La Contracara de la Salud en la Argentina por Mauricio Moday - muestra HTML

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 CAPITULO IV  LA FACULTAD SEGUNDA PARTE

 

 

            ¿Nadie sabía  adónde habían quedado los maestros de la Medicina? Casi  nadie en la actualidad hablaba de ellos. Estos cambios manifiestos eran de la Sociedad y no sólo de los Estudiantes de Medicina.

            Sin embargo el Oso y  Emiliano habían  sido muy comunicativos,  con  profesores y maestros a los cuales recordarían siempre.  

            Visto de otra manera,  como aquella unión de trabajo fue muy posterior al estado de estudiantes,  ambos se habían caracterizado por tener distintos ídolos universitarios, los cuales impactaron grandemente en sus vidas y les guiaron por el camino del bien y del saber.

El Oso aparte del profesor apodado “ El Tano” que a la postre le  daría el primer trabajo estrictamente de consultorio, era casi devoto de un maestro apodado Manzanita, por la redondez de su cara, que guió sus ideas y su intelecto por la Clínica Médica con claridad meridiana.

            Emiliano Mendieta en cambio había tenido varios maestros, el Clínico Fidel, el pelado Agrelo y el cirujano Frutos Demar. Estas tres personas fueron cambiando su óptica para observar la profesión.

El primero era un erudito, con notables condiciones de maestro. Se encerraban dos o tres veces por semana, con diez o quince de sus seguidores con un paciente y él como guía alrededor de una camilla. Seguían con devoción su sagacidad clínica, para llegar a diagnosticar las enfermedades que luego verían en su ejercicio profesional, posteriormente lo fijaban leyendo su libro de diagnósticos, si no fuera que la serie es Americana, su homónimo parecería el Dr. House, con muchas de las características de maestro de la Medicina.

            La concurrencia a horario, de Emiliano, dependía totalmente de los ferrocarriles, dominados por la Fraternidad, que era su sindicato del riel.  Los pasajeros estaban como rehenes totales de sus controles y huelgas, de aquella época  cuando podía llegar temprano,   se sentaba junto a la camilla del paciente. Respiraba tranquilo y con gran gusto ordenaba sus neuronas para que comenzaran a aprender, todo lo que Fidel tenía para trasmitirle,  todavía era estudiante, pero avanzaba a pasos agigantados.

            El pelado Agrelo era un excelente Clínico de trinchera,  muy sagaz, seguidor y perseverante, así como áspero en el trato con los pacientes y los otros profesionales y el personal auxiliar.

Con Mendieta, era una seda y éste  lo seguía a muerte, cumpliendo órdenes y escribiendo todos los detalles de los casos en tratamiento. El Pelado siempre decía  que el verdadero médico, debía ir agarrado del delantal del Cirujano y abrazado del Anatomopatólogo. 

Concurrían a todas  las  cirugías y autopsias, de los fallecidos en su sector, aún sábados y domingos, aprendía casi todo lo posible, se le introducía por osmosis, nada dejaba al azar, era magnifico.  Como estudiante a punto de graduarse cada  alumno desearía tener un docente como el pelado Agrelo, como tutor.

Después de su graduación, lo acompañó en su sector y posteriormente como médico Jefe de sala, cuando el Pelado fue ascendido a encargado del Área.

            Del tercer Maestro del cual Emiliano nutrió su formación, ya de profesional  recibido, tiene un recuerdo tan agradable  que sería redundante citar.

 Prácticamente el profesor Frutos de Mar  encontró a Mendieta ya que por un problema de trabajo y de vecindad de pueblo,  de su parte, le ofreció que le ayudase en Cirugía y con ello, Emiliano, comenzó a ganarse el sustento, luego de salir de la ominosa tarea de la Fábrica que enseguida describiremos.

El Doctor Frutos Demar era una persona exquisita, muy fino,   técnico, ordenado y de gran paciencia en lo que hacía, sin duda que llegaría en el futuro a ser profesor titular de Cirugía.

Siempre había pensado Emiliano en ser su discípulo, pero él con gran tino, le guiaría  hacia su definitiva especialidad, y aun le dio trabajo, atendiendo a sus propios pacientes.

Ya el pelado Agrelo,   había enviado a Emiliano, al graduarse, a aquel pueblo del gran Buenos Aires a trabajar a la Fábrica para lo cual lo citaron, como médico, pero el calvo como docente, no podía cumplir con   el horario.

Como necesitaba trabajar, el joven profesional,  aceptó el convite.  Debía trasladarse sesenta kilómetros, diariamente en auto y si era posible mudarse. Tenía casa, comida y trabajo seguro.

 

 Cuando Emiliano mudó sus pocos petates estaba recién casado y se puso a ejercer la tarea de médico de fábrica. Su traslado involucraba, haber acordado con la dirección de la empresa, las mañanas absolutamente libres, para terminar su formación hospitalaria y postgraduada, bajo su estricto costo y sacrificio personal, ya que durante siete años, viajó los sesenta kilómetros sin cobrar en el hospital, ni un centavo, su cargo era ad honorem.

El trabajo de la fábrica era vil, debía atender las urgencias y el ausentismo de dos turnos enteros de operarios, cerca de setecientos trabajadores. Algunos tenían heridas, o lesiones oculares por partículas voladoras de la piedra de esmeril con la que trabajaban.

Pero lo mas frecuente, las famosas lumbalgias, de personas de pocos  escrúpulos que no les gustaba la tarea o estaban en disidencia con el trabajo que realizaban, o con los directivos o con sus respectivas jefaturas. Lo difícil era discernir quien mentía o no. A veces Emiliano, prefería preguntarle si era cierta la patología que manifestaba, para no hacerle perder tiempo, ni a él ni al paciente.

