusión? ¿Caprichos de una inmortal?

No lo sé…

Pero, Marie desea estar contigo por toda la eternidad.

Repite el nombre de Marie tres veces, ella vigilándote está.

Tus labios le pertenecen, y el calor que emana de tu cuerpo.

Marie te busca, pero desesperada no se encuentra.

Ya que sabe, que Anne pronto estará con ella.

Ahora Marie solo dice…

Permite que desgarre tu piel y busque tu fresca sangre.

Marie, Marie, vendrá por ti esta misma noche.

Anne, Anne, se convertirá en su eterna amante.

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El primer cuadro que llamó mi atención la noche que asistí a la pequeña

exposición que realizaron los estudiantes de primer año de arte, fue la de una

chica sentada sobre una vieja silla de madera, cerca a una ventana. Sobre sus

piernas descansaba un gato con extraños y brillantes ojos amarillos, que

parecía seguirte con la mirada a todos lados. Tenía los toques mágicos de una

pintura antigua; el escenario de fondo era una vieja casa, de paredes sucias y

cortinas raídas por el paso del tiempo. Mi atención estaba sobre aquella joven

de largos y sedosos cabellos negros, labios rojos y mirada perdida. Ella llevaba

un vestido hecho jirones de color blanco, que le llegaba hasta las rodillas y

esto hacía que pudiese ver sus largas piernas y parte de su delgado cuerpo. No

tenía medias ni zapatos y su piel era de un color cetrino.

A simple vista, parecía una niña de catorce o quince años de edad como

máximo, pero cuando te fijabas en esos ojos distantes que contemplaban al

parecer el cielo que podía ver a través de aquella ventana, algo te decía que

sabía demasiadas cosas y había vivido mucho más de lo que imaginabas.

Era la única pintura que estaba firmada bajo el nombre de “Marie” y no sabía

si se trataba de la autora, o tal vez de aquella misteriosa modelo. Aunque la

última idea carecía de lógica ya que, la pintura parecía haber salido de la

imaginación de alguien, de un sueño confuso o tal vez de una pesadilla. Era

imposible que una joven de aquella extraña y misteriosa belleza existiese en la

realidad.

No puedo negarlo, el cuadro me impresionó. Había algo especial en la

expresión de la joven, además el trabajo del artista había sido muy detallado.

Podría jurar que aquella desconocida volvería sus ojos hacia mí y me saludaría

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en cualquier momento. Un pensamiento algo escalofriante, pero era lo que

sentía al contemplarla.

Y por más que busqué otras pinturas que se le parecieran o estuvieran

firmadas bajo el mismo nombre, no encontré nada. Aquel cuadro era único,

el más perturbador y el mejor de todos los que había en la galería.

Como practicante y ayudante oficial del profesor de la clase, mi deber era

asistir a esa exposición y después reunirme con sus estudiantes para hablarles

acerca de las impresiones que me habían causado sus obras y darles consejos

para que mejorasen. El profesor Matías Olivo había depositado su confianza

en mí y por ello me había esforzado mucho para que mis críticas fueran las

mejores. No solo la opinión de una joven de veintiocho años, sino, el punto

de vista de alguien que estaba a punto de terminar una maestría en arte y había

vendido sus propias obras obteniendo cierta fama en el mundo virtual.

Realmente había esperado por una oportunidad así, solo era una novata pero

estaba muy feliz de haber sido asignada a ese hombre. Siempre había

admirado al profesor Olivo desde el primer ciclo en la universidad. Esos siete

años sí que habían pasado muy rápido.

Ahora tenía muchas metas, y al terminar mi maestría podría convertirme en

profesora, enseñar todo lo que había aprendido durante esos años, y el primer

paso era conocer a los chicos de primero, darles mis más sinceras opiniones y

felicitaciones. No podía negar que tenían talento, pero podrían mejorar

muchísimo con la práctica. Aunque, en esos momentos sentía un ligero

hormigueo y ansiedad por conocer al autor o autora de aquel cuadro de la

chica del gato con ojos amarillos. Deseaba hablarle y preguntarle algunas

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cosas, pero tendría que esperar hasta el lunes y antes de eso, tener una reunión

con el profesor Olivo para mostrarle mis notas y darle a conocer mis críticas.

