La Contracara de la Salud en la Argentina por Mauricio Moday - muestra HTML

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   LA   CONTRACARA  DE LA SALUD

                EN  LA  ARGENTINA           

                       

 

 

 

 

 

 

AUTOR: MAURICIO MODAY

ARGENTINA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ÍNDICE

CAPÍTULO I     

ECOS DEL PRIMER ENSAYO..PÁGINA     4

CAPÍTULO II  EL LARGO CAMINO POR RECORRER...........................PÁGINA       11

CAPÍTULO III  LA FACULTAD PRIMERA PARTE.....................................PÁGINA      24

CAPÍTULO IV  LA FACULTAD SEGUNDA PARTE.....................................PÁGINA      32

CAPÍTULO  V  DOCENCIA, INVESTIGACION Y RESIDENCIAS.........................PÁGINA      41

CAPÍTULO  VI  PARA EL “CAOS HOSPITALARIO DE

1983 SE BUSCABA SUPERAGENTE  DE “CONTROL”..................................PÁGINA   51

CAPÍTULO   VII  

LA CAJA DESENCAJADA...........PÁGINA    66

CAPÍTULO   VIII  CLUB ATLÉTICO” AGREMIACIÓN MÉDICA”.......................................PÁGINA    78

CAPÍTULO    IX  

EL MISTERIO DEL MINISTERIO...PÁGINA    94

CAPÍTULO    X

EL PAMI: ASISTENCIA A JUBILADOS........104

CAPÍTULO XI...

 LOQUEROS Y MORIDEROS.........................107

 

 

 

CAPÍTULO      XII  EL COLONIALISMO SINDICAL......................................PÁGINA  111

COLOSINDICALISMO ESTATAL.................116

COLOSINDICALISMO PRIVADO..................121

CAPÍTULO XIII  MALA PRAXIS  Y MALA LECHE............................................PÁGINA  129

CAPÍTULO    XIV  LA SALUD

 LLEGA A SU FI N....................... PÁGINA    142

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO I ..... ECOS DEL PRIMER ENSAYO

 

Muchos ecos, algunos enrarecidos  y otros descarnados, había generado en este país de inescrupulosos, mi primer ensayo sobre  Salud. Ni siquiera castigo sobre el autor, al que hubieran podido poner en tela de juicio sobre sus conocimientos literarios, sino sobre los vaivenes del tema en general,  habiendo en aquel libro tratado de explicar esta forma singular de abigeato humano, escrito como novela.

            Respondiendo a la primera estocada de mis lectores, traté de sintetizar en este segundo intento algunos de los conceptos inconclusos  y otros condimentos que entrelazados en la realidad ficticia de mi novela, seguramente podrán clarificar el análisis multifactorial de la problemática que involucra a la Medicina, la Justicia y otros estamentos, como objetivo principal de “ prevenir, promover o restablecer la SALUD como el estado de completo bienestar Psicobiosocial que la OMS (Organización Mundial de la Salud) promueve desde hace tantos años, en todos sus actos. 

Se cae de maduro que cuanto mejor recuperemos la salud , habrá mas personas en condiciones de gestionar justicia y más sanos en otras disciplinas, sin manifestar que el resultado fuese siquiera bueno, solo que mas ciudadanos en condiciones de trabajar habrá en varios estamentos sociales conflictivos, donde se suponía que faltaba gente.

            La concepción de un grupo económico llevado adelante desde la nada por los Ases y los sietes de oro y espadas, héroes de la ópera prima, que, aún sin fondos suficientes  para su propia subsistencia  al comienzo, pero que con el pasar del tiempo y los juegos  fortuitos de la fortuna, con algunos certeros golpes de timón, navegando con el viento en popa de políticos, sindicalistas, jueces y gremialistas de la salud, generaron cuantiosas ganancias, a través de la misma.

Prácticamente todos buscaban el enriquecimiento personal, pero otras veces era el poder o su cercanía, el que tentaba al diablo a costa de cualquier miseria humana, dádivas personales, aprietes mafiosos,  apertura o cierre de empresas fantasmas, contubernios y asociaciones ilícitas que pulularon en las calles de nuestro país y que fueron manejados ocasionalmente por sus titulares pero generalmente, por sus testaferros,

            Aun cuando casi todos éstos grupúsculos, mal denominados a mi entender, económicos, fueron en realidad asociaciones de ladrones de guantes blanco, algunos profesionales o ex profesionales de la salud dedicados a empresarios de la misma o a poderosos lacayos de la medicina que se han quedado con fabulosas porciones de la torta, por el solo hecho de regentear medicamentos u otros petates usados en la jerga Médica, actuando como vulgares financiadores o mejor dicho usureros y/ o usurpadores de guardapolvo blanco.

            Algunos de estos piratas del asfalto ya citados en la primera experiencia  como los Ases, explotaban fachadas de negocios, no reconociéndose dentro  ni las paredes, utilizando técnicas de la peor calaña conocida, como ser pagos diferidos, falta de cumplimiento de las condiciones del trabajo y lo que es aun mas peligroso, sin elementos nobles para utilización en humanos como para evitar  contaminaciones cruzadas y   contagio de los trabajadores y pacientes.