Otras jerarquías, como ser las sindicales, insistían y eran días enteros que faltaban. Presionando sobre el médico, se hallaban los jefes, para que se responsabilizase de certificar por escrito, sus ignotas patologías, convirtiéndolo en la mortadela del sándwich, pero en el responsable de los juicios, ante el Ministerio de Trabajo. 

           En realidad le observaban a él  cerca de cien personas como  posibles enfermos por día y Emiliano casi no los podía revisar, era cruel e inhumano para ambos.

            Con todo su bagaje de entusiasmo, juventud, necesidad económica y  formación científica, se propuso un límite para aquel trabajo.

Cuando él, se enterase de que alguno de sus diagnósticos, por erróneo, podía causar algún daño o problema a uno de los trabajadores, dejaría inmediatamente y renunciaría al cargo.

Así lo hizo, un hombre joven  le consultó por una de las famosas lumbalgias altas. Al día siguiente me dijeron que en el hospital de su zona de influencia, le constataron un “neumotórax espontáneo”, patología no muy frecuente pero potencialmente peligrosa.

Al  siguiente turno presentó su renuncia indeclinable y pidió que le dejasen momentáneamente la casa hasta que se ubicara en un pueblo cercano.  Así lo cumplió, con su primer hijo recién nacido,  se trasladó con su primera esposa al pueblo de Coronel  Francés .

Su actitud dedicada y honesta, no había pasado desapercibida a las personas comunes de aquella fábrica, que entendieron su gran sentido de la responsabilidad, por lo cual le invitaron a una cena de despedida, casi de desagravio.

  Aquel núcleo de personas amigables comenzaría a frecuentar, posteriormente, su consultorio particular.

Por supuesto que ninguno de los directivos, ni jefes concurrieron a la comida, dándole a la misma el carácter de rebelión del personal.    

Aquellos que habían  conocido su dedicación eran los verdaderos héroes  y habían soportado la mala atención de la masividad.

            La contraparte de los directivos asociados en muchas ocasiones o, a los delegados gremiales en otra, no incentivaban la cultura del trabajo sino la orientación del mal aprehendido con todos los vicios que podían.  Lo peor de ellos era la fabulación organizada, era sabido que un  jefe de personal y alguno de sus caudillos, cobraban en dinero contante y sonante por arreglar entuertos de ausentismo.

            En la actualidad esa tarea no ha evolucionado, sigue teniendo la misma configuración aun en grandes empresas.

Peor aun, se organizaron verdaderas comunidades médicas al servicio del ausentismo, por profesionales de escritorio sin formación técnica ni clínica, que pululan aún por el cinturón del conurbano de la provincia, donde se situaban los cordones fabriles, no teniendo controles de ninguna especie, salvo un cursillo de médico laboral, que   autorizaba a los universitarios a firmar los certificados, aún judicialmente.      

Era la verdadera Industria del Ausentismo,  profesionales del lápiz, rehenes de organizaciones destinadas a disminuir  las faltas laborales, a costa de un gil que tenía un título habilitante y un cursillo.

No encontraban otro trabajo más digno  que constatar, salud o enfermedad, tocando la cama, a ver si la misma está caliente y no se había acostado el laborante cuando llegaba el médico, ya que prácticamente la constatación era solamente que el obrero se hallaba en su domicilio,  si estaba sano o enfermo no importaba.

            De aquellos núcleos de delegados gremiales venales, que colaboraban más con el bienestar de los patrones, a los cuales servían, se originó  un sinnúmero de mal vivientes facinerosos que perduran hasta la actualidad como gremialistas de escritorio o capos de mafias sindicales.

Éstos, han ido formando verdaderos vándalos en sus Bunkers de poder  dentro de los gremios de donde se nutren y viven como reyes, en cambio sus defendidos, los trabajadores, penaban solo por ser eso mismo, ser  laburantes. Aún resuenan las campanas de la corrupción en bancarios, con Zanotta y la compañía trucha de medicamentos, mate y venga con esos medicamentos malparidos, los enfermos de Mendieta los usaron  por compra Ministerial, con consecuencias nefastas, recién dilucidadas a distancia del episodio. INCREIBLE

            Los accesos a la salud de los chóferes de corta y larga distancia denominados genéricamente Motoqueros, los transportistas de carga, gastronómicos, empleados de comercio y tantos otros, tenían desde ese instante, la manija, las puertas y todos los ámbitos y lugares de la confederación del trabajo, bajo su yugo.

En mano de sus delegados  o aun el de  sus descendientes, para presionar. Recemos por el futuro inmediato y mediato, como lo veremos en el capítulo de colonialismo sindical.

 

Todos los memoriosos hemos visto, estas conductas, también se observaron en la  facultad, grupos de fanáticos llevaron a formar agrupaciones políticas foráneas que antagonizaron permanentemente a las orientaciones de la Universidad.  Se guiaron por emergentes políticos con cercanías feudales que en nada benefician a las grandes casas de estudio, o a vandálicos extremismos que en definitiva eran la misma cosa. 

El tiempo y la sucesiva pauperización de la profesión bajó a los mismos a los estamentos que correspondían como ser los convirtió en seres mas triviales que se apoyaban en compañeros que no competían con ellos económicamente y como por lo general, los hijos de los capos habían sido capos y los hijos de ordenanzas habían sido ordenanzas,  como había pensado Housay en la década del treinta, abrieron la profesión a la población en general, especialmente del 1983 en adelante, en forma estúpidamente irrestricta como si la antítesis fuera solución.

