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LA DESESPERACIÓN

YOLANDA PINTO

La situación después de los dos últimos castings en los que fue Freddy

volvió a ser rechazado de nuevo se volvió más insostenible aún, además

de las innumerables pìntadas que Freddy dejaba por toda su habitación

con la frase de la frustración, su carácter se volvió irascible, odiando a

cualquier actor que viese en cualquier película que visionara en la

televisión o en las películas online que habitualmente veía para aprender

más de la puesta en escena. Tal fue su estado fuera de sí, que una noche

cuando llegaba asqueado de su trabajo en el bar, más una sesión de sexo

de pago que tuvo con una viuda generosa, llegó agotado a su habitación,

prendió la televisión y lo primero que vio fue a Hampry Bogart en la

película Casablanca, nada más verlo se inflamó su ira como el que inflama

un explosivo de dinamita y la presunción que tenía en estos extremos de

que jamás ocuparía el papel de protagonista en ninguna película por cutre

que fuese, ni siquiera en un cortometraje, o en un videoclip es lo que le

cegó hasta el punto de dirigirse a la caja de herramientas, abrirla y con el

martillo agarrado con las dos manos destrozó a golpes la televisión ante la

sorpresa de los demás inquilinos de la casa que se despertaron por el

estruendoso ruido, abrieron sobresaltados la puerta de Freddy y se lo

encontraron sentado en el sillón con la mirada perdida y la escena de ver

el televisor hecho añicos por toda la habitación.

David que era un compañero de piso le advirtió hacía algún tiempo

que necesitaba ayuda psicológica, que la presión de los castings estaban

haciendo mella en su personalidad, y que antes de que fuese demasiado

tarde debía de ponerse en manos de un profesional.

Freddy empezó a darse cuenta que en esta profesión era

necesario tener padrino, que el mero talento no era suficiente para que te

ayudaran o te dieran una oportunidad seria, empezó a recrear en su

mente todas las experiencias vividas en los castings y las humillaciones y

desprecios que le habían hecho en muchas ocasiones los miembros del

jurado tras su actuación, hasta se acordó de aquél en el que se presentó

para ser actor porno, siendo de pleno rechazado por no tener un pene con

suficiente tamaño, lo que le conllevó a masturbarse obsesivamente cada

noche como si haciéndolo pudiera aumentar el tamaño de su miembro

viril, hasta que una noche y en un momento después de un movimiento

rítmico y continuo del cinco contra uno mientras se encontraba sentado en

el sillón dándole cera al calvo, al eyacular sintió un desgarro, se miró y

tenía la palma de la mano lleno de semen sonrosado, se asustó y

fijándose vio que del orificio prepucial emanaban goterones de sangre que

intentaba frenarlos haciendo presión con ambas manos.

Realmente este fue el punto de inflexión en el que se dio cuenta que

su alma se encontraba atormentada y de su pene lo que emanaban no era

otra cosa que lágrimas de sangre, el sabía que no era un Rocco Sifreddi,

aunque tuviese un nombre parecido al actor porno, pero pretendía tocar

también esa puerta por la que entraron a películas más serias actores tan

famosos como Silvestre Stallone utilizando el porno como puente a

papeles de interpretación complicados y arduos. De manera que todos

estos recuerdos escabrosos no hicieron más que llenarlo de rabia por ser

conocedor de sus orígenes pero no poder utilizar el poder de su padre

para ayudarlo, se empezó a emparanoiar más y más de manera que llegó

en este instante la gota que colma el vaso y Freddy ideó un plan con el

que dirimir su frustración más profunda.

Sentado en el sillón de su habitación rompió a llorar, era la

primera vez que lo hacía en muchos años, es más, ni siquiera recordaba

la última vez que lo hizo, en esta ocasión eran unas lágrimas calientes que

caían por sus mejillas como perlas trasparentes y dolientes, se fijó en las

gotas desparramadas de sangre que había en el suelo, habían caído de

su malherido pene y al verse lastimado pensó que no siempre tenía que

recaer la desgracia sobre la misma persona, y que los demás también

tenían que conocer el dolor de la desdicha.