 Cada uno de estos lugares privados, algunos muy elegantes  participaban en la recuperación de la enfermedad pero prácticamente ninguno colaboraba en las tareas de la promoción y la prevención de la salud, especialmente en las áreas de adultos y gerentes.

No existían en nuestro país, leyes con suficiente consistencia para aislar y penalizar  este tipo de delito. Mucho menos aun se observaban reglamentos que indicaran la posibilidad de determinar con prisión o trabajos comunitarios, todos estos  desfasares de la ética, que requiere la profesión Médica y que se juraba en el momento de graduarse, con los designios de Hipócrates, o “hipócritas”, no se sabe bien.

Los pequeños sindicatos, que lo Ases fagocitaban no contaban con sanatorios propios, rentaban, por así decirlo, algún poli consultorio con o sin internación, que le ofrecía en los papeles al afiliado, pero sin dudarlo,el oro y el moro.

            El arreglo de los encargados era el pago diferido y  hacer   menos para ganar  mas, su contrapartida, al finalizar la negociación  y como entre bueyes no había cornada, se pactaba un balance económico entre los ladrones de guantes y dirigentes delictuosos, determinando una pésima atención, aun primaria pero que llenaba lo suficiente los bolsillos, de los que hicieron el negocio.

 La Salud tenía importancia  pero relativa, ya mejoraría o no, sólo los familiares lo sabrían, a quejarse a Montoto, cambiarían por otro grupo  igual, sin conocerlo.

Era así, los negocios se redondeaban y se abrían según las partes pagasen o aparentasen hacer medianamente los deberes turbios habituales,  de una relación contractual, en Medicina Privada Asistencial. Sino se cambiaba y se utilizan otros ladrones del sistema, u otros “prestadores”, como se les denominaba en la jerga.

Se han conocido negocios que solo duraron dos o tres meses, en total, luego del tendal de varios prestadores, hasta la recomposición con otro” ladri-sistem” del sistema venal.

Parecía el día después del calentamiento global del planeta, era una catástrofe sin prevención previa, sólo consecuencias para los afectados.

Con grupos mas grandes de afiliados, como tenían los Motoqueros locales, (especie de energúmenos que controlaban otros iguales, en vehículos rodantes de cualquier clase), la cosa era mas ventajosa y algunos, se ufanaban de poseer cautivos grupos de trabajadores de mil a dos mil personas con o sin sus grupos familiares, como vimos en el primer ensayo.

Éstos en general no tenían interacción propia y utilizaban sanatorios de los lugares donde residían sus afiliados, con grandes diferencias entre planes con obras sociales de mayor poder económico y siempre con los sindicalistas atrás, remando para sus estanques, todo lo que se podía, desde efectivo extranjero hasta fichas del Estanciero.   

Sindicatos con excepcionales planes de turismo y casi sin cobertura médica o con una atención primaria en sus instalaciones, donde profesionales mal pagos hacían pésima medicina u odontología de países africanos, para aparentar que los afiliados estaban casi atendidos, como veremos en el capítulo correspondiente.

Mis queridos lectores, ustedes dirán cuales son los beneficios de una y otra modalidad, se los diré: cuanto mas pagare de su bolsillo, el afiliado, mas le quedaba al sanatorio o a la obra social. Todo ello se repartía entre las sombras, estimando algunos que llegaría al cuarenta por ciento de las prestaciones, esto sólo con embrollar el juego, se imaginan Los Ases, en estas circunstancias?.

¿Qué consecuencias tenía toda esta perorata?, era el CAOS prestacional, si solo se imaginan que en la provincia de Buenos Aires,  habría doscientos cincuenta y seis sindicatos distintos, que debieran ¡AMPARAR! a mas de diez millones de personas.

Por ello es que deambulaban por consultorios de todo tipo, enfermos que “No saben quién los atiende y Ni de qué se atienden”. Aparte, tener en cuenta que de aquella cifra, casi el cuarenta y siete por ciento trabajan en negro, mas de cuatro millones, no tienen cobertura social efectiva.

Todo ello y muchas cosas mas que desglosaremos, han minado la atención hospitalaria, calculándose el aumento de la consulta gratuita nosocomial en un treinta por ciento, según el doctor Calzoni del  Hospital  Ínter zonal  San Judas Tadeo, a quien le hicimos una extensa entrevista, que luego citaremos. 

Como no existían estadísticas confiables, ni anteriores, se desconocía las tasa de incidencia de las enfermedades mas comunes como diabetes o EPOC  (enfermedad pulmonar obstructiva crónica), en adultos y parecería haber algunas incidencias conocidas en niños, como ciertas eruptivas y nada más.      

Cada mes que pasaba la imprevención se llevaba entre veinte y treinta muertos por accidentes de tránsito. El número se elevaba en modo exponencial en los feriados largos con rutas turísticas atestadas de fanáticos de la velocidad que a bordo de vehículos cada vez mas rápidos, pretendían enderezar las curvas, tronchar árboles con los parabrisas o no respetar ninguna de las señales de tránsito en rutas y ciudades de todo el país, asesorados por jueces, políticos y funcionarios de todo tipo, para zafar de las penas, aún de las más severas, como matar un transeúnte, por ejemplo.