            Luego apareció “Hoja de  Yuca” (Consejo Universitario,  fundamentalmente integrada por profesores y que trató de revertir la situación, consiguiéndolo medianamente, con un examen de ingreso, siempre muy cuestionado, por probable acomodo, pero que mantenía un equilibrio hasta la actualidad entre ingresos y egresos de alumnos en Medicina

 Los directores de las distintas Universidades, mientras tanto en una nube de Úbeda, pensaban que el aporte de 500 bicicletas en julio del 2009, compensaría la falta del aporte presencial  a los distintos teóricos.

En realidad debería figurar el diezmo como la moneda del subterfugio, llamada así por Aguinis, o el “celular”, (si no le pones el 15 no anda), colaboración al que aportó el dato de los rodados, participando con el transporte de los jóvenes, para que no tomen el micro y por ende bajar costos.

De donde sacaron la guita, porqué no les aumentan a los docentes y ayudantes, analizando u organizando  programas en                                                                                                                                                                                serio para que el aporte a la sociedad fuese honesto y útil.

Pensamos   junto con Emiliano que la presencia no es la causa de lo abandónicos, mucho menos si es por repartir bicicletas.

Deben ser afectados los programas a las necesidades de la sociedad y hacerle comprender al educando, que su futura intervención será muy importante en el control de las diversas enfermedades y patologías emergentes.

Deberá haber carreras alternativas para aquellos que  utilicen la Facultad como su hogar durante 15 o 20 años, con participaciones políticas desde los Centros. Así no se estudia, así se gastan los dineros de los contribuyentes en formación doctrinaria, ese es el trabajo de la Unidad Básica o del Comité, pero fuera de la Universidad del Estado.

Ningún presupuesto Nacional o Provincial soporta alumnos que no llegan a rendir una materia por semestre o anual. Ni los del Estado ni lo de los familiares bancando  la subsistencia durante 15 a 20 años, ni aún con los biciclos para trasladarse.

Hagamos una contracción de ideas y aparecerán carreras con orientación Universitaria, como enfermería, quiropraxia, laboratorio, por lo menos para las carreras biológicas. Y tantas otras que aprovecharían la mano de obra desocupada, convirtiendo estadía con prolongada expectativa, en alternativas ciertas que cada país necesita. Esto no cuesta más que un acto de planificación curricular y decisión política de las diversas Facultades.

Podrían ser utilizados los mismos docentes y seguramente el producto final tendría formación Universitaria como se ve en los países desarrollados, aún cercanos como Chile con la enfermería.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPITULO V  DOCENCIA, INVESTIGACION,  SOCIEDADES CIENTIFICAS    Y     RESIDENCIAS

 

 

No guardaba Emiliano Mendieta, grandes datos de su formación, todo se lo observaba en las paredes de la Sala de Espera, del pueblo que había elegido para vivir con su familia en primera instancia. Pero el paso a su consultorio atravesando solo una puerta, advertía al menos prevenido que prácticamente todo su tiempo libre lo había ocupado en su formación y su futuro científico.

            Cientos de menciones, colaboraciones en mesas redondas, charlas y cursos, indicaban que seguramente algo de conocimientos, aunque más no fuese por osmosis, habría adquirido.

            Las enseñanzas de sus maestros, la consolidación en un puesto hospitalario, aunque aún no fuese rentado, lo estimulaba para que continuara en la dura tarea de recoger experiencia y prestigio, en esa sociedad tan competitiva, que le insumió ocho años llegar a que le pagasen un mísero sueldo estatal.

            Su acercamiento a los niveles de excelencia en el aprendizaje de diversas especialidades, tanto clínicas como quirúrgicas, le valieron organizar un servicio nuevo de Medicina Crítica, siempre orientado y apoyado por sus maestros, especialmente el profesor Frutos Demar.

            Las tardes de ayudantía quirúrgica, especialmente de los sábados eran exquisitas, para Mendieta y cada uno de los ayudantes, cada   intervención  del maestro, no solo era técnica, sino que mostraba su seguridad, convicciones y fundamentalmente amar su profesión o todo lo que hacía y como lo transmitía.

            El anestesista era una persona mayor, con una importante discapacidad motora, se movía con muletas aun dentro del quirófano, le secundaba una asistente técnica que era su brazo derecho y conocía a la perfección su trabajo preparando todo con elevada eficiencia.

            Los ayudantes del profesor, le jugaban algunas bromas al anestesiólogo, para tratar de suavizar el estrés, o ciertas veces para que se situarse a su mismo nivel y no sintiese las diferencias, lo cual le encantaba como persona.

 Recordaban  con mucho cariño cuando le colaban alcohol fino en su asiento, que era como una especie de ensaladera con patas cóncava hacia arriba, poco tiempo después se le sonrojaban los genitales y comenzaba a moverse en su silla como si tuviese un chicle  pegado entre los vellos y tratase de despegarlo, insultando a los ayudantes por lo que habían hecho.

Aquellas sonrisas animaban las tardes y al amigo anestesista, al cual llamaban Vibran especie de suela de zapatos de aquella época cuya propaganda rezaba ( del andare fácile).

Se vengaba entreabriendo las válvulas de los circuitos de la respiración. Al rato el quirófano se invadía de los típicos olores acre perfumados de los anestésicos volátiles, y comenzaba el cuento de la” bella durmiente,” como decía Vibran, se comenzaban a dormir, todos aquellos que estaban en actitud pasiva,  menos al Profesor Demar  y llegaban a relajarse aflojando  las rodillas y recibiendo los retos del maestro para que tiraran con presteza.