Tendría mucho trabajo que hacer después de la exposición y mi cuaderno de

apuntes estaba repleto de opiniones y comentarios de cada uno de los

cuadros. No obstante, en mi mente quedó grabada esa misteriosa pintura,

quizás me había dejado impresionar demasiado, no sabía que era, pero antes

de marcharme a casa regresé a contemplarlo una vez más y sentí escalofríos al

percibir aquella profunda tristeza con la cual parecía haber sido pintado el

lienzo.

Era inquietante pero atrayente a la vez. La expresión de la joven me había

cautivado por completo; era perfecta, tan humana y al mismo tiempo, como si

fuese una criatura maravillosa salida de un confuso cuento de hadas.

- ¡Anne! ¡Debemos regresar! – escuché una voz llamándome de repente. Ahí

fue cuando reaccioné y guardé mis apuntes, volteé para encontrarme con una

de mis compañeras y supe que era hora de volver a casa. Éramos cuatro en

total las que habíamos viajado a Italia con el profesor Matías Olivo, para llevar

a cabo nuestra maestría gracias a una beca. Estaba muy emocionada, esos dos

años habían pasado demasiado rápido y estaba convencida de que era el país

en donde quería vivir terminado mis estudios. Si bien vivíamos en un pequeño

departamento y no contábamos con suficiente capital para gastos extras, no

me quejaba, jamás había sido tan feliz en toda mi vida y por esa razón mis

padres habían terminado cediendo ante la idea de que me quedase aquí. Los

extrañaba, pero en vacaciones iría a verlos y a mis hermanos, siendo la hija

mayor quería que se sintieran orgullosos de mí y por eso trabajaba duro para

conseguir mis metas.

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Mi amiga Liliana, que hace horas quería regresar al departamento, salió

rápidamente no sin antes decirme que me esperaría en el auto, mientras

disfrutaba de uno de sus contaminantes cigarrillos. Lamentablemente ella no

compartía el mismo amor que yo por el arte, había llegado a Italia con la

intención de casarse y establecerse oficialmente ahí. Y por lo general, siempre

me dejaba a cargo de todo, así que ahora por ser la última en salir, debía

asegurarme que las ventanas estuviesen cerradas y todo se encontrase en

orden.

Me sentía cansada por todas las actividades que había realizado durante el día

y podía sentir la tensión apoderándose de mi cuello. Mientras me dirigía a

cerrar las ventanas que estaban al fondo de la galería, pensaba en lo que

cenaríamos aquella noche, quizás las otras chicas habían comprado la cena en

aquel restaurante en donde acostumbrábamos comer. No pude evitar que una

mueca de disgusto se dibujara en mi rostro, solo por una noche me gustaría

comer algo que no fuese comida rápida o pasta, pero sabía que tenía la batalla

perdida, estaba casi segura de que ese platillo me esperaría al regresar a casa.

Las ventanas quedaron aseguradas y me dirigí a la pequeña oficina para

recoger mi bolso y mi chaqueta. Pero, sucedió algo muy extraño cuando

regresé a la galería con mis pertenencias en la mano. Las luces empezaron a

parpadear y sentí una ventisca gélida paseándose a través de la sala. Me detuve

por algunos segundos un poco confundida, pero al voltear a ver a todos lados

me di cuenta que una de las ventanas estaba abierta. – Deben ser las bisagras

que están flojas – me dije mentalmente y me acerqué para volver a cerrar la

ventana y asegurarme que no se abriera durante el transcurso de la noche.

Una vez terminada mi tarea me dispuse a salir, ya que mi amiga debía estar

impaciente por mi demora.