Con el conocimiento que el doble de personas que mueren quedaban con alguna secuela total  definitiva o transitoria y que los accidentes eran la primer causa de muerte en la franja etaria de 15 a 39 años, eran los fines de semana citados cuando las páginas de los periódicos   transforman a las rutas en danzas macabras de conquistadores mayas en sus rogativas de lluvia, como detallaremos luego.

Sin políticas nacionales de seguridad vial, con policías mal pagos, mal adiestrados y no consustanciados con el bienestar común, sin penas no redimibles por multa para TODOS POR IGUAL,  aquellos que sobrepasen los límites de velocidad, que no usaren casco o cinturones, que no le dieran importancia a señales, luces rojas, banquinas y bocacalles, ya fuera A PIE, EN MOTOS O EN AUTOMOVILES, trabajarían socialmente,  según la pena o quedarían a cargo de jueces probos e insobornables si se encontraba alguno, para las sentencias que no debieran demandar más de noventa días de producido el hecho.

Todo lo iremos desarrollando con sus actores en sus propios campos, trataremos de no olvidarnos de  ninguno de los personajes que nos proponía el tema, con la misma responsabilidad que nos han demostrado a través de sus respectivas trayectorias, como por ejemplo, Los Ases.

Nuestro nuevo ensayo, incorpora un profesional que con gran experiencia práctica diaria. El mismo, nos irá delineando los diversos escenarios que le han tocado vivir a través de los años, se trata del doctor Emiliano Mendieta.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULOII EL LARGO CAMINO POR RECORRER

 

 

            Habíamos palpado  los innumerables personajes que aparecen en cualquier cosa que querramos contar, pero éste, Emiliano Mendieta, sería a la postre el mas idóneo de los actores sacados de cuentos de profesionales.

            El mismo, recorrió a lo largo de su vida los distintos y polifacéticos caminos de la Medicina.

Sonaba a veces como un patriarca de la profesión, parecía el maestro Favaloro, guardando las distancias, por cierto, que comenzó su periplo profesional en el campo, siguió en un barrio y terminó enseñando una gran especialidad.

Mendieta había pasado por las mismas etapas, habiéndose retirado pobre pero de pie, homologando al maestro en sus convicciones humanistas.

            Hombre de vista aguda y mente  sagaz, quien a vuelo de halcón recorrió los largos e intrincados caminos, donde los carroñeros pueden atisbar para observar en definitiva, las distintas probabilidades que su profesión le brindaba, como ser: percibir, extraer, sacar, participar, abonar, compartir, tomar, proponer,  hasta hurtar  “honestamente” ( por ejemplo, tomar desapercibidamente  un lápiz, o una gasa, no autorizados a birlarse, siendo  elemento de trabajo. Recordar que todo lo plantado  pertenece al Estado o mejor dicho a los Contribuyentes), en cualquier Hospital por lo menos. 

También se puede hurtar deshonestamente ( por ejemplo veintinueve cheques firmados  de la Administración de un Nosocomio, para luego ser cobrados), recordar nuevamente que en los lugares de trabajo todo pertenece al lugar donde se instala.

También se podía robar, en otras formas, coimas, prebendas, asesoramiento pirata,  tanto a las entidades Estatales en que habían participado como a Entidades Privadas con las cuales hubiesen  trabajado, extirpaban desde migajas indignas, tomadas a otros pobres, hasta sumas considerables que hubiesen podido hacer vivir muy bien a más de una familia.

            Penalmente la diferencia va desde hurto simple a robo calificado. Socialmente las diferencias de menor a mayor son penalizados como cleptómano, o con las más grandes excusas, por ejemplo:

___ OH perdón, no me di cuenta |,__ no sabía que eso era así, incluso punible |__  | seguro que es hurto?

 Sin embargo el nivel más alto de la sociedad  penaliza a los mas chorros como  a aquellos que denominan:

____ | se le pegó un vuelto, ___ ¿  metió la mano en la lata?,

___¿ funcionario corrupto? No mis amables lectores, estos últimos son LADRONES y les cabe las generales de la ley, si algunos no tuviesen impunidad  política, parlamentaria, u otras cosas más no develadas.   

 Las Banelcotas, los sobres en los baños, los retornos de leyes a promulgar, uso indebido de viáticos aéreos o incluso los aparatos  de vuelo, riqueza acumulada en los tiempos políticos y el control cercano de funcionarios, sindicalistas y héroes anónimos, que trabajan diariamente, desde el Estado u otras entidades,  para llevar a sus arcas todo lo que se pueda, sin la contraprestación del trabajo.

 Como dijo el compañero Barrioviejo de los gastronómicos “en este país, nadie hace plata trabajando honestamente”

 

Emiliano Mendieta recibió su bautismo de fuego con la profesión cuando aun no había cumplido veinte años. Cursaba el tercer año en la facultad respectiva. Hijo de padres muy humildes, su madre atendía la casa con devoción. Su hermana Susana Mendieta no había podido estudiar, ya que el presupuesto solo alcanzó para el primogénito, motivo por el cual hacía de secretaria en la fabriquita de telas, que su padre tenía con dos socios.