 Esto sucedía cuando las cirugías eran largas, por  su propia complejidad o se prolongaban por alguna complicación, encontrándose todo estable y en correctas condiciones el paciente. Las intervenciones cortas eran más ceremoniosas y algo monótonas pero, todos se retiraban antes a sus hogares.

Esta formación técnica era muy infrecuente en la especialidad elegida por Emiliano. Pese a que no hizo la residencia, ya que en su tiempo aún no se había organizado, le tocó convivir con residentes, luego de que ganara el primer y famoso concurso de la Jefatura de Medicina Crítica.

 De comienzo casi todos los especialistas en Medicina de Urgencia, salidos del Pabellón de Clínica Médica, eran en sí un problema, por no ajustarse estrictamente a la realidad de una especialidad nueva o en creación.

Lo cierto es que algunos que cursaban residencias, pensaban que eran los especiales de la profesión y estaban en la tierra signados por la estrella de la genialidad. Otros más humildes, preguntaban antes de tomar decisiones y por último estaban aquellos que trataban de pasar desapercibidos para transcurrir lo mejor posible los tres años de su pasantía.

Para peor de males a uno de los genios políticos del Ministerio se le ocurrío crear la residencia en Medicina Crítica, como siempre mal programada, con un primer nivel corto e insuficiente. Por lo tanto éstos siempre fueron los peores,  salvo honrosas excepciones, arrogantes, autoritarios, autosuficientes, descarnados cultores de la tecnología, tecnócratas, olvidándose del humanismo que encierra toda especialidad médica, más aquella en la que sus pacientes tienen gran sufrimiento intrínseco, como la que ellos habían abrazado, chocando de frente con los profesionales de carrera sin residencia especializada.

Parecían jugar, a quién dormía más a los pacientes para adaptarlos mejor a las máquinas, cuando se les enseñaba y todas las literaturas lo mostraban, que salvo excepciones, los ventiladores debían ser adaptados a la respiración del paciente, por lo menos en la época

Primero respiraba el Robot y luego el Humano, en sus concepciones estrambóticas, por la edad y la Sociedad Argentina anárquica semi-surgente, donde las canas comenzaban a no   valorarse, viniendo de donde viniesen y la palabra autorizada atravesaba sus cerebros, vacíos de ideas, de oreja a oreja.

            Cierta vez, una viejecita que estaba internada en la Sala lo vio a Mendieta y le preguntó

-----Jefe ¿no me toma el pulso?  Éste extrañado, le comunicó que estaba bien, el monitor informaba que sus latidos eran de ochenta. Pero nuevamente la abuelita solicitó  que le tomase el pulso.

-----Sabe jefe agregó, es que si no hago de esta manera aquí nadie me toca. Emiliano pensó que le faltaba el contacto humano, alejada de su familia y nadie que le rozara la piel, la había convertido en una desamparada, y así lo sentía profundamente. Hizo resonar su vozarrón llamando a la cordura humana, los enfermos no son signos binarios, ni bits, ni imágenes de un electrocardiógrafo, ni signos en colores del Doppler, son nada más que eso, Seres Humanos en el mejor sentido de la palabra.

Con cierta veta de suerte e inteligencia, Mendieta, aprovechó su particular situación económica en su propia instrucción profesional, lo cual lo catapultó a la jefatura del Servicio por concurso, en corto tiempo.

Intercalado con las largas sesiones quirúrgicas, en privado y la paciencia en postoperatorios, curaciones o reintervenciones, para cumplir con el profesor Demar, Emiliano se levantaba  muy temprano a estudiar, preparar clases, mesas redondas o charlas informales.

 

El costo de la formación  muchas veces la financiaban los laboratorios de especialidades medicinales. Organizaban cenas, eventos, charlas públicas y coordinaban las invitaciones y las certificaciones. Grandes billetes, corrían en congresos facilitados por laboratorios.

La intachable conducta de Emiliano, trataba de no mezclar mucho los tantos con los productos específicos, pero casi permanentemente se acercaban inscripciones  o viajes, él trataba  de vehiculizar a los profesionales más necesitados económicamente, motivo por el cual prácticamente nunca le tocaba a los de rango técnico más alto, incluido él  mismo.

            El propósito de los viajes era intercambiar experiencias, presentar algún trabajo científico o escuchar grandes investigadores de otros países. El staff concurría  por  su  cuenta y dejaba  a los residentes, o concurrentes usar los pasajes o estadías facilitadas por los laboratorios. Para situar a los lectores era la época previa a Internet  y aun casi a la  tomografía computada, era la década del 80 y la democracia se reinstauró en el 83 con Alfonsín.

El inicio de estos eventos se concretó con una cena local de un gran Laboratorio Multinacional,   poco tiempo después de que ingresó como jefe Emiliano Mendieta. Se adentraba a nuestro medio con un antibiótico de   gran espectro bactericida. La presión puesta en el producto trajo entre los profesionales  como en nuestro joven jefe, cierta incertidumbre. Había que llenar una ficha con los  datos técnicos de los pacientes y a ellos le administraban el producto gratuitamente, a quienes le necesitasen.

            Cuando salieron del ágape, pensaban los participantes, aun como manejar este asunto, por lo cual se propuso a insinuación del jefe, la indicación precisa del producto según cultivos o estudios paralelos y bibliografía internacional previa.

No habían pasado aun seis meses de la presentación del antibiótico, que la misma empresa farmacéutica presentó mundialmente un nuevo fármaco antihipertensivo. La Hipertensión arterial era un flagelo mundial muy bien estudiado en los países desarrollados pero sus fármacos eran probados en los pueblos subdesarrollados y aún se sigue haciendo, los antibióticos eran similares.