Cansado y devastado por la situación, se levantó del sillón, se

subió los calzoncillos y el pantalón y se dirigió al armario del salón donde

tenía el botiquín, cogió de él unas gasas y el bote de mercromina (por el

peso podía intuir que estaba casi vacío, pero una pizca sería suficiente

limpiarse sus partes y evitar una infección), después se encaminó a la

cocina y cogió una bayeta blanca que había para secar los platos

colocada sobre la encimera y se lo llevó todo de nuevo para su dormitorio,

aguantando el dolor mientras andaba, la piel del pene le rozaba el

calzoncillo aguantando dar un grito despavorido.

Cogió el bote de la mercromina lo volcó en la gasa y vendó

cuidadosamente el pene, cuando la gasa le rozó el glande sintió un dolor

espantoso que aguantó como un campeón pero siguió proporcionándose

la cura, posteriormente se colocó a cuatro piernas sobre el suelo y

comenzó a limpiar concienzudamente las manchas de sangre que había

sobre el suelo, algunas lágrimas de sus hinchados ojos también seguían

cayendo sobre el suelo, mezclándose con algunas de las gotas de sangre

lo que las convertía en más acuosas y más fáciles de limpiar, sin embargo

otras se estaban incrustando fijándose al suelo lo que le costó un poco

más de trabajo teniendo que hacer presión con la mano sobre el trapo y el

suelo para dejarlo impoluto. --¡¡Ufff, qué escandalosa es la sangre¡¡ pensó

para sus adentros mientras se fijaba por todas las baldosas para no dejar

rastro del estropicio.

Cuando creía que todo estaba limpio, se arrastró andando

vulgarmente hablando hasta el baño, abrió el grifo del lavabo y metió el

trapo manchado de sangre bajo él, comenzó a enjuagarlo con sacudidas

abriéndolo y arrugándalo y luego estrujándolo para exprimir el agua que

tenía, un agua rojiza caía sobre el lavabo mientras se oía de fondo el ruido

de la tubería del grifo cuando se encontraba abierto, pasados unos

segundos el agua se iba volviendo más sonrosada hasta que por fin el

agua que salía del trapo era totalmente trasparente y clara, se dirigió de

nuevo a la cocina y lo echó en el saco de ropa sucia, no era de recibo

dejarlo de nuevo encima de la encimera aunque el trapo ya estaba limpio.

Volvió dolorido al salón y abrió el cajón de los medicamentos,

necesitaba algún calmante para poder sobrellevar el dolor, vio que dentro

del cajón había una caja de Nolotil y se sintió aliviado al verla, la cogió la

giró y vio que podía leerse Cad: 12 2009, las píldoras estaban caducadas

pero prefería tomarse una que seguramente algún efecto le causarían que

ir a la farmacia de guardia, era la 1.00 de la madrugada, aún así cogió su

móvil Motorola y se metió en internet buscando la farmacia de guardia esa

noche en Tarifa, escribió la información que solicitaba en google y

apareció en la pantalla de su: Día 2 de julio, Farmacia La Laguna, Calle

Levante 12.

¡¡Uff pensó¡¡ demasiado lejos para ir andando medio cojo por el

dolor, además tenía otro problema, ¿qué iba a pensar la farmacéutica

cuando le dijese que se le había ensangrentado el pene?, Freddy ya

gozaba de cierta fama como actor en la zona por las representaciones que

se hacían en el teatro del pueblo y se negó a que en los días posteriores

su herida fuese pasto de las habladurías de la gente, quién sabe si

podrían considerar que el daño se lo hizo practicando sexo anal con algún

homosexual y se corriese la voz de una tendencia sexual en sí que no era

cierta, lo mismo le pasó cuando pensó en ir a urgencias en el centro de

salud y se imaginó descubriendo sus partes íntimas frente al doctor que

estuviera de guardia y la enfermera,(el cuchicheo que harían entre los dos

mientras él detrás de algún biombo mientras se volvía a poner los

pantalones después de ser examinado), igualmente le obligarían a

realizarse los análisis de ETS, sobre todo del sida y de la hepatitis, y todo

ello lo tendría que soportar de buen agrado sabiendo él de antemano que

el sangrado no se había producido por ningún tipo de relación sexual,

además en el mostrador del centro de salud lo primero que te preguntaban

casi en voz alta frente a la sala concurrida de gente es el porqué de tu

asistencia por lo que podía dar lugar a malas interpretaciones igualmente.