Cuando don Leoncio Mendieta, compró aquellos cuatro telares oxidados de viejos y la enrolla canillas de lino, para llenar los conos de hilados,  fabricada a principio de siglo, en un remate municipal, parecía  que había tocado el cielo con las manos.

Con gran tesón y muchas horas hombre los tres socios pusieron a punto las máquinas y comenzaron a trabajar los telares en tres turnos que se relevaban permanentemente, sin sábados ni domingos. Eran tiempos muy difíciles y había que pagar la hipoteca que ellos habían firmado. Eran tiempos en que la palabra valía más que la firma y la misma era un mero formulismo entre la voz y el hecho.

Corría la década del sesenta, y todo era muy difícil. Emiliano fue rápidamente comprendiendo algunos mecanismos del trabajo de aquellos telares, que lo fueron llevando así paulatinamente  aprender la tarea y por lo tanto  cubrir las vacaciones de su padre o de sus socios, para lo cual le abonaban rigurosamente su jornal.

 Ganaba lo necesario para evitar que su padre   pagara los viáticos de desplazamiento hasta los hospitales, lo cual ayudaba a la continuación de su estudio.

Sentado en un pequeño banquillo, escuchaba el acompasado vaivén de la espada del telar impulsando la lanzadera.

 Ese sonido seco, metálico y con una cadencia especial  lo transportaba como un metrónomo  que le da su tiempo exacto al piano produciendo en el cerebro una sedación semiconsciente que algunos llaman inducción hipnótica y que le permitía acelerar, la lectura  de los tratados de Guyton de fisiología y de Testud  de anatomía humana.

Aquellos momentos los utilizaba Emiliano para profundizar su aprendizaje, hasta que una hebra rota de la trama del telar, quebraba la quietud, deteniendo la máquina  con un sonido seco y sordo típico, a manera de defensa del error que podría producirse en la tela final,

Allí anudaba las hebras cortadas e impulsaba nuevamente el telar a su ritmo sincrónico de trabajo y él a su banquillo de estudios

Seguramente en aquellos instantes no había pensado los abominables secretos de la profesión, solo era un estudiante más y no era competencia para nadie, solamente trataba de asimilar conocimientos de la medicina y de la vida misma.

Tampoco había sido capaz de agradecer, todo el sacrificio de sus progenitores, ni el económico de su padre bancando el estudio universitario solamente a él, dejando a su hermana solo con el secundario, sin posibilidades de continuar. 

A su madre que fuese la hora que fuese, estaba dispuesta a acompañarlo ayudarle o proporcionarle un abrigo, o solamente la tarea silenciosa, de cebarle mate, mientras Emiliano estudiaba.

            No debería fallarle a ninguno de ellos, toda su capacidad, su tiempo y su gratitud, parecían escasos para retribuir lo que habían originado en su ser, con sus inconmensurables sacrificios,  debía aprovecharlos como agradecimiento.

Por ello cuando recibió la invitación para concurrir al hospital local, aceptó gustoso, desconociendo lo difícil que era, que un estudiante de tercer año con escasos conocimientos prácticos, trabajase  en un nosocomio poco preparado para la docencia, diría nada preparado y menos aun para la docencia con humanos.

Su madre sintió una gran responsabilidad y lo dejó de punta en blanco, con un pijama de guardia impecable. Inmaculado y aconsejado por ella en su presentación protocolar con el resto de los compañeros de guardia lo acompañó hasta la parada del colectivo 273. Con un beso y un “Dios te bendiga”, lo soltó como ofreciendo la libertad,  para que vuele en busca de su horizonte futuro.

Cuando se acercó a la sala de guardia, ésta parecía un caos. El practicante mayor joven estudiante de unos veinticinco años, a punto de recibirse, trataba de retener junto con el enfermero, a un adulto alcoholizado para inyectarle un sedante. Ambos al verlo de blanco y sin conocerlo, le gritaron al unísono:

----“ayudá paspado, que nos caga a trompadas”.

Emiliano aun jugaba rugby en el  colegio donde había hecho el secundario, así  que tomó la cintura del borracho y lo forzó a quedarse en la camilla.

En ese instante, justo le inyectaron el sedante  cuando vomitaba el licoroso líquido color rojo violáceo del  vino patero, unos quinientos centímetros cúbicos, en el  ambo que su madre había ordenado con tanto esmero. 

Asqueado y mezclado con una nausea propia se trasladó por el pasillo a ver si el agua del baño lograba apagar tanto ignoto jugo de uvas  procesado a puro líquido gástrico, en su acidez, color y olor, típicos.

Todavía estaba regresando todo mojado a la sala de guardia cuando atronó el teléfono interno de la misma. El otro practicante le dijo:

___ Te vas a la villa que hay un morocho descompuesto de la misma fiesta, ya viene el chofer con la ambulancia.

___“Perdona”, gritó, “es mi primera guardia y no tengo idea de nada”, ni siquiera donde estaban las cosas de apoyo, oxígeno, inyectables o férulas.