Concomitantemente se le envió al jefe, junto a un cierto número de profesionales, un pasa casete de obsequio, que para la época era tecnología de avanzada, lo acompañaba un casete de ruidos cardíacos de extraordinaria fidelidad. Ante la novedad sus hijos que eran pequeños  les avisaron a sus amiguitos. Al rato gran cantidad de colegas llamaban para insultarlo.

Trató de devolverlo, pero una compleja tramitación con exenciones impositivas y donaciones lo evitó, así que  comenzó a utilizarlo como archivo de datos para una computadora, Commodore 64, que era el primero de los ordenadores de este país y que recientemente había adquirido. Volviendo entonces los datos a los pacientes en forma de archivos personales de los mismos, generados por el ordenador.

Estos indudables ecos de progreso, hicieron que Emiliano triunfara rápidamente, por lo cual comenzó a formar parte de comisiones asesoras hospitalarias, dándole basamento científico-tecnológico a las mismas, con sus intervenciones.

Los niveles alcanzados en excelencia hicieron que desarrollara la especialidad que no existía como tal, por lo cual también había sido elegido con el objeto de, nuclear gente, diseñar y poner a funcionar una nueva unidad asistencial para emergencias, en su Hospital.

Los valores técnicos eran evaluados en la sociedad científica local, pequeña catedral de la vanguardia tecnológica para la época y  gran isla mesiánica, representada por vetustos jefes de cátedras, tan empolvados y con tanto lujo como el lugar donde funcionaban.

Se agregaron vivillos economicistas, que no sabían casi nada profesionalmente, pero figuraban como los mejores, eso fue tanto en las grandes  ciudades como en  los pueblos del interior, lugar donde era mas manifiesto.

Muy pocos profesionales,  realmente en los últimos cincuenta años, pelearon con los estamentos sociales elitistas, con el objetivo de solucionar el problema de salud grave de un pueblo hambriento y muy enfermo, sólo deseaban en forma personal engordar sus cuentas bancarias o adquirir barcos o suntuosos petates, cuando actuaban.

De otra forma era cuando pertenecían a alguna sociedad u ornamento de salud, generalmente lo hacían por adquirir poder o a veces colaboraban para la corona o cátedra de  turno.

Siempre dirigían puestos claves, los demás trataban de trabajar, aprender, enseñar, caminando los senderos de la docencia decadente y comprometida con las políticas de turno desde los guerrilleros hasta los militares incluidos.

La investigación era casi patrimonio exclusivo de las Cátedras, pero salvo algunos estamentos derivados de la universidad de la Gran Ciudad, que hacían investigación primaria ocasionalmente, las demás ejercitaban solo investigación aplicada.

            La Investigación y la docencia era  casi prohibida en nuestro país, era imposible subsistir de esta loable  tarea de avance humano. Menos aun cuando llegó la democracia los sueldos mensuales de diez dólares, para un profesor de dedicación simple, descartaban toda aclaración.

 

El ingreso irrestricto con la sensación de que    “todo lleno como en botica es mejor”, preanunciaban tiempos mas duros aun, para que la profesión se   prepararse como para el Ejercito de Salvación, sí sálvese quien pueda como verán luego.

Cualquier atisbo de orden, o de algo llamado Plan de Salud, donde participaran los actores, y los que conocían los temas programaran para el futuro, eran pura coincidencia. Solo había voluntades  con animosa expectativa, pero sin dirección, ni cabezas visibles con preparación sólida, y todo envuelto en una sofisticada politización, con discusiones vacías y sin fundamento que al  entender de muchos, se prolongaría  y perduraría hasta la actualidad.

En los últimos cincuenta años de este país de Pendencieros, Compadritos o Agrandados, Frívolos,  Mesiánicos y Boludos Carismáticos, eran cinco adjetivos que sin lugar a duda, podían caracterizar por lo menos uno de ellos a cada uno de los habitantes de la comunidad universitaria.

Pero sumados los vocablos en la misma persona, mas de tres epítetos lo transformaban, en otra figura, ya sea de político o funcionario universitario o no, a los cuales les caben otros cinco vocablos, a saber: Astuto, Venal, Corrupto, Sagaz y Delincuente, con tres o mas de estos adjetivos, en línea o separados, se podía llegar a ser Presidente.

Emiliano trataba de hacer memoria a ver si recordaba que los últimos cincuenta años, solo memorizaba un plan de salud que fue aplicado durante muchos años en la provincia de Neuquén, con bastante buen resultado, habiendo sido elaborado por un Sanitarista de extracción radical, el doctor Aldo Neri.

            Este plan era el único escrito con toda sus leyes y contribuciones que no fue casi discutido, sino directamente aplicado, por lo tanto podría ser desplazado, cuando las condiciones políticas determinaran que el Palo, (así llamado al bastón de mando), había pasado a otros funcionarios.

Pese a todo las sociedades científicas profesionales, eran las que peor funcionaban de todas las entidades técnico médicos, insolventes, antiguas y figurativas,  se movían por donaciones, el aporte de sus asociados o  participaciones de laboratorios, pese a todo ello las personalidades que ascendían en las cátedras, lo hacían, por estricta voluntad propia de superación con ningún estímulo económico por sueldo, y mucho menos por beneficios personales que prácticamente no existían, si no pertenecían  al Palo político de turno.                                                                                         

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CAPITULO....VI PARA “CAOS”  HOSPITALARIO DEL 83, SE BUSCA SUPERAGENTE  DE  “CONTROL”

 

            Los profesionales médicos  se habían  formado por lo general en el  hospital público, hacía pocos años que había Facultades de Medicina Privadas. En general los Universitarios de Salud en la primera mitad del siglo XX, cumplían con la simbología de Houssay (donde los hijos de médicos, serán médicos y los hijos de barrenderos serán barrenderos).