Por tanto su última decisión fue quedarse en casa y soportar el

dolor él mismo, rezando al menos para que el Nolotil caducado le

produjera sino el efecto total del calmante por lo menos un efecto mental

de placebo que le ayudase a sobrellevar esa noche los pinchazos que

sentía y el desgarro por todo el pene.

Por otra parte, mientras se encaminaba de nuevo cojeando y

quejumbroso hacia el lavabo para tomarse la píldora de Nototil, recapacitó

además en el hecho de que debía de salvaguardar su trabajo de gigolo

que en estos momentos le daba de comer, ya que cualquier chismorreo

sobre el hecho de que fuese maricón podría anular el deseo de las

mujeres por contratar sus servicios sexuales.

Llegó al lavabo, abrió el grifo, puso las dos manos en cuenco, las

llenó de agua y se las llevó a la boca tragando agua con la píldora de

Nolotil, cerró el grifo y arrastrando casi los pies y lento en el paso se dirigió

hacia su habitación, se sentó en su sillón, sintió al hacerlo de nuevo un

dolor punzante en sus partes íntimas, apretó los dientes, y una vez

sentado se tomó el tiempo necesario para relajarse y reflexionar

seriamente sobre su destino y toda esta situación que lo estaba

destruyendo física y mentalmente.

¡¡Tengo que hacerlo¡¡ ¡¡Tengo que tener valor para ello y lo haré

si llega el momento¡¡ ( esa noche del 2 de Julio de 2010 en sus

atormentados pensamientos nació por primera vez el deseo del asesinato)

El pensamiento tan profundo y convincente lo dejó confundido pero

también le hizo sentirse más fuerte.

Más tranquilo, se levantó del sillón y se tumbó en la cama, las

sabanas no las cambiaba desde hacía un mes lo que podría empeorar la

infección y prefirió pasar la noche encima de la colcha por el efecto

doloroso que haría también el peso de la colcha y las sábanas sobre su

pene, de manera que se giró sobre la mesilla de noche y sacó del cajón

una novela de la única mujer buena e inteligente que conocía, su amiga

Esther. Aunque prácticamente no ganaba nada con la publicación de las

novelas hasta ahora, tan sólo recuperaba los costes de la edición sin

embargo además de ser muy buena escritora no se desanimaba y

siempre animaba a Freddy con frases que escuchaba de su padre como:

---”Cuanto más tiempo pasa una persona luchando por su profesión

en el dique seco, más fama y pasta ganará en un futuro”, “El que resiste

gana”, “La vida es de los fuertes” y multitud de frases de aliento que le

inculcaba el padre a Esther y ésta lo comentaba con Freddy cuando

quedaban a tomar algo. Sin embargo ella le comentó que sentía rechazo a

leer sus propias obras una vez que estaba editadas, lo mismo le pasaba a

él con sus actuaciones, que sentía rechazo a verse actuando cuando

alguno se lo enseñaba en el móvil cuando lo habían grabado o cuando

algún colega de él subía al youtube parte de alguna de sus actuaciones.

La gente piensa que los artistas están crecidos en su ego, pero

precisamente no hay nada mejor que hacerte artista para sentir ridículo y

humildad de uno mismo, te hace tropezar con la cruda realidad de la

derrota, ni Esther podía vivir de sus libros, ni yo conseguía superar un

casting. Pero al menos era mejor el arte que trabajar, eso sí que era una

derrota, estar esclavizado al sistema y tener que madrugar todas las

mañanas para fichar en tu curro como si fueras un robot, luego llegabas a

casa cansado y sólo te apetecía beber y quedarte dormido en el sofá. ¿Al

fin y al cabo para eso hemos venido a este mundo? ¿Para no ver salir y

ponerse el sol nada más que en el trayecto de casa a tu lugar de trabajo?

Eso sí que era morirse en vida, al menos Esther y yo estábamos

moribundos pero no muertos del todo.

Además en cuanto a los beneficios que obtenía Esther con sus libros

decía que eran igual que los que obtuvo por ejemplo Robert E. Howard (el

escritor de Conan) en los primeros años de escritor, el cual prácticamente

no ganó para vivir de los libros hasta pasados 10 años, con el fatal

desenlace que una vez que estaba ganando bastante se pegó un tiro y se

suicidó.

---¡¡Jajaja, pero yo no me voy a suicidar cuando ya sea conocida

como novelista ehhh¡¡ Le decía Esther en ocasiones a Freddy en plan

jocoso, recordando esta anécdota del genial escritor Robert E.Howard.