A los gritos y empujones, entre el chofer y el practicante mayor, lo volvieron en sí  a Emiliano y le sentaron en la ambulancia, el proyecto de médico que actuaba de jefe, le vio la cara y dijo:

----“Pibe si se mueve Valium, si no se mueve Epinefrina, y si se te empelota, cárgalo y tráelo”.

Las facciones de Emiliano eran un retrato de un secuaz de Cara Cortada, el miedo era tan indescriptible que se cree que se le escaparon algunas gotas de orina.

 Al llegar a la villa el morocho era como King  Kong de grande, pero borracho, excitado y agresivo.

Flameaban como banderas, los osados que querían contenerlo, hasta que llegaba la ambulancia,  luego el que flameaba era Emiliano. Pero en cuanto se le puso a tiro, lo midió y lo estampó con el Valium que le había cargado el enfermero. Ahora había que sujetar, provisoriamente al chupado, hasta que le hiciera efecto el  sedante. 

El morochaso le calzó un uppercut a Emiliano  en el estómago, que le hizo quebrar las rodillas y exhalar el aire de sus pulmones exclamando:

___¡ahhhh!. Faltaba que el enfermero le contara la cuenta de protección y   Osvaldo Principi, que gritara:

___ ¡Cayó, Mendieta cayó!.

Sobre la marcha le dijo al enfermero:

___cárgame otro Valium, gritando, “les reclamó a los familiares que le contuvieran al morocho y le inyectó el segundo sedante”. 

___Ahora rajemos le dijo  al chofer, y comenzó a correr hacia la puerta, ya que de manera manifiesta, había percibido que todos estaban chupados y los podían sacar a tiros o a trompadas.

Volvieron al Hospital y Ademar el practicante mayor de la guardia, le preguntó:

---- Como te fue:

----  Bien,  dijo Emiliano, creo que estaba mamado, le inyecté dos valium y rajé.

---- Pibe lo que traspusiste fue la prueba de fuego, no solo por animarte a subir a la ambulancia, sino la decisión de ir a la villa sólo con el chofer.

            Cuando recapacitó y recorrió  su fisonomía, se habían agregado dos inmensas manchas en las rodillas, de apoyarlas en la tierra agregándole a su madre otra cosa para remojar más las partes humedecidas de orina extravasada.

El miedo posterior fue más suave y le duró todo el día, buscando las concordancias del mismo,  con el susto pasado, pese a que había  huido vilmente  de aquella villa.

            El comienzo de la experiencia en Medicina fue y será cruel para casi todos los profesionales  que no vengan de familias prestigiosas del arte de curar, o en los países del tercer mundo.

 Los  practicantes, alumnos avanzados, estudiantes casi médicos,  amén de otras tantas denominaciones,  atendían en casi todos los consultorios de hospitales o salas municipales  de primeros auxilios comenzando por la guardia o salas de especialistas, donde tomaban contacto con los enfermos que llegaban por consultas o para curaciones en las materias quirúrgicas.

            Todas estas especialidades por múltiples factores fundamentalmente económicos, no asesoraban o tutelaban a los alumnos en sus decisiones las cuales podían haber sido estudiadas en libros, pero les faltaba el sedimento de la experiencia, materia que llevaba años aprender.

Los lugares organizados utilizaban la tutoría o el padrinazgo para formar definitivamente a un alumno. Toda aquella asistencia es debidamente paga para los docentes cosa que no sucede en las Universidades del subdesarrollo, conociéndose que un profesor tiempo simple recibe como sueldo mensual, el equivalente a una quinta parte del de un empleado de comercio.

Dentro de su formación, Emiliano había realizado un curso superior de Emergencias en EEUU, favorecido por un intercambio hospitalario con su pasaje que pagó él mismo y su estadía que abonó acotada pero almorzando y cenando con tickets de hospital durante su instrucción

Pudo observar que otras mentalidades regían las profesiones y la ascendencia que la, sociedad tenía sobre ellas. Los países con gran organización en sus emergencias, no utilizaban cerebros destinados a ser médicos, era un recurso muy costoso, con otra formación técnica.

Los paramédicos eran personas entrenadas con gran prestigio social, como bomberos o  enfermeros avanzados. Sin obviar el entrenamiento físico de inicio, fueron a verlo y solicitaron una pasantía.

Comenzaban a estudiar en dichas unidades, becados por lo general  o pagando pero de tiempo completo. Los docentes enseñaban las bases teóricas y prácticas de las materias y  durante aproximadamente seiscientas horas, los alumnos, trabajaban y se capacitaban en la escuela especial con alta tecnología educativa.

            Luego comenzaban sus tareas prácticas de alrededor de cuatrocientas horas tuteladas en ambulancias con sus docentes al lado presentándolos y recibiendo sus enseñanzas.

 Posteriormente vendrían los exámenes, teórico prácticos, que en caso de aprobarlos, serían elevados al orden de paramédicos con una escala posterior de jefe de departamento y entrenador hasta llegar a director de emergencias.

           La gran ascendencia social del tipo de empleo, le agregaba valores de entereza, humanidad y entrega que se hicieron fundamentales  en los ataques terroristas a las torres gemelas.