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Pero, apenas di unos pasos, sentí la fresca brisa nuevamente acariciando mi

mejilla y jugando con algunos cabellos sueltos que tenía. No podía ser, la

ventana se había abierto de nuevo. Empecé a molestarme ligeramente, estaba

cansada y lo que menos quería era permanecer más tiempo ahí, pero respiré

profundamente y estiré un brazo con la intención de cerrarla por tercera vez.

Las luces volvieron a parpadear y permanecí en aquella posición por breves

segundos. Pero, una ráfaga de viento hizo que retrocediera, como si me dijese

a gritos que esa ventana no podía estar cerrada. Los escalofríos me invadieron,

me sentí nerviosa y supe que algo extraño estaba sucediendo ahí, pero no

quería dejar que mi imaginación volara, debía mantener la calma. Pero, al

contemplar mi mano, me di cuenta que temblaba debido a esos escalofríos.

Respiré lento y profundo, y al moverme escuché una voz llamándome, un

gemido que parecía emanar de las paredes.

- Anne, Anne…

Me quedé paralizada del susto. No pude evitar reaccionar de esa manera, ya

que la voz no era la de mi amiga, se trataba de la voz de una persona más

joven, quizás una niña. Quise echarle la culpa a mi imaginación, y por ello

decidí voltear para contemplar el salón y reírme al no encontrar nada. Al

menos esa era la idea en medio de mi temor. Pero, como si fuese una

venganza por haber tenido ese pensamiento, las luces se apagaron de repente

y todo quedó en completa oscuridad, salvo aquel rincón en donde me

encontraba. La ventana abierta permitía que la débil luz de los postes

iluminase parte de mi cuerpo y rostro. Pero no era suficiente, rogaba

mentalmente para que la luz volviese, ya que empezaba a sentirme muy

asustada.

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Sin embargo, buscando refugio en la razón y en la lógica, supuse que habría

sido un fallo en la electricidad. Esto hizo que me relajara un poco. Me

acomodé las correas del bolso sobre el hombro y abandonando la idea de

cerrar esa ventana, decidí marcharme a casa. Lastimosamente, al voltear y

enfrentarme a la oscuridad, volví a escuchar esa extraña voz. Esta vez era más

clara y fuerte, como si alguien invisible me hablase o cantase mejor dicho, al

oído.

- Marie perdió su alma al entregarse a la oscuridad. Marie desintegró su

corazón para no sentir amor…

Algo se movió en la oscuridad. Mis ojos no podían seguirlo ya que era

demasiado rápido y pasaba de un lugar a otro en cuestión de segundos. Ahora

sí, que estaba totalmente aterrada, pero mi cuerpo no obedecía a las órdenes

de huir de aquel lugar. Mi corazón golpeaba salvajemente mi pecho y el aire

empezó a faltarme a causa de la agitación. Y fue ahí cuando vi aquellos ojos

amarillos en esa oscuridad, unos ojos que me veían fijamente y parecían

atravesar mi propia alma. Junto a esos ojos, había otra presencia, me era

imposible distinguirla, pero volví a escuchar esa tétrica canción, esta vez

dándome cuenta que era una voz femenina.

- Marie perdió su alma al entregarse a la oscuridad. Marie desintegró su

corazón para no sentir amor…

La presión se me bajó de golpe y mi cuerpo cayó al suelo al no poder

soportarlo más.

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No tengo la menor idea que sucedió conmigo mientras estaba inconsciente.

Lo único que sé, es que mi cuerpo recuperó el calor perdido ya que, caso

contrario, mi corazón se hubiese detenido. Al abrir los ojos, sentí mi cuerpo

descansado, pero con un dolor horrible en el brazo izquierdo. Así que, dirigí

mi vista hasta ese lugar y vi un leve moretón producto de la intravenosa que

me habían aplicado. Gracias a Dios, estuve inconsciente todo este tiempo, ya

que la sangre y las inyecciones hacían que el estómago se me revolviese por

completo. Con solo pensar en ello, se me fueron todas las ganas que tenía por

comer algo, aunque esto hubiese pasado de todos modos, ya que el olor a

alcohol inundaba mi nariz y en vez de ayudarme a recuperarme, quise ir

corriendo al baño para vomitar.