La novela que Freddy sacó del cajón de su mesilla de noche se

llamaba Días de Muerte, la abrió por la primera hoja y releyó la dedicatoria

que le había escrito Esther cuando le regaló el libro:

“Para mi amigo Freddy, que lo disfrutes gordo, un beso Esther”, leer

la dedicatoria tan cariñosa le persuadió a llamarla o ponerle un sms en

estos momentos, pero miró el reloj y eran las 1.15 de la madrugada (mejor

mañana la llamo y quedo con ella para tomar un café) .Freddy

posteriormente abrió el libro por donde tenía un calendario del 2010 que le

servía de separador de páginas y siguió leyendo por donde lo dejó días

atrás, era la tercera novela de esta joven escritora, el trama era sobre una

mujer que en una oscura y perdida carretera comarcal se le pincha la

rueda y al rato para un camionero que se ofrece para ayudarla pero

cuando hace el ademán para proceder a cambiar la rueda, se sobrepasa

con la chica y la viola dándola por muerta, la novela sigue con la

recuperación física y emocional de la chica y la posterior venganza que

ella misma se toma por su mano matando al camionero con una pistola.

En parte Freddy sintió que el argumento de la novela de Esther

tenía puntos de conexión con su vida y sus deseos, lo cual se podría

resumir en un axioma:

DAÑO-HUMILLACIÓN-VENGANZA-PAZ.

Por tanto sus deseos de venganza no era algo tan

extraordinario pensó hacia dentro, sino que era parte intrínseca de la

naturaleza humana.

A pesar de que estaba muy concentrado leyendo la novela

de terror de Esther, sintió de nuevo un fuerte latigazo de dolor en el pene,

lo que le hizo plantearse que un buen trago de alcohol de graduación le

calmaría más al hacer efecto junto al Nolotil. De este modo se levantó de

nuevo casi arrastrando los pies hacia el salón, y se dirigió al botellero que

había en el armario al lado de la televisión, lo abrió y vio que había una

botella por la mitad de ginebra, la cogió y se la llevó hacia su habitación,

dando sorbos largos de la botella levantándola con una mano, mientras

que en la otra mano llevaba agarrado la novela de Esther.

Finalmente al cabo de una hora entre el efecto anestésico

de la ginebra y la lectura del libro Freddy quedó rendido en un profundo

sueño sobre la cama.

Días más tarde, cuando se curó de las heridas en su

pene, volvió a ejercer su profesión de gigoló, aún se acuerda de aquella

tórrida noche de agosto en la que estando como de costumbre sirviendo

copas en el bar mandrágora, apareció una Sra. madura pero con una gran

presencia, llevaba un vestido de raso azulón y unas sandalias del mismo

color de tacón bajo, el pelo que era rubio lo llevaba cortado a media

melena y apelmazado por la cantidad de laca que se había puesto para

marcarlo, se veía que era una Sra. de clase, se sentó en la esquina de la

barra sola y pidió que le sirviesen un Cahipiriña, Freddy la miró de reojo,

se acercó al lado de la barra donde estaba sentada, y al escuchar su

comanda se puso manos a la obra a realizar el cocktel.

No podía imaginar al servirle la cahipiriña que aquella mujer sería el objeto

de su obsesión un año después, pero ahí estaba él hoy disfrutando de un

día más de trabajo como camarero.

La Sra. estaba sola, Freddy se percató de este detalle y la vio como una

posible clienta de su segunda secreta actividad.

Se acercó a ella y entabló conversación:

--Hola ¿Es usted de aquí de Tarifa?

--La Sra. titubeo al ver tan lanzado a Freddy que apoyó el codo sobre la

barra sujetándose con la mano la barbilla en un gesto cómplice hace ella.

--No estoy sólo de paso, pero suelo venir muy a menudo aquí, hago aquí

negocios, dijo la Sra.

--Ah me alegro de que le guste este pueblo, le dijo Freddy sonriéndola.

--Conocía a las mujeres maduras, un yogurín para ellas era como un

regalo que la madre naturaleza le ofrecía en muy pocas ocasiones.

--Le pregunté eso, por si no conocía el pueblo, no me importaría

enseñárselo mañana, le dijo Freddy.