 

Más en general, los países en vías de desarrollo, la urgencia y/o asistencia domiciliaria era ocupada por profesionales, pobres párvulos salidos de los cascarones de la ineficiencia y la corrupción, en general de las Universidades Estatales, con programas vetustos, tecnología aberrante y antidiluviana,  pésima formación profesional y ocupando los últimos escalones dentro de la credibilidad de  personas, justamente por su escasa o nula experiencia pre-profesional,  por lo tanto prácticamente escasa o nula ubicación  dentro de la sociedad, pero eso sí muy baratos, desde el punto de vista de  costos universitarios.

Esto requiere organización, y el dinero de los contribuyentes que les sea devuelto, en forma de servicios, metodologías y estrategias para que profesionales con gran tecnicismo y adiestramiento comiencen a mezclar sus conocimientos en aras de mejorar el producto final. Para ello solo se necesita organización, decisión política absoluta y planificaciones a largo plazo, no influenciadas por los gobiernos de turno y la caja resguardada de las contingencias del manoteo permanente para otros fines.

No solo no faltaba el dinero, donde Mendieta hizo su pasantía, sino que en el medio nadie tomaba nada de lo que ya se utilizaba,  estos planes rendían sus frutos a la distancia, reevaluados  permanentemente,  y actualizados a los tiempos.

 Recuerdo que decían los maestros de Mendieta que la Medicina cada cinco años cambiaba un cincuenta por ciento, la mitad de sus contenidos, pareciendo que los estaunidenses se atenían a aquellas circunstancias en forma casi totalmente programada.

            Sería un deseo, casi inalcanzable, circunscribir a las facultades actuales de nuestro país, los programas de acuerdo con los tiempos que corrían, prácticos, útiles y tutelados,  con profesores o instructores probos que solo se dediquen a la docencia y vivan de sueldos, que deberán ser dignos, suficientes y con cargos resueltos por concurso.

Todas las tareas comunitarias que figuraban en sus respectivos currículos, se debían agregar a los antecedentes de los alumnos.  Los mismos contabilizados como trabajos de promoción , vacunación  o asistencia en villas o consultorios marginales  u horas de ayuda en ONG( organizaciones no gubernamentales).

Ayudar al control de enfermedades pestilenciales o no, o pediatría en fronteras o comunidades indígenas, incorporación de idiomas no convencionales como ser el Español, o aún pasantías en otros países.

Todas estas asistencias a poblaciones en riesgo o de alto riesgo se contabilizarían por métodos de puntajes.

Cuando regresaran a los concursos, ya de profesionales, paulatinamente de acuerdo a sus antecedentes técnicos y sociales serían recalculados sus puntajes.

Estas formas de incentivo o estímulos, son de uso corriente en países desarrollados. Estos sistemas premiaban a los alumnos mas sacrificados, sin olvidar sus condiciones y antecedentes, permitiendo usar toda la gama de asistencia a pacientes de distintas posiciones sociales.

Para nuestros profesionales en general,  era una verdadera carga social la atención en villas o la promoción de la salud, aunque nadie lo manifestara abiertamente. Aún la salida como asistente de ambulancia era deleznable dentro de la escala social médica y siempre concurría el “último perro”, como le llamaban al recién ingresado.

En la década de los ochenta recordaba Mendieta  un plan para la Provincia de Neuquén, del ministro de salud del Presidente Alfonso, el Dr. Aldo Nero. 

En aquella planificación todos los médicos obligatoriamente deberían hacer la residencia y eran destinados para sus post residencias, en pueblos de la precordillera con el consiguiente traslado dificultoso, en inviernos donde era imposible transitar por caminos nevados, pero prestando una inigualable asistencia a los pobladores de la zona.

Su especialización a medida que pasaban los años   acercaba al profesional, por concurso a la capital Provincial donde se tenían en cuenta las distintas pasantías en condiciones desfavorables, hasta llegar a cargos centralizados de jefaturas y especialidades como ya habíamos citado en los primero capítulos y solo lo trajimos para recordarlo.

Nunca más, observaba Mendieta, se habló de planificación alguna, organizada, ordenada,  con tarea para todos los actores  y organización de todas las especialidades y sus tecnologías aplicadas, con los hospitales en funcionamiento y la docencia seria como base de las futuras generaciones de excelentes profesionales,            

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPITULO III LA  FACULTAD  PRIMERA PARTE

 

 

 

            El primer contacto de cada profesional con la Medicina, habitualmente comenzaba en la Facultad. Pero para otro pequeño grupo, comenzaba fuera de la misma ya que siendo auxiliares, enfermeros, técnicos o psicólogos, decidían estudiar la Ciencia Madre que era la Ciencia Médica.

La Anatomía, la Histología y las Químicas eran las primeras materias que los acercaban a la Biología Humana, como una realidad.

Con todo entusiasmo, jóvenes y no tan jóvenes, estudiaban  y progresaban dentro de los intrincados mecanismos fisiológicos que debían recorrer y extraer los complejos acertijos que el Laberinto de Creta biológico, les ofrecía en sus inicios.