Y cuando volví a tener el control total de mis pensamientos y emociones, me

moví para sentarme y acomodar mi espalda contra las almohadas. Estaba claro

que me encontraba en el cuarto de un hospital, y solo podía recordar las luces

parpadeantes de la galería de arte antes de desmayarme. Cuando estuve

sentada y con unas terribles ansias de ponerme de pie para averiguar por mi

propia cuenta lo que había sucedido, la puerta se abrió y reconocí la figura de

Stefany, una de mis amigas que había venido a verme. Intenté sonreír, pero

dudo mucho que la mueca que hice se pareciera en algo a una sonrisa. Estaba

muy confundida y por momentos la piel se me erizaba al intentar recordar con

exactitud que sucedió.

- ¿Cómo te siente Anne? ¿Estás mejor? – preguntó con un tono de voz

preocupado.

- Creo que sí, pero ¿qué sucedió?

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- El doctor solo nos dijo que te habías desmayado porque la presión se te

bajó. Mencionó exceso de trabajo y estrés.

- ¿Solo eso?

- Sí, y no te preocupes que hoy en la tarde te darán de alta. El profesor Olivo

vino a verte mientras dormías y nos ayudó a reunir el dinero para comprarte la

medicina que el doctor te recetó. Solo son vitaminas y algo para el estrés.

- Osea calmantes... ya sabes lo que opino de eso.

- Te guste o no, tienes que tomarlos. ¡Menudo susto nos diste! Liliana nos

llamó por teléfono desesperada porque pensó que habías tenido un ataque.

- Bueno, según yo... creo estar bien – dije, permaneciendo en silencio después

de aquello, sentía que olvidaba algo muy importante pero no tenía la menor

idea de que fuera.

- Por cierto, el profesor Olivo dice que espera que te recuperes pronto para

que regreses al trabajo. Felizmente no perdiste clases en el curso de maestría,

pero tuvo que hacerse cargo de las críticas de las obras de los chicos. Yo

misma le entregué tu cuaderno de apuntes, sé que eran tus más sinceras

opiniones y deseabas decírselos en persona. No te desanimes, para la próxima

será.

- Stefany... ¿fuiste hoy a la galería? – dije cambiando mi expresión a una de

seriedad total.

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- Sí, lo hice para entregar las pinturas que han sido vendidas. ¡Los chicos están

tan felices por ello!

- Ya veo, así que logramos que se vendieran algunos cuadros gracias a la

exposición, eso me alegra.

- Sí, pero, Anne tengo que hablarte de algo. Hay muchas personas interesadas

en comprar una pintura en especial, pero no podemos encontrar al autor. El

profesor Olivo habló con todos sus alumnos, pero ninguno recuerda siquiera

aquel cuadro, dicen que cuando fueron a colocarlos en la galería ese espacio

permaneció vacío. Hasta pensaron hacer una obra en común para evitar esa

pared en blanco. Es como si hubiese aparecido de la nada.

- ¿Eh? ¿De qué cuadro me estás hablando?

- De una obra llamada “Marie”.

Apenas escuché el nombre, me puse muy pálida. Retazos de recuerdos de la

noche pasada se me vinieron a la mente, recuerdos sin sentido. Intenté ocultar

el temblor de mis labios y felizmente la enfermera entró para pedirle a mi

amiga que se retirara por el momento. Realmente, quería estar a solas.

Faltaban varias horas para el atardecer, pero las aprovecharía para descansar y

quitarme de la cabeza todas esas tonterías que empezaban a atormentarme.

Pero, por más que intenté dormir un poco, mis ojos se negaron a cerrarse.