Luego de la revolución de1955 y de haber pasado el gobierno Peronista, las modas acompañaban al signo político de turno, hasta el año 1983, que comienza el ingreso irrestricto en la presidencia de Alfonso.

 Desde principios del siglo XIX  vetustos edificios de ciudades de gran importancia, con sus múltiples reformas y acomodaciones a las diversas épocas soportaron la evolución de los años superiores de las diversas facultades  de Medicina del país, como  Hospitales Escuela.

            Pero a comienzos de los años 80 impulsados por la neo-democracia insipiente, se comienza a  confundir  la libertad con el libertinaje, y se reinicia  a instancias del  gobierno radical de turno, con su ala política universitaria la juventud izquierdosa o “progre “de  “Franja Morada”,  el ¨ ingreso irrestricto” del cual ya algo hemos hablado y que no existía ni en la Facultad de Medicina de Cuba.

            La diversidad mal encarada y peor entendida, impulsa a centenares de jóvenes, mudos hasta ese momento por la tiranía militar, a arrojarse en facultades y carreras terciarias, sin la más mínima orientación, aptitudes conocidas y menores fundamentos sólidos del colegio secundario.

            Como se pueden percatar los lectores este es solo uno de los lados del mostrador.

Del otro lado, atiborrados por la inflación y la desocupación, miles de conciudadanos, tenían vedadas las obras sociales y mutuales.  La falta de trabajo ocasionó por ende, la desaparición de la cobertura asistencial a sus familias.

 Comenzó entonces un peregrinaje que incluyó a todos los jubilados, con atenciones polivalentes, de múltiples  profesionales sanitarios, de calidad escasa o nula, facilitada por el ingreso irrestricto a este sistema con superproducción de médicos, con el llamado facilismo derivativo.

 También facilismo de diagnostico, o aparato lógico, en lugar de la semiología y el estetoscopio. Multiplicidad de especialistas con escasez de atención primaria a la inversa de Cuba.  Llegó a decir Emiliano, que encontraríamos profesionales que se dedicarían a la amígdala izquierda ya que la derecha tenía una vascularización distinta.

Doble de cesáreas que de partos por vía normal, con aumento de la mortalidad infantil, o sea, todos los flagelos de la sociedad del “no” consumo de actividades sanitarias básicas, con la consiguiente pauperización médica y paulatino traslado hacia la mujer como sexo predominante entre los alumnos que estudiaban la carrera, en forma preferencial, como se ha podido observar, similar a la Docencia.

            Por lo tanto en este capítulo, nos abocaremos a ambos lados del mostrador con los profesionales y sus vicisitudes, y los problemas de la gente o afiliados en general cuyo punto de inflexión hacia la caída libre, ocurre a nuestro entender con el comienzo de la Democracia pero no por ella, sino por errores en su interpretación.

            Fue justamente en el año 1980 que nuestro mártir Emiliano Mendieta,  dio a luz a la sala de Medicina crítica.

Sus interminables cabildeos para llegar a dar respuesta a las nuevas corrientes de asistencia integral de heridos y enfermedades de alto riesgo lo llevaron a participar en innumerables simposios y especializaciones, en nuestro país y en el exterior.

Determinaron  una formación integral, que reafirmaría con una jefatura por concurso y un agradecimiento implícito de por vida a sus maestros.

            Sus desvelos se extendieron a la prolongación de la instrucción a los colegas que lo secundarían, al personal auxiliar, técnico, de alimentación y otras especialidades.

       Sus  innumerables anécdotas redondeaban casi  una vida dedicada a aquella especialidad.    Recordaba Emiliano en tiempos pasados que leyendo las historias clínicas de la época apareció una mortalidad extraña, no bacteriana, los días miércoles de madrugada.

            Revisados todos los ítems en los  tres meses anteriores al evento, no parecía haber habido fallas del equipo profesional y mucho menos del grupo auxiliar. Éste había sido elegido por categoría, y rigurosa formación, conformándose dos circuitos de enfermería que no mezclaban su presencia y colaboraban en la atención cada uno de su lado.

Prácticamente no había infecciones cruzadas y el grupo, demostraba gran maestría en la asistencia integral de enfermos muy complejos, a poco tiempo de su coordinación definitiva.

Se decidió establecer expectativa armada, para observar cual era la causa del aumento de la mortalidad en los tres últimos meses de madrugada. A las cero-cinco horas, apareció una reemplazante de mucama, que hacía algunos francos y no pertenecía al plantel estable del servicio. Cuando desconectó el monitoreo vital y respiratorio del paciente, para enchufar la enceradora, no solo se hubo resuelto el problema, sino que se habían paralizado varios corazones más.

Pequeño y gran detalle:  la formación, que traía gran experiencia al grupo original liderado por Mendieta, hasta que sólo quedaron prácticamente ex residentes, allí fue otra la conducta general y todo se deliberaba sin respeto, casi porque sí, se invirtieron los roles y las edades pasaron a nivelarse, craso error en Medicina, donde la experiencia es la base del conocimiento, pero así asomaba la sociedad de este país.

            Tres eran los famosos agujeros negros, con los cuales nuestro amigo Emiliano, debía luchar permanentemente como la Armada Brancaleone contra el invasor.