            Cuando llegaban al tercer año de estudios, comenzaban las materias humanísticas y la terrible Farmacología, para desembocar en las materias Clínicas y Quirúrgicas de los años subsiguientes.

            Citamos a la Farmacología como materia bisagra, en la cual se cifraban grandes expectativas de los alumnos por recorrerla, tratando de aprender lo que debían recitar en el examen final, pasando lo más desapercibido posible y especialmente sin entenderla en su esencia.

Uno de los primeros traspiés que la carrera ofrecía se introducía en aquel  año y es allí donde se floreaba con mas ineptitud el pésimo programa que utilizaba la propia  materia, integrando un plan general de desinformación  para el alumno, que se hacía notable especialmente al llegar  los momentos mas críticos, de los años superiores, que le ofrecía la Medicina.

Utilizada la Sede de la materia de tercer año,  como centro de Estudio e Investigación, no cumplía ni lo uno ni lo otro. La Cátedra pretendía formar profesionales con elevados conceptos técnicos para investigadores y a la postre, la facultad no formaría más que unos cientos de médicos generalistas, que la Sociedad  necesitaba.

Eran las desordenadas visiones de docentes parciales, que sólo veían su especialidad como la única materia y no dentro del contexto de las necesidades del país y de la profesión como entidad social.

Unos pocos accederían a una residencia y el resto serían  médicos de control de ausentismo en fábricas, sindicatos u otras yerbas, o controlarían los hongos de los pies en las piscinas del conurbano, con escaso valor práctico y aun científico dada la diversificación por el número de alumnos a utilizar en dichos menesteres.

En las mejores condiciones les ofrecerían alguna guardia de urgencia en ambulancias, donde comenzarían a comprender el tipo de atención y cuyos dueños son financistas de la Salud como los Ases, no pudiendo enseñarles absolutamente nada y ofrecerle a los pacientes menores garantías que la de los paramédicos del desarrollo.

         

        Los educandos solo trataban de pasar la materia Farmacología, con conceptos y contenidos memorizados como ordenador, de aquellos apuntes que editaban los centros de estudiantes y que eran enfocados a la particular visión política que la juventud esperaba de los mismos.

         Eran fotocopiados por monedas en los Centros Políticos de la Facultad, (llámese Franja Morada y tantos otros) que financiaban sus actividades, con los mendrugos de aporte de los alumnos. 

            Instaban a estudiar aquello que el profesor sindicaba como su propia asistencia bibliográfica, sin pensar en los desarrollos ulteriores, ni la sintaxis, a modo de experiencia de años que  colaboraban  en su formación de docente.

La materia incorporada a las asignaturas del tercer año adolecía estrictamente de la  practicidad y necesaria simbiosis con las materias clínicas de las cuales se nutre la terapéutica, que es el verdadero arte de curar.

Se supo en Centros Universitarios que un examen para adjunto, constaba de dos partes una de planificación y otra una clase magistral. Uno de los concursantes propuso un plan con la materia partida en dos, donde la segunda mitad, era paralela a las asignaturas clínicas de quinto y sexto año, resultado final:  fue rechazado como docente adjunto en el concurso, para luego ser cesanteado, de su ayudantía.

El Oso, ya citado en el primer ensayo recorrió los mismos caminos que Emiliano Mendieta, reconociendo ambos, cuando hicieron   amistad en 1980 durante la selección de profesionales para la sala de Medicina Crítica que también había  tenido suerte con sus maestros,  verdaderos especialistas en lo que hacían  y con un bagaje de ética manifiesto no cedieron ante el impetuoso avance de   los laboratorios como ayuda memoria de muchos docentes y profesionales por intermedio de sus  visitadores médicos. 

Medicaciones  nativas o foráneas   acaparaban con sus fórmulas genéricas o polifacéticas los consultorios con el objetivo de echar agua para sus molinos con clarísimos conceptos economicistas, muchas veces muy alejados de los dogmatismos farmacológicos.

Mediando entre los mismos se hallaban los sueldos de los profesores y ayudantes docentes, miserias infinitesimales dentro de los presupuestos  Universitarios, que se acercaban más a los seguidores farmacológicos de los laboratorios, correspondidos por ciertas obras sociales y por un proyecto de Salud inexistente, para un país inexistente.

            Otras veces regalos o viajes eran los verdaderos vehículos de la extorsión de los laboratorios, había llegado a los oídos del Oso y Emiliano, el famoso “Onco-Tour” patrocinados por laboratorios y profesionales que medraban con el cáncer.

Este era solo el principio del caos  de las disciplinas clínicas, enseñaban con un paciente rodeado de cuarenta alumnos que lo revisaban o miraban,  a veces con algún docente y por lo general solos, en forma  de autodidactas.

No llevaban mejor tarea las especialidades quirúrgicas que no veían una operación de cerca en ningún momento de la cursada, solo por video, pero no participando activamente ni siquiera cortando un nudo o un punto desde la camilla quirúrgica, ni siquiera en una lastimadura de un dedo.

 Peor aun superaban las materias aquellos alumnos que debían cursar   disciplinas con regiones púdicas al aire, como ser Urología o Ginecología, su cursada era  estrictamente teórica.