--La Sra. se sintió alagada de un chico tan joven se interesara en ella.

--Conozco Tarifa muy bien sí, pero podríamos quedar para tomar un café

mañana si quieres. ¿Tú si eres de aquí? Preguntó la Sra.

--Sí, respondió Freddy, siempre viví aquí, antes vivía con mi abuela y con

mi madre, pero ahora vivo en una habitación compartida, me he

independizado.

--Sí eso está muy bien, sí, dijo la Sra.

--Estoy sola aquí ¿sabes?, me hospedo en el hotel Dos Mares, podrías

visitarme mañana allí.

Freddy se quedó pensativo, ningún interés sexual altruista pretendía él

con una Sra. que tendría 27 años más que él, en este momento de la

conversación no sabía como explicarle que si iba iría cobrando.

Ganaba poco con los días que venía a servir copas a este bar, sus

verdaderos ingresos para mantenerse provenían de su actividad de gigoló,

a estas alturas él ya sabía que o se esforzaba en lamer coños como un

hombre o debia de buscarse un trabajo de ocho horas, y él sólo podía

decantarse por la primera opción porque sino tendría que sacrificar su

ilusión de llegar a ser un actor, si optaba por trabajar en un trabajo serio

ocho o diez horas al día no tendría tiempo para ensayar sus obras de

teatro, asistir a los castings o a sus clases de interpretación, él no era un

cínico o un vividor pero la vida lo ponía en esta disyuntiva, no había

heredado una herencia ni tenía unos padres que lo mantuviesen, por lo

que tenía que ser lo bastante hábil para saber buscarse él las

habichuelas.

Además incluso a veces pensaba que no era un trabajo demasiado malo y

que contribuía a hacer una labor social, había muchas mujeres solas faltas

de hombre.

Le sonó el móvil a la Sra. y empezó a hablar en francés, hablaba con un

acento nativo por lo que Freddy pudo intuir que era francesa.

--Bueno mire, le dijo Freddy cuando colgó el móvil, me encantaría ir a

visitarla a su Hotel, pero no sé cómo decírselo.....

--¿Tienes novia? ¿Estás casado? Le preguntó la mujer sonriéndole como

si eso le diese más morbo de llevarse un trofeo más valioso a la cama.

--No, no es eso, no tengo compromiso, pero verá, es que vivo sólo no

tengo quien me mantenga, aquí gano poco y me hace falta algún dinero

para vivir.

--Está bien dijo la mujer, ¿cuánto es?

--Son 100 euros si estoy con usted una hora.

--Te daré 150 euros y te vienes dos horas.

--Vale está bien, dijo Freddy descansando de que por fin lo había soltado,

y la mujer captó su mensaje inmediatamente.

--Le prometo que no se arrepentirá, le dijo Freddy de manera

complaciente.

--No me hables de usted, llámame Ingrid, a partir de ahora somos más

que cliente, camarero.

--Encantado le dijo Freddy mientras se aupaba dándose impulso tras la

barra para darle dos besos, yo me llamo Freddy.

La noche continúo, la Sra. le pidió otro cahipiriña, le dijo a Freddy que era

su bebida favorita, Freddy se la sirvió mientras hablaban de cosas banales

como el tiempo de Tarifa y la crisis en Europa y así se tomó la tercera y la

cuarta, llegaron a las tres de la madrugada, y le pidió a Freddy que le

llamase un taxi, sacó un papel del bolso y un bolígrafo y le escribió su

móvil.

--Toma te espero mañana a las cuatro de la tarde en el Hotel Dos Mares,

llámame a mi móvil y te recojo en el hall.

Freddy cogió el trozo de papel, lo dobló y lo metió en el bolsillo derecho de

su viejo vaquero azul.

Llegó al día siguiente puntual a su cita con Ingrid, ella lo estaba esperando

en el hall tal y como quedaron la noche antes.

La mujer venía vestida con una falda de vuelo gris a juego con una fina

camiseta que llevaba en su torso, el pelo lo llevaba peinado más natural

que anoche, sin fijador que lo apelmazase y venía perfectamente

maquillada, presentaba un aspecto más juvenil que le noche pasada.

--Hola, dijo Ingrid, me alegro que ya estés aquí, vamos a mi habitación.