Jamás me había desmayado antes. No podía aceptar la idea del estrés, porque

a pesar de todo, tenía un horario bien organizado en donde el descanso y las

horas de comida eran respetados. Por ello, decidí olvidarme de todo eso, me

acomodé en la cama para intentar conciliar el sueño, pero apenas cerré los

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ojos, sentí una mano posarse sobre mi cabeza y empezar a juguetear con mis

cabellos. Al igual que mi madre hacía cuando me enfermaba.

- ¿Quién er...? – intenté preguntar, pero mis palabras fueron cortadas con la

voz de una chiquilla que empezó a cantar suavemente.

- Marie perdió su alma al entregarse a la oscuridad. Marie desintegró su

corazón para no sentir amor. Marie no siente nada, mucho menos piedad.

Marie desconoce los sentimientos humanos... entonces, ¿qué es lo que Marie

siente por ti? ¿Simple confusión? ¿Caprichos de una inmortal? No lo sé…

Su voz era suave, pero sus palabras escalofriantes. La desconocida las

entonaba como si fuese una canción de cuna. Quería mucho abrir los ojos,

pero los recuerdos de la galería inundaron de golpe mi memoria y la cabeza

empezó a dolerme. Quería gritar, estirar mi mano para llegar al botón que

estaba cerca de la mesa de noche y llamar a la enfermera. En esos momentos

pude sentir como me abrazaba y su delgado cuerpo rozó el mío, aquella

“cosa” estaba casi sobre mí y no podía hacer nada para evitarlo.

Ella seguía cantando las mismas frases una y otra vez, y sí... sabía que era

mujer por unos pechos abultados que sentí contra mi cuerpo. Lo único que

pude hacer fue tragar saliva, empezar a rezar mentalmente todas las oraciones

que me sabía, pero nada funcionaba, la presencia o ente seguía sobre mí y eso

no auguraba nada bueno. No comprendía porque ese extraño ser me estaba

persiguiendo, jamás había hecho nada por molestar a nadie y mucho menos,

indagar en cosas paranormales que me ponían los pelos de punta. No creía en

ello, pero tenía que admitir que esto escapaba de mis manos y realmente se

trataba de un caso de acoso de parte de un ser extraño.

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- Aléjate... – logré decir al sentir sus manos acariciando mi rostro y sus

pequeñas uñas subiendo hasta mis cabellos nuevamente.

- Marie perdió su alma al entregarse a la oscuridad. Marie desintegró su

corazón para no sentir amor. Marie no siente nada, mucho menos piedad.

Marie desconoce los sentimientos humanos. Entonces, ¿qué es lo que Marie

siente por ti? ¿Simple confusión? ¿Caprichos de una inmortal? No lo sé…

Pero, Marie desea estar contigo por toda la eternidad.

- Ya cállate, por favor – empecé a rogarle al no saber que más hacer.

- Repite el nombre de Marie tres veces, ella vigilándote está. Tus labios le

pertenecen, y el calor que emana de tu cuerpo. Marie te busca, pero

desesperada no se encuentra. Ya que sabe, que Anne pronto estará con ella.

Ahora Marie solo dice… permite que desgarre tu piel y busque tu fresca

sangre. Marie, Marie, vendrá por ti esta misma noche. Anne, Anne, se

convertirá en su eterna amante.

Escuché cada una de sus palabras creyendo que con esto me dejaría en paz.

Tal vez, solo se trataba de un ente burlón, debía de tratarse de una broma. Por

ello, después de escuchar su canción nuevamente, abrí los ojos de golpe y lo

primero que vi fueron unos ojos castaños y hermosos como los de las

muñecas de porcelana, seguido, un rostro muy bello y triste al mismo tiempo.

Estaba semi desnuda y el vestido que llevaba con las justas lograba cubrir

algunas zonas íntimas. La jovencita me miraba fijamente, como si nunca

hubiese visto a una mujer antes y en eso, sus ojos se volvieron tan rojos e

intensos que empecé a gritar con desesperación.