  1. Los famosos arreglos de las empresas farmacéuticas y distribuidoras de materiales e insumos hospitalarios, que influyendo en mercaderías buenas y malas, torcían, o trataban de inclinar dicho de alguna manera, los intelectos y las experiencias de las jefaturas correspondientes para llevar sus productos a los depósitos de los hospitales y del Ministerio, fuesen o no necesarios acompañado del diezmo o  diespo(diez por ciento).

Emiliano había tomado experiencia y debía luchar a brazo partido con empresas nacionales y multinacionales que con todo tipo de artilugios trataban de vender al mejor postor, algunas veces con empleados intermedios de las licitaciones comprados, en ocasiones cosas en buen estado, necesarias, útiles, a precios adecuados, pero en general desperdicios o rezagos de otras licitaciones, sin utilidad inmediata y que el estado pagaba rigurosamente quedando en los estantes del olvido de algún galpón del hospital, firmada la recepción por el corrupto de turno.

Mendieta y alguno de sus colaboradores mas conspicuos,             hacían  el concienzudo análisis de los elementos de las licitaciones, para luego depositar sus firmas, con la responsabilidad que ello implicaba, pudiendo luego los organismos del estado revisar o dar marcha atrás a las mismas y hasta sancionar por malversación del estado o mala tarea de funcionario del mismo.

 

En una sola oportunidad de su carrera Emiliano fue denunciado por una empresa que se sintió afectada por haber licitado a mayor costo un artículo de superior calidad. La ley informaba, que a menor costo, e igual calidad se debe refrendar el de costo mas bajo, habiéndose utilizado este criterio por nuestro personaje.

Por lo cual el jefe fue sobreseído total y definitivamente, eran los medrosos que lidiaban con los, fármacos, equipos y mantenimiento de edificios por obra pública.

  1.          En segundo término, el tiempo también lo ocupaba con los oscuros designios de abogados y juzgados que participaban, como si investigaran las numerosas víctimas diarias de accidentes, en un país sin reglas claras, aquellos y éstos eran los interlocutores mas frecuentes con los que Mendieta debía lidiar.  

País donde el rango etáreo de mortalidad por accidentes entre  15 y 39 años,  ocupaban el primer lugar de la mortalidad, nada se planificaba y lo poco que se encontraba previamente meditado, era tan atomizado que servía en un sitio y  en el partido vecino, no tenía  asidero, o se desconocía.

  1.              El tercero, mas pequeño y diario era el contacto con sus propios compañeros, y personal del nosocomio tanto directivo como sindical, que tomaban sus áreas de trabajo como guetos  y las defendían a capa y espada con espurios designios, desde enriquecimiento ilícito para algunos y raterismo para otros y para pocos,  el trabajo honesto y el progreso por mérito propio.

     

Los niveles de obediencia concensuada, con el personal duraron algunos pocos años, siendo en aquellos tiempos algo mas prejuiciosa, pero paulatinamente los sucesivos gobiernos y dirigentes corruptos, hicieron que esa masa de trabajadores  y ciudadanos, jóvenes o viejos, ricos y pobres acompañara al resto de una sociedad decadente y en descenso abrupto, con educación mediocre, donde ya casi, no se respetaban padres a hijos o viceversa y mucho menos alumnos a maestros como hemos visto.

Cárceles incontinentes de delincuentes abominables que los jueces garantistas dejaban salir, cumpliendo leyes del dos por uno, la Convención o Pacto de Costa Rica, de los derechos humanos  o la fiebre Pedorra de Las Antípodas  y vaya saber que otro artilugio legal.

            Por lo tanto, casi toda la sociedad se convirtió en un despropósito donde los de abajo querían sobresalir y los de arriba deseaban que éstos  fervientemente   no emergiesen para que no se culturalisacen.

Comenzaron piquetes, cacerolazos, corral y corralito y se sucedieron funcionarios con sueldos por debajo del mostrador o la Tarjeta Banelco de crédito en el Senado, hasta los dineros en el baño de una Ministra, los radares,  la obediencia debida y la valija de Wilson, como recordarán nuestros lectores.

Como dijese en algún momento Mendieta, era del Ejército de Salvación, o del rajemos todos y “sálvese quien pueda”,  el último que apague la luz, como pasó en el año 2001.

Las empresas, los sindicatos, los proveedores del Estado y tantos otros corruptos que rapiñaban y utilizaban todo tipo de presiones para poder llevar agua para sus molinos, desde la plática serena y afectuosa hasta la presión masificante del dinero como coima, regalos, comidas, cenas o inscripciones a congresos, en ocasiones algunas de estas últimas eran tomadas para profesionales o auxiliares de muy bajos recursos y que de ninguna otra manera podrían concurrir, cosa que ya habíamos indicado, aunque a Mendieta no lo sedujera porque igual pensaba que era una forma de extorsión de los Laboratorios y empresas que representaban artículos para la Medicina.

 Llegaron a utilizar el sexo implícito o probablemente utilizarían el explícito si la persona o interlocutor era débil o poco hábil para escapar a las garras del diablo, del cual podría depender ese futuro, aunque incierto y no convenía perderlo definitivamente, por todo ello Mendieta se movía como gato entre la leña, resolviendo las licitaciones sin retrasos evidentes, ya que tenían tiempos muy acotados tratando de no afectar los términos de los acuerdos licitatorios, especificados en la ley de la Contaduría de la Provincia.

 

Los cambios estructurales habían alterado la fisonomía de los vetustos edificios. Los mismos que realmente eran el drama de casi todos los nosocomios de la provincia o del país, eran alojamientos de principio de siglo XIX, construidos durante la colonia, como casas de expósitos o pequeñas ciudadelas con destinos diversos, hospitales de enfermedades contagiosas (lepra, cólera, tuberculosis), o lugares destinados al ejército, sacerdotes o caballerizas.