Se dirigieron ambos por un largo pasillo que torcía a la derecha en otro

más corto, Ingrid sacó la tarjeta para abrir la puerta, la introdujo en la

ranura que había en el pomo de la puerta número 15 y una vez que se

abrió, entró primero Ingrid y Freddy la siguió.

La habitación era muy acogedora, tenía un ambiente árabe, Freddy se

dirigió al baño, abrió el grifo del lavado y se lavó las manos, cogió un vaso

de cristal que había encima del lavabo y bebió agua del grifo, luego se

miró en el espejo, no le gustaba lo que veía, era un hombre forzado a

realizar en unos instantes un acto que no le motivaba lo más mínimo,

recordaba que se había tomado un trago de Primperan en casa para evitar

vomitar en el caso de que el olor de la mujer lo repugnara. Miró en la

repisa del lavabo y vio todos los frascos de colonia que tenía la mujer,

todos eran caros de Lancome, Dior, Dolce Gabbana, también se fijó que la

maleta de mano con ruedas era de la marca Samsonite, por lo que se veía

que era una mujer de alta clase social, físicamente era atractiva pero no

era el tipo de mujer de Freddy , a él le gustaban morenas de largo pelo y

grandes pechos, pero por dinero tenía que ponerse una venda en los ojos.

Volvió a la habitación, comenzó a besar a la mujer y la desnudó ,tras la

ropa tenía una tanga negro y un sujetador negro, la mujer empezó a

mirarlo con cara de seducción, como si pudiese existir alguna seducción

en un encuentro que ya estaba pactado y pagado, así de ilusas eran las

mujeres, quizás su propia vanidad era lo que las cegaba hasta el punto de

querer sentirse deseadas incluso cuando ellas pagaban.

La mujer una vez que estaba desnuda en la cama, le dijo a Freddy que a

ella ya se la había retirado la menstruación y que era alérgica al

preservativo, por lo que le pidió que lo hiciera a pelo.

Freddy se esmeró, le dio todo lo que ella necesitaba incluso en contra de

su propia voluntad, después de tanto hacerla gemir eyaculó dentro de ella

a la vez que la mujer clavaba sus afiladas uñas pintadas de rojo en la

espalda produciéndole con el éxtasis 8 arañados marcados en su espalda,

pero al fin quedó tan satisfecha como un cerdo en un charco, se tumbó en

una esquina de la cama boca arriba, abrió el cajón de la mesilla de noche

y sacó un paquete de Malboro Lights, sacó un cigarrillo, cogió el mechero,

lo prendió y aspiró profundamente el humo de una calada, luego lo

expelió.

Freddy al verla tan relajada fumando ya estaba preparado para escuchar

la pregunta del millón que le solían hacer todas las mujeres con las que

solía quedar, e Ingrid no fue distinta:

--Bueno Freddy, ¿qué te he parecido? ¿He estado bien?

Qué pregunta tan estúpido pensó Freddy, ¿Cómo que qué te he parecido

si he sido yo quien te ha follado a ti y encima lo he hecho por dinero? No

hay nada que me pueda parecer, es un trabajo y punto (todos estos

pensamientos se los guardó en su subconsciente) pero en la realidad

contestó cortésmente y falsamente:

--Has estado muy bien, eres muy buena amante, pocas mujeres he

conocido como tú.

La arrogancia que Freddy psicológicamente la hizo sentir, la persuadieron

a abrirse y contar cosas de su vida.

--Me has gustado mucho, dijo la mujer afablemente y sinceramente, me

gustaría volver a verte, yo vivo en París, trabajo allí en el departamento de

inmigración, podrías venir a visitarme alguna vez, yo corro con todos tus

gastos.

--Mira te voy a dejar una tarjeta mía, se levantó de la cama aún desnuda,

se dirigió al armario de la habitación, cogió su bolso de mano que estaba

dentro de él, lo abrió y sacó de una tarjeta suya de visita.

--Toma le dijo la mujer, llámame a Francia cuando tú puedas venir y nos

vemos allí en mi casa.

Freddy se incorporó un poco de la cama cogió la tarjeta donde se leía

Ingrid Rotman, Rue de Rivolí número 40, París.

--Está bien, le dijo él, gracias por la invitación, nunca estuve en París,

sería fabuloso ir y conocerlo sí.

--Yo podría enseñarte muchas zonas de allí, si quieres podemos subir a la

Torre Eiffel, tú eres el invitado si vienes.