- Marie vendrá por ti esta noche y Anne será su amante para toda la eternidad.

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- ¿¡Qué estás diciendo!? ¿¡Qué cosa eres y por qué me acosas de esta manera!?

- Marie no acosa a nadie, ya que Anne fue la primera en buscarla...

Y ante los gritos que di, pronto las enfermeras llegaron y la jovencita

desapareció en un abrir y cerrar de ojos. Tuve que mentir y decirles que solo

había tenido una pesadilla, a pesar de los salvajes latidos de mi corazón. Me

costó mucho tranquilizarme, y después de aquella horrenda experiencia hice

todo lo posible para salir antes del hospital y regresar a casa. Quería

empaparme con el trabajo y regresar a mi rutina diaria, si bien sus palabras

habían hecho que me pusiera muy nerviosa, tenía que sacar valor de donde

fuese para retomar mi vida. Lo peor, era que no podía contárselo a nadie.

Ninguna de mis amigas lo entendería.

Y gracias a que el profesor Olivo apareció, los trámites se aceleraron y pude

salir del hospital dos horas antes de lo acordado. Me sentía un poco débil y

por ello el profesor me invitó a almorzar.

- ¿Estás segura que deseas volver al trabajo? Deberías regresar a casa, darte un

largo baño y descansar. Yo puedo hacerme cargo de lo demás.

- Claro que no, he trabajado muy duro para llegar a donde estoy y no voy a

permitir que un simple desmayo arruine mis planes – dije decidida.

- Si que eres terca Anne, pero bueno, me rindo. Confío en ti y se que jamás

me defraudarías, pero si te sientes mal debes regresar al departamento sin

protestas, ¿entendido?

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- Está bien.

- Y por cierto, las chicas están en la galería. Hoy debemos sacar los cuadros

que no fueron vendidos y entregárselos a sus dueños, te necesito allá después

del almuerzo.

- No se preocupe por ello – le dije con una sonrisa, ahora me sentía mejor a

pesar del miedo que tenía por aquella aparición.

Y después de disfrutar de un almuerzo como Dios manda, el profesor Olivo

se despidió de mí, ya que tenía que regresar a la universidad. Tomé un taxi

con dirección a la galería, pero conforme me acercaba al lugar, empecé a

escuchar aquella voz cantando esa canción una y otra vez dentro de mi

cabeza. Sentía que me estaba volviendo loca y me llevé ambas manos a los

oídos como último recurso. El taxista me observó con una mirada extraña

pero no dijo nada, y luego de pagarle y bajar del auto me puse en camino hasta

la pequeña galería en donde estaban mis compañeras.

Al entrar todo parecía estar en orden. Saludé a las chicas y poniendo manos a

la obra, cogí dos cajas grandes y me puse los guantes para no estropear las

pinturas. Liliana y Stefany me preguntaron muchas veces por mi estado de

salud y tuve que repetir que me encontraba mejor y solo quería volver a mi

rutina diaria. Las chicas dejaron de agobiarme por el momento, y permitieron

que me hiciera cargo de la última sección. Cuando llegué a ese lugar y coloqué

mis cajas en el suelo, dispuesta a empezar a sacar los cuadros de las paredes,

mis ojos se desviaron hasta aquella ventana que aun permanecía abierta. Un

ligero temblor invadió mi cuerpo, pero siendo de día y con mis compañeras

cerca, me sentí segura y evité volver la mirada hacia esa maldita ventana

mientras me ocupada de guardar los cuadros.

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Para mi sorpresa, aquel cuadro que me había llamado la atención no se

encontraba por ningún lado. Ahora estaba convencida de que todo eso había

sucedido por haberme quedado viéndolo por largo tiempo. La visión de esos

ojos amarillos, las voces y esa chica misteriosa en el hospital, todo tenía que

ser producto de mi imaginación. Habían sido alucinaciones y a pesar que no

creyera en mis propias palabras, era mejor pensar así a ponerme a analizar

sobre lo ocurrido. La sola idea me hacía sentir aterrada por momentos, así que

distraje la vista en los cuadros de paisajes que guardaba y me entretuve con la

tonta charla de mis compañeras acerca del nuevo novio de Liliana.