Otras disciplinas accedían a una verdadera decadencia de la ciencia, como ser Obstetricia en la cual se utilizaba un muñeco articulado de madera, como feto. 

Las diversas presentaciones   instalaban  el bebé articulado en una pelvis de hueso, para dar una idea del trabajo del parto, las caras de los alumnos eran patéticas, empujando a Pinocho por un canal de parto virtual.  

---- Así  sería de nalgas?,  pregunto un grandote al  muñeco, ya que ni el docente estaba. En la actualidad, seguramente las computadoras con sus emulaciones tridimensionales reemplazan al bebé de madera.

Todo este panorama incierto, sombrío y oscuro en la carrera cuya formación era clave para que el soberano o sea el ciudadano en general se mantuviese en las mejores condiciones de salud, como uno de los compromisos ineludibles del Estado, que a mejor salud, mejor bienestar y mayor porcentaje de ciudadanos en condiciones de trabajar.

Ello realmente es lo que hacía avanzar a las sociedades y no las subvenciones, los planes, las dádivas o el clientelismo.

            Todo aquello generaba el primero de los espacios vacíos, que estamos tratando de describir en este cuento de nunca acabar,  el conflicto de los estudiantes varones.

La parcialidad de los contenidos, agregado a la baja estima por parte de la Sociedad del médico en general y especialmente “joven”, con el agregado poco a poco la pauperización marcada hacen de la profesión una de las menos requeridas por   varones, homologando a lo que en algún momento, fue el magisterio, que comenzó por ser un empleo de segunda categoría y por lo tanto preferido como segundo trabajo por las mujeres, dejando en la actualidad al magisterio prácticamente sin maestros varones.

Pero ya en esos últimos momentos  la Medicina se convertiría en la profesión con la paga más baja de mercado dentro de las disciplinas Universitarias, de nuestro país, convirtiéndose en una tarea de segunda categoría, no porque sea de menor calidad, sino porque aporta al grupo familiar el segundo, o tercer  sueldo, no desprotegiéndose a la mujer y mucho menos deprimiéndola porque no   pudo estudiar una carrera Universitaria.

En la Rusia del Kremlin y aún en la actualidad el ochenta por ciento de las estudiantes soviéticas han sido mujeres, y en nuestra sociedad llegaremos a ello, sin dudarlo, en los próximos cinco a diez  años.

Las tareas son cumplidas excepcionalmente bien pero podemos observar que especialmente con los financiadores de la Medicina el  sueldo de las afectadas era sensiblemente menor a igual tarea, salvándose, quizás las guardias de Emergencia.

Tampoco habían cambiado los escenarios, con tecnologías obsoletas en general, dificultadas por el alto costo del dólar y del euro.   Hospitales, clínicas, sanatorios y cátedras con la misma tesitura de pésimos estados económicos, sueldos atrasados y malos.

 Un sinnúmero de Obras Sociales quebradas o con intrincados procesos de selección de pacientes y estudios, con inadmisibles trámites de autorización para tecnologías o patologías que ni siquiera son discutibles, como ser prótesis dentarias, u otras prótesis, la obesidad, gafas, diversas cirugías y aun medicamentos de comprobada acción terapéutica.

Pocos son los estamentos que atendían, con    real jerarquía, en los escasos que quedaban: son las obras sociales industriales y fuertemente gravadas aquellas que subsistían.

 Una fundación daba trabajo a profesionales probos que podían vivir, investigar y  aun  atender cómodamente a sus pacientes en lugares agradables y de buen gusto.

El resto era poderosamente llamativo, pero parecería que una guerra hubiera liderado todos los estamentos sanitarios y cientos de misiles con cabezas destructivas   se hubiesen introducido a hospitales de alto poder técnico, que parecen desvastados, hasta desconocidos por sus propios trabajadores.

Familiares, canes y pordioseros durmiendo en sus pasillos, baños arrancados de cuajo, como si una horda asesina los hubiera atacado por la noche.

Suciedad, orina, restos de materiales descartables y de los otros pululan por las catacumbas, configurando un panorama aterrador de la segunda guerra mundial o del sitio de Stalingrado.

Graves infecciones hospitalarias y enfermedades de la mugre habían aparecido, aun en ciudades, como ser el Hanta virus, de los ratones colilargas, que se creía circunscripto a Camboya.

“Me tengo que operar del corazón”, dijo el cuñado de Emiliano.  A los cincuenta años,   debían efectuarle un cuádruple By pass,  después de los estudios le quedaba una espera de cinco meses en el único lugar de la Provincia que lo hacían gratis. “Que así sea”,  dijo Emiliano con el Rosario en la mano, por esos meses de espera,  luego supo que su Dios lo había escuchado.

El caos de la hiperinflación, la demanda de necesidades insatisfechas, los bolsones de pobreza, la falta de trabajo, habían minado a la clase media que se había volcado para  su atención en los Hospitales, aumentando enormemente la demanda, no preparada para tal fin.

Todo había resultado insuficiente, todo era escaso, y nulo era el plan de salud que aparte no teníamos, como ya se dijo y volverá a decir, para que entre por repetición o por ósmosis,  si fuera necesario.