--Muchas gracias.

--¿Te apetece beber algo? Dijo Ingrid.

− Bueno una Coronita sí.

− Está bien, dijo Ingrid, mientras descolgaba el teléfono llamando a

recepción, encargó una Coronita y un cahipiriña.

Pasaron una hora más de la cuenta mientras estuvieron bebiendo, y

hablando.

--La mujer le dijo: ¿Sabes porqué recurro al sexo de pago?

--No dijo Freddy, por placer supongo.

--No, nada de eso, es que no tengo estabilidad. Soy inestable

emocionalmente. No me comprometo, tengo miedo al compromiso.

--Interpreto el compromiso con dolor, los vínculos amorosos me causan

tarde o temprano dolor y huyo de ellos.

--Bueno dijo Freddy, ya sabes la frase de Más vale haber amado y haber

perdido que nunca haber amado.

--Sí conocía la frase pero no me convence, odio las rupturas, y siempre

creo que el compromiso tarde o temprano terminará en una ruptura y no lo

puedo soportar.

--Sí quizás es mejor vivir libre y sin ataduras, la pareja crea muchos

conflictos normalmente.

--Tengo que tener además mucha concentración en mi trabajo, los

problemas de pareja me desequilibrarían aún más.

--Pero te digo algo, la culpa de mi inestabilidad la tuvieron mis padres

¿sabes? Sobre todo mi padre. Fue el padre perfecto, me llenó de amor y

ahora siempre que lo comparo con el amor de cualquier hombre lo

encuentro menor, y no me merece la pena aguantarlo sino iguala o supera

al que me dio mi padre. Ahí está mi problema. La búsqueda del amor ideal

es lo que me ha frustrado una y otra vez y ya decidí no volver a intentar

buscarlo, viviré con el recuerdo del amor de mi padre hasta que muera. A

los hombres ya sólo los utilizo para mi placer sexual, no hay más, soy yo

la que ya no quiero dar amor a cambio de unas limosnas. Me valoro

mucho ¿sabes?

--Sí dijo Freddy, como argumento es bueno sí, lo importante es sentirse

bien consigo mismo, no es bueno que nadie nos absorba nuestra energía

para nada.

--Es cierto que siempre hay un punto de vivencia de no retorno que nos

marca para toda la vida.

Freddy mientras decía esto se ratificó a sí mismo que esta era la parte que

más le gustaba de su trabajo de gigoló, el que las mujeres le confesaran

sus secretos más profundos, hacía una labor psicológica también y esto lo

reconfortaba como ser humano.

Ingrid siguió hablando.

--Hay una niña dentro de mí que no ha crecido, busca incansablemente a

su papá y se siente frustrada por no encontrarlo, incluso me traiciona el

subconsciente en muchas ocasiones con este tema, tengo sueños

¿sabes?

--¿Ah sí? Dijo Freddy, ¿de qué?

--Pesadillas, dijo Ingrid, veo una niña en un bosque muy tupido con

neblina que va caminando cansada apartando los matorrales y

traspasando árboles frondosos buscando incansablemente a su padre, la

niña vocifera en muchas ocasiones de su periplo. Papá, papá ¿donde

estás? Me he perdido.

Pero todo es en vano, no hay nadie en el bosque, en algunas

recreaciones de mi pesadilla la niña ve a lo lejos la figura de un hombre de

espaldas, corre tras él, piensa que es su padre, cuando llega a la altura de

su mano, le coge la mano y sigue andando con el hombre convencida de

que encontró a su padre, pero cuando ha avanzado con él unos metros, la

niña gira la cabeza desde su poca altura, mira hacia arriba y se percata

que no es la cara de su padre, suelta con fuerza la mano del hombre

desconocido y da media vuelta empezando a correr en dirección opuesta,

cayendo agotada por el llanto y la desesperación al suelo donde

tapándose con los brazos la cabeza no deja de llorar amargamente.

Estoy rota emocionalmente dijo Ingrid. Tengo el síndrome del abandono,

sé que nunca podré superar la muerte de mi padre y no podría soportar

otro abandono más de un ser humano.

--Bueno, dijo Freddy, al menos tú conoces tú trauma y lo controlas, los hay

que son más peligrosos cuando son abandonados, llegan incluso a matar

a su exmujeres o sus exnovias, tú lo sobrellevas bien.