Al terminar con mi trabajo, guardé las cajas en la camioneta que había venido

por nosotras. Los cuadros serían entregados el día de mañana a sus

respectivos dueños. Ahora sí, que podría regresar al departamento y dormir

por varias horas. Las chicas querían ir a una discoteca para conocer al novio

de Liliana y festejar por la venta de los cuadros, pero tuve que rechazar esa

oferta, estando ellas fuera tendría el departamento para mi sola y podría tener

un verdadero descanso. Así que, después de despedirme de ellas en la puerta

del edificio, me dirigí hasta el departamento con la sola idea de darme ese

baño y tirarme a la cama.

Cuando llegué al cuarto piso, busqué una copia de las llaves en mi bolso. Por

un momento temí haberlas olvidado en la galería, y por suerte las encontré

junto a mi set de maquillaje. Pero, cuando estaba a punto de introducir la llave

me di cuenta que la puerta estaba semi abierta. Observé a ambos lados e

intenté agudizar mis oídos para escuchar algo fuera de lo normal. Quizás solo

mis amigas la habrían cerrado mal al salir de prisa y no se tratase de algún

ladrón, al menos era lo que esperaba de corazón. No teníamos gran cosa en el

departamento, pero si alguien habría entrado a robar y se había llevado

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nuestros objetos personales, esto sería una gran molestia. En eso, me

sobresalté llevándome una mano al pecho al ver como la puerta se abría

lentamente, pero solo se trataba de un gato negro que de seguro habría

entrado aprovechando el pánico. A mi me gustaban los animales y no tardé en

agacharme y levantarlo en brazos. Su pelaje era brillante y muy suave, me

gustaba la manera en como ronroneaba ante mis caricias. Y luego de eso, lo

deposité en el suelo y entré al departamento.

Lo primero que quise fue encender la luz, pero el botón no funcionó por más

que lo apreté muchas veces. Tal vez la electricidad se habría ido y tendría que

bañarme con agua fría. Esto no era un problema para mí, ya que aun era de

día y la luz solar se infiltraba por las ventanas. Me dirigí a mi habitación, pero

al pasar por la pequeña sala me detuve bruscamente sin poder entender lo que

sucedía ahí. Frente a mí, sobre el sofá se encontraba aquella pintura de la chica

del gato con ojos amarillos. Tal vez alguna de mis amigas lo habría llevado al

no encontrar a su dueño, era lo más lógico, pero al acercarme, rápidamente

retrocedí al contemplar que de los ojos de la joven caían lágrimas rojas,

parecidas a la sangre.

- Esto no puede estar sucediendo – dije empezando a ponerme nerviosa,

llevándome ambas manos a la cabeza para pensar mejor las cosas.

Rápidamente cogí el cuadro con la intención de envolverlo en papel y

guardarlo en el último cajón del armario, en donde no me molestaría más.

Pero, estaba en esa tarea cuando escuché unos maullidos muy cerca, levanté la

mirada y ahí se encontraba otra vez ese gato negro. Y desde el rincón oscuro

en el que se encontraba, pude ver como sus ojos eran de un color amarillo y

brillaban intensamente. Lo que al principio me produjo ternura, ahora

provoco un temor indescriptible, me puse de pie y busqué una escoba para

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sacarlo de la casa, pero el animal maullaba lastimeramente y pronto subió por

las escaleras escapándose de mis golpes.