Estos insólitos edificios y otras construcciones, fueron destinados a los hospitales, no contando con basamento adecuado, desde el punto de vista de sus cimientos,  con enfermos perdidos en grandes pabellones, que se habían remodelado frecuentemente a través del siglo XX, persistiendo salas largas y espaciosas, sin aislamiento o solo con biombos o cortinas de aislamiento virtual, sin ninguna separación segura por enfermedades infecciosas, aislamiento pulmonar o por contaminación, sin  presurización ambiental., o protección de visitantes y asistentes de la enfermedad subyacente, salvo contadísimas excepciones.

Varias veces había manifestado Emiliano que había ordenado efectuar estudios serios de suelos y movimientos de tierra y  le sería   mas barato al estado, hacer edificios totalmente nuevos, tirando los viejos, en lugar de remodelar y aumentar el peso de los ya instalados. Justamente era lo que él había visto en el exterior, en ocasión de un curso de especialización.

Cuando le tocó actuar en tal sentido, con buen tino, decidió  hacer que facultades vecinas y amigas como ser Arquitectura e Ingeniería le configurasen un minucioso estudio. Informó debidamente que construir fuera del predio era menos oneroso que  tirar y hacer nuevo que por supuesto, dejar como estaba y remodelar.

            Cientos de reuniones, dibujos y planificaciones estratégicas,  llevaron a determinar por los técnicos del área de Infraestructura  del Ministerio  de Salud que edificar una estructura de hormigón nueva, sería la solución y que rápidamente podría ser utilizada.

Quince años, pasaron para que aquella jaula de cemento y hormigón, fuera utilizada  luego de construida y ya era tan antigua, al utilizarse, que para otros,  daba temor cargarla de peso, por lo tanto manifestaron, que fuera utilizada como estacionamiento y depósito de jeringas, sueros y mercadería  de todo tipo, convirtiéndose al poco tiempo en un basural con lauchas, todo bajo techo.

            Varias veces fue reinaugurada por los funcionarios de turno, que anunciaban distintas ocupaciones para la estructura, hasta que luego de quince años solo se pudieron colocar oficinas por creer los nuevos técnicos que ya se hallaba vetusta, su estructura y al cerrarse definitivamente con paredes, se derrumbaría. 

            Mientras tanto a Mendieta le seguían contratando y adjudicando, arreglos parciales, emparcha duras y gastando los dineros del estado, la misma oficina de Arreglos Estructurales del Ministerio. Hasta el nombre de la oficina, era político ya que nunca arreglaba nada estructuralmente hablando.

Nadie era sancionado, pese a estar los informes de los técnicos todo seguía sus propios tiempos.

Se continuaba con los pabellones, remodelados en pequeñas salitas de una planificación mayor que nunca se identificaba frontalmente, más bien se escondía.    

        Posteriormente una empresa internacional comienza con una estructura en el patio de cargas o estacionamiento, no habiendo personal suficiente para hacerlo trabajar a pleno, aunque se lo terminase en tiempo y forma, conociéndose este dato de antemano.

            El desastre político-económico de los años 2000-2001, trajo aparejado la explosión del dólar y de cierto avance tecnológico que se había podido observar en los años 90 con la divisa americana emparejada, uno a uno.  

Todo este adelanto fue destruido cuando el peso se esfumó, dinamitado por las pésimas orientaciones económicas de los Gobiernos de turno, todo cayó en  el corral y desapareció con el corralito.

            Paulatinamente fue  minando las arcas de clínicas, sanatorios, hospitales estatales y en general los sectores privados, con productos importados que de escasos se convirtieron en nulos, pacientes que involucraban en uso dichos insumos, su espera se extendía a veces a un año, al igual que los arreglos de equipos importados, que no  tenían repuestos ni se conocía su precio real, nuevo o reparado.

Se vivían momentos de zozobra, pasaban cosas extrañas en las áreas de atención, por lo general no había materiales primarios y otras ocasiones, las menos, sobraban materiales descartables de origen local.  Los precios, cuando las empresas cotizaban, se hicieron imposibles de adquirir, habíamos pasado a ser el país más caro del mundo, para comprar y vivir,  pero el más barato del mundo para hacer turismo.

            Comenzaron a llegar personas de todo el orbe atraídas por nuestro cuero y por el tango.

Comenzamos a exportar-importar los transplantes de órganos hacia países vecinos que no lo efectuaban, creamos aun mas una distancia social entre pacientes atendidos con trabajo estable y Obra Social y sin tareas remuneradas en blanco.

Atendidos en masa en hospitales y Salas de primeros auxilios, que aumentaron en poco tiempo más del 30 por ciento,  su demanda externa tenía un volumen casi idéntico a la que por nuestro tango, era requerido como aumento por los turistas.

Para tratar de reparar ese caos de diferencias,  arreciados por la falta de trabajo, ante el cambio imperativo de la moneda, se crearon las dádivas, seguidas por los clientelismos y el eterno dar, sin la contraprestación de trabajar, trayendo aparejado, el uso de los dineros de los contribuyentes sin retorno a los erarios del estado, en forma de impuestos.

El concepto de  cesantía de trabajo, por un tiempo definido, muy corto, cobrándose solamente un seguro de desempleo como ayuda y para devolver con los impuestos al conseguir tareas, o por lo menos las personas dignificadas con este tipo de salario se preocuparían formalmente en conseguir trabajo, cosa que los últimos años no sucedió, al no obligarse a ser devuelto, sirviendo sólo el poder al que lo repartía y por ende lo votaban o se enriquecían, que viene a ser lo mismo.