Mi padre está enterrado en el cementerio de París del Pere- Lachaise,

cerca de la tumba de Jim Morrison. ¿Lo conoces? Dijo Iingrid.

--Sí claro, cuando vaya a París me encantará ir a visitar su tumba, me

encanta los Doors.

--Claro te llevaré dijo Ingrid.

Bueno continuó Ingrid, por todo este trauma que te conté es por lo que no

me centro en las emociones sino más en el materialismo, al no poder

controlar las emociones prefiero centrarme en el lujo y en el dinero, al

menos eso me da placer, pero las emociones me dan dolor.

--No sólo no encuentro a mi padre en mi interior, sino que no me

encuentro a mí misma, soy una mujer con altibajos. ¿Me comprendes?

Dijo Ingrid a Freddy.

--Sí claro, tener altibajos hoy día no es algo tan extraño, media población

sufre además de ansiedad y más que va a ir aumentando la proporción

con esta crisis mundial que nos acecha. No hay nadie equilibrado hoy día,

no es algo para echarse las manos a la cabeza, es algo común.

--Sí pero yo no sé como solucionar mi problema emocional, creo que

estoy condenada a vivir sin pareja toda la vida, además tengo otro

problema y es que mi síndrome me permite sólo relacionarme con

hombres a los que no quiero, porque cuando me enamoro del hombre es

cuando no puedo controlar el miedo a que me abandone, a que no tenga

un amor incondicional hacia mí, es algo horrible esa sensación. ¿Crees

qué podría tener alguna solución? Le preguntó Ingrid a Freddy esperando

una respuesta convincente y de autoayuda.

--Bueno no soy psicólogo dijo Freddy, creo que es un trauma bastante

profundo desde la niñez, sólo se me ocurre que podría habar dos

soluciones para que te sintieras segura, o bien ir a la tumba de tu padre,

profanarla, robar el cadáver y tenerlo en tu casa sintiéndote querida o bien

comprarte un perro y sentir que nunca te abandonará y sentirá hacia ti un

amor incondicional. La verdad no se me ocurre otras soluciones, no te

quiero mentir, confiar en otro ser humano a parte de su padre no la da

ninguna seguridad, es más ya sabes como son todos, sólo te querrán o

por dinero o por sexo, y si ninguna de las dos cosas las das volverás a

ser abandonada o bien por otra mujer más generosa o por una con carnes

más frescas, así está el mundo y creo que tú también lo sabes.

--Sí es cierto, por eso no confío en nadie, soy autosuficiente, me basto a

mí misma y para echar un polvo no me complico, o lo consigo por mí

misma o lo pago, pero más allá del contacto físico no quiero vínculos más

estrechos.

Entre la charla Ingrid se terminó su copa, se dirigió de nuevo a su bolso en

el armario y sacó de su monedero 150 euros.

--Toma, son tuyos, te los has merecido, le dijo afablemente mientras le

daba un beso en mejilla.

De esta manera Freddy se puso las zapatillas de Nike que traía y salió por

la puerta, pensando que en unos meses volvería a ver a estar mujer

generosa en París.

Días más tarde y mientras se preparaba en su escuela de teatro se

desafió a sí mismo que el próximo casting que pasaría sería el último de

su vida, no volvería a escuchar la palabra “Gracias, el siguiente” nunca

más, sentía que la vida lo estaba exprimiendo como un limón, que se

ahogaba en su propio destino y para evitar eso haría todo lo que tuviese a

su alcance.

Decidió que volvería a interpretar al descorazonado hombre

suicida, en este último guión Freddy le había introducido frases más

crudas, más salvajes de desesperación y confusión, hasta el punto que

decidió comprar un revolver que le diese credibilidad al número, haría un

simulacro, se lo acercaría cerca de la sien y simularía que apretaba el

gatillo, desmoronándose inmediatamente al suelo como si la bala hubiese

atravesado su cabeza.(En estos momentos sus pensamientos eran muy

confusos, si por una parte deseaba que el revolver diera un toque de

realismo a su actuación, también no descartaba la idea de hacer uso de él

matando)

Llegó a pensar que disparar contra el jurado al menos dignificaría su

honor públicamente contra su humillación continua. Y por otra parte

aumentaría de un empujón tremendo su popularidad. ¡¡Algo bueno al

menos¡¡

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