Mi respiración estaba agitada, pronto volví la mirada a ese cuadro a medio

envolver que tenía sobre el sofá. La imagen del gato negro seguía mirándome

fijamente, exactamente igual a la de ese animal que se había metido al

departamento, y por algunos segundos pensé en algo loco y sin sentido. Pero,

los maullidos en el piso superior hicieron que fuera a perseguirlo para acabar

con esa locura de una vez por todas.

Encontré al gato en la puerta de mi habitación, rasguñando y tratando de

entrar. Otra vez me miró con esos ojos amarillos y retrocedí por instinto. En

eso, la puerta se abrió por si sola para dejarlo entrar. Me quedé muda, con la

intención de correr y contarle a alguien sobre lo que estaba sucediendo, pero

algo hizo que permaneciera ahí. Había sido suficiente toda esa tortura mental

y quería aclarar las cosas de una vez, realmente no se de dónde saqué valor y

empuje la puerta para entrar. Aquel animal estaba destrozando mis nervios y

acabando con mi paciencia, pero cuando vi el motivo de su desesperación por

querer entrar al cuarto, caí de rodillas cerca a la cama sin poder creer lo que

veían mis ojos.

- ¿Por qué está sucediendo esto? Dios me proteja – dije con voz temblorosa.

- No metas a Dios en esto – me respondieron.

- Entonces, ¿eres real?

Seguía en el suelo sin poder moverme. La joven de largos cabellos negros se

levantó de la cama y pude ver sus pies desnudos y maltratados por tanto

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caminar, junto a ella el gato de ojos amarillos me miraba como siempre

mientras se lamía una pata.

- Si Anne dice que soy real, es que lo soy – dijo la jovencita acercándose hasta

mí y agachándose para estar a mi altura.

- Eres la chica que vi en esa extraña pintura, exactamente igual. ¿Acaso eres un

fantasma? ¿Por qué me persigues?

- Marie no lo sabe... Marie no tiene corazón, no conoce los sentimientos

humanos.

- Por favor deja de repetir eso – dije abrazándome a mi misma por el temor

que sentía.

- Marie sabe que Anne debe ser su amante por toda la eternidad.

- Ya basta por favor...

- Y Anne sabe que Marie ha venido por ella, desde que vio ese cuadro, Anne

ha amado a Marie, pero aun no se da cuenta de ello...

- Estás equivocada... por favor, solo quiero que me dejes en paz.

- Repite mi nombre tres veces, vigilándote estoy – dijo la joven empezando a

lamer suavemente mi cuello – Marie no desea estar más tiempo sola, Anne es

la única a quien le importó Marie, a pesar de ser solo una pintura.

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Kil ari Ai

- Déjame Marie, no me mates, deseo hacer tantas cosas… te lo ruego – dije

empezando a llorar. Gruesas lágrimas resbalaban por mis mejillas.

Las cosas sucedieron muy rápido. La frágil jovencita me tumbó al suelo y a

pesar de mis gritos y ruegos no pude evitar que aquellos colmillos que

sobresalían de sus finos labios se alejasen de mi cuello. Pude sentir como mi

piel era desgarrada y la sangre empezó a caer en mi ropa. Empecé a sentirme

mareada y la vista se me oscurecía lentamente.

Y antes de caer en la oscuridad. Vi a Marie arrodillada a mi lado, con mi

sangre resbalando por sus labios, sangre que me había robado. Y junto a ella,

el gato de ojos amarillos que parecía disfrutar mucho de la macabra escena. Mi

cuerpo empezó a convulsionar y un fuerte ardor proveniente de mi pecho

hicieron que nuevos y desgarradores gritos salieran de mi garganta.

Y en medio de mi sufrimiento, Marie cantaba, repitiendo varias veces las

estrofas mientras era testigo de mi dolorosa y cruel transformación.

- Marie, Marie, Marie... – fueron las últimas palabras que pronuncié como

humana. Las últimas antes de volver a nacer. No como una persona, si no,

como una bestia. En un mundo donde Marie me esperaba con ansias y yo

estaba condenada a seguirla para siempre.

kil a-ri@hotmail.